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Full text of "La violencia en Colombia : estudio de un proceso social"

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Estudio de un Proceso Social 



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SEGUNDA EDICION 



Mons. GERMAN GUZMAN 
ORLANDO FALS BORDA 
EDUARDO UMAÑA LUNA 



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2a. Edición de la Monografía No. 12 de la 
Facultad de Sociología de la U. Nacional 

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COLECCION "EL HOMBRE" 

1 — COLOMBIA, CARA A CARA, por Belisario Betancur, 2 ? edición, 
1961. 

2— TIERRA. 10 ENSAYOS SOBRE LA REFORMA AGRARIA EN CO- 
LOMBIA, por Carlos Lleras Restrepo, Alvaro Gómez Hurtado, Al- 
fonso López Michelsen, Jesús María Arias, Alberto Aguilera Ca- 
macho, Gilberto Arango Londoño, Diego Tobar Concha, Lauchlin 
Currie, Diego Montaña Cuéllar, Alfonso Uribe Misas, 1962. 

3— DERECHO AGRARIO COLOMBIANO, por Alberto Aguilera Ca- 
macho, 1962. 

4— ECONOMIA Y CULTURA EN LA HISTORIA DE COLOMBIA, por 
Luis Eduardo Nieto Arteta, 2a. edición, 1962. 

5— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA, por Mons Germán Guzmán Cam- 
pos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, 2 ? edición, 1962. 

EN PRENSA 

DE LA PSEUDO-ARISTOCRACIA A LA AUTENTICIDAD, por José Gu- 
tiérrez. 

REVOLUCION O CATASTROFE, por Belisario Betancur. 



EDICIONES TERCER MUNDO /COLECCION "EL HOMBRE" 



LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



MONOGRAFIAS SOCIOLOGICAS N? 12 
FACULTAD DE SOCIOLOGIA - UNIVERSIDAD NACIONAL 



GOBIERNO ECLESIASTICO 

OIOCE8IS OE I BAGUE 



EL SUSCRITO VICARIO GENERAL DE LA DIOCESIS DE IBAOUE 
CERTIFICA: 

lo. -Que a solicitud dol señor Presidenta do lo República, «1 
Prolado diocesano Monseñor Rubia loasa Roatropo eonee- 
dll licencia o Monseñor GULHAI OUZMAI pora traaladar- 
ao a Bogotá, «os ol fia do cooperar oa loa aatudiaa quo 
la Facultad da Sociología do la Universidad Baeloaal - 
intentaba adelantar oobro la ▼loloaela j do ooerlbir ua 
libro oobro cofre teaa. 



2o. -Que peetcrloraente lo Coaloléa Epioeopal do ASUNTOS SO- 
CIALES pidió" al Bxono.Br. Obispo loaaa Reatrapo poraitio- 
ora a Maaaefier Gusnañ prootar celaberacién aa la aaeaorla 
do la aen ole nada ConieiJn p a lo eual aecedi* ol Prolodo* 



3o. .Que Monooflor GBRMAI GUZMAB CAMPOS al traoladaraa a Bego- 
tg,lba preriete-oeae ora natural-ds la a licencias cañé— 
aleao 7 dlof rutaba oa la Diócesis do todao lao faculta- 
das nlnisterlalea. 



Ib Ibagaf a veintinueve do oeptloabro do ail novecientos se- 
senta 7 doo 7 oo refrenda en ol selle do lo Vicaría General. 




MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 
ORLANDO FALS BORDA 
EDUARDO UMAÑA LUNA 



LA VIOLENCIA 
EN COLOMBIA 

Estudio de un Proceso Social 

TOMO I 
Segunda edición 



EDICIONES TERCER MUNDO 



PRIMERA EDICION: 



Junio de 1962 



SEGUNDA EDICION: Septiembre de 1962 



Derechos Reservados por "Ediciones 
Tercer Mundo" • Apartado Aéreo 4817 
Bogotá, Colombia, Sur América - 1962 



IMPRESO Y HECHO EN COLOMBIA 
PRINTED AND MADE IN COLOMBIA 



EJEMPLAR 



3757 



INDICE 



NOTA DE PRESENTACION DE LOS EDITORES 9 

PROLOGO 11 

TESTIMONIO 19 



PARTE PRIMERA 

HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



CAPITULO I 

Antecedentes Históricos de la Vio- 
lencia 23 

La etapa conflictiva de 1930. 24 

El cambio de gobierno de 1946 27 

El año aciago de 1948 .... 33 

CAPITULO II 

Creación de la Tensión Popular y 

Primera Ola de Violencia 39 

El conflicto en el Tolima.... 46 

El conflicto en los Llanos.. 62 

El conflicto en Boyacá 81 

El conflicto en Cundinamarca . 85 

El conflicto en Antioquia .... 90 

El conflicto en otras regiones. 95 



CAPITULO III 

La Segunda Ola de Violencia . . 99 

La reanudación de la violencia 102 
El cambio de gobierno y la co- 



misión investigadora 110 

Conclusiones 113 

CAPITULO IV 

Geografía de la Violencia 117 

Zona central 118 

Zona nor-oriental 124 

Zona oriental 128 

Zona occidental 131 

Zona nor-occidental 135 

Otros aspectos regionales y hu- 
manos 139 



PARTE SEGUNDA 

ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 



CAPITULO V 



Los Grupos en Conflicto 143 

El elemento humano 143 

La comunidad desplazada.... 150 

La guerrilla y el comando. ... 156 

La cuadrilla 163 

Los "pájaros" 165 

Otros grupos de coacción ... 169 

CAPITULO VI 

Semblanza de Jefes Guerrilleros. 173 

Elíseo Velásquez y los llaneros. 174 
Leopoldo García, el antiguo 

arriero 178 

Teodoro Tacumá, el indio de 

Belú 181 

Teófilo Rojas, el joven violento 182 

Rafael Rangel, el ex-policía . . . 193 
Juan de J. Franco, el idealista 

frustrado 197 



CAPITULO VII 
Tácticas y Normas de los Grupos 



en Armas 201 

El boleteo 201 

Otras tácticas informales . . . 202 

La mística guerrillera 209 

CAPITULO VIII 

Manifestaciones Culturales de los 

Grupos en Conflicto 211 

Financiación 211 

La dotación bélica y el vestido 213 

Insignias y símbolos 214 

La propaganda y la comuni- 
cación 215 

El lenguaje de la violencia.. 216 

Apelativos y apodos 217 

La canción, la música y la copla 218 
Enfermedades, curaciones y es- 
tupefacientes 224 



CAPITULO IX 



CAPITULO X 



Tanatomanía en Colombia 225 

Consignas y "cortes" 226 

Otros tipos de crímenes .... 230 

Crímenes sexuales 233 

Piromanía 234 

Genocidios 235 



La Quiebra de las Instituciones 

Fundamentales 239 

Las instituciones políticas . . . 239 

Las instituciones religiosas . . 270 

Las instituciones económicas.. 274 

La institución familiar 281 

La escuela 282 

La recreación 283 



PARTE TERCERA 

SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



CAPITULO XI 



Algunas Consecuencias de la Vio- 
lencia 287 

Mortalidad 287 

Pérdidas materiales 293 

Migraciones internas 294 

Cambio de actitudes 297 



CAPITULO XII 

Factores Socio-Jurídicos de la Im- 
punidad 301 

La utopía jurídica 304 

Nuevas tipologías delictivas . . 309 

Ausencia del ministerio público 314 

El proletariado de los juristas 321 

El conformismo burocrático . . 329 

Los intermediarios judiciales.. 332 

La centralización judicial .... 336 

Las penalidades aberrantes... 341 

Los beneficios extraordinarios. 344 



Primeros beneficios extraordi- 
narios 348 

Segundos beneficios extraordi- 
narios 361 

Debilidades y excesos en la le- 
gislación sobre armas .... 369 

Predominio de la legalidad 
marcial 382 

Régimen penal de la policía. . 391 

Consideración final 395 

CAPITULO XIII 

El Conflicto, la Violencia y la 
Estructura Social Colombiana.... 399 

Estructura y función en el mar- 
co de la violencia 399 

La violencia y la teoría del 
conflicto 406 

La violencia y la teoría de los 
valores 411 

La violencia y el agrietamien- 
to estructural 415 



EPILOGO 

POSIBLES PERSPECTIVAS 421 

PALABRAS FINALES 423 

BIBLIOGRAFIA COLOMBIANA SOBRE LA VIOLENCIA 427 

MONOGRAFIAS SOCIOLOGICAS 431 



1 . Tolima 47 

2. Boyacá 64 

3. Llanos Orientales 82 

4. Cundinamarca 86 

5. Antioquia 91 

6. Colombia, 1949-1953 ... 97 

7. Colombia, 1949-1953 ... 98 

8. Colombia, 1953-1954 ... 101 



9. Colombia, 1954-1958 ... 103 

10. Tolima, 1954-1958 . . . . 119 

11. Huila 122 

12. Santander 125 

13. Norte de Santander .. .. 127 

14. Caldas 132 

15. Valle del Cauca 134 

16. Chocó 136 

17. Bolívar 138 



Nota de Presentación de los Editores 



Por muchos años más, las huellas de la violencia en Colom- 
bia serán referencia para dirigentes y sociólogos. 

Una gama de factores desciende sobre tal fenómeno de la 
vida colombiana, lo configura, lo alimenta, lo prolonga. Cada 
uno requiere tratamiento diferente desde el momento en que 
son distintas sus motivaciones. 

Si política en los manantiales de donde fluyera en su 
comienzo, en el tiempo y en el espacio muy disímiles vientos 
la han aireado, por lo mismo, muy varias responsabilidades 
de ella se desprenden. 

Poesía, novela, cuento, ensayo, ponderaciones sociológicas, 
su gris estatura de desgarramiento cósmico en un lienzo de 
Alejandro Obregón, no obstante el acervo de interpretaciones 
fias más de las veces arbitrarias y en no pocos casos unilate- 
rales), aún no se tiene una perspectiva rigurosa que permita 
un examen desprovisto de toda consideración accesoria y 
proyectado creadoramente hacia el futuro. 

Los editores de "LA VIOLENCIA EN COLOMBIA" están 
buscando datos que sirvan al guía y al analista del presente 
para elaborar los correctivos, tanto más difíciles cuanto más 
espesa es la bruma de las motivaciones de este fenómeno co- 
lombiano; están buscando explicaciones que p ermitan al 
exégeta tejer con exactitud la imagen desgarrada pero alec- 
cionante de este trayecto de la historia de Colombia. 

Ninguna de las tesis presentadas en el plano filosófico, en 
lo económico, en lo político, en lo sociológico, por EDICIO- 
NES TERCER MUNDO, por ese solo hecho son pertenencia 
o compromiso de los editores, los cuales mantienen con auto- 
nomía sus antagónicos pensamientos en tales órdenes y aún 
acrecientan simpatías y antipatías ideológicas con respeto 
intelectual. Como editores, nuestra tarea en modo alguno 



significa solidaridad con el pensamiento de los autores, ni 
en este ni en ningún caso. Nuestro compromiso es otro: con- 
siste en ofrecer datos con propósito de lección y de creación, 
datos justos o injustos, objetivos o unilaterales, certeros o 
absurdos, pero datos entregados con filiación responsable. 

En el ámbito del pensamiento, ningún sectarismo afecta o 
corrige a "EDICIONES TERCER MUNDO", ninguna incon- 
dicionalidad limita este empeño de divulgación editorial, sa- 
lido exclusivamente de una desesperanza y una esperanza: 
la desesperanza de que en esta hora del tiempo universal y 
del tiempo de Colombia, no estén cuantos pueden estarlo, 
instalándose en propósitos de avance; la esperanza de que 
si ese despegue acelerado y solidario de la comunidad colom- 
biana se produce, no habrá muros que lo contengan. 

EDICIONES TERCER MUNDO 



V 



PROLOGO 



"Cada árbol por su fruto se conoce; que ni de los 
espinos se cogen higos, ni de la zarza se cosecha uva" 

El Evangelio 



Cuando en un acto de confianza y de clara visión las 
altas directivas y el Consejo Académico de la Universidad 
Nacional decidieron en 1959 crear la Facultad de Sociología, 
la primera en Latinoamérica, esta tuvo ante sí varios caminos 
para enderezar sus actividades. Uno de ellos, quizás el más 
fácil, se reducía a absorber, repetir y digerir la ciencia socio- 
lógica como se contiene en innumerables libros y en las sabias 
enseñanzas de grandes maestros, para dispensarla a los es- 
tudiantes en conferencias escritas que estos habrían de apren- 
der de memoria, adiestrándose así más para hacer lucubra- 
ciones mentales que para pensar y aguzar el propio criterio. 
Otro camino más fatigoso y lleno de espinas era el de tratar 
de crear una escuela sociológica sembrada en las realidades 
colombianas, mediante la observación y la catalogación metó- 
dica de los hechos sociales locales, aunque sin perder de vista 
la dimensión universal de la ciencia. Vía esta más árdua por- 
que implicaba por lo menos dos elementos de difícil 
dominio: 

I o — El ensayo y modificación a la colombiana de conceptos 
y técnicas desarrollados en otros países, casi todos mucho más 
adelantados y maduros que el nuestro; y 

2 o — El encarar y manejar situaciones y problemas socio- 
lógicos peculiares del medio colombiano, aun a costa de ras- 
gar velos, tocar áreas prohibidas y desafiar la ira de intere- 
ses creados. 

Dentro de la corta perspectiva que ofrecen los cuatro años 
de vida de la Facultad, examinando los resultados obtenidos 
en esta tarea a pesar de todas las dificultades y sinsabores 



12 



PROLOGO 



que eran de esperarse, y tomando nota de la calidad del 
apoyo que en medios nacionales y extranjeros la Facultad 
ha recibido generosamente, parece que esta escuela hizo bien 
en escoger el segundo camino. Mas no otra cosa podía hacer- 
se si en realidad existía el empeño de servir al país y de 
crear ciencia. Es cierto que aún bostezan los agnósticos que 
ven en la sociología una disciplina inasible y poco menos 
que inútil, olvidando o ignorando los progresos que ella ha 
hecho en los últimos treinta años y que ha justificado el cre- 
ciente respeto que para ella existe en los medios científicos 
de más antigua tradición. Ignoran que muchos hombres de 
las ciencias exactas, físicas y naturales, encuentran un mayor 
reto para sus fértiles mentes en los fenómenos multicausales 
y en las variables complejas que son el pan cotidiano del so- 
ciólogo, y que a la sociología han tornado aun en el ocaso 
de sus vidas. Si en alguna ciencia se encuentra hoy la fron- 
tera del conocimiento, ella puede ser la sociología. Su pro- 
moción, por lo mismo, debería satisfacer a los científicos y 
críticos más exigentes y ayudar a resolver muchos de los pro- 
blemas pequeños y grandes que afectan a diario a toda 
sociedad. 

Para la sociedad colombiana, el problema de la "violencia" 
es un hecho protuberante. Muchos lo consideran como el más 
grave peligro que haya corrido la nacionalidad. Es algo 
que no puede ignorarse, porque irrumpió con machetes y 
genocidios, bajo la égida de guerrilleros con sonoros sobre- 
nombres, en la historia que aprenderán nuestros hijos; por- 
que su huella será indeleble en la memoria de los sobrevi- 
vientes y sus efectos tangibles en la estructuración, conducta 
e imagen del pueblo de Colombia. Por lo mismo, un proble- 
ma social de tal magnitud no podía ser ignorado por la Fa- 
cultad de Sociología, creada en el mismo lugar de los he- 
chos. No encarar el tema, no atreverse a agitarlo, no derivar 
de él enseñanzas así científicas como de política social, ha- 
bría sido un despilfarro de oportunidades y un acto no pe- 
queño de traición a los intereses de la comunidad. La escue- 
la que hoy dirijo, con la solidaridad total de sus miembros, 
y con el beneplácito del señor Presidente de la República y 
de las directivas de la Universidad, tomó la decisión de bu- 
cear por los trasfondos muchas veces escalofriantes de la vio- 
lencia, y de presentar los hechos como fueron apareciendo, 



PROLOGO 



13 



haciendo el esfuerzo debido para asegurar la objetividad y 
la veracidad necesarias. 

Es posible que esta ingrata tarea no sea del todo bien 
recibida en algunos círculos. Su reacción, precisamente, se- 
ría muy útil de estudiar y analizar. Quizás, como lo señala 
el autor principal, Monseñor Germán Guzmán, ninguna per- 
sona sensata puede lanzar la primera piedra; todos podemos 
ser culpables, por comisión u omisión, de los hechos violen- 
tos que han venido ocurriendo. Mas no podrá criticarse que 
la presente obra sea impertinente. Precisamente al cabo del 
duodécimo año bajo el imperio de aquel sino, desde el co- 
lombiano medio hasta el colombiano dirigente han apren- 
dido a vivir con la violencia, a endurecerse ante los crímenes, 
a pasar su vista despreocupándose por los titulares de los 
periódicos que informan sobre la muerte de humildes cam- 
pesinos. El presente estudio trata de ser objetivo. Pero tam- 
bién quiere ser una campanada que al redoblar hiera la sen- 
sibilidad de los colombianos y los obligue a pensar dos veces 
antes de volver a estimular el ciclo de la destrucción inútil 
y de la sevicia rebosante que se inició en 1949. La historia 
enseña que es posible hacer revoluciones radicales, mas sin 
crueldad; totales, mas sin el inútil sacrificio humano. Si Co- 
lombia necesita de una honda transformación social, ¡seamos 
capaces de hacerla como hombres y no como bestias! 

A medida que se profundizaba en el análisis de la violen- 
cia se fue llegando al convencimiento de que la tarea era de 
gigantes. Demostró, como podrá verlo el lector, que estaba 
más allá de nuestras capacidades. El presente estudio no debe 
considerarse sino como una iniciación al análisis de la vio- 
lencia en Colombia, y, en efecto, este es el primero de una 
serie de volúmenes sobre el tema. La violencia se plantea 
como un proceso dentro del contexto teórico del conflicto 
social, que es aquel conjunto de postulados sociológicos que 
nos permiten adentramos al detalle empírico con algún sis- 
tema. Las facetas del conflicto son múltiples, y las teorías 
que se han presentado para explicarlo aún están en su infan- 
cia. En cuanto al caso colombiano, se requiere un poder men- 
tal superior para llegar al fondo de la cuestión y explicar la 
dinámica del complejísimo fenómeno. Evidentemente no es 
unicausal como en una época se dio en pensar; pero ni aún 
ahora se logró determinar exactamente la medida en que 



14 



PROLOGO 



intervinieron los distintos ingredientes. El Estado y los par- 
tidos políticos hicieron sonar el silbato de partida; pero ya 
existían agrietamientos en la estructura social del país. La 
dinámica del fenómeno fue tal, que pronto sus iniciadores 
quedaron reducidos a aprendices de brujo. Ignorancia de ig- 
norancias que enturbió todo el ambiente, y que a su vez ha 
hecho más difícil la tarea analítica del investigador. 

Sea tal el hecho, la Facultad ha laborado con fundamentos 
en evidencias. No hay frase o dato que no encuentre corro- 
boración en fuentes, documentos o archivos, incluso los or- 
ganizados exprofeso en la Sección de Investigación Social. 
Hemos estado siempre muy conscientes de nuestra responsa- 
bilidad; pero llegado el caso también la hemos señalado sin 
aspavientos ni temores. ¡A grandes males, grandes remedios! 
Ojalá que este esfuerzo no sea vano, que sea bien entendido 
y valorado, y que sus efectos no tarden en sentirse para bien 
del país. Colombia ha llegado en su devenir histórico a tal 
encrucijada que necesita que se le diga la verdad, así sea 
ella dolor osa, y aunque produzca serios inconvenientes a 
aquellos que se atrevan a decirla. 

* # * 

Escribe Monseñor Guzmán que "la nación carece de la 
noción exacta de lo que fue la violencia: ni la ha sopesado 
en toda su brutalidad aberrante, ni tiene indicios de su efec- 
to disolvente sobre las estructuras, ni de su etiología, ni de 
su incidencia en la dinámica social, ni de su significado como 
fenómeno, y mucho menos de su trascendencia en la psico- 
logía del conglomerado campesino; ni de las tensiones que 
creó, ni de la crisis moral que presupone, ni del enjuicia- 
miento que implica a los dirigentes de todo orden, ni del 
llamado que formula a una permanente, eficaz y serena medi- 
tación del problema que plantea. En parte se debe esto a 
que la bibliografía sobre la violencia ha echado por el atajo 
de la escueta enumeración de crímenes nefandos con in- 
culpaciones partidistas o de la fácil casuística lugareña ver- 
tida en novelas que no han logrado todavía la total dimensión 
interpretativa del fenómeno. Quizás están inmaduros los 
aportes para la obra definitiva" . 

En efecto, son muchas las novelas y cuentos que se han 
escrito sobre el tema de la violencia (véase la bibliografía) . 



PROLOGO 



15 



y el material que presentan, por regla general, es genuino. 
Algunas de ellas, basadas en hechos, han sido utilizadas co- 
mo referencias en el presente estudio. Más, descartadas estas, 
la restante literatura no pasa de artículos ocasionales en re- 
vistas y periódicos. Se exceptúan, no obstante, las contribu- 
ciones de Daniel Valois Arce, uno de los primeros en anali- 
zar lo que llamó "la crisis moral" (1953) y de Gonzalo Canal 
Ramírez y Jaime Posada quienes elaboraron el mismo tema 
en épocas difíciles (1955). Ultimamente, pensadores y políti- 
cos como Roberto Urdaneta (1960), Belisario Betancur 
(1961) y Mario Laserna (1961) han publicado interesantes 
interpretaciones del fenómeno dentro de ensayos mayores so- 
bre la realidad nacional. 

Diversos esfuerzos se han hecho para analizar fría y obje- 
tivamente el fenómeno de la violencia en Colombia, desta- 
cándose en primer lugar la "Comisión Investigadora de las 
Causas Actuales de la Violencia" que en 1958 nombró la 
Junta Militar de Gobierno con el encargo de visitar las zonas 
afectadas, constatar los problemas y necesidades de las gen- 
tes e informar al gobierno para establecer las bases de una 
nueva y más racional acción oficial. La comisión estuvo inte- 
grada por los doctores Otto Morales Benítez, Absalón Fer- 
nández de Soto, Augusto Ramírez Moreno, los generales Er- 
nesto Caicedo López y Hernando Mora Angueira y los sacer- 
dotes Fabio Martínez y Germán Guzmán, quienes por espa- 
cio de ocho meses viajaron por casi todo el país reuniendo 
materiales y evidencias. Gran parte de este material ha ser- 
vido como fuente para el presente estudio. Como acto posi- 
tivo inmediato, el gobierno organizó la Oficina Nacional de 
Rehabilitación, colocada luego bajo la dirección del doctor 
José Gómez Pinzón, entidad que por casi tres años procedió 
a contener por medios directos e indirectos los estragos de la 
violencia en los cinco departamentos en que se mantenía el 
estado de sitio. 

Al advenir el gobierno del Frente Nacional se inició una 
serie de publicaciones periodísticas sobre la violencia, más 
o menos serias, entre las cuales sobresalió una del periódico 
"El Siglo", el 21 junio de 1959. Un esfuerzo más sistemático 
fue el encabezado por José Francisco Socarrás y la Sociedad 
Colombiana de Psiquiatría durante el mismo año de 1959, 
mediante un ciclo de conferencias por diversos especialistas 



16 



PROLOGO 



que llevó por título "Radiografía del odio en Colombia" y 
que logró por primera vez enfocar científicamente el proble- 
ma de la violencia. Cinco de estas conferencias, escritas por 
dos psicólogos, una antropóloga, un sociólogo y un sacerdo- 
te fueron recopiladas en el Cuaderno N° 20 de "Actualidad 
Cristiana" (Bogotá, diciembre de 1960), con un pertinente 
prólogo de Fray Luis Alberto Alfonso. En varios lugares del 
país, especialmente en Ibagué, capital del azotado Departa- 
mento del Tolima, se organizaron mesas redondas sobre el 
tema. El gobierno del mismo departamento publicó en 1958 
un serio análisis sobre el estrago de la violencia en la región, 
único en su clase; y la Facultad de Sociología en su Monogra- 
fía 6 por Roberto Pineda Giraldo destacó el impacto del 
proceso en el municipio de El Líbano (Tolima) . 

Aún así quedaba por hacer un trabajo sistemático de sín- 
tesis sobre la violencia que sirviera no solo como documental 
histórico-político del disolvente proceso para escarmiento de 
las presentes y futuras generaciones de colombianos, sino 
como documentación empírica de un proceso de desintegra- 
ción y reorganización social que en muy pocos países del 
mundo se han desarrollado con la intensidad y acerbidad del 
nuestro. Con este fin la Fundación de la Paz comisionó a la 
Facultad de Sociología de la Universidad Nacional para que 
hiciera un primer intento, fruto del cual es la presente mo- 
nografía. 

La tarea principal de recolección de datos y de clasifica- 
ción de hechos corrió bajo la responsabilidad de Monseñor 
Germán Guzmán, dedicado y ejemplar párroco de El Líbano, 
que vivió los años de la violencia en el teatro de los hechos, 
y que como miembro de la "Comisión Investigadora de las 
Causas Actuales de la Violencia* pudo entrar en contacto 
con los guerrilleros. Sus servicios fueron solicitados por con- 
ducto del señor Presidente de la República, doctor Alberto 
Lleras Camargo, al señor Obispo de Ibagué, Monseñor Ru- 
bén Isaza Restrepo, a quienes se expresa la más sincera gra- 
titud. Los primeros diez capítulos fueron escritos por Mon- 
señor Guzmán y son básicamente descriptivos, con referen- 
cia a grupos, personas e instituciones. Las otras contribucio- 
nes van señaladas en forma apropiada según los autores. Por 
lo mismo, el lector y el crítico deberán discriminar entro el 
ensayo puramente sociológico y la literatura descri ptiva que 



PROLOGO 



17 



sirve para ilustrar los procesos del conflicto y la violencia. 
Ha sido, en todo caso, una valiosa experiencia en coautoría 
que me atrevería a llamar inusitada en este país. 

Otros estudios preparados por los profesores Padre Ca- 
milo Torres Restrepo y Julio Asuad se incluirán en el segun- 
do tomo de la serie, que presentará también las recomenda- 
ciones y sugerencias que resulten de la discusión pública y 
de las "mesas redondas'' que para el efecto se organizan con 
el patrocinio de la Fundación de la Paz. 

La descripción de la Parte II puede ser el corazón del libro. 
Ella se ha hecho con la mayor fidelidad y con lujo de deta- 
lles, para facilitar al lector la deducción de evidencias que 
tiendan a demostrar o desvirtuar las muchas hipótesis y teo- 
rías que sobre el conflicto social se encuentran en los ensa- 
yos sociológicos. Siendo que este campo está aún muy virgen, 
los profesores de la Facultad hemos intentado hacer a la vez 
una interpretación del fenómeno, que se encuentra en la 
Parte III. 

En general, se emplearon ocho técnicas de investigación, 
todas adaptadas a las circunstancias peculiares y muchas ve- 
ces difíciles del fenómeno estudiado: 

1 . Experiencia personal del investigador principal duran- 
te varios años sirviendo en las áreas azotadas por la violen- 
cia, observando y tomando nota de los acontecimientos en 
varias comunidades. 

2. Reconocimiento directo en automotor, a caballo y a pie 
de las áreas afectadas por la violencia, efectuando entrevis- 
tas dirigidas con los campesinos lugareños y volando deteni- 
damente en helicópteros del gobierno sobre el terreno de- 
vastado. 

3. Entrevistas dirigidas con jefes guerrilleros y sus segui- 
dores, en el propio terreno de sus acciones, con dirigentes 
políticos y religiosos locales y con jefes militares. 

4. Entrevistas dirigidas con los exilados por la violencia 
que viven en ciudades de varios departamentos, y con presos 
sancionados por motivo de orden público, que se encuentran 
en diversas cárceles. 



2— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



18 



PROLOGO 



5. Investigación histórica y de archivos (algunos priva- 
dos), incluyendo los de juzgados, inspecciones, ministerios y 
estados mayores, y análisis de los informes rendidos por los 
equipos de recuperación en el Tolima al terminar la Misión 
de Paz en 1960. 

6. Estudio de fuentes secundarias, como ensayos, novelas 
y artículos sobre la violencia que se han publicado periódi- 
camente. 

7. Análisis estadístico de diversas series de datos. 

8. Documentación pictórica y cartográfica y recolección 
de elementos culturales empleados en la violencia. 

Nada de esto hubiese sido posible sin la generosa coopera- 
ción y el apoyo financiero de la Fundación de la Paz, inte- 
grada en su mayor parte por la familia de don Emilio Urrea, 
que en todo momento sirvió de estímulo a los investigadores. 
Para la Fundación y sus distinguidos miembros, el más fer- 
viente saludo de la Facultad y las más rendidas gracias. De- 
be aclararse en todo caso, que la responsabilidad de esta 
publicación es de los autores y no de la Fundación de la Paz. 

El profesor Andrew Pearse, director de la Sección de In- 
vestigaciones Sociológicas de la Facultad, fue también un 
gran estímulo para los coautores. Con él se aclararon concep- 
tos y se discutieron los múltiples enfoques del problema téc- 
nico de la violencia, por lo cual merece la gratitud de la 
Facultad. 

A los muchos campesinos afectados por la violencia que 
cooperaron en la investigación, así como a los jefes de gru- 
pos guerrilleros y sus hombres que desinteresadamente per- 
mitieron ser visitados y entrevistados repetidas veces, se diri- 
ge el profundo reconocimiento de la Facultad, y el ferviente 
deseo de que no todo haya sido inútil y de que entre todos 
volvamos a crear una Colombia amable, digna de ser habi- 
tada por seres humanos, donde crezcan sin temores nuestros 
hijos y donde "ni la polilla ni el orín corrompan". 

Orlando Fals Borda 
Decano 



TESTIMONIO 



El autor principal de la presente obra se somete de ante- 
mano a la doctrina de la Iglesia y declara que rechaza for- 
malmente cualquier concepto reñido con la cristiana or- 
todoxia. 

Como sacerdote manifiesta que no abriga la más leve in- 
tención de zaherir a ninguna institución o persona. 

Como colombiano invita a cuantos se sientan aludidos a 
deponer gallardamente resentimientos y odios en aras de la 
patria. 

Expresa su gratitud a quienes facilitaron la aparición del 
libro y de manera especialísima al Excelentísimo Señor Obis- 
po de ¡bagué, Dr. Rubén Isaza Restrepo, al Señor Presidente, 
doctor Alberto Lleras C amargo, al doctor Orlando Fals Bor- 
da que revisó los originales, imponiéndose una labor ago- 
biante; al Presbítero Camilo Torres Restrepo, fraternal im- 
pulsador de todas las horas; a la Facultad de Sociología de 
la Universidad Nacional que promovió la idea de la investi- 
gación; a la Fundación de la Paz con cuyo patrocinio fue 
posible realizar la labor; a don René Camargo, generoso 
auxiliar; al doctor Andrew Pearse orientador nobilísimo; al 
doctor Eduardo Umaña Luna, asesor infatigable; al campe- 
sinado de Colombia, por su generosa hidalguía. 

monseñor Germán Guzman Campos 



Bogotá, agosto 6 de 1962. 



PRIMERA PARTE 
Historia y Geografía de la Violencia 



GAPITULO I 



Antecedentes Históricos de la Violencia 



Colombia ha venido sufriendo el impacto de una dura prueba 
desde 1930, agudizada desde 1948, a la que, por sus caracterís- 
ticas siniestras, se ha denominado "la violencia". Mucho se ha 
escrito sobre ella, pero no hay acuerdo en cuanto a su sentido. 
Se acentúa en cambio, el peligro de habituarse a la situación pa- 
tológica que conlleva. 

En efecto, la nación carece de la noción exacta de lo que fue 
la violencia: ni la ha sopesado en toda su brutalidad aberrante, 
ni tiene indicios de su efecto disolvente sobre las estructuras, ni 
de su etiología, ni de su incidencia en la dinámica social, ni de 
su significado como fenómeno y mucho menos de su trascenden- 
cia en la psicología del conglomerado campesino; ni de las ten- 
siones que creó, ni de la crisis moral que presupone, ni del en- 
juiciamiento que implica a los dirigentes de todo orden, ni del 
llamado que formula a una permanente, eficaz y serena medita- 
ción del problema que plantea. En parte se debe esto a que la 
bibliografía sobre la violencia ha echado por el atajo de la escue- 
ta enumeración de crímenes nefandos con inculpaciones parti- 
distas o de la fácil casuística lugareña vertida en novelas que no 
han logrado todavía la total dimensión interpretativa del fenó- 
meno. Quizás estén inmaduros los aportes para la obra definitiva. 

De todos modos, a través del inmenso acervo de datos que 
fueron confrontados para la presente obra — primer ensayo de 
relato e interpretación — , puede evidenciarse que no se entende- 
ría la violencia sin adentrarse en los detalles de algunos antece- 
dentes históricos inmediatos (los mediatos se pierden en la his- 
toria de los partidos políticos y otras instituciones colombianas), 
cuyas fechas claves son: 1930 y la etapa conflictiva que inició; 
el 7 de agosto de 1946 con el cambio de gobierno; y el 9 de abril 
de 1948 con la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



La etapa conflictiva de 1930 

Los acontecimientos cruentos del año de 1930 se circunscriben 
geográficamente a la zona de los Santanderes y Boyacá, con re- 
sonancias en Cundinamarca, Antioquia y algunos lugares del 
Occidente de Caldas. 

"En Belén de Umbría — afirmó ante la Comisión Investiga- 
dora de las Causas Actuales de la Violencia un campesino — 
tuvimos barbarie desde el año 30. Hubo abaleos, la policía actuó 
fuertemente". Otro subrayó: "En el 30 sembramos. Hoy recoge- 
mos, pero con características diferentes". 

El conflicto surge so pretexto del cambio de gobierno o qui- 
zás como último gesto de nuestro quijotismo pendenciero de los 
Mil Días. Así lo interpreta uno de los antiguos ministros conser- 
vadores de Enrique Olaya Herrera, cuando éste acababa de po- 
sesionarse de la presidencia de la República: 

"La elección de Olaya mudó totalmente el horizonte. Hombre 
de fuerte personalidad, de ideología individualista, con acentua- 
do don de mando, con grandes capacidades de gobernante y no- 
table ascendiente popular, especialmente dentro del partido libe- 
ral, realizó una administración de centro, sólida y ordenada . . . 
No obstante todas estas circunstancias favorables, se produjeron 
brotes de violencia en varios departamentos, y cuando se espe- 
raba que se consolidara más que nunca la convivencia de los dos 
partidos y su colaboración en beneficio del país dentro de un 
régimen democrático y espiritualista, empezó a asomar de nuevo 
la pasión sectaria y a renacer el odio, que parecía haberse extin- 
guido definitivamente. El fenómeno en sí mismo y tal como se 
produjo, parecía inexplicable. En la elección del año 30 el libera- 
lismo obtuvo un triunfo a que él mismo no había aspirado y 
conquistó grandes posiciones con que no contaba. El conserva- 
tismo, a su turno, entregó el poder y todos sus gajes sin resisten- 
cia alguna, en forma que no tenía precedentes en nuestra histo- 
ria; no se veía, por tanto, razón para que el triunfo del año 30 
exaltara el sectarismo liberal ni para que se enardecieran los áni- 
mos en contra de su antiguo contrincante. 

"El partido conservador, que humanamente pudiera haberse 
exacerbado con la pérdida del poder y con el correspondiente 
desplazamiento burocrático, recibió los hechos con serenidad y 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



25 



aun prestó apoyo al gobierno de Olaya Herrera. Sin embargo, se 
desató la persecución de los liberales triunfantes contra los con- 
servadores vencidos, especialmente en los departamentos de Bo- 
yacá y Santanderes. 

"El Gobierno y Olaya Herrera personalmente, hicieron todos 
los esfuerzos imaginables para estancar la sangría y las directi- 
vas liberales cooperaron con el ejecutivo en el mismo sentido; 
pero el hecho continuó y empezó a reabrirse el abismo entre los 
dos partidos y a germinar el ánimo vengativo que habría de 
traer, en futuro cercano, días aciagos para la nación. Producido 
el primer ataque sangriento de liberales contra conservadores o 
viceversa, el proceso se desarrollaría automáticamente; vendría 
entonces el deseo de venganza y quedaría urdida la cadena de la 
violencia, que después, sería imposible de romper" l . 

Otro miembro del partido conservador, desvinculado del go- 
bierno, analiza la situación de la siguiente manera: 

"El conservatismo fue objeto, entonces, de despiadada, metó- 
dica y persistente persecución en toda la república. Departamen- 
tos enteros quedaron sometidos a implacables sistemas de terror 
y, diariamente, los conservadores regaban con su sangre el suelo 
de la patria. Verdaderos fusilamientos en masa de campesinos in- 
defensos se sucedieron en distintas comarcas colombianas. Las 
propiedades abandonadas eran ocupadas por feroces tiranuelos 
rurales o compradas a precios irrisorios, bajo la amenaza de 
muerte. Muchas iglesias e imprentas católicas fueron incendiadas 
y destruidas, innumerables centros políticos de derecha allana- 
dos y destacados jefes conservadores asesinados en emboscadas 
o en sus propios hogares. 

"A la Policía Nacional y a las guardias departamentales ingre- 
saron delincuentes y maleantes reconocidos y a multitud de po- 
blaciones, caracterizadas por su fervor tradicionalista, se lleva- 
ron malhechores a sueldo, debidamente armados, verdaderas tur- 
bas amaestradas en el crimen, cuya misión consistía en atacar, 
perseguir y ultimar, si era preciso a todas aquellas personas que 
no comulgaban con su pasión política. La vida se hizo extrema- 
damente difícil y hasta llegó a ser un acto heroico conservarla en 

1 Roberto Urdaneta Arbeláez, El materialismo contra la dignidad 
del hombre, (Bogotá), p. 286. 



26 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



muchos sitios de Colombia. El país no conocía un período seme- 
jante de crueldad y barbarie, desde la época lugenda de la 
reconquista española" 2 . 

Desde la barricada opuesta, Max Grillo, destacado político 
liberal, describe así el panorama del país en mayo de 1934: 

"Apenas transcurre día sin que los periódicos den cuenta de 
un crimen horrendo. Lo más doloroso es que la sociedad parece 
haberse familiarizado con la producción en serie del crimen. Na- 
die se impresiona ante el atentado criminal. Asesinatos en que 
los bandidos ultiman a familias enteras, ancianos y niños; ven- 
ganzas que recuerdan la vendetta corsa; actos de crueldad estú- 
pida como desollar a las víctimas y mutilarlas en forma salvaje; 
asesinatos de sacerdotes octogenarios, para robarlos; el puñal y 
el revólver usados en reyertas por centavos; el atraco en pleno 
día en las calles de la capital; la inseguridad en las ciudades y 
en los campos. Tal es el cuadro" 3 . 

Antioquia recuerda con pavor las asonadas policivas: en Tá- 
mesis se abalea al pueblo un domingo después de obstruir las 
entradas de la plaza; en Pueblo Rico, "Buñuelo" — un super- 
exaltado — deja rastros de máxima barbarie; en la plaza de Je- 
ricó cae gente asesinada con vileza; en Caramanta se registran 
numerosas víctimas. 

Es bárbaro el momento: hay asesinatos, casas quemadas, gen- 
tes incineradas, exilados a Venezuela, inculpaciones detonantes, 
rachas huracanadas, debates en el Congreso. Sin embargo no se 
incendia toda la nación. 

Se habla abiertamente de cuerpos policivos seleccionados con 
discriminación política y favoritismo caciquero... 

Pero, ¿quién torna a recontar víctimas? 

¿Quién hace justicia? 

¿Quién se acuerda después, de los campesinos santandereanos y 
boyacenses? 

2 Rafael Azula Barrera, De la revolución al orden nuevo (Bogotá, 
1956), p. 30. 

3 José M. Nieto R., La batalla contra el comunismo en Colombia 
(Bogotá, 1956), p. 52. 



HISTORIA Y CEOCRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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¿Quién se preocupa de huérfanos párvulos y de los adolescen- 
tes que recibieron lecciones de crimen e insurgencia? 

No perdura el climax de horror. Sin embargo, "algo quedó 
sembrado el año 30". Desconocerlo es miopía de mala ley. Nadie 
vuelve a pensar en ello porque a la postre el fenómeno se diluye 
en odio entre familias que se extinguen con precisión fatal. 

El cambio de gobierno en 1946 

En el año de 1946 el país registra un nuevo cambio político al 
asumir la presidencia el doctor Mariano Ospina Pérez, candi- 
dato del partido conservador. Al conocer su triunfo dice a uno 
de sus amigos: "Quiero expresar esta misma noche mi ratifica- 
ción a los puntos del programa de Lnión Nacional y mi cordial 
invitación a todos los partidos para que depongan sus odios. As- 
piro a ser, únicamente, el Presidente de Colombia para todos los 
colombianos"' 4 . 

En el Senado de la República, el debate sobre responsabilida- 
des por la caída del partido liberal queda sellado con una pro- 
posición histórica, aprobada el 24 de octubre de 1946 por 30 
votos contra 3: "El Senado de la República reconoce que el Go- 
bierno que presidió el doctor Alberto Lleras Camargo, respetó la 
Constitución y las Leyes de la República, garantizó los derechos 
civiles y políticos de todos los colombianos y observó una auste- 
ra conducta republicana que el actual gobierno y los venideros 
deben imitar como la mejor garantía para la paz pública y el 
progreso de la nación". 

A pesar de todo, al hombre así exonerado de la más leve som- 
bra en su proceder, se le moteja en el recinto de sesiones de "ca- 
dáver político" y las turbas al salir le gritan "traidor y tísico" 5 . 

Con motivo de la campaña electoral de 1946 para senadores y 
representantes, el Congreso y el país ofrecen un panorama de agi- 
tación subestimado por los dirigentes. Transcribimos un comen- 
tario que enfoca, por lo visto exactamente, la situación: 

"¿Hay, como parece desprenderse de las informaciones de los 
diarios, una ola de violencia? ¿Alguien ha comprobado qué re- 

4 Azula Barrera, op. cit., p. 194. 

5 Semana, Yol. I. N<? 2 (noviembre 4, 1946), pp.5-6. 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



lación guardan los hechos de sangre y actos criminales de esta 
época con los de tiempos normales? No. Pero, sin duda, un 
extranjero que quisiera informarse sobre la situación actual de 
Colombia, al pasar una revista sobre la prensa del país la creería 
al borde de una catástrofe o en el filo de una revolución. Los 
colombianos, en cambio no nos alarmamos. ¿Por qué? ¿Nos es 
indiferente que cada 24 horas se registre un nuevo hecho de san- 
gre, atribuido a luchas políticas? No. No podemos haber llegado 
a ese grado de insensibilidad. Algo debe ocurrir, sin embargo, 
para que, cristianos viejos, no demos la importancia que se me- 
rece a una situación semejante. Y es que no aceptamos esas ver- 
siones como se presentan. Ni los conservadores asesinados por los 
liberales, ni los liberales asesinados por los conservadores provo- 
can nuestra alarma o nuestra indignación, porque todos esos 
informes son recibidos con un considerable descuento inicial. Es- 
peremos, dicen las gentes, a ver cómo pasaron las cosas. Y eso 
— cómo pasaron las cosas — no se sabe jamás. Lo único cierto, es 
que hay algunos colombianos muertos, heridos, asaltados, vícti- 
mas de la violencia y la inseguridad. Los partidos que colérica- 
mente se disputan la palma del martirio, contribuyen decisiva- 
mente a que los hechos vuelvan a provocarse, a que haya impu- 
nidad, a que la criminalidad ocasional se tape con sus banderas y 
levante testigos para amparar a los ofensores o derivar la res- 
ponsabilidad hacia personas inocentes" 6 . 

Los días discurren bajo una gran tensión política y social con 
marcada tendencia a la anarquía, reflejada en una creciente ola 
de huelgas y paros solidarios que se extienden por todo el país 
desde el mes de septiembre de 1946. El Ministerio del Trabajo 
debe conocer de más de 500 conflictos colectivos. "Los principa- 
les se producen en las compañías de navegación del río Magda- 
lena y en las carreteras y ferrocarriles. Lo cual, agregado al con- 
flicto de los petróleos y al constante anuncio de paro ilegal en el 
ramo de comunicaciones, contribuye a mantener tensa y difícil 
una situación que amenaza producir el derrumbe estrepitoso de 
nuestra estructura social, ante la mirada angustiosa de los patrio- 
tas consternados. Es una pequeña y sombría conjura contra el 
orden institucional del país, destinada a crear artificialmente un 
clima de incertidumbre y de zozobra, propicio al estallido de los 
más feroces instintos" 7 . 

6 Semana, Yol I, N? 13 (enero, 1917). pp. 4 y 5. 

7 Azula Barrera, op. cit., p. 223. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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En noviembre de 1946 acontecen tan serios disturbios que el 
gobierno piensa declarar turbado el orden público en la zona de 
Bogotá. Entre tanto estalla el paro de choferes de Cali por ac- 
ción de la Confederación de Trabajadores Colombianos (CTC), 
dominada por los comunistas. Mientras realizaba un acto de sa- 
botaje contra un vehículo oficial muere el agitador Hermes Mayo 
(el "Bimbo") y la situación se torna peligrosamente conflictiva. 
El 8 de noviembre el Ejecutivo firma el Decreto N° 3227 decla- 
rando en estado de sitio todo el Departamento del Valle. 

El jefe del liberalismo doctor Jorge Eliécer Gaitán, después de 
publicar el editorial titulado "No más sangre" en Tribuna Libe- 
ral, diario que sirve de órgano a su movimiento, presenta al Pre- 
sidente de la República un memorial, pidiendo la intervención 
inmediata de la autoridad ejecutiva y el concurso de los jefes 
políticos para poner término a la barbarie. El documento contie- 
ne el relato, tal como le ha sido hecho al señor Gaitán, de suce- 
sos de sangre en los sitios siguientes: 

En Nariíío, municipios de Samaniego, Sandoná, Linares, 
Gualmatán, Túquerres, Cuáspud, Tambo, y Córdoba. En Boya- 
cá, Chita, Moniquirá, Ráquira, Jericó, Soatá, Belén, Pauna, Zeta- 
quirá, Saboyá, Chiquinquirá, Tota, Guateque, Sutamarchán, Chis- 
cas y Ramiriquí. En el Tolima, Guamo, Roncesvalles, Natagaima, 
e Icononzo. En Norte de Santander, Pamplona, Arboledas, Villa 
del Rosario, Sardinata, Cúcuta, Concepción, Durania y Teorama. 
En Santander, Molagavita, Cite y Charalá. En Bolívar, Sahagún, 
Sincelejo y Ovejas. En Caldas, Anserma. En el Valle, Ginebra. 
En Antioquia, Ebéjico, Abejorral, Maceo, Santo Domingo y El 
Peñol. En el Magdalena, El Banco. En el Chocó, Quibdó. Y en 
Cundinamarca, Yacopí, Machetá, El Peñón, Pasca, Sesquilé y 
Junín. 

"El memorial del señor Gaitán es sereno, sobrio y destinado a 
provocar una eficaz represión de la delincuencia y a no hacer 
un escándalo político. El señor Presidente y el Ministro de Go- 
bierno comienzan a estudiarlo y a tomar las medidas que el señor 
Gaitán solicita. Al mismo tiempo los conservadores hablan cons- 
tantemente de atropellos en otros municipios o en los mismos a 
que se refiere el señor Gaitán, pero como sufridos por sus co- 
partidarios. La única consecuencia que puede sacar el gobierno 
es la de que hay una situación peligrosa y una inseguridad cre- 
ciente, cuyas causas esenciales tienen que ser removidas con toda 



30 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



energía, antes de que el país se vea precipitado a más graves 
sucesos, o a que, formada la cadena de las retaliaciones, no sea 
posible contener la ola de sangre" 8 . 

En mayo de 1947 estalla el paro general de transportes con 
destrucción de algunos puentes y actos de sabotaje en las carre- 
teras. El gobierno lo declara ilegal y suspende la personería jurí- 
dica a la Confederación de Trabajadores Colombianos. 

¿Qué fue en realidad el 13 de mayo de 1947? Una respuesta 
la da Azula Barrera en su obra ya citada: 

"Indiscutiblemente, dice, fue abortado un movimiento subver- 
sivo de inspiración internacional, planteado y promovido por co- 
nocidos agitadores revolucionarios, en connivencia con la orga- 
nización sindical de Colombia, filial de la CTAL (Confederación 
de Trabajadores de América Latina) y con el estímulo velado, 
si no con el apoyo franco, de las fracciones liberales en pugna. 
Sus planes no podían ser más siniestros. Se trataba de provocar 
una paralización general del país, a cuyo amparo pudieran rea- 
lizarse hechos de tal naturaleza que determinaran la inevitable 
caída del gobierno, tras un proceso de confusión social y de 
impotencia de las autoridades para reprimir el desorden. En aque- 
lla ocasión me correspondió conocer informes alarmantes. Mu- 
chos de ellos denunciaban el propósito de llegar hasta el asesinato 
de líderes políticos indeterminados, la destrucción de puentes y 
carreteras; el incendio de ciudades, el asalto de las oficinas pú- 
blicas, particularmente aquellas en que funcionaban los servicios 
de comunicaciones; el ataque a los cuarteles de policía, el con- 
curso de unidades desleales de la institución; el control de las 
radiodifusoras, para propagar desde allí noticias extravagantes 
que contribuyeran a sembrar el desconcierto colectivo, quebran- 
tando la moral pública. Se trataba de repetir la situación del 29 
de octubre del año anterior en Bogotá y de los primeros días de 
noviembre en Cali. Aquellos acontecimientos — según los pro- 
motores del paro nacional del 13 de mayo — habían sido frustra- 
dos intentos del gran golpe de estado que venía siendo planeado 
a partir de las elecciones del 5 de mayo de 1946. La experiencia 
adquirida en aquellas oportunidades había de servir de base para 
una organización más técnica y resuelta del movimiento" 9 . 

8 Semana, Vol II. N? 26 (abril 19, 1947). 

9 Azula Barrera, op. cit., p. 271. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



31 



El mismo Ministro del Trabajo, doctor Blas Herrera Anzoáte- 
gui, denuncia la huelga petrolera como pretexto para ocultar un 
vasto plan de violencia que se prepara en el país mediante el 
aporte de técnicos revolucionarios venidos desde el exterior a 
organizar la subversión. 

En julio de 1947, se reúne en Bucaramanga el Quinto Con- 
greso Comunista del cual sale el partido seccionado en dos gru- 
pos que capitanean Gilberto Vieira y Augusto Durán. La frac- 
ción de Vieira lanza un manifiesto cuyo punto (g) dice tex- 
tualmente: "El gobierno del presidente Ospina Pérez es un go- 
bierno de la burguesía colombiana liberal y conservadora, don- 
de predominan las fuerzas de la reacción ..." 10 . 

Un observador foráneo, Vernon Fluharty, sostiene que del 
extranjero, especialmente de Venezuela, llegaban a los comunis- 
tas colombianos recursos de todas clases, inclusive armas y mu- 
niciones. Entraban así mismo agitadores de diversas naciona- 
lidades: entre otros, que se sepa seguramente, Gustavo Macha- 
do, venezolano que actuaba como intermediario con la CTC; 
Salvador Ocampo, senador comunista chileno; Luis Fernández, 
comunista español; Eugenio Kerbaul, francés; Milorad Pesie, 
miembro del partido comunista yugoeslavo; Francés McKinnon, 
ciudadana americana de origen francés. Se ponían inmediata- 
mente en contacto con los comunistas colombianos y, todos jun- 
tos entraban a promover la agitación y abrir el camino de la 
revolución H . 

Mientras tanto, en los sucesos de Fredonia pierde la vida el 
jefe conservador Roberto García Rojas, diputado y presidente 
del directorio departamental conservador de Antioquia. En Chi- 
quinquirá se enfrentan grupos conservadores y liberales con 
saldo de un muerto y 13 heridos. 

Parece que el mes de julio de 1947 está signado por la des- 
gracia: En Moniquirá durante un abaleo caen muertos 6 ciuda- 
danos y quedan heridos más de 12. La prensa informa que ha- 
lo Comité Central del Partido Comunista de Colombia, Treinta años 

de lucha del Partido Comunista de Colombia (Bogotá, 1960), 

pp. 81 y 82. 

11 Vernon L. Fluharty, Dance of the Millions: Military Rule and the 
Social Revolution in Colombia (Pittsburgh, 1959), pp. 97-98. 



32 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



bía un bazar a beneficio del fondo liberal, en la plaza del pue- 
blo. El día transcurrió tranquilamente. Por la noche se ini- 
ciaron los desórdenes. El periódico conservador El Siglo, de Bo- 
gotá, afirma que "a las seis empezaron a llegar camiones con 
gentes liberales de poblaciones vecinas que insultaban a la poli- 
cía. Para evitar disturbios, se ordenó por la autoridad cerrar 
las tiendas de licores. Cuando los policiales hacían desocupar 
aquellos lugares, los liberales se resistieron y atacaron a los 
agentes. En defensa propia disparó la guardia". En cambio, los 
diarios liberales arguyen que "sin motivo alguno, en medio de 
la paz y la alegría, los policiales empezaron a requisar y agre- 
dir a los liberales; hubo inconformidad por el ultraje y la per- 
secución gratuitos y provocativos; la policía cargó a bala, en 
descargas cerradas. ¡Y coincidencia! La policía es conservadora. 
Los muertos y heridos son liberales" 12 . 

Casi inmediatamente empieza a expandirse el cáncer y a au- 
mentar la tensión en las gentes: 

"Lo que sucede en Boyacá incuba en Caldas y está a punto de 
culminar en un inmenso drama de sangre y desorden en San- 
tander. En este último departamento la situación es más grave 
acaso que en el mismo ensangrentado Boyacá. Allí fermenta sor- 
damente una guerra civil. Las gentes sienten, palpan casi, que 
algo muy grave se aproxima" 13 

En el occidente de Caldas se decomisa gran cantidad de armas 
y aparecen en Santuario y Belalcázar los primeros grupos de 
violentos, que posteriormente se llamarían "pájaros", organiza- 
dos por un alto y prestigioso jefe político. Estos con sus incur- 
siones produjeron el destierro de elementos liberales de las po- 
blaciones para extender luego su acción depredatoria sobre el 
área rural, causando numerosas víctimas y alterando así la com- 
posición política de provincias enteras. 

En Pasto es dinamitado el periódico liberal El Radio. 

El sábado 15 de octubre de 1917. trigésimoquinto aniversa- 
rio del asesinato del General Rafael Uribe Uribe, su busto del 
Parque Centenario de Cartagena, es arrojado al fango. En Villa 
María es atierrado el busto del doctor Olaya Herrera. 

12 Semana, Vol. III, N° 45 (septiembre 30, 1947), 

13 Semana, Vol. III, Septiembre 30, 1917), p. 3. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



33 



En Villanueva son masacradas 22 personas y en Arauca (co- 
rregimiento de Palestina), caen más de 30. 

El año aciago de 1948 

Mientras el panorama político se inflama en vastas zonas del 
país, las consignas de agitación decretadas por el congreso del 
partido comunista de Bucaramanga se traducen con exactitud 
matemática en los siguientes acontecimientos, acaecidos todos 
durante el año de 1948: 

Enero 3, motines y saqueos en Cali; enero 6, huelga en las 
obras públicas de Bogotá, rumores de huelga en petróleos, con 
fuertes indicios de paralización total de esta industria; enero 
16, civiles armados atacan una patrulla del ejército en el Norte 
de Santander. De Venezuela reciben los agitadores de Colombia 
dinero y armas. 

Santander se convierte en un volcán. Prácticamente existe "es- 
tado de guerra civil" en Cucutilla, Arboledas (vereda de Ro- 
mán), Durania, Chinácota, Ragonvalia, Pamplonita . . . 

Ante la avalancha de los sucesos el gobierno declara en esta- 
do de sitio la región de Santander y nombra jefe civil y mili- 
tar al General Carlos Matamoros, quien se posesiona el 20 de 
enero de 1948. El Coronel Gregorio Duarte, su segundo, decla- 
ra para la prensa: "El ejército ha salvado la vida de innumera- 
bles mujeres y niños, acorralados por los conservadores entre 
Cucutilla y Arboledas. El día 13 se combatió toda la jornada 
entre los habitantes de la vereda liberal de Román y los de la 
vereda conservadora de San José de la Montaña. El fabuloso 
desperdicio de munición (no hubo sino dos muertos, uno de 
cada fracción) hace pensar en la existencia de fábricas clandes- 
tinas de municiones. Los alcaldes civiles se embriagan con fre- 
cuencia y en ese estado cometen abusos de autoridad. Los últi- 
mos sucesos no son causados por bandoleros, ya que no sé han 
registrado robos. Las tropas encuentran ganados y aves de co- 
rral abandonados en los caminos, por la precipitud con que los 
dueños han abandonado sus hogares en busca de seguridad. El 
incendio de la aldea liberal de Román, convertida hoy en ce- 



i— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



34 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



nizas, es acto inconcebible. Es posible que haya habido más 
muertos, pues el puntillo lleva a estas gentes a enterrar rápida 
y sigilosamente sus muertos, para ocultar las bajas al adversa- 
rio. No se explica que tan intenso tiroteo como el del día 13, 
entre los habitantes de los dos caseríos, no hubiera producido 
muchas víctimas. Tanto más cuanto que me ha causado sorpre- 
sa la excelente calidad del armamento usado por los combatien- 
tes, el cual, en ocasiones, podría ser superior al del ejército. . . 14 . 

Por su parte el gobernador Manuel Buenahora, conservador, 
al retirarse deja constancia de que "estos sucesos tuvieron ori- 
gen en la quema que los habitantes de la vereda liberal de Ro- 
mán hicieron de los puentes de madera que permitían a los ha- 
bitantes conservadores de San José de la Montaña el acceso a 
Cúcuta. Estos llegaron a carecer hasta de sal y se vieron sitiados 
por el hambre. El ejército no protegió a quienes trataron de re- 
parar el daño. De la minuciosa investigación que adelanté re- 
sultaron responsables 7 liberales, a quienes el juez superior, en 
forma injustificada, puso en libertad. La rivalidad entre Román 
y la Montaña viene de muy atrás. Viven permanentemente te- 
miéndose y provocándose y manteniéndose en estado de alarma. 
Esta situación volvió a recrudecerse con los hechos referidos y 
condujo a un combate de largas horas, librado de peña a peña, 
con increíble gasto de munición, pero solamente con dos vícti- 
mas, una de cada bando, como equitativa señal de unión nacio- 
nal y partija mecánica. 

"Admito que los conservadores de Arboledas son responsa- 
bles del éxodo de los liberales, a quienes sitiaron por hambre. 
Pero debo dejar constancia de que mi gobierno agotó todos los 
medios de aplacar los ánimos. . . 

"Las armas que ahora están usando profusamente, provienen 
de Venezuela y son de las repartidas por el actual gobierno de 
esa nación para contrarrestar la última revolución. Otra parte 
de ellas fue arrancada de manos de la policía y del ejército cuan- 
do los acontecimientos de violencia que tuvieron lugar durante 
el gobierno de Olaya Herrera" 15 . 

Adviene lo de siempre: la cerril inculpación por la prensa. La 
conservadora responsabiliza totalmente a los liberales respaldan- 



14 Semana, Vol. IV, N° 66 (enero 24, 1948), p. 11. 

15 Ibid., pp 11-12. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



35 



do sus afirmaciones en las del gobernador Buenahora que 
imputa todo a la resistencia civil. La prensa liberal recrimina al 
gobernador tildándolo de débil e inoperante. El periodista "Ca- 
libán", de El Tiempo, con cabeza fría escribe en la "Danza de 
las Horas" que la causa de la violencia "es necesario buscarla 
también en las campañas de prensa que la estimulan sostenien- 
do todos los días que los conservadores son un hato de asesinos, 
o que los liberales son una tribu de bandoleros. Para desarmar 
los espíritus es obvio comenzar por descargar de explosivos las 
palabras" 16 . 

Y prosiguen los acontecimientos de 1948: 

Febrero 4, paro de trabajadores municipales en Bogotá; el 
11, conflicto laboral en el río Magdalena; el 14, atentado dina- 
mitero contra el gerente de la Tropical Oil Company; manos 
criminales destrozan la red telegráfica y averian el oleoducto 
de Cantimplora; sabotaje en las linas férreas y en los grandes 
tanques de gasolina con amenaza de incendios de proporciones 
inimaginables. 

El 7 de febrero se realiza en Bogotá una gran manifestación 
con gentes que desfilan en impresionante silencio, con bande- 
ras enlutadas. Gaitán pronuncia su célebre oración por la paz 
en la que pide al primer mandatario que detenga la persecución 
por las autoridades: "Impedid, señor Presidente, la violencia. Solo 
os pedimos la defensa de la vida humana que es lo menos que 
puede pedir un pueblo". 

El 3 de marzo, las brigadas de choque atacan en Bogotá al 
canciller de la República, doctor Domingo Esguerra, notable 
diplomático liberal; el 11, los estudiantes, asaltan el Ministerio 
de Educación y arrojan a la calle diversos enseres; el 18 se re- 
gistran motines callejeros en la capital, el embajador del Ecua- 
dor, Viterio Lafonte, es atacado, y estalla una bomba en el 
Ministerio de Gobierno. 

El día 29 llega el General George C. Marshall, al frente de la 
delegación de los Estados Unidos de América a la IX Conferen- 
cia Panamericana, que se inicia el 30 del mismo mes. Ya en 
abril la policía de seguridad apresa a un exaltado mientras co- 
loca una bomba en el salón de sesiones de la Conferencia. 



16 Ibid., p. 9. 



36 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



El 9 de abril de 1948 cae asesinado el doctor Jorge Eliécer 
Gaitán. Días antes había soportado numerosas presiones para 
que colaborara en el sabotaje a la Conferencia. "Todos, dijo, 
los rechacé rotundamente; yo no soy capaz de contribuir al 
descrédito de mi patria, ni tampoco quiero obstruir la tarea en 
que están empeñados todos los países de nuestro hemisferio". 
Y agregó: "Para evitar equívocos sobre el particular, haré una 
declaración pública, en la que se establezca claramente mi posi- 
ción. Exigiré al pueblo bogotano que se abstenga de toda acti- 
tud que pueda redundar en perjuicio de las labores de la Con- 
ferencia". En efecto, tal como anunció, al día siguiente apareció 
en la prensa la declaración terminante del prestigioso jefe 17 

Casi todos los colombianos condenaron el crimen abominable 
que segó la vida de Gaitán, pero nadie previo sus tremendas 
consecuencias. 

Así como en las ciudades, Gaitán contaba con inmenso caudal 
de irrestricta adhesión dentro de la masa campesina. El aban- 
deraba la esperanza de solución de toda una problemática secu- 
lar. Su voz era el grito de la ruralía que, cuando lo supo extin- 
guido, recordó su consigna histórica: 

"Si avanzo, seguidme; 
si retrocedo, empujadme; 
si os traiciono, matadme; 
si muero, vengadme" 19 

A partir de este momento, el proceso de la violencia puede 
reducirse a las cinco etapas siguientes: 

1. Creación de la tensión popular, de 1948 a 1949. 

17 El Tiempo (Bogotá), marzo 24, 1948. 

18 Mucho se ha cavilado sobre el asesinato de Gaitán dándose muy 
diversas descripciones e interpretaciones. Entre otras, consúltense 
las siguientes obras sobre el asunto: Azula Barrera, op. cit.; Luis 
A. Toro, Almanaque político (Bogotá, s. f.) ; Joaquín Estrada Mon- 
salve, Así fue la revolución (Bogotá, 1950) ; Abraham Osorio T., 
¿Por qué mataron a Gaitán? (Bogotá, 1948) ; Gonzalo Canal Ra- 
mírez, 9 de abril de 1948 (Bogotá, s. f.). 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 37 

2. La primera ola de violencia, de 1949 a 1953. 

3. La primera tregua, de 1953 a 1954. 

4. La segunda ola de violencia, de 1954 a 1958. 

5. La segunda tregua, en 1958. 

Aunque el proceso ha sufrido últimamente algún recrudeci- 
miento, el presente estudio no va más allá de 1958 sino en pocas 
ocasiones, cuando el relato o el análisis lo exigen. 



CAPITULO II 



Tensión Popular y Primera Ola de Violencia 



Creación de la tensión popular 

Caldeada la pasión multitudinaria por fogosas campañas po- 
líticas en que la emoción predomina sobre la sensatez, necesa- 
riamente se desemboca en situaciones de violencia, porque lle- 
ga un momento en que el odio, el fanatismo, la intransigencia, 
la ambición de dominio, la perspectiva de cierta fácil holgura 
económica, el paroxismo, se convierten en canales de la dinámi- 
ca de masas. Las empresas montadas sobre consignas de odio 
al enemigo y muerte al contendor implican, de hecho, la heca- 
tombe en nuestro ambiente. 

"Pocos días antes de la posesión (presidencial de 1946), los 
rumores sobre perturbación del orden se acrecientan y el go- 
bierno se vio obligado a tomar medidas enérgicas. Ya reunido 
el Congreso, Lleras hizo desfilar una noche el ejército con su ar- 
mamento pesado por las calles de la capital. Era una adverten- 
cia a los posibles amotinados. Sin embargo, días más tarde, es- 
talló una bomba en las proximidades para aumentar la zozobra 
sobre lo que pudiera ocurrir" 1. 

Entre tanto crecen las tensiones ambientales sin que aparez- 
can las medidas indispensables, eficaces, para prevenir el caos. 

Simultáneamente gravita sobre los campesinos un asediante 
clima de engaño y conspiración, que preludia su propia tra- 
gedia. 

Derrocar al gobierno, prevenir la retaliación inevitable, vin- 
dicar la sangre derramada en la Cámara de Representantes, re- 
cabar las libertades yuguladas, tutelar la democracia, paralizar 

1 Azula Barrera, op. cií., p. 206. 



40 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



el país, todo se alega con creciente pasión. En el campo opues- 
to se habla de sostener el gobierno, salvar la patria, unir volun- 
tades, reorganizar la fuerza armada, crear cuadros de total con- 
fianza, diezmar al enemigo, asegurar futuras mayorías elec- 
torales. 

Era necesario avivar el fanatismo ignaro de la masa, insuflar 
su mística de lucha, comprometerla en "gloriosas" jornadas, 
¡Explotarlal 

El lenguaje de tonos guerrilleros transmitido por las emiso- 
ras el 9 de abril, no fue vano. En Bogotá se había distribuido 
armas; en Ibagué cierto capitán disciplinó grupos de choque 
— verdaderos corps de forcé — que sembraron el terror, el in- 
cendio, el saqueo y la muerte. Además, allí el gobernador se 
plegó a la violencia. Fatalmente el país se polarizó en torno a 
dos consignas: "Tenemos que hacer la revolución"; y "Nos van 
a hacer la revuelta". Fue una idea obsesiva. 

Y para realizarla, conventillos, ayudas, cuotas. . . 

Los casos reales, tomados desde su comienzo, ilustran mucho 
mejor estos aspectos: 

El 9 de abril de 1948, como ocurrió con los presos en muchas 
partes, se fuga de la Penitenciaría de Ibagué un elemento que 
cambia su nombre por el de "Tirofijo", para despistar a la jus- 
ticia y las tropas. Él facineroso se ubica en las montañas del 
Castel, hacienda del Horizonte, municipio de Aipe (Huila), y 
con innegable habilidad seduce a José Leal ("Girardot") , Rei- 
naldo Pérez ("Carasucia") y Cicerón Murillo ("La Hipa"), 
campesinos de la región. 

¿De qué les habla? De revolución, de cobrar la sangre de 
Gaitán, de oponerse a la gente del gobierno, de que los "chula- 
vitas" o policías 2 , tomarían la revancha, de que era necesario 
prevenirse. . . Establece contacto con elementos exaltados de la 
población y el 12 de octubre de 1948 promueve la primera reu- 
nión que se efectuó en el norte del Huila para organizar la lu- 
cha que después se convirtió en "la violencia". Logra que asis- 

2 Referencia al hecho de que los primeros elementos violentos de 
la policía oficial fueron reclutados por gamonales en la "vereda" 
o vecindario rural de Chulavita en Boavita (Boyacá). 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



41 



tan personas prestantes y colecta cuotas en efectivo desde 
$ 5.00 hasta $ 500.00. Repite el estribillo: Los van a atacar. . . 
la guerra se viene. Como en los tiempos quijotescos de nuestros 
abuelos, surge el "comisionado" — hombre de fiar — para con- 
seguir fusiles, que regresa efectivamente con algunos poco tiem- 
po después. Ya existe el grupo y tiene armas. Por psicología 
elemental, el campesino al tomar un arma nueva experimenta 
profundo deseo de dispararla, de "estrenarla", como dice en su 
lenguaje. ¿Es un fenómeno de curiosidad, quizás una protesta 
de su debilidad sometida, tal vez un gesto de liberación? 

Los días transcurren entre reuniones, especies volanderas, te- 
mores, reclutamiento de peones, entrenamiento, agitación políti- 
ca, consigna de revuelta, contactos con los jefecillos políticos, 
"resistencia civil". Es un ambiente demasiado tenso, sobrecargado 
ya de explosivos letales. 

El grupo ("los muchachos" como se les llama) merodea entre 
el Castel y Laureles. A veces se asoma a las haciendas. . . 

Mientras tanto, en Baraya (Huila) se vive una situación muy 
delicada debido a que un cabo Granja, de filiación liberal, reco- 
mienda muy mal ante las directivas de su partido a un sargento 
Solórzano, conservador, que vino a relevarlo, originándose la 
hostilidad abierta contra la policía y el nuevo alcalde, a quien 
el concejo asigna un insultante sueldo de $ 10.00 mensuales. 
El burgomaestre ordena cerrar cantinas a las 10 de la noche. El 
pueblo se opone. Lo respaldan y azuzan algunos concejales. La 
policía es apremiada para que cumpla la disposición del supe- 
rior. El 7 de septiembre cuando los uniformados llenan su come- 
tido mediando acciones drásticas e insultos de parte y parte, 
muere a manos de un agente el presidente del Concejo Munici- 
pal, señor Calderón, en el forcejeo por desarmar al gendarme. 
Es llamada la gente de Laureles — "los muchachos" — que se 
traba a tiros con los policiales en el camino real, sin consecuen- 
cias. Se intensifica la consigna de hostilizar por todos los medios 
a la policía. 

El mismo día entre el Castel y Praga los del monte — "los 
muchachos" — asesinan a un trabajador y hieren a tres. Desde 
ese momento se constituyen en defensores de la región, custo- 
dios de los campesinos y "adalides de la libertad". Imponen 
cuotas, comparten cosechas, roban ganado, exigen respaldo. 
¿Acaso no se habían codeado con los principales, con el "seño- 



42 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



río" en la casa de uno de los hombres más connotados de la 
aldea ? 

"Tirofijo" actuará sobre San Luis y Organos; "Girardot" so- 
bre Praga, Santa Rita y Casa de Zinc. Se hacen populares los 
alias de "Pelusa", "Chaflán" (de 16 años), "Piscasonsa", "Ven- 
cedor", "Belalcázar", "Llave Seca", "Carnaval" y muchos otros, 
todos trabajadores de haciendas, manejados a control remoto 
desde las ciudades por caciques enconados que nunca lucharon. 
Luchar. . . Para eso están los campesinos, la gleba campesina, 
"carne de demagogia, víctima de intransigencias políticas, en 
cuya muerte oscura se desangra la patria". 

"Una noche de 1948 — habla un párroco — , llega a mi casa 
cierto oficial de la policía de Caldas a dejarme 25 fusiles. 
— ¿Para qué? 

— Es que la conspiración se viene. 

— ¿Qué se propone usted? 

— Que se distribuyan a gente de confianza. 

— ¿Para que los colombianos se maten? ¡Se equivocó, señor 
teniente! Mi misión no es segar vidas, sino sembrar la paz". 

La camioneta portadora siguió hacia La Dorada. 

La actividad de comités y directorios es febril. Un magro es- 
critor que sabe mucho de política y algo más, clama por la gue- 
rra sin eufemismo. Guerra con mayúscula. Tiene el valor de 
decirlo muy claro. 

Los 30 proyectiles de revólver y 10 de pistola disparados en 
el recinto de la Cámara el 8 de septiembre de 1949, y la san- 
gre vertida ominosamente allí mismo; las transmisiones radia- 
les de los discursos, aun los casi infantiles desórdenes suscita- 
dos, todo es una detonante incitación al odio. Olvidaron los con- 
ductores políticos que no se desatan impunemente las pasiones 
del pueblo. La lucha entre los partidos acrecida por la pugna- 
cidad de los jefes, se centra en una puja de imputaciones y con- 
traimpütaciones por sucesos de sangre que implican gravísimas 
situaciones de conflicto. 

La tensión popular desembocó en la lucha armada. El campe- 
sino fue arrastrado a ella, obligado, coaccionado, sin que los 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



43 



condottieros de turno se percataran de cuán peligroso es jugar 
en Colombia a la revolución con labriegos. "Era de pensarse 
que los eminentes hombres públicos del liberalismo que llevaron 
hasta el último extremo la lucha civil legal contra el gobierno 
del doctor Ospina y que comprometieron al pueblo en esa lu- 
cha, estaban espiritual y personalmente preparados para afron- 
tar las consecuencias de sus actos. No fue así, sin embargo. Sino 
que por el contrario cuando la violencia oficial planificada se 
estrelló contra los pueblos, y las gentes del campo se vieron ante 
la alternativa de perecer o resistir y optaron por la resistencia, 
entonces los prohombres liberales, hasta ayer tan valerosos, exi- 
gentes e insatisfechos, o se recluyeron en sus casas y particula- 
res ocupaciones, u optaron por la circunspección, la moderación, 
las buenas maneras, la cabeza fría, los amistosos acercamientos 
y los respetuosos memoriales" 3 . 

Primera Ola de Violencia 

Una equivocada estrategia política enfrentó ferozmente los 
partidos tradicionales al prospectar la campaña electoral de 1949 
basándola en tres factores determinantes: 

a) Estabilización del grupo conservador en el poder, con ex- 
clusión violenta del contendor liberal. 

b) Utilización de la policía en una campaña de persecución, 
innegablemente pensada y planeada desde altas esferas de go- 
bierno. 

c) Declaración de la resistencia civil por el partido liberal 
perseguido, la que pronto se tradujo en acción de grupos ar- 
mados. 

Gestado así el conflicto, la afloración lógica, inevitable era el 
choque, la violencia. ¿El pueblo, en este caso el campesinado, 
inició la violencia? No pudo ser. 

¿Gobierno y dirigentes se confabularon involuntariamente por 
un raro fenómeno de tangencia para victimar al pueblo? 

El morbo abarca todo el país que ve despavorido la comisión 
progresiva de delitos no solamente atroces sino inimaginables. 

3 Juan Lozano y Lozano, "Prólogo" a Las Guerrillas del Llano, por 
Eduardo Franco Isaza (Bogotá, 1959), p. iv. 



44 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



El mes de octubre marca uno de los períodos más nefandos 
en la historia de la descomposición colombiana. Es asaltado, in- 
cendiado y saqueado el caserío de Ceilán en Bugalagrande (Va- 
lle) , donde los bandidos dejan cerca de 150 víctimas, algunas 
de ellas incineradas. En seguida masacran en San Rafael a 27 
ciudadanos cuyos cadáveres arrojados al río empurpuraron to- 
talmente las aguas. 

El 22 de octubre es asaltada la Casa Liberal de Cali produ- 
ciéndose el genocidio de personas que asistían a una conferencia 
política. Téngase en cuenta que la mayoría de aquellas gentes 
eran exilados de los pueblos ya azotados por la violencia. Nada 
hay que añadir a la condenación que hizo el doctor Rafael Es- 
callón, conservador, ex-procurador general de la República: "Con 
el alma profundamente adolorida vengo de Cali, ciudad víctima 
de una cruel afrenta por parte de las autoridades encargadas de 
velar por su bienestar. . . La tragedia del sábado 22, que tántas 
vidas, dolor y sangre le ha costado, no tiene justificación ni 
disculpa. Nadie habló en Cali de asonada o ataque a la policía. 
La hecatombe se consumó dentro del solar que llaman Casa Li- 
beral. En ningún momento se ha dicho en qué consistió la aso- 
nada (contra) la policía. . . " 4 . 

Entre tales presagios de tormenta resuena austera y limpia 
la voz condenatoria del antiguo gobernador de Antioquia, Pe- 
dro J. Berrío: "En estas horas de mi vida piso ya los umbrales 
de la eternidad y me llegaré a Dios con la conciencia tranquila 
porque jamás he dado cabida en mi corazón al odio sectario. 
El país entero está dominado por el odio". 

La violencia alcanzó un nivel desesperante con motivo de la 
elección para presidente de la república (1950-1954) del doctor 
Laureano Gómez Castro. El liberalismo declaró públicamente al 
país que se había montado toda una maquinaria fatídica a tra- 
vés de gobernadores sectarios preseleccionados e impuestos con 
fines evidentemente aviesos. El doctor Gómez fue elegido el 27 
de noviembre de 1949, y la Dirección Liberal Nacional fijó su 
criterio al respecto en la siguiente tesis: 

"La elección fue ilegítima, ilegítimos e insólitos sus resultados. 
Así lo declaramos desde el 28 de octubre de 1949, y esa declara- 
ción que pertenece a la historia ya no puede ser alterada por 

4 Semana. Vol. VII, N<? 159 (noviembre 5, 1949), p. 13. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



45 



nosotros, como no podemos alterar los hechos que la provocaron. 
Ayer, hoy y mañana, ha sido, es y será cierto que la autoridad 
ejercida por Laureano Gómez sobre el país no se deriva de un 
título jurídico sino la imposición de la fuerza" 5 . 

Durante este período se suceden masacres como la de Belal- 
cázar (Cauca) en donde 112 personas son fusiladas en un solo 
día. Los prisioneros son sacrificados sin misericordia por perso- 
nal de tropa, como lo hacía el famoso alférez "Mechabrava". Se 
implanta un férreo sistema de represión en las ciudades y en los 
campos que produce un estado obsesivo de persecución en quie- 
nes no comparten las ideas políticas del gobierno. Estos se or- 
ganizaron en "Comités de Resistencia". En la persecución inter- 
vienen de preferencia elementos de la policía y del cuerpo de 
seguridad. Las instituciones jurídicas y legislativas continúan 
totalmente alteradas. En noviembre se dicta un decreto que modi- 
fica las prescripciones de la Carta sobre sucesión presidencial 
y en el mismo mes el doctor Gómez se retira de la presidencia por 
motivos de salud encargando de ella al ministro de gobierno, 
doctor Roberto Urdaneta Arbeláez. 

Bajo el mandato de Urdaneta la ola de sangre alcanza dimen- 
siones inconcebibles. Las guerrillas se organizan mejor y la ac- 
ción del gobierno se aplica con acerba drasticidad. El crimen al- 
canza de parte y parte máximas expresiones de sevicia como 
ocurrió en El Líbano en 1952. Se sucede el incendio de El 
Tiempo, El Espectador, la sede de la Dirección Liberal Nacional 
y de las residencias de los doctores Alfonso López Pumarejo y 
Carlos Lleras Restrepo. Policía uniformada interviene directa- 
mente en estos incendios así como en el saqueo de la residencia 
del doctor Lleras Restrepo. 

Sobre la situación del momento, no pocos sacerdotes del Toli- 
ma, Antioquia y los Llanos Orientales dirigieron al gobierno ra- 
zonados documentos, donde con pleno respaldo en los hechos se 
decía a las autoridades: "El peor sistema que se puede emplear 
en la campaña de pacificación es el que están ustedes siguiendo, 
porque el ataque indiscriminado contra los habitantes de la re- 
gión, los atropellos inauditos de que se les suele hacer víctimas, 
el incendio de sus casas, el robo de sus animales, el asesinato y 

5 Informe de la Dirección Nacional del Liberalismo a la Convención 
del Partido, Bogotá, junio 23 de 1951, transcrito por Carlos Lleras 
Restrepo, De la República a la Dictadura (Bogotá, 1955), p. 303. 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



las violaciones, hacen que las gentes encuentren preferible su- 
marse a las guerrillas y morir luchando, antes que soportar inde- 
finidamente un tratamiento semejante" 6 . 

En el informe del secretario general del Partido Comunista de 
Colombia" se sintetiza así el movimiento guerrillero que se formó: 
"En Chaparral se inicia en 1950 como acción de autodefensa de 
masas; en 1952 se transforma en lucha de guerrillas, dando ori- 
gen a la resistencia armada en todo el sur del Tolima. Es un mo- 
vimiento de clase, amplio y definido. El problema de abasteci- 
mientos es resuelto por el propio trabajo agrícola de los guerrille- 
ros y por el amplísimo respaldo de la población laboriosa que mira 
en ellos sus defensores contra los atropellos del enemigo. Con 
este movimiento colaboraron en ocasiones grupos liberales como 
el de Rioblanco, que crearon numerosos problemas por sus for- 
mas anárquicas de actuar y por su sectarismo. El sur del Tolima 
tiene importantes experiencias y sus luchas guerrilleras son el 
desarrollo de la política de autodefensa . . . 

"El destacamento guerrillero de La Colorada, San Vicente de 
Chucurí, fue lanzado a la aventura de atacar la población y es- 
tuvo al borde de intentar los planes más desorbitados sobre el 
centro petrolero de Barrancabermeja. En el norte de Antioquia 
surgieron las guerrillas para luchar contra los atropellos de la 
policía. En Urrao la lucha tomó caracteres de autodefensa, pero 
hacia el Golfo de Urabá el movimiento fue bastante anárquico. 
En Yacopí el grupo tuvo serias contradicciones internas. Elemen- 
tos desprendidos de esas guerrillas efectuaron incursiones sobre 
el selvático Territorio Vásquez y las cercanías de La Dorada. En 
el Huila se registraron acciones armadas de carácter aventurero 
con resultados desastrosos, aunque mantienen su organización 
algunos núcleos guerrilleros. . . 

En Sumapaz los campesinos aislaron a los guerrilleros y estos 
delataron a sus jefes. "El papel de los aventureros (concluye el 
documento que aducimos) nos enseña que las guerrillas no pue- 
den formarse artificialmente, mediante planes elaborados en ofi- 
cinas de Bogotá y que no pueden imponerse por la fuerza a una 
masa que no siente su necesidad en forma clara y directa. Algu- 
nos elementos han pretendido hacer de Viotá (en Cundinamarca) 
una zona guerrillera. Pero el Comité Regional Comunista ha prac- 



6 Ibid., p. 354. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



47 




Mapa N<? 1 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



ticado la política de auto-defensa. A mediados del año pasado 
(1951) la región fue objeto de ataques de la policía. La región 
entera se movilizó para defenderse, desarrollándose un amplio 
movimiento de solidaridad en los municipios vecinos. Cuando se 
esperaban expediciones punitivas, cerco y bombardeos aéreos, los 
terratenientes que poseen todavía inmensos cafetales y los dueños 
de ingenios azucareros, adelantaron una gestión de paz intervi- 
niendo ante el gobierno para que suspendiera los ataques, con 
resultados positivos, constituyendo un ejemplo de utilización de 
las contradicciones de las clases dominantes para defender los 
intereses de los trabajadores" 7 . 

El conflicto en el Tolima 

La etiología del conflicto en el Tolima nos induce a considerar 
causas remotas que el observador no puede pretermitir, y que 
son: 

1 . La pugna suscitada por la migración antioqueña, con ca- 
sos de sangre en algunas comarcas entre colonos y comuneros. 
"La única revolución efectiva en el campo social y económico de 
la república" 8 y el espíritu avasallador de los recién llegados 
plenos de empuje y aventurerismo, necesariamente debían cho- 
car con la manera pasiva de algunos elementos que encarnaban 
la estática del hombre tolimense. A ello contribuirá el prurito lati- 
fundista que predominaba en la tenencia de la tierra dentro del 
área de su llano. No debe olvidarse la manera de ejecutar el tra- 
bajo, lenta en el hombre raizal, y nerviosa, rápida, incontenible 
en el "paisa" que llegaba acosado por el hambre y la pobreza. 

Existían además, tierras de nadie o semi-baldías sin nítida ti- 
tulación que permitieron al foráneo caballero del hacha y la 
barbera descuajar montañas mientras llegaba la tardía solución 
a los pleitos. 

2. La política seguida por algunos terratenientes de la llanura 
tolimense con sus arrendatarios, al someterlos a implacable de- 
sahucio con incendio de ranchos, dándose casos de que mujeres 

7 Informe del Secretario General del Partido Comunista de Colom- 
bia al VII Congreso del Partido, transcrito por Testis Fidelis, De 
Caín a Pílalos (Medellín, 1955), p. 47. 

8 Eduardo Santa, Arrieros y fundadores (Bogotá, 1961), p. 10. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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campesinas dieron a luz bajo la fronda de los árboles. Basta re- 
cordar sucesos como los del Baurá en Purificación y Villa Res- 
trepo en Ibagué. Aquí hubo choque con la policía y varios la- 
briegos quedaron muertos en la vereda. 

3. La cruzada reivindicatoría del jefe indígena Manuel Quin- 
tín Lame, que en reclamo de las tierras de que se había desposeí- 
do a los indios viene desde el Cauca, cruza por Tierradentro, 
transmonta la cordillera de Calarma hasta San Antonio para re- 
pasarla en seguida y asalta a Coyaima, donde alcanza a incendiar 
cuatro casas a cambio de la vida de algunos de los suyos. El 
gesto de Lame no ha sido aún valorado por la historia y la socio- 
logía en todo el significado que entraña. 

4. El viejo litigio de la comunidad indígena de Yaguara, fuente 
de enconos entre dueños reales o ficticios y los habitantes de dicho 
sector, que han conservado muy marcadas las características y 
costumbres de su raza. 

5. La actuación de las Ligas Campesinas en regiones como 
Limón y Rioblanco (Chaparral) por el año de 1936. No faltaron 
depredaciones, rocerías de cafetales y plataneras, invasiones a 
predios de terratenientes, suscitándose cierta pugnacidad de tipo 
social que enfrentó a dueños y arrendatarios. En 1937 se regis- 
tró una huelga general de cogedores de café. 

6. La huella de las contiendas civiles que en el Tolima arrai- 
gan primero y se prolongan demasiado por una modalidad de 
sus hombres, que se comprometen del todo cuando se empeñan 
en la lucha. Estas guerras internas laminaron en el alma del pue- 
blo estampas casi de leyenda como las de Tulio Varón y Eutimio 
Sandoval, que pasan por el llano entre un fulgurante retintín 
de machetes. 

Entre las causas próximas del conflicto en el Tolima pueden 
citarse : 

1. La exaltación política de las gentes, labor de muchos años 
cumplida a cabalidad por los aspirantes de turno, y el distan- 
ciamiento de los dirigentes políticos. 

2. La actuación de la policía sublevada el 9 de abril de 1948 
en Ibagué y en casi todas las poblaciones del departamento. 

3. La deposición de las autoridades en aquella fecha. 



VIOLENCIA EN COLOMBIA 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



4. El tratamiento dado a los sacerdotes: dos asesinados y once 
aprisionados o retenidos en sus casas, y la profanación y saqueo 
de algunos templos, entre ellos el de Armero. 

5. El incendio de las oficinas del semanario El Derecho, en 
cuyos archivos reposaba inédita la "Historia de Ibagué" que con- 
tenía documentos insustituibles, cuya pérdida lamentará siem- 
pre el Tolima. 

6. La alegre irresponsabilidad con que algunos elementos di- 
rectivos lanzaron a la lucha a un pueblo cuyas reacciones jamás 
tuvieron en cuenta. 

7. La actuación parcializada de las autoridades y la acción 
punitiva e indiscriminada de las tropas. 

A estas causas generales se entremezclan modalidades propias . 
de los diversos municipios, que agravan la crisis y la extienden 
por casi todas las veredas del departamento. 

En el año de 1949 con motivo de las elecciones y como re- 
acción por los hechos del 9 de abril, el conflicto se desenvuelve 
en planos exclusivamente políticos. En el oriente la causa deter- 
minante es el asesinato de la familia Rivera en Los Alpes, Vi- 
llarrica. En el sur sirven de pretexto el choque armado entre dos 
ciudadanos de distinta filiación política y las comisiones de poli- 
cía nueva que inicia su actividad violando hijas de campesinos. 
En el norte opera un clima de conspiración (sector liberal) y de 
venganza por los sucesos nueveabrileños (sector conservador). 
En el centro se combinan la actitud subversiva, la acción poli- 
civa y la agitación política que llega a la provincia interpretada, 
aumentada, mixtificada según las conveniencias de grupo. 

La lucha alcanza casi desde los comienzos una ferocidad in- 
sospechada. ¿Se opera el fenómeno ancestral que describe Bedo- 
ya en su Etnología y Conquista del Tolima?: "En la guerra el 
olor de la pólvora, el traquetear de las ametralladoras, la sangre, 
el grito de combate, el desafío, le despiertan al tolimense los ins- 
tintos del pijao que lleva por dentro y se torna feroz, sanguinario 
e invencible; el amigo de ayer es hoy su enemigo si no piensa 
como él en materia política; la caridad, la humildad, la moral, 
todo desaparece en la vorágine de la guerra y no hay una sola 
cuarta de tierra tolimense en donde no se levante una tumba. El 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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tolimense es el primero en tomar las armas y el último en sol- 
tarlas" 9. 

En efecto, los campesinos traducen la intensidad cruel de la 
contienda, con la palabra Guerra. No hablan de violencia, sino 
de "la primera guerra y la segunda guerra" o sea, cronológica- 
mente, de 1949 a 1953 y de 1954 a 1956. 

El campesino ignora por qué se le envuelve en la lucha, por 
qué lo persiguen, lo asesinan, le queman el rancho y profanan 
su hogar. Solo parece que la acción bélica sobre el pueblo toli- 
mense obedeció a una sangrienta consigna: ¡Diezmarlo! ¿Quién 
dio esa consigna? 

El golpe asestado inicialmente por los emisarios oficiales se 
traduce de inmediato en una cita a muerte entre los grupos polí- 
ticos, sin tregua ni cuartel, por más de diez años. Veamos tales 
desarrollos en municipios tolimenses claves. 

Región Norte 

Anzoátegui 

El 29 de septiembre de 1947 se lleva a cabo la sustracción de 
numerosas cédulas por el alcalde y su secretario con el fin de 
sabotear las elecciones de concejales. Por la noche se registran 
hechos de sangre con muerte de Adriano García. 

En 1949 se desata la persecución política por elementos de 
policía. Civiles amparados en la actitud beligerante de los uni- 
formados dan muerte en sus propias casas al comerciante Fran- 
cisco Díaz y a don Juan de Jesús Ramos. No escapan al ataque 
los hogares de Luis E. Polanía, Alvaro Preciado, León Preciado, 
Julio Parra, José Gabriel García y Luis Linares. 

A continuación irrumpen las "comisiones" en la zona rural, 
auxiliadas por la asqueante impunidad que empezó a enseñorear- 
se y por el abuso para apropiarse de las tierras. El caso de Gui- 
llermo Carvajal traduce este tipo de atropellos a que fueron so- 
metidos los campesinos: 

"En una mañana de septiembre de 1951, visitó mi finca "San 
José" una de las famosas comisiones compuesta por dos policías 
armados y 15 civiles, todos equipados, entre los cuales figuraban 
elementos forasteros y sujetos conocidos en la región (siguen los 

9 Víctor A. Bedoya, Etnología y conquista del Tolima y la hoya del 
Quindío (Ibagué, 1952), p. 156. 



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nombres). Entre los policías iba uniformado el agente Pablo 
Bailen. 

"Durante toda esa noche, la citada comisión estuvo en otros 
predios de la región y toda la noche lo pasaron haciendo dispa- 
ros y profiriendo amenazas a las casas y cometiendo toda clase 
de atropellos. 

"Por esos momentos hubo asesinatos, incendios, lesionados 
en esa región todo a ciencia y paciencia de las autoridades legíti- 
mamente constituidas. 

"Por las razones anotadas y ante la inminencia del atentado, 
me vi obligado a tener que salir por entre los montes, con toda 
mi familia, en situación angustiosa, hasta llegar a Ibagué, en 
donde tuve que exilarme, sin trabajo, y careciendo hasta de lo 
más indispensable. 

"Sola la finca de "San José", procedieron (aquí los nombres), 
a verificar toda clase de actoá violatorios a la posesión y a la 
propiedad privada, tales como penetrar a mi finca, derribar ár- 
boles de sombrío, árboles de aserrío, aserraron maderas, se lleva- 
ron éstas, cogieron café, destruyeron un tanque proveedor de 
agua potable a toda la finca, movieron linderos, cortaron los cer- 
cos y soltaron animales dentro de los cafetales y platanales, por 
cuya razón, estos recibieron el consiguiente perjuicio material. 
Estos individuos se encargaron con otros sujetos de la región, 
de hacernos llegar noticia que no permitían que nadie distinto a 
ellos fueran las personas que administraran dicha finca, y que 
cualquiera que fuera sin este requisito, sería atacado inmediata- 
mente. 

"Contrariando la norma dada por esos sujetos le hice entrega a 
Efrén Rodríguez de la finca en calidad de aparcero, dando como 
resultado, que este tuvo que abandonar la finca, ante la perma- 
nente amenaza de estos sujetos, quienes visitaron la finca, le die- 
ron machete a las puertas de la casa y se apropiaron de todo 
cuanto allí había quedado abandonado" 10 . 

En julio de 1950, abalean, atado a un botalón, al campesino 
Plutarco Rodríguez a quien rematan al día siguiente, cerca a su 

10 Ministerio de Justicia. Sección de Vigilancia Judicial del Tolima, 
Memorial Presentado ante el Juez 72 de Instrucción Criminal, 
Ibagué, septiembre 8 de 1958, en el archivo personal del autor, 
Documento N? T-An-10. Este archivo en adelante será citado como 
Colección Guzmún, con referencia a los documentos numerados. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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casa, amarrado a un árbol. Días después en las calles y cantinas 
de la población se generalizan coplas sarcásticas alusivas a este 
acto bárbaro. 

Del archivo particular tomamos un dato sintomático de aque- 
lla situación: "Hace unos cinco años los hermanos Muñoz 
fueron sindicados de triple homicidio en La Bandera, fracción de 
Riofrío. Cuando se encontraban presos en la cárcel del pueblo, 
uno de los guardianes recibió la propuesta de que sacaran a los 
detenidos y los asesinaran, trozando previamente un barrote de 
las rejas de la cárcel para justificar el crimen so pretexto de una 
fuga. El guardián no aceptó". Mas, ¿quién hizo la propuesta?... 

Santa Isabel. 

Sobre Santa Isabel seleccionamos algunos testimonios escritos 
de nuestro archivo particular: "A partir del año de 1949 la 
tremenda ola de barbarie que azotó esta región se estrelló con- 
tra la integridad de las personas prevalidos sus autores del am- 
paro que las autoridades satélites del régimen de turno les brin- 
daban. 

"A partir de aquel año se cometió toda clase de fechorías, ro- 
bos, incendios y asesinatos haciendo la vida imposible en aquel 
municipio. Las veredas y los campos quedaron arrasados y rega- 
dos por centenares de cadáveres cuyas viudas y huérfanos no 
encontraron justicia" n . En un solo sector del municipio son sa- 
crificados 82 varones adultos, una mujer y cuatro menores de 
edad. 

"Las veredas, los campos quedan arrasados día a día. De todos 
los ilícitos se da cuenta a las autoridades competentes sin que se 
preocupen por investigarlos. Con su actitud pasiva, encubren a 
los delincuentes, estimulan el crimen y hacen imposible la paz 
de la región". Dentro del propio sagrado recinto del cementerio 
asesinaron a don Carlos González, Isaías Quintero y Manuel 
Alvarez. 

Se formó una cuadrilla en el páramo integrada por elementos 
impresionantemente jóvenes, temibles por su temprana ferocidad, 
que empezaron a agudizar la situación social de la región. 

11 Memorial de Alfredo Aguilar y otros a la Comisión Nacional In- 
vestigadora de las Causas de la Violencia, Bogotá, s. f., Colección 
Guzmán, Doc. N<? T-Si-1. Copia. 



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El Líbano. 

Es el epicentro de la violencia en la zona nortolimense. 

Como gérmenes conflictivos debemos anotar que desde tiem- 
pos remotos este municipio ha sido abarrado en simas de odio, por 
la exaltación política que allí se traduce en un desafiante secta- 
rismo de mayorías frente a una reaccionaria actitud de minorías. 
La politiquería cerril lo ha asfixiado a lo largo de su historia 
conformando cierto tipo de caudillismo al que se rinden dóciles 
muchos hombres que son valientes. Véanse los siguientes casos: 

"En época de comicios electorales El Líbano se convertía en 
teatro de operaciones bárbaras, originadas en el fraude y la adul- 
teración de los registros de votación. Verdaderos combates se 
libraron en la plaza principal en los que perdieron la vida dis- 
tinguidos ciudadanos de ambos partidos políticos. Podemos re- 
construir aquella época. Al Líbano iban a votar miles de ciuda- 
danos de otras regiones del municipio. Murillo, Santa Teresa, 
Convenio, San Fernando (entonces Dosquebradas) y multitud de 
veredas confluían a la cabecera en donde estaban las mesas de 
votación y los registros electorales. En las primeras horas de la 
mañana entraba a la población el general Eutimio Sandoval, jefe 
conservador de gran prestigio, seguido por sus correligionarios 
de diferentes veredas. Eran o constituían una especie de batallón 
civil con sus divisas y banderas. Un poco más tarde entraba a la 
población el valeroso general Antonio María Echeverri con su 
cauda civil y sus enseñas. Votaban ordenadamente en mesas di- 
ferentes. Alguno de los electores no aparecía en los registros o 
figuraba entre los "muertos". Y luego venía la discusión y tras 
esta, la revuelta, que no tardaba en generalizarse. Se vivían mo- 
mentos dramáticos. Cuando nada ocurría durante el desarrollo 
de los comicios, la tromba de violencia se desataba al conocerse 
los resultados, por lo general adulterados en forma escandalosa. 
Los resultados electorales no correspondían a la realidad política. 
Y venía la batalla sin cuartel" 12 . 

"El 29 de julio de 1929 y debido a la gran agitación social que 
vivía el país, estimulada por los asesinatos de obreros en las ba- 
naneras por las armas oficiales, estalló en la población un brote 
revolucionario conocido con el nombre de "movimiento de los 
bolcheviques". Parece que este era un movimiento nacional y 

12 Santa, op. cit., pp. 111-112. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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que su cabeza intelectual estaba en la persona del general Leandro 
Cuberos Niño. Pero el movimiento fue descubierto y su fecha 
sabida por los organismos oficiales por lo cual los cabecillas de 
la revuelta dieron la contraorden del caso. Dicha contraorden no 
alcanzó a llegar oportunamente a los conjurados de El Líbano 
quienes se levantaron en armas ignorando que el golpe había sido 
aplazado. Y así fue como a las dos de la mañana del 29 de julio 
de 1929 la población fue sorpresivamente atacada con poderosas 
bombas de dinamita y tiros de fusil. Pero la ciudadanía entera 
se puso en guardia contra el descabellado y loco intento revolu- 
cionario que no contó con el apoyo de los altos jerarcas del 
liberalismo. 

"El jefe o cabecilla de la revolución en el Líbano era el señor 
Pedro Narváez, zapatero de profesión, espíritu altivo e insurgen- 
te. Le acompañaba un crecido grupo de obreros y campesinos 
que querían a todo trance una serie de reivindicaciones sociales, 
muy justas por cierto, pero imposibles de alcanzar en esa época 
por la vía de las armas. Esta fue una loca insurgencia alimenta- 
da equivocadamente por la fantasía de ciertos revolucionarios de 
pacotilla y por la lectura mal digerida de ciertas obras de sabor 
moscovita, muy en boga por aquel entonces en que los obreros 
eran masacrados por las armas oficiales, puestas incondicional- 
mente al servicio de compañías extranjeras como la United Fruit 
Company. El derecho era justo, pero mal escogida la acción para 
obtenerlo. Tan cierto es esto que todas las reivindicaciones socia- 
les que alimentaban la revuelta fueron obtenidas más tarde por 
las vías democráticas y pacíficas, durante los dieciseis años de 
gobierno liberal. 

"El señor Pedro Narváez organizó su pequeño batallón en el 
sitio denominado El Agrado. A las dos de la mañana fue atacada 
la población y se trabó la lucha entre los guerrilleros y las fuer- 
zas de policía, mientras se escuchaban vivas a la revolución so- 
cial. El servicio de luz fue suspendido, pero las gentes acudieron 
presurosas a la plaza en donde el coronel Lope Echeverri formó 
grupos de voluntarios que ayudaron a las autoridades en tan 
grave situación, pues según se decía el pueblo se encontraba 
totalmente rodeado por los atacantes. Lograron entrar un poco 
por el sector sur, pero bien pronto fueron batidos por la policía 
y por la ciudadanía entera, sin distingos políticos. Entonces se 
retiraron hasta el punto de partida. Un pequeño batallón coman- 
dado por el Capitán Marco Sáenz, conservador, y Juan Bautista 



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Echeverri, liberal, fue al sitio donde acampaban los "bochelvi- 
ques" y lograron batirlos después de unos cuantos minutos de 
combate. Eso es todo. Después vinieron represalias, un poco exa- 
geradas e inhumanas. El Presidente de la República tuvo el pro- 
pósito de declarar turbado el orden público en la región pero 
merced a los esfuerzos del general Eutimio Sandoval no se tomó 
esa medida. En cambio se envió al Batallón Bomboná, al mando 
del entonces capitán Diógenes Gil, cuerpo militar que se granjeó 
la simpatía de todos los ciudadanos, que le dio prestancia a la 
sociedad y que dejó tan gratos recuerdos en la aldea" 13 . 

Personas irresponsables azuzaban contra las autoridades a di- 
versos elementos, bajo el efecto del alcohol: uno de estos llegó 
a atacar al alcalde, quien al entregarlo a la policía permitió que 
lo torturaran al estilo de la "aplanchada" de que se trata más 
adelante, hasta producirle la muerte. El día de la inhumación, 16 
de julio de 1951, se hicieron presente cuadrillas armadas y poli- 
zontes cómplices que abalearon el cortejo dentro del campo- 
santo. Este hecho inicia la hecatombe. Algunos de los desplazados 
del Valle organizan a los campesinos y suceden los primeros asal- 
tos retaliatorios a la policía rural en la vereda de San Antonio, 
finca de Prudencio Martínez. 

En la población las gentes son sacadas de su hogar sin orden 
legal, y sometidas a flagelación y tortura antes de conducirlas a 
la muerte. Manifiestos conjuntos de los dirigentes, promesas vio- 
ladas, insinceridad maliciosa, entrevistas fallidas no evitan la 
comisión de delitos por venganza, la retaliación política, la fric- 
ción en zonas limítrofes como las de Santa Isabel (El Bosque) y 
Villahermosa, la marcada tendencia a liquidar mujeres y niños 
y el asesinato de deteminados elementos — previa lista — dentro 
de sus casas o negocios en el área urbana. 

En un comunicado sencillo, translúcido, invita un campesino 
a las autoridades "a buscar algunos de sus ganados en los pára- 
mos que limitan con el Tolima y Caldas por la vía del Ruiz". 

Fue que durante la violencia funcionó cierta activísima "Com- 
pañía" de elementos distanciados políticamente, pero que se pre- 
sentaban armados a los campesinos ingenuos a informarles — en 
mucho secreto — que la "chusma" los iba a asaltar. Dado el clima 
de zozobra que ellos mismos habían creado, conseguían comprar 
a menos precio los semovientes para enviarlos en seguida, por la 



13 Ibid^ pp. 111-114 passim. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



57 



vía del Ruiz denunciada por el rurícola, hacia Manizales, donde 
un miembro de la banda aseguraba el pingüe ganancial. Seme- 
jante artilugio de espolio terminó con la industria pecuaria del 
municipio. 

Pueblo de contrastes es El Líbano: En un extremo, damas de 
nobilísimo corazón, hombres caballerosos, eclosiones de sensibi- 
lidad social; y en el otro, a través de estratos descendentes, el 
matón consagrado como héroe que asesina hacendados, cobra 
rescate, destruye hogares, masacra campesinos al amparo de gen- 
tes que lo mimetizan y respaldan y glorifican con culto inexpli- 
cable, casi de tabú, mientras muchos sonríen cuando la víctima 
pertenece al partido contrario. ¡Cuánta responsabilidad para los 
dirigentes de ese conglomerado social, donde son muchas las 
jornadas por recorrer para lograr su reestructuración definitiva 
superando el estrago de la barbarie! 

"Las víctimas de la violencia oficial, desatada por elementos 
foráneos contratados expresamente para abrirle heridas a una 
pacífica población y cubrir de luto a miles de hogares, pasan en 
El Líbano de seis mil según cálculos más o menos aproximados. 
Muchas poblaciones en el país desaparecieron ante la racha de 
exterminio que una atroz dictadura preparó para entronizarse en 
el poder. Hubo despojos, incendios, violaciones, torturas, genoci- 
dios, asesinato cobarde de niños, de mujeres y de ancianos, pero 
El Líbano sufrió con estoicismo el azote sin que nadie pueda 
decir que la ciudadanía contemporizó con el crimen o se hizo 
cómplice con el silencio. El plan preparado de antemano era el 
de borrar del mapa a la próspera ciudad de Isidro Parra. Pero 
ahí está El Líbano en pie, surgiendo de sus ruinas físicas, mora- 
les y económicas, recuperándose del desastre, con fe, con optimis- 
mo y esperanza" u . 

Falan. 

Victimada inmisericordemente, esta población registra genoci- 
dios como el del Topacio. Pero ofrece un raro contraste si se 
analiza cómo después de la violencia, cuando todo ha terminado, 
algunos mozos se dedican al cuatrerismo y al crimen atroz, lle- 
gando en sus incursiones a la vertiente del Gualí en el municipio 
del Fresno. Cobran los facinerosos tal influencia, que los destinos 
del municipio quedan supeditados a su capricho y decisiones. 



14 Ibid., p. 120. 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



El Fresno. 

Otro caso de estallido posterior de violencia lo constituye El 
Fresno, dividido hoy por una línea absurda que determina áreas 
políticamente homogéneas, donde el sectarismo híspido juega un 
papel abominable sin que los campesinos adviertan que en el 
fondo de su propia tragedia hay un trasmundo de leguleyos y 
reducidores oportunistas, en cuyas manos voraces queda el usu- 
fructo sangriento al servir de mediadores para intercambiar pro- 
piedades. 

Región Central 

Ibagué 

Ibagué es el obligado centro a donde convergen millares de 
inmigrantes desplazados por la violencia. Allí la tragedia se agra- 
vó por la enconada división que se operó en la sociedad desde el 
9 de abril de 1948, cuando la política predominó sobre cualquier 
otro sentimiento. 

Los casi cotidianos macabros desfiles fúnebres a batir de tam- 
bores, excitaron aún más el odio, porque a los militares caídos se 
les contabilizó por unos, como enemigos menos, y por otros, co- 
mo compañeros que debían cobrar muy caro, resultando los cam- 
pesinos víctimas sentenciadas de antemano. 

Rovira. 

Ninguna zona del sector central del Tolima tan devastada como 
la de Rovira. ¿Causas? La exacerbación política como mística de 
masas y centro máximo de convergencia de las inquietudes de la 
comunidad. 

El resultado inmediato fue la organización de cuadrillas de 
exaltados pro-gobiernistas y, como reacción contra sus crímenes, 
las agrupaciones guerrilleras. 

El agricultor Leónidas Borja, quien luego se motejaría "El 
Lobo", es asaltado por un elemento sectario al regresar de Playa 
Rica a Guadualito. Al darle muerte, Borja huye a la montaña. 
Viene la comisión a levantar el cadáver y se registran los prime- 
ros atropellos. Retornan las comisiones y los campesinos — lo de 
siempre — se ven forzados a irse a los bosques mientras sus ran- 
chos arden y el robo se generaliza. En la montaña encuentran a 
Borja que se convierte en líder creado por las circunstancias. 



I 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



59 



A medida que se expande la acción punitiva oficial surgen los 
grupos de campesinos como organismos defensivos. Recordamos 
los de Tiberio Borja ("Córdoba"), Arsenio Borja ("Santander"), 
David Cantillo ("Triunfante") y más tarde el de Teófilo Rojas 
("Chispas") que por entonces era apenas un niño. ¿Quién no 
recuerda la razzia policiva sobre el Cañón de Guadualito? Todo 
quedó arrasado. Tuvimos ocasión de ver una fosa donde enterra- 
ron a 17 campesinos. 

Región Oriental 

Con relación a la violencia en el oriente del Tolima deben in- 
volucrarse en un todo geográfico las poblaciones de Carmen de 
Apicalá, Cunday, Villarrica, Icononzo, la parte alta de Purifica- 
ción a lindes con las montañas del Río Negro y las aldeas de Va- 
lencia, San Pablo, Los Alpes, La Aurora, La Colonia, Tres Esqui- 
nas y Gaverales. Las fuerzas antagónicas tuvieron su centro polí- 
tico en los pueblos adyacentes de Cunday y Villarrica, el primero 
conservador y el segundo liberal. 

La presión de fuerzas oficiales sobre Cabrera y Sumapaz, des- 
plazan contingentes de civiles en armas hacia los sectores de 
Icononzo y La Colonia, motivando la acción de policía en las 
veredas de Villarrica. Los agentes se convierten de inmediato en 
objeto de odio. A varios se les quema vivos. 

Región Sur 
El eje Chaparral-Ríoblanco. 

Esta es la zona donde más rápidamente se organizan los grupos 
de civiles que se destrozan entre sí con locura incontenible y 
donde se opera la mayor cantidad de incursiones sobre veredas 
enemigas. Se destaca también el atentado contra el honor de las 
mujeres. 

Basta mencionar el genocidio de La Mesa de Limón en Balsi- 
llas, donde mueren 13 personas. La cabeza de un niño de tres 
meses la dejan sobre una estaca frente a la del padre ensartada 
en otro poste de la cerca. Fue la pugna atroz entre las veredas de 
Balsillas y Malnombre. 

A los comienzos la persecución se opera simultáneamente en 
la zona urbana y la rural sin diques, sin término, discriminada 



60 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



y con una persistente intensidad que llama poderosamente la 
atención. Riqueza y capacidad de lucha son factores que deter- 
minan hondas implicaciones posteriores traducidas en depreda- 
ción, incentivo económico, crecientes efectivos militares y final 
arrasamiento de industrias básicas como la ganadería y la agri- 
cultura. 

A medida que la lucha arrecia se produce en los agentes de la 
fuerza pública un proceso de amoralidad. Por las calles de Cha- 
parral pasan contingentes en comisión que saquean tiendas y 
negocios llevándose cuanto pueden y presentando espectáculos de 
abierta insubordinación contra jefes decorativos, amenazados mu- 
chas veces de muerte. Mientras tanto, los sublevados del monte 
esquivan el choque con el ejército. En los árboles dejan carteles 
con leyendas terminantes: "Con el ejército no". "No queremos 
pelear con el ejército". 

Las multitudes se refugian paulatinamente en fincas de personas 
acomodadas que pronto deben enfrentarse a problemas comuna- 
les, que por sí mismos van suscitando los líderes que defienden 
la comunidad a lo largo de una lucha de más de diez años. Líderes 
de extracción campesina enfrentados a problemas esencialmente 
campesinos ¡Y cuán grande capacidad demostraron! 

El racionamiento, los inventarios frecuentes, minuciosos, a to- 
das las tiendas de abarrote; el encarcelamiento sin causa, ¡qué 
no se ensayó por lo genízaros que enseñaron a un pueblo orgullo- 
sámente honrado a asesinar y robar! Nunca se podrá calcular 
cuántos cadáveres navegaron por los ríos. De unos y otros. 

Una expedición de 70 policías es copada por los campesinos 
en La Palmera. De nada sirve el apoyo de la aviación que inten- 
ta prolongar el asedio arrojando víveres a los sitiados. Los la- 
briegos-soldados los aprovechan. 

Dos elementos juegan aquí papel máximo en la lucha: fuego 
y sal. 

¡La sal! Nada tan grave como el bloqueo de la sal para los 
montañeses; sin embargo, hasta ellos llega inexplicablemente. ¿La 
dejaban las lavanderas a la orilla de las quebradas? ¿Iba entre 
la paja de las enjalmas en paquetitos diminutos? ¿O en el ataúd 
que llevaban hasta más allá del pueblo dizque para traer un 
cadáver? ¿O hábilmente escondida en guaduas que con todo el 
follaje bajaban por los ríos crecidos? Caso increíble: desde Pala- 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



6J 



ció (Huila) a Dolores (Tolima), una anciana de 60 años portó 
periódicamente por las trochas dos arrobas de sal. ¿Cuánto gastó 
con peso tan agobiante a la espalda? Días y días. Fue el único 
ser a quien siempre respetaron todos. 

¡Y el fuego! Como se explica más adelante, el Tolima fue arra- 
sado por el fuego. 

El eje Natagaima-Alpujarra-D olores. 

El 13 de diciembre de 1949 un agente de policía da muerte en 
la población de Natagaima al campesino Vicente Parra, de la 
vereda de Tinajas. Víctimas de la policía caen también Vicente 
Yanguta en Guasimal y Leopoldo Useche en Yaví. Después los 
indígenas caídos son muchos. 

En Dolores la violencia se inicia formalmente el 3 de noviem- 
bre de 1951 al sucumbir en Ambicá nueve campesinos por ac- 
ción de policía y civiles venidos desde Colombia (Huila) . 

Es memorable la invasión a las veredas del Carmen, San Pe- 
dro y Río Negro por más de 500 asaltantes que roban y asesinan. 
Un caso insular es el de la vereda de Bermejo, conservadora, 
cuyos habitantes condenaron el atropello y se opusieron al entrena- 
miento militar que algunos sujetos contratados ad-hoc impartían 
a los campesinos con anuencia de la policía. 

Dolores soporta presiones de Colombia (Huila), Alpu jarra v 
Natagaima; posteriormente el campesinato vejado recibe apoyo 
de zonas guerrilleras de Rioblanco y Planadas. Retirada la 
policía, los grupos de agricultores se asestan golpes mortales. 

De un lado se hacen famosos Jeremías Ortigoza, Zenén Guaya- 
ra, "El Paisa" y el sargento "Cucacho". Y del otro "Tijereto", 
"Pantera Negra", "Puñalito", "Valluno", "Errante", "Suicida", 
"Ministro" y "Pielroja". 

El eje Coyaima- Ataco. 

Ataco constituye un caso especial dentro del área surtolimense. 
Su extensión de 2.600 kilómetros cuadrados se caracteriza por 
zonas boscosas hasta llegar al monte primario de la parte me- 
ridional. 

Allí funcionó la colonia penal del Sur de Atá y cabe suponer 
que elementos liberados al cumplir condena se quedaron en las 



62 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



selvas y constituyeron núcleos humanos no del todo incorporados 
a una vida civil organizada. 

En esta área confluyen tres territorios ocupados por moradores 
de tendencia política opuesta: los liberales en Planadas, los con- 
servadores en Casa Verde y los comunistas en Gaitania. 

La violencia fue iniciada allí por elementos oficiales. Promoto- 
res fueron los alcaldes, corregidores e inspectores de policía. 

Por acción del fuego desaparecieron total o parcialmente los 
caseríos del Cóndor, el Guapo, Pole, Santa Rita, Casa de Zinc, 
Santiago Pérez, Bilbao, Campohermoso y Gaitania. 

En un informe de honradez insospechada por su valerosa im- 
parcialidad, se lee: "En la vereda de San Pedro el problema radi- 
ca en que en años anteriores hubo comandantes del puesto militar 
extremadamente políticos, que mantuvieron cierto número de ele- 
mentos perniciosos venidos de otras partes" 15 . 

Al revisar datos para posibles evaluaciones aparecen listas 
macabras de víctimas campesinas, así: 

Asalto a Chiparco 14 muertos; Canoas 17; Santa Rosa 21; 
Plazuelas 9; Balsillas 14; Puente de Guacamayas 7; sin contar 
los de San Pedro, Pan de Azúcar, Pole, Polecito y muchos que 
bajaron por el río Saldaña, ni los que fusiló la tropa en la que- 
brada del Guanábano, ni los que perecieron en el incendio de 
Hato Viejo y Palmichal. 

¡Y todos campesinos! La eterna víctima, incluyendo aquel a 
quien un teniente le robó $ 3.000.00 que acababa de recibir en 
préstamo de la Caja Agraria. . . 

El conflicto en los Llanos 

Al contrario de lo que acaece en el interior, la aldea es el 
suburbio de la pampa. Al hablar así se alude a los caseríos del 
llano adentro, donde vegetan los advenedizos, los "guates", que 
llegan a morirse entre tenducos, devorados por el tedio de un co- 
mercio incipiente. El "señorío", lo que humanamente vale para 
los llaneros, se encuentra en el hato. El hato es el alma del 
llano. 

15 Colección Guzmán, Doc. N<? T-At-25. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



63 



La economía depende casi toda de la explotación ganadera, 
alrededor de la cual se han organizado los grupos humanos lo- 
cales. Importa considerar los conuqueros, los vegueros, los caba- 
lliceros, los vaqueros y los caporales. Todos tomaron parte activa 
en acciones de armas. 

El conuquero que vive infelizmente en un rancho, siempre aco- 
sado por los dueños del hato, no tiene, no puede tener ganado. 
El dueño cree que los conuqueros son agentes del cuatrerismo, 
por lo que frecuentemente les mandan registrar sus míseras vi- 
viendas. Dueño y conuquero son sinónimos de perseguidor y 
perseguido y entre ellos existirá siempre una inocultable animad- 
versión. En el fondo de la tragedia, los conuqueros son llevados 
inicialmente a la lucha, pero después los señores se vuelven con- 
tra ellos, acrecentando la vieja rencilla. En la vida de interrela- 
ción se le tiene en menos: "Eres un conuquero", se le dice a una 
persona para despreciarla. 

En el Llano el magnate no siembra. La labor agrícola está en- 
comendada al veguero, dueño de algunas reses y una casa ubica- 
da en la ribera de los ríos dentro de los grandes fundos. El señor 
del hato le paga los víveres (plátano, yuca) con vacas viejas para 
"carnear". En el Llano adentro, vive esclavizado a tal intercam- 
bio comercial desproporcionado. 

El caballicero cuida de los caballos para las faenas, se levanta 
a las dos de la mañana, toma un poco de café y sale hacia la 
llanura para regresar al medio día después de revisar las brigadas. 
En esto se ocupan adolescentes y jóvenes que así se curten en 
la lucha. En el Llano todo se sabe: el caballicero es el insustitui- 
ble correo de la pampa. 

El vaquero tiene en el Llano categoría social. Ser vaquero es 
un honor. Generalmente es dueño del caballo, la silla, la soga e 
implementos con que realiza la faena, de forma que los instru- 
mentos de producción pertenecen al trabajador. Es el único ca- 
paz de realizar la tarea abrumadora del pastoreo que lo obliga 
a permanecer a caballo todo el día. 

El encargado o mayordomo cuida del hato, donde trabaja con 
la mujer y los hijos. Gana sueldo mensual, pero toda su familia 
sirve al amo gratuitamente. 

El caporal es el dueño teórico del Llano, el que mejor com- 
prende su eclosión vital y el lenguaje polimorfo de los ríos, 



64 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 




Mapa N<? 2 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



65 



bancos de sabana, matas de monte, morichales, caños, temblada- 
les y caminos de urdimbre indescifrable. Es el jefe de la ganade- 
ría: con un vaquero por cada 20 novillos, conduce los rebaños 
de una parte a otra o hasta Villavicencio, Sogamoso y Cúcuta. 
Nadie como él conoce la técnica del "ganadeo" que implica el 
rodeo, la hierra, la marcada, la selección para la venta, la cura 
y el amaño para que no se cuajen las cimarroneras. Los capora- 
les fueron los mejores jefes de la revolución. 

Al caporal que arrea las partidas lo acompaña un típico per- 
sonaje al que los llaneros llaman "corinche" o "coquis", o sea 
el peón que se encarga del rancho y el avituallamiento. 

Cuando el Llano no había sufrido el impacto de la violencia, 
predominaba un increíble "desprejuicio" sexual, al punto de que 
casi nunca se registraron atentados contra el honor de la mujer. 
En cambio eran comunes las uniones de niñas de 13 y 14 años 
con hombres maduros o viejos, registrándose una inmensa des- 
proporción de edades o al contrario, casos de jóvenes vinculados 
a mujeres mucho mayores. Además eran acrisoladamente hon- 
rados. 

Amos, ganaderos, jefes, vaqueros, caporales, conuqueros y ve- 
gueros se alzaron contra las fuerzas oficiales, representadas en 
ese momento por la policía. 

Detalle del mapa 2 
Zonas y Jefes de los Llanos Orientales: 
Arauca, Casanare, Meta y Caquetá 

1. Tame, Villamizar. 

2. Sabanas de Arauca, Mario Escobar. 

3. Cravo Norte, José Carreño. 

4. Guanapalo y Ariporo, Elíseo Velásquez. 

5. Guanapalo, Alfredo Parada. 

6. Maní, Marco Tulio Rey. 

7. Yopal, Eduardo Franco I. 

8. Poyatas, Alberto Hoyos. 

9. Pauto, Jorge y Rafael Betancourt. 

10. Entre Casanare y Ariporo, Luis Esguerra. 

11. Guachiría, Isaac Ver gara. 

12. De Umea a Tauramena, los Parra. 



IOLEKCIA E.N COLOMBIA 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



13. Guayabal, Raúl Sarmiento. 

14. El Unete, el Pote Rodríguez. 

15. Casanare al Meta, Guadalupe Salcedo. 

16. Moreno, Mariano Luna. 

17. San Juan de Arama, Dumat Aljure. 

18. Remolino y Cháviva, V inicio e Ignacio Romero. 

19. El Pato, Richard. 

La historia de la violencia en los Llanos orientales abarca dos 
períodos sobresalientes: la iniciación de la lucha, y la escisión 
del bloque llanero. 

Iniciación 

Desde el comienzo se perfilan dos tendencias tácticas nítida- 
mente definidas: la de Elíseo Velásquez, brutal, depredatoria ; y 
la de Eduardo Franco, empeñado en una coordinación de jefes 
en torno a una programática social para una acción de positiva 
eficacia. Velásquez y Marco Tulio Rey con 450 hombres, pien- 
san en acciones masivas; Franco en lucha de guerrillas. Al fin se 
impone este sistema por la fuerza de los hechos. 

El objetivo es la aniquilación de la policía. Frente al ejército 
existe un criterio muy diferente. No se le odia: "Al contrario, 
se abrigan muchas esperanzas. Todo el mundo sabe que el capi- 
tán Alfredo Silva había recorrido el Llano en son de revuelta; 
que en Trinidad dejó munición; que en Villavicencio mató poli- 
cías, que suboficiales y soldados del ejército se estaban pasando 
a nuestras filas. Y se daba por cierto que al Pote Duarte, capitán 
de caballería, le habían entregado dinero en Sogamoso para 
comprar armas con destino a la revolución" 16 . 

La desconfianza surge con "la noticia de que en Villavicencio 
se estaba formando una fuerza militar policial que ocuparía los 
Llanos, bajo el nombre de Batallón Vargas, para perseguir a los 
rebeldes, calificados y condenados de antemano como guerri- 
lleros" 17. 

Para prevenir los acontecimientos, el Comando Revolucionario 
elabora un proyecto de impuesto que grava los ganados de libe- 
rales en tránsito con un 10% y los de conservadores con un 
20%. 

16 Eduardo Franco Isaza, Las Guerrillas del Llano (Bogotá, 1959), p. 28. 

17 Ibid., p. 114. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



67 



"El Batallón Vargas, amenazante, continúa su preparación, 
mientras el Ejército Nacional ocupaba en guarnición algunos pue- 
blos llaneros, propiciando lentamente el desarme de los espíritus 
y la desintegración de los comandos rebeldes" 18 . 

"A fines de julio (1950), La Trinidad había triplicado sus 
efectivos y pese al invierno, las comisiones se sucedían en todas 
las direcciones, mientras que en Yopal y Guayaqué se verificaba 
una gran concentración de tropas. Las comunicaciones que a 
diario llegaban a nuestro comando, destacaban el aumento de 
todas las guarniciones en la llanura. Parecía que se preparaba 
una invasión para agosto, época en que el invierno le cede el 
paso a un corto verano. De Bogotá y Sogamoso no recibíamos la 
menor noticia. Era como si no existiéramos. 

"Empezamos a sentir la escasez. Los artículos de toda especie 
fueron controlados. De los pueblos no salía nada hacia las saba- 
nas y si algo dejaban pasar, era en cantidades mínimas; un paque- 
te de cigarrillos, dos espermas, una caja de fósforos, dos yardas 
de tela. Quien viajara al interior del país era sometido a escru- 
pulosos exámenes y requisas" 19 . 

En agosto de 1950 se opera una crisis dentro de la organiza- 
ción beligerante de los Llanos. Mario Escobar se entrega al ejér- 
cito en Arauca con dineros y ganado y muchos comandantes se 
ven obligados a pasar la frontera venezolana. 

"Reduciendo al mínimum los efectivos, los Parra cogieron las 
montañas del Humea sin abandonar sus territorios. Así lo hizo 
Rosendo Colmenares con los Fonsecas sobre el Upía y los Bau- 
tistas en las montañas de Aguaclara. Así también lo hicimos 
nosotros en el Yopal: Raúl Sarmiento trepó a las montañas de 
su vereda, el Guayabal; Giraldo a Charte; el pote Rodríguez y 
Alejandro Chaparro ("Magno") al Unete y las calcetas de la 
María. Los Agudelos por el Cravo, Jorge Carreño desde el Gua- 
napalo y Cravo, jugando a las escondidas de monte a monte, 
como todos. Alfredo Parada pronto puso tierra de por medio y 
se fue. Cada grupo estaba formado por cuatro o cinco hombres 
que por la necesidad imperiosa de vivir, nos hicimos montaraces, 
casi salvajes, baquianos por todos los rincones y andariegos noc- 
turnos. En ninguna casa volvimos a dormir, ni casi a frecuentar. 

18 Ibid., p. 124 

19 Ibid., p. 151. 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Nuestro reposo solo estaba bajo el monte, así lloviera, nos em- 
papáramos o estuviéramos llenos de hambre. Nos hicimos silen- 
ciosos, reservados, dejándonos guiar por los instintos como bes- 
tias perseguidas. Aprendimos a callar y a guardar secretos, a 
extraviar caminos, a lavar y a cocinar, a ser leales y cumplidos. 

"Hasta entonces no sabíamos nada; todo lo aprendimos bajo 
el monte. Allí bajo la fronda amiga, andando el tiempo se forja- 
ron los mejores combatientes. 

"Así resistimos la primera invasión, muchos fueron atrapados 
por incautos, o por mala suerte. Las cárceles se abarrotaron y 
fácil era encontrar los muertos — nuestros muertos — tirados en 
la sabana, atravesados en los caminos. Los zamuros aprendieron 
a comer carne de hombres llaneros. Un manto de luto y tristeza 
cubrió el Llano. El terror campeaba. Los guerrilleros desapare- 
cieron" 20 . 

En medio de la confusión surge una tesis, que de aceptarla, se 
hubieran evitado todos los desastres. Es la del Mayor Eduardo 
Román, que sostiene que los Llanos se pueden pacificar sin vio- 
lencia ni retaliación comoquiera que no existe un armamento 
que pueda atentar contra la estabilidad del gobierno. "No exis- 
ten fundamentos — decía Román — para desatar la crueldad y 
la represión y lanzar al pueblo a la miseria y a la revuelta y sabe 
Dios a qué graves desenlaces". 

"Cuando las teorías del mayor Román fueron expuestas ante 
los círculos oficiales, le calificaron de utópico y soñador. "Inten- 
te usted salir a las sabanas sin escolta, a ver qué le pasa". Enton- 
ces vistiendo el uniforme, Román aceptó el reto y de Yopal partió 
casi solo hacia el hato Las Gaviotas (Cusiana), propiedad de 
sus parientes conservadores, los Roselli, que acababa de ser eva- 
cuado después que consumieron muchos ganados los comandos 
rebeldes de Maní. El Mayor Eduardo Román, organizó de nuevo 
los servicios sin que en lo sucesivo Las Gaviotas sufrieran daño 
alguno. Suceso tan significativo sustentaba por sí solo, sobre el 
terreno, lo dicho ante el gobierno. Agréguese la circunstancia 
de que el mayor Román, durante su estada en el hato recibió 
visita de un grupo armado de rebeldes" 21 . 



20 Ibid., p. 151. 

21 Ibid., p. 160. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



69 



¿No es este acaso el momento en que llega a Bogotá una comi- 
sión de llaneros asesorada por misioneros monfortianos y solici- 
ta de un general que se solucione el problema, habiendo recibido 
como respuesta que ese paso no podía darse porque las cosas se 
arreglaban mejor dentro del estado de sitio y que de no hacerlo 
así el gobierno "se caía"? 

Basta ojear el cuadro siguiente para apreciar el intenso grado 
de conmoción que agitaba el Llano en 1949: 







Asaltan 


V í c t 


i m 


a s 


Acción 


Fecha 


tes 


Sacerdotes Civiles 


Militares 


— .. 






H 


M 




El Engaño 


Marzo 9|49 


130 


1 10 






Monterrey 


Abril 21|49 








10 


Nunchía 


Abril 29|49 


200 


4 


4 


2 


Villavicencio 


Noviembre 25 49 








3 


Cumaral 


Noviembre 25 49 




1 




3 


Puerto López 
Puerto López 


Noviembre 25|49 










Diciembre l|49 




12 




11 


La Aguada 


Diciembre 20|49 




1 


1 


4 



El 25 de noviembre de 1949 es una fecha que golpetea el 
alma de todos los llaneros. Es el día prefijado para la revolución 
liberal. 

El Capitán Alfredo Silva se toma a Villavicencio. Entre 10 y 
11 de la noche el contingente de Apiay al mando de los tenientes 
Vanegas (hijo del General Vanegas) y Ardila entran a Villavi- 
cencio y copan el cuartel de policía. Son dados de baja un agen, 
te frente al Hotel Meta y los dos que vigilaban los bancos y la 
bomba de gasolina. 

A la policía que llega de Cumaral horas después la hacen des- 
filar con los brazos en alto. Algunos jefes son conducidos a la 
cárcel, donde es fusilado el Chato Rojas. Luego queman los re- 
gistros electorales. 

Para reconocerse se valen del siguiente santo y seña: 
"—¡Bobo Borda! 
— Tomo cerveza". 

A las 6 de la mañana del siguiente día (26) conducen al hos- 
pital algunos heridos y por radio se conocen noticias adversas 
de Bogotá a donde ha llegado aviso de la revuelta por obra de 



70 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



algunos agentes que logran escapar hasta Guayabetal. Al medio 
día arriba el Coronel Palacios, que reduce sin efusión de sangre 
a todos los rebeldes. 

Pero en Cumaral los hechos se suceden con anticipación im- 
previsible. El plan consiste en caer sobre el retén y tomar las 
armas. Desde la mañana del 25, los vehículos son inmovilizados 
y el corregidor ordena por bando que los buses salgan. Jorge 
Hurtado, gerente de la única empresa de transportes, es citado 
ante la autoridad. El corregidor obliga a la señorita Lucrecia Ar- 
guello a que expida tiquetes y se fija un plazo de dos horas para 
que Hurtado se presente. 

Ese día en las primeras horas llega un grupo de ocho policías 
y entre ellos Leovigildo López, de Guayatá. que purgaba condena 
por asesinato. ¿Por qué está libre? 

Buscan a Jorge, el mozo simpático amigo de todos. A poco 
pasa, conducido por los policías. Discute con el corregidor sobre 
salida de carros. Los amigos lo rodean. Las altas directivas han 
cambiado el golpe por un paro nacional. Esto se ignora. 

Jorge exige una fuerte consignación previa en efectivo, como 
garantía de posibles daños a sus vehículos. El corregidor le ultra- 
ja el honor. Jorge devuelve el insulto soez en igual forma. Y 
López. Leovigildo López, siega con su arma oficial la vida joven 
de Jorge Hurtado. 

Luis Alberto Parra — bachiller, 23 años — mata a I^eovigildo 
y Roque Pacheco (reservista) da muerte a otro uniformado. Así 
consiguen los primeros fusiles. 

l^a avioneta del capitán Silva, tan conocida en el Llano, vuela 
sobre el pueblo y deja caer un papel con esta leyenda: "Aguanten 
hasta cuando yo venga". 

Llega la policía de Restrepo y los sublevados se hacen fuertes 
en la casa de los Parras. Por el patio corren atolondrados ancia- 
nos y niños. Los agentes hacen marchar delante de sí a las mu- 
jeres con sus hijos de brazos mientras disparan contra la fortaleza 
improvisada por sobre los hombros de la barrera humana que los 
precede. 

A la madrugada llega Silva, reduce a los policiales y logra 
decirle a Luis Alberto Parra que marche a organizarse en el inte- 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



71 



rior del Llano. Pero Silva no será el jefe de la revolución. Tras- 
ladado de Apiay a otro sitio, es hecho prisionero. 

La Escisión del Bloque Llanero. 

En el año de 1951 se opera un curioso fenómeno que implica 
la escisión del bloque llanero. El fenómeno consiste en que los 
amos, dueños de hato, se vuelven contra la peonada en armas. 

¿Las causas? La modalidad que le imprimiera Velásquez a su 
andanza y la contribución forzosa impuesta a los propietarios 
por decreto N 9 101 del Estado Mayor General del Ejército Revo- 
lucionario Liberal en los Llanos Orientales, es decir, el estarse los 
asalariados como amos por los hatos disponiendo de ganados y 
cabalgaduras según los incidentes de la lucha. 

En el fondo lo que existe es ese inveterado distanciamiento 
entre la clase dirigente y el pueblo, entre la gleba y la clase que 
vive del Llano, pero que no ha podido entender al hombre llanero. 
Es un caso auténtico de predominio económico sobre el valor de 
la persona humana y de separación de estratos dentro de una es- 
tructura. Sin embargo, la persecución y la lucha delinean un ama- 
go de solidaridad que se rompe por fuerza del ausentismo y de 
personales intereses desorbitados. 

Cuando aflora nítida la aspiración de la peonada a una más 
justa nivelación económica y se orienta la conciencia del hombre 
hacia causas de justicia por obra de la revolución, surge intran- 
sigente, ciega, la "política de corral" cuyo primer paso converge 
hacia una climatización de ideas para salvar la industria ganade- 
ra, motivo más que suficiente que justificará una represión feroz. 
Así se llega al momento exacto, cenital, en que un cambio de pa- 
labras es definitivo: a los hombres en armas que los amos habían 
seducido, envalentonado, cohonestado y encubierto, los llaman 
ahora "bandoleros" y con este término (¿quién niega la intrín- 
seca dinámica de los vocablos?) se crea toda una mentalidad de 
características punitivas. 

Se firma la declaración de Sogamoso, que tuerce definitiva- 
mente el rumbo de los acontecimientos: 

"El alcalde militar, que tiene al pueblo a régimen de abaleos 
nocturnos, cárcel, azotes y lavadas con excrementos, pasa una 
citación a todos los ganaderos para que se congreguen en el re- 
cinto de la Sociedad de Mejoras Públicas. Allí deben exponer sus 
ideas y proposiciones para sellar la paz de los Llanos antes de 



72 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



iniciarse nuevas operaciones ganaderas. Corren. Les han tocado 
la parte noble: está en peligro la próxima ganadería. Se reúnen 
de prisa, más de ochenta entre viejos y jóvenes. 

"El coronel Luis Castillo dirige la asamblea. Pronuncia un 
discurso lleno de miel y promesas, propiciando un ambiente cá- 
lido de amistad y libertad para exponer el pensamiento. La ar- 
monía es completa, todos los padecimientos y humillaciones sufri- 
das en Sogamoso se esfuman por arte de magia. 

"Se llega la hora de dejar constancia de aquella reunión. Hay 
que firmar un pliego, "unas declaraciones", dice Castillo. Que 
las escriba alguno. Y naturalmente alguno las escribe. 

" — Que se lea el pliego antes de que lo firmemos — piden unos 
inocentes ganaderos. 

" — Que se lea y se firme — ordena Castillo — . Quien se oponga 
a ello será considerado como bandolero. 

"La frase cae como una bomba. Las puertas del recinto están 
guardadas por la policía. Sin embargo hay resistencia, reato de 
conciencia y furia por el engaño. No quieren firmar. Entonces 
saltan los de la rosca, estilográfica en mano, estampando sus rú- 
bricas e imponiendo además una contribución en metálico "para 
retribuir a la tropa que se sacrificará haciendo la pacificación". 
La cuestión es con dinero. Resistencia a ese postulado significa 
cárcel y ruina. La ruina por delante, los policías con sus fusiles, 
miradas y yataganes apostados en la puerta. Adentro, los de la 
rosca, empujan, convencen, ofrecen sus plumas fuentes, prestan 
dinero, extienden cheques. 

"El coronel Castillo recoge el documento. Colombia supo que 
la rebelión de los llaneros era un tráfico de bandoleros. Lo dice 
una declaración de propietarios liberales que el pueblo lee en 
letras de molde. 

"Nunca se supo lo que dijo uno de los de la redada, después 
de consumado el hecho, camino de la calle, con el corazón entris- 
tecido, Luis Francisco Barrera, propietario hijo del pueblo: 

"Acabamos de firmar la sentencia de muerte para nuestra 
gente. . ." 22. 



22 Ibid., p. 177. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



73 



Hablando con los nativos sobre esta nueva etapa de violencia 
en el Llano, decantando informaciones, seleccionando datos, hay 
que admitir que es apenas exacta la panorámica que nos da Fran- 
co en su libro: "Se instalan retenes en numerosos hatos. Con poca 
tropa se teje una enmarañada red. Grupos de 50, 30, 20, 10. 
Cualquier número es más que suficiente, los bandoleros no poseen 
armamento. La purga será rápida, efectiva y silenciosa. La em- 
presa la pagan los ganaderos: dinero, caballos y bastimientos es- 
tán a la orden. Tomen lo que necesiten donde lo encuentren. Ge- 
neralmente todo se encuentra en el conuco y en el fundo del pobre, 
hasta muchachas para regalo de pacificadores. El pueblo paga 
todo, siempre ha sido así. 

"Se rompen salvoconductos, nuevas presentaciones, más cap- 
turas. Se llenan las cárceles, se habilitan casas para prisiones. 
Muertos en las sabanas, en los conucos, muertos después de ir 
prisioneros, amarrados con rejos; muertos en las cárceles de día, 
de noche, y de madrugada. Abaleos sobre las paredes de bahare- 
que, zozobra y pena otra vez. El Llano gime de verdad. 

"Y a la lista negra caen más nombres, se hincha pliego tras 
pliego porque se va reconstruyendo el proceso de la rebelión pa- 
sada, que como ya se ha dicho, abarcó todo el pueblo desde 
Arauca hasta San Martín" 23 . 

Todo obedece a un plan que puede sintetizarse en el tesonero 
esfuerzo del gobierno para crear a su vez cuerpos de guerrilleros 
que contrarresten la actividad subversiva de los llaneros que se 
denominaron anti-guerrillas o "guerrillas de paz". Luego se em- 
plearon en otros sitios. Su proceso organizativo puede concre- 
tarse así: 

1 . Cabecillas civiles frente a los grupos. 

2. Oficiales y suboficiales comandando las acciones en que 
participen tropas regulares y antiguerrillas. 

3. Servicio de baquianos conocedores de la región. 

4. Disciplina no estrictamente militar pero sí controlada. 

5. Adiestramiento sobre el terreno mismo por medio de mi- 
siones especiales. 



23 Ibid., p. 178. 



74 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



6. Protección de los elementos que apoyen la anti-guerrilla con 
advertencia de que se exponen a ser eliminados sin contemplación 
alguna por los revoltosos. 

7. Profunda difusión de informes favorables. 

8. Actos sociales para infundir confianza en los habitantes. 

9. Levantamiento exacto del censo de los habitantes de la 
región. 

10. Limpieza de los elementos sospechosos y comprometidos, 
dentro de los sectores urbanos. 

11. Aglutinación de efectivos civiles afectos al gobierno para 
crear espíritu de lucha. 

12. Cambio de tácticas en el ejército, saliéndose de las normas 
de combate regular. 

13. Organización pormenorizada del archivo con listas de pri- 
sioneros, cabecillas, paradero de las familias de los guerrilleros, 
sectores simpatizantes, agentes, estafetas, fuentes y bases de abas- 
tecimiento. 

Según escribió uno de los organizadores, "la anti-guerrilla debe 
caracterizarse por una actitud firme y rigurosa para combatir a 
los bandoleros en armas y a sus colaboradores de la población 
civil" 24 . En esta forma bloquean rigurosamente las zonas y po- 
blación hostiles, liquidan sin contemplaciones a los cabecillas 
guerrilleros, o exigen la rendición incondicional. 

Todo esto implica el enfrentamiento de los llaneros entre sí con 
la natural consecuencia cruel de su propia destrucción. Los he- 
chos bárbaros se concatenan como secuela natural del distancia- 
miento entre el ejército y el pueblo. Son dos polos; dos manifes- 
taciones humanas, antagónicas, del fenómeno colombiano. 

Cuando la Uanerada conoce que contra ella se vuelven las armas 
oficiales se les encara abiertamente, pues cree que el ejército se 
ha aliado inexorablemente con la injusticia. 

La intensificación de la lucha se inicia con el "genocidio de los 
veinte", cuando pasa por Aguaclara el comandante del Batallón 
Vargas, y en la hacienda La Güera encuentra 20 hombres que 
trabajan en un potrero. Los hace reunir y el propio Coronel da 

24 Coronel Gustavo Sierra Ochoa, Las guerrillas de los Llanos Orien- 
tales (Man ízales, 1954), p. 79. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



75 



la orden de exterminio. Uno que sale con vida lleva la noticia de 
que se ha reanudado la violencia. 

En Sabanalarga caen 25 personas después de hacinarlas en un 
rancho. La orden la da un teniente. Allí muere el viejo Salomón 
Caro, exponente del llanero bueno. 

En Aguaclara la tropa masacra siete mujeres después de po- 
seerlas en forma brutal. Al hundir las bayonetas en el vientre los 
esbirros exclaman con locura demoníaca: "¡Si tienen hijos aden- 
tro que mueran también ! Dos niños de pecho son lanzados al aire 
y traspasados por las siempre sedientas y pervertidas bayonetas". 

Después de la acción en las sabanas de Moreno en que cae Ma- 
riano Luna — flor de los muchachos llaneros — , las gentes del 
Aricaporo y del Chire no alcanzan a ser enteradas del combate 
para que huyan. Las recogen como recuas y a hombres, mujeres 
y niños los obligan a trabajar en el campo de aterrizaje. 

"Los rayos del sol a pleno día caen verticalmente sobre el dor- 
so desnudo de los "siervos" llaneros. El suelo parece una plancha 
hirviente: ni un árbol, ni una sombra. 

"La sed les corroe la garganta como un gusano infernal. 

" — Agua, agua, piden los niños y mujeres. 

" — Agua, agua, por favor, imploran los llaneros, humillados... 

" — ¡Les daré toda el agua que quieran, malditos, cuando el 
campo esté terminado! 

"La esperanza revive las muertas energías y el aeropuerto de 
Moreno queda listo para entrar en servicio. 

"En ese instante resuena una descarga cerrada. 

"Los dorsos bronceados de los conuqueros se rinden para 
siempre. . . 

"En el Hato de Corozal, un coronel revista las tropas. De re- 
pente sus ojos distinguen una cara conocida. La de Miguel Gu- 
tiérrez, llanero de cepa. 

" — ¡Cabo Gutiérrez! ¡Tres pasos al frente! 

" — Como ordene, mi coronel. 

" — ¿Conoce a Mario Luna? 

" — Sí, es mi amigo. Nos criamos juntos, es mi compañero. 
Juntos tronchábamos los potrones en los Guarataros. . . 



76 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



"Miguel Gutiérrez, el caballicero de las sabanas de Chire, ig- 
noraba la suerte de Mariano Luna. 

"El coronel se coloca a la espalda y ordena: 

" — ¡Cabo Gutiérrez! Tres pasos al frente. . . A la izquier. . . 

"Y de un pistoletazo troncha la vida del soldado. 

"Se coloca de nuevo frente a la tropa: 

"¡Atención! Fir. . . Soldados: Así castiga Colombia a los 
traidores!" 25 . 

En relación con la matanza de personas tiradas desde aviones 
en vuelo y otros abusos ocurridos con frecuencia en el Llano, 
existe un documento cuya autenticidad es incontrovertible y que 
dice así: 

"N<? 11. 

"Asunto: Informe especial. 
"Al: Señor Mayor 

Comandante del Centro de Instrucción, 
Yopal. 

"Informo a ese Comando sobre uno de los actos exagerada- 
mente repugnantes que presencié a mi regreso al puesto de Maní 
y que desdicen del honor de la Institución y de la caballerosidad 
que deben poseer quienes la integran, puesto que nuestra misión 
es pacificadora y no la de convertirnos en vulgares asesinos. 

"El día 16 de los corrientes salimos de Apiay a bordo de un 
Beaver, piloteado por el señor sub-teniente Jiménez y acompañado 
por los señores: Mayor González Aristizábal, civil Mario A. Ri- 
vera, Sargento Segundo Ruiz y el mecánico de la máquina. El 
viaje se realizó en forma normal hasta la región de Chámeza don- 
de se debía cumplir una misión de observación y donde se nos 
presentó un pequeño incidente sin importancia para el presente. 

"Regresamos a Tauramena, donde se encuentra de comandante 
de la guarnición el señor Teniente N.N., al mando de 50 soldados 
pertenecientes al Batallón Vargas; mientras el señor Mayor Gon- 
zález tenía una conferencia con el señor Coronel Comandante del 
destacamento, conviví unos momentos con la tropa de ese mismo 

25 Lilia Castellanos viuda de Sánchez, Mi vida entre guerrillas, MS. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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puesto, con el ánimo de conseguir. normas y datos para el mío; 
pero mi descubrimiento llegó al colmo de la estupefacción al oir 
los comentarios: que ahí les traían los presos, que ellos los man- 
daban "a dormir"; que. . . el piloto, los tiraba desde el avión 
para economizar munición, que en una ocasión les trajeron 
treinta y pico y en otra, otro más y que en ese puesto "los dor- 
mían" y que por eso ellos lo llamaban "La Botica"! 

"Dejé esta charla tan interesante y regresé a donde el señor 
Mayor, quien acababa de recibir la orden de regresar a Chámeza 
a lanzar un mensaje al señor Teniente Comandante de ese puesto 
sobre preparación de un bombardeo; cuando se disponía a partir, 
llegó el Teniente NN piloteando su avión, e inmediatamente los 
soldados dijeron: "Más enfermos para la Botica". . . En efecto, 
desembarcaron de la máquina 18 civiles que el señor Mayor N.N. 
entregó al señor Teniente NN. y previendo algo desagradable 
solicité al señor Mayor González me llevara al vuelo sobre Chá- 
meza; de manera que partimos. 

"A nuestro regreso pregunté al mecánico civil, señor Mario 
Rivera, quien me contó lo que acababa de presenciar; inicial- 
mente no cabía en mi cabeza semejante cosa y fui a darme cuenta 
por mis propios ojos. El cuadro era realmente macabro: 14 hom- 
bres sentados contra una pared, encañonados por varios soldados 
recibiendo insultos y golpes. 50 metros distantes, dos muertos y 
50 metros más, otros muertos; detrás de un portalón, otros dos. 

"Supe y pude constatar que a medida que se inicia la "fiesta", 
nombre que le dan a este espectáculo, se dan a la tarea de robar- 
los y algunos soldados proceden como chulos sobre mortecino, 
para quitarles lo que llevan encima y que les puede servir, tales, 
como dinero, joyas, piezas de oro de las dentaduras y algunas 
otras prendas. El número de víctimas será tal, que los soldados 
están provistos de la clásica faja llanera y han sobrado varios de 
estos artículos sin que sean apetecidos sino que simplemente las 
van cambiando por las mejores que van llegando. 

"Supe también que el teniente mismo, con sus propias manos, 
toma parte, puesto que el segundo de ese día lo mató él mismo y 
después de dirigir a su víctima toda clase de insultos y propinarle 
patadas en la cara. 

"Hay soldados de ese puesto que se horrorizan de este espec- 
táculo y le escurren el bulto, confesión que ellos mismos hacen; 



78 



MONS. GERMAN GÜZMAN CAMPOS 



pero en cambio hay otros que los reemplazan, hasta el punto de 
manifestar que sienten más impresión matando una gallina, y lo 
que es peor, se pelean este derecho que ya les proporciona placer. 

"Las cuatro primeras víctimas las visité con el mismo Teniente 
N.N., para hacerle caer en cuenta lo malo de su proceder. 

"Entonces me entró el afán de salir de este lugar, para no ser 
testigo de tan villana cobardía, matando infelices indefensos que 
esperaban ser entregados en Sogamoso, para ser juzgados. Y so- 
licité del señor Mayor González me hiciera trasladar a mi guar- 
nición. Partí a bordo del Beaver conducido por el señor Teniente 
Mancera y en Compañía del señor Mario A. Rivera. 

"Como documentos que certifican más el presente informe, 
existen varias placas en mi cámara fotográfica que me atreví a 
tomar por si acaso son de algún valor 26 . 

"Después de todo lo mencionado, califico de destructora la la- 
bor de ese puesto y contraproducente a los intereses de la nación, 
del ejército, de la sociedad y de la justicia. Me doy cuenta que los 
calificativos de que somos objeto los miembros del ejército, por 
parte de la mayoría del pueblo, son más que justificados por las 
actuaciones de tales comisiones o puestos. (Fdo.) Rafael Camar- 
go Brandt, Cdte. Escuadrón" 27 . 

Muchos dueños de hatos se convierten en fieras humanas: ha 
llegado el momento de su venganza, de saldar cuentas con peones 
y conuqueros. Uno de ellos se trueca en un auténtico cazador de 
chusmeros. "Al infeliz que por desgracia cae en sus manos, aún 
vivo, le sacan los ojos y la lengua y después lo reducen a pica- 
dillo. Así mueren Braulio Sarmiento en las sabanas de la Her- 
mosa, un muchacho apodado "Morruco" y muchos más. Esto 
acaece desde octubre de 1952". 

A quien se opone a su ambición u obstaculiza sus intereses, lo 
señalan a la tropa con la certeza de que desaparecerá. Así senten- 
cian por venganza o por antagonismos familiares a hombres tan 
caballerosos y cabales como don Miguel Sánchez Gutiérrez, a 

26 Las fotos y los negativos fueron entregados personalmente por el 
capitán que suscribe el documento al coronel Mariano Ospina Ro- 
dríguez, Comandante del Ejército. 

27 Ejército Nacional, Comando del Ejército, Destacamento de los Lla- 
nos Orientales, Grupo de Caballería N° 1 "Páez", Centro de Ins- 
trucción y Reemplazos, Primer Escuadrón, Maní, agosto 17 de 1951, 
transcrito en Franco Isaza, op. cit., pp. 240-242. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



79 



quien sindican de autoría intelectual, planeador de revoluciones, 
gran "comunista llanero". Y Manuel Sánchez Gutiérrez tiene que 
morir porque un testimonio respaldado por 400.000 hectáreas 
aseguradas en Real Cédula, puede mucho . . . 

El proceder de los amos queda radiografiado en este hecho: 
Víctor Zamudio, ex-policía, es fletado en su calidad de "chusme- 
ro" para que despeje la sabana de "godos" como los Tonocalía, 
pobres conuqueros que estorbaban con sus ranchos ciertos "pa- 
sos" al ganado de los poderosos señores. 

Cuando estos se coligan con el ejército para exterminar a los 
chusmeros a fin de que desaparezcan los testigos, entregan a 
Zamudio, que muere arrojado vivo — ¡las famosas bombas hu- 
manas! — más arriba de Rondón sobre el río Casanare. 

La actuación de los amos llaneros es fiel expresión del interés 
económico que entra en juego en determinado momento como 
causa inmediata de violencia. 

El grupo en armas replica a la traición de los amos quemando 
los hatos, saqueándolos y paseándose como una tromba de muer- 
te por toda la llanura. El hijo de un antiguo contralor de la repú- 
blica, es un poderoso hacendado dueño del hato de Caño Rico. 
Ya en tiempo de Velásquez, José Antonio Balaguera, un muchacho 
largo y anémico, se venga del señor de Caño Rico porque al des- 
pedirlo del hato — dice él — le niega los jornales. Son inútiles sus 
reclamos ante la autoridad. Impulsado por la psicología presio- 
nante de la montonera, José Antonio lo elimina. 

¿Es la gleba que se hace justicia? 

¿O una notificación de que en el pueblo despierta la vindicta 
por incógnitos canales de violencia? 

He aquí un relato de la forma como reaccionó el campesinado 
ante los desmanes recibidos: 

"Tampoco voy a detenerme en el relato que hicieran los mis- 
mos asesinos sobre la manera como ultimaron a una familia de 
campesinos, cuyo hijo menor de 16 meses fue estrellado contra 
un cimiento por Luis A. Silva, quien luego lo descabezó con un 
cuchillo para impedir — son sus propias palabras — que el cuer- 
po del "chino" siguiera brincando. 

"Paso por alto la forma en que sacrificaron a los soldados del 
capitán Olaya Perdomo en Yopal, y los tormentos infligidos a los 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



militares que al mando del suboficial Edgar Olarte murieron en 
El Algarrobo, en abril de este año (1951). 

"No describo los pormenores del suplicio que en Vega del 
Pauto se le dio el pasado 15 de abril al campesino Agapito Gai- 
tán, por haber dado alojamiento a las tropas del teniente Francis- 
co Afanador, oficial que personalmente me relató el hecho; fue 
crucificado sobre un tablón, expuesto al sol y luego rematado por 
dos puntillones que le clavaron por los ojos; ni tampoco los que 
me refirió el Coronel Gómez Arenas sobre el sacrificio que su- 
friera Ramón Cacha í en Nunchía y que presenciaron los padres 
Fray Esteban López y Jesús de Anzola, durante el cual, después 
de quebrarle los dientes con unas tenazas, le rebanaron con un 
cuchillo la planta de los pies y lo obligaron a caminar por sobre 
el piso regado de sal hasta que expiró de dolor" 28 . 

El crimen sigue desbordado en avalancha loca, histérica, sá- 
dica y absurda. Por parte de las fuerzas armadas se ejecutan los 
siguientes hechos: 

Celada en Nunchía, con muerte de 42 llaneros; genocidio en 
el Paso Real del Pauto con 40 víctimas; robo de $ 3.000 a Luis 
Salcedo y de $ 25.000 a Víctor Sanabria; masacre en el hato de 
Las Mercedes; muerte del baquiano Víctor Hernández (menor) ; 
incendio del hato Las Mercedes; asesinato de Espitia en El Ca- 
pricho; muerte de Luis Garavito y compañeros en las Bocas del 
Tocaría. Además, bombardeos, incendio de los hatos La Bra- 
madora, Corocito, Santa María, Pupure, Corozal y Angelacaña, 
el incendio de los caseríos de Campanero, Santa Helena, Guayana, 
Médano, Guafal, Pintado, Chavinabe y Tauramena, el asesinato 
de Sagrario Fonseca en Palmarito y el bloqueo general. Ocu- 
rrieron también exacciones monetarias y robo de ganado al por 
mayor, cuando no lo mataban en las mismas calcetas. 

No se quedaban atrás los revolucionarios y guerrilleros, que a 
su vez ejecutaban actos como los asaltos a Restrepo, Sevilla, Vega 
del Cravo y Magangué con 22 muertos; las acciones de Pache- 
quiaro, Trinidad, El Recreo, Agua Azul y Tacaré; los asaltos a 
Granada (Boca de Monte), con 40 muertos, a San Pedro de Ja- 
gua, Yopal, Algarrobo y Agualinda; la crucifixión de Agapito 

28 Carlos A. Torres Poveda (Gobernador de Boyacá), Coníerriu lia ra- 
dial, agosto 3 de 1951, transcrito por Testis Fidelis, El basilisco en 
acción o los crímenes del bandolerismo (Medellín, 1953), pp. 61-67. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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Gaitán; los asaltos a Rondón, Páez, Corinto, Cañonegro, Arau- 
quita, la vereda de San Nicolás (Restrepo), Orocué (con 15 sol- 
dados muertos y un civil, y 3 soldados desaparecidos), Upía y 
Buenavista. 

Sobresale la increíble emboscada de El Turpial, el 22 de julio 
de 1952, cuando caen 96 miembros de las Fuerzas Armadas y la 
de Chorro Blanco, parece que con más de 100 víctimas. Todo 
ello sin mencionar los robos, los incendios, el cuatrerismo y los 
actos de sadismo que eran de rigor. , 

Puede verse, en conclusión, que en el primer momento los 
amos azuzan a la chusma contra el Ejército; en el segundo acto 
de este drama repugnante, vuelcan al Ejército contra la chusma. 
Para lograr un fin: exterminar al hombre llanero, al hombre- 
gleba y borrar de los hatos hasta la sombra de los conucos. 

Es un auténtico choque de clase que pesará tremendamente 
sobre el porvenir del Llano. 

El Conflicto en Boyacá 

Boyacá es el caso típico de un conglomerado explotado hábil y 
ávidamente por todos los agitadores. Es un pueblo de frío valor, 
disciplinado, asfixiado dentro de una economía de minifundio, 
metódico en su pobreza y muy a merced de un caciquismo endé- 
mico, con posibilidades extraordinarias para la organización y 
la autosuperación. Pueblo laborioso, apegado a la tierra, pero 
sometido aún a técnicas primitivas de cultivo, aunque hoy día 
Boyacá sea centro de un desarrollo industrial muy importante. 

Cuando en cualquier parte se requiere gente valerosa, discipli- 
nada, que se muera heroicamente, silenciosamente, se piensa en el 
boyacense. Tal vez en ningún medio ha arraigado tan hondo la 
terquedad política y tal vez en ninguno se actúe tan en función 
del vaivén partidista. Cada quien piensa y quiere hacer de ese 
gran pueblo su propio baluarte. Eso sí, según su conveniencia y 
egoísmo. 

En Muzo la tensión conflictiva se agudiza por razones de ve- 
cindad con Topaipí. Influye también el personal de las minas. 
Informes oficiales dan cuenta alguna vez de 64 muertos en solo 
seis días dentro de las circunscripciones de Muzo y Miraflores. 



-LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 




Mapa N? 3 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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El crimen político de este período reviste en Boyacá caracteres 
de atrocidad. Se explica por los antecedentes anotados. Las cir- 
cunstancias convierten la región en un centro de provisión hu- 
mana cuya consecuencia inmediata es el odio que lo hace objeto 
de vituperios indiscriminados, generales, con una sola víctima: 
el pueblo. Un gran pueblo que no ha sido valorado todavía por 
sus dirigentes. 

De Boyacá se envían a Bogotá los primeros refuerzos el 9 de 
abril de 1948. Llegan a salvar la institucionalidad democrática 
del país. No reciben alimentos, se les hacina, se les emplea más 
allá de la humana capacidad del mejor soldado y ellos conllevan 
silenciosamente todas las fatigas. 

De Boyacá extraen para la policía miles de "chulavitas" de 
Boavita y Soatá, simples campesinos que mal conducidos son 
lanzados a empresas de adefesio. Y ellos no recapacitan: obede- 
cen. Confían en sus jefes. Es un pueblo esencialmente disciplina- 
do; de allí el fácil predominio del caciquismo. 

Detalle del Mapa N? 3 
Proyección de guerrillas en la zona oriental de Boyacá 

1 . Río Casanare al Ariporo, Elíseo Velásquez 

2. Guanapalo, Alfredo Parada 

3. Maní, Marco Tulio Rey 

4. Yopal, Eduardo Franco 

5. Poyatas, Alberto Hoyos 

6. Pauto, Jorge y Rafael Betancourt 

7. Ariporo, Luis Esguerra 

8. Guachiría, Isaac Vergara 

9. Tauramena, los Parra 

10. Guayabal, Raúl Sarmiento 

11. Unete, el Pote Rodríguez 

12. Casanare al Meta, Guadalupe Salcedo 

De Boyacá salen también para el Llano los primeros contingen- 
tes revolucionarios. Basta releer el acta de constitución de la Jun- 
ta Revolucionaria de Sogamoso: 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



"Sogamoso, a diecinueve de junio de mil novecientos cincuen- 
ta. Se reunieron en un lugar de este glorioso terruño, los infras- 
critos ciudadanos, presididos por el señor Carlos Julio Monroy, 
en su carácter de delegado de los revolucionarios y con la auto- 
ridad que su comisión le confiere, procedió a recibir los jura- 
mentos con todas las solemnidades, de los asistentes, y después de 
una ardiente exhortación en que solicitaba el concurso de todos 
para que con un gran sentido de responsabilidad, cada uno tome 
la gran causa de los revolucionarios de Casanare como suya y 
multiplique sus esfuerzos en favor de esta gran causa revolucio- 
naria, a fin de acelerar el proceso de descomposición y lograr el 
derrocamiento de este régimen oprobioso. En seguida ordenó la 
elección de la junta revolucionaria que quedó integrada así: 

"Principales: Juan Francisco Guevara, Alberto Plata, Alfonso 
Camargo, Luis Francisco Becerra, Eduardo Reina. 

"Suplentes: Luis E. Pérez, Alejandro Sánchez, Jorge Rodrí- 
guez, Tulio Albarracín, Honorio Pérez. 

"Acto seguido el señor delegado declaró legalmente constituida 
la junta, e instó a sus miembros a desarrollar inmediatamente las . 
labores y funciones que la lucha contra la dictadura falangista 
implica. Así mismo el señor delegado solicitó se firmara esta 
acta por los ciudadanos presentes en la reunión, como constancia 
de su respaldo irrestricto a la lealtad con los ideales que persigue 
esta gran causa" 29 . 

En Boyacá se lucha a muerte en Miraflores, Cocuy, Güicán, 
Boavita, Chita y Rechíniga. "El 16 de octubre (de 1949) se noti- 
fica a la población de Miraflores que desocupe el pueblo en 
veinticuatro horas. No podían llevarse sino lo encapillado y toda- 
vía serían registrados. La gente era rica en joyas, en ganados, en 
fincas, en dinero efectivo, en virtud y en vida. A los varones se 
les exigió sus cédulas, que eran la imagen de su vida, un símbolo 
de su vida. A las mujeres jóvenes, su virtud. Ellos dieron su ha- 
cienda y su cédula a cambio de su vida y de la virtud de las 
mujeres. No se contentaron con eso los lobos, y les exigieron 
también sus hijas; pero como eso lo estimaban más que la vida, 
la dejaron en sus fauces a cambio de que sus hijas continuaran 
nubiles. . . Cuando la esposa era apetitosa, les exigían también la 
esposa. Los cinco mil habitantes del pueblo huyeron, siguiendo 

29 Fidelis, El basilisco en acción, pp. 62-63. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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a Chelo Velásquez, a los Bautistas, al Comandante Franco o a 
Dumar Aljure que la peste había convertido en lobos también" 30 . 

¿Es cierto que en El Cocuy fueron emasculados veintiséis niños 
y en venganza lo cocuyanos invadieron algunas veredas y rapta- 
ron las doncellas? Por eso lucharon como fieras en las alturas 
de Rechíniga, mucho antes de que llegaran las tropas? 

En Campohermoso caen eliminadas las autoridades y en una 
lucha terrible perecen las gentes de La Uvita, Pueblo Viejo, el 
Territorio Vásquez, la orilla del Magdalena, Sotaquirá. Aquí jun- 
to al cadáver de una víctima se encontró esta carta: 

"Irreemplazable Eduardo: 

'"Nos encontramos en la expectativa de que pronto, muy pronto, 
sepamos que hayas cumplido a cabalidad nuestros planes; y como 
es muy posible que hayas perdido la cuenta, te la repito: 

"En Sotaquirá: Luis F. Salamanca, Valentín Gamboa, los 
Monroy. 

"En Tuta: Cenón Medina, Santiago Granados, Carlos Arnés- 
quita, Leónidas López, Desiderio Martínez, Luis Vargas Medina, 
el célebre abogado que en una conferencia en la vereda de Ha- 
cienda dijo: que a los liberales había que matarlos como a cule- 
bras venenosas. 

"En Toca: El Acosta y los Molanos. 

"Lo de Tunja: Lo dejamos todavía mientras perdura el plan 
de proyecto. 

"Juan González lleva las pildoras y los palitos. . . 

"Paso de vencedores. . . 

"Te abraza tu afectísimo, Guadalupe S." 31 . 

¿Es auténtica? ¿Fue colocada allí con segundas intenciones? 
Este documento pudo ser el origen real del plan que condujo a 
la muerte a Guadalupe Salcedo en 1959. 

30 Ramón Manrique, Los días del terror (Bogotá, 1955), pp. 104-105. 

31 Transcrito por Fidelis, De Caín a Pilatos, pp. 177-178. 



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Mapa W 4 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



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El Conflicto en Cundinamarca 

El ataque al corregimiento de San Mateo en 1949 por gentes de 
San Pedro, San Pablo y Guayabales es la señal de somatén en 
la zona de La Palma y Topaipí en Cundinamarca. Poco después 
se encuentran Drigelio Olarte y Saúl Fajardo. Su decisión de lu- 
cha arraigaba en un crimen que los convirtió en víctimas, pues 
a Fajardo le asesinaron el padre y le quemaron la droguería, y 
a Olarte le robaron todo el ganado que constituía su capital. 

Acaecen los primeros crímenes e interviene la fuerza oficial. 
El Alto del Aguila presencia el encuentro inicial de guerrilleros 
campesinos contra unas 400 unidades de tropas regulares. La gle- 
ba lucha briosamente, pero sus efectivos son copados por la su- 
perioridad de armas y de hombres. 

Arden luégo las aldeas de San Mateo y Guadualito cuyos habi- 
tantes buscan el monte, pues en el monte se esconde la guerrilla 
y en la guerrilla radica la única seguridad del campesino. El 
"comando" que se forma organiza tres grupos: el de Saúl Fajar- 
do, con 20 hombres en Terán; el de Drigelio Olarte, con 25 en 
Térama; y el del Teniente Lombo con 30 en Guadualones. 

El Padre Gerardo Bilbao es el mejor testigo de muchas cosas 
en este intrincado sector geográfico de conflicto. Los revolucio- 
narios lo secuestran para que vaya a bautizar niños en la montaña 
de La Collareja. El anciano celebra allí una misa a la que concu- 
rre todo el personal armado disponible. El Padre Bilbao se siente 
unido a su pueblo, sufre su tragedia, condena sus excesos, grita 
contra el atropello. Por eso se entraña en el dolor de sus gentes 
que lo quieren como quieren los sencillos: sinceramente, diáfa- 
namente. 

A las incursiones vandálicas provenientes del Territorio Vás- 
quez, responde el elemento civil de Yacopí en forma terrible. La 
conjugación de acontecimientos adversos provoca la crisis de la 
guerrilla local. Solo por obra de José Antonio de La Roche, no 
se llega a una liquidación definitiva. 

En mayo de 1952 se intensifican los crímenes. Casi todos los 
cadáveres aparecen sin orejas. En los cuarteles este trofeo se re- 
compensa generosamente. La guerrilla, suficientemente pertrecha- 
da y armada, entra de nuevo en acción e incursiona hasta Puerto 
Boyacá. El teniente Lombo y el sargento Soto, con 14 guerrilleros, 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



se enfrentan en el Alto del Aguila a 500 hombres. "La acción es 
breve: media hora de combate. Se caracteriza por la coordinación 
táctica de las fuerzas enemigas, su dominio del armamento y su 
adaptación completa al terreno. Fue el cuerpo de tropa mejor 
organizado de los que llegaron a combatir la guerrilla. Su entre- 
namiento era completo, su disciplina intachable. Avanzaba pro- 
tegido por cortinas de fuego que hacían imposible la resistencia 
o el recurso de la táctica guerrillera del flanqueo. Fue el único 
contingente que le capturó armamento a la guerrilla" 32 . 

En noviembre de 1952, Olarte, Sáenz, Soto, Ramón Rodríguez 
y "Caporal" el niño guerrillero, se enfrentan con 200 hombres 
a 70 del enemigo. Se lucha desde las seis de la mañana hasta las 
cuatro de la tarde, en una acción de flanqueos mutuos y movi- 
mientos envolventes. El enemigo se retira con 17 bajas y la gue- 
rrilla con cuatro. 

El 2 de diciembre arde Yacopí. No queda nada. Ese mismo día, 
el doctor Fernando Balaguera Meléndez es llamado para que 
practique el levantamiento del cadáver de Saúl Fajardo, asesi- 
nado en Bogotá. 

Hubo casos de crueldad. En la zona de Yacopí actuó contra 
los revolucionarios el temible "Arrayanales", especialista en ase- 
sinar mujeres y niños. Se le imputan más de trescientas víctimas. 
Y se recuerda con pavor a un oficial que ejercitaba el tiro al 
blanco en cualquier transeúnte. 

La antítesis de "Arrayanales" y del uniformado campeón de 
tiro fue el "Teniente Cortico" — subalterno de Fajardo — que 
inició su carrera delictiva cuando en Yacopí degolló y descuartizó 
al pequeño hijo de la telegrafista. Fajardo mismo dijo para Dia- 
rio Gráfico: "El "Teniente Cortico" quien en mala hora se metió 
con nosotros es un asesino vulgar y terrible. Mis compañeros y 
yo estuvimos viendo la posibilidad de sacarlo del cuadro". 

La tropa perpetra genocidios horripilantes de campesinos que 
son ametrallados ante sus esposas; pero los revolucionarios reali- 
zan masacres como las del Alto de Rueda y San Cayetano con 
sevicia feroz. 

¿Cuándo se escribirán en detalle los acontecimientos de Guata- 
vita (muerte aleve de José María Rozo). Villeta (asaltos a Cune, 

32 Jorge Vásquez Santos, Guerrilleros, buenos días (Bogotá, l ( >.">h, 
p. 146. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



89 



San Fernando, La Esmeralda y Llanadas), Quebradanegra, Gua- 
yabal, Albán y Tobia? 

He aquí un detalle de Llanadas, fracción rural de Villeta, que 
indica lo que ocurría en muchas partes: 

"Una sombra emergió en el ribazo opuesto. Los campesinos 
hicieron a un lado a sus muertos, Dionisio Parrado tenía pronto 
y a mano su F.A. Lo apuntó hacia la sombra. Iba a disparar 
cuando. . . 

" — No me mates, Dionisio, q-ue soy Eusebio Carranza. Sonám- 
bulo Dionisio Parrado bajó la guardia. 

" — Acércate más, Eusebio. 

" — No puedo. Los niños me pesan mucho y la quebrada va 
crecida ... 

"Los fugitivos repararon entonces en la carga de niños que 
traía Eusebio Carranza. Un niño y una niña dormían sobre los 
hombros del muchacho de los Villas. Rufino y Dionisio se echa- 
ron encima los cadáveres para el paso de la quebrada. Eusebio 
los esperaba en la otra orilla sin poder ayudarlos por el peso de 
los niños. Rufino llevaba la difunta Florinda. Dionisio a su chico 
muerto y a su rifle, muy altos para que no se mojasen. Cuando 
cruzaron la corriente con el agua al pecho, Dionisio interrogó: 

" — ¿Son de los patrones? 

"Eusebio Carranza no contestó. Asintió con la cabeza, llo- 
rando. . . 

"—¿Y tus taitas? 

"Eusebio tampoco respondió. Sosteniendo su carga con el brazo 
izquierdo, hercúleo como tronco de quebracho, señaló con el 
derecho hacia la distancia teñida de humazos. Allá lejos en Lla- 
nadas, quedaban los dos viejos colgados de las vigas, mientras 
el fuego los desnudaba. . . Acercó su puño a la boca, y besó la 
cruz de los dedos: 

" — Juro que. . . 

"Pero el llanto ahogó su juramento" 33 . 

Guaduas fue escogido a sangre fría como sitio de escarmiento 
para realizar la violencia. ¿Simple retaliación por el 9 de abril? 

33 Manrique, op. cit., p. 195. 



90 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Ese día, entre otros muchos atropellos, a un empleado de la ca- 
rretera lo golpearon tan brutalmente en partes verendas, que hubo 
de ser hospitalizado de inmediato con centinelas de vista. En 
represalia las fuerzas oficiales matan en el pueblo y en los campos. 

Un indicio de la reacción despiadada es la masacre de La Paz, 
como lo cuenta el inspector de policía: "El señor Gabriel Vargas 
fue asesinado en su casa, lo mismo que tres de sus hijos. El me- 
nor de 14 meses fue macheteado horriblemente después de muerto 
porque al morir quedó haciendo una mueca y los bandoleros gri- 
taban, lanzando carcajadas, que el niño se estaba riendo. Todo 
esto lo vio uno de los hijos del señor Vargas, que se salvó mila- 
grosamente escondiéndose debajo de la cama, desde donde pudo 
observar el asesinato de su padre y sus tres hermanos". 

Más de 300 muertos deja la ola de barbarie en aquellas regio- 
nes. Testigo abonado es el Padre Jaime Hincapié que luchó teso- 
neramente por contener la hecatombe. 

El Conflicto en Antioquia 

El país, por un raro fenómeno, desconoce la intensidad de la 
violencia en el Departamento de Antioquia, ciertamente uno de 
los más afectados. En pocas partes chocaron con más espantable 
encono las dos fuerzas contrarias que son la clave del conflicto 
colombiano en esta primera etapa: la decisión de imponer un 
hecho político mediante la acción de elementos oficiales y la de- 
fensa de un sector colombiano cuyos derechos sabía lesionados 
con innegable injusticia. 

El primer grupo rebelde lo integran Manuel Giraldo ("aplan- 
chado" dos veces), Luis, Antonio y Aurelio Giraldo, un señor 
Durango y tres más, que cualquier día asesinan en Galilea al 
inspector, al secretario y cuatro policías. Queman la Inspección, 
una cantina y tres casas. 

En noviembre de 1949 mueren a manos de rebeldes el inspec- 
tor de Antasales (Dabeiba) y cuatro agentes. 

La violencia oficial que se desata da origen a grupos diversos 
que progresivamente se acogen a las directivas de un comando 
unificado que se ubica en Pavón al mando de Juan de J. Franco. 
Otro ocupa a Camparrusia y en él actúan como jefes Manuel Gi- 
raldo, Arturo Rodríguez y Aníbal Pineda. Un tercer grupo opera 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 91 




*" * LOCALIZACION 0£ XONAS 

83 viotrnciA 

^ MUNICIPIO* AFECTADOS 

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tltLUO y PftOVCCCIOH- REME CAHARAO MtRSfRA 
FACULTA» PE SOOOLOttlA m. bogof¿ 



Mapa N<? 5 



92 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



en la vereda del Placer (Sabanalarga) , registrándose como su 
primer asalto el del camino hacia Barbacoas donde muere el te- 
niente Colorado. Después se enfrenta a seis guardias departa- 
mentales y seis municipales en la quebrada La Sucia, dando de 
baja al agente Vanegas. Esto sucede a mediados de 1950. 

La lucha debía ser salvaje, sin cuartel. Los acontecimientos así 
la impusieron. Se presentan hechos atroces consumados por las 
autoridades y por los rebeldes; el pasquín se convierte en un 
ultimátum perentorio. 

Daniel Valderrama y otros cuatro campesinos son quemados 
vivos en El Canelo. Los cadáveres arrojados al río Cañasgordas 
son incontables. El descuartizamiento se hace espectáculo de co- 
tidiana ocurrencia. 

En Urama el 2 de febrero de 1953 cae iulminado un sargento 
de la policía. ¿Qué pasa entonces? Lo de siempre: no pudiéndose 
vengar de la guerrilla, los policías se desquitan con lo que 
encuentran: Incendian los edificios de elaboración de café per- 
tenecientes a Rubén Rodríguez; pasan a la casa de don Luis Man- 
co y asesinan a la esposa, a una hija casada y violan las otras 
dos dejándolas colgadas para ahorcarlas. Después lo queman 
todo. 

"A la noticia de la muerte del sargento, las salidas del pueblo 
de Urama son taponadas y los policiales concentran todos los 
hombres en la plaza. Forman luego tres grupos de prisioneros: 
el primero al mando del teniente López, toma el camino de Cam- 
parrusia y en el Guamo después de despojar a los prisioneros de 
cualquier objeto que represente algún valor, los acuchillan con 
machetes, bayonetas y puñales. A los dos días la guerrilla sepulta 
allí 19 cadáveres, muchos de ellos totalmente desnudos. 

"El segundo grupo se va por el camino de Dabeiba. Todos sus 
integrantes son sacrificados durante la marcha. Los enterró el 
Padre Gaviria en Dabeiba. 

"A los restantes, bajo la responsabilidad del teniente Mejía 
Toro, se les obliga a conducir el cadáver del sargento por el 
camino de Cañada Adentro hacia Uramita. A lo largo de una 
marcha de cuatro leguas dejan asesinados a la vera del camino a 
los que rinde el cansancio. La policía arrojó los 16 últimos cadá- 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



93 



veres a la acequia del acueducto de Uramita y días después el 
agua bajaba con piltrafas humanas" 34 . 

De una carta pastoral de Monseñor Miguel Angel Builes, obis- 
po de Santa Rosa de Osos, transcribimos algunos apartes que 
indican a las claras el extremo que se alcanzó en Antioquia: 

"Una madre joven de nuestra diócesis, medio enloquecida des- 
pués de ver partir en trozos a su esposo y a sus tres hijos mayor- 
citos, cuando acometieron contra el más pequeñito de ellos, por 
su amor materno reaccionó y se abalanzó contra el verdugo, a 
quien hirió en un brazo. Entonces los once bandoleros restantes 
cayeron sobre la valiente mujer y la desollaron viva desde la ca- 
beza hasta los pies, y ya de día la arrojaron viva y sanguinolenta 
a la huerta de la casa, a la acción del sol, de las moscas y ani- 
males carnívoros, hasta morir" 35 . 

Ya había dicho el prelado en el mismo documento: "¿Por qué 
esta sevicia? ¿Quién les ha indicado a esos verdugos los mismos 
procedimientos en todos los rincones de Colombia, con hombres, 
mujeres, niños y sacerdotes del Altísimo? Todos los relatos son 
uniformes al describir el sadismo, la sevicia inconcebible. Que 
se les asesinara de un golpe certero no sufrirían las víctimas tan 
crueles martirios, dolores y agonías. Muchos han sido asesinados 
a pedacitos como acaeció, por ejemplo, al registrador de Cauca- 
sia en agosto último, cuando a machetazos le iban destrozando 
primero las manos, luego los pies; y al clamor del infeliz, de 
"Mátenme de una vez", contestaban burlándose: "Queremos que 
sufras" 36 . 

Juan de J. Franco, jefe del comando revolucionario del suroes- 
te y occidente antioqueños, en memorial dirigido al gobernador 
militar el 19 de julio de 1953, describe así la situación imperan- 
te entonces: 

"Por las aldeas y poblaciones de Colombia, comenzaron a ver- 
se, por primera vez, caras hostiles, gentes extrañas importadas a 
sueldo del gobierno, las cuales, amaestradas por instructores 
traídos especialmente de España, se dedicaban a recorrer valles 
y montañas y dondequiera que llegaban la emprendían contra los 

34 Ernesto León Herrera, Lo que el cielo no perdona (Bogotá, 1954) ; 
4^ ed., pp. 174 y ss. 

35 Citado por Fidelis, El basilisco en acción, pp. 170-171. 

36 Ibid., p. 109. 



94 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



ciudadanos de filiación liberal, a quienes ultrajaban, requisaban 
y decomisaban sus cédulas para inhabilitarlos electoralmente. Era 
la falange en acción. 

"Después siguieron las depredaciones y como cada día traía 
su afán, otros sistemas aparecían y para aplicarlos, la policía, 
fusil al hombro, entró a los campos, no propiamente en son de 
paz, sino con el ánimo de ejercer venganzas, sembrar el terror 
y arrasar poblados; en fin, exterminio desorbitado de vidas y 
haciendas. Así caían asesinados honrados y pacíficos campesi- 
nos, humildes labriegos que no habían cometido "otro delito", 
así podría llamarse, que el de profesar ideas contrarias a las de 
los que eran dueños de la fuerza. 

"Mis ojos, señor Gobernador, vieron muchas cosas. Me tocó 
presenciar cómo a las ciudades llegaban hombres mutilados, 
mujeres violadas, niños flagelados y heridos. Vi a un hombre 
a quien le cercenaron la lengua, y refieren los testigos que, 
amarrados a un árbol presenciaban esa escena dantesca, que 
los policías que ejecutaban ese acto decían: "Te la cortamos 
para que no volvás a gritar vivas al partido liberal, manzanillo, 
h. p.". Y a algunos les amputaron los órganos genitales para 
que no procrearan más liberales; a otros les amputaban las pier- 
nas y los brazos y, sangrantes, los hacían caminar de rodillas. 
Y supe de campesinos a quienes mantenían sujetados mientras 
que otros policías y civiles conservadores, por turnos rigurosos, 
violaban a sus esposas y a sus hijas. También supe del incendio 
de la histórica y gallarda ciudad de Rionegro, por tratarse de 
que era la meca del liberalismo antioqueño. Era el desarrollo 
de un preconcebido plan de exterminio. 

"Sobre todo, las gentes humildes del liberalismo eran vícti- 
mas de la sevicia y de las depredaciones de esos agentes unifor- 
mados. Se fusilaban mujeres, ancianos y niños, a plena luz 
pública. Los agentes oficiales se posesionaban de las fincas de 
dueños liberales. Mataban a sus propietarios, requisaban sus 
guarnieles y disponían del dinero, de sus bestias, de todo cuan- 
to les proporcionaba el sustento de sus familiares. Era un zafa- 
rrancho de pillaje y orgía de sangre lo que cometían. 

"La impunidad y las sombras de la noche cobijaban esos atro- 
ces procederes, estimulados por altos funcionarios del gobier- 
no. Y todo eso se cometía en el falso nombre de Dios, con esca- 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



95 



pularios en el bolsillo y sin remordimiento. Los principales ac- 
tores del sangriento drama eran policías secundados por civiles 
conservadores. 

"Si me detuviera a contarle los más atroces crímenes que 
cometió la policía a nombre del gobierno y del partido conser- 
vador, me haría interminable. Solo las aguas de los ríos podrán 
decirle cuántos liberales hallaron su tumba en sus corrientes. 
De la cárcel de Salgar se sacaron más de cien presos políticos y 
liberales y fueron asesinados y sus cadáveres rodaron por des- 
peñaderos y vertientes. En Morelia se colgó del techo de la cár- 
cel a numerosos copartidarios. Otros contemplaban aterroriza- 
dos la consumación del crimen, mientras esperaban su turno. En 
La Vargas, paraje netamente liberal del municipio de Betulia, 
el capitán de la policía, Arturo Velásquez, se sació en la matan- 
za horrorosa de campesinos. A pesar de los numerosos denuncios 
comprobados que existen contra este tristemente célebre fun- 
cionario de policía, aún continúa en su puesto, matando y come- 
tiendo toda clase de atropellos" 37 . ¡ Todo esto fue fruto del sec- 
tarismo político! 

El conflicto en otras regiones 

Sería demasiado largo detallar lo ocurrido en otras regiones 
colombianas durante la primera ola de la violencia, y quizás 
innecesario, porque en sus líneas generales siguió la pauta de 
lo ya descrito. En todas partes hubo crueldad, sevicia, pérdida 
de bienes, hurtos y expoliaciones, desplazamientos y migra- 
ciones. 

¿Qué decir de la empresa de crimen montada en el Valle y 
de las expediciones punitivas de la policía por las vegas del 
Símbola y Ríochiquito en el Cauca, quemando los ranchos de 
los indios? ¿Y del retén de Santo Domingo a donde en una 
poceta de la plaza lavaban públicamente indias desnudas para 
luego poseerlas? Esta fue la razón del asalto subsiguiente, co- 
mo testificaron el capitán "Terrible" y otros campesinos en fe- 
chas y lugares distintos. 

El Chocó es afectado por individuos o restos de cuadrillas 
evadidos de Antioquia al intensificarse la acción de las Fuerzas 

37 Herrera, op. cií., pp. 80, 81, 271-272. 



96 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Armadas. Llegan desde Dabeiba, Cañasgordas y Urrao a través 
de las montañas hasta los ríos Murindó, Arquia, Bebará, Bebar- 
má y Nauritá. De Urrao al Carmen serpea un camino que fue 
clave durante la lucha. 

La violencia en ese sector ofrece como características el in- 
cendio, el descuartizamiento y la trata de mujeres de que se ha- 
bla más adelante. Por acción de las llamas desaparecen del todo 
o parcialmente: Bojayá, Bebará (enero 1° de 1952), Las Cruces, 
Nauritá, Curado, Napipí, y El Carmen (las casas de "La Hacien- 
da" y la escuela del Roble). Descuartizados mueren en La Mansa 
(Carmen de Atrato), 4 campesinos y 2 niños de doce y catorce 
años de edad. 

Además, la acción militar que perseguía antisociales de An- 
tioquia internados en las selvas chocoanas, lesionó a muchos 
nativos que debieron emigrar a Quibdó y otras ciudades del país. 

Al hacer una síntesis de estos pasos iniciales se llega a una 
conclusión desoladora: la guerra entre los campesinos fue un 
hecho. Las Fuerzas Armadas, móviles por esencia, se marchan 
una vez alcanzados sus objetivos, dejando a los hombres de la 
ruralía entregados a una mutua vendetta inmisericorde dentro 
sus comarcas. 

El raciocinio es monstruoso, pero de una macabra elemen- 
talidad: los conservadores sostienen al gobierno que hace la 
violencia, luego deben ser aniquilados; los libérales hacen la 
revolución contra él gobierno conservador, luego deben ser ani- 
quilados. 

Es la guerra a muerte. 

En realidad se trató de operar una expansión electoral debili- 
tando al enemigo; pero en el proceso mecánico para realizarla, 
no se discriminaron los medios y ante los hechos, o se los igno- 
ró deliberadamente o se los deformó con arbitrariedad manifies- 
ta, o se les dio una acomodaticia interpretación que condujo a 
todos los desenfrenos. Se subestimó malignamente la dinámica 
del crimen y el crimen asfixió al país. 

(Véanse los Mapas Nos. 6 y 7). 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



97 




Mapa N9 6 



-LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



MONS. GERMAN 



GUZMAN CAMPOS 




I 



ECUADOR 



BXASJL 



\ : 

I • 



Mapa N<? 7 



CAPITULO III 



La Segunda Ola de Violencia 



El gobierno militar que se inicia el 13 de junio de 1953 des- 
pliega desde el primer momento una intensa campaña pacifis- 
ta dirigida a las gentes en armas a través de los comandantes 
de las fuerzas oficiales. Como documento significativo debe ci- 
tarse la circular dirigida a jefes de la armada, fuerza aérea y 
ejército el 19 de junio de 1953, cuyo texto es el siguiente: 

"Interpretando el sentir del excelentísimo señor Presidente de 
la República, Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, lo auto- 
rizo para que a todos los individuos que en una u otra forma 
se hayan comprometido en hechos subversivos contra el orden 
público y que se presenten voluntariamente ante las autorida- 
des militares haciendo entrega de sus armas, los dejen en com- 
pleta libertad, les protejan sus vidas, les ayuden a reiniciar sus 
actividades de trabajo y los auxilien en sus necesidades más 
apremiantes cuando las circunstancias así lo exijan y usted lo 
estime necesario. Sírvase hacer conocer esta orden en todas sus 
dependencias y difundirla en las zonas afectadas de su juris- 
dicción. 

"Brig. Gral. Alfredo Duarte Blum" 1. 

A los propósitos del gobierno responden en forma inmediata 
numerosos jefes de guerrillas y contraguerrillas, que se presen- 
tan con sus gentes y una apreciable cantidad de armamento. 
Los primeros son los grupos tolimenses de Emilio Gordillo 
("Sargento Veneno") y Leónidas Borja ("El Lobo"), cuya ren- 
dición con 308 hombres se efectúa en julio y agosto de 1953. 
Casi simultáneamente se entregan Juan de la Cruz Várela y otros 
guerrilleros del Sumapaz; Rangel en Santander, con 105 hom- 
bres; las guerrillas de Maceo, Ité, Puerto Nare y Anorí, con los 

1 Diario de Colombia (Bogotá), junio 20 de 1953. 



100 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



capitanes Trino García, "Sombranegra" y Piedrahíta, y la de 
Yacopí comandada por Drigelio Olarte. 

El acuerdo más dramático es logrado por el General Duarte 
Blum en los Llanos Orientales, donde un total de 3.540 comba- 
tientes se entregan en agosto y septiembre de 1953. Según el 
mismo general, en todo el país y en solo cinco días del mes de 
septiembre, deponen las armas 6.500 cansados y enfermizos re- 
beldes, deseosos de retornar a la normalidad de sus familias y 
comunidades. Así se observó rápidamente un notable descenso 
de la criminalidad en el país, quedando reducida la violencia 
a unos pocos focos en el sur del Tolima (véase el Mapa N° 8). 

Al estudiar los grupos de gentes que retornan a la paz se evi- 
dencia una dilacerante situación de miseria. Son masas que han 
soportado toda suerte de privaciones y que aparecen en el esce- 
nario nacional victimadas atrozmente por las endemias. En rea- 
lidad son dos los conglomerados humanos que se reencuentran: 
el que viene del monte y el de exilados que sobreviven en aldeas 
y ciudades. Forman ambos un conjunto de campesinos, con un 
común denominador de infortunio. Es ya una masa con una 
asombrosa disponibilidad para la contienda, aunada a una casi 
efermiza irritabilidad, agravada por cierta desconfianza hacia 
las medidas oficiales, muy propia de la psicología campesina. 

De todos modos, y como parte de la terapéutica que el nuevo 
gobierno quería aplicar, se concedió un indulto parcial con re- 
baja de la cuarta parte de la pena para presos políticos y de una 
quinta parte para los condenados por delitos comunes, mediante 
el Decreto W 1546 de junio 22 de 1953. 

El artículo tercero excluye: 

a) A los reincidentes; b) a los reos de delitos comunes; c) a 
los prófugos; d) a quienes hubiesen observado mala conducta 
o cometido delitos durante su permanencia en las cárceles del 
país; e) a los militares desertores de las filas del ejército que 
se hubieran incorporado a los guerrilleros. 

Además de esta medida jurídica cuyo alcance se estudia dete- 
nidamente en el capítulo 14, el gobierno de las fuerzas armadas 
organizó una Oficina de Rehabilitación y Socorro con comités 
filiales en los departamentos afectados. Su director, el doctor 
Jorge Bejarano, determinó utilizar a fondo los servicios del De- 
partamento de Tierras y del Departamento Jurídico para elabo- 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



101 




A EPO'BLf CA- 
DE 

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1953 * 1954 

CONVENCIONES 

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4 ♦ + LIMITES V A ¿i CHULES 

Igaa ZO"A3 OB VIOLENCIA 



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FACULTA* D£ SOCOLOS /A o !/V BopoM' 



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VENEZUELA 



BRASIL 



ECUADOR 



Mapa 8 



102 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



rar un proyecto de ley que permitiera restablecer la verdadera 
tenencia de tierras, sin pretermitir la bolsa de trabajo y las sec- 
ciones de Rehabilitación Física y Social y de Protección Mater- 
no-Infantil. 

Es evidente que el plan estaba abocado al fracaso por falta de 
dinero. Haciendo un análisis de los socorros oficiales, debe de- 
cirse que fueron transitorios, precarios, insuficientes y discon- 
tinuos. No se alcanzó con ellos el objeto prefijado. El problema 
había superado catastróficamente todas las posibilidades de la 
nación. 

El llamamiento a deponer los rencores partidistas no bastó y 
con el correr de los días el encono político festinó otra nueva 
etapa, que marca el segundo período de este proceso de desinte- 
gración nacional. A ello contribuyó eficazmente las disgresión 
del gobierno y del ejército hacia terrenos que le vedaba la Cons- 
titución de la República. En el capítulo correspondiente de esta 
obra, se citan documentos incontrovertibles. 

La reanudación de la violencia 

Un pueblo tan recientemente lesionado captó de inmediato el 
sesgo del grupo oficial y como solo faltaba una chispa para re- 
iniciar el mal extinguido incendio, bastaba que se presentara un 
hecho, un mínimo pretexto, para desatar de nuevo la catástrofe. 

Y este hecho, este minúsculo pretexto acaeció cuando elemen- 
tos de tropa masacraron a varios campesinos el 12 de noviem- 
bre de 1954. Por decreto de 4 de abril de 1955 se declaró "Zo- 
na de Operaciones Militares" a Villarrica, Carmen de Apicalá, 
Icononzo, Cunday, Pandi, Cabrera y todo el Sumapaz. A poco 
aparecieron autoridades sectarias y elementos importados de otros 
lugares ya duchos en toda clase de delitos. La relativa paz en 
el centro del Tolima se altera al ser asesinado David Agudelo 
Cantillo alias capitán "Triunfante", jefe guerrillero de Los Andes, 
por elementos oficiales acompañados por un hombre sectario 
que hasta el día anterior había estado en la cárcel de Rovira, 
sin atender a que estaba colaborando lealmente con el gobierno 
en la rehabilitación 2 . 

2 Cesáreo Rocha Castilla, "La Segunda Violencia en el Tolima", El 
Tiempo, marzo 2 de 1959. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



103 



REPUBLICA 
PE 
COLOMBIA 

KUeVO OS&JMKOUO OC LA VIOLENCIA 

1954 * 1958 



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\ VENEZUELA 




Mapa W 9 



104 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Algunos grupos del cañón de Amoyá que rechazaron la am- 
nistía, reiniciaron la lucha y del Tolima se extendió el conflicto 
a los departamentos limítrofes. 

Surgen los tremendos interrogantes indescifrables: 

¿Qué turbias componendas obcecaron tan intempestivamente 
el ánimo pacifista del gobierno? 

¿Fue imposible romper las presiones de elementos contami- 
nados ya por el abuso de autoridad y por el robo o el espolio a 
mano fuerte? 

¿Hasta dónde pesó el cómputo del doble tiempo para ascensos 
en el ánimo de algunos militares en servicio activo dentro de 
zonas afectadas? 

¿Por qué la sensación de ser gobierno los condujo a la dic- 
tadura y al sostenido estado de sitio? 

Todo se sintetiza en un hecho escueto y brutal: 

Ejército y pueblo se enfrentaron otra vez a muerte. Este pe- 
ríodo de violencia fue más bárbaro e intenso que el anterior. 

El ámbito geográfico de la nueva etapa abarca solamente los 
departamentos del Tolima, Huila, Caldas, Valle, Cauca y un 
sector del Carare (véase el mapa N° 9) con los siguientes ca- 
sos culminantes: 

Lucha simultánea de las guerrillas liberales del sur del Toli- 
ma con los comunistas y con las fuerzas armadas; genocidio de 
Tetuán por soldados del ejército regular; arrasamiento de Or- 
ganos y de la zona de Colombia, en el Huila; asalto a Santo 
Domingo y acción punitiva sobre las regiones de Tierradentro, 
en el Cauca; ofensiva del Sumapaz con el genocidio de Pueblo 
Nuevo donde cayeron noventa campesinos cuando esperaban 
salvoconductos; la operación sobre San Andrés (Dolores, Toli- 
ma )en la que a la tropa seguía una banda de saqueadores que 
todo lo arrasaron; el éxodo intempestivo de la población de 
Villarrica; la migración masiva desde La Colonia y Galilea has- 
ta El Guayabero y El Pato, en el Meta; la conmoción de zonas 
nortolimenses antes no afectadas; práctica de tierra arrasada 
por las fuerzas oficiales que so pretexto de guerra, depredaron 
vastos sectores llevándose ganados y cosechas; intensificación de 
la actividad guerrillera casi con iguales resultados; actuación 
de grupos amorales de bandoleros y acción desorbitada de esa 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



105 



tétrica "cofradía que mantiene vinculaciones extensas, que se 
ata por lazos de complicidad, y está siempre dispuesta a ofrecer 
servicios a movimientos políticos oscuros, a conspiraciones y 
actividades clandestinas y delictuosas" 3 . 

Vale la pena relievar dos hechos que pueden considerarse sin- 
tomáticos de la nueva violencia y significativos desde el punto 
de vista social: la migración del grupo que luchó en Villarrica 
y la desocupación precipitada de esta población. 

El primero es radiografiado en una hoja que lleva por título, 
"Torturas, lágrimas y sangre", algunos de cuyos apartes se 
transcriben a continuación. La escribieron los campesinos y se 
encuentra en el archivo del autor de esta obra: 

"El plan de agresión sobre el campesinado de Villarrica" 

"A raíz del asesinato de los estudiantes en Bogotá, a partir 
de junio de 1954, los campesinos de Villarrica, debidamente or- 
ganizados en comités de frente democrático y sindicatos de agri- 
cultores, iniciamos la fijación de centenares de consignas mu- 
rales por caminos, casas, árboles y demás medios disponibles, 
manifestando nuestra protesta, acompañado todo ello de memo- 
riales y peticiones exigiendo el cumplimiento de las promesas 
de Rojas Pinilla, a cambio de seguir engañando al pueblo con 
promesas y más promesas. La existencia de una organización 
general del campesinado y la acción de protesta, dio pie al go- 
bierno para preparar la iniciación de la nueva ola de violencia. 

"Primeramente fueron regados por distintas veredas de la 
región diferentes elementos perniciosos, "pájaros" y detectives, 
utilizando para ello especialmente algunos de los llamados "so- 
cialistas", agrupados alrededor del señor Antonio García. 

"En algunas veredas empezaron a aparecer campesinos asesi- 
nados mientras las comisiones del ejército reforzaron su labor 
de penetración y exploración a distintas veredas. Sabido es que 
desde antes del 13 de junio de 1953, existían retenes en algunos 
sectores del mencionado municipio, los cuales siguieron siendo 

3 Alocución del Presidente Lleras, diciembre 1 de 1958, en Por qué 
y cómo se formó el Frente Nacional, editado por la Cámara de Re- 
presentantes de Colombia (Bogotá, 1959), p. 175. 



106 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



sostenidos y reforzados ya que la condición de zona de guerra 
para ese municipio continuó imperando. 

"El 12 de noviembre de 1954, aprovechando la imprevisión 
de los campesinos quienes asistían a un bazar organizado en la 
vereda de Mercadilla por el cura de Villarrica, la zona fue in- 
vadida por más de 300 soldados, debidamente entrenados y pre- 
parados, siendo detenidos los prestigiosos dirigentes campesinos 
Isauro Yosa (excombatiente guerrillero de los años 1949 a 1953), 
Miguel Avilez y otros, siendo además asesinados el dirigente 
Jorge Piñuela, el campesino Juan Murcia y un niño. 

"Durante más de 5 meses desde noviembre de 1954 a mayo 
de 1955 en distintas veredas del municipio de Villarrica, se pre- 
sentaron choques esporádicos entre campesinos y fuerzas de en- 
trenamiento, en donde con frecuencia entraban en choque de 
200 a 300 unidades del ejército con los campesinos, decididos a 
defender sus bienes, hogares y familias. 

"A medida que se hacía más fuerte la resistencia de los cam- 
pesinos, más y más la dictadura veía la necesidad de aumentar 
la agresión, llegando a suceder verdaderos combates como el 
sucedido en la vereda de Guanacas, entre Villarrica y la Colonia 
de Villamontalvo, en el cual el gobierno concentró aproxima- 
damente 1.500 unidades, reforzadas con ametralladoras, 40 ca- 
rros blindados y unos cuantos tanques, los cuales, desde la pla- 
za de Villarrica disparaban incesantemente sobre las defensas y 
casas de campesinos, igualmente apoyado ese ataque por escua- 
drillas consecutivas de 10 aviones de bombardeo y ametralla- 
miento. Durante tres días fue sostenido aguerrido combate, vién- 
dose sin embargo obligado a retroceder el ejército. Debido a las 
favorables posiciones defensivas de los campesinos y al hecho 
de que los agresores tenían que atacar presionando en subida 
mientras los campesinos contamos con las defensas naturales de 
los árboles, los barrancos, los cafetales, la dictadura tuvo serias 
pérdidas humanas además del desgaste de infinidad de pertre- 
chos y bombas. 

"Desde antes del mes de abril de 1955 y sucesivamente fueron 
realizándose sistemáticamente acciones de bombardeo y ametra- 
llamiento con el consiguiente lanzamiento de bombas de altísi- 
mo poder explosivo, produciendo radios de destrucción de 50 
a 100 metros en circunferencia y produciendo además el des- 
plazamiento de piedras de una o dos toneladas a una distancia 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



107 



de 300 metros. Los campesinos empezamos a ver en algunas de 
esas bombas que no explotaban la insignia fatídica de Made 
in USA. 

"Mientras el señor Rojas Pinilla se reunía en Melgar con los 
llamados dirigentes y líderes sindicales, a quienes con motivo 
del Primero de Mayo les ofreció un jugoso almuerzo de lente- 
jas, los campesinos de Villarrica recibieron la primera ofensiva 
de fuerzas regulares del ejército, golpeando por trece frentes a 
la región. Nuestras defensas fueron obligadas a retroceder y 
más de 300 unidades del gobierno penetraron profundamente 
en el flanco oriental sobre la retaguardia de la resistencia. 

"Sin embargo, gracias a la movilidad de los campesinos, al 
conocimiento completo del terreno, la ofensiva por retaguardia 
fue cortada quedando en bolsón las 300 unidades del ejército 
debidamente hostilizados por los campesinos que desde las proxi- 
midades cubiertas de monte, les hacían imposible su evacuación. 
Ello determinó la iniciación de encuentros con los campesinos 
de los lados de Cabrera, cuando por esos lados emprendió la 
dictadura la concentración de fuerzas con dirección del corre- 
gimiento de Núñez, precisamente con el fin de proseguir su 
agresión por retaguardia sobre la región de Villarrica. 

"La lucha armada se extendió a todo el Alto Sumapaz y otros 
municipios del Oriente del Tolima, como Prado y Dolores, por- 
que la dictadura con el fin de establecer el bloqueo económico 
total y sostener su acción destructiva por todos los frentes de 
la región de Villarrica, desplazó fuerzas por el lado sur, es decir 
por el municipio de Prado para ocupar posiciones sobre la cor- 
dillera, tomándose el punto estratégico denominado Cebollal, 
también profundamente situado sobre el sector montañoso de 
la cordillera, con el fin de cortar cualquier retirada de los cam- 
pesinos valiéndose de los sectores montañosos y selváticos. 

"Mientras los campesinos de Prado y Dolores seguían pací- 
ficamente recogiendo su cosecha de café, engañados también 
por la propaganda del gobierno, la cual les decía que todo esta- 
ba dirigido contra los chusmeros de Villarrica, el gobierno em- 
pezó, es decir el ejército, empezó por esos lados a invadir casas, 
recoger gallinas y puercos, para abastecer la avanzada. Los cam- 
pesinos de Prado y Dolores se vieron obligados a emigrar a los 
montes, es decir a las cabeceras montañosas y selváticas de esos 
municipios. 



108 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



"El gobierno se vio obligado a concentrar 9 batallones (según 
las mismas declaraciones del Ministro de Guerra) para conti- 
nuar su obra destructora aumentando la agresión a todo el Alto 
Sumapaz y Oriente del Tolima. Más de 9.000 unidades debida- 
mente provistas de toda clase de armas, fueron concentradas, 
con el apoyo correspondiente de 30 aviones que durante los días 
de la ofensiva, convirtieron la pequeña región de Villarrica en 
un verdadero infierno de destrucción y violencia. Desde Villa- 
rrica, los cañones emplazados sobre carros blindados, los tan- 
ques disparando incesantemente toneladas de explosivos. Desde 
los retenes (puestos fortificados de penetración en la región), 
los morteros punto 61 y 81, disparando de extremo a extremo 
de las veredas, mientras la infantería perforaba por distintas 
partes la resistencia de los campesinos, simplemente armados de 
escopetas, revólveres, bombas de mano, construidas en el fragor 
de la resistencia. 

"La ofensiva del 6 al 15 de junio, obligó a los millares de cam- 
pesinos a evacuar la región, perseguidos por el ametrallamiento 
sistemático de la aviación. Sus viviendas fueron destruidas to- 
talmente porque todo avance de las fuerzas oficiales iba segui- 
do del incendio de las casas de los campesinos. Sus bienes y per- 
tenencias fueron totalmente destruidos y más de 5.000 unidades 
humanas de campesinos, niños, ancianos y mujeres tuvieron que 
refugiarse en las montañas y selvas de Galilea. Durante la mar- 
cha de evacuación fueron sistemáticamente agredidos por los 
aviones con ametrallamiento y bombardeos. Los campesinos si- 
guieron conociendo las nuevas ediciones de bombas N (incen- 
diarias) . 

"Durante cinco meses, desde junio a octubre de 1955, los te- 
rritorios de Galilea se convirtieron en verdaderos cementerios. 
Ancianos, niños, mujeres encontraron el fin de su vida totalmen- 
te al desamparo de toda ley y de todo sentido de humanidad. 
Fueron los años (1955 - 1956) de nuestras grandes pérdidas 
humanas y materiales porque valiosos combatientes de la resis- 
tencia tuvieron que rendir su vida en una inmensa lucha des- 
igual de uno contra 100, de 10 contra 500 y de 100 y 300 contra 
2.000, 6.000 y 9.000 agresores de la dictadura. Allá en las tie-. 
rras de Villarrica y del oriente del Tolima quedaron además de 
decenas y centenares de niños, ancianos y gentes humildes muer- 
tos por las bombas, asesinados en sus casas por las fuerzas ofi- 
ciales o acribillados por el hambre y las enfermedades, nuestros 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



109 



aguerridos y queridos compañeros de trinchera: Gratiniano Sán- 
chez, Aristóbulo Lara, Víctor Parra, Luis Meza, Silas Reyes, Ro- 
so Segura, Isaías Salinas, Nazario Díaz, Herasmo Castañeda, 
Abundio Trujiilo, Luis Carlos Suárez, Sélico Sierra, Ernesto Sas- 
toque, Jaime Daniel H. Saúl González, Francisco Carranza, Sixto 
Guerra, Alejandrino Bermúdez, Luis E. Tique, Alfonso Godoy, 
Domingo Guarín, José Alfonso Bobadilla, Juan Cante, Miguel 
Martínez, Ignacio Barajas, Alfredo Cedeño, José Velásquez, Víc- 
tor Cruz, Trébul Joaquín, Baltazar Briñez, Baudelio Guerrero, 
Luis Ramírez, Esteban Narváez, Félix Gutiérrez, Eusebio Peral- 
ta, Eraclio Rodríguez, Cristóbal Loaiza, Tirso Arteaga, Angel 
Alberto Castro, Naún Arteaga, Arcadio Riveros, Braulio Sán- 
chez, además de otros cuyos nombres no recordamos. 

"Viendo que frente a un enemigo sanguinario y envalentona- 
do no podíamos seguir sosteniendo una lucha en extremo des- 
igual, cuando aún en todo el país seguían las esperanzas e ilusio- 
nes en las ofertas de "Paz, justicia y libertad" del dictador Ro- 
jas Pinilla, nos vimos obligados a emprender nuestra nueva eta- 
pa de lucha en forma guerrillera, cambiando en un todo los re- 
sultados y las perspectivas. 

"Sostenían acciones de lucha unos cuantos combatientes gue- 
rrilleros de los años 1949 - 1953, quienes después de haberse 
entregado y recibido promesas de respeto a sus vidas y bienes, 
volvieron a ser víctimas de la persecución oficial, siendo asesina- 
dos entre los años 1955 - 1956 los hermanos Pérez Anzola, Ma- 
rio Ribera, Anatolio Romero, Roque Romero e hijo, José Jara- 
millo, además de otros ex-combatientes guerrilleros, nuevamen- 
te perseguidos por los gendarmes al servicio del dictador Rojas 
Pinilla. Ello obligó nuevamente a emprender la resistencia ar- 
mada, por parte de quienes como los jefes guerrilleros Francis- 
co Tafur ("Chaleco") y Oscar Reyes, levantaron la bandera de 
la resistencia contra el dictador. 

"Sabido es que el combatiente y jefe guerrillero Manuel Bar- 
bao, siendo engañado por los voceros del señor Rojas Pinilla, 
fue acribillado cobardemente, mientras aceptaba una entrevista 
de entrega, interesado por el demagogo dictador Rojas Pinilla. 

"En esta larga lucha del campesino contra la dictadura, tam- 
bién han sabido ocupar su puesto de vanguardia los aguerridos 
luchadores del sur del Tolima, Cauca, dirigidos por Fermín Cha- 
rry, Manuel Marulanda Vélez, Juan Trujiilo y Nolvido Rodrí- 



110 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



guez, muerto este último en acción de lucha contra las fuerzas 
punitivas oficiales a fines de 1956" 4 . 

La desocupación de Villarrica ofrece tres aspectos culminantes: 

a) Movilización intempestiva de todo un pueblo, pudiendo 
llevar apenas lo necesario; 

b) Abandono de exilados a lo largo de la vía con desintegra- 
ción de las familias, pues muchos niños no volvieron a saber de 
sus padres, y viceversa; 

c) El ejército prometió responder por los daños que se causa- 
ran en las casas, tiendas y almacenes que quedaron con enseres 
y surtidos a merced de la autoridad. Todo se perdió por sustrac- 
ción y robo verificados por la soldadesca y algunos elementos de 
suboficialidad, sin que nadie hubiera respondido por perjuicios. 

Mediante un proceso deductivo y con base en el estudio de 
los hechos en el terreno, respaldado en múltiples documentos y 
datos, se llega a la conclusión de que el ejército no pudo domi- 
nar a los campesinos, y de que Colombia estuvo abocada irre- 
misiblemente a la ruina total. 

El cambio de Gobierno y la Comisión Investigadora 

La catástrofe se evita con el cambio de gobierno el 10 de ma- 
yo de 1957 que llevó a la dirección del Estado una Junta Mi- 
litar integrada por cinco generales. 

Esta suprema Junta de Gobierno, con anuencia del presidente 
electo doctor Alberto Lleras, nombró mediante el Decreto 
N? 0942 de 27 de mayo de 1958, la Comisión Nacional Inves- 
tigadora de las Causas Actuales de la Violencia. La comisión se 
trazó como meta ir a los poblados, villorrios y zonas devasta- 
das, por atajos y riscos, con un indeclinable sentido de sacrificio. 

El pueblo correspondió ampliamente: "Es la primera vez, de- 
cían los campesinos, que vienen a preguntarnos qué nos pasó; 
a conversar con nosotros sin engaño; a hablarnos de paz sin 
echarnos bala después" 5 . La comisión alcanzó todos los puntos 

4 Colección Guzmán, Doc. N° T-Vr-1. 

5 "Contactos con los Campesinos'*. El Tiempo, noviembre 26 de 1958. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



111 



claves, y logró ponerse en contacto con los cabecillas de todas 
las tendencias, realizando muchas entrevistas en la selva misma 
o en sitios ocultos, prefijados tras múltiples tanteos y condi- 
ciones. 

Se trataba de grupos en armas o multitudes demasiado rece- 
losos, demasiado lesionados, increíblemente desconfiados, con 
modalidades extrañas y estados psicológicos sui géneris que les 
creó el proceso de lucha. 

El planteamiento lógico consistió, para la comisión, en un 
acercamiento a fin de establecer el contacto, y propiciar am- 
biente de "serenización", de confianza, de íntima afloración de 
sentimientos para dar cauce fácil al diálogo, que en estas cir- 
cunstancias significaba desahogo; confesión, anhelo, polimorfismo 
de esta nueva manera de ser del hombre campesino en su doble 
papel de víctima y victimario. 

La Comisión hubo de buscar un verdadero cese del fuego a 
través de convenios, manifiestos y entrevistas. Así pudo lograrse 
un total de 52 pactos de paz, habiéndose realizado cerca de 
20.000 entrevistas personales, sin contar los contactos con agru- 
paciones en pueblos y veredas, lo que presupone un trabajo ago- 
tador que muchas veces se prolongó hasta el amanecer. 

Después de observar el área afectada y llegar a conclusiones 
muy objetivas, la Comisión trató con los gobernadores y luego 
en forma muy amplia con el Presidente, doctor Lleras, sobre las 
medidas que debían adoptarse. Así se sentaron las bases para 
el tratamiento de emergencia que se dio al trauma de la violen- 
cia. La República, diario de oposición en aquellos días, enjui- 
ció así la labor de la Comisión: "Afrontando todas las incomo- 
didades y peligros, ha viajado a sitios afectados por la violen- 
cia y logrado que se suscriban y ejecuten innumerables pactos 
de paz entre bandos en pugna. Nadie sabe cuánta ha sido su la- 
boriosidad, su abnegación, su paciencia, su eficacia. Algún día 
se conocerá plenamente su tarea. Pero bien podemos decir con 
absoluto conocimiento de causa que "nunca tantos debieron 
tanto a tan pocos" 6 . 

El 29 de septiembre, el Presidente Lleras Camargo informa- 
ba a la nación: "La obra de la Comisión que ha venido estu- 

6 La República (Bogotá), Editorial, septiembre 24 de 1958. 



112 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



diando las causas de la violencia y las medidas aconsejables para 
la rehabilitación de las comarcas asoladas y de sus habitantes 
y desplazados, ha sido para el gobierno una orientación cuyo 
valor no podríamos exagerar. La comisión ha recorrido ya casi 
todas las zonas más duramente afectadas y mi impresión es la 
de que por primera vez en diez años se ha tocado el fondo mis- 
mo del problema social, político, económico y moral de esa tra- 
gedia inenarrable. La imparcialidad de la comisión, su devoción, 
su generosidad de espíritu, la excelencia y el equilibrio de su 
integración, han producido más efectos disolventes del rencor 
sectario y de la desconfianza enmontada que ninguna otra ac- 
ción anterior. A sus ilustres miembros debe el país gratitud y 
es posible que les deba en gran parte la paz, si no encontramos 
nuevos obstáculos artificiales en frente de nuestras intenciones" 7 . 

La Revista Semana decía: 

"Sobre el escenario en que fue más cruda la barbarie (Caldas, 
Valle, Tolima, Cauca, Huila) se mueve incansable y acuciosa la 
voluntad pacificadora del gobierno. La encarnan seis personas 
de las que pudo pensarse a primera vista que desaparecerían en 
la magnitud del desastre, pero que en un tiempo tan breve pue- 
den mostrar ya un tranquilizador diario de viaje" 8 . 

Debe destacarse el generoso respaldo de la prensa a la labor de 
la Comisión y la colaboración infatigable de la base de helicóp- 
teros de Melgar, algunos de cuyos integrantes cayeron heroica- 
mente en el empeño de devolver la paz a Colombia. La labor de 
la Comisión dio base para la formación del Comité Ministerial de 
Orden Público, de los Tribunales de Conciliación, de la amnis- 
tía condicionada y de la Oficina Nacional de Rehabilitación, que 
lograron reducir en gran parte la violencia. 

Quizás fue la Oficina de Rehabilitación la entidad más acerba- 
mente combatida en los últimos tiempos. Pero al recorrer hoy de 
nuevo muchas zonas, aparece el ingente esfuerzo realizado por 
la Rehabilitación para restaurar los estragos de la barbarie. No 
obstante, para dar un juicio histórico definitivo hay que esperar 
que se opere un proceso de decantación que está en marcha, máxi- 
me por tratarse de una obra que sigue produciendo su efecto. 

7 Informe radial del Presidente Lleras a la nación, septiembre 29 
de 1948. 

8 Semana, VoL XXIII, diciembre 9 de 1958, p. 37. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



113 



Conclusiones 

Como simple aporte para deducciones posteriores más profuiK 
das y vastas, destacamos algunas conclusiones: 

a) La necesidad de lucha surgió del alma misma del pueblo. 
Esta es la razón de su obstinada persistencia. 

b) La ferocidad se operó como reacción que superó a los atro- 
pellos recibidos. 

c) Muy rápidamente se acumuló en la multitud una dosis ex- 
plosiva de resentimiento, odio larvado, crueldad y sadismo. 

d) El crimen sexual adquirió predominio demasiado notorio. 

e) Los victimados y los torturados se sintieron desprotegidos, 
débiles, y su extroversión se tradujo en crímenes atroces. 

Cabe aducir aquí dos páginas de fuentes opuestas que se deben 
meditar honradamente como explicación del hecho nacional de 
la violencia, configurado, realizado, traducido y aplicado en car- 
ne viva a la patria común. Decía Monseñor Builes: 

"¿Por ventura se registran estos hechos entre los salvajes? 
¿O siquiera entre caníbales? ¿Qué deidad diabólica cierne sus 
negras alas sobre Colombia? ¿En qué país del hemisferio occi- 
dental o en el mundo entero se registran semejantes crueldades 
obedeciendo a una consigna infernal? En ninguna parte. Solo en 
Colombia están ocurriendo tan abominables hechos. Violaciones 
de las vírgenes y de las mujeres que caen en las garras de estos 
vampiros de la virtud; profanación y muerte de los sacerdotes; 
miembros mutilados, lenguas y ojos arrancados, extremidades 
cortadas por partículas, entrañas abiertas a barbera y machete, ca- 
bezas cortadas, pies y rostros desollados; hombres, mujeres y niños 
crucificados, bienes materiales robados y reducidos a pavesas; 
templos, imágenes, objetos sagrados sacrilegamente profanados. El 
infierno en la tierra, sin mano fuerte que contenga eficazmente 
la avalancha y vengue la justicia de tan horrenda manera vio- 
lada"'. 

Y escribía el economista Antonio García, en el prólogo a la 
novela Viento Seco: 

9 Excelentísimo señor Miguel Angel Builes, "Pastoral para la Cuares- 
ma de 1951", transcrito por Testis Fidelis, El basilisco en acción o 
los crímenes del bandolerismo (Medellín, 1953), p. 109. 



8— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



114 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



"La guerra de hoy es una guerra fría y no se realiza entre 
dos bandos armados. De una parte opera una fuerza pública 
que hace la "pacificación" a la manera del General Pablo Mori- 
llo en la época de la Reconquista; de otra, actúa una rebelión 
primaria, elemental, caótica, que devuelve golpes a ciegas y que 
no aspira a decidir políticamente nada. Todas las clases altas 
han desaparecido de este escenario, de esta lucha cruenta, de 
este drama que no da cuartel y que rebasa todas las fronteras 
de la resistencia humana. 

"Hay quien pregunta, ¿por qué se ha perdido el valor de la 
vida humana? 

"Estamos cosechando la única siembra que han hecho nues- 
tros partidos históricos: en esta sangre derramada, en estos de- 
litos infamantes, en esta crueldad sin castigo, se resume el sen- 
tido de nuestra historia partidista. Los verdaderos responsables 
de este derrumbamiento no son los delincuentes vulgares: es el 
sistema político que los toma como sus instrumentos, como sus 
óiganos de dominio, que los alienta, que los estimula, que los 
remunera, que los premia. 

"Ahí está el pueblo, en ese subsuelo anónimo, invisible a los 
ojos, fuera de todo horizonte político. Nadie ha querido verlo: 
ios republicanos de todos los partidos han hablado de su sobe- 
ranía y han escarnecido su incapacidad de moldear y conducir 
su propia suerte. Le han movilizado para las guerras electorales 
o para las guerras civiles y le han dejado ahí, al margen de la 
historia, aislado de una patria que no está presente en sus ne- 
cesidades, en sus problemas, en su drama biológico y espiritual. 

"Los intelectuales, las élites, los grupos dirigentes, son res- 
ponsables de esta degradación multitudinaria, de esta renovada 
mutilación de todos los hombres humildes. . . Son responsables 
por su cobardía, por su egoísmo, por su estrechez moral, por su 
noción deforme de la patria. 

"Todos somos responsables. Todos estamos viviendo — ^con- 
formes, cristianos, fríos, monstruosamente tranquilos — sobre 
esta herencia de sangre. Lloramos leyendo la María, pero nos 
negamos a conmovernos y a detener las aguas negras que corren 
por debajo de nuestros pies y por encima de nuestro espíritu" in . 

10 Antonio García, "Prólogo" a la novela Viento Seco, por Daniel 
Caicedo (Buenos Aires, 1954 ; 3^ cd.), pp. 1543 pnssim. 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



115 



Como epílogo lancinante de todo este tremendo proceso con- 
flictivo que padeciera el país, queda el grito de los campesinos 
antioqueños que así lo estampan en una carta memorable: 

"Hijos y padres de familia caen asesinados en la oscuridad 
de la noche o a la claridad del día. Unas veces dormidos; ya 
limpiándo sus sembrados o bien transportando sus frutos hacia 
el pueblo. . . Multitud de campesinos, abandonan, unos sus cho- 
zas y sus huertas; otros durante semanas y semanas duermen en 
el monte sujetos a las inclemencias del tiempo. Muchos se aglo- 
meran en poblados, sin pan, sin techo y sin abrigo. 

"¿Por qué nos asesinan si nuestro único delito es labrar la 
tierra, creando la riqueza nacional? Ya no hay cosechas. El ha- 
bitante de los pueblos empieza a sufrir la escasez de alimentos. 
¿Por qué tenemos que abandonar nuestros sembrados, fruto de 
nuestra tenacidad y paciencia? 

"Hombres sin Dios y sin conciencia son esos infernales ban- 
doleros. 

"Cadáveres de nuestros hermanos hemos tenido que dejar a 
la intemperie y huir. Hijos agónicos hemos tenido que recoger 
en nuestros brazos" 11 . 



11 Carta de campesinos de Caaasgordas, 4 de julio de 1951, transcrita 
por Testis Fidelis, op. cit., p. 123. 



CAPITULO IV 



Geografía de la Violencia 



Puesto que el período crucial del conflicto se inició poco des- 
pués del asesinato de Gaitán en 1948, y se intensificó en todo 
el país con la campaña presidencial de 1949, conviene detallar 
los sitios donde el proceso se originó y la manera como se fue 
extendiendo por el territorio nacional. 

Parece evidente que, debido a la campaña política, las consig- 
nas dadas por los jefes en Bogotá cubrían todo el país y por lo 
mismo el afloramiento de intimidación y violencia comenzaría 
casi simultáneamente en todas las regiones. Sin embargo, no 
ocurrió así, quedando algunos departamentos como los de Na- 
riño y la Costa Atlántica libres del flagelo; en esta sólo en una pe- 
queña región de Bolívar y al sur de Córdoba se registraron he- 
chos violentos. Mas los fenómenos que son materia del presente 
libro se ensañaron ávidamente en la zona andina del país, desde 
Cauca hasta Norte de Santander y en la región de los Llanos 
Orientales, verificándose una intercontaminación que alcanzó su 
climax entre 1951 y 1953. El descenso en el proceso eliminó los 
focos con excepción de Sumapaz en 1954, para volver a surgir, 
aunque con menos fuerza, durante los dos últimos años del man- 
dato del general Gustavo Rojas Pinilla. Entonces la violencia 
se redujo a Caldas, Valle, Tolima, Cauca, Huila y la región del 
Carare. 

Como se ha visto en los capítulos anteriores, parece que los 
primeros síntomas declarados de violencia ocurrieron casi si- 
multáneamente a mediados de 1949 en sitios del Huila, Santan- 
der, Valle del Cauca y el Tolima. De estos lugares se fue espar- 
ciendo el virus hasta saturar departamentos enteros, como el To- 
lima, o buena parte de ellos, como todos los demás de la región 
andina colombiana. Al momento de su climax el flagelo se había 
expandido en forma tan impresionante que es fuerza meditar so- 



118 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



bre el impacto recibido por el país. (Véase el mapa N° 6) El 
mapa N° 7 no indica que en todos los puntos señalados se hubie- 
se estado guerreando simultáneamente, sino que en tales sitios 
ya se habían registrado hechos notorios de violencia, dejando a 
las comunidades en tal situación de conflicto latente o manifies- 
to de tan considerable tensión, que como un volcán estallarían 
— como aún sucede periódicamente — por cualquier pretexto. Son 
áreas enfermas y conmocionadas que para fines de análisis pue- 
den agruparse en zonas, a saber: la central, constituida por los 
departamentos de Tolima, Huila y Cundinamarca; la nor-orien- 
tal, por los Santanderes y Boyacá; la oriental, por Casanare, San 
Martín y el resto de los Llanos; la occidental por Caldas, Valle, 
el norte del Cauca; y la nor-occidental, por Antioquia, Chocó, el 
sur de Córdoba y parte de Bolívar. 

Zona Central 

La zona central, una de las más azotadas por la violencia, se 
caracterizó especialmente por la piromanía y el sadismo. 

El Tolima presenta grandes latifundios en la parte que bordea 
el río Magdalena, denominada "el llano*', y explotaciones de café, 
plátano y cacao en las estribaciones de la cordillera central. Esta 
región antiguamente ocupada por indígenas hoy recluidos en la 
sección de Natagaima, Coyaima. Ortega y Purificación, se en- 
cuentra colonizada ahora por mestizos locales o "tolimenses pu- 
ros" que han preferido las zonas calientes y templadas; por an- 
tioqueños que han inmigrado a las partes frías; por cundinamar- 
queses y boyacenses que se han ubicado en las tierras más altas 
y en los páramos. Estos grupos muchas veces no se miran bien 
y evitan fundirse. La raza negra no echó raíces en el Tolima. 

En términos generales, el tolimense se distingue por un tem- 
peramento alegre y cordial, expansivo y musical; es poco exigen- 
te y muy generoso. El golpe de la violencia fue cambiando su 
conducta en forma impresionante, hasta el punto de que perso- 
nas aparentemente incapaces de cometer crímenes los ejecuta- 
ron y se acostumbraron a ellos. En esta ubérrima región colom- 
biana 33 jefes guerrilleros y grupos se dividieron el campo así: 




Mapa N<? 10 



120 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Sub-zona Sur 



Jefes de Grupo 

Gerardo Loaiza 
Leopoldo García 
Rafael Valencia 
Jesús María Oviedo 
Hermógenes Vargas 
Marcos Olivera 
Serafín Olivera 
Prías Alape 
Uldarico Pacheco 
Francisco Pacheco 
"Malambo" 
Teodoro Tacumá 



Centro de Operaciones 

Ríoblanco 

Herrera 

Las Hermosas 

Planadas 

La Profunda 

Casaverde 

Casaverde 

Gaitania 

Copete y Mangas 
Copete y Mangas 
Coyaima 
Natagaima 



Sub-zona Occidental 



Eusebio I^azo 
Tiberio Borja 
Leónidas Borja 



San Antonio 

La Estrella y la Rivera (Rovira^ 
Ibagué 



Sub-zona Central 



Teófilo Rojas 
Los Cantillo 
Bolívar Guzmán 
Cosme Guayara 



Rovira, Ibagué, Cajamarca 
Andes (Rovira) 
San Luis 
El Valle 



Sub-zona Oriental 



Jeremías Ortigosa 
Silvestre Bermúdez 
Marcos Jiménez 
Germán Quiceno 
Cesáreo Hernández 
Juan de la Cruz Várela 



Alpu jarra 
Prado 
Villarrica 
Cunday 
La Aurora 

Sumapaz e Icononzo 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



121 



Sub-zona Norte 



Jefes de Grupo 

Agustín Bonilla 
Bertulfo Murillo 
Luis Gallego 
Pedro Nel Avila 
N. Alaguna 
Joaquín González 
Teódulo Escobar 
Maximiliano Correa 
Juan Giraldo 
Víctor Ordóñez 



Centro de Operaciones 

Venadillo 

Anzoátegui 

Líbano 

Líbano 

Líbano 

Líbano 

Villahermosa 

Casabianca - Herveo 

Fresno 

Falan 



En el momento álgido del conflicto, 40 de los 42 municipios 
tolimenses recibieron el impacto brutal de la violencia sea por 
la acción de grupos partidistas, por la policía o por las fuerzas 
comandadas por los jefes detallados atrás. Tales municipios fue- 



ron los siguientes: 



Alpu jarra 


Guamo 


Alvarado 


Herveo 


Ambalema 


Ibagué 


Anzoátegui 


Icononzo 


Armero 


Lérida 


Ataco 


Líbano 


Cajamarca 


Mariquita 


Carmen de Apicalá 


Melgar 


Casabianca 


Natagaima 


Coello 


Ortega 


Coyaima 


Piedras 


Cunday 


Prado 


Chaparral 


Purificación 


Dolores 


Ríoblanco 


Falan 


Roncesvalles 


Fresno 


Rovira 


San Antonio 


Valle de San Juan 


San Luis 


Venadillo 


Santa Isabel 


Villahermosa 


Suárez 


Villarrica 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 




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Mapa \" 1 I 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



123 



Parte del Huila se caracteriza por una región semidesértica, 
donde solo se utilizan las vegas de algunos ríos, bordeados por 
fértiles colinas. También allí predominan el latifundio y las ex- 
plotaciones extensivas, aunque tiene importancia el cultivo del 
cacao. Las gentes sencillas, cordiales e ingenuas, también resul- 
taron victimadas por la violencia, cuyos principales jefes de 
guerrillas y grupos fueron: 



Jefes de Grupo Centro de Operaciones 

"Tirofijó" San Luis, Organos 

José J^eal Aipe (Praga, Santa Rita) 

"Pintuco" Hobo 

JJermó genes Salgado Algeciras 

Oscar Reyes Baraya. 

Su campo de acción fue grande, como lo demuestran, los sitios 
siguientes donde actuaron: 

Aipe (Praga) Colombia 

Algeciras Hobo 

Baraya Iquira 

Campoalegre Neiva (Vegalarga) 

Palermo Teruel 

Rivera Villa vieja 
Tello (San Andrés) 

Además, en el Caquetá se afectaron San Vicente del Caguán, 
Guacamayas y los llanos del Yarí. 

Cundinamarca, en el corazón del país, es un departamento de 
grandes contrastes. Al lado de urbes como Bogotá, Girardot, Zi- 
paquirá y Fusagasugá se encuentran zonas subdesarrolladas y 
hasta baldíos completamente vírgenes. Aunque existen grandes pro- 
piedades la economía gira alrededor de la pequeña explotación 
papera, triguera y cebadera, cuyos habitantes siguen teniendo 
un bajo nivel de vida. Los campesinos cundinamarqueses son re- 
servados, desconfiados como sus hermanos boyacenses, que per- 
tenecen a la misma área cultural, y como ellos suelen ser crue- 
les y tercos en sus determinaciones. 



124 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



En Cundinamarca, aparecieron los siguientes jefes: 

Jefes de Grupo Centro de Operaciones 



Saúl Fajardo 
Drigelio Olarte 
Alvaro Lombo 
Heraldo Soto 



La Palma 
Yacopí 
Yacopí 
Topaipí 



El terreno afectado comprendió los 15 municipios siguien- 
tes, además de la región de Sumapaz y la zona limítrofe con el 
Meta : 



Caparrapí 

Carmen de Carupa 

Guaduas (Guaduero, La Paz) 

La Palma 

Medina 

Pandi 

Puerto Salgar 



San Cayetano 

San Juan de Rioseco 

Tibacuy 

Topaipí 

Ubalá 

Vianí 

Viotá 

Yacopí 



Zona Nor-oriental 

En Boyacá y los Santanderes la violencia tuvo caracteres po- 
líticos muy marcados, en contraste con otras partes donde ofreció 
también fuertes causaciones económicas. Estos dos departamen- 
tos se caracterizan por un excesivo minifundio y la pequeña eco- 
nomía representada por fincas de papa, trigo, cebada, maíz, y 
otros productos. Hace poco se construyó en Paz de Río (Boya- 
cá) la primera gran siderúrgica nacional. Pero el boyacense de 
naturaleza pasiva y desconfiada, muy apegado a la rutina, poco 
ha reaccionado ante aquella importante innovación industrial. 

Ambos departamentos son pobres, aunque sus gentes sean 
esforzadas e industriosas. Sus campesinos han sido carne de ca- 
ñón en todas nuestras contiendas civiles; y de ellos salieron al- 
gunos de los elementos más crueles y sádicos en la ejecución de 
la violencia. 




Mapa N? 13 



126 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



En Boyacá actuaron dos familias como jefes, los Villamarín 
y los Bautista, la primera en El Cocuy y la segunda en la región 
de Aguaclara y Upía. Los municipios boyacenses más lesiona- 
dos por la violencia, excluyendo los de Casanare, fueron: 



Berbeo (San Eduardo) 
Boavita 

Campohermoso 

Coper 

Chámeza 

Chita 

El Cocuy 

El Espino 

La Salina 



Miraflores 

Muzo 

Pajarito 

Puebloviejo 

Recetor 

Socotá 

Sogamoso 

Tasco 

Villa de Leiva 



En Santander actuaron como jefes, Rafael Rangel en el sec- 
tor de Barrancabermeja y San Vicente, y Marcos Mora sobre la 
línea del Ferrocarril de Puerto Wilches; no hay información 
sobre sus colegas nortcsantandereanos. Las partes de Santander 
que más sufrieron durante aquellos años, además de las áreas 
colindantes con Antioquia y Boyacá fueron: 



Albania 

Barrancaberme j a 

Carcasí 

Guaca 

Jesús María (Florián) 
Onzaga 

Puente Nacional 



Puerto Wilches 
San Andrés 
San Gil 

San Vicente de Chucurí 

Socorro 

Suratá 

Vélez 



En el Norte de Santander solo ocho municipios aparecen in- 
tensamente afectados: 



Arboledas 
Convención 
Cucutilla 
El Carmen 



Labateca 
Salazar 
Silos 
Toledo 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



127 




128 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Zona oriental 

El área geográfica de violencia fue prácticamente toda la com- 
prendida por Arauca, Casanare, El Meta, el Alto Caquetá y el 
Vichada. El proceso afectó las fundaciones y hastos de tierra 
adentro y los sitios y conucos ribereños de los grandes ríos. En 
esta zona se efectuaron inicialmente las acciones bélicas de más 
extraordinaria complejidad y alcance. Fue aquí donde estuvo a 
punto de consolidarse un comando general de guerrillas y un 
frente unido en contra de las fuerzas del gobierno. La violencia, 
al principio política, adquirió pronto un viso económico adicio- 
nal, con algunas expresiones de antagonismo religioso. 

Al contrario de lo que acaece en el interior, la aldea es el 
suburbio de la pampa. Al hablar así se alude a los caseríos del 
llano adentro, donde vegetan los advenedizos, los "guates", que 
llegan a morirse entre tenducos, devorados por el tedio de un 
comercio incipiente. El "señorío", lo que humanamente vale pa- 
ra los llaneros, se encuentra en el hato. El hato es el alma del 
llano. 

La economía depende casi toda de la explotación ganadera, 
alrededor de la cual se han organizado los grupos humanos lo- 
cales. Importa considerar los conuqueros, los vegueros, los ca- 
balliceros, los vaqueros y los caporales. Todos tomaron parte 
activa en acciones de armas. 

El conuquero, que vive infelizmente en un rancho, siempre 
acosado por los dueños del hato, no tiene, no puede tener gana- 
do. El dueño cree que los conuqueros son agentes del cuatre- 
rismo, por lo que frecuentemente les mandan registrar sus míse- 
ras viviendas. Dueño y conuquero son sinónimos de perseguidor 
y perseguido y entre ellos existirá siempre una inocultable ani- 
madversión. En el fondo de la tragedia, los conuqueros son lle- 
vados inicialmente a la lucha, pero después los señores se vuel- 
ven contra ellos, acrecentando la vieja rencilla. En la vida de 
interrelación se le tiene en menos: "Eres un conuquero", se le 
dice a una persona para despreciarla. 

En el Llano el magnate no siembra. La labor agrícola está 
encomendada al veguero, dueño de algunas reses y una casa 
ubicada en la ribera de los ríos dentro de los grandes fundos. 
El señor del hato le paga los víveres (plátano y yuca) con vacas 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



129 



viejas para "carnear". En el Llano adentro, vive esclavizado a 
tal intercambio comercial desproporcionado. 

El caballicero cuida de los caballos para las faenas, se levan- 
ta a las dos de la mañana, toma un poco de café y sale hacia la 
llanura para regresar al mediodía después de revisar las briga- 
das. En esto se ocupan adolescentes y jóvenes que así se curten 
en la lucha. En el Llano todo se sabe: el caballicero es el insus- 
tituible correo de la pampa. 

El vaquero tiene en el Llano categoría social. Ser vaquero 
es un honor. Generalmente es dueño del caballo, la silla, la soga 
e implementos con que realiza la faena, de forma que los ins- 
trumentos de producción pertenecen al trabajador. Es el único 
capaz de realizar la tarea abrumadora del pastoreo que lo obli- 
ga a permanecer a caballo todo el día. 

El encargado o mayordomo cuida del hato, donde trabaja 
con la mujer y los hijos. Gana sueldo mensual, pero toda su 
familia sirve al amo gratuitamente. 

El caporal es el dueño teórico del Llano, el que mejor com- 
prende su eclosión vital y el lenguaje polimorfo de los ríos, ban- 
cos de sabana, matas de monte, morichales, caños, tembladales 
y caminos de urdimbre indescifrable. Es el jefe de la ganadería: 
con un vaquero por cada 20 novillos, conduce los rebaños de 
una parte a otra o hasta Villavicencio, Sogamoso y Cúcuta. Na- 
die como él conoce la técnica del "ganadeo" que implica el ro- 
deo, la hierra, la marcada, la selección para la venta, la cura y 
el amaño para que no se cuajen las cimarroneras. Los capora- 
les fueron los mejores jefes de la revolución. 

Al caporal que arrea las partidas lo acompaña un típico per- 
sonaje al que los llaneros llaman "corinche" o "coquis", o sea 
el peón que se encarga del rancho y el avituallamiento. 

Cuando el Llano no había sufrido el impacto de la violencia, 
predominaba un increíble desprejuicio sexual, al punto de que 
casi nunca se registraron atentados contra el honor de la mujer. 
En cambio eran comunes las uniones de niñas de 13 y 14 años 
con hombres maduros o viejos, registrándose una inmensa des- 
proporción de edades o al contrario, casos de jóvenes vincula- 
dos a mujeres mucho mayores. Además eran acrisoladamente 
honrados. 



9 — LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



130 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Los jefes guerrilleros en los Llanos, algunos de los cuales ad- 
quirieron talla nacional, o convirtió el pueblo en figuras de le- 
yenda, fueron los siguientes: 

Sub-zona Norte 
(Del río Arauca al río Casanare) 
Jefes de Grupo Centro de Operaciones 



N. Villamizar 
Mario Escobar 
José Carreño 



Tame 

Sabanas de Arauca 
Cravo Norte 



Sub-zona Central 



(Del río Casanare al Upía y luego hacia el Oriente por todo el 
Meta hasta dar con la desembocadura del Casanare) . 



Luis Es guerra 

Elíseo Velásquez 

Alfredo Parada 

Marco Tulio Rey 

Eduardo Franco 

Alberto Hoyos 

Jorge y Rafael Betancourt 

Isaac Vergara 

Los Parra 

Raúl Sarmiento 

N. Rodríguez ("El Pote') 

Guadalupe Salcedo 

Mariano Luna 



Entre Casanare y Ariporo 

Del río Ariporo al Guanapalo 

Guanapalo 

Maní 

Yopal 

Poyatas 

Pauto 

Sobre el Guachiría 
De Humea a Tauramena 
En Guayabal sobre el Meta 
El Unete 

Del Casanare al Meta 
Moreno 



Sub-zona Sur 

(Del Meta hasta San Vicente del Caguán en el alto Caquetá y 
el río Guaviare). 



¡ inicio e Ignacio Romero 

Los Fonseca 

Los Castrillón 

Dumat Aljure 

José A. Castañeda 

Martín Camargo 

José Leal 



Cháviva y Remolino 
Upía 

San Martín 

San Juan de Arama 

El Pato 

Guayabero 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENGfA 



131 



Zona Occidental 

En la zona occidental con Caldas y Valle se desarrolló una 
violencia citadina, motorizada, cumplida por sicarios y de fi- 
nalidad marcadamente económica con pretexto de móviles po- 
líticos. En Caldas se desató alrededor de la explotación del café, 
bajo la égida de tres jefes en el occidente: Roberto González, el 
Sargento García y "Venganza", con centro de operaciones en 
Quinchía. Fueron afectados los siguientes sitios principales, ade- 
más de las márgenes del río Magdalena: 



Anserma 


Marquetalia 


Apía 


Marsella 


Armenia 


Mistrató 


Balboa (La Celia) 


Montenegro 


Belalcázar 


Pijao 


Belén de Umbría 


Pueblorrico 


Calarcá (Córdoba) 


Quimbaya 


Circasia 


Quinchía 


Finlandia 


Riosucio 


Génova 


Risaralda 


Guática 


Salento 


La Dorada 


Santuario 


Marmato 


Supía 



El sino de Caldas en cuanto a la violencia ha sido paradójico, 
porque es el departamento colombiano que goza, aparentemen- 
te, del más alto nivel de vida. Allí, según los sociólogos, se ha 
desarrollado una verdadera clase media rural que tuvo su origen 
en las inmigraciones de antioqueños al Quindío desde mediados 
del siglo XIX. Una mentalidad especial de empresa con un sen- 
tido de independencia ha hecho de Caldas una región próspera. 
Pero quizás su riqueza, como se dice más adelante, sea la causa 
de su desgracia. Los explotadores del café, en su mayoría mi- 
nifundistas, han debido sufrir el impacto de la confusión cau- 
sada por el robo y el ansia de tierras. Sus fértiles montañas se 
han visto así manchadas de sangre, y sus habitantes no han 
podido resolver el problema económico que les lleva a la 
violencia. 



132 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 




»i»ete>eu *w» nt*»j» €uzma» c 

r»ci/ime a* socotos/A oí Mego** 



Mapa W 14 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



133 



En el Valle del Cauca ha ocurrido un peculiar fenómeno: la 
violencia es amorfa y difusa, no se ha concentrado en jefes, y 
por lo mismo ha sido más difícil de determinar y combatir. 
Allí, literalmente, la violencia está en el aire, en el ambiente 
urbano y rural. Fue esta la región predilecta de las incursiones 
del famoso jefe de los "pájaros" "El Cóndor" León María Lo- 
zano y de bandoleros como "El Vampiro" y "Lamparilla" que 
actuaron en El Dovio y otras secciones. Por lo menos 24 muni- 
cipios de los 40 del departamento sufrieron el impacto directo 
del proceso que estudiamos: 

Alcalá Cartago 

Andalucía Cerrito 

Ansermanuevo (El Billar) El Aguila 

Bugalagrande (Ceilán) El Cairo 

Caicedonia (Aures) Florida 

Candelaria (Cabuyal) La Unión 

La Victoria Sevilla 

Obando Toro (Argelia) 

Pradera Trujillo 

Restrepo Tuluá (Barragán, Frazadas) 

Riofrío (Fenicia) Ulloa 

Roldanillo Versalles 

Siendo una de las regiones más ricas de Colombia, el Valle 
presenta la característica nacional muy pronunciada de combi- 
nar el latifundio que ocupa las mejores extensiones, con el mi- 
nifundio concentrado en áreas reducidas localizadas en regiones 
quebradas y montes. La industria de la caña ha adquirido im- 
portancia con algunos grandes ingenios. El fríjol, el maíz, la 
soya, el tabaco y el tomate también son cultivos de consideración. 
Los contrastes regionales se han agudizado con el exagerado creci- 
miento de Cali, ciudad que es hoy el principal centro industrial del 
occidente colombiano. Por una muy honda descomposición de 
estamentos, la violencia será en el Valle de muy larga, difícil y 
complicada erradicación. 

El Cauca se ha mantenido en Colombia casi como una ínsula, 
aunque no tanto como Nariño. Allí quedan restos importantes 
de población indígena, algunos de cuyos grupos sufrieron la 
violencia, que en general se desarrolló más en áreas mestizas. 
Predomina en el Cauca el latifundio subexplotado con todas sus 
arandelas. La industria casi no ha hecho allí su aparición. El 
pueblo es extremadamente pobre. 




Mapa N? 15 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



135 



En tal ambiente aparecieron como jefes: Ciro Castaño en 
Tierradentro ; Laurentino Perdomo en Símbola-Páez ; y Floren- 
tino Cedeño en Riochiquito, sin contar a los que actuaron sobre 
las regiones de Caloto (El Pato, El Placer), Corinto (Mediana- 
ranja), Miranda, Santander y Toribío (Tacueyó, Santo Do- 
mingo) . 

Zona A ] or -occidental 

En la zona antioqueña y chocoana se observó en forma par- 
ticular el crimen sexual y el sadismo sobre partes pubendas, ade- 
más de otros actos de fuerza y coerción. Antioquia, en con- 
tra de lo que muchos creen, sufrió agudamente por la violencia, 
como lo demuestra la siguiente lista de 40 municipios afectados: 



Abriaquí 

Amagá (La Clarita) 
Angelópolis (La Cascada-La 
Uva) 

Bolívar (La Mansa) 

Buriticá 

Caicedo 

Cañasgordas (Cestillal-Urami- 

ta) 
Caramanta 

Caucasia (Colorado-Margento- 

Nechí) 
Cocorná (Aquitania) 
Concordia (Bolombolo) 
Chigorodó 

Dabeiba (Uramagrande) 

Ebéjico 

Envigado 

Fredonia (Piedraverde) 
Frontino (Murrí) 
Ituango 
Maceo 



Antioquia (Altamira) 

Anzá 

Bello 

Betulia 

Pavarandocito (Mutatá) 

Peque 

Pueblorrico 

Puerto Berrío (Puerto Nare) 

Remedios 

Rionegro 

Sabanalarga 

Salgar (La Cámara-La Siberia) 
San Luis (Puerto Perales-Puer- 
to Triunfo) 
Santa Bárbara 
Segovia 
Sopetrán 
Titiribí 
Turbo 
Urrao 
Valdivia 
Venecia 



136 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 




HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



137 



En ellos actuaron por lo menos 14 jefes de grupos en con- 
flicto incluyendo los que se circunscribieron a las riberas del 
bajo Magdalena: 

Jefes de Grupo Centro de Operaciones 

Juan de J. Franco Urrao (Pavón) 

"El Gordo" Camparrusia 

Aníbal Pineda Camparrusia 

Vidal Torres Sabanalarga 

/. M. Flórez Ariza (Altamira) 

"El Pálido" Betulia 

José Chavarriaga Concordia 

"El Barroseño" Concordia 

Ramón Rodríguez Bajo Magdalena 

Rodolfo Peña Bajo Magdalena 

Julio Noval P. Bajo Magdalena 

José J. Bailen Bajo Magdalena 

Rafael A. Palomino Bajo Magdalena 

Pueblo blanco-mulato eminentemente industrioso, frugal y 
piadoso, el antioqueño se ha distinguido entre los grupos co- 
lombianos por su dinamismo, sus altas tasas de fertilidad y sus 
emigraciones. Los escarpados montes en que vive, medio ero- 
dados ya, son incapaces de mantener a la población aparte de 
que el minifundio allí está llegando a ser asfixiante para las 
grandes familias. Las minas de oro y plata que una vez dieron 
fama a Antioquia se están agotando, y el departamento busca 
hoy salidas en la industrialización. 

En cuanto al Chocó, prácticamente marginado de la vida 
económica nacional, excepción hecha de la explotación de bos- 
ques y minerales, la violencia bajó a él de Antioquia, afectan- 
do las márgenes del Atrato, el Carmen de Atrato, Napipí, Nau- 
ritá, Urequí (Jurado, Cupica) y Quibdó (Bebará, Bojayá). Su 
pueblo, casi enteramente de raza negra, no produjo líderes du- 
rante el conflicto. Allí actuaron Juan A. Romana en la región 
de Bojayá y Pablo Córdoba en las vertientes hacia Antioquia. 

Finalmente, debe tomarse nota de la esporádica aparición de 
la violencia en la Costa Atlántica, donde sus gentes mulatas y 
negras (y en parte mestizas) pudieron defenderse fácilmente 
del contagio, quizá gracias a su naturaleza abierta, franca, ami- 



HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 



139 



gable, y a su gran virtud de la tolerancia. La región es eminen- 
temente ganadera y en ella aparecen los latifundios más exten- 
sos del país. 

Además del alto Sinú en Córdoba y de La Paz en el Magdalena, 
los sitios del Departamento de Bolívar donde esporádicamente 
ocurrieron hechos de violencia fueron: 

Achí (Villa Uribe, Regenera- Olaya Herrera (Norosí) 



Por el estudio que antecede puede colegirse que la violencia 
como fenómeno social no respetó raza ni economía y que se 
ensañó así en áreas de minifundio como de latifundio, en las 
prósperas y en las miserables, en los desiertos y en las vegas, 
en los valles ardientes y en los páramos andinos. Debe notarse 
que sigue las pautas nacionales generales, y que por lo mismo 
tales pautas no pueden citarse como causas de la violencia, por 
ser, para el caso, verdaderas constantes. Así, al estudiar los mu- 
nicipios afectados por la violencia para los cuales se dispone de 
información sobre pisos térmicos (los de Caldas y Cauca, por 
el Departamento de Seguridad Social Campesina del Ministerio 
del Trabajo), se observa que una gran mayoría de ellos se en- 
cuentran en el templado; pero igual cosa acaece con el resto de 
los municipios no afectados. 

Al relacionar los municipios que sufrieron la violencia con 
el único índice de tenencia de tierras de que disponemos (uno 
indirecto del Censo de 1951, la declaración sobre la vivienda en 
localidades fuera de las cabeceras), se concluye que en ellos 
aparecen indistintamente la alta como la baja incidencia de la 
propiedad privada. Las diferencias no fueron estadísticamente 
significativas. Como casos ilustrativos pueden citarse El Espi- 
nal y Honda, con índices de propiedad del 76.4 por ciento y del 
41.9 por ciento respectivamente, sitios donde no ocurrieron he- 
chos de violencia que pueden compararse con Prado (75.2 por 
ciento de propietarios) y Ambalema (45.2 por ciento), que su- 



ción) 
Ayapel (Rionuevo) 
Carmen de Bolívar 
Guamo (Lata) 
María la Baja (San Pablo) 



Regencia 

San Jacinto 

San Juan Nepomuceno 

San Onofre 



Otros aspectos regionales y humanos 



140 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



frieron un impacto profundo. En general, puede decirse que la 
violencia ocurrió en sitios donde la propiedad privada se bus- 
có afanosamente por medios no institucionalizados ni aprobados, 
aunque ella en efecto predominara, como en todo el país. 

Algo semejante puede aducirse respecto a la educación. El 
análisis estadístico demostró que los municipios afectados por 
la violencia tenían una tasa de analfabetismo en sus áreas rura- 
les ("otras localidades") que no divergía extremadamente de 
la tasa nacional, que para las mismas áreas era del 55 por cien- 
to en 1951 (población de 7 y más años de edad). Debe obser- 
varse, no obstante, que existe una marcada tendencia hacia al- 
tas tasas de analfabetismo en las áreas rurales de los municipios 
afectados, lo mismo que en los no afectados. 



SEGUNDA PARTE 
Elementos Estructurales del Conflicto 



CAPITULO V 



Los Grupos en Conflicto 



La lucha armada y la coacción hacen surgir prácticamente 
diversos grupos bélicos ofensivo-defensivos que constituyen el 
núcleo de la dinámica de la violencia y cuyo funcionamiento se 
estudia en el presente capítulo. Son ellos: la comunidad despla- 
zada, la guerrilla, el comando, la cuadrilla y los "pájaros". 
Además, se toma nota de otros grupos de coacción como el del 
bloqueo al intelectual, el del fletero y el de la cofradía de ma- 
yordomos. Pero no sería posible entender estos grupos, su ma- 
nera de proceder y actuar, sin un conocimiento del elemento 
humano que los integró, incluyendo el papel que desempeñaron 
las mujeres y los niños en el conflicto 

El elemento humano 

Tanto los jefes de grupo como sus seguidores son esencial- 
mente rurícolas. Casi no figuran elementos urbanos, excepción he- 
cha de algunos de contacto. Su edad fluctúa entre los 14 y los 
35 años con pocas excepciones. Se ocupan en la faena agrícola 
o ganadera; entre ellos hubo contadísimos estudiantes y ningún 
obrero industrial. Son peones o pequeños propietarios cuyos ran- 
chos y sembradíos desaparecieron por tala o incendio. Casi siem- 
pre operan lejos de sus propiedades de donde salieron por obra de 
exilio causado por venganza, retaliación, odio o interés econó- 
mico; conservan honda la esperanza de retorno a la parcela, pues 
aspiran a la libertad y a la justicia. Su nivel de escolaridad no 
pasa del de la escuela rural alternada. La mayoría no sabe leer 
y escribir: de un sondeo que se logró verificar en Herrera (To- 
lima) de 100 guerrilleros solo sabían leer 5. Psicológicamente 
los ha plasmado su región y su grupo social. Pertenecen al tipo 
humano del mestizo con excepción de las zonas negras del Cho- 
có y Puerto Tejada y las indígenas de Coyaima, Natagaima y 



144 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Ortega en el Tolima, Tierradentro, Toribío y Jámbalo en el 
Cauca. En una mayoría casi absoluta pertenecen a la religión 
católica y tienen una creencia. ¿Por qué se matan? ¿Por qué el 
odio superó no sólo los valores religiosos sino todos los valores? 

Hombres elementales, primitivos, de mínima educación, sin 
asimilación ni conciencia de la historia, sensibles a su música 
que es bella, cadenciosa, de insinuante ritmo que se va alma 
adentro, fieramente celosos del honor y de su hogar, buenos 
hijos, son largos en el derroche del dinero y del alcohol. Las 
agrupaciones juveniles patentizan aversión marcada a la coexis- 
tencia pacífica, más cuando no han logrado todavía algún ascen- 
so en escalafones guerrilleros. Cierto bambuco traduce una aspi- 
ración común muy suya: 

A mí denme un aguardiente 
un aguardiente de caña; 
de las cañas de mis valles 
y el anís de mis montañas. 

No me den trago extranjero 
que es caro y no sabe a bueno 
y porque yo quiero siempre 
lo de mi tierra primero. 

No se puede entender al campesino, y menos al campesino 
guerrillero, sin admitir que posee ideas muy características so- 
bre la tierra, el trabajo, la autoridad, la vida, la patria, la fami- 
lia, la religión, la propiedad, la sociedad y el amor. 

Este campesino nuestro metido a soldado, extrovertido si vie- 
ne de la llanura, introvertido si de la zona cordillerana, posee 
fino sentido de observación y captación de los hombres; para 
algo le sirve su gran dosis de malicia indígena. . . y la experien- 
cia de diez años de lucha. 

Es exaltado en política, laborioso y con una desconcertante 
capacidad de resistencia, austeridad y sacrificio que aún no se 
ha valorado en su contenido magnífico. Inexplorado en su psi- 
quis, las clases dirigentes no han aprendido a acercársele con 
miras distintas a explotarlo o despreciarlo, como que de él ape- 
nas conocen los fáciles caminos por donde la demagogia atiza 
pasiones primarias de odio y bandería. Para él no hay médico 
rural ni juez humano; basta decir que en los reductos donde se 
ocultaron las masas campesinas jamás se estableció profesional 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 145 

alguno. Así desfila el hombre rural frente a la vida en condición 
desventajosa, como entraña que es de un pueblo subdesarrollado. 
Es en este barro de múltiples potencialidades contradictorias 
donde cae la simiente de la violencia. 

De ese material humano brotan los guerrilleros y los bando- 
leros. Por guerrillero se entiende hoy al hombre que luchó por 
un ideal y ahora se dedica al trabajo, sometido a la ley. Bando- 
lero es sinónimo de quien luchó otrora, pero hogaño no quiso o 
no pudo permanecer en paz y decidió vivir al margen de toda 
norma legal. 

¿Qué papel desempeñó la mujer dentro de esta lucha? 

Acompañó al grupo familiar trashumante, atendió el vivac, 
cosió uniformes, remendó harapos y sirvió de ojos y oídos a 
las guerrillas. Su labor de espionaje se facilitaba por razón de 
su sexo, hasta que se decretó su exterminio sistemático. Algu- 
nas, muy hábiles, lograron neutralizar con amorosos arrumacos 
a oficiales donjuanescos destacados a zonas convulsionadas. No 
fue raro el caso de que mientras la avispada doña recibía cari- 
cias militares en una alcoba, en la siguiente se ocultaban los 
guerrilleros que conocían de inmediato los planes arrancados a 
los incautos por las artimañas de la hembra. 

Hubo muchos actos de heroísmo y sacrificio por parte de la 
mujer, que se encontró envuelta en los grupos de conflicto. Una, 
llamada Elvira, amarrada a un trapiche, pide que maten al hijo 
recién nacido que lleva en los brazos si ella ha de morir entre 
las llamas. 

" — Da miedo con esta chusma, dice el teniente, y dirigiéndose 
a la mujer que se asfixia caldeada por el fuego de su propia 
casa le pregunta: 

" — ¿Así son todas? 

" — ¡Así deben ser!, responde Elvira, la altiva y grande moza! 

" — ¡Que la suelten por valiente!, responde el oficial" 1 . 

En el Llano, cuando se da la orden de arrasamiento, las mul- 
titudes se refugian en las zonas boscosas acosadas por el asedio 

1 Eduardo Franco Isaza, Las guerrillas del Llano (Bogotá, 1959). 
p. 154. 



-A VIOLENCIA EN COLOMBIA 



146 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



de aviones, contraguerrillas, baquianos y delatores. Allí arriba 
la caravana de mujeres oneradas con la gravidez que poblará 
de nuevo hombres la llanura. Cada parto señala los hitos de la 
libertad. De los comandos llega la orden de emigrar, guiados 
por José Antonio Balaguera y el viejo Félix Pérez. Dos hombres 
de pura cepa llanera y más de trescientas personas entre muje- 
res y niños. La columna avanza desde las seis hasta las ocho de 
la mañana y desde las cuatro de la tarde hasta las ocho de la 
noche. A otras horas del día los aviones rondan como moscar- 
dones famélicos por los caños y los ríos. El sigilo de la marcha 
no impidió que un día tres aviones los sorprendieran en 
un recodo donde se bañaban. "Ante el peligro saltamos des- 
nudas al boscaje. Allí esperamos en cuclillas mientras las ame- 
tralladoras nos lanzaban su escupitajo de plomo. . . Yo veía 
saltar la arena menudita con los impactos intermitentes de cada 
ráfaga. Había una mujer joven, agazapada tras un tronco, blan- 
co fácil de los pilotos, por encontrarse muy cerca del río. Apreta- 
ba una niñita de ocho años contra su pecho. Los aviones arro- 
jaron cuatro bombas. Miré hacia abajo después del natural mo- 
vimiento reflejo con que me cubrí los ojos y vi a la mujer ya- 
cente en la arena, salpicado el moreno tinte de su piel por bro- 
chazos de sangre y girones de intestinos. La negra cabellera le 
cubría parte del rostro, mientras la niña lanzaba alaridos des- 
garradores. Allí enterramos a Marta ante la mudez de la selva 
y el eco de nuestros sollozos" 2 . 

Así, el desfile de mujeres va desde Las Delicias por las costas 
del Ariporo y La Victoria hasta el Meta por el que llega a San 
Jorge y La Culebra, donde es bombardeado. En la confusión la 
multitud se fracciona y uno de los grupos cruza la llanura del 
Vichada, llega hasta San José de Ocuné y retorna de nuevo al 
Meta, para internarse por la Mapora en Venezuela y formar en 
Cararabo un pueblo dantesco de exilados colombianos. La gesta 
de los héroes que en los días de independencia cruzaron la lla- 
nura, la repitió un desnutrido escuadrón de mujeres tan heroicas 
como los viejos centauros. 

En otras ocasiones la mujer debió someterse al destino inexo- 
rable de la violencia, acomodándose a las circunstancias, como 
ocurrió en San Pablo (Tolima), después del genocidio. Algunas 

2 Lilia Castellanos v. de Sánchez, Mi vida entre guerrillas, inédita. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 147 



de las viudas que permanecieron en el poblado fueron obligadas 
a unirse con los usurpadores. Al emigrar a las ciudades o a las 
poblaciones, muchas quedaron esclavizadas al negocio de la 
prostitución o a la trata de blancas. 

Asimismo, en el subfondo del proceso se ve pasar al niño 
como elemento activo de la tragedia. Pequeños soldados y futu- 
ros jefes; asesinos y criminales del mañana; clientela de cár- 
celes y estrados judiciales, serán el azote de una sociedad que 
los frustró. Veamos, para comenzar, el caso de "Caporal" que 
menciona Vásquez Santos: 

"Como una prolongación de la misma tierra, "Caporal" ha- 
bía sido la estatua móvil que no daba tregua al enemigo, ni 
oportunidad a la inacción, ni campo a la pasividad. "Caporal" 
había nacido para unificar acción y pensamiento, sin minuto 
de diferencia: pensar, . decidir y ejecutar, en término de segun- 
dos, era privilegio de este niño que acaso hubiese sido enviado 
por Dios para dar testimonio de la tremenda capacidad bata- 
lladora de su raza. 

"Este niño por su estatura reducida, agilidad increíble, auda- 
cia llevada más allá de lo razonable, había sido la figura más 
destacada en la acción que acababa de librarse. Como siempre, 
se había multiplicado en el hostigamiento al enemigo, cambian- 
do de posición a cada minuto. Así había obrado contrariando 
órdenes terminantes del comando de la guerrilla. ¡Pero era im- 
posible controlar una fuerza desatada por la naturaleza! 

"Caporal", el niño guerrillero, era una fuerza llevada por las 
circunstancias a destruir y que negativamente demostraba cuán 
útil hubiera sido en las tareas de la reconstrucción nacional, con 
dotación de cultura, y conciencia clarificada para el ejercicio 
de la bondad. Porque "Caporal" en los combates que libró jamás 
supo con certeza el papel que estaba desempeñando. Producía 
la muerte a su alrededor, con la ingenuidad y a los años en que 
otros niños apenas despiertan al mundo de relación. En la ac- 
ción librada sobre la entrada de La Collareja, "Caporal" había 
sido como siempre: la temeridad, el arrojo, el desprecio de la 
vida, talvez en representación de los niños colombianos amena- 
zados en sus vidas, frustrados en sus destinos, mutilados en su 
virilidad, abandonados sobre la choza en cenizas, sobre las rui- 
nas del hogar profanado . . . 



148 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



"Caporal" era eso: la encarnación de los niños de Colombia 
que en él tomaban la triple calidad de testigos, jueces y fis- 
cales" 3 . 

En Restrepo (Meta), cuando se revuelven uniformados y ci- 
viles para implantar la violencia, inventan "la serenata" o asal- 
to nocturno a hogares de enemigos políticos, utilizando a la 
fuerza como "señaladores" niños de diez años en adelante. A 
Gustavo Suárez y a Luis A. Silva de trece años cada uno, los 
obligaron a apedrear las casas de sus propios familiares. 

Una chiquilla de catorce años que llegó al "Amparo de ni- 
ñas" de cierta ciudad tolimense, relató que a los doce años se 
la llevó una pandilla de guerrilleros sirviendo de concubina al 
jefe. Después se comprobó que había ayudado a matar a no me- 
nos de doce personas. Ella sola asesinó un niño. Lo volvió pe- 
dazos. Hoy se rehabilita en una casa religiosa de Bogotá. 

No solo como estafetas, "señaladores", apedreadores o incen- 
diarios fueron utilizados los niños en los frentes de lucha. Sobre- 
pasa todo límite previsible el crimen de obligarlos a ejecutar actos 
de sadismo en los cuerpos de los enemigos. Además, fueron acto- 
res y testigos presenciales de toda clase de delitos: como quien 
dice, toda una espantable generación de frustrados. 

He aquí otro caso: 

"Jaime Urrego Montoya es un niño flaco, de mirada huidiza, 
rebujado en su ruana, con gestos fuertes y con rara evasión a 
las preguntas. . . Las probanzas judiciales lo sindican como au- 
tor de un asesinato por lo menos, de robo de ganado en gran 
escala, y por el servicio de información entre los bandoleros de 
la zona de Pavón y algunos cabecillas urbanos. 

"Los hombres del Capitán Franco (dice el menor) se encuen- 
tran convenientemente armados con armas de fuego y con abun- 
dancia de pertrechos. Estas armas y proyectiles entran por la 
zona del Chocó. Las relaciones con Urrao se limitan al cruce de 
cartas para conocer las actividades de la policía y al movimien- 
to de tropas. Yo presté servicio en el envío de tales cartas, entre 
el Capitán Franco y varios jefes políticos del municipio de 
Urrao. 

3 Jorge Vásquez Santos, Guerrilleros, buenos días (Bogotá, 1954). 
pp. 112-113. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 149 



"Me tocó, continúa el menor, asistir a la batalla de La Pal- 
mera, en donde perdieron la vida diez guerrilleros y no supe 
cuántos policías. A mí me denunciaron por las cartas, y me 
traen ahora a la Casa de Menores. Eso es todo cuanto sé sobre 
la zona de Pavón y sobre el movimiento de los guerrilleros" 4 . 

El mismo diario El Poder de Medellín, que publicó la anterio- 
res informaciones, hace el siguiente comentario editorial: 

"La presencia de Jaime Urrego Montoya, de trece años de 
edad, canijo y menudo como un arbusto después de un incendio, 
entre los homicidas de la zona de Pavón, la frialdad de sus de- 
claraciones, su cruel concepto de la vida, dan cuenta cabal de 
lo cumplido por la violencia en la desmoralización de la con- 
ciencia pública. Menos que los muertos anónimos, menos que 
los ganados saqueados, menos que las cosechas destruidas, duele 
en el alma de los colombianos los conceptos morales hundidos en 
el polvo, sepultados entre el cieno. Hemos aprendido a matar y 
debemos aceptar la generación de los asesinos como un produc- 
to neto, simple y nítido de las actuales condiciones" 5 . 

En la zona de Rioblanco los aviones lanzaron varias veces 
miles de hojas, cuyo contenido es todo un documento. Una de 
ellas decía lo siguiente: 

"Campesinos de Bilbao y Herrera: 

"Hacia esas regiones se están retirando en desbandada, los 
bandoleros de "Mariachi" y "Cincel" que están tan fortificados 
en Campohermoso. Ustedes saben que ellos juraban que de allí 
nadie los podía sacar y que iban a esperar el ataque. 

"Es bueno que sepa que tan "valientes" chusmeros salieron 
corriendo de Campohermoso en menos de cuatro horas aver do- 
mingo 16 de septiembre. Muchos van hacia el Alto del Trigo y 
otros se dirigen a las regiones de Bilbao y Herrera esperando 
contar con su colaboración. 

"Los hermanos "Sevillanos" y Gerardo Aguirre sí les van a 
colaborar porque tienen ganas de conocer un ejército militar co- 

4 El Poder, de Medellín, citado por Testis Fidelis, El basilisco en 
acción o los crímenes del bandolerismo (Medellín, 1953), p. 197. 

5 Ibid., p. 198. 



150 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



mo el de Campohermoso perfeccionado para quitarles de una 
vez por todas su verraquera contra el gobierno y contra las fuer- 
zas militares. 

"Usted verá si es tan bruto y les colabora. 

"Si quiere salvarse preséntese a las autoridades militares con 
las armas, o con esta hoja, si no tiene armas. 

"Cualquier informe sobre los bandoleros le será agradecido 
y bien retribuido por el ejército. 

"Decídase ahora mismo. ¡Después puede ser tarde!" 6 . 

A los cuatro días de lanzadas las "hojas de paz", los aviones 
ametrallaron a los niños de Herrera cuando formaban para en- 
trar a clase. 

Al narrar el hecho, los chiquillos dejaban traslucir el odio. 
Guardamos algunas expresiones en nuestro cuaderno de notas: 
"Esos hijuepuercas nos abalearon. Esos malditos mataron a una 
señora cuando estaba defendiendo un niño. Las hojas eran un 
engaño; les creímos y casi nos joden. Ahora, apenas los oímos, 
volamos a los refugios". 

En nuestro poder reposan muestras de los proyectiles que se 
utilizaron. Es increíble la saña con que atacaron la escuela. Víc- 
timas del crimen, pudimos ver muchos niños heridos o asesina- 
dos con sevicia feral. 

Miles de huérfanos crecen llevando dentro un monstruo apo- 
calíptico. 

La comunidad desplazada 

Cuando se pertenece a un grupo se experimenta una podero- 
sa sensación de seguridad. El campesino al saberse perseguido 
sin causa justificada, advierte que se le esfuma el factor máxi- 
mo de cohesión que es su grupo veredal o vecinal, donde adquie- 
re sentido de socialización, sufre el proceso natural de actitudes 
y hábitos, aprende la filosofía de lo práctico, aplica el sentido 
común, desarrolla actividades laborales y rudimentario sentido 
comercial, encuentra amistades, emoción vital, afinidades psí- 
quicas, ayuda mutua, educación básica, interacción de servicios, 
colmo de aspiraciones, novia y esposa, hogar tibio, surco y asi- 

6 Colección Guzmán, Doc. N<? T-Rb-9. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 151 



lo, consejo oportuno, logro de su alegría en el tiple fiestero, lec- 
ciones de diamantina honradez, relación social que al rebasar el 
hogar y la escuela forja al ciudadano. 

Es en su vereda o vecindario y dentro de su grupo donde sa- 
borea el campesino los goces franciscanos de que habla Jorge 
Robledo Ortiz y de los que otro dijo "que al primer golpe de 
vista son tan rudimentarios, que las gentes ni siquiera los cali- 
fican de goce. Apenas son felices con ellos. Los tienen en la 
sangre, en la propia hombría, en el rancho, en el camino, en 
las charlas vespertinas. Las dichas franciscanas surgen a medida 
que discurre el tiempo. Brotan como un producto de la vida, es- 
pontáneamente. Emanan del vivir con serenidad, con sencillez 
y honradamente. Los goces estos fincan en el amor puro, en la 
amistad, en el aplauso retraído, en la gratitud apenas insinua- 
da, en una fe grande e inmensa. . . Goces humildes: los de todos 
los días. . . La puesta del sol, el niño que juega, la sonrisa de 
la madre. Son los que andan por ahí y no tienen amarga la 
pulpa" 7. 

Por simple impulso de conservación el campesino perseguido 
integra un nuevo grupo que ciertamente desconoce: el de la 
lucha. En él se refugia, lo respalda, lo ayuda, hasta lo ama aun- 
que trágicamente, como algo que colma el vacío de seguridad 
social que ha perdido. 

Por desgracia este grupo no encarna todo el conglomerado 
de intereses constructivos que implica la vereda en su prodigio- 
so contenido social. En él encuentra apenas una parte de su re- 
gión y de su gente. Los otros, los de distinto nombre político 
formaron tolda aparte. Esta descompensación veredal es uno 
de los fenómenos sociales más desastrosos para la futura estruc- 
turación republicana, porque altera por la base la estabilidad 
misma de la patria. 

El grupo errante que lucha y el tipo de comunidad desplazada, 
sin recursos, desconcertada, lastimada, deshecha en su psicología 
elemental, se originan por acción de la violencia. Veamos un 
ejemplo clásico: 

En Rioblanco, Tolima, la policía asesina en una vereda a dos 
ancianos, espejos de virtud, prototipos perfectos del hombre 



7 G. Cabrera, El Siglo (Bogotá), N<? 7.812. 



152 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



honrado tolimense, roba algunos enseres y anuncia su próximo 
regreso. 

Los hijos de aquellos viejos buenos son llamados y, entre la 
consternación de todo el vecindario, logran con dificultad el 
permiso para inhumar a sus padres. Ante la amenaza de la nue- 
va incursión policial, se organizan y esperan. Son cinco con el 
amigo recién egresado del cuartel, que los instruye. Un día los 
vándalos vienen a cumplir la promesa. Son dieciséis y andan con 
civiles. En la cuesta del Mal Abrigo, los muchachos campesinos 
dejan tendidos tres agentes y les arrebatan los fusiles. Los demás 
huyen. Los cadáveres son rescatados gracias a un poderoso re- 
fuerzo. 

Al llegar al pueblo se desborda la taifa de policía y civiles: 
golpean ciudadanos, destruyen cuanto encuentran, disparan a 
diestra y siniestra, persiguen a las mujeres o las violan en alco- 
bas y zaguanes sin respetar matronas honorabilísimas. Huyen 
las gentes llevándose a los ancianos y los niños, pero dejando 
todos sus enseres. Huyen hacia la selva, hacia el exilio, apenas 
mal defendidas por escasísimos voluntarios que se enfrentan a 
las armas oficiales con escopetas primitivas. El grupo se refu- 
gia en El Quebradón, donde un viejo caldense (cuyo nombre 
omitimos por razones obvias), que ha amasado en años de hon- 
radez buena fortuna, llora con rugidos ferales el oprobio de su 
esposa y de sus hijas perpetrado en su presencia después de 
colgarlo para ignominia de su hombría, salvándolo un hijo que 
llega providencialmente y que en lucha fiera deja sobre el cam- 
po cinco monstruos a cambio de su vida. En torno a este dolor 
y a esta tragedia que nunca curará, se polariza el grupo. Se re- 
quiere un jefe y aquel viejo, tan lesionado con vilipendio im- 
perdonable, lo es a cabalidad. 

Surge como secuela natural el grupo armado ofensivo-defen- 
sivo para un empeño de muchos días, que se cohesiona en ra- 
zón directa de los móviles vitales. Es este el momento en que el 
campesino precisa nítidamente su ideal: lucha por el hogar, el 
honor, la vida, lo suyo entrañable, su mundo, su partido, su 
querencia. El no desató la guerra, pero acepta el reto y es bár- 
baro en la vindicta. 

En el grupo coexisten hombres, mujeres y niños. Los prime- 
ros forman la vanguardia de un ejército que nace sin saberlo 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 153 



para una guerra infame. Las segundas componen la retaguardia 
ocupándose en los múltiples quehaceres de avituallamiento, ves- 
tuario, salubridad. . . Los niños sirven de microscópicos estafe- 
tas con facultades superdesarrolladas prematuramente; los jóve- 
nes aprenden a matar. Así va el grupo campesino por montes, 
sierras y hondonadas. Años y años. Su tragedia se torna en 
un inmenso y multifacético problema. 

En los Llanos Orientales, después de la terrible emboscada 
de El Turpial (julio, 1952), en que perdieron la vida 96 unida- 
des del Ejército, fueron sentenciados . a muerte sin fórmula de 
juicio muchos de los prisioneros que las Fuerzas Armadas guar- 
daban como rehenes o posibles baquianos. Entre ellos los dete- 
nidos en el Puerto de Rondón. Así cayeron el 4 de agosto de 
1952, don Manuel Sánchez, los hermanos Cárdenas, un señor 
Zárate, una mujer cuyo nombre nadie supo y Luis Espinel, due- 
ño del hato La Corea. Miguel, un muchachón llanero arrojado 
como muerto al Casanare, logró salvarse a nado. Fue el eterno 
testigo que nunca falta en el Llano, donde todo se sabe. Las 
gentes se vieron obligadas a internarse en los esteros, a la vera 
de los caños. 

"¡Al verde!" He aquí la consigna de los comandos guerrille- 
ros, porque la orden de evacuación es terminante: "Al que se 
encuentre por la sabana se le fusilará como bandolero. Plazo: 
10 días para evacuar o entregarse al Ejército". Decenas de fa- 
milias se entregaron con sus hijos mayores. Error de incautos. 
Unos son fusilados, otros lanzados al espacio como fardos desde 
los transportes aéreos, aquellos encarcelados como material de 
reserva para mantener activa la maquinaria del terror. Por ca- 
da agente del gobierno muerto en comisión, diez o veinte son 
sacrificados. 

"Al verde" se van los que no se rinden. Es la comunidad 
que se encela en el monte y el monte la salva. 

En otras regiones del país, no faltaron iniciativas para lega- 
lizar la existencia de los grupos errantes, apoyándose en la auto- 
rización otorgada por el pueblo. Tal es el caso del bloque de 
Topaipí. Tomada la determinación de actuar en guerrilla, se ru- 
brica un compromiso encabezado con el juramento de José An- 
tonio Galán, el Comunero de 1781: 



154 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



"En nombre del Dios de mis mayores y de la libertad, ni un 
paso atrás. Siempre adelante y lo que fuere menester, sea". 

Ahí quedan estampadas las firmas de Saúl Fajardo, Drigelio 
Olarte, Milagro Díaz, Enrique Gómez, Pedro Quitián, Adelio 
Aguiar, Guillermo Triana, Samuel y José Rodríguez. Este últi- 
mo en representación de la niñez. Después llegan Alvaro Lombo 
y Heraldo Soto. 

La primera concentración deliberante de exilados y expolia- 
dos tiene por teatro la aldehuela de Guadualones. Esta gente po- 
see muy adentrada la idea de los Comuneros. Galán recobra en- 
tre ellos contornos heroicos. La multitud, o como ellos mismos 
se llaman, "el común", elige mandatarios: Saúl Fajardo, Jefe ci- 
vil y militar; Drigelio Olarte, Capitán; Alvaro Lombo, Tenien- 
te; Héctor Sáenz, Sargento primero. Son , designados, además, 
otros mandatarios del Común, con los respectivos grados y dig- 
nidades. 

Otra evidencia de instituciones creadas por razón de violencia 
es la de Galilea y El Pato (Tolima-Meta) . En aquella, al ser re- 
ducida al perímetro montañoso de la planicie, la multitud se 
divide por secciones al mando de jefes y subjefes encargados 
de la defensa armada, el avituallamiento, la moral interna del 
grupo y la retirada a través de la selva hacia El Pato donde 
se configura una comunidad organizada, dirigida por funciona- 
rios que le imprimen determinada orientación ideológica y 
social. Tal marcha fue una gesta heroica de nuestro pueblo. 

Entre los líderes figuran: 

1. El Comisario político, es el adoctrinador que plasma cri- 
terios nuevos. 

2. El Jefe de la comunidad, atiende a la autodefensa y régi- 
men interno. 

3. El Parcelador, entrega un lote de terreno a cada familia y 
dirime inapelablemente pleitos de linderos y posesión. 

4. Un Responsable en cada vereda. Los jefes de vereda forman 
el Estado Mayor. 

5. Un Secretario general (por lo común una mujer) atiende 
actas, propaganda y archivo. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 



155 



Este fue el único grupo donde encontramos una biblioteca a] 
servicio de la comunidad; toda de contenido marxista. 

Se evidenció también en estos conglomerados un esfuerzo por 
mantener el control social, sancionar por mala conducta e im- 
poner la voluntad colectiva sobre la voluntad individual. En mu- 
chas zonas funcionaron cuerpos de policía especial, organizados 
por las guerrillas. En Herrera se observó uno que no solo vigi- 
laba el pueblo sino que en altas horas de la noche conseguía 
a los ciudadanos drogas, cigarrillos y otros artículos. Bastaba sil- 
bar para que se presentara algún acucioso guardián. ¿Un servicio 
único en el mundo? Esta policía se pagaba con fondos de los 
miembros de la comunidad. Además, como medida de orden se 
estableció en algunos frentes la "ley seca" que prohibía ingerir 
bebidas alcohólicas. Operó admirablemente. 

En el frente guerrillero del sur del Tolima formado por Las 
Hermosas, Rioblanco, Limón, La Profunda, Herrera, Bilbao, Cam- 
pohermoso y Planadas, todos los asuntos eran confiados a la de- 
cisión inmediata del Comandante Supremo, que en casos de espe- 
cial significación se asesoraba de los Comandantes de zona. 

La justicia la administraba el elenco directivo asesorado por el 
Estado Mayor, debiendo los culpables realizar trabajos obligato- 
rios por determinado tiempo y sin derecho a salario, en las parcelas 
de los más pobres. Esto ocurrió con frecuencia en Planadas, El 
Pato y Sumapaz. 

Entre otros organismos de control social debe registrarse el 
funcionamiento de colonias penales establecidas por los rebeldes 
como la de Duda en Sumapaz y Antasales en el suroeste antioque- 
ño, a donde enviaban elementos sancionados por indisciplina y 
otras causas configuradas con sentido penal por los comandos. 
¿Buscaban con ello evitar la anarquía, orientar su movimiento 
hacia metas de justicia, castigar deslealtades con la guerrilla, 
amedrentar a los campesinos para asegurar una más amplia co- 
laboración, o poner a buen recaudo posibles traidores? 

La guerrilla prohibió incursiones no organizadas por ella y sin 
objeto estratégico ni finalidad táctica. La norma consta en una 
orden del día, fechada el 20 de septiembre de 1950, que dice así: 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



"Cuartel de La Collareja, Comando General. 

Advertimos al personal de la guerrilla que no debe hacer asaltos 
por la noche, sin tener en cuenta al Comando, como si no existiera 
aquí una autoridad para respetar y obedecer. 

Lo mismo para con el personal civil que tiene armas y que cree 
que puede mandar y hablar y entrar y salir como Pedro por su 
casa. Desde hoy es a otro precio, y sin que nadie se ofenda ni 
venga a tomar cuentas, queda terminantemente prohibido meterse 
en tierras del enemigo para hacer lo que cada cual le provoque. 

Esta orden del día será llevada a todos los puestos a órdenes 
de este Comando, y se dará a conocer para que el personal civil 
no se queje después si encuentra lo que busca. 

Comandante Saúl Fajardo. 

Capitán Drigelio Olarte" 8 . 

Parece que las normas se cumplían, y que en los grupos errantes 
y comunidades desplazadas surgió una gran solidaridad que eli- 
minó prácticamente cierto tipo de ilícitos. Así, por lo menos, pudo 
constatarlo una de las religiosas que colaboraron en la Gran Mi- 
sión del Tolima, del 20 de julio al 7 de agosto de 1960, quien 
describió la justicia del monte en los siguientes términos: 

"Las gentes que obedecen a "Brillante" y "Nerón" (jefes guerri- 
lleros) tienen su ley, su justicia. De tal modo que ninguno roba 
una gallina, porque si alguno lo hace debe reponerla llevando otra 
al sitio donde la sustrajo; antes le dan un baño (lavada) a las 
3 a.m. y lo ponen a trotar tres horas. El robo no existe aquí. Así 
se hace justicia entre los guerrilleros" 9 . 

La Guerrilla y El Comando 

La guerrilla colombiana existe desde la Independencia. El cura 
Marino comandó las de Casanare contra Barreiro. En las contien- 
das civiles se las llamó "culebras". En el Tolima fueron famosas 
la "Culebra de Ambalema" y la Guerrilla de los Micunos (San 

8 Vásquez Santos, op. cit., pp. 102-103. 

9 El Espectador (Bogotá), agosto 11 de 1960. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 157 



Antonio de Calarma). Todavía se habla de "La Gironda" de Mo- 
niquirá, "Las Democráticas" en el Cauca y "La Mano Negra" de 
Antioquia. Eran mesnadas de tipo criollo, valerosas, aventureras 
y robadoras. 

Lo que parece más probable es que el comunismo quiso apro- 
vechar la favorable coyuntura de la violencia de 1949 y destacó 
emisarios a organizar la guerrilla de tipo moderno con miras a 
una capitalización del conflicto, para asegurar un control absoluto 
del movimiento campesino. En Viotá (Cundinamarca) funcionaba 
la Escuela de Cuadros, donde muchos jefes guerrilleros recibieron 
entrenamiento militar. Allí se practicaba ya la táctica de autode- 
fensa. Por eso los camaradas alegan la paternidad de las guerrillas. 
"Nuestro partido entró en contacto con representantes de diversos 
destacamentos guerrilleros, constituyendo una Junta Nacional de 
Coordinación, que organizó múltiples formas de ayuda a los com- 
batientes populares. En 1952, nuestro partido colaboró decisiva- 
mente en la preparación y realización de la Conferencia Nacional 
de Guerrilleros, conocida después como la "Conferencia de Boya- 
cá", que reunió delegados de la mayoría de las guerrillas. . . El 
14P Pleno del Comité Central recomienda hablar a los guerrilleros 
con toda franqueza y lealtad esforzándonos por educarlos políti- 
camente, mostrándoles que están librando una lucha prolongada 
de grandes proyecciones para el futuro, cuando (esa lucha) se 
combine con un movimiento revolucionario de masas" 10 . 

Acerca de la integración humana dicen textualmente las "Nor- 
mas Organizativas de las Fuerzas Guerrilleras" expedidas por los 
comunistas 11 : 

"Nuestras fuerzas guerrilleras se constituyen por hombres y 
mujeres que en forma voluntaria ingresen a nuestras filas, guiados 
por el deseo de luchar por la liberación nacional y social del pue- 
blo colombiano". 

Entre las disposiciones disciplinarias se destaca la siguiente: 

"El soldado, los jefes militares y los jefes políticos al aceptar 
libremente su incorporación a las filas guerrilleras, se comprome- 

10 Comité Central del Partido Comunista en Colombia, Treinta años 
de lucha del Partido Comunista de Colombia (Bogotá, 1960), 
p. 96. 

11 Fotocopias, Colección Guzmán, Doc. N? Com-1. 



158 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



ten por la fuerza de su propia convicción y voluntad a servir a la 
causa emancipadora de Colombia y a convertirse en fieles y leales 
ejecutores de los principios de nuestra disciplina militar voluntaria 
pero férrea, lo cual presupone que quien por voluntad propia in- 
gresa a las filas militares de tipo guerrillero, estará y debe estar 
sometido al cumplimiento riguroso de las normas de instrucción, 
organización y dirección militar de nuestras fuerzas armadas. 

"En nuestras prácticas revolucionarias nos guiamos por princi- 
pios organizativos y programáticos del Frente Democrático de 
Liberación Nacional de Colombia ..." 

Todo guerrillero debe cumplir los "Mandamientos del buen gue- 
rrillero", que en síntesis comprenden: 

1. Luchar sin descanso por la defensa y protección de la pro- 
piedad de tierras y demás bienes individuales de los campesinos 
y demás colaboradores del Frente Democrático de Liberación 
Nacional; 

2. Defender y proteger la honra y el hogar de la familia cam- 
pesina, contra todo acto contrario a la moral obrera que guiará 
siempre los destinos de los combatientes guerrilleros; 

3. Proteger y respetar la vida de las mujeres indefensas, de los 
ancianos y niños; 

4. Luchar por la colaboración y hermanable solidaridad entre 
todos los trabajadores sin discriminación política ni religiosa; 

5. Servir leal y fielmente los destinos de verdaderos patriotas 
colombianos ; 

6. Practicar los principios de combatir y trabajar; 

7. Luchar por llevar a la práctica los postulados de luchar y 
estudiar, lo cual significa que cada uno de los combatientes gue- 
rrilleros sea activo propagandista de los principios organizativos 
y programáticos del Frente Democrático, a fin de que todos los 
oprimidos y explotados, vean en los guerrilleros guías y conduc- 
tores en la lucha por el derrocamiento de la dictadura militar y 
por el establecimiento de un gobierno democrático de liberación 
nacional 12 . 



12 Ibid. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 159 

Al guerrillero le está permitido el acceso libre y cordial a sus 
jefes: "Son derechos para el personal en filas militares desde 
soldados, suboficiales y oficiales: 

"a) Solicitar de sus superiores en horas destinadas para ello 
el derecho de emitir opiniones sobre los problemas a que crea 
necesario referirse o transmitir apreciaciones; 

"b) Criticar ante el comando o asamblea que se convoque, a 
sus semejantes o a sus superiores por errores cometidos o por 
defectos existentes en la administración o formas de dirección; 

"c) Poseer los bienes individuales que legalmente le correspon- 
dan, debidamente respetados y protegidos por el movimiento..." 

Se consignan algunas normas de control social: 

"Son causales de mala conducta en segundo grado de culpabili- 
dad la no entrega de bienes recogidos en acción, los actos de 
irrespeto y burla a los superiores . . . , el abandono de la esposa e 
hijos por vivir con otra o la convivencia simultánea con dos mu- 
jeres; la imposición de castigos corporales a los inferiores milita- 
res o civiles, los insultos. . ." 

Y para ascender al grado de oficial se exigen las siguientes 
condiciones: 

"a) Conocimientos militares; 

"b) Conocimientos políticos de tipo marxista; 

"c) Saber leer y escribir, tener nociones mínimas de ortografía 
y saber las cuatro operaciones de aritmética; 

"d) Disponer de buen comportamiento en su vida pública y 
privada". 

Este tipo de organización no se redujo a los comunistas, sino 
que fue adoptado por otras fuerzas, como las liberales; las con- 
servadoras (antiguerrillas) , siguieron la pauta del ejército regular. 

La estructura resultante comprendía: 

1. La guerrilla o escuadra, compuesta de tres a nueve comba- 
tientes bajo el mando de un cabo primero; 

2. La sección, compuesta de tres a cinco guerrillas bajo el 
mando de un teniente; 



160 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



3 . La compañía, integrada de tres a cinco secciones, al mando 
de un capitán; 

4. La agrupación guerrillera, cinco compañías al mando de un 
mayor; y 

5. La división guerrillera, cinco agrupaciones al mando de 
un coronel o un general. 

La colocación territorial de las fuerzas guerrilleras se distribuía 
así: Primero, la avanzada, luego el destacamento y por último el 
comando. El Estado Mayor, que no logró concretarse sino en los 
Llanos, dirigía varios comandos o toda una fuerza armada de tipo 
independiente. 

Al hacer un estudio de las normas citadas se entrevén ciertos 
principios morales y disposiciones disciplinarias tendientes a 
evitar la anarquía. Ellas relievan también la relación entre supe- 
riores y subalternos sobre planos de compañerismo y lealtad. Pero 
realmente lo que se persigue en el fondo es suscitar un movimiento 
de masas ajustado a planes acordados en congresos comunistas 
anteriores. 

Cuando los guerrilleros liberales se percatan del rumbo que 
toman las cosas, se enfrentan a los comunistas en cruenta lucha 
que deja alto saldo de víctimas, entre ellas a "Calvario" y 'Te- 
rrazo", hijos del general Gerardo Loaiza, comandante en jefe de 
las fuerzas revolucionarias del sur del Tolima. Las mutuas recri- 
minaciones dan origen a los remoquetes de "limpios" para los 
liberales y "comunes" para los comunistas. Entre ellos queda 
abierto un insalvable abismo de odio. 

Revisemos algunos documentos: 

"Agosto 24, Santa Rita. 

Señores santarritunos: 

Están muy gloriosos porque están con los hijueputas limpios. 
Les avisamos que tienen que desocupar, grandísimos amanguala- 
dos. Allá se lo pasan diciendo que sernos comunes. Les vamos a 
hacer ver que nosotros somos limpios. No les vamos a correr, como 
dicen que en toda pelea que hemos tenido salimos huyendo. Par- 
tida de limpios hijueputas. Si aquí no firmo no es por miedo sino 
por no saber. Limpios violadores" 13 . 

13 Colección Guzmán, Doc. N? T-At-31. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 161 



Y en carta abierta del Movimiento de Autodefensa Campesina, 
organizado por los comunistas: 

"Ustedes dicen (se refieren a los limpios) que su movimiento 
es para que se refugien todos los perseguidos. La verdad es que 
en él no caben sino ladrones y asesinos. Basta que recuerden las 
matazones en Herrera donde ustedes dieron muerte a ciudadanos 
de allí mismo, como Miguel Calderón y Misael Tovar, únicamente 
por apoderarse de sus economías. En el cañón de Saldaña se en- 
cuentran a diario cadáveres de los mismos que hacen parte del 
movimiento. "Culebrín" asesinaba a cantidades de liberales; "Sal- 
tarín" mató a una señorita liberal en Praga por el solo hecho de 
no dejarse seducir por él. Muchas mujeres se levantan a protestar 
contra ustedes por la violación de sus hijas" 14 . 

Los limpios replican: "No importa que tengamos que estar 
soportando la propaganda mendaz del enemigo más peligroso que 
tiene en la actualidad el partido liberal como son los comunes. 
Son los más peligrosos porque están escudados en nuestra glorio- 
sa bandera, y abusando de nuestro nombre nos desprestigian y 
fragmentan. Debemos estar más vigilantes y listos a rechazar sus 
ataques en la forma que sea. Bandoleros son ellos que afirman 
que todo es para todos y que las cosas no son del dueño sino del 
que las necesita" 15 . 

Las zonas de fricción más frecuentes entre estos dos bandos son 
las de Villarrica-Sumapaz, Rionegro-Aco y Planadas-Gaitania en el 
Tolima. 

La campaña no se queda en palabras. De la escaramuza de 
muerte se va más allá, al ensayo social. Mientras de Planadas, 
dominio de "Mariachi" y de Casaverde, sede de los Olivera son 
arrojados los campesinos, en Gaitania los acoge el comunista Prías 
Alape (el "Charro Negro") con la única condición de que no 
perturben a nadie por sus opiniones políticas o religiosas. 

"Allá se matan, decía Prías Alape; aquí nadie los persigue. Les 
damos parcela, drogas, lo que podemos, y los cuidamos con nues- 
tra autodefensa". 

14 Colección Guzmán, Doc. N<? T-Rb-2. 

15 Apartes de escritos preparados por el General "Mariachi" en 1958, 
Colección Guzmán, Doc. N<? T-At-30. 



—LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



162 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Pero los agraciados deben someterse a un comunismo protector, 
paternalista, que los obliga a asistir todos los lunes a la conferencia 
del comisario político encargado de la labor de adoctrinamiento. 
Transcribimos textualmente las siguientes declaraciones: 

"Yo soy comunista. 

Yo soy liberal comunista. 

Yo, conservador comunista. 

Yo, protestante comunista. 

Yo, católico comunista". 

Así expresaban su ubicación ideológica dentro de una gran 
confusión mental; pero es innegable que mientras aquí convi- 
vían y se llamaban "compañeros", en las vegas del Saldaña, del 
Patá y el Atá se mataban azules y rojos como fieras. 

Los que podían emigrar, se iban hacia Gaitania donde, por 
lo menos, no los asesinaban aun cuando tuvieran que pasar con 
sus adversarios en dulce campaña. 

"¿Y para dónde querían que cogiéramos?"... 

Como se dijo anteriormente, los guerrilleros encuadraban sus 
efectivos de lucha dentro de la guerrilla y el comando. Varias 
guerrillas integraban un comando bajo la responsabilidad de 
un jefe con su Estado Mayor. 

El comando guerrillero planea, establece conexiones, atiende 
al grupo, dispone las acciones de armas, designa jefes, otorga 
grados, castiga, distribuye el botín, juzga, moviliza, adoctrina, 
pacta. En esta primera etapa existieron los siguientes: 

1. Comando de las Fuerzas Revolucionarias de los Llanos 
Orientales, que se dividía en grupos como el Riquerio Perdomo, 
el Mochacá, etc. 

2. Comando Revolucionario de Santander. 

3. Comando de las Fuerzas Revolucionarias de La Palma y 
Yacopí. 

4. Comando de las Fuerzas Revolucionarias del Sur del To- 
lima. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 163 



5. 


Comando 


del Oriente del Tolima. 


6. 


Comando 


de Sumapaz. 


7. 


Comando 


de Pavón (Occidente y Suroeste de Antioquia). 


8. 


Comando 


de las Fuerzas de Autodefensa de Gaitania. 


9. 


Comando 


de las Fuerzas de Autodefensa del Tequendama. 


10. 


Comando 


del Río Chiquito y Símbola-Páez. 


11. 


Comando 


de Nare. 


12. 


Comando 


de Anorí. 


13. 


Comando 


Guerrillero de la Ribera (Rovira, Tolima). 



Estos comandos, con excepción de algunos de los Llanos, no 
lograron nunca coordinarse ni ejecutar acciones combinadas. 
Su visión de las cosas rara vez iba más allá de las montañas que 
conocían. Sólo un Bolívar hubiera sido capaz de vencer tan ter- 
co y miope inmediatismo. 



La Cuadrilla 

A medida que el morbo de la violencia avanza, crece la capa- 
cidad del campesino para la lucha y el crimen. Como la con- 
signa es de exterminio y muerte, surge la cuadrilla, esencialmen- 
te anárquica, capitaneada muchas veces por combatientes segun- 
dones de valor temerario y de ferocidad sin precedentes. 

Cuando cese la lucha, perdurará como secuela y exponente 
de todo un proceso de desintegración moral, dedicada a la co- 
misión de delitos atroces, sin control, desarticulada del movi- 
miento general, sin contacto con los grandes jefes guerrilleros, 
sin reconocer superiores y, lo más grave, integrada por jóvenes 
y adolescentes. Esto último obedece a razones de táctica: Poder- 
se trasladar con pasmosa agilidad y rapidez en mínimo tiem- 
po a sitios distantes, por terrenos impenetrables, después de 
realizar el acto criminoso, el "daño", como dicen ellos, con de- 
rroche de esfuerzo que lo soporta solo un joven. 

Analicemos su sistema de infiltración. Generalmente se valen 
de una persona hábil llamada el "observador", que con cualquier 
pretexto, casi siempre actuando como peón raso, se instala en 



164 



BIONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



la vereda para informarse minuciosamente acerca de personas, 
sitios, casas, instalaciones, filiación política de los habitantes, po- 
sibles amigos, facilidades de auxilio, vías de comunicación y 
otros detalles. Con estos datos confecciona listas, las nefandas 
"listas negras" de campesinos humildes, y traza croquis de una 
practicidad elemental con indicación de caminos, sitios de esca- 
pe, terrenos favorables, casas de las víctimas e itinerario de 
muerte que debe seguirse. 

Ya en posesión del informe, la cuadrilla se moviliza con gran 
sigilo, no importa que haya que caminar muchos días. Cuando 
llega, se sitúa en algún paraje donde ni siquiera se sospecha su 
presencia. 

Surge entonces la coacción sobre determinado elemento, co- 
partidario desde luego, que debe guardar reserva absoluta y 
suministrar cuanto se necesita: pilas para linterna, guayos, coti- 
zas, drogas, cigarrillos, parque, noticias. A este elemento se le 
denomina el "aguantador" . Desde el momento en que se conec- 
ta con "la gente" o "los muchachos", sabe que debe "aguantar- 
se", pues de lo contrario es condenado irremisiblemente a muer- 
te. Por otra parte, en el pueblo una tropa irresponsable hostiga 
y veja en nombre de la ley o de un partido. El "aguantador" se 
conecta con el comité político local y entrega cartas a elemen- 
tos pudientes exigiéndoles contribuciones a cambio de su vida 
y haciendas. 

Entra luégo en acción un personaje siniestro, repugnante, de 
supina vileza; cuando se inicie la orgía de sangre indicará las 
víctihias condenándolas indiscriminadamente, según sepa o se 
le antoje el color político; él guiará a la jauría hasta las casas; 
hará asesinar a amigos y enemigos, a familiares, a campesinos, 
a los de su vereda. Es el "señalador", que crispa los nervios 
al solo nombrarlo. Pasará a la historia del crimen como un mons- 
truo. Muchas veces es un niño hijo de campesinos asesinados o 
un labriego desposeído de todo, que así venga honra, vidas y 
bienes. Sirve lo mismo a la policía que a los antisociales. 

Se llega en esto a extremos increíbles. Cuando el genocidio 
de El Topacio, corregimiento de Frías (Falan, Tolima), el seña- 
lador rasga el tiple en la puerta de las casas y con esta contra- 
seña "musical" son aprehendidos ochenta campesinos, últimados 
e incinerados — algunos agonizantes aún — en la fatídica vereda. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 165 



Los "Pájaros 9 

Las guerrillas dominan el Llano, el Tolima, medio país; el cri- 
men alcanza proporciones abismales. A los combatientes libera- 
les se les llama guerrilleros, bandoleros, chusmeros, cachipo- 
rros. "Patiamarillo" es el que tiene algún trato o relación con 
liberales. "Collarejo" es el liberal raso. 

En cambio godo, chulavita, chulavos, chunchullos, guates, 
sonsos, patones, indios, tombos, chulos, son los motes que se dan 
a las fuerzas del gobierno. De repente aparece un nombre antes 
desconocido que encarna la réplica al guerrillero: el "pájaro". 

Nace en el occidente de Caldas y es perfeccionado en el Va- 
lle. Integra una cofradía, una mafia de desconcertante eficacia 
letal. Es inasible, gaseoso, inconcreto, esencialmente citadino en 
los comienzos. Primero opera solo en forma individual, con ra- 
pidez increíble, sin dejar huellas. Su grupo cuenta con automo- 
tores y "flotas" de carros comprometidos en la depredación, con 
choferes cómplices en el crimen, particioneros del despojo. Se 
señala a la víctima, que cae infaliblemente. Su modalidad más 
próxima es la del sicario. 

Al principio no asesinan infelices, sino a gente de nota sin- 
dicada de apoyar la revolución o a dueños de haciendas, espe- 
cialmente cafeteras, cuya cosecha sirva para acrecer el fondo de 
la organización. Aquí se habla de "organización"; en las toldas 
liberales, de "movimiento". Asesinar a alguien constituye un 
"trabajo". Al pájaro se le llama para "hacer un trabajito". . . y 
se ajusta el precio y se conviene la partija. 

La mecánica política se monta contra comités y directorios 
municipales. A mano de los pájaros caen los miembros liberales 
de estos organismos con precisión cronométrica, sin respetar lu- 
gares ni personas y sin esperar castigo para los criminales por- 
que las gentes se arredran y no los denuncian. Dentro del templo 
parroquial de Belén de Umbría, por ejemplo, fue abaleado un 
conocido ciudadano, mientras asistía a un acto sagrado. El cri- 
men quedó impune. 

Serán famosos: el "Cóndor" León María Lozano, "Pájaro 
Azul", "Pájaro Verde", "Pájaro Negro", "Lamparilla", "Turpial", 
"Bola de Nieve". Todos tuvieron un record delictivo increíble. 
Basta recordar que sistemáticamente dieron de baja a muchos 



166 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



jefes liberales cumpliendo la consigna de realizar la violencia 
"por lo alto". 

Desde luego cuentan con la anuencia de la autoridades, policía, 
detectivismo y la venalidad de los jueces. Aún llegan a tener empleo 
en gobernaciones y alcaldías. "Lamparilla" tenía entrada libre a la 
Gobernación del Valle. El jefe seccional de ese departamento se 
citaba con el jefe de los "pájaros" del Dovio a diálogos de espanto 
en la Granja Experimental de Roldanillo. Allí hablaban de los 
"trabajos" realizados, de las futuras víctimas, de métodos y planes 
de avance, ante un testigo absolutamente fidedigno a quienes 
ellos creyeron copartidario y cómplice. 

En los pueblos se concentran en cafés especiales, cuentan con 
protectores influyentes, disponen de ambulancias en caso nece- 
sario, organizan casas de reposo como la que funcionó cerca 
al puente de Anacaro sobre el río Cauca (vía Anserma), saben 
de guaridas a donde regresan después de cometer las fechorías. 
Es un Ku Klux Klan criollo de fichas intercambiables que van 
siempre "volando" de un lugar a otro. 

Los gamonales y reducidores se enriquecen en el Valle y Cal- 
das comprando café robado por "pájaros" que ellos alimentan, 
azuzan, contemplan y protegen. "Darles alpiste" significa facili- 
tarles armas, drogas, dinero . . . 

Vale la pena destacar algunos apartes del memorial que el 
doctor Julio Alberto Hoyos envió el 9 de marzo de 1959 al pre- 
sidente del Senado de la República, por contener datos que des- 
criben muy bien lo que es el "pájaro" y cómo actúa: 

"Secretamente llegaron a mi pieza del Hotel Central de Tuluá 
varios que habían sido objeto de vejámenes por parte del "Cón- 
dor". Recuerdo a un joven sastre que despojándose de saco y 
camisa me mostró su pecho y abdomen, con varias cicatrices, a 
la vez que me decía: Estas son, señor juez, las heridas que me 
causó León María Lozano, en el café La Pampa, cuando llegó 
borracho y echando bala. 

"Insté a los informantes a que pusieran la denuncia, pero se 
negaron a ello, argumentando que si lo hacían serían asesinados 
con sus esposas e hijos. 

"Varios caballeros de Tuluá, de filiación liberal, así como 
conservadores amenazados de muerte dizque por ser liberalizan- 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 167 



tes. me dijeron, unos a sotto-voce y otros francamente como don 
Joaquín Sierra, que el "Cóndor" era el autor intelectual y a ve- 
ces material de la violencia que se desataba. Por haber abierto 
la boca el señor Sierra, en la noche del mismo día en que rin- 
dió declaración fue asaltado en su casa; pero logró huir yendo 
a parar a la Costa Atlántica. 

"De mis investigaciones llevadas a cabo en Tuluá, pude com- 
probar que el "Cóndor" obraba en connivencia con la policía y 
el detectivismo y manejaba a los miembros de estas entidades 
como parte de su cuadrilla o "pajarería", cosa que ocurría no 
solo en Tuluá, sino en varias partes del suelo colombiano; pues 
en donde había un puesto de policía existía una cuadrilla de 
malhechores formada por agentes y particulares que a la som- 
bra del sectarismo político asesinaban, incendiaban y robaban, 
como tuve oportunidad de decírselo personalmente al entonces 
Ministro de Gobierno, doctor Domingo Sarasti, en presencia del 
entonces Ministro de Justicia y hoy de Gobierno, doctor Guiller- 
mo Amaya Ramírez. 

"Un domingo del mes de diciembre de 1951, viajaba de Rio- 
frío a Tuluá un bus de Avianca cuando fue interceptado por un 
jeep colorado manejado por N.N. y en el cual iba el "Cóndor", su 
sobrino N.N. y otros pájaros. El "Cóndor" se bajó de su vehículo 
y penetró al bus con revólver en mano e inspeccionó a los pasaje- 
ros, encontrando que solo había dentro del mismo, doce señoritas 
de la sociedad tulueña, que regresaban de un paseo. Los vehículos 
siguieron su viaje normal, yendo el jeep adelante, cuando frente 
al sector de Vijagual, sus ocupantes principiaron a gritar, ¡Viva 
el partido liberal! Y las señoritas vieron y oyeron que unos cam- 
pesinos saliendo de la orilla de la carretera gritaron : ¡ Viva ! Voces 
a las cuales contestaron los del jeep con varios disparos que oca- 
sionaron la muerte a Ferney Rojas y lesiones graves a Tiberio 
Manzano, quien aún vive en estado de invalidez. 

"Un día estando en Tuluá investigando la muerte de don 
Germán Pulgarín se presentó a mi juzgado el doctor Aristides 
Arrieta Gómez y me dijo: Anónimamente se me ha hecho saber 
que seré asesinado si acepto el poder de la parte civil ; pero vengo 
a tomar posesión del cargo y a cumplir con mi deber. Esa mis- 
ma noche, estando el doctor Arrieta Gómez en un café, llegó el 
"Cóndor" acompañado de varios pájaros entre los cuales estaba 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



su sobrino Guillermo Villegas, y ocuparon una mesa contigua, 
cuando sorpresivamente Villegas se levantó de la mesa y le cla- 
vó al abogado un puñal en el pecho. Pon tres meses estuvo el 
doctor Arrieta Gómez entre la vida y la muerte en una clínica 
de Bogotá y cuando regresó a Tuluá fue nuevamente atacado, 
salvándose milagrosamente, para caer en una de las calles de 
la ciudad, y ser luego su cadáver profanado, cuando al pasar el 
cortejo por frente al edificio del detectivismo, se le hicieron 
varios disparos desde las ventanas quedando el ataúd perforado 
por los impactos. 

"Eliminado el apoderado de la parte civil, la familia Pulga- 
rín nombró en su reemplazo al doctor Daniel Valois Arce, quien 
al llegar a Buga a estudiar el expediente, tuvo que salir huyen- 
do ante el peligro de perder su vida que quiso quitarle la paja- 
rería, encabezada por el doctor N.N.. abobado y consejero del 
"Cóndor'. 

"Un día el "Cóndor" acompañado de sus secuaces, penetró 
violentamente al despacho del fiscal segundo superior y revól- 
ver en mano obligó a revocar un auto de detención que se ha- 
bía dictado en su contra. Los miembros del Ministerio Público 
y del Organo Jurisdiccional protestaron. El Tribunal Superior 
de Buga envió a Bogotá una comisión a pedir garantías para 
los administradores de justicia; pero cómo estaría de entroni- 
zada la impunidad, que nada se hizo y el "Cóndor" siguió cam- 
pante haciendo de las suyas y el fiscal tuvo que renunciar para 
salvar su vida y su decoro. 

"El nuevo fiscal, doctor Eusebio Galindo López, quiso cum- 
plir con su deber; pero un día cayó en Buga a los disparos con 
que los pájaros le notificaron que no le permitían ejercer nin- 
guna autoridad porque ellos eran los que mandaban. 

"Durante el día eran capturados en las calles, cafés y aún sa- 
cados de sus casas los condenados a muerte por el sectarismo 
y llevados a la cárcel en donde se les daba muerte por distintos 
medios torturadores y luego a altas horas de la noche llevados 
sus cadáveres en un camión al puente sobre el río Cauca, de 
donde eran arrojados al agua después de abiertos sus vientres 
y llenados de piedras para que no sobreaguaran; y quienes que- 
daban con vida eran llevados al mismo sitio en un automóvil 
rojo de servicio público que conocí, lo mismo que a su conductor. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 169 

en donde corrían la misma suerte que los anteriores; solo que 
se les sacrificaba como a reses antes de arrojarlos al río. Por 
las noches se oían los gritos de angustia de las víctimas y sus 
golpes secos al caer al agua; al día siguiente los vecinos veían 
el piso del puente y sus barandales untados de sangre humana 
que principiaba a secarse al calor del sol naciente. Así me lo 
refirieron varias personas y entre estas, los distinguidos caba- 
lleros Andrés y Alfonso Santacoloma, quienes diariamente y muy 
temprano, cruzaban el puente para ir a su finca del municipio 
de Riofrío, próxima a Tuluá y a quienes por saber demasiado 
se les aplicó la ley del silencio al ser vilmente asesinados por 
los secuaces del "Cóndor" 16 . 

Como puede verse, la trama de la organización es muy vasta: 
abarca desde el simple ejecutor material del delito, magnífica- 
mente adiestrado, hasta el profesional y el alto empleado de go- 
bierno o de partido. 

Los "pájaros" rebasan al fin el perímetro urbano, vuelan a 
la zona rural y emigran del Valle y de Caldas a otras latitudes, 
hacia el Tolima, el Huila, hasta Boyacá y los Llanos a extermi- 
nar campesinos. 

¡Campesinos! La gran víctima de la locura colombiana que 
le asestó un impacto cuya latencia fermenta fuerzas aún conte- 
nidas, que algún día nos plantarán de cara ante la realidad na- 
cional. 

Otros grupos de coacción 

Existe un hecho que se ha disimulado en gracia de ejempla- 
rizante nobleza: a muchos profesionales se les sitió sistemática- 
mente, no dejándoles llegar clientela y entrabando el curso de 
sus negocios o desoyendo sus instancias en juzgados y tribuna- 
les o negándoles contratos en las obras públicas. Fue el bloqueo 
económico al intelectual y solo Dios sabe cuántos amargos días 
de escasez se pasaron con dignidad heroica en muchos hogares 
respetabilísimos. 

El ambiente se supersatura de desconfianza y temor. Cual- 
quier palabra puede originar la muerte o el cerco por hambre: 
"Estamos rodeados de ojos y oídos que nos siguen ávidamente. 

16 El Tiempo, marzo 10 de 1959. 



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Ni las mujeres de sociedad hemos escapado de esta fisga incle- 
mente. Entre nuestras mejores amigas puede haber detectives. 
El chofer que nos guía, la criada de nuestra confianza, la her- 
mosa artista que nos peina en el salón de belleza, nuestro novio, 
el dependiente del almacén, etc., puede ser un espía" 17 . 

La violencia económica o remunerada crea una diada sinieslra 
formada por usufructuarios que se proponen asegurar fincas, 
café y ganado a menos precio. Para lograrlo realizan una labor 
de ablandamiento sobre los propietarios mediante amenazas, anó- 
nimos, atentados, asaltos, expulsión de sus agregados, exilio y 
crímenes consumados en inocentes e indefensos. La autoría ma- 
terial la aseguran con sicarios importados, fletados, veteranos 
de crímenes atroces. Así se enfrentan dos personas: el "fletero" 
que puede delatar al delincuente y el sicario que puede liquidar 
a su contratante. Ambos se temen, pero finalizan trabajando "en 
compañía", con fines proditorios dentro de un sigilo inquebran- 
table. 

En el Quindío el bloque de criminales que se aprovecha del café 
y los cafetales logra constituir una tenebrosa "cofradía de mayor- 
domos", cuya manera de actuar es extrañamente peculiar. Al pro- 
pietario de la hacienda cafetera se le presenta cualquier día un 
desconocido y le comunica que toma la mayordomía. El dueño sin 
derecho a recusar el aviso, debe firmar el contrato y guardar si- 
lencio absoluto so pena de la vida. Así muchos acaudalados pro- 
pietarios fueron sometidos y están sometidos a esclavitud ominosa 
en fuerza de letal amenaza. 

Los frutos se distribuyen a capricho del administrador forá- 
neo. Del fruto correspondiente al propietario se deduce la cuota 
para la "organización", aquella inaudita mafia rural, y los cos- 
tos de mantenimiento del inmueble. 

Como tales "mayordomos" operan en cadena, cualquier día 
uno asalta la hacienda llevándose parte de la cosecha; luego el 
mayordomo de esta hace lo mismo con la de su fortuito visitan- 
te — cómplice de fechorías — , con quien posteriormente se re- 
parte el botín. Desde luego los mayordomos genuinos o los peo- 
nes saben quiénes son los depredadores. Pero el dueño no pue- 

17 Ramón Manrique, Los días del terror (Bogotá, 1955), p. 218. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 171 



de pensar en un posible regreso a su fundo ni formular queja o 
denuncio. Es un esclavo silencioso y explotado. 

Esta es la realidad de lo que sucede en Caldas. ¡Y pensar 
que las consecuencias de este experimento no han alcanzado aún 
sus últimos desarrollos! Seguramente abarcarán otras áreas de 
explotación agrícola donde grupos de bandoleros montarán la má- 
quina de sistemática exacción a los terratenientes. Es muy posible 
que las próximas víctimas sean los algodoneros, arroceros y gana- 
deros, a quienes someterán a la torturante expectativa del se- 
cuestro. 



CAPITULO VI 



Semblanzas de Jefes Guerrilleros 



En torno a jefes rasos se polarizan los efectivos de lucha. En 
verdad no aparece un solo intelectual destacado que entre en las 
guerrillas y comparta el vivac. Cuando más, exalumnos de cole- 
gios provincianos y algún universitario que se viene de Chile en 
busca de su llanura. 

Muchos dirigentes son cómplices de bufete y acuciosos conse- 
jeros a buen seguro. Se habla y se escribe de "guerrilleros inte- 
lectuales". Es cierto: unos ayudan a la chusma, otros asesoran 
a los "pájaros". Entre ellos se encuentran elementos de toda 
clase social: alta y media, con variadas profesiones, de todo cre- 
do y con ansia disímil según su partido y sus haberes. Son per- 
sonas que muchas veces se enriquecen por la violencia o se apro- 
vechan personalmente de las situaciones anómalas que ella crea. 
De todos modos, son parásitos monstruosos que se alimentan de 
la sangre del pueblo. 

Descartado el bloque citadino, queda el grupo rural, cuyas 
características generales se estudian en el capítulo anterior. El 
impacto que sufre el campesino lo lleva a reorganizar sus co- 
munidades en condiciones precarias. Para ello busca refugio en 
fincas o haciendas de personas acomodadas que puedan defenderlo 
por tratarse de líderes naturales que antes se habían distinguido 
por sus servicios a la comunidad, por sus innovaciones en las 
prácticas agrícolas, por su atrayente personalidad, o por ser el más 
apetecido compadre. Los jefes de guerrilla surgen de la antigua 
estructura social; son personas respetadas y respetables que enca- 
jaban perfectamente dentro de la sociedad prebélica. Los líderes 
que aparecen después de un lustro ya son jóvenes formados en la 
escuela de la violencia y la guerrilla. 



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El desajuste provocado por los desplazamientos y el impac- 
to del conflicto llevó a algunos líderes de la primera promoción 
a colapsos de personalidad. Un caso elocuente fue el de Saúl Fa- 
jardo, jefe guerrillero del noroeste de Cundinamarca, quien por 
el aislamiento, las preocupaciones, la desadaptación al nuevo 
ambiente sufre un choque psicopático que lo conduce a la locu- 
ra furiosa. Ya en noviembre 12 de 1950 escribe a un amigo: 
"El solo pensar en que hay que permanecer indefinidamente en 
estos montes y que al salir el peligro es inminente, me acongoja 
más; al mismo tiempo, mi alma y mi corazón hacen frente en 
lucha tiránica para vencer las causas que determinan este aba- 
timiento. Tanta sangre, tanta inmundicia en que se mueven estas 
cosas, me tienen hastiado y triste. El estado de corrupción de 
las gentes, no se compadece con los fines nobles que determina- 
ron mi actuación. Mal, mal, como dice el cura Bilbao" K 

Así, en torno a jefes de la misma extracción social, auténti- 
cos líderes natos, se polariza el campesinado, que ve en ellos a 
los únicos protectores que se mezclaron con él para defenderlo. 
Para entender mejor este proceso de formación de liderazgo du- 
rante la violencia, se presentan a continuación semblanzas y do- 
cumentos relativos a Elíseo Velásquez, el cundinamarqués que 
trató de convertirse, infructuosamente, en paradigma del Llano; 
Leopoldo García y Teófilo Rojas, tolimenses del grupo mestizo; 
Teodoro Tacumá, el guerrillero indio de Natagaima; Rafael Ran- 
gel, jefe santandereano ; y Juan de J. Franco, jefe de un coman- _ 
do antioqueño. 

Elíseo Velásquez y los llaneros 

Fracasado el golpe del capitán Alfredo Silva en Villavicencio 
el 15 de noviembre de 1950, surge como jefe indiscutible en una 
parte del Llano Elíseo Velásquez. Pero, ¿quién es Elíseo Velás- 
quez? Este hombre intransigente, exaltado, valeroso, oriundo de 
Junín (Cundinamarca), propietario de un aserrío en Santa He- 
lena de Upía y posteriormente dueño de una lancha en que trans- 
porta maderas a Puerto López y víveres desde Puerto Carreño 
había liberalizado el área urbana de Restrepo, donde asesinó a 
garrote al jefe conservador Antonio Céspedes. 

1 Jorge Vásquez Santo*», Guerilleros, buenos días (Bogotá, 1954). 
p. 188. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 



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En su actuación inciden, como causa determinante de orden 
psíquico, un niño y un loco: en octubre de 1949, la policía ase- 
sina en Puerto López a un chiquillo de 7 años, hijo de Rafael 
Polanía y ahijado de Velásquez. La tragedia ocasiona a Polanía 
una irreparable desviación mental. Velásquez jura no perdonar 
la vida a ningún enemigo político. 

Al saber la muerte de Gaitán, Velásquez asalta a Puerto López 
y Pachequearo, da muerte a diez policías y se incauta fusiles y 
pertrechos. El caudillo lo había defendido en los estrados judi- 
ciales por el delito de triple asesinato con que había vengado la 
muerte de su padre, acaecida en El Líbano (Tolima). 

Después de este primer asalto, Velásquez realmente no sabe 
qué camino tomar y al fin decide unirse a las gentes de Caño 
Chiquito dejando huellas de crimen a lo largo del camino que 
recorre. 

Los de Caño Chiquito no miran bien a Velásquez. Lo sienten 
demasiado extraño por su aventurerismo que pugna con la psi- 
cología de los Betancourt, prototipos del "señor" llanero. 

— ¿No recuerdas, camarita, a los dos trabajadores de Elíseo? 

— ¿Cuáles? 

^ .'^ 

— Los dos lancheros que cuando le cobraron el salario los 
mató. 

— ¡Ah!... Eso fue por octubre de 1947. 

— Sí. Desde entonces anduvo "picuriao" río arriba y río abajo 
para que no le cobraran los difuntos. . . 

Conversación de llaneros que así comentan la "velazquera", 
o azote del Llano por quien no podía ser su exponente auténtico. 

El capitán Silva busca jefes para la subversión y desde luego 
cuenta con Velásquez. Este es, por temperamento, el más deci- 
dido y por tanto el indicado para un nuevo golpe a Puerto Ló- 
pez el 25 de noviembre. El asalto se da. Elíseo cumple la misión 
a cabalidad y con la gente insurrecta que se le une se va como 
una ola por el Meta abajo en el más completo desorden, después 
de asaltar Cabuyaro, Remolino, Cháchiva, Poyatas y San Pedro 
de Arimena. . . con saña feroz. 



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Las circunstancias convierten a Velásquez en el jefe del mo- 
mento. Quienes lo conocieron lo pintan guapetón, fantoche, mi- 
tómano, valiente, patrocinador de fracasos, sin personalidad, 
con desmesuradas ínfulas de mando: 

" — Y Velásquez, el famoso Velásquez, ¿qué tal es? 

" — Una tusa, afirmó Alvaro Villamarín. . . 

" — ¿Qué es lo que pasa aquí "Minuíeras"? (Carlos Col- 
menares) . 

" — Que aquí todo es pura paja. 

" — ¿Y Velásquez, entonces? 

" — Un gañán, que no sabe sino decir que hay que matar go- 
dos, gritar mucho y amontonar mentiras. 

" — Es un tipo nervioso y su afectación resulta simpática por 
lo infantil. . . Usa revólver y correíta por el costado. 

" — ¿Quién cree usted que es Elíseo Velásquez? 

" — Usted mismo, le respondí, señalándolo. 

"El hombre se regocijó y celebró mi acierto con una carca- 
jada. . .Velásquez estaba contento aquel día. Habló de Puerto 
López y del capitán Alfredo Silva, que lo había traicionado, de 
las muchas fuerzas de que disponía y de los armamentos que 
estaban por llegarle. Mientras examinaba y accionaba el meca- 
nismo de la pistola, con el cañón vuelto hacia mí, refirió sus 
hazañas personales, concediendo poca importancia a la revolu- 
ción. Me dijo que habían llegado trescientos hombres del Co- 
cuy a ponerse a sus órdenes, que del ejército se querían pasar 
muchos soldados a sus filas y que de un momento a otro se 
movilizaría con toda su gente, reservándose el rumbo. Y que 
estaba un poco disgustado con la gente del Llano, porque si no 
le acataban sus órdenes tendría que irse para otro lado, pues 
lugares donde pelear le sobraban. 

" — ¿Y cómo le parecen todos los jefes que hay? 

" — Aquí no hay más jefe que yo!, dijo categóricamente. An- 
dan por ahí unos jefecitos que saben mucho y que no han pelea- 
do, como yo lo hice en Puerto López. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 177 



" — Los Villamarines, cortó punzante "Minuto", han peleado 
más que nadie desde el Cocuy hasta los páramos; día tras día 
de puro plomo y no de cuentos. 

" — ¡Eso es!, gritó Velásquez, han peleado mucho, pero no 
han derrotado a nadie como yo, que los maté a todos. Y me vie- 
nen ahora a imponer y enseñar. . . Aquí lo que hay es envidia y 
regionalismo. Los Villamarines, los Esguerras, los Delgados y 
todos son una misma cosa, y no obedecen mis órdenes. Yo se 
lo avisaré a la Dirección Nacional Liberal y me iré otra vez para 
la Intendencia del Meta, en donde tengo gente que sabe lo que 
valgo. ¿A qué vine aquí?" 2 . 

¿En qué radica el éxito de Velásquez? Esta es la interpreta- 
ción que ofrece su antiguo colega de guerrillas, Eduardo Franco: 

"En sus gestos dramáticos y sus magníficas mentiras, realzado 
todo ello con el hecho protuberante acaecido en Puerto López 
y llevado al máximo de la popularidad por la propaganda libe- 
ral. Quien discutiera a Velásquez se ponía en contra de un sen- 
timiento nacional. Ese Velásquez, que encarnó en un momento 
la reacción popular, y bajo cuyo nombre se hicieron los prime- 
ros, dolorosos y dramáticos intentos de lucha, era un patán. La 
otra cara de la medalla liberal: por una, entrega, prudencia, le- 
galismo; por otra, venganza, muerte y saqueo. En el subconscien- 
te de cada liberal había nacido un Elíseo Velásquez que no que- 
ría saber nada de razones, cálculos, ni de nada, como no fuera 
gritar, maldecir, destruir y matar. A medida que la violencia y 
los métodos fríos y despiadados de los chulavitas crecían en in- 
tensidad, la consigna de Velásquez, no era sino muerte y reac- 
ción" 3 . 

Otro guerrillero, Eduardo Barrera, habla "sobre lo calami- 
toso que había resultado el paseo revolucionario de Elíseo Ve- 
lásquez por el Cusiana, Tua, Upía y sobre el desconcierto que 
había causado en las gentes que antes de conocerlo se figura- 
ban una cosa harto distinta de lo que en realidad era" 4 . 

Un esquema sirve para escrutar la personalidad de este cau- 
dillo ocasional: de ascendencia campesina llega a sargento 

2 Eduardo Franco Isaza, Las guerrillas del Llano (Bogotá, 1959), 
pp. 18, 19, 20, 21 passim. 

3 Ibid., p. 22. 

4 Ibid., p. 143. 



— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



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de la Policía Nacional. Su padre sucumbe asesinado en el Líbano; 
parece que en El Fresno se venga dando muerte a tres de los 
victimarios; lo defiende el doctor Gaitán y Velásquez sale libre. 

A la muerte de Gaitán se toma a Puerto López; el asesinato 
de su ahijado de 7 años le causa impacto imborrable. Asesina a 
un adversario político en Restrepo. Mata a dos de sus trabaja- 
dores y se ensaña contra la policía de Restrepo, Acacias, Cuma- 
ral, Manaure y Yopal. Hace un nuevo asalto a Puerto López y 
sigue en expedición devastadora por el Meta. Se hace llamar 
Comandante en Jefe, General y Jefe del Gobierno Militar de los 
Llanos Orientales. 

En el asalto a Puerto López (l 9 de diciembre de 1949) deja 
23 muertos y mutila cadáveres. El 20 de diciembre del mismo 
año mata en La Aguada (Moreno, Casanare) a cuatro policías 
y dos civiles, con desfiguración y cremación de sus cadáveres; 
en Sevilla (Casanare), el 20 de febrero de 1950, tres militares 
y dos ancianas; en Vega del Cravo, el 14 de marzo de 1950, 13 
varones y 4 mujeres, para completar, que se sepa, 51 víctimas. 
Se le acusó también de necrofilia, delito del que participarían 
sus compañeros 5 . 

Velásquez terminó sus días en una escaramuza con el Ejército, 
al regresar de su estada en Venezuela, para donde se había fu- 
gado al disolverse temporalmente las guerrillas. 

De él dijeron grandes alabanzas los prohombres del liberalis- 
mo, y la Convención del mismo partido reunida en el Teatro Im- 
perio de Bogotá en junio de 1950 lo presenta "como ejemplo al 
partido liberal", por "el valor indomable de tan insigne lucha- 
dor y la forma leal con que lucha por la causa". 

Leopoldo García, el antiguo arriero 

A Leopoldo García, tolimense de 3o años, al suceder a Gerar- 
do Loaiza en el mando de las fuerzas revolucionarias al suroeste 
del Tolima, lo motejaron "Peligro". No sabe leer ni escribir; 

5 Carlos A. Torres Poveda (Gobernador de Boyacá), Conferencia 
radial, agosto 3 de 1951, transcrita por Testis Fidelis, El basilisco 
en acción o los crímenes del bandolerismo (Medellín 1953), 
pp. 64-65. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 



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apenas firma. De increíble talento, es el hombre que sabe pen- 
sar dos veces. Cordial con el amigo. Campesino puro lanzado 
a la violencia cuando lo desterraron de su parcela, salvándose 
con su padre y cinco hermanos. Tenía entonces 23 años. De re- 
cia contextura, es liberal a secas y si supo hacer la guerra, aho- 
ra construye la paz. Con él se cruza un diálogo rápido como el 
tableteo de su fusil-ametralladora 6 : 

— ¿Algo de tu vida? 

— Cuando mi papá vendió la finca, fui a trabajar de once años 
al Cañón del Anamichú. 

— ¿Cómo empezó la violencia? 

— En Anamichú trabajé seis años, hasta que llegó 1949 y co- 
menzaron unas comisiones dirigidas por un tal Jeremías Mallor- 
quín y Manuel Rincón, civiles y de política contraria los dos. 
Ellos hicieron los primeros asaltos y asesinaron trabajadores, 
mujeres y niños. 

— ¿Cuál fue tu reacción? 

— Yo les sacaba el cuerpo a los perseguidores. Pero en esas 
llegó a Rioblanco la policía, la chulavita. Yo trabajaba arrean- 
do muías desde Rioblanco a Chaparral. La policía golpeaba a 
los campesinos, encarcelaba cachiporros y asesinaba presos. 

— ¿Cómo entraste a la guerrilla? 

— Me fui donde un hombre honrado y pantalonudo que diri- 
gía ya la resistencia en estos lados y le dije que prefería que 
me mataran, antes que seguir humillado por los chulavitas. 

— ¿Dónde actuaste? 

— Al principio no hacíamos sino correr, pero al fin nos en- 
contramos con Aristóbulo Gómez y otros más y resolvimos ata- 
car. Peleamos en La Culebrera y en otros muchos sitios. La 
cuestión era a bala limpia. 

— ¿Ustedes permanecieron unidos? 

— No. Nos dividimos. En El Limón había un comando y re- 
solvimos con Loaiza irnos hasta allá para reunir fuerzas mayores. 
Después de que estuvimos juntos con esa gente, ellos nos dijeron 
que no debíamos seguir ni la política liberal ni la conservadora. 

6 Colección Guzmán, Apuntes personales. 



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Nosotros comprendimos por dónde iban las cosas y no quisimos 
"jalarle". 

— ¿Y vino la lucha? 

— Sí. Quisieron quitarnos las armas. Nos hicieron encerronas 
para matarnos y por más de 22 meses nos dimos plomo con ellos. 

— ¿Quiénes eran ellos? 

— Los '"comunes". Tenían más de 800 hombres. Nosotros éramos 
liberales sin mezcla. Los "limpios", como se nos llamó. 

— ¿Cómo ascendiste? 

— En 1952. después de pelear más con los "comunes" que con 
los chulavitas, la guerrilla me ascendió a capitán. 

— ¿Y tus compañeros? 

— Son Ignacio Parra. '"Revolución", ideólogo del movimiento; 
Aristóbulo Gómez. '"Santander": Gerardo Aguirre. "Ráfaga"; 
Hermógenes Vargas. "Vencedor". A mí me pusieron "Peligro", 
no sé por qué. 

— ¿Entre tu gente había elementos de alguna cultura? 

— Eramos tan brutos, tan ignorantes, que "revolución" la es- 
cribíamos con "b" larga. Fue Ignacio Parra el que enseñó a escri- 
bir esa palabra con "V" chiquita. Me acuerdo mucho. Por eso le 
pusimos "Revolución". Revolución al derecho. 

— ¿Sabes leer? 

— Apenas firmo. 

— ¿Qué opinas de todo esto? 

— Nosotros no empezamos. ¿Qué les estábamos haciendo los 
campesinos? 

—¿El mayor problema? 

— La juventud sin educarse. Necesariamente habrá elementos 
anárquicos que se irán sin que nosotros los podamos controlar. 

— ¿Tu mayor anhelo? 

— La paz. Que nos dejen trabajar. Hace diez años me hizo un 
préstamo la Caja Agraria. Ahí está mi finca. Voy a entregársela 
para que se pague y con lo que sobre volveré a empezar. Pero sin 
pelea, desde que nos dejen quietos. 



I 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 



181 



Volver a empezar. . . En su alma campesina prendía hogueras 
la esperanza, mientras la voluntad le rubricaba de coraje el gesto 
indómito. Al tratar con "Peligro" tiénese la certeza de que quiere 
la paz. 

Teodoro Tacumá, el indio de Belú 

En la llanura sur tolimense, dicen que Teodoro Tacumá tiene 
pacto con el diablo. Es indio sin mezcla ; 33 años. Alto, de agilidad 
felina, habla con mímica pasmosa que traduce fielmente su pensa- 
miento. Ladino como buen indio calentano. Valeroso y terrible. 
Conservador; no es "pájaro", pero sí guerrillero. Le atribuyen 
incendios, asaltos y genocidios. Fue el terror de la región desde 
Belú hasta Prado, Dolores, Alpujarra y algunas zonas del Depar- 
tamento del Huila. Técnico en la emboscada y certero en el golpe. 
No lee ni escribe ; campesino raizal, como dice él mismo. Tiene de 
la vida un concepto de ofrenda, de oblación. La juega en cualquier 
lance a precio caro. Ama a su mujer que es menudita y pequeñina. 
A su fiero corazón lo conmueven los hijos. Tal vez lo único que 
realmente ama. Trabaja. Si quisiéramos revivir a Calarcá, bastaría 
darle al indio Teodoro un lanzón de chonta y el guayuco; toda la 
raza pijao, la de los inconquistables, pasaría por la llanura en son 
de guerra. Es otro artífice de la paz. Basta que lo dejen tranquilo 
en su cubil verde y querencioso de Belú. 

— Teodoro Tacumá, para servirle. Así dijo este gigante espigado 
y cenceño, exponente perfecto del tipo racial natagaimuno, mien- 
tras sostenía en los brazos a la más pequeña de sus hijas. 

— ¿Has sufrido mucho? 

— Sí. Me han perseguido demasiado. 

— ¿Por qué? 

— Todo porque me he defendido. Me he salido de emboscadas, 
como esa vez que me cogieron entre dos cerros, disparándome más 
de diez hombres al tiempo. 

— ¿Te gusta la guerra? 

— No. La paz. Es que todo lo que pasa me lo achacan a mí. 
Solo porque uno no se deja. . . 

— ¿Qué más te gusta? 



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— A yo, mi rancho, mis matas, el río, mi canoa, pescar y estos 
"guambiticos" y la mujer que son los que me amarran. Si no, ya 
me había ido pa lejos, bien lejos. 

— ¿Sería imposible para tí, vivir sin lucha con los demás, como 
colombianos, como hijos de una misma patria? 

— No, el mundo lo hizo mi Dios grandote y en él cabemos 
todos. . . 

Seguramente Teodoro Tacumá siente que le hierve en la sangre 
el ancestro de sus antepasados los pijaos, los inconquistables. • 

Teófilo Rojas, el joven violento 

Teófilo Rojas lleva un apodo de infamia: "Chispas". Lo sor- 
prende la violencia cuando la policía entra por el Cañón de Gua- 
dalito en el Tolima (Playarrica, corregimiento de San Antonio). 
Tiene trece años de edad y seis meses de escuela. Analfabeta total. 
Se crió en casa de ese hombre honrado que se llamó Manuel S. 
López, de la vieja guardia liberal, quijote de su idea, un román- 
tico de la política. 

"Chispas" ve arder los ranchos de sus vecinos y se interna en 
el monte con su madre y los hermanos menores. El papá ya ha 
muerto. Es casi monosilábico. Espontáneamente no dice nada. 

— ¿Qué fue lo que más te impresionó? 

— Ver arder las casas. 

— ¿Qué te hizo sufrir más? 

— Mi mamá y mis hermanitos llorando de hambre en el monte. 

— ¿Te han herido? 

— Cinco balazos, todos con fusil. 

— ¿Qué quieres? 

— Que si me dejan quieto, yo trabajo. Quiero aprender a leer. 
Pero no quieren sino matarme. A yo no me dejan vivir. 

En marzo de 1958, ya de una edad aproximada de 22 años, la 
prensa lo sindica de 400 crímenes incluyendo mujeres y niños. 
Pero cuando se pide a los juzgados y tribunales el pasado judicial 
de este hombre de trágica leyenda, no aparece cargo concreto con- 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 183 



tra él. Para interpretar mejor su alma y su tragedia, tan sintomá- 
tica de muchos otros casos, es necesario transcribir el informe 
autobiográfico que en 1958 rindió por insinuaciones de "Maria- 
chi", único a quien entonces reconocía por jefe 7 : 

"En la población de Planadas (Tolima) a los cinco días del mes 
de mayo de 1958 y por invitación y voluntad espontánea, se presen- 
tó el Capitán "Chispas" ante el General "Mariachi", quien luego de 
hacerle ver la necesidad de que ciñéndose en un todo a la verdad, 
se prestara a exponer sus actuaciones y proceder, siquiera con 
unos diez (10) años de retroactividad, para dejar su conducta en 
claro, frente a los cargos que a diario se le han venido haciendo, 
y a la vez que dejar las armas para el retorno a la paz y por ende 
a la prosperidad y renombre de Colombia, en tales circunstancias 
expuso : 

"Mi nombre de pila es: Teófilo Rojas, y voy a contarles en- 
tonces la manera como tuve que vivir, siendo todavía muy mucha- 
cho y por allá desde el año de 1949 o 50, cuando vivía al lado de 
mis padres, en una finca que llamábamos "La Esperanza" de 
propiedad de mi padre. 

"Interrogado: ¿Ya dónde queda dicha finca? Contestó: Queda 
en la región o jurisdicción de Rovira (Tolima) , donde trabajába- 
mos y vivíamos muy tranquilos, hasta cuando, me recuerdo como 
si fuera ahora, empezaron a llegar gentes uniformadas que en 
compañía de unos particulares, trataban muy mal a los que tenía- 
mos la desgracia de encontrarnos con ellos, pues a los que menos 
nos decían, nos trataban de collarejos hijueputas y otras palabro- 
tas por demás ofensivas, cuando no era que nos pegaban o ame- 
nazaban, lo que nos mantenía llenos de miedo, que aumentó es- 
pantosamente cuando dieron muerte, entre otros, a Tiberio Patiño 
y Servando Gutiérrez, y muchos más que asesinaron tan injusta- 
mente, y no solo eso, sino que atropellaban a los niños y violaban 
a las mujeres, haciéndoles todo lo que se les antojaba, y sin poder 
chistar palabra, para evitar mayores tormentos; y me acuerdo 
especialmente todo lo que hicieron con una prima mía de nombre 

7 Declaraciones de Teófilo Rojas, "Chispas", al general "Mariachi", 
Planadas (Tolima), mayo 5 de 1958, Colección Guzmán, Doc. N° 
T-At-29. Se transcribe este documento dentro del texto por ser emi- 
nentemente ilustrativo de la dinámica de la violencia. 



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Joba Rojas a quien cogieron en presencia de los padres que se 
llamaban José Sánchez y Obdulia Rojas y le hicieron cosas que 
más bien no quisiera recordar, sin tener en cuenta las súplicas 
que les hacían; y recuerdo, que casi todos los que hacían esas 
atrocidades habitaban en el retén de La Selva; y recuerdo mucho 
a un tal Ricardo Prieto, que aprovechando mi pendejada y miedo 
por lo muchacho, me proponía que me volviera de cachiporro a 
godo; me decía, que así viviría tranquilo y sin faltarme nada, y 
en cambio si no aceptaba lo que me proponía que entonces me 
mataba, y que eso lo hacían con todos, hombres y mujeres, gran- 
des y chicos, y como mataban, quemaban, insultaban, robaban, 
violaban y hacían tantas cosas por lo que éramos liberales; y yo 
que entonces no tenía sino escasos trece (13) años, a mí me daba 
mucho miedo y me dolía todo lo que hacían, fue como me resolví 
a largarme de cerca de esas gentes tan malas, a ver si así evitaba 
morir por fin en sus manos; y como yo nada podía hacer contra 
tanta cosa, huí de una parte a otra, hasta que por fin llegué a un 
lado de los Andes adonde estaba Leónidas Borja, quien también 
habia tenido que huir de esa violencia porque lo perseguían para 
matarlo, habiéndose podido instalar en esa región, siendo que por 
ese entonces pasamos del trabajo y de la paz a la violencia y per- 
secución por el único pecado de ser liberales. Y como entonces ni 
siquiera se hablaba de guerrilla, no sabíamos defendernos ni dónde 
meternos para alejarnos de tanta ferocidad, y entonces como si- 
guieron llegando pobres familias a quienes habían matado a per- 
sonas queridas para ellas, o los habían maltratado, o les habían 
robado lo que tenían o incendiado sus pequeñas propiedades; y 
entonces ya en compañía del amigo Borja, se empezó a organizar 
la manera de defender esas pobres familias y a los que no tenía- 
mos más amparo que el de ellos, y a ver la manera de estar pro- 
tegidos y lejos de tanto mal y fue así como por pura necesidad y 
con grandes sacrificios lograron reunir unas escopeticas, todas 
remendadas e inseguras, pues hasta con caucho las tenían que 
hacer funcionar, a más que con unos machetes ya se nos facilitaba 
conseguir carne de monte y algo de seguridad, como también leña 
y resolver necesidades urgentes, como la de favorecernos del agua, 
el sereno y otras cosas pues como lo he manifestado ya, éramos 
muchos los que nos habíamos reunido en busca de refugio y pro- 
tección, muy especialmente para los niños, para los ancianos, para 
las mujeres, y en general, todos los que habíamos tenido que huir 
a la persecución sectaria de la policía, del ejército, de los godos, 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 185 



y pájaros, que eran los mismos godos pero más malos, y hasta de 
los curas que habían convertido algunos la religión en persecución 
política. 

"Fue entonces como nos siguieron esos malvados hasta donde 
pensábamos estar sin tanto peligro, aunque sufriendo hambre, frío 
y todo lo que la huida nos presentó y puso a aguantar, y que no 
contentos con tanto mal nos acorralaron y nos obligaron a contes- 
tar el fuego que nos disparaban, cuando nos considerábamos 
perdidos ante tanta gente tan mala, tan armada y tan desampara- 
dos que nos encontrábamos, pues ni autoridad ni jefes políticos, 
hacían algo a nuestro favor, siendo que éramos campesinos hon- 
rados, y trabajadores de Riomanso, Rovira y otras regiones, que 
habíamos logrado escapar a la muerte que nos acorralaba donde 
vivíamos anteriormente ya donde unos dejaban parientes muertos, 
otros amigos, otros cenizas de lo que nos perteneció; y en esa 
forma querían acabar con todos los que nos llamaban coliare jos; 
fue así como tuvimos que ir buscando modos de favorecernos en 
Riomanso, La Estrella y las montañas de la Rivera, pero ya reuni- 
dos con los hermanos Borja y Cantillo, que fueron los que se 
propusieron a salvar a tantos perseguidos por esos bandidos sin 
Dios y sin Ley; pero como por las consecuencias que recaían 
sobre las familias de los que por allí nos habíamos logrado reunir 
en la huida, tuvieron que cambiar sus verdaderos nombres por 
apodos que conocíamos para distinguirlos y fue como entonces 
Leónidas Borja se siguió llamando "El Lobo", Tiberio Borja, 
"Córdoba", David Cantillo, "Triunfante" y tantos otros de los 
que nos encontrábamos corriendo por el enemigo que lo era para 
los que llevábamos el pecado de ser liberales, y que nos perseguía 
el Gobierno de entonces con los godos o pájaros, policía, ejército 
y detectives y hasta la misma aviación, que con sus seguidos ata- 
ques y bombardeos y malos procederes. Y siendo ya tan grande el 
número de familias y los que huímos en total, resolvieron que nos 
dividiéramos en dos grupos a ver si se facilitaba más y mejor el 
salvamento de tanto inocente, siendo así como de una parte se hizo 
cargo "El Lobo", de otras gentes se encargó "Córdoba" y "Triun- 
fante" siguió con otros en la seguridad de que así evitarían el 
asesinato de tantas familias, que como antes dije, nos encontrába- 
mos sin el amparo de los jefes políticos correspondientes, que a 
sabiendas de que las gentes liberales estábamos siendo víctimas de 
tan pavoroso sectarismo demostrando con los asesinatos cobardes, 
ultrajes, robos, incendios, violaciones, sin respetar edades ni sexos 



186 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



y el estado de indefensión en la totalidad de los casos, lo que dio 
principio a la formación y organización de guerrillas que se en- 
frentaron en forma completa a la situación a que nos llevaron tan 
incalificables procedimientos, y que con tanto valor y tan obliga- 
damente nuestros compatriotas orgullosamente actuaban, presen- 
tándose casos distintos, como el de Arsenio Borja que se hacía 
llamar "Santander", de quien no puedo olvidar sus famosas haza- 
ñas pues todo lo que cogía por delante lo acababa, pues él nos 
decía y hacía ver que el enemigo lo componían los godos, los 
policías y el ejército y los que llamaba él chulos godos malparidos, 
había que acabarlos; y como en realidad era tan valiente y pelea- 
dor de verdad, unos por miedo y otros porque la necesidad se 
imponía, y en otros casos por ser admirador de tan famoso jefe, 
no se quedaban atrás en las comisiones que llevaba a cabo, y que 
como nos defendía, nos traía ropa y nos daba lo que en la mayoría 
de las veces le pedíamos o necesitábamos, pues como nada le cos- 
taba ir a matar y robar godos, todo nos lo facilitaba. 

"Entonces, me acuerdo muy bien, fue cuando de los aviones que 
antes nos aflojaban fuego, ahora salían hojas volantes y periódicos 
en los que figuraba o leíamos la caída del entonces presidente 
Laureano Gómez, quien por malo y corrompido lo tenían que tum- 
bar, pero que ahora sí subiría uno muy bueno a la presidencia, 
que predicaba para todos la paz, justicia y libertad, que nos haría 
respetar nuestras personas y bienes, que acabaría con tanta ma- 
tanza, y como era él quien mandaba en las Fuerzas Armadas y 
que se llamaba Gustavo Rojas Pinilla, que él sí ponía orden en 
las cosas, y que podríamos volver a nuestras tierras y a trabajar 
y vivir tranquilos con nuestros familiares, y que sería el único 
salvador de la patria. Fue entonces cuando se les hizo saber a esos 
guerrilleros que nos defendían, que debían entregar las armas si 
querían que nos dejaran tranquilos y que volviéramos al trabajo 
y a la paz, pues entregando las armas, el Gobierno nos ayudaría 
y nos daría muchas garantías para trabajar, nos facilitaría la ma- 
nera de que volviéramos a recuperar lo perdido; y entonces bajo 
todas esas promesas que nunca vimos cumplidas, nuestros buenos 
defensores entregaron las pocas escopetas que llevaban por armas 
de defensa como antes expliqué, pues así como procedíamos de 
buena fe, nuestros buenísimos jefes pensaron que nos dejaran 
tranquilos y que volveríamos al trabajo y a la paz, pues siendo 
tan injusta la persecución contra nosotros, qué más iban a seguir 
haciéndonos. Así fue como seguros de que podíamos volver a 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 187 



trabajar tranquilamente, nos repartimos unos que seguían al "Lo- 
bo" quien resolvió irse a establecer a Los Andes y los que seguían 
a "Córdoba" se establecieron en Guadualito a donde nos pusimos 
a trabajar pero de verdad, pusimos sementeras a medida de nues- 
tros grandes esfuerzos por volver a tener hogar y tranquilidad; y 
en cambio Arsenio continuó haciendo males por donde quiera que 
pasaba, iba terminando con todo lo que encontraba, sobre todo 
tratándose de policías, ejército, godos y pájaros; es un consuelo 
y gran alivio darles como matando culebra, y lo decía con tanto 
gusto que se saboreaba como cuando hablaban de una buena 
comida. Pues yo no sé, pero era que con todo lo malo y condenado 
que era, no se le podía desconocer su simpatía y gracia con que 
hacía las cosas con tanto valor. 

"Fueron tántos los crímenes, asesinatos, robos, incendios y ac- 
tos tan espantosos que cometió "Santander" o Arsenio que ya los 
mismos hermanos que eran hombres en verdad buenos, como para 
salvar su apellido querían hacer de cuenta que era una maleza 
que había que acabarla y hasta pensaron que matándolo les agra- 
decerían para limpiar el mundo de gente de esa clase, pues era 
tal su espíritu del mal que lo acompañaba, que él no se contentaba 
con ver el muerto, sino que hasta le habría hartos agujeros y 
decía que era para que le saliera bien la vida a ese condenado 
godo. Y no solamente era que mataba, sino que se volvió dañadí- 
simo para robar ganado, muías y lo que a su paso salía, y cuando 
menos a machete y puñaladas saciaba las ganas. Por todas estas 
cosas yo no hallaba qué camino coger, hasta que me resolví a 
irme para Guadualito a trabajar en la finca de don Servando Gu- 
tiérrez, con un hijo de éste, en trabajos de agricultura y a donde 
permanecí como un año, en que la persecución continuó y yo 
viéndome en peligro, pues hasta mataron a "Córdoba", en el 
camino del Carmen a inmediaciones de Ibagué y Rovira, y como 
también mataron en esos mismos días a los hermanos David y 
Gilberto Cantillo, que se encontraban trabajando en su finca de 
los Andes, hasta donde llegó la policía y los puso presos y se los 
llevó y ya por el camino los mataron tan cobarde y cruelmente, 
que me pasan como fríos por todo el cuerpo tan solo de acordarme 
de esas verga jadas, pues así hicieron con tantos otros liberales que 
nos acompañábamos en esta terrible persecución, sirviéndonos 
unos a otros de consuelo al ver nuestra suerte tan parecida de 
unos a otros, con el pecado general de ser liberales, como entre 
otros casos el ocurrido en Guadualito, donde mataron a mi propio 



188 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



patrón tan bueno como era, hijo de clon Servando Gutiérrez (mi 
patrón lo llamábamos Efrain Gutiérrez) y a unos Morales de 
Playa Rica. Fue entonces cuando volvió esa ola de persecución 
tan horrible para todos los que no cedíamos a las propuestas de 
que nos voltiáramos, pues eso no hacían más que averiguar por 
los guerrilleros y los que andábamos a su lado en busca de pro- 
tección tomo lo he venido explicando, y entonces los sobrevivien- 
tes que quedaban de los Cantillos y de los Borja tuvieron que 
nuevamente organizarse para ver cómo se defendían y nos defen- 
dían a los que no estábamos capacitados para coger las armas 
contra la policía y contra el ejército y los que llamaban "pájaros" 
y a quienes les daban armas, municiones y dinero para que nos 
persiguieran a todos los liberales que andábamos de lugar en lu- 
gar en busca de garantía, paz y trabajo, pero que siempre era con 
la idea de acabarnos en una forma total y predicando la Paz, 
Justicia y Libertad, siendo así que nos obligaron a tener que bus- 
car refugio en las montañas de fincas como Puentecito y La Ar- 
gentina a donde nuestros protectores se vieron obligados a estar 
muy atentos nuevamente contra el enemigo que empezó con mayor 
fuerza sus ataques directamente por parte del Gobierno de las 
Fuerzas Armadas y los tales "pájaros", que el tiempo me hizo 
comprender que eran los mismos godos a sueldo para matar libe- 
rales. Y como mi vida se vio nuevamente amenazada y en peligro, 
lejos de mis protectores, tuve que volver a buscarlos y ponerme 
bajo sus cuidados por allá por el año de 1955 más o menos en el 
mes de noviembre, y acompañar nuevamente al "Lobo" en vista 
del peligro que me amenazaba y de que no me dejaban trabajar 
tranquilamente, hasta cuando en el año de 1957, llamaron a otra 
pacificación, en que ya directamente se enfrentaron a prometer, 
los doctores Parga Cortés y Daniel de la Pava en compañía de 
otros cuyos nombres no recuerdo por el momento, por haber sido 
con el "Lobo" con quien trataron más directamente y por su bon- 
dad, y fue así mismo quien aceptó las conversaciones. . . 

Muerto el "Lobo" fue cuando volvieron sobre mí los ojos di- 
rectamente, y como cuenta que tengo que dar a Dios, yo que hasta 
entonces no había tenido que actuar, a mí me empezaron a perse- 
guir espantosamente; me imagino yo ahora que sería por lo que 
sabían que yo andaba con todos ellos desde hacía tanto tiempo y se 
podían suponer que yo les había aprendido sus maneras defensi- 
vas, y me pudieron considerar como quien seguiría sus tácticas a 
esos buenos hombres que entregaron sus vidas defendiendo tantas 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 189 



familias y seres inocentes que tan de cerca veíamos nuestra muerte, 
por el único delito de ser liberales. Y así fue como en realidad 
de verdad, todas esas gentes hicieron confianza en mí, seguramente 
por lo que yo me supe manejar con todos bien y era obediente a 
lo que me ordenaban y me daba pesar ver que sufrieran esas infe- 
lices gentes compañeras de desgracia, y de común acuerdo resol- 
vieron que yo me pusiera al frente de las cosas para que no se 
nos cogiera de sorpresa y nos acabaran por fin a todos como desde 
hacía tanto tiempo se proponían; y entonces como yo también vi 
la necesidad de defenderme y defenderlos, y así mismo me acuerdo 
y no puedo olvidar, cuánto nos amañábamos con Santander por- 
que hacía tantas cosas, que todo lo que agarraba por delante se 
lo llevaba, y que no dejaba como decía él, godo bueno que encon- 
trara, y robaba, mataba, quemaba y en todo caso le daba gusto a 
las ganas, pues como decía, no estaba tranquilo cuando no estaba 
haciendo aseo al mal, como cuando mató a Víctor Chaves en Rio- 
manso, y a un sargento y un cabo, entre otros tantos, en el retén 
de Montebello, estos dos últimos, los que ejecutó a fines de 1955, 
cuando por segunda vez estuvimos refugiados en La Argentina, 
La Osera y Puentecito. Estando en La Osera salió hasta el Gua- 
dual y Los Andes y mató un poco de conservadores y de allí pasó 
a China Alta bajando de San Bernardo y en La Chapa, nos conta- 
ba, que mató a cuanto malparido godo encontró por delante, fuera 
hombre o mujer, viejo o chico que le oliera a godo tenía que 
joderlo para poder quedar tranquilo, y que cómo gritaban y ha- 
cían muecas esa malparida tropa que había acorralado cuando 
viajaban a San Bernardo en un jeep, que ahí sí se había dado 
gusto, viéndolos hacer gestos cuando los pasaban por distintas 
partes para que fueran muriendo a poquitos, y con qué gusto se 
reía contándonos, y que tánta cosa que les había cogido, después 
de que lo habían divertido cuando morían, que llevaban harta 
munición, armas buenas, joyas y hasta plata y billeticos de núme- 
ros seguidos, nos decía; y ahí mismo arrancó para Girardot a 
otro traba jito, y allí supimos que se puso a "chiviar" y generosí- 
simo regalaba joyas y plata y que sirvieran para todos y esas 
mujeres que tenía junto, felices viendo lo bueno que era para 
gastar, y eso como que fue rapidito, que aunque era hartica se le 
acabó y cuando se vio jodido se acordó de los goditos y fue a 
conseguir nuevamente la forma tan fácil que tenía para rebuscar- 
se; pero entonces la estrella de la suerte se le había vuelto de 
espaldas, y lo apresaron en ese tirito cuando regresaba al trabajo 



190 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



como decía él, y eso sí que lo lamentamos, pues como el condenado 
nos daba de todito y algo que nos aliviaba de la dura vida que 
pasábamos, cuando barría con lo que por delante cogiera, y más 
cuando se trataba de policías, ejército y chulos como se llenaba 
la boca contando; y por eso es que se me hace raro y hasta no 
creo que se haya metido a la policía como me lo han contado y 
asegurado que lo han visto de policía en Chaparral, pues con el 
asco que les tenía, qué va a ser capaz de vivir entre ellos. 

"Así terminaron todos los jefes, y entonces ya en una forma 
definitiva me hicieron la exigencia de que me pusiera al frente 
de la defensa de tanto inocente que había quedado sin ayuda ni 
defensa ; y fue así como sintiendo lástima por toda esa gente, huér- 
fanos, viudas y así sucesivamente no pude menos que aceptar 
como un deber y una necesidad hasta defenderme y salvarme a 
mí mismo y a ellos. Pero como yo falto de experiencia y conoci- 
mientos, edad, en fin, me propuse a buscar contacto con los demás 
guerrilleros que sabía estaban por distintas partes especialmente 
por el Tolima. Así fue que después de mucho tiempo de buscarlos 
los encontré en el año 57. Y ya por medio de cartas y comunica- 
ciones en general era invitado y sentía deseos de estar en contacto 
con las guerrillas del sur del Tolima y como no podía salir porque 
el ejército y los pájaros aumentaron la persecución, ya tuve que 
hacerles frente y defenderme cuando me acorralaban y como nadie 
me apoyaba, en cambio todos me perseguían, y por la prensa, 
por la radio y las Fuerzas Armadas y dentro de los pájaros y 
en una forma y otra, no han hecho más que cargarme la mano de 
todas las muertes que se presentan, pueden ser las muertes natu- 
rales, dicen que soy yo y que me tienen que matar. Ya no me podía 
ni me puedo dejar matar como oveja amarrada, sino que como la 
defensa es permitida, yo no he hecho otra cosa que defenderme y 
defender a los indefensos, a los menores, a las mujeres y los an- 
cianos. Y en tantas idas y venidas después de las elecciones del 16 
de marzo, me llegaron unas comisiones y comunicados del general 
Mariachi; estuve más informado de la situación política y la de 
las guerrillas, y se me hacía una invitación definitiva, para venir 
a donde él, conferenciar como en realidad lo he hecho y por ello 
es que he llegado a Planadas, a donde estoy muy satisfecho. 

"Certifico que esta declaración es auténtica y recibida por el 
suscrito al Capitán "Chispas". (Fdo.) Jesús María Oviedo, Gene- 
ral "Mariachi". Planadas, Julio 16 de 1958". 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 191 



El relato transcrito se atribuye a Teófilo Rojas, alias "Chispas" 
y lo aceptamos sólo en el aspecto en que ciertamente concuerda 
con su vida. Pero en el mismo parece intercalada una superposi- 
ción que le restaría los requisitos de autenticidad exigidos por 
la ley. Sobre dicha autenticidad se pronunció negativamente el 
señor Juez Segundo Superior del Distrito Judicial de Ibagué, 
en el auto de proceder dictado contra varios miembros del extin- 
guido Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC) en el proceso 
penal por el homicidio del distinguido profesional doctor Daniel 
de la Pava. 

El periódico TRIBUNA de la misma ciudad era el medio in- 
formativo aceptado ciegamente por los del monte. Su Director 
Echeverry Cárdenas (asesinado en 1957) hubo de publicar, coac- 
cionado, la versión de los hechos tal como se la entregó una fuente 
oficial. Esto debe constar en autos. En dicha versión se hacen 
cargos al doctor Daniel de la Pava y es presumible que "Chispas" 
la acogiera del periódico mencionado y la cotizara en su afán 
primario de liderazgo indiscutible. 

La luz se hará. El desenlace del proceso tendrá resonancias na- 
cionales y patentizará otro episodio que nos debe hacer reflexio- 
nar a los colombianos. 

Pero fue de allí, del espectáculo del crimen, de su grupo en lucha 
a vida o muerte, de su ambiente, de su frustración, de su ignoran- 
cia, de la injusticia, de la impunidad, del hambre, de la desnu- 
trición que lleva al crimen, de un sentido de defensa del núcleo 
familiar, del inicial horror a la muerte y del gozo que produce 
la venganza, del abandono de sus jefes y de la explotación por 
segundones, de su analfabetismo, de su tierra arrasada, del odio, 
de la impotencia, de todo esto entremezclado de donde nació 
"Chispas", el adolescente de apenas 13 años a quien sorprendió 
la violencia en Guadualito. 

Hubo un momento en 1959 cuando quiso regenerarse y vol- 
vió al campo, a lo suyo, a su tierra natal de La Esperanza; pero 
alguien se empeñó en matarlo cuando se había acogido a la am- 
nistía, cuando estaba entregado. Esa hazaña la reclamaba el 
mismo que en La Palma y Topaipí consiguió que los campesinos 
confiaran en su palabra de soldado de respetarles la vida, y una 
vez seguro los apresó y los asesinó en presencia de sus esposas 
y los hijos; el mismo que en estado de embriaguez ante su pro- 
pio comandante obligó a un civil amigo a sostener una botella 



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sobre la cabeza para ejercitarse en tiro al blanco y luego dijo 
textualmente: "Ahora se lo pego en medio de los cachos" y el 
infeliz cayó fulminado por la bala certera del oficial beodo. El 
mismo que en Topaipí formó a los policías y les disparó a los 
pies, hiriendo al cabo. El mismo que en carta de febrero 25 de 
1959 escribía a Teófilo Rojas inculpándolo de "robo de gana- 
do vacuno y especialmente de caballares y mulares, que han sido 
transportados a Guadualito" y que resultó ser falso. El mismo 
que proseguía así en su carta: "¿Quién lo ha autorizado a us- 
ted para cometer estos atropellos? ¿En nombre de qué colecti- 
vidad o autoridad pretende usted hacerse dueño y señor de vidas 
y haciendas? Le advierto de una vez por todas que dentro de 
la jurisdicción del Batallón no se aceptará autoridad distinta de 
la elegida por el pueblo, o sea la legítima, y que usted y sola- 
mente usted será el responsable de los hechos de sangre que 
puedan presentarse a causa de sus inconsultas, desleales y des- 
cabelladas actuaciones. Si se coloca dentro de la ley tendré 
mucho gusto en tratarlo como a un ciudadano corriente, de lo 
contrario le aplicaré sin contemplaciones el peso de ella . . . " 8 . 

El inculpado escribió a la autoridad correspondiente: 

"Ninguna de esas cosas es cierta, todo lo contrario, estoy dis- 
puesto a respaldar al gobierno hasta con mi propia vida, y si fue- 
re el caso. Lo que pasa es que los conservadores están incómo- 
dos con mi estadía en la región y propalan chismes buscando 
que se me persiga y se me declare guerra sin cuartel; y si esto 
llegare a ocurrir no puedo quedarme cruzado de brazos para 
que me asesinen; el instinto de conservación me obliga a defen- 
derme. Hago constar que quiero trabajar y ser un ciudadano 
pacífico y honrado y que por ningún motivo seré quien le pon- 
ga problema a su gobierno" 9 . 

En carta a persona particular le decía el 14 de abril de 1959: 
"Le cuento que el ejército me está persiguiendo mucho. En to- 
do caso hable con esa gente, que no me persigan. Yo hace 20 
días que estoy en la finca escondido y mi ambición es trabajar 
si me dejan; en todo caso mándeme una razón porque estoy 

8 Colección Guzmán, Doc. N<? T-Rov.-l. 

9 Colección Guzmán, Doc. N9 T-Rov-2. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 193 



muy aburrido de estar escondido; lo que yo quiero es trabajar 
y vivir en paz" 10 . 

De lo que se trataba era de dar de baja a un campesino en 
vía de regeneración. Un sargento divulgó el plan y la fiera se 
puso en acecho. El día de Corpus de 1959, cuando elementos 
de tropa abalearon la casa donde la mujer que tomaría por es- 
posa esperaba de inmediato el primer hijo, "Chispas" estaba au- 
sente y como respuesta tornó al monte a reanudar sus incursiones. 

"Chispas" comandó una cuadrilla de 65 elementos, todos de- 
masiado jóvenes, teniendo como segundos a "Triunfo" y "Kai- 
rús". Fue la temible cuadrilla que azotó las regiones de Pla- 
yarrica, Rovira, Ibagué, San Bernardo, La China, El Salado, La 
Osera, Laureles, Cócora, Riomanso, Anaime, Génova, Pijao, Ca- 
larcá, Córdoba y que anduvo por Dolores y el sur del Tolima, 
haciéndose famosa por los asaltos a los buses de línea. 

"Chispas" es el prototipo de la juventud victimada por la vio- 
lencia: es la secuela fatal que nos quedó. Como él hay miles, 
no así de contagiados, pero ciertamente esperando una labor 
de regeneración que no da tregua y que no se está haciendo. La 
juventud que tuvo por escolaridad diez años de crimen, analfa- 
betas absolutos, contaminados por todas las lacras físicas y mo- 
rales, lesionados psíquicos, antisociales iniciados, ese es el máxi- 
mo problema y el más urticante que nos dejó la violencia. 

No faltará algún procer de heroísmo retardado que dé como 
solución salomónica matarlos. ¡No! Lo humano, lo colombia- 
no y lo cristano es tratar de regenerarlos. Entregarse, querer 
vivir, es ya el principio de su rehabilitación. 

Rafael Rangel, el ex-policía 

Al hablar de violencia en Santander se debe tomar como pun- 
to humano de referencia a Rafael Rangel Gómez, cuya actua- 
ción se inicia el 9 de abril de 1948 al tomarse a Barrancaber- 
meja. 

Desatada la reacción, este caudillo de cierta cultura abre ope- 
raciones sobre el río Magdalena, el Carare y la línea férrea has- 
ta San Vicente de Chucurí. El 27 de noviembre de 1949, 700 

10 Colección Guzmán, Doc. N? T-Rov.-3. 



— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



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MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



hombres asaltan a San Vicente con saldo de 200 muertos entre 
varones, mujeres y niños. Ya el 17 de septiembre habían acae- 
cido encuentros en La Ceiba entre revolucionarios y policía. 

En 1950 se lucha en El Toboso; en Tona perecen 14 soldados 
cuyos cuerpos son despedazados e incinerados; en enero de 1951 
es azotada la región de Zambito donde al cadáver de Pedro Gil 
le cercenan las orejas que "aparecen colgadas de alambres de 
púas"; en 1952 son seriamente afectados el Opón y el Carare 
con el genocidio de 20 labriegos y el asalto en que mueren el 
subteniente Gonzalo Puerto Ramírez y 20 unidades de tropa; 
en mayo acaecen los encuentros del páramo El Colorado (Gua- 
ca) y en junio se registran depredaciones de vándalos en Tona, 
Chaca y Cantimplora donde perecen 14 soldados en un asalto 
sorpresivo. En febrero de 1953 caen en El Tagual 13 campesinos 
a manos de facinerosos. 

Ni el odio ni el crimen conocen límites. Hacia El Carmen 
descendieron por las cuestas policías uniformados, detectives, 
guardias de rentas y civiles de Pamplona, Hacarí, Convención 
y Teorama. Se identificaron 33 cadáveres. A las víctimas se les 
obligó a caminar con los pies descalzos por una calle envidria- 
da. Se les fusiló sobre una fosa común, abierta por ellos mis- 
mos. Hubo saqueo, violación y estupro. 

"Los que pudieron huir escaparon por bosques y sementeras. 
Hombres, mujeres, ancianos y niños formaron el grupo del éxo- 
do, que algunos calculan en tres mil personas. Algunos tomaron 
la vía del Río Magdalena, saliendo por Gamarra. Otro grupo 
muy numeroso, se internó en la selva en busca de la guerrilla 
de Rangel. 

Pero, ¿quién era Rangel? 

"Era el comandante de la Policía de San Vicente (Santan- 
der). El 9 de abril de 1948 se sublevó, como casi toda la policía 
del país, contra el gobierno partidista. La rebelión fue domina- 
da por el Ejército y Rangel se replegó a la selvática región de 
La Colorada. Nombrado alcalde de San Vicente un sujeto lla- 
mado Pedro Rueda, avasalló y fusiló a los oponentes al gobier- 
no. En su obra, fue secundado por el personero. Campesinos 
honrados, pacíficos, fueron encarcelados. Sacados por camiona- 
das en las horas de la noche, se les fusilaba de espaldas, cara 
a un barranco en cuyo fondo de muchos metros rugía un que- 
bradón. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 195 



"En proporción de aquel progrom, aumentó la guerrilla de 
Rangel. Campesinos honrados viéronse perseguidos y torturados. 
Dueño de recursos y de armas, Rangel atacó en varios sitios en 
la vasta región boscosa, comprendida entre San Vicente, Chueu- 
rí y Barrancabermeja. Hombres resueltos a vengar sus torturas 
y sus hogares violados y saqueados, lo rodeaban. Tomó armas 
y municiones, masacrando de paso a soldados y policías. Los 
sorprendía en mitad de la selva virgen que orilla el río Magda- 
lena y no daba cuartel. Hízose ducho en pasear su guerrilla pol- 
los maniguales, ciénagas y esteros. 

"Andando el tiempo, la guerrilla de Rangel creció tanto, que 
extendió sus retenes y cuerpos de asalto hasta La Dorada y Puer- 
to Wilches. De todas partes deja República le venía gente deses- 
perada y arrojada de las ciudades y aldeas por la ferocidad hi- 
drófoba de los uniformados. A él acudieron los fugitivos de 
Santa Helena del Opón, borrada del mapa por el incendio y el 
saqueo. Sus parcelas, sus casas, sus ganados, se vendieron a vil 
precio a los nuevos dueños. A Rangel acudieron los despojados 
del Carare. A él, aldeanos, campesinos y pequeños rentistas de 
La Gloria, Gamarra, Carmen de Santander, Ocaña, Convención, 
Wilches, Barrancabermeja y de todas las poblaciones, villas y 
aldeas azotadas por la Peste Azul. A él, los pequeños propieta- 
rios, colonos y mozos de campo de la orilla del río obligados a 
vender a precio de remate sus parcelas para el provecho de los 
enfermos de hidrofobia. 

"A la sombra de Rangel se improvisaron jefes que coman- 
daban grupos guerrilleros aislados. Estos hundían o incendia- 
ban barcos fluviales y pusieron en grave aprieto a la navega- 
ción del Magdalena. El tránsito fluvial se hizo peligroso. Tam- 
bién a la sombra de Rangel y contra su querer y órdenes, sur- 
gieron verdaderos pandilleros que asesinaban y saqueaban. Pro- 
tagonizaron los crímenes más atroces, emulando con los lobos 
uniformados en ferocidad y ausencia de sentimientos. Por esta 
razón y por la de estrategia política, guerrilleros y bandoleros 
fueron confundidos en una sola denominación: la de chus- 
meros. 

"La diferencia establecíanla las propias víctimas. Cuando se 
trataba de auténticos guerrilleros, el barco o la lancha eran obli- 
gados al atraque, y los asaltantes se limitaban a exigir alimen- 
tos y drogas. Dinero no. Si de buena gana querían darlo, lo re- 



196 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



cibían, claro es. Tomaban, eso sí, cuanta arma caía en sus ma- 
nos. Y si a bordo iban uniformados, los mataban sin considera- 
ciones. Tanto, que los capitanes de los barcos suplicaron al 
gobierno que no les diera guardia de uniformados, que provo- 
caba la furia de los guerrilleros, y con mayor razón de los ban- 
doleros. Estos, entraban a saco y a muerte sin respetar mujeres 
o niños. 

"Otras víctimas seguras de unos y otros fueron los caballeros 
de alguna posición que viajaban a bordo, pero con anteceden- 
tes persecutorios. Se les fusilaba sin juicio. 

"Varios asaltos a pueblecitos desprevenidos, dejaban una hue- 
lla de incendio y muerte. Tanto daba que asaltaran los bando- 
leros o la policía. La competencia era el diezmo de la sangre. 
Frecuentemente bajaban por el río, en procesión infinita, cadá- 
veres despellejados, torturados, mutilados. La identidad de los 
agresores se advertía por las huellas de la tortura: si de los 
Hombres Lobos se trataba, la falta de las orejas y de los genita- 
les, era la marca de su paso. Si de simples bandoleros, el des- 
pellej amiento. Salgar y La Dorada proporcionaban la cosecha 
más cuantiosa de cadáveres. 

"Un tercer grupo de desesperados, atacaban cuanto encontra- 
ban con vida porque ya odiaban la vida, con odio brutal y 
encendido. No distinguían entre amigos ni enemigos. 

"Este tercer grupo integró el de los "bandoleros", muchos, 
muchísimos de los cuales tenían antecedentes nobles y decentes. 
Pero la Peste del Odio los contagió y toda una legión de escrú- 
pulos murió en ellos. El escrúpulo de la Vida, el escrúpulo de 
la Propiedad, el escrúpulo de la Honestidad, el escrúpulo del 
Hogar, el escrúpulo de la Ley, el escrúpulo de la Virtud, en 
síntesis: había en su conciencia un vasto cementerio de escrú- 
pulos" 11. 

Una pregunta: ¿Por qué en Santander, tan tradicionalmente 
belicoso, no perduró la violencia? Porque cierto mandatario 
seccional utilizó un método que consistía en preparar en cada 
pueblo elementos que hubieran prestado servicio militar y fue- 
ran partidarios del Gobierno. Hecho esto enviaba un contingen- 

11 Ramón Manrique, Los días del terror (Bogotá, 1955), pp. 121.123, 
230-233. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 197 



te de policía con uniformes y fusiles para dotar a los hombres 
preseleccionados. La irrupción sobre poblados y veredas era 
rápida, inmediata y bárbara. Las gentes debieron optar por so- 
meterse o emigrar. Y prefirieron someterse. 

Rangel depuso las armas en 1953. 

El también soñó con una auténtica revolución. 

Juan de J. Franco el idealista frustrado 

Juan de J. Franco, jefe del comando revolucionario del sur- 
oeste y occidente antioqueños, en el memorial dirigido al go- 
bernador militar el primero de julio de 1953, ya citado, descri- 
be la forma como se inició en la violencia y ganó su lideraz- 
go, señalando de paso algunos aspectos de organización de las 
guerrillas : 

"Me hallaba un día en la Casa Liberal de Medellín, situada 
entonces en Pichincha con Cúcuta, oyendo una conferencia de 
labios de uno de mis jefes. De improviso penetró al recinto el 
detectivismo departamental, comandado por el señor Jorge Sa- 
lazar, y, sin parar mientes en nada, la emprendieron contra to- 
dos los circunstantes, sin respetar siquiera a las dignísimas da- 
mas que allí estaban. Los detectives quebraron todo el mobilia- 
rio. Hicieron alarde de puntería y valor, disparando sus armas 
contra los retratos de los jefes liberales que adornaban esas pa- 
redes. Despedazaron los archivos y aporrearon e hirieron a mu- 
cha gente. Entre los heridos me cuento yo. De allí me dirigí a 
mi casa, a curarme las heridas y pensar muy seriamente en el 
porvenir de los liberales, ante ese suceso en plena capital del de- 
partamento. Sentí angustia infinita y tomé la determinación de 
irme a defender mis ideales, arma en mano, sin importarme 
las contingencias que pudiera correr, sin importarme el aban- 
- dono de los míos, sin volver la mirada atrás, siempre fija hacia 
adelante, sin vacilaciones, sin temores. Me vine al monte, a Pa- 
vón y aquí en esta región he venido luchando por la libertad 
de Colombia. 

"Hace cuatro años que abandoné mi hogar, la tranquilidad 
mía y la de los míos, y me vine a esta tierra a formar un ejér- 
cito que luchara para que Colombia retornara al imperio de la 
libertad y de la justicia paira que sus hombres no siguieran so- 



198 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



metidos a tan abyecta tiranía. Y aquí encontré hombres valien- 
tes que como yo no comulgaban con los sistemas y las prácti- 
cas de ese régimen, y que conmigo empuñaron las armas en 
defensa de sus vidas terriblemente amenazadas. 

"Conocía esta región, porque en alguna ocasión me había 
tocado venir en comisión oficial. Sabía que era lugar estraté- 
gico para organizar una fuerza defensiva contra la violencia. 
Mi lucha aquí y la de mis hombres ha sido una lucha heroica. 
La hemos librado con decisión. Casi sin armas, hemos suplido 
esa deficiencia con el coraje que infunde la mística, la fuerza 
de la razón. Nos sentíamos asistidos por la justicia. 

"Luchamos con el corazón y con el alma. No nos ha guiado 
en ningún momento el afán de lucro, ni mucho menos el delito. 
Nos sedujo la imperiosa necesidad de salvar a millares de cam- 
pesinos inermes. Hemos actuado dentro de la mayor honestidad. 
Jamás hemos atentado contra personas indefensas. Y puedo ase- 
gurar, con orgullo y satisfacción, que en toda la región donde 
hemos estado establecidos, no podrá comprobársenos un solo 
hecho de violación de mujeres por parte de mis hombres pese 
a que muchos de ellos entraron a mi tropa heridos por esa mis- 
ma ofensa en sus mujeres e hijas. 

"En cambio la policía y la contrachusma peleaban con armas 
modernas, pero sin fuerza interna que les acompañara. Nunca 
se enfrentaban a nosotros. Siempre trataban de matar a man- 
salva y sobre seguro. Y cada vez que les proporcionábamos de- 
rrotas, en vez de seguirnos, se dedicaban a matar campesinos 
indefensos y presos de las cárceles. Luchábamos en esas condi- 
ciones desiguales. Sobre nuestros campamentos se arrojaron bom- 
bas explosivas por noches y días enteros. Nosotros peleábamos 
con revólveres y escopetas fabricadas por nosotros mismos. . . 
Y más tarde adquirimos algunos fusiles que dejaba la policía 
en su huida cobarde. 

"Luchábamos noblemente, señor Gobernador. Cada vez que 
tuve noticia de que alguno de mis hombres contrariaba mis prin- 
cipios, fue juzgado en consejo de guerra, cuyas copias conser- 
vo en los archivos de mi cuartel general, y por las cuales podrá 
su señoría enterarse de mi manera de proceder contra los que 
cometían asesinato, un robo, un incendio, o cualquier otro ac- 
to que no estaba de acuerdo con mi criterio. Por haber actuado 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 199 



siempre así, mis hombres y yo, rechazamos indignados el cali- 
ficativo de "bandoleros" que se nos ha venido dando" 12 . 

Al hacer una ponderación imparcial de los acontecimientos, 
queda para el hombre honrado la certeza de que en la mayoría 
de los jefes guerrilleros y de pandilla obra casi siempre como 
causa determinante de su actuación y de su degeneración cri- 
minógena un impacto recibido, un golpe contra el honor de sus 
mujeres, sangre de los suyos derramada, incendio, robo. Su ac- 
titud se explica como una reacción feroz, como una brutal res- 
puesta al crimen con el crimen. 



12 Transcrito por Ernesto León Herrera, Lo que el cielo no perdona 
(Bogotá, 1954; 4^ ed.), pp. 58-61. 



CAPITULO VII 



Tácticas y Normas de los Grupos en Armas 



Los grupos alzados en armas se ubicaron de preferencia en 
zonas montañosas por razones estratégicas, o en sectores de gran 
producción por motivos económicos que cobraron rápidamente 
importancia capital, por constituir una fuente de seguros ingre- 
sos. Aún así, existieron diferencias regionales por la forma co- 
mo se desempeñaron en acción tales grupos. Algunos, como las 
guerrillas, tuvieron códigos y normas debidamente promulga- 
dos; otros, quizás lo más, actuaron con reglas informales cuya 
contravención era mucho más sangrienta y cruel. Dentro de 
estas reglas informales sobresale la del "boleteo", que se des- 
cribe a continuación. Ciertas máximas y principios de conduc- 
ta en el combate y fuera de él, constituyen el resto del capítulo. 

El boleteo 

Entre las prácticas utilizadas para hostilizar a los enemigos, 
ocupa el primer lugar el "boleteo", que consiste en anónimos 
con orden perentoria de desocupar la región, estipulando plazo 
de días, en veces de horas. Al analizar estos mensajes, observa- 
mos que son utilizados por vez primera en el Valle y Caldas, de 
donde se extiende su uso a todas las áreas de violencia. Redac- 
tados con vocabulario soez y forma pésima, rezuman ignoran- 
cia, crueldad, odio, envidia, crimen; sirven de medio fácil a co- 
lindantes o caciques de vereda para expoliar a las víctimas y 
en veces a los terratenientes para robar las mejoras de sus arren- 
datarios. Casi siempre llevan estampados emblemas de fatídico 
significado funéreo: armas, ataúdes, cirios, puñales. Esto cons- 
tituye el boleteo, tremendo aviso de muerte, usurpación o des- 
tierro. 



202 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Vayan algunos ejemplos, con la ortografía original: 
"Señor Carlos Morales 

Le encarecemos rotundamente por el bien de su vida y de 
sus i jos que avandone este pueblo en el término de 24 horas o 
a más tardar, pasao mañana; pues no queremos mansanillos, 
hijueputas, malparidos, necesitamos limpiar el puevlo. 

(Firmado) El Puevlo". 

Expirado el plazo fatal, cae acribillado don Carlos Morales, 
ejemplar y honrado padre de familia, cuyas limosnas para el 
templo en construcción y para obras de caridad encabezaban 
la lista. 

Cuando el anónimo no surte efecto inmediato o se quiere 
precipitar los hechos, la familia campesina es atacada en altas 
horas de la noche por enmascarados que gritan, insultan y dis- 
paran. Muchas veces se consuma el asesinato del jefe del hogar 
o de toda la familia como lección ejemplarizante para la vereda, 
porque la "boleta" es un úcase bárbaro de consecuencias ful- 
minantes: la víctima se va o se muere. Es el documento que le- 
galiza ante la horda, el éxodo del conglomerado campesino. 

Posteriormente se realizan los grandes genocidios. "¡Que no 
quede uno!", es la consigna transmitida desde el pueblo y los 
comandos. Es la ley de la selva. Es la violencia colombiana. 

Boleteo. . . Boletas rojas, azules. . . por miles y miles con sig- 
nos de muerte que son el sello del odio. 

Otras tácticas informales 

Para comunicarse, los guerrilleros usaron pitos diminutos con 
los cuales remedaban el canto de las aves y producían silbidos 
especiales que en la selva, en la mata de monte o en el rastrojal 
enloquecían a los militares porque podía ser una treta, un aviso 
de muerte o la señal de asalto. En muchas veredas (como las 
de Villarrica) utilizaban el cuerno ("cacho") para convocar a 
reunión, avisar la presencia del enemigo o responderse los gru- 
pos antes de un ataque. En algunos sectores se sirvieron de ro- 
pas extendidas en lugares visibles de los patios caseros, con el 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 203 

mismo objeto. En los caminos dejaban ramas muy bien disi- 
muladas, con señales o indicaciones de consignas. 

Las "razones" las escribían en las cortezas de los árboles con 
indicación de actitudes diversas, como las de lucha y defensa. 
Transcribimos algunas: 

"Con el ejército no". 

"Vivan los kepis". 

"Echen pal morro" (Avancen). 

"Aquí lloran los tristes y gimen los afligidos". 

"Pase - Muerte" (Si pasa, morirá). 

"Abajo chulos". 

"Aquí entran los machos". 

"Aquí acabamos". 

"Aquí empiezan". 

Por otra parte, desde el poblado a las veredas, se urdió una 
inextricable red de espionaje e inteligencia que se afinó de 
acuerdo con el ritmo de la contienda. Paulatinamente las gue- 
rrillas se van dando sus propias normas de lucha. Si es cierto 
que coinciden en algunas prescripciones generales, como es ob- 
vio, hay detalles que se producen de acuerdo con las circunstan- 
cias de grupo o de lugar. Veamos dos ejemplos, el de Pavón y 
el de Topaipí: 

"Cuartel General de Pavón. 

Comando Supremo de las Fuerzas Revolucionarias del Sur- 
oeste y Occidente Antioqueño. 

Marzo 3 de 1951. 

A los jefes, distinguidos y personal de esta región: 

"Por orden de este comando se prohibe terminantemente a 
las fuerzas revolucionarias, ataques en masa, a no ser en sitios 
perfectamente estratégicos y seguros. 

"Realizar incursiones sin objeto estratégico o fin determinado. 



204 MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 

"Dejar cadáveres en manos del enemigo. 

"Atacar mujeres inofensivas, niños o ancianos. 

"Atacar al ejército, ya que él busca también la libertad de la 
Patria, la paz y la justicia, etc. 

"A la vez ordénase a todo el personal, de acuerdo con los 
jefes inmediatos, atacar solo en grupos de tres, cinco y nunca 
de diez, en los caminos, puentes y cercanías de los poblados a la 
policía, gentes del gobierno y enemigos en armas. 

"Proteger y dejar en libertad a quienes quieran trabajar, lla- 
mando solamente en caso de ataque o peligro a quienes volun- 
tariamente quieran combatir. 

"Controlar estrictamente la munición y las bebidas embria- 
gantes. 

"Esquivar los encuentros con el ejército por lo antes dicho, y 

"Mantener retenes permanentes y espías alrededor de los cam- 
pamentos y cuarteles. 

"Ordénase así mismo mantenerse en comunicación con este 
y los demás comandos vecinos. 

"Castigar con energía toda desobediencia a las órdenes de los 
jefes. 

"Hacer cumplir estrictamente las órdenes del día. 

"Acudir prontamente en defensa de los trabajadores y cam- 
pesinos. 

"Mantener puestos de aprovisionamiento y curación, etc. 

"Exígese moralidad en los soldados de la guerrilla, especial- 
mente durante las acciones y que procuren no cometer los actos 
de crueldad y desmoralización que comete el enemigo. 

"Del mismo modo se exige respeto a la Religión y a los 
Santos. 

"Esta orden del día deberá hacerse conocer de todos los pues- 
tos a órdenes de este comando porque su infracción será seve- 
ramente castigada. Los jefes le darán estricto cumplimiento y 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 205 



controlarán con severidad todo grupo o mando ajeno a las gue- 
rrillas, aunque sean copartidarios, pues solo perjudican la orga- 
nización y buscan saqueos y venganzas. 

Comandante Franco" *. 

El comando de Topaipí, a su vez ordenaba a sus efectivos lo 
siguiente: 

"El aprovechamiento máximo del terreno ante la superioridad 
del enemigo; 

gran movilidad de acción; 

economía de pertrecho y personal; 

empeño de la acción a corta distancia para asegurar una ma- 
yor eficacia" 2 . 

Por otro lado, el Coronel Gustavo Sierra Ochoa hizo la si- 
guiente interpretación de las tácticas guerrilleras, especialmente 
en los Llanos Orientales: 

"Los bandoleros están dotados de una gran movilidad que 
les permite su rudimentario y liviano equipo; nunca marchan 
reunidos de día sino en grupos de 3 a 7 hombres y eludiendo 
en lo posible los caminos normales, lo más cerca al monte y 
procurando no dejar huellas. Prefieren marchar durante la no- 
che entre las tres y las seis de la mañana. Solo hacen jornadas 
largas cuando van a caballo, buscando para el efecto las varian- 
tes o atajos de todos los caminos. Hacen concentraciones (reu- 
niones) solo para el ataque, a fin de evitar las dificultades de 
rancho y alojamiento, repartiendo entre los vecinos del lugar el 
suministro y preparación de las provisiones. Para la marcha a 
caballo toman prestadas bestias que devuelven, por lo general, 
a los pocos días cuando ya han conseguido otras de relevo. Las 
provisiones de marcha son: tajadas de plátano, carne fría, pa- 
nela; víveres estos que duran varios días sin dañarse. Si es ne- 
cesario, cocinan de noche a fin de evitar que el humo delate su 
posición. 

1 Ernesto León Herrera, Lo que el cielo no perdona (Bogotá, 1954; 
4^ ed.), pp. 37-39. 

2 Jorge Vásquez Santos, Guerrilleros, buenos días (Bogotá, 1954), 
p. 86. 



206 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



"Cuando permanecen varios días en una fundación o finca 
(hato) habitada por simpatizantes, nunca mencionan exacta- 
mente la próxima etapa y desaparecen en la noche sin dejar 
rastro ni informes que determinen la dirección tomada. 

"Los asaltos casi siempre tienen por finalidad el logro de ar- 
mas, dinero, ropa o eliminación de personas no simpatizantes 
a su causa. Van precedidos de cuidadosa observación y especial 
reserva que les permite usar el factor sorpresa. Durante el ata- 
que o en el campo no se llaman por sus nombres propios sino 
por apodos. Prefieren el uso de armas blancas a los tiros con 
armas de fuego, que ahorran con celo, especialmente si son de 
fusil. Nunca combaten si no tienen la absoluta seguridad de su 
triunfo. Emplean tácticas terroristas, encaminadas al logro de 
efectos psicológicos. 

"La propaganda es verbal y escrita; está intercalada con exa- 
gerados relatos y va encaminada a sembrar el desconcierto y la 
animadversión contra las autoridades. Aluden siempre a la per- 
secución política y citan con frecuencia el continuo aumento de 
los "revolucionarios", que su número es fantástico, armas pro- 
digiosas, virtudes, y valor de sus jefes. Sus programas son muy 
vagos pero no descuidan el tema de la lucha entre ricos y po- 
bres, con sentido de lucha de clases. 

"Las fuerzas guerrilleras hacen incursiones en los puestos que 
mantiene el Ejército y en las poblaciones leales al gobierno prin- 
cipalmente para destruir casas, robar armas, víveres, equipos y 
capturar mujeres. 

"Estas incursiones por lo general son bien dirigidas, bajo una 
cuidadosa preparación y se ejecutan con sorpresa, astucia y 
violencia. 

"Emplean ardides y artimañas para aproximarse a los centi- 
nelas y eliminarlos antes de que puedan operar. En el primer 
momento procuran descartar el arma de fuego; después, cuando 
logran algún dominio, capturan todo lo que consideran útil, cu- 
bren la operación por medio de un servicio de desprendimien- 
to que proteja su retirada y, por lo general, se ausentan a gran- 
des distancias. 

"La emboscada es la forma de ataque más común de las gue- 
rrillas. En ocasiones duran meses en su preparación la que cu- 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 207 



bre todos los detalles. Por lo general estos ataques de embosca- 
da los ejecutan contra las tropas que se hallan en comisión, 
aprovechando además la época en que estas se relevan. La em- 
boscada la hacen desde terrenos montañosos o cubiertos, por lo 
general a orillas de carreteras o de ríos. Ponen en aviso a los 
habitantes de toda la región. En algunas emboscadas, como la 
del Turpial ocurrida en julio de 1952, los guerrilleros concen- 
traron desde puntos muy lejanos fuerzas suficientes, capaces 
de copar y aniquilar una compañía de Ejército en una acción 
rápida. Son hábiles para elegir sus escondites, para hacer su 
mimetismo, para encubrir sus movimientos y para las concentra- 
ciones. 

"Los ataques y asaltos los ejecutan por lo general a corta dis- 
tancia para asegurar en esta forma mayor rendimiento en su 
puntería y para obtener mayor efecto moral. Emplean armas de 
fuego automático, bien emplazadas para cubrir todo el blanco 
de profundidad. Esto lo complementan con bloqueos a las carre- 
teras y caminos, uso de explosivos y de minas. Para el manejo 
de este material tienen expertos que se dedican únicamente a 
estas misiones. Abren fuego a una señal determinada, se lanzan 
al ataque en gritería estruendosa, vivan a sus cabecillas, a la 
revolución, al comunismo, al nueve de abril especialmente. Estas 
acciones se producen en forma violenta y son de corta duración. 
Cuando logran dominar, rápidamente los bandoleros se dedican 
a recoger material, armas, equipos, vestuario, etc. Despojan a 
los muertos de todas sus prendas, hasta el oro que puedan tener 
en la dentadura. El material que no pueden llevar consigo, como 
vehículos, lo destruyen. Después de estas acciones se retiran 
velozmente. 

"Toman medidas rigurosas para cubrir sus movimientos de 
retirada y para engañar los refuerzos de las tropas. Para estos 
refuerzos por lo general destinan fracciones para emboscadas 
secundarias. 

"Cuando las guerrillas no logran éxito en sus asaltos, a una 
señal convenida se dispersan por entre las matas de monte, se 
organizan y continúan en forma permanente los ataques de em- 
boscada. En esta forma establecen su persecución sobre las tro- 
pas que se hallan en comisión y retardan indefinidamente sus 
movimientos. Estas acciones las preparan con más frecuencia ba- 
jo el apoyo de obstáculos naturales como paso de ríos, bosques, 



208 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



etc. No se empeñan en combates decisivos. Usan el combate de- 
fensivo para evitar la penetración de las fuerzas del Ejército en 
determinada área que se halle bajo su control. Recurren a la 
acción defensiva para contener un ataque, para defender una 
posición o un área favorable, para evitar una sorpresa, para re- 
tener en su poder regiones y sitios que tengan algún significa- 
do militar. 

"Es, pues, el combate defensivo la principal modalidad en los 
guerrilleros del Llano. Para esto eligen un terreno que les brin- 
de las^mejores ventajas, que impida o restringa al Ejército el 
empleo de la motorización y dificulte su paso en toda forma. 
Para esto preparan emboscadas con el fin de reforzar su situa- 
ción. Mantienen largas líneas de comunicaciones con estafetas 
y franco-tiradores escogidos, entrenados para su misión. Estos 
reciben por lo general la orden de disparar especialmente sobre 
los comandantes y sobre quienes lleven las mejores armas. Están 
localizados sobre las rutas conocidas en el Llano. Al regreso o 
paso de las comisiones del Ejército siembran de minas y de 
trampas cazabobos las rutas por donde este debe seguir e inten- 
sifican acciones secundarias en áreas adyacentes. 

"Entorpecen, demoran, impiden los movimientos del Ejército 
por determinadas rutas. Los ríos navegables los aprovechan pa- 
ra sus servicios. Han explotado las deficiencias de las tropas 
para operar sobre los ríos. Estos son sus ejes principales de co- 
municación, de enlace y de aprovisionamiento. Tienen personal 
bien entrenado para la conducción de canoas y lanchas peque- 
ñas. Son expertos nadadores. Todo su personal es hábil para el 
paso de aguas. Aprovechan el servicio de las tribus indígenas 
para estas actividades, con muy buenos resultados. 

"Organizan dispositivos de seguridad. Son buenos equitado- 
res. Sus tiradores escogidos son expertos y eficaces. Son buenos 
exploradores y con el apoyo de estos servicios preparan sus pla- 
nes de ataque encubiertos. En el servicio de patrullas tienen una 
instrucción muy avanzada. 

"El caballo es su aliado. Todos desde el niño, el hombre y la 
mujer lo aprovechan admirablemente. Para el llanero su dios 
es el caballo y la llanura. 

"Como los efectivos en este medio del Llano, por muchos que 
se tenga, siempre resultarán pocos debido a la considerable ex- 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 209 



tensión del área por cubrir, se ha presentado la necesidad 
militar de aumentar el personal de los puestos y reducir el nú- 
mero de estos, ya que todo puesto débil — de menos de cien 
hombres — es fácil presa de los bandoleros. Se somete a los 
puestos por parte de los bandoleros a un asedio permanente con 
peligro de caer en sus manos. En estas circunstancias en el pri- 
mer semestre del 52, se produjo dentro del Ejército que actuaba 
en los Llanos un estancamiento en las operaciones de tanta gra- 
vedad que las tropas en su mayor parte se redujeron a vivir en 
sus puestos o guarniciones en una situación de empozamiento" 3 . 

Con excepción de los Llanos, las gentes se movilizan casi siem- 
pre a pie, haciendo jornadas inverosímiles en tiempo mínimo para 
desconcertar a las tropas o producir la sensación de numerosos 
efectivos y múltiples frentes de lucha. En cambio, en el Valle 
y Caldas los sicarios se movilizan en vehículos motorizados. 
Se dio el caso de cadenas de automotores al servicio inmediato 
de los antisociales. 

La mística guerrillera 

Uno de los elementos de la violencia que más poderosamente 
llama la atención es la mística del guerrillero por su movimien 
to y por sus jefes. El jefe guerrillero es el amigo, el que siempre 
va adelante, el que comparte con los suyos idénticos peligros y 
penurias, sin ventaja en el botín, sin gabelas en el valor y el 
riesgo. Es el líder escogido por el grupo o designado por los 
"muchachos" en consejo de iguales. Se le respeta porque es va- 
liente, por sus cualidades de mando o por su despiadada cruel- 
dad en la venganza; se le obedece a ciegas y se le ama sencilla- 
mente porque su estampa de macho los subyuga con la fuerza 
de su primitivismo salvaje. Lo nivela con su gente el poderoso 
aglutinante de la común tragedia. 

La verdad y la justicia de su actitud crean en el guerrillero 
su ideal de lucha. A medida que se emplea a fondo se produce 
una verdadera sublimación de motivos que le proporciona una 
mística incontrastable. En ella radica la explicación de su re- 
sistencia y su tenacidad combativa. 

3 Coronel Gustavo Sierra Ochoa, Las guerrillas de los Llanos Orien- 
tales (Manizales, 1954), pp. 76-78, 52-58 passim. 



VIOLENCIA EN COLOMBIA 



210 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



"Lucharíamos contra todo, hasta contra nosotros mismos. Ahí 
empieza el combate; el cimiento de ese gran edificio que se lla- 
ma revolución, es la victoria que logremos sobre nosotros mis- 
mos al vencer nuestra carne, nuestro miedo, nuestra hambre, 
nuestro sueño, nuestras pasiones e impulsos animales. Vencer 
nuestro egoísmo, sacrificarlo todo en beneficio de una causa. 

"La fuerza del guerrillero no es el arma física que lleva al 
hombro o le pende al cinto, sino la fuerza moral conquistada den- 
tro de sí mismo, en medio del fuego. Es la unidad superior del 
hombre que toca los linderos de los dioses" 4 . 



4 Eduardo Franco Isaza, Las guerrillas del Llano (Bogotá, 1959), 
p. 180. 



CAPITULO VIII 



Manifestaciones Culturales de los Grupos 
en Conflicto 



El presente capítulo se dedica a registrar aspectos culturales 
de los grupos en conflicto que quizás por lo prosaico de su con- 
tenido se omiten en estudios y ensayos sobre la violencia, a pe- 
sar de que dichos aspectos tienen gran importancia sociológica, 
puesto que aclaran la manera como los elementos humanos im- 
plicados se organizaron dentro de las peculiares condiciones crea- 
das por la lucha. En especial se estudia la financiación bélica 
y el vestido, las insignias y símbolos, la propaganda y la comu- 
nicación, el lenguaje de la violencia, los apelativos y apodos y 
la canción, la música y la copla. El capítulo termina con algu- 
nas notas sobre enfermedades que padecieron los guerrilleros y 
sus formas de curación. 

F inanciación 

El grupo en armas debe atender al aspecto económico que 
comporta la propia subsistencia y la de la retaguardia. En esta 
se encuentra el personal civil que muchas veces puede ascender 
a centenares o miles de individuos. Con la desaparición del co- 
mercio normal adviene la utilización devastadora de los culti- 
vos y de la ganadería por una necesidad primaria de super- 
vivencia. 

Los jefes idean entonces la contribución forzosa para soste- 
ner la "organización" o el "movimiento", que onera a los cam- 
pesinos, a los copartidarios y a veces a toda la ciudadanía con 
cobros hebdomadarios. Pronto aparecieron los avivatos de tur- 
no que abusaron del sistema. Otros, como los llamados "comi- 
sarios" dentro de la organización comunista rural, vivieron de 
la exacción a los labriegos. 



212 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Todos estos grupos de explotadores imponen disyuntiva inexo- 
rable al agricultor: "0 paga, o se muere, o se va". A los ricos 
los someten a continuo chantaje, mediante la erogación de fuer- 
tes sumas, cuyo rechazo les cuesta la vida. He aquí un ultimá- 
tum típico proveniente de los grupos pidiendo dinero a una 
señora de Fresno (Tolima) : "Señora Tulia, fabor mandarnos 
sien pesos que necesitamos, (aquí una cruz) u si no 3 días de 
(plazo) para que desocupen. Sin más, los pájaros de Gualí" h 

Fue tan trágica la situación de la comarca rural, semiurbana 
y urbana, que a un gran caballero oímos decir en Armenia: 
"Tengo tres fincas muy buenas y me estoy muriendo de ham- 
bre". Asimismo, el campesino raso quedó sometido a la total 
miseria porque lo que no le quitaron sus cofrades se lo arrebató 
el enemigo o las fuerzas uniformadas. 

Una muy socorrida manera de financiación de los grupos en 
conflicto fue la de los salvoconductos llamados significativa- 
mente "la hoja de vida" y que se expedían a ciudadanos de de- 
terminada filiación política previo depósito de crecidas sumas, 
o de uno o varios semovientes. Véase un ejemplo: 

"El Directorio Municipal Conservador de Anzoátegui, 

Certifica : 

Que el señor Joaquín Arenas Soto, portador de la cédula de 
ciudadanía 2359128 de Ibagué, es un ciudadano honrado, 
trabajador, amigo del Gobierno, defensor del partido conserva- 
dor y contribuyó para el fondo del partido. 

Rogamos a los copartidarios y agentes del Gobierno el apoyo 
y respeto para este amigo y su familiia. 

Anzoátegui, julio 13 de 1950. 

El presidente, Luis Roberto Pardo. 

El tesorero, Oliverio Fonseca. 

El secretario, Manuel Tiberio Zuluaga". 

Hay un sello que dice! "Directorio Municipal Conservador. 
Anzoátegui, Tolima" 2 . 

1 Colección Guzmán, Doc. T-Fno-1. 

2 Colección Guzmán, Doc. N? T-Anz-5. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 213 



Del lado liberal se expedían los carnets, que eran un documento 
de vida o muerte, además de un recurso de financiación. 

Un caso único que no se registra en ninguna otra zona de 
violencia lo constituye el mercado de mujeres en el Chocó, co- 
mo pretexto de finanzas. Existen datos precisos que indican que 
Ana Felipa Mosquera y Georgina Mosquera fueron vendidas 
por $ 180.00 y $ 100.00, respectivamente a Luis Correa y Ada- 
lino Palacios de Napipí. Hay que confesar que los señores Co- 
rrea y Palacios depositaron inmediatamente estas señoras en ca- 
sas honorables y las entregaron luégo a sus cónyuges. 

Los principales traficantes de mujeres en esta región fueron: 
Adriano Romaña ("El Teniente"), Pablo Córdoba ("El Cabo") 
y Narciso Mosquera. En casa de este concentraban las futuras 
esclavas mientras se realizaba la humana feria. 

Es muy posible que por problemas de financiación los grupos 
violentos se ensañaran en la rica comarca cafetera, aunque lue- 
go esta actividad derivara hacia la expoliación y el contraban- 
do. Se ha observado que la violencia se mueve únicamente se- 
gún los períodos de cultivo del café, aumentando en forma im- 
presionante durante las cosechas. En esta época los grupos in- 
teresados vuelven a las andadas ocupando fincas, desterrando 
a dueños y mayordomos y apropiándose del fruto listo para su 
beneficio. Como se expresa en otra parte de este libro, tal acti- 
tividad delictuosa ha sido el origen de un comercio ilegal que 
ha permitido la creación de inmensas fortunas. 

Se ha asegurado que hubo enormes lotes de armas, provenien- 
tes del exterior. Pero cuandoquiera que se necesitó de ellas, apa- 
recieron inmediatamente los traficantes que las vendían o las 
permutaban por semovientes y café. Las contribuciones para la 
"organización" se dirigían muchas veces a obtener los dineros 
para efectuar estas transacciones. 

La dotación bélica y el vestido 

No es cierto que los grupos en revuelta hubiesen estado equi- 
pados con armas modernas, por lo menos en el primer perío- 
do de violencia. Al principio se lucha con artefactos elementa- 
les: escopetas de fisto, pistoletas y bombas de fabricación casera. 
Es de notar la inventiva y el genio demostrado por los campe- 



214 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



sinos en la fabricación de sus armas, algunas de características 
mecánicas originales e interesantes. 

Paulatinamente los grupos campesinos se van armando con la 
dotación que arrebatan a la tropa o que consiguen por medio 
del personal de los cuerpos armados. Muchas veces se ataca 
a las patrullas del Ejército con el exclusivo fin de tomarles su 
armamento, especialmente el de tipo semipesado, como los fusiles- 
ametralladora . En algunas secciones del país, como Cundinamarca, 
se distribuyeron entre los campesinos y otros elementos, los fusiles 
disponibles durante los acontecimientos del 9 de abril de 1948. Sus 
contraguerrillas fueron equipadas por las autoridades oficiales. 

El guerrillero solo lleva como impedimenta la mochila de fi- 
que con munición, algunos alimentos y la carabina liviana; al 
cinto el revólver o el machete de fulguraciones terribles; los 
jefes, cartucheras obtenidas del enemigo. Va "a pata limpia" co- 
mo los animales del monte o apenas con cotizas o livianos zapa- 
tos tennis. Usa camisa, pantalón de dril o de caki, y un 
sombrero alón de paja completa su indumentaria; a veces se 
viste con uniformes robados al Ejército o a la policía. Otros 
grupos informales, como el de los "pájaros", no adoptaron, por 
obvias razones ningún distintivo, pero en algunas partes a don- 
de ellos llegaban las gentes hicieron una conexión mental entre 
ellos y ciertas piezas de indumentaria, como el famoso "carriel" 
antioqueño. la ruana de hilo y la falda de la camisa afuera. 

Insignias y símbolos 

Como en instituciones de vieja data, también se observó en 
los grupos del conflicto cierta tendencia al uso de insignias y 
símbolos que sirvieron como identificación y como medios pa- 
ra mantener alta la cohesión y la moral de los miembros. Algu- 
nos grupos aparecieron con insignias especiales para distinguir 
su ubicación ideológica. Así, los "limpios" o liberales del sur 
del Tolima llevaban en el hombro derecho la cruz latina sobre 
un corazón y las palabras "Dios y madre", como leyenda. Mu- 
chos "comunes" o comunistas ostentaban un tatuaje en el bra- 
zo izquierdo con la hoz y el martillo y el nombre del capitán. 
No pocas veces pudieron verse entre las guerrillas banderas 
rojas con la hoz y el martillo o negras con una cruz blanca o 
la nacional ron una enorme franja transversal de luto. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 215 



Fueron muy usuales gritos colectivos como estos : Por la libertad 
siempre adelante! Por Colombia vencer o morir! 

La propaganda y la comunicación , 

Para difundir sus ideas, los guerrilleros utilizan el mimeógra- 
fo, en algunos centros el parlante y no pocas veces copias mul- 
tiplicadas en máquinas de escribir. Algunos agentes de policía 
informaron que ciertos grupos se sirvieron de bocinas para in- 
sultarlos desde los cerros. Además, el análisis revela en las zonas 
comunistas una mayor capacidad difusiva, mayor cantidad de 
hojas, más técnica en la propaganda. 

Un típico medio de difusión lo constituyó el "empapelamien- 
to", que consistía en slogans escritos en árboles, piedras, puen- 
tes, rocas, postes de alambrados, utilizando cualquier lugar vi- 
sible dentro de áreas a veces muy vastas. La rapidez con que 
verificaban este trabajo presuponía un personal adiestrado que 
se empleaba a fondo. He aquí algunas de las leyendas así co- 
locadas: 

"Estado de sitio no". 

"Abajo la dictadura". 

"Abajo las botas". 

"Unidos - Unidos". 

"Lucha por ser libres". 

"Estado gendarme muera". 

"Asesinos". 

"Pájaros bandidos". 

"Chusmeros asesinos". 

"No más promesas". 

Por regla general parece que la comunicación entre los gru- 
pos guerrilleros fue defectuosa, y que para mensajes dependie- 
ron exclusivamente de "recados" y razones personales. No uti- 
lizaron elementos modernos como radios y radioteléfonos. 

En cambio, se hallaron libros y buena cantidad de folletos y 
revistas en la mayor parte de los grupos visitados. En Planadas 
(Tolima) se observaban copias muy ajadas de Las oraciones de 
Gaitán y Las Guerrillas del Llano, por Eduardo Franco, el Código 



216 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Penal Colombiano y la Historia del partido liberal, por Indale- 
cio Liévano. En El Pato (Meta) , como ya se dijo, se organizó una 
biblioteca compuesta en su mayor parte de libros marxistas; allí 
se encontraban. El capital, 8 libros de Lenin, uno de Engels, el 
Manifiesto Comunista y muchos otros del mismo tenor. Solo había 
dos libros colombianos: El indio en lucha por la tierra de Juan 
Friede, y Por los caminos de la paz, de Diego Montaña Cuéllar. 

El lenguaje de la violencia 

Las circunstancias y las experiencias crearon un lenguaje nue- 
vo, un "argot" peculiar que les permitió a los grupos en con- 
flicto entenderse entre sí. He aquí algunos de los términos más 
importantes por ellos empleados y su equivalente en lenguaje 
usual: 



Término 

Alpiste 

Angel de la guarda 

Aplanchar 

Caerse 

Cantar 

Cuncia 

Chiviar 

Estar fósforo 

Estar reluz 

Estar sin viento 

Fosforear 

Hacer un trabajo o traba jito 

Hacerle el mandado 

Llegarle a alguien 

Maíz 

Mocha 

Palos 

Pajarear, ojear 
Pasar al papayo 
Pavear y "palomiar" 
Pildoras 

Plomear (un retén, una casa) 
Plomeo 

Ponerse eléctrico 



Equivalencia 

Provisiones, dinero, munición 

Revólver 

Golpear 

Desprestigiarse ante el jefe 
Confesar 
La carabina 
Holgar con mujeres 
Hallarse preparado, dispuesto 
Hallarse en malas condiciones 
Estar sin sal 
Incendiar 

Liquidar a un adversario 
Asaltarlo o eliminarlo 
Liquidarlo 
Los perdigones 
La cabeza 
Fusiles o tiples 
Seguir los pasos 
Matar 

Matar desde los matorrales 
Balas 

Asalto con armas de fuego 

Combate 

Estar listo 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 217 



Término 
Rastrojear (una zona) 
Sapear, sapo 

Si corta el palo, verá cómo lo 
carga 

Silbarles 
Tostar a alguien 
Yuca 



Equivalencia 

No dejar ni un solo enemigo; 
eliminarlos a todos 

Delatar, delator 

Si alguien se mete en una em- 
presa, arbitre los medios pa- 
ra su culminación 

Hacer disparos esporádicos 

Asesinarlo 

El alimento. 



Algunos de estos términos, como "pasar al papayo", "pildo- 
ras" y "sapear" han pasado a uso general en Colombia, quedan- 
do como pintorescos y semi-trágicos provincialismos. 

Apelativos y apodos 

El campesino moteja por igual a policías y soldados con los 
peyorativos de "patones", "chulos", "sonsos", "paso a paso", 
"tombos", "plaga", "chulavitas", "chulavos", "chunchullos", 
"cachuchones" y "mediopaso". El significado de algunos de es- 
tos términos queda descrito en páginas anteriores. Por regla ge- 
neral estos peyorativos van acompañados de adjetivos insultan- 
tes. A su vez, otros grupos identifican a los rebeldes como "ban- 
didos", "collarejos", "nueveabrileños", "cahiporros", "patiama- 
rillos", "chupasangre", "vampiros", etc. 

En cuanto a las relaciones dentro de los grupos mismos, casi 
desde el comienzo de la violencia apareció la costumbre de lla- 
marse por remoquetes de distintos significados. No está clara la 
causa de esta costumbre, aunque parece que en parte se debió 
a la necesidad de mantener el anonimato durante los actos bé- 
licos o violentos, sin permitir que se mencionasen los nombres 
de los participantes, para evitarles sentirse comprometidos ante 
la justicia, por una parte; y por otra, porque el uso de los nom- 
bres de pila habría puesto en peligro a los familiares que que- 
daban en los pueblos, por las represalias. Así aparecieron apodos 
que, por un lado, indicaban ciertas características personales 
de quienes los recibían, como "Talento", "Prudente", "Noble- 
za", "Cariño", "Franqueza", "Tranquilo", "Sereno", "Sonrisal", 
"Peligro" y "Engaño"... Por otro, hubo jefes y seguidores 



218 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



que se identificaron con base en sus proezas como "Vencedor", 
'Triunfante", "Campante", o por actos atroces como "Puñala- 
da", "Nerón", "Alma Negra", "Sombra Negra", "Tiro Fijo", 
"Maligno", "Diablo", "Sangre Negra", "Zarpazo" y "Martirio". 
Estos apodos, por regla general, eran conferidos por un terce- 
ro, por las gentes o por el grupo mismo. 

La canción, la música y ¡a copla 

La música como elemento cultural tuvo expresiones peculiares 
durante la violencia. El pueblo no dejó de cantar ni en las ad- 
versas y calamitosas condiciones de los grupos errantes. Con- 
servó las canciones tradicionales y confeccionó otras que quedaron 
incrustadas dentro del marco bélico de la tragedia. Con la música 
de conocidos bambucos, guabinas, joropos y corridos mexicanos 
acompañó coplas violentas, deformes e insultantes, que traducían 
el odio o evidenciaban los propios desgarramientos de su alma. 
Los grupos poseyeron canciones peculiares que extrovertían su 
mundo interior, con rasgos eróticos, con acento bélico como supre- 
ma motivación de lucha y fuente viva de su indomable tenacidad. 

Hablando con un jefe guerrillero en plena selva del Meta so- 
bre el episodio que más le hubiera impresionado durante la lu- 
cha, respondió con nostalgia: "Veníamos desde Villarrica con 
nuestros viejos, las mujeres y los niños. Mucha gente. Al que 
se quedaba se lo tragaba el monte. Nosotros no podíamos dete- 
nernos. Al fin se hizo demasiado difícil la marcha. Llegamos a 
una quebrada, recuerdo mucho, tocamos música de la nuestra, 
y palabra que los ojos se nos llorosiaron cuando arrojamos los 
tiples al río. Fue que los ahogamos, por pura necesidad". 

El "Himno guerrillero", que se cantaba en el sur del Tolima 
con música de "El Pirata", fue escrito por un joven de nombre 
Olimpo en Anamichú (Rioblanco). Sus estrofas son significati- 
vas porque en ellas aparece el idealismo de las guerrillas, el anti- 
yanquismo, el afán de poseer tierras y el espíritu de José An- 
tonio Galán: 

El turbión que estremece a mi pueblo 
oprimido y violado por Ley, 
me coloca el fusil en la mano 
y me llena de una nueva je. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 219 



Soy soldado de los guerrilleros 
que conquistan un mundo mejor 
y prometo vencer en la lucha 
contra el dólar y su dictador. 

Soy soldado y combato en los campos 
de mi patria que he de liberar, 
donde el más pobretón de Colombia 
tenga tierra, derechos y paz. 

Yo desciendo de aquellos muchachos 
que enterraron el yugo español; 
de Galán traigo el odio a los amos 
y el coraje de Tulio Varón. 

Debe observarse que se adoptó un himno similar en los lla- 
nos orientales, titulado "Puerta al Sol". 

A la conocidísima música de la "Guabina tolimense", los gru- 
pos en conflicto adaptaron una letra desafiante y violenta, su- 
plantando los famosos estribillos. Así, en vez de entonar "Soy, 
soy, tolimense", cantaban, "Soy, soy, soy guerrillero": 

Ay, sí la guabina! 

canta el dolor de mi Tolimal 

del Tolima soy (bis) 

soy guerrillero. 

Soy, soy, soy guerrillero. 

No le tengo miedo a nadie 
porque nací guerrillero; 
yo solo siento valor 
de los pies hasta el sombrero. 

Si en el combate me matan 
recoge la carabina 
y sobre mi cruz que diga: 
guerrillero del Tolima. 

De arriba vienen los "chulos" 
y de abajo ya han volao, 
adelante dejan sangre 
y atrás el rancho quemao. 



220 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Yo soy campesino puro 
y no empecé la pelea, 
pero si me buscan ruido 
la bailan con la más fea. 

Cuando Dios dijo demonios 
los "chulos 19 venían matando; 
cuando Dios dijo asesinos 
ya estaban "comisionando" . 

Lo erótico se mezcla con la imagen idealizada del guerrillero 
en la siguiente canción, del oriente del Tolima, denominada "Tu 
guerrillero" : 

Tu guerrillero, morena, 
decidido, macho y valiente, 
que a diario cumple faenas 
de luchas en el Oriente. (Bis). 

Coro: 

Cuando paso por la selva 
con pistola y carabina, 
le canto a mis guerrilleras 
valerosas del Tolima. 

Adiós, linda guerrillera, 

te llevo en mi corazón; 

me voy a luchar sin tregua 

por nuestra liberación. (Bis). (Coro). 

Que lindo es ser guerrillero 

con arte y resolución; 

no hay cerca, peña ni arquero 

que lo contenga en su acción. ( Bis.) ( Coro.) 

Un anhelo de paz trascienden las siguientes estrofas de la zo- 
na nortolimense: 

i 

Desde el norte hasta el sur del Tolima 
el clarín nos invita a luchar 
y sus hijos que quieren ser libres 
eternizan su historia inmortal. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 221 



En Tolima un ejército queda 
enfrentado a la turba rapaz; 
llevará la bandera sagrada 
con la estrella del triunfo y la paz. 

Imitemos aquellos valientes 
que murieron allá en la región 
y esperemos seguros la paz 
si luchamos con fe y sin baldón. 

Y en la zona de Yacopí (Cundinamarca) , aparecieron cantos 
con ritmo de corrido mexicano, como el siguiente que rebosa 
sentimiento y patriotismo: 

Yo soy soldado raso, 
voy a ingresar a las filas, 
con los valientes muchachos 
que dejan madres llorando, 
llorando la despedida. 

Mañana salgo temprano 
y al despertar nuevo día, 
aquí va otro colombiano, 
que va a jugarse la vida 
y se despide cantando: 
¡Que viva la Patria mía! 3 . 

En los llanos el galerón ofrece sus cadencias para alabar a los 
jefes guerrilleros en octavas plenas de ritmo y decisión, como 
el que sigue en honor de Guadalupe Salcedo, escrito por Darío 
Samper : 

¡Ahí viene don Guadalupe 
sobre su cobayo bayo, 
con el sombrero de pelo 
y el pañuelo raboegayo, 
y en la punta de la lanza 
el pabeyón colorao! 

3 Jorge Vásquez Santos, Guerrilleros, buenos días (Bogotá, 1954), 
p. 75. 



222 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Ahí viene don Guadalupe 
l error y muerte yevando, 
mientras los de Bogotá 
bandolero lo han yamao, 
y el pueblo que lo bendice 
lo nombra su abanderao. 

Aquí estuvo Santander 
y Bolívar, el más guapo, 
y estuvo el catire Páez 
con los indios y los pardos, 
cuando hace el gavilán, pío, 
cuando hace el gavilán, pao. 

¡Adentro! don Guadalupe, 
con el machete templao, 
al sol, al viento, a la yuvia, 
por morichales y caños. 
Como la tigre en acecho 
y el toro barajustao. 

Arriba los gerriyeros, 
y añeros de y ano abajo, 
de San Pedro de A rime na 
a las oriyas del Gravo, 
del ardiente Puerto López 
a Arauca de los centauros. 

Soldados de Casanare 
cómo van de bien montaos, 
todos en siya vaquera 
y con el rifle al costao, 
¡La libertá de Colombia 
va encima de sus cabayos! 

¡Animas don Guadalupe! 
que ya el sol está clariando 
y la madrugada canta 
en ti pico de los gayos, 
¡Si nos quitaron la Patria 
la estamos reconquistando! 4 . 



4 Inocencio Infante Díaz, Sangre Rebelde: Antología, Poemas de 
guerrillas y libertad (Bogotá, s. f.), pp. 15-16. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 223 



En verso y copla se expresaba también la ideología de los 
grupos en conflicto, produciendo pintorescas descripciones y bo- 
cetos personales, como los de "El convite de los guerrilleros", 
pieza llanera de Julio Vanegas Garavito, del que se citan algu- 
nas estrofas: 

Preséntase Franco Yeyes 
con su muñón en el viento. 
¡Los cañones lo saludan 
por su coraje sin ¡reno! 

Al jaguar Eladio Pérez 
como un infernal viajero, 
¡Fluyen del pecho fulgores 
incendiándole el sombrerol 

Como un relámpago ciego 
de pronto Joaquín Bailen. 
¡De sus vestidos fluviales 
brota el barro y el yanten! 5 . 

No faltan amenazas en verso, como las impartidas en las ve- 
redas de San Juan, Cumbarco y Cumaral, de Genova (Caldas), 
tétrica burla parecida a la de los "señaladores" tipleros: 

Cachiporros de San Juan, 
de Cumbarco y Cumaral: 
por si pollo no les dan, 
aquí tienen su tamal. 

Van a subir los muchachos 
para darles la lección, 
hacerles pasar un cacho 
y llevarles el cajón. 

Les van a hacer la visita 
pa darles aguapanela 
y llevarles camisitas 
con el corte de franela. 

Esta semana subimos, 
no se vayan a esconder, 
que si una marca trajimos 
se la vamos a poner. 



5 Ibid., pp. 96-99. 



224 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Esa guarida que tienen 
allá arriba en Cumaral, 
si nuestros muchachos vienen 
los dejarán pa tamal. 

Cuidado pues, cachiporros. 
que los vamos a asustar; 
los ranchos que ustedes tienen 
se los vamos a quemar. 6 . 

Enfermedades, curaciones y estupefacientes 

Existen pocos datos fidedignos disponibles sobre este impor- 
tante tópico. Se sabe solamente que la mortalidad fue sumamen- 
te alta en los grupos errantes, especialmente entre los niños, y 
que en todo lo concerniente a enfermedades actuaban solamen- 
te las parteras y los curanderos de vereda, con su tradicional 
panacea de yerbas, tomas y menjurjes. Debe observarse, sí, que 
la penicilina se convirtió en la droga preferida de muchos gru- 
pos en armas. Algunas medidas preventivas de salud fueron tan 
drásticas, que en los Llanos al cundir la tuberculosis en forma 
alarmante entre sus gentes, cierto jefe optó por eliminar los 
enfermos sin contemplación alguna. 

Se sabe que en los grupos que emigraron de los Llanos a Ve- 
nezuela había una alta incidencia de conjuntivitis, viruelas y 
amibiasis. La urgencia con que se desplazaban no permitía que 
las gentes cuidaran de sus enfermos. En la zona de Sumapaz se 
dieron órdenes expresas para ultimar a los mal heridos. Félix 
M. Rangel salvó la vida a muchos. 

Hubo también algún empleo de drogas y estupefacientes, es- 
pecialmente en el occidente de Caldas y en el Valle del Cauca. 
La marihuana que se encuentra fácilmente por aquellos contor- 
nos, sirvió de diario estímulo en Quinchía a los bandoleros del 
capitán "Venganza", quien era marihuanero. A la cárcel de Cai- 
cedonia los visitantes llevaban la yerba maldita a los parientes y 
amigos presos, con la misma asiduidad del almuerzo diario. 



6 Colección Guzmán, Doc. Cs-G-1. 



CAPITULO IX 



Tanatomanía en Colombia 



" ¿No será masoquista rumiar los temas tremendos de la vio- 
lencia política — apenas una de las consecuencias sociales del 
odio — , repitiendo sus lúgubres detalles, rememorando suplicios 
y ultrajes, escarbando en el polvo sangriento de las masacres o 
en el lodo nauseabundo del detritus político, sin alcanzar a 
levantar la vista para descubrir alguna luz, alguna esperanza de 
respiro o salvación?", ha escrito un sociólogo colombiano 1 . Y sin 
embargo, es necesario descender con horror, con asco, pero con 
ilimitada comprensión humana, con heroica y cristianísima cari- 
dad, a ese subfondo de miseria, para ver de cerca el alma misma 
de un conglomerado que se desintegró y buscar soluciones ade- 
cuadas con conocimiento minucioso de su tragedia y de su pa- 
tología. 

En el proceso de la violencia la forma de crimen marca una 
parábola progresiva hacia la atrocidad y el sadismo. En este te- 
rreno no se puede generalizar ni sobre los autores ni sobre las 
regiones. Comprometidos aparecen elementos del ejército y la 
policía, guerrilleros, pájaros y bandoleros. 

En el grupo oficial figuran algunos jefes, suboficiales y solda- 
dos. Los primeros son profesionales trajinados en carrera de 
dignificantes disciplinas vistas a través de pénsumes en estable- 
cimientos técnicos especializados: Academias Militares, Escuela 
Militar, Escuela Superior de Guerra, cursos en el exterior. . . Los 
suboficiales salen de la soldadesca, pero por méritos o tiempo de 
servicio reciben insignias de dragoneantes, cabos y sargentos. 

1 Orlando Fals Borda, "Soluciones sociales para los problemas del 
odio y la violencia", Actualidad cristiana (Bogotá), Año V, N° 20 
(diciembre, 1960), p. 94. 



VIOLENCIA EN COLOMBIA 



226 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



En cambio, soldados, agentes, guerrilleros y bandoleros son 
casi todos de extracción campesina y por lo mismo rudimentarios, 
de bajísimo nivel cultural, con solo las muchas cosas buenas inex- 
plotadas que tanto valen en el alma del rurícola colombiano. Asi- 
mismo, en forma macabra, se diferencian también los grupos 
según la manera de matar: 

Las fuerzas oficiales emplean el proyectil o el yatagán; el 
chusmero el machete; el "pájaro" el revólver; muy pocas veces 
el cuchillo. Los del ejército, la seguridad y la policía torturan con 
golpes, hambre, calabozo, posiciones forzadas sobre pedruscos o 
bloques de hielo, descargas eléctricas en los genitales y en la len- 
gua por el sistema del "teléfono", utilizando aparatos técnicos de 
suplicio. El policía "aplancha", descuartiza, decapita, cuelga las 
víctimas para hacerlas "cantar". En El Vergel (Huila) la policía 
pierde dos agentes en acción. "Yo vi luego parar sobre una mesa 
a un campesino con las manos atadas atrás y al cuello un rejo 
que echaron sobre la viga de una casa, para que "cantara"; le 
iban quitando dedo por dedo, mano por mano; le cortaron des- 
pués las articulaciones. Al fin le quitaron la mesa y lo dejaron 
ahorcado". Tal es el relato fiel del suboficial que presenció el 
hecho. 

"Para que cante" . . . 

¡Cuántos crímenes atroces se justificaron con este pretexto de 
incalificable vesania! 

Consignas y "cortes" 

La reacción campesina no tarda, no puede tardar. Los labriegos 
son la víctima. ¿Acaso no han llegado hasta ellos los más terribles 
criminales excarcelados el 9 de abril? ¿Acaso no son mixtas las 
comisiones? ¿Por ventura los agentes no se visten de paisanos y 
éstos no utilizan prendas militares para consumar la dantesca 
vendetta ? 

Emasculan, profanan cadáveres, queman vivos a agentes pre- 
viamente rociados con gasolina, como en La Aurora (Cunday). 
Los órganos cercenados los colocan en la boca de la víctima; las 
mujeres son violentadas y asesinadas y cuando se piensa que la 
cruenta orgía sexual ha alcanzado límite, irrumpe la tanatomanía 
que hace del crimen colombiano un caso aparte, insular, casi 
único en la historia del delito. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 



227 



En algunos grupos obligan a los reclutas, siempre jóvenes, a 
ensañarse con el machete contra un prisionero o un cadáver hasta 
lograr cierta especie de orgasmo sádico o locura momentánea. 
Solo cuando el novel combatiente alcanza este climax, es condu- 
cido al frente de lucha o a los asaltos veredales. Semejante pro- 
ceder, aplicado en determinadas cuadrillas, afortunadamente no 
se generalizó en todos los frentes guerrilleros. 

Pero afloran entonces tres consignas monstruosas: 

"Picar para tamal". 

"Bocachiquiar" y 

"No dejar ni la semilla". 

"Picar para tamal" es despedazar en trozos menuditos el cuerpo 
humano, como lo hacen los cocineros con la carne que va en el 
conocido plato popular. A las víctimas de este método tienen que 
recogerlas con garlancha, como a la familia Criollo, de Chaparral. 

"Bocachiquiar" : por ser muy espinoso el pez de agua dulce 
llamado "bocachico", los pescadores acostumbran sajarlo finamen- 
te para poderlo comer. La tortura consiste en sajías superficiales 
sobre el cuerpo de la víctima para que se desangre lentamente. En 
veces se encarga a los niños de este ejercicio de sadismo. 

El "no dejar ni la semilla", requiere una explicación más dete- 
nida. El "Niño Muerto", cuadro de Cándido Portinari, uno de 
los máximos pintores americanos, con todo su horror es apenas 
una débil interpretación de la monstruosidad de esta práctica 
herodiana, que explica el asesinato de los párvulos. 

Cuántas veces nos hemos preguntado: pero, ¿por qué matan 
a los niños? Para eso, para no "dejar ni la semilla" del bando 
contrario. Y en todos los sectores, sin excepción. Por El Líbano 
pasa un cabo, uno de tantos que arroja hacia lo alto a los recién 
nacidos y los recibe en la punta del yatagán. Al fin entra en es- 
tado depresivo y confiesa que oye sin cesar el llanto de un niño. 
Desesperado se suicida abajo de El Convenio. 

Para no dejar ni la semilla, las mujeres próximas al alumbra- 
miento son bárbaramente asesinadas. Les hacen la cesárea, 
cambiándoles el feto por un gallo como sucedió en Virginias 
(Antioquia) y en Colombia (Huila) ; o les arrancan al hijo des- 



228 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



pedazándolo en su presencia ; o les desprenden el feto de la entraña 
palpitante, presentándolo luego al padre, antes de ultimarlo. 

Por no dejar ni la semilla hay hombres que pasean en secreto 
la vergüenza de su asexidad. Para no alimentar la semilla, muchas 
mujeres jóvenes saben que sus hijos lamerán apenas cicatrices 
yertas en las segadas fuentes de la vida. 

"No dejar ni la semilla" es negar al hombre del bando opuesto 
el derecho a la procreación. Se ha sostenido que durante los inci- 
dentes entre los de El Cocuy y Palchacual fueron emasculados 26 
párvulos. 

El crimen culmina exterminando a la mujer como principio de 
vida y al niño como suprema concreción del amor. En San Fer- 
nando, región de El Líbano (Tolima) la estadística obituaria re- 
gistra un alto porcentaje femenino. "Al enemigo hay que darle 
donde más le duela", responden los ya degenerados cuando al- 
guien les expone la necesidad de retornar a la vida civil, a Dios, 
por los caminos de rehabilitación. 

"¿Y qué es lo que más le duele?" 

"Pues la mujer y los carajitos", contestan. 

Sobre Colombia golpea tremendo y dantesco el grito del labrie- 
go que en Rovira llora 46 amigos masacrados, entre ellos un niño 
a quien dejaron "picado para tamal" dentro de una mochila col- 
gada en la vara del rancho: 

"¡Brutos! ¡Si al campesino también le duelen los hijos!" 

Además, hiela la sangre oír hablar de los "cortes", los horripi- 
lantes "cortes" con que se profana a las víctimas. De ellos hay 
cinco principales: 

El "corte de franela, practicado especialmente en el Tolima, es 
invento guerrillero y consiste en una profunda herida sobre la 
garganta muy cerca al tronco. La hacen no golpeando sino co- 
rriendo con fuerza un afilado machete sobre la parte anterior del 
cuello. Casi siempre otra persona levanta la cabeza de la víctima 
o se la coloca sobre un palo para que el verdugo ejerza su feroz 
cometido. 

El "corte de corbata", de invención "pájara", es una contra- 
rréplica al anterior. Se verifica mediante una incisión por debajo 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 229 

del maxilar inferior por donde se hace pasar la lengua de la víc- 
tima quedando izada en forma espeluznante, sobre el cuello. 

Con el "corte de mica", se decapita a la víctima dejándole la 
cabeza sobre el pecho. Tiene origen en este detalle: llega a Rio- 
blanco un cacharrero con una mica (simia) que constituye la 
atracción del negocio. Quizás lo creen espía. Al día siguiente a 
su llegada, amanece asesinado y con la cabeza del animalito sobre 
el pecho. . . 

El "corte francés", aplicado en algunas regiones del noroeste 
antioqueño, se ejecuta despojando a la víctima viva, del cuero 
cabelludo, para que presente el repugnante espectáculo de un 
cráneo blancuzco y sanguinolento. 

El "corte de oreja", es una práctica de conteo o comprobación 
de asesinatos cometidos, por la presentación de orejas humanas. 
En Santa Teresa, vereda de El Líbano, cierto polizonte exhibió 
dentro de un tarro los trofeos abominables por calles y tiendas; y 
afírmase de un alto oficial que al recibir el parte de sus "pupilos" 
les decía: "A mí no me traigan cuentos. Tráiganme orejas". 
Cierto o no, tales especies producían reacciones de odio enfermizo. 
¿Era el comprobante infame que se exigía para admitir las bajas 
causadas a los guerrilleros? Lo peor es que muchas veces cortaban 
los auriculares al primer campesino que pasara. Todo como sacado 
de alguna de las novelas escalofriantes de Niko Kazantzakis. 

Por mayo de 1952 ya aparecen mutilados muchos cadáveres de 
labriegos en la zona de Yacopí. Sin embargo, el comandante 
de las guerrillas emite el siguiente comunicado prohibiendo tan 
bárbaro proceder: 

"Cuartel de San Luis 

Comando General 

Enero 15 de 1953. 

Como se han encontrado cadáveres sin orejas, todos deben saber 
que aquí no se puede hacer lo mismo. 

Los comandantes de guerrillas darán cuenta al Comando Ge- 
ral de cualquier guerrillero que corte orejas o haga mutilaciones 
en el cadáver de un hombre enemigo. 



230 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Se seguirá la costumbre de no enterrar los muertos del enemigo, 
pero serán respetados y de lo contrario se castigará al que falte. 

Capitán Olarte" 2 . 

# 

Otros tipos de crímenes 

El descuartizamiento es un proceder criminal muy empleado en 
las zonas de violencia. En Cañasgordas (Antioquia) un joven de 
13 años se encuentra con los chusmeros quienes, sin más razón, lo 
cargan con los despojos del botín ganado en el último asalto. A 
cada paso le causan una herida ; luego lo atan a un árbol, le cortan 
las manos y los pies y con un cuchillo le despedazan toda la 
región del corazón. En el camino quedan regados los dedos y los 
miembros genitales. Por Caucasia (Antioquia) merodeó en 1952 
una mujer terrible, Argemira Arango ("La Cucaracha"), en com- 
pañía de "Tarzán" y "Avenegra", de la cuadrilla de Rafael Mon- 
toya ("Cabo Tango"), a la que pertenecía el adolescente "Mala 
Suerte" (de 16 años), todos técnicos descuartizadores de cadá- 
veres. 

En la vereda de Espíritu Santo del Municipio de Concordia 
(Antioquia) son descuartizados tres campesinos. Ante uno de 
ellos violan la hija de 14 años antes de asesinarlo. En Penderisco 
es despedazado el negociante Rafael González Toro. 

José Chavarriaga ("Capitán Conejo") se convirtió en el terror 
de aquellos predios. A las víctimas aplicaba sistemáticamente el 
suplicio de descuartizamiento. En el crimen de La Arboleda, donde 
despedazó a cinco labriegos dejando sus miembros colgados de 
los árboles, lo acompañó "La Carnicera", muchacho de quince 
años que ejercitaba su sevicia cortando el rostro de sus adversarios 
en todas direcciones y arrancándoles los ojos. 

Dos esposos caen en poder de los bárbaros. Ella suplica al jefe 
que le permita conversar con su marido por última vez. A poco, 
uno de los bandidos le presenta la cabeza de su compañero dicién- 
dole que le converse cuanto tenga que decirle. La campesina, 
violada por el jefe de la cuadrilla, quedó embarazada y vivió 
después en Bolívar en permanente estado de desesperación. 

2 Jorge Vásquez Santos, Guerilleros, buenos días (Bogotá, 1954), 
p. 166. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 231 



¿Quién no ha leído horrorizado el relato de la muerte del padre 
Jaime Castillo Walteros en San Juan de Urabá? Sintetizamos el 
reportaje de Mamerto López, asesino del sacerdote: 

El 30 de julio de 1950 asaltan a Santa Catalina, cerca a San 
Juan de Urabá. El padre Castillo habla a los invasores con los 
brazos en cruz: "¡Ay, mis hijos queridos, no hagan eso, por Dios! 
¡ Apláquense ! " 

Recibe un balazo de escopeta. Ya en el suelo, exclama: "Hijos 
míos, ¿cómo me han matado?" 

Conducido a la casa, recibe un nuevo disparo. En estado agó- 
nico, pronuncia palabras incoherentes. Mamerto recibe esta orden : 

"O mata al cura ese o lo mato a usted". 

López obedece y ultima al levita con el machete que le dieron 
cuando entró a la "revolución". Al narrar los hechos, el homicida 
llora amargamente y de vez en cuando exclama: "Yo no soy cul- 
pable, yo no soy culpable, déjenme solo. . ." 

Se sabe que le cortó las manos y se apoderó del reloj. Prendió 
fuego al cuerpo de la víctima y a la casa que lo cobijaba. Cuando 
las llamas empezaban a consumir las carnes del misionero, el 
asesino lo despedazó y lo encostaló en un saco de fique. Luego 
lo arrojó a un caño que desemboca en el río San Juan. Las aguas 
se enrojecieron y el victimario se internó en la selva, presa de un 
ataque de locura 3 . 

¿Ya quién se le había ocurrido propiciar un caso de antro- 
pofagia? "La policía se apoderó del cadáver de Sepúlveda... 
Sacaron los machetes y lo picaron miembro por miembro en ra- 
ciones pequeñas . . . Escogieron luego las raciones y las echaron 
a la olla donde se cocía el almuerzo de los guerrilleros. No que- 
maron el cuartel con la esperanza tal vez de que la olla quedara 
en su lugar y los guerrilleros cayeran en la trampa de comer carne 
de su compañero; pero también se equivocaron, pues desde su 
escondite, ellos estaban viendo todo" 4 . 

3 Testis Fidelis, El basilisco en acción o los crímenes del bandole- 
rismo (Medellín, 1953), pp. 186-188. 

4 Ernesto León Herrera, Lo que el cielo no perdona (Bogotá, 1954; 
4?- ed.), p. 258. 



232 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



En los Llanos usaron el "empalamiento", atroz suplicio que 
consiste en desollar viva a la persona desde la espalda hacia 
adelante hasta nivel de pecho y rostro; y en distender con palos 
macabramente la piel, quedando la víctima con horripilante forma 
de vampiro. 

Igualmente ocurrió allí la increíble anormalidad de arrojar 
gentes desde aviones militares, como se mencionó antes. Aunque 
por un tiempo no se creyó esto posible, parece que tal hecho es 
cierto. Se dispone ya de los nombres de las víctimas en buena 
parte. 

"Cuando los ríos eran sangre" podría llamarse otro de los 
episodios de este progrom colombiano. Se ha observado que entre 
el hombre y el río existe un nexo de secular emoción. La humani- 
dad va sobre el río en progresivas jornadas de cultura. Siempre 
fue el río, cuyas aguas sirvieron para la civilización, líquido que 
se cantó y se amó. Pero en Colombia los ríos fueron sangre. 

Por ellos bajaron miles de cadáveres mutilados, maniatados, 
vestidos, desnudos, confundidos víctimas y victimarios. Meta, Ca- 
sanare, Guatiquía, Magdalena, Cauca, Saldaña, Amoyá, Cañas- 
gordas, Barroso, Bache, San Juan, Cambrín, Ambeima, Coello, los 
del Llano, Guinde. . . la lista es interminable. Solo se sabe que 
los que bajaban sin cabeza eran fruto de la venganza guerrillera. 
Los otros los embarcaban las fuerzas oficiales. ¿Cuántos fueron? 
Pregunta absurda! 

Cuando el asalto a Ceilán, auspiciado por un profesional que 
pagó $ 2.000.00 al jefe de la "banda", fueron arrojados al riacho 
de San Rafael varios cadáveres cuya sangre empurpuró totalmente 
las aguas en larguísimo trayecto. 

¡Si los puentes hablaran! Los de Yolombó, Anacaro, La Pinta- 
da, Riorrecio, Cucuana entre el Guamo y Ortega, Bolombolo, 
Juanchito y cien más desde donde eran arrojados miles de ciuda- 
danos, llevados al suplicio con el silencio cómplice de muchas 
noches. 

A la orilla de aguas remansadas se abría el vientre a las vícti- 
mas para que se hundieran hasta el fondo de los charcones. 

El despeñamiento fue otro suplicio impuesto a los presos polí- 
ticos. Todavía se recuérdan con pavor lugares sombríos que se 
utilizaban sistemáticamente: los Peligros, donde supliciaban a los 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 233 



detenidos de Cunday y el Carmen de Apicalá; la peña de Ambei- 
ma y el barranco de Puracé en Chaparral; los precipicios de Be- 
tulia por donde rodó más de un centenar de víctimas. El doctor 
Mora, Juez Superior militar, extrajo ciento dos cadáveres del 
fondo de un abismo. Por las noches partían las volquetas oficiales 
con su carga fatídica de hombres sacados de la cárcel para fusi- 
larlos sin fórmula de juicio. Esto, que ocurrió en casi todas las po- 
blaciones afectadas por la violencia, constituye uno de los más im- 
presionantes capítulos de la destrucción del orden jurídico del 
país. 

Crímenes sexuales 

La policía política inicia su intervención con vejámenes, golpes 
e insultos; después roba, incendia y asesina; a la postre viola, 
estupra y remata en actos nefandos. Primero actúa en forma re- 
servada; posteriormente afrenta sus víctimas ante progenitores, 
hermanos y aun menores de edad. A poco andar violenta chiqui- 
llas de ocho y menos años hasta matarlas, como en El Líbano 
cuando estuvo la horda, al mando del Mayor Peñaranda, a quien 
le correspondió sancionar el crimen. Más adelante se registra el 
caso monstruoso de violaciones colectivas cuando una sola mujer 
es arrojada a la tropa, con abierta incitación al delito por algunos 
oficiales psíquicamente lesionados. 

Un alto militar en servicio activo en viaje hacia Rovira, ante 
el Gobernador y el Secretario de Gobierno (1959) reveló el 
nombre de cierto oficial que incursionaba para traer doncellas 
quinceañeras a la grupa de los caballos y después de algunos días 
entregarlas por turno y sin honor a la suboficialidad cómplice 
que las negociaba por precio irrisorio con la soldadesca sin moral 
por el ejemplo del jefe. 

Más tarde, al subyugar las regiones, las muchachas debían ser 
ofrendadas a la voracidad de la bestia. Cuéntase todavía en Pla- 
nadas, que cierto "general" guerrillero, ordenaba traerle de la 
escuela a las niñas mayorcitas. Después aparecían en poder de 
subalternos. 

"No me quiero detener en el asalto de Miraflores, donde una 
paralítica de 18 años de nombre Eugenia Barreto, fue atropellada 
por quince de los bandidos; como no se pudiera mantener de pies 



234 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



fue amarrada a la columna de la casa y luego quemada viva" 5 . 
Asimismo el 28 de febrero de 1952 en el corregimiento de Rege- 
neración, municipio de Achí (Bolívar), una niña de 13 años fue 
violada por los bandidos en presencia de las gentes. 

En El Guarumo (municipio de Caucasia, Antioquia), asesinan 
una niña de ocho años y luego le introducen en las partes puden- 
das, los genitales cercenados a su propio padre. El autor del relato 
tuvo ante sus ojos las declaraciones de indagatoria 6 . 

Impúberes de 12 y 13 años aparecen violadas infamemente por 
cinco, diez y hasta quince forajidos y cobardes 7 . Las mujeres en 
miles y miles de casos, debieron pagar con el honor la cuota que 
les cobró la violencia, al extremo de que apenas se verificaba 
asalto o comisión que las dejara ilesas. 

Solo quien ha recorrido las comarcas, sabe cuán macabro y 
abismal es este aspecto de la tragedia, que en Colombia tuvo visos 
espeluznantes desconocidos en la historia del crimen. 

Piromanía 

"Fuego, humo y violencia" podría titularse una novela que no 
se ha escrito, cuyo capítulo inicial dijera así: 

Humo . . . humo de tolvanera por los Llanos, de quema de saba- 
na en el Tolima hasta oscurecer el sol y tornar nubloso el día y 
amarillito el ambiente. Humo de tierra calcinada que se moja 
con las lluvias y germina pastos nuevos. Es el humo de agosto 
que opaca las pupilas campesinas y casi no deja ver las cometas 
con que juegan los niños. Humo del fuego que repta por los pas- 
tizales y se trepa a las lomas y prende en la noche juegos de 
mágica pirotecnia en los cañadones. . . 

Con excepción de Caldas y el Valle, lo demás es una inmensa 
hoguera donde arde todo: viviendas, establecimientos, potreros, es- 
tancias de cacao, cafetales, villorrios y gentes. 

Qué espectáculo ancestral, casi mítico, explica por raros antece- 
dentes la práctica de la piromanía en Colombia durante la violen- 

5 Fidelis, op. cit., p. 65. 

6 Ibid., p. 131. 

7 Ibid., p. 151. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 235 



cia? La policía empieza. Después la tea incendiaria arde por más 
de diez años en todas las manos. En la vereda de Mangas (Ataco) 
desaparecen en un solo día 70 casas; en todo el Tolima hasta sep- 
tiembre de 1957, 34.304; las instalaciones de beneficio como tra- 
piches, elbas, depósitos, establos, porquerizas y pesebreras son in- 
cendiadas en número de 13.742 de las 20.088 que existían antes, 
es decir, casi todo 8 . 

Entre los genocidios por el fuego no puede omitirse el de una 
vereda de Armero en 1952. Actúa el Batallón Tolima. Comanda 
el grupo un sargento primero, de apellido Mira. 

En una casa ordena encerrar más de sesenta personas. Nadie 
puede escapar. La policía establece en contorno un círculo de 
muerte. Ya por la noche da la orden de fuego sobre la habitación 
y en seguida manda que la rocíen de petróleo y la incendien. Entre 
los gritos más espantables, todo arde. El maderamen del techo se 
desploma al fin; nada se oye. El caserón es una inmensa pira 
fétida a carne humana calcinada. De repente, según informes fi- 
dedignos, se escapa de ese infierno una figura que pasa como una 
exhalación por entre los esbirros atónitos. El sargento Mira murió 
achicharrado luego en el incendio de El Espectador el 6 de sep- 
tiembre del mismo año. 

En Yaguara, donde los indígenas reclaman territorios muy 
mermados, desaparecen por incendio todas las casas. En la vereda 
de Pocharco arden de una vez ochenta habitaciones. 

¿Qué rara seducción ejerce la llama crepitante sobre la psico- 
logía del tolimense? ¿Simple retorno al mismo recurso bélico de 
predominio que utilizaban los indios pijaos cuando incursionaban 
por aquella región? 9 . 

Genocidios 

Además del genocidio pirománico ocurrido en Armero que ya 
fue mencionado, deben anotarse otros crímenes colectivos cuyas 
características hacen más macabra la violencia en Colombia. 

8 Secretaría de Agricultura del Tolima, La violencia en el Tolima 
(Ibagué, 1957), pp. 14-15. 

9 Archivo Nacional de Colombia, Los inconquistables, o la guerra 
de los pijaos (Bogotá, 1949), pp. 61, 106. 



236 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



El 15 de febrero de 1953, entre las ocho y las nueve de la 
mañana, la tropa se aposta en las salidas de San Pablo (Cunday) 
y ordena que todos los habitantes se congreguen en la plaza sin 
exceptuar mujeres y niños. Allá acuden hasta las parturientas y 
los enfermos. En una fila forman a los varones liberales, en otra 
a los conservadores. Registran minuciosamente las casas forzando 
cerraduras de alcobas y baúles. Es un saqueo de vándalos, A don 
Luis Vieda, hombre principal, le roban joyas, ahorros, víveres y 
mercancías. En seguida mandan a las mujeres, los niños y los con- 
servadores que se retiren a sus casas y permanezcan encerrados 10 . 

A los hombres maduros y a los adolescentes liberales los obligan 
a marchar en fila india por la vía que conduce a Villarrica; 
son como ciento cuarenta. A un anciano ciego que camina con 
dificultad lo ultiman primero. A otros los masacran durante la 
marcha y al resto lo matan a orillas del río Cuinde. 

Era corregidor Pedro Nel Díaz. Mandaban la tropa el teniente 
Calvache y un cabo Rivas. Con la tropa vinieron civiles que se 
llevaron algunas niñas y jovencitas u . 

El hecho cobra relieve especial porque lo testimonia un conser- 
vador honesto que fue testigo y que con airada voz condenó el ge- 
nocidio. Sus palabras textuales dan la clave de los acontecimientos 
posteriores: "Con ese asesinato en masa, esto se dañó del todo". 

En abril de 1952 en la emboscada que le tienden al Gobernador 
Francisco González Torres, del Tolima, y a un hijo del doctor 
Urdaneta Arbeláez entonces presidente de la república, mueren 
absurdamente Ramón Millán G. (liberal) y Alejandro Bernal Ji- 
ménez (conservador) , recibiendo heridas prestantísimas damas. 

Como consecuencia, es enviado por el gobierno el fatídico Ba- 
tallón Tolima, que consuma la destrucción de vasta zona de El 
Líbano desde Pantanillo hasta las Rocas y San Fernando, produ- 
ciendo alrededor de 1.500 bajas sin distinción de sexos ni edades, 
luego de saquear e incendiar las casas campesinas. Esta área debe 
considerarse como la más absolutamente arrasada de cuantas se 
conocieron en la investigación. 

10 Colección Guzmán, Doc. N<? T-Cun.-ll. 

11 Poseemos muchos nombres de las víctimas. Colección Guzmán, Doc. 
N° T-Cund-20. Carlos H. Pareja, El monstruo (Buenos Aires, 1955), 
p. 159. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 237 



Muchos otros pueblos y veredas del país sufrieron también es- 
pantosos genocidios, algunos ya en 1947 que fueron preludio de la 
tragedia nacional: Villanueva (22 personas muertas), Palestina en 
Arauca (30), Ceilán (150) y San Rafael (27) en el Valle. Suce- 
sivamente se produjeron en sitios y fechas diversas: 

El Carmen (Norte de Santander), 33 muertos en 1949; Gua- 
dualito (Tolima), 27 en 1950; Belalcázar (Cauca) con 112 muer- 
tos; Ansermanuevo y Cali (Valle), por la misma época; La Ceiba 
(Santander) ; El Topacio (Falan, Tolima) ; La Argentina en Yo- 
lombó (15 muertos) y Urrao (16) en Antioquia en 1952; en los 
Llanos, entre 1951 y 1952, Aguaclara (20 muertos), Sabanalarga 
(25) y El Pauto (40) ; Barragán (Valle), en 1954; Mundonuevo 
en Cabrera (Cundinamarca) , 95 muertos, en 1954; Platanillal en 
Villahermosa (Tolima), 65 muertos, en 1956; San Andrés (Hui- 
la), 45, en 1953; El Cruce en Alvarado (Tolima), 27 en 1958; 
La Palmita en Rovira (Tolima), 42, en 1959. 

Una quiebra moral sin precedentes, que no puede valorarse 
en pesos, es el mayor desastre de la violencia. Así ardida en 
odio, bañada en sangre, agonizó Colombia bajo una racha de 
Apocalipsis. 



CAPITULO X 



La Quiebra de las Instituciones Fundamentales 

Una de las características más significativas de la violencia 
en Colombia, fue la quiebra de instituciones fundamentales, es- 
pecialmente las políticas y gubernamentales, las religiosas, las 
económicas, las familiares, las escolares y las recreativas. Este 
impresionante proceso de disfunción, que tantos males ha cau- 
sado al país y a sus habitantes, es el tema del presente capítulo. 

Las instituciones políticas 

Nada tan escalofriante como la crisis de todo orden que su- 
frieron las instituciones políticas durante el período de violen- 
cia. Desde los altos comandos nacionales hasta los simples de 
vereda hubo demasiados elementos que mostraron fallas morales y 
de personalidad que afectaron y desvirtuaron las funciones de las 
entidades en que trabajaban o representaban. Se examinarán en 
su orden, los cuerpos colegiados y los partidos, los funcionarios 
públicos, la Policía y el Ejército, restringiendo nuestro análisis en 
cuanto a los dos últimos hasta la dictadura que cayó el 10 de mayo 
de 1957. 

Los cuerpos colegiados y los partidos políticos 

La crisis de los dirigentes aflora en los cuerpos colegiados 
que dentro de nuestro sistema democrático están constituidos 
por los Concejos Municipales, las Asambleas Departamentales y 
el Congreso (Senado y Cámara de Representantes). ¿Cómo se 
comportan los Padres de la Patria? 

Por disputas sobre nombramiento de contralor, en la Asam- 
blea del Valle el diputado Saúl Montano apunta el revólver con- 
tra su colega Adolfo Romero; Francisco Eladio Ramírez ame- 
naza con el suyo a Montano, mientras el diputado Valencia 
encañona a Ramírez. Lo mismo en las barras. Cuando se pro- 



\ 



240 MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 

cede a la votación, conservadores y gaitanistas depositan la pa- 
peleta con la mano izquierda mientras sostienen el arma en la 
derecha. 1 . 

A la Asamblea de Santander debe presentarse en su carácter 
de miembro principal el doctor Jorge Eliécer Gaitán para saldar 
una agria diferencia entre los diputados y el gobernador Julio 
Martín Acevedo Díaz. La designación de un conservador para 
dirigir los destinos de aquel departamento, induce a la mayoría 
liberal a aplicar la resistencia civil que se exterioriza en el re- 
mate público de todos los automóviles oficiales, conversión de 
los sueldos de altos funcionarios a centavos y reducción de 500 
unidades a 60 de la policía departamental 2 . 

A fines de agosto de 1947 en el debate sobre los sucesos de 
Moniquirá en que pierden la vida a manos de la policía 7 per- 
sonas, un representante arroja a la cabeza del presidente de la 
Cámara la cesta "de papeles inútiles de la secretaría. Ordóñez 
Quintero lleva la mano al bolsillo en donde ordinariamente no 
se guarda el pañuelo. Los parlamentarios se precipitan sin rum- 
bo fijo saltando sobre los pupitres. Aquello se vuelve el juicio 
final. . . A través de la radio las gentes de los pueblos creen que 
ha habido una carnicería". . . 3 . 

El 19 de septiembre de 1947 el país oye que el presidente 
Ospina entre lastimado y ofendido sostiene que la nación cono- 
ce la forma como se nombró una comisión investigadora, te- 
niendo oportunidad de darse cuenta exacta "del criterio con que 
habrán de proceder sus actuales fiscales. Uno de ellos no vaciló 
en declarar, la víspera de la instalación del Congreso desde la 
Plaza de Bolívar de Bogotá, que al presidente debía aplicarse 
el mismo castigo dado al mandatario de un país suramericano, 
cuyo cadáver fue suspendido en uno de los faroles públicos, 
para escarmiento de verdugos y déspotas. Otro pidió en una 
plaza pública la cabeza del primer mandatario y no ha faltado 
entre los presuntos jueces quien se levante desde su curul del 
Senado para aconsejar el asesinato del presidente de Colombia, 
como represalia ejemplar contra dolorosos e imprevisibles he- 
chos de sangre, sucedidos en diversas comarcas de la patria" 4 . 

1 Semana, Vol. II, N° 30 (mayo 17 de 1947), p. 8. 

2 Ibid., Vol. II, N° 33 (junio 7 de 1947), p. 3. 

3 lbid., Vol. III, N° 45 (agosto 30 de 1947). p. 3. 

4 lbid* Vol. III, N° 49 (septiembre 27 de 1947) p. 6. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 241 



En el año de 1948 se llega a extremos tensionales que llevan 
inevitablemente a la catástrofe. Uno de los factores más dinámi- 
cos es el proyecto de la reforma electoral. La situación en este te- 
rreno la evidencia el hecho de que el Juez Superior Militar doctor 
Mora decomisó en S. Andrés (Santander) 300 cédulas expedidas 
a menores de 8, 9, 10 y 11 años. Esto en 1950. Los voceros del li- 
beralismo sostienen que "los pactos de conveniencia dentro de la 
Unión Nacional han sido violados por el gobierno y por el par- 
tido conservador; la Ley 89 con su fórmula de recedulación es 
producto de uno de esos pactos violados; el electorado que no 
logró cedularse totalmente en quince años, mal podría lograrlo 
en once meses; es conveniente que las elecciones se cumplan 
antes de la clausura del Congreso, que se constituirá en guardián 
de los derechos y libertades de los ciudadanos". 

Los directores del conservatismo responden al propósito li- 
beral así: Luis Navarro Ospina: "Si el liberalismo insiste en 
anticipar las elecciones y en impedir la nueva cedulación, la 
lucha política se colocaría inmediatamente en un campo diferen- 
te al actual. . . Si se empecina en ir contra la tradición, asume 
una actitud inusitada que pone en peligro la paz misma de la 
república ..." Y Augusto Ramírez Moreno : "El partido con- 
servador prefiere morir a deshonrarse tratando tamaña iniqui- 
dad. . . Escojan queridos amigos, entre el honor y la Constitu- 
ción de un lado, y la deshonra y la hecatombe por el otro". Ya 
en mayo el doctor Carlos Vesga Duarte, había emitido desde 
El Eco Nacional, esta consigna explosiva: "Lo importante no es 
la paz sino la victoria". 

El miércoles 3 de agosto la Cámara presencia el espectáculo 
inusitado de que algunos representantes abucheen por más de 
dos horas los discursos de sus adversarios con una fenomenal 
algarabía de pitos y zapateo. 

Tomando como pretexto la reforma electoral, en el Congreso 
se insiste con terquedad gallega sobre el tema de la guerra civil. 
Aparece tan grave la situación, que Eduardo Zuleta Angel, Luis 
López de Mesa, Martín del Corral, Antonio Rocha, Francisco de 
Paula Pérez y Miguel Jiménez López se constituyen en Comité 
Central Pro Paz, con el fin de intervenir ante los partidos para 
salvar la concordia nacional, haciendo eco al doctor Silvio Vi- 
llegas que había lanzado desde el Senado lo que se llamó la 
Ofensiva de la Paz. Con tal motivo El Catolicismo se expresa 
así en su edición N^ 1076: "Los que enfilan en una agrupación 



— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



242 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



política declaran guerra a muerte a los de la otra. . . El odio 
es siempre criminal, pero ejercido en nombre del catolicismo 
es sacrilego". 

Por la emisora "Voz de Colombia" declara el martes 4 de 
octubre el doctor Gilberto Alzate Avendaño: "Los liberales tie- 
nen almacenadas como materia prima 1.000.000 de cédulas fal- 
sas. . . Si el liberalismo se empecina, el problema del poder no 
se decidirá en las urnas sino en las barricadas". 

El doctor Carlos Lleras Restrepo replica: "El liberalismo ha 
perdido toda su confianza en el Gobierno Nacional. . . Nuestras 
cabezas están expuestas; pero que se tenga valor por parte de 
quienes dirigen la opresión, porque las de ellos también lo 
están" 5. 

La mayoría liberal del Congreso presenta el Proyecto N° 85 
cuyos dos artículos reforman la Ley 89 de 1948. El primero dice 
así: "Las elecciones de presidente de la república para el próxi- 
mo período constitucional se verificarán el último domingo (27) 
de noviembre de este año (1949)". El proyecto es aprobado a 
pupitrazos. 

La intemperancia polémica desatada en forma incoercible pro- 
duce su efecto con los acontecimientos del 8 de septiembre de 
1949, al ser ultimado a balazos en pleno hemiciclo el doctor 
Gustavo Jiménez Jiménez, presidente del directorio liberal de 
Boyacá y vocero en la Cámara del electorado llanero de Casa- 
nare y Arauca. Resultan heridos el representante liberal Jorge 
Soto del Corral y los conservadores Ricardo Silva y Amadeo 
Rodríguez. Transcribimos el siguiente relato: 

"Al iniciarse después de las doce de la noche la segunda se- 
sión de la Cámara en la cual se discutían las objeciones del go- 
bierno a la Ley de reforma electoral, el representante conserva- 
dor Carlos del Castillo, boyacense, inicia un violento discurso 
de recriminaciones y cargos contra algunos jefes liberales de 
su departamento y se traba en agresivo diálogo con el represen- 
tante Jiménez. En el curso de la disputa verbal, uno y otro se 
injurian. Castillo dice: "Lo que ocurre es que yo soy hijo legí- 
timo y usted es hijo natural. ¡Y reaccione, reaccione ya!" Sue- 
nan los primeros disparos" 6 . 



5 Ibid., Vol. VII, N° 156 (octubre 15 de 1959), pp. 14 y 15. 

6 Ibid., Vol. VII. N° 151 (septiembre 10 de 1959), p. 7. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 243 



La radiografía del Parlamento en aquellos días aciagos la 
traduce muy bien el testimonio de Azula Barrera: 

"El Congreso, en efecto, había llegado al último grado de des- 
composición y de miseria. Lo que había sido orgullo auténtico 
de la democracia colombiana, palenque de honor de la inteli- 
gencia y del carácter estaba convertido en vil establo, donde 
pablillos rencorosos imponían su "razón bruta" en una jerga 
de arriería. Jamás había asistido el país a un espectáculo de 
mayor degradación y vergüenza. Quienes tuvieron oportunidad 
de presenciar aquellas sesiones bochornosas, nunca habrán de 
olvidar la ola de rubor que encendía los rostros, al contemplar 
cómo caía derribada, a golpes de cieno, una institución respe- 
table. 

"El propio recinto de la Cámara se convirtió en un escena- 
rio de violencia, en que constantemente salían a relucir las ar- 
mas de los representantes como si se tratara no de una asam- 
blea deliberante sino de un campo de combate" 7 . 

Pronto aparecen los efectos de esta conducta del Parlamento 
entre los campesinos y en las provincias. Es el comienzo emo- 
cional de la violencia. "Las actividades de las Cámaras están 
conduciendo a un estado de inseguridad en el país por los pro- 
cedimientos violentos y el uso de la fuerza con ausencia del 
sentido nacionalista y patriótico", dice el liberal Moisés Prieto. 
Y el expresidente Alberto Lleras plantea con clarividente nitidez 
el comienzo del fenómeno al afirmar: "La violencia más típica 
de nuestras luchas políticas es la que hace atrozmente víctimas 
humildes en las aldeas y en los campos, en las barriadas de 
las ciudades, como producto de choques que ilumina el alcohol 
con sus lívidas llamas de locura. Pero el combustible ha sido 
expedido desde los escritorios urbanos, trabajado con frialdad, 
elaborado con astucia, para que produzca sus frutos de sangre. 
De repente sobreviene el conflicto y en la plaza del pueblo o 
en la venta rural queda tendido un colombiano humilde, destrui- 
da su familia, en la miseria un grupo de gentes que dependían 
de él para su sustento y comienza a difundirse el pánico en los 
campos". , 

Con insensatez indisculpable no se piensa que en esta nación 
de insospechada hiperestesia política todo exceso de sectarismo 

7 Rafael Azula Barrera, De la Revolución al orden nuevo (Bogotá, 
1956), pp. 278 y 294. 



244 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



en los altos estrados cobra trágica repercusión en la provincia, 
en la vereda, donde en último término la reacción se traduce en 
soluciones de muerte. Véase por ejemplo, lo ocurrido con cier- 
tas hojas circulares denominadas "Limpieza rural", suscritas a 
veces por jefes políticos, con orden de "no dejar vivo un solo 
conservador porque su partido es el que hace la violencia, va- 
liéndose de su posición en el gobierno y de las armas y fuerzas 
oficiales". Un ejemplar fue exhibido en Aipe por "Charro Ne- 
gro", jefe comunista de Gaitania, en el sur del Tolima. So pre- 
texto de "limpieza rural" se cometen asesinatos indiscriminados: 
en Aipe (Huila) crucifican a Pastor Rojas, conservador, y ase- 
sinan a Parménides Charry, liberal. 

Mas esto no es suficiente. Para mayor abundamiento se trans- 
criben otras hojas profusamente repartidas cuyos textos dan idea 
del abismo de odio a que fueron conducidos los campesinos y 
que denuncian fallas latentes en las instituciones políticas na- 
cionales : 

"Señores liberales. . . Debemos mantener la fe y nuestro gran 
espíritu de lucha. En el Tolima nos hemos hecho fuertes y des- 
de el Tolima podremos seguir luchando hasta imponer nuestra 
voluntad a cualquier gobierno. Pero debemos estar listos y aten- 
tos a las órdenes de mando. El exterminio deberá ser total. To- 
das las fincas y negocios de los conservadores tienen que pasar 
definitivamente a manos de los liberales. Lo mismo hay que ha- 
cer con los puestos públicos. Ningún conservador debe quedar 
vivo. Todos los militares deberán purgar en las cárceles todos 
los crímenes cometidos con las familias liberales campesinas. 
Los militares fueron también asesinos, incendiarios y ladrones, 
lo mismo que los conservadores. Ningún liberal deberá permitir 
que ningún conservador regrese a sus antiguas propiedades. 
Ninguna finca deberá ser devuelta a los conservadores. Solo en 
la resistencia y en la lucha habremos de conseguir el dominio 
definitivo sobre todo lo que hasta hoy hemos conseguido después 
de derramar tanta sangre. Unidos hoy más que nunca habremos 
de ser el porvenir de Colombia y del partido liberal. 

Directorio Liberal Agrario" 8 . 

Al "Azulejo", un bandolero de Ituango, se le decomisa el si- 
guiente documento monstruoso: 

8 Colección Guzmán, Archivo de Recortes, Tomo IV, p. 63. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 245 



"Liberales: Los comandos de avanzada del partido ordenan: 
Obstaculizar por todos los medios posibles al Gobierno y sus 
empleados, sean nacionales, departamentales o municipales. Que- 
mar y destruir las casas de los conservadores y si son pudientes, 
arruinarlos; sus valores deben pasar por cualquier medio al 
poder del liberalismo. Acabar con la Policía. En el Ejército te- 
nemos buenos copartid arios que nos pueden ayudar en casos de 
apuro. No deben molestarlos. Robar armas de la policía y a la 
vez uniformarse para pasar por agentes del Gobierno en todas 
partes y saber cuanto ocurre en las filas del conservatismo y 
los planes del mismo Gobierno. Hay que tumbar ese Gobierno, 
cueste lo que cueste, y para ello se necesita coraje, valor, disci- 
plina y no tenerle miedo a nadie como vienen demostrando los 
copartidarios que están en armas en todo el país y que no serán 
dominados sino cuando la dirección liberal ordene el cese de 
fuego, si es conveniente. No miren, copartidarios, que entre sus 
familiares hayan conservadores, porque ellos son enemigos ju 
rados de los liberales y se deben destruir: la sangre no mancha 
en política. Hay que disfrazarse de sacerdotes y entrar a los 
conventos para ver qué cantidades de armas tienen, conocer las 
entradas y salidas de sus casas para darles el golpe certero, sin 
que vayan a creer que se les ha encontrado nada o que son víc- 
timas de una persecución. A varios copartidarios que han sido 
capturados y los tienen presos, hay que rescatarlos a cualquier 
precio, aun de la vida. Son liberales caídos. 

Comité de Acción Liberal Democrática" 9 . 

Estos panfletos en manos de gentes ignaras, constituyen ful- 
minante consigna de exterminio. En oyéndolos leer obran en 
consecuencia, como liberales o conservadores, es decir, como 
miembros de los partidos tradicionales colombianos. 

Puede verse que en gran parte esta crisis ahonda sus raíces 
en la operancia electoral de los partidos políticos. Así lo sostie- 
ne, por ejemplo, el liberal Eduardo Santa: "El siglo XX vino 
a manera de guillotina de nuestras luchas civiles. Ellas desapa- 
recieron de nuestro sombrío escenario político. Pero aparecie- 
ron las luchas electorales, a veces tan encarnizadas e insensatas 
que suelen tomar caracteres muy semejantes a una conflagración 
armada. Las provincias arden en odios, los jinetes maléficos de 



9 Ibid., Tomo II, p. 31. 



246 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



la intolerancia y la persecución se desencadenan de nuestro pa- 
sado, los campos son arrasados por el fuego de manos crimina- 
les, familias enteras se devoran entre sí, la ley que impera es la 
del Talión y la vindicta. 

"El asesinato unido a la impunidad es fenómeno apenas na- 
tural en vísperas electorales. A tal grado de corrupción han lle- 
gados nuestras costumbres políticas que los más repugnantes 
malhechores se ponen al servicio de los jefecillos políticos que 
sin ningún reato de conciencia ordenan las masacres colectivas. 
Los partidos políticos tradicionales últimamente se han conver- 
tido en escudo de delincuentes y medio de ocultar delitos co- 
munes disfrazados de crímenes políticos. 

"Desconsolador espectáculo ver unas gentes que no saben 
por qué van a depositar una papeleta, y a veces ni por quién, 
destrozándose en plazas y calles de la apartada parroquia a den- 
telladas salvajes. Mesnadas de gentes que votan en fila por el 
candidato indicado por el cacique irresponsable que aspira a 
una diputación. La lucha de los partidos suele degenerar en 
una lucha por el presupuesto público que los jefes de partido 
no consideran como instrumento de mejorestar colectivo sino 
como botín de guerra. El partido vencedor en la lucha excluye 
al otro. Hasta que se harta en el poder y, ebrio, se dedica a 
cometer desafueros. El presupuesto es la única industria en un 
país sin indutrias. Si en el siglo XIX eran las guerras civiles y 
los caudillos quienes hacían funcionar los partidos, en el siglo 
XX es el presupuesto público el único resorte que los anima. 

"El hombre medio lucha con sectarismo y aun con barbarie 
por hacer méritos que lo acrediten para obtener de los altos je- 
rarcas una posición burocrática modesta y un mediano politi- 
quillo es capaz de ordenar desde una tribuna pública la masacre 
de una población entera si ello es el medio de cazar una acari- 
ciada curul" 10 . 

Al anterior se suma el testimonio, igualmente importante, del 
conservador Belisario Betancur: "Si los partidos políticos co- 
lombianos continúan moviéndose como en el pnsado, estarán 
clausuradas todas las esperanzas. Hay un momento en que las 
explosiones populares se salen de su control, escapan a su ma- 



lo Eduardo Santa. Sociología política de Colombia (Bogotá, 1955), 
p. 73. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 247 



nejo para fomentarlas y desde Juego para disminuirlas. En la 
urdimbre de nuestra tragedia el rencor político obra poderosa- 
mente. Pero hay situaciones locales con su propia mística sal- 
vaje. De no pocos poblados en las zonas neurálgicas de la vio- 
lencia suelen salir expediciones punitivas que quizás no vivan 
de esa industria atroz pero son gentes enceguecidas por la gue- 
rra santa de los partidos, que buscan vengar la muerte de co- 
partidarios a quienes no conocieron y a quienes identifican po- 
líticamente porque cayeron en una zona geográfica que creen 
pertenencia exclusiva de su respectivo partido. A veces parece 
que el discernimiento contuviera la orgía, pero de nuevo se pre- 
sentan pávidos hechos sangrientos en la ronda de los sacrificios 
humanos. 

"En la lucha contra esta insensata violencia irracional, contra 
ese veneno de la sociedad, los dirigentes deben retomar sus res- 
ponsabilidades, sin salvedades de colores políticos, ni de grupos 
sociales. Porque a todos compete una responsabilidad en esta 
cruzada de entendimiento; y porque cada colombiano, sea cual 
fuere su nomenclatura política o su posición en la sociedad, pue- 
de ser determinante de una cuota no exigua de reflexión y de 
apaciguamiento. 

"Para este propósito es necesario civilizar las agitaciones pú- 
blicas, modernizar las herramientas, acercar las capas directi- 
vas al pueblo, en forma que cada colombiano — habitante de 
la ciudad, de la aldea o del campo — , se sienta permanentemen- 
te vinculado a las jerarquías, a los programas, a los depósitos 
de cada partido. Acercar sinceramente los partidos al pueblo, a 
sus necesidades auténticas, a sus urgencias, a su anhelo de edu- 
cación, de asistencia hospitalaria, de dirección técnica, de cré- 
dito barato. Y, primordialmente, insistir hasta la fatiga en que 
el recobro de los resortes morales que son freno tan eficaz para 
el hombre mismo, para Colombia es el contrapunto inexorable 
de su reincorporación histórica" n . 

Los organismos judiciales 

Ante el desenfreno del crimen los colombianos miran con an- 
gustia hacia los organismos judiciales, hacia los jueces, esperan - 

11 Belisario Betancur, Colombia cara a cara (Bogotá, 1961), p. 41. 



248 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



zados en que de ellos venga la mágica fórmula que solucione el 
problema. 

Pero el país ha caído en una quiebra catastrófica de la jus- 
ticia. 

Este proceso de desintegración debía presentarse si se tiene 
en cuenta que "las corporaciones representativas se clausuraron 
por la fuerza, y sus facultades se concentraron en las manos 
del gobierno central y de sus agentes; el control jurisdiccional 
sobre los decretos leyes, confiado a la Corte Suprema de Justi- 
cia y que constituye la mejor garantía contra los abusos y arbi- 
trariedades de los gobiernos, se eliminó de hecho, al decidir que 
los fallos sobre ellos tuvieran que adoptarse no por menos de 
tres cuartas partes de los votos de la corporación: se paralizó 
el Consejo de Estado, modificando abusivamente su composición 
y su funcionamiento; se modificaron las disposiciones orgáni- 
cas de la rama electoral; se introdujeron cambios fundamenta- 
les en el régimen tributario; se abolió la libertad de prensa; se 
abolieron igualmente las libertades de reunión y de tránsito, la 
inviolabilidad del domicilio y el habeas corpus; se modificaron 
el Código Penal y el de Procedimiento, alterando la institución 
del jurado; desde hace diecinueve meses buena parte de la ad- 
ministración de justicia se ejerce por medio de consejos de 
guerra verbales; violando abiertamente la Constitución se de- 
claró vacante el cargo de primer designado a la presidencia de 
la República; se han enviado tropas en guerra sin permiso pre- 
vio del Congreso, y últimamente, al aplazar las nuevas eleccio- 
nes parlamentarias, se ha sentado la tesis de que la rama ejecu- 
tiva, por propia voluntad, puede eliminar de hecho, por tiempo 
indefinido, a la rama legislativa del poder público. Como el go- 
bierno ha nombrado además directamente la mayor parte de 
los magistrados de la Corte Suprema y del Consejo de Estado 
y se ha atribuido la facultad de dictarles normas acerca de la 
manera de emitir sus fallos, todos los poderes se encuentran 
concentrados en el jefe del estado, y de la misma manera ha sido 
abolida la descentralización administrativa. Un gobierno abso- 
luto, centralista, de facultades ilimitadas, ha reemplazado el ar- 
monioso equilibrio que consagraba la Constitución" 12 . 

12 Carlos Lleras Restrepo, De la República a la Dictadura (Bogotá, , 
1955), p. 306. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 249 



La vigilancia de la iniciación y desarrollo de los sumarios 
quedó a merced de agentes del ministerio público incompeten- 
tes para cumplir su cometido, o de funcionarios del conocimien- 
to que a su amaño torcían la investigación. El proceso se tornó 
ineficaz por la venalidad de muchos jueces. La impunidad al- 
canzó abismos inconcebibles. Por otra parte, las cárceles se 
abrían sin dificultad por alcaides y guardianes traficantes al 
servicio incondicional de los violentos. 

Así se llegó al hecho monstruoso de una justicia intervenida, 
que trizó todo el itinerario procedimental. 

Cuando reos de delitos atroces eran conducidos a la cárcel, 
inmediatamente se movilizaba toda una máquina de influencias, 
tan poderosa, que lograba para el sindicado jueces de su mis- 
ma filiación política. Guay, si un funcionario hacía justicia. Caía 
asesinado inexorablemente. Todo criminal resultaba inocente. 
Avergüenza saber cómo al sepelio de verdaderos mostruos asis- 
tían, sublimándolos y respaldándolos moralmente con ese solo 
hecho, densos grupos de copartidarios en desfiles que tenían vi- 
sos más de un desafío político, de una manifestación agresiva, 
que de funéreo cortejo. Esto en el campo liberal y en el campo 
conservador. 

Por eso al escrutar esa década sombría vemos intervenida la 
justicia por altos elementos y por bandidos que obligaban a los 
jueces y a los médicos legistas a dictar conceptos o sentencia 
contrarios a la realidad. En Montenegro los facinerosos coaccio- 
naron a un galeno con amenaza de muerte cierta a dictaminar 
que la víctima había fenecido de derrame cerebral y no por 
el impacto de plomos asesinos. 

Como simple dato informativo se transcriben dos notas pe- 
riodísticas : 

"Natagaima 28 de noviembre de 1958. Por orden del Juez 94 
de Instrucción Criminal fueron detenidos los ex-alcaldes de Na- 
tagaima y Coyaima . . . sindicados del asalto a la vereda de 
Guaguareo" 13 . 

"La muerte de los apreciables elementos de la ciudad de Perei- 
ra Rafael y Javier Arango, ocurrida en forma violenta en 1951 

13 El Tiempo, noviembre 29 de 1958. 



250 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



en su hacienda Bolo Azul, municipio de Pradera, había estado 
en el misterio en cuanto a la personalidad de los autores, pero 
ahora, en virtud de la relación hecha por José Ignacio López 
Quevedo, detenido en la Penitenciaría de Palmira, ha quedado 
al descubierto la personalidad del autor intelectual de ese hecho 
y de otros no menos graves ocurridos en esa población. 

"Según la afirmación de López Quevedo, quien pagó y armó 
a los asesinos para que perpetraran el crimen fue . . . , quien 
ocupaba en esa época la alcaldía de Pradera" 14 . 

La perfecta radiografía de la desintegración del país la decla- 
ran los siguientes apartes del documento en que la representa- 
ción liberal exponía razones para retirarse de la Corte Electoral: 
"Suprimida ya prácticamente la propaganda electoral en su as- 
pecto más popular y democrático; expulsada por la violencia de 
las autoridades una gran cantidad de los registradores munici- 
pales; en pleno desarrollo con el respaldo implacable de policías 
y resguardos una política terrorista que ante nada se detiene; co- 
locada la autoridad seccional en las manos más sectarias que 
han podido encontrarse; generalizada la táctica de arrebatar a 
la gente humilde su cédula; fracasado el empeño de que pudie- 
ran votar en otros lugares los millares de ciudadanos a quienes 
la violencia oficial arrojó de sus hogares, y arrebató, a la vez, 
sus derechos civiles y sus derechos políticos, sus propiedades 
materiales y su título de ciudadanos; creado este ambiente de 
persecución desaforada a todo lo largo y ancho del país, nada 
queda de las garantías legales creadas para salvaguardar el sufra- 
gio. Nada de las doctrinas inventadas para perfeccionarlo ni de 
los principios morales que pudieran protegerlo. No queda nada 
distinto de la violencia desenfrenada, encaminada a aumentar 
el voto de los unos o a eliminar el de los otros" 15 . 

"En Santander, en Boyacá, en Caldas, en Cundinamarca, obre- 
ros, campesinos, empleados públicos y privados, policías, ancia- 
nos, mujeres y niños son víctimas de la pasión partidista, de 
la autoridad sectaria o de la violencia anónima ... Ni el go- 
bierno ni los partidos políticos se hallan en capacidad de de- 
tenerla" 16 . 

14 Colección Guzmán, Archivo de Recortes, Tomo II, p. 23. 

15 Carlos Lleras Restrepo, op. cit. y p. 301. 

16 Semana, Vol. IV, N? 75, (mayo 27 de 1948), p. 5. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 251 



Inocuos resultaron los conatos de los partidos por restablecer 
la paz. De nada sirvió el Manifiesto Bipartidista del 2 de abril 
de 1949; nada logró el Comité Pro Paz fundado en Bogotá el 
21 de agosto del mismo año; ningún camino se abrió el pacto 
del 6 de octubre de 1950. En conferencias radiales altos políticos 
cerraron el paso a todo acuerdo . . . 

Otro muy poderoso factor de impunidad lo conformó el he- 
cho de que las fuerzas armadas lograban capturar un asesino 
y el juez casi de inmediato le daba libertad. 

Quebrada la fe en la justicia, el ciudadano retornó a la ley 
de la selva: se hizo justicia por sí mismo, erigiendo por tribu- 
nal su decepción y su odio. 

Todos inquirimos atónitos la razón por la cual los campesi- 
nos no divulgan a los delincuentes. La clave la dio exacta, lumi- 
nosa, un exilado de Rovira que tenía tres fincas y a estas horas 
vive de cuasilimosna en Bogotá: 

"Nuestras fincas están en manos de otros. A mí por una de 
ellas me dieron mil ochocientos pesos. Era de diez hectáreas de 
café. Luego me dijeron que como ya todos en esas veredas eran 
de los mismos, las fincas eran de ellos. Y esa es la cosa. Mien- 
tras no nos las devuelvan habrá violencia. Nosotros no vamos a 
ganarnos los mil, ni los cinco mil, ni los veinte mil que pagan 
por delatar a los del monte, porque ellos son los únicos que 
están manteniendo este debate". Y es evidente. Mientras no se 
resuelva el problema de las fincas mal habidas, los hijos de los 
desposeídos seguirán engrosando las filas de los criminales y 
proseguirá la "lucha del gobierno contra el desorden con un 
pueblo como simple espectador". 

Eso mismo hace que densos sectores crean que las autorida- 
des están patrocinando el latrocinio. ¿Absurdo? ¡Sí! Pero esa 
es su mentalidad y eso piensan los campesinos lesionados mien- 
tras no se resuelva el problema de sus tierras en manos de de- 
tentadores. Esto es tremendamente grave. He ahí la gran causa 
y una potísima razón de la dinámica actual de la violencia. Tan- 
to los poseedores con injusticia como los despojados están so- 
metidos a un proceso de angustia. El problema se agrava con 
la atonía moral, con la pasividad ambiental y no puede solucio- 
narse con la sola acción de la fuerza. Mientras este aspecto no 
se supere, no puede haber paz. 



252 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



La "quiebra de la organización judicial" de que hablara el 
presidente Lleras en su mensaje al Congreso (20 de julio de 
1961) pesó y sigue pesando abrumadoramente sobre la nación. 

Quiebra en los Cuerpos Colegiados. Quiebra en los partidos 
mismos. Quiebra en el Ejecutivo. Quiebra en el organismo judi- 
cial. Es necesario gritarle a Colombia que su inmensa tragedia 
se originó primariamente en una crisis de la clase dirigente 
política. 

La institución policiva 

Los insensatos fautores, los azuzadores de la catástrofe no 
descansaron. No podían descansar. La policía era el indicado ins- 
trumento para saldar, desde apenumbradas bambalinas, ven- 
ganzas personales. Manes del año 1930, del 31 de octubre de 
1946 y del 9 de abril de 1948. . . 

Con motivo de las huelgas y motines de octubre de 1946 en 
la capital, "el Ministro de Gobierno Manuel Barrera Parra, im- 
parte órdenes al Director de la Policía, General Carlos Vanegas, 
a fin de que cuerpos de la institución a su mando, se encarguen 
de despejar las vías. Pero los policiales destacados permanecen 
indiferentes ante el tumulto que crece por momentos, alentado 
por la cómplice pasividad de los agentes del orden. La ciudad, 
rápidamente, cae bajo el desenfreno de las turbas armadas, que, 
destruyendo automóviles, volcando tranvías, saqueando almacenes, 
hiriendo a todo transeúnte que no colabore en el desorden, ame- 
nazaban ya tomarse los cuarteles y avanzar hasta el palacio presi- 
dencial, para el asalto decisivo . . . Resultaba evidente que el 
Gobierno no tenía en la policía un leal instrumento de seguridad 
para el mantenimiento del orden" 17 . 

Progresivamente se estructuró una "policía política" que a 
la postre se convirtió en brazo ejecutivo del partido conservador. 

En mayo de 1947 se plantea un debate en la Asamblea de San- 
tander del Sur con motivo de las discrepancias entre el Secreta- 
rio de Gobierno encargado doctor Pedro Manuel Arenas, y el 
Comandante de la Policía Seccional Coronel del Ejército Luis 
M. Blanco. Citado al salón de sesiones el coronel formula al se- 

17 Azula Barrera, op. cU n pp. 223 y 224. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 253 



cretario el cargo de que ha convertido el cuerpo de policía en 
clan de criminales con la función específica de conservatizar a 
Santander. En constancia aduce pruebas incontrovertibles. 

Aparecen ya las tenebrosas "recomendaciones" de los jefeci- 
llos políticos: "Estimado coronel: El señor Luis Francisco He- 
rrera desea ingresar a la policía. Me permito recomendárselo 
de manera muy especial, como elemento que reúne las condicio- 
nes que hemos querido para las unidades de la institución. Fir- 
mado, Pedro Manuel Arenas. Bucaramanga, octubre 21 de 1946". 
El Subsecretario de Gobierno destaca ante el coronel las prendas 
de un recomendado así: "Mi recomenlado cuenta con magníficas 
cualidades y es persona de reconocida honorabilidad". 

Las "condiciones" de que se habla son, en el caso de Luis 
Francisco Herrera, la de homicidio en la persona de Elias Avila 
y la de hurto de ganado mayor en el municipio de San Andrés. 
José Antonio Camacho, el otro recomendado, aparece condena- 
do a seis meses de prisión y obra orden de captura contra él. 
Marcelino Durán Bueno, también recomendado, es reo de ho- 
micidio en la persona de Gerardo Alvarez, hecho acaecido en 
Mogotes. 

El coronel Blanco, al enterarse trata de dar de baja al perso- 
nal inficionado. Durán al volver á su provincia, asesina a Luis 
Flórez Delgado. El coronel aduce la ficha de Julio Ernesto Ama- 
ya Forero, otro policial, en la que consta: "Abuso de confianza. 
Pasó al Juez Municipal". El record de vida del "recomendado" 
Jesús Amaya Vega ofrece las siguientes constancias: 1930, ho- 
micidio; abril 10, 1933, homicidio; abril 26, 1933, homicidio; 
junio 27, 1933, homicidio. Surge la particularidad de que estos 
individuos y todos los mencionados por el coronel Blanco, son 
de filiación conservadora. 

En julio de 1947 arrecia la campaña contra el director nacio- 
nal de la Policía, General Delfín Torres Durán. El doctor Jorge 
Eliécer Gaitán le formula veinte preguntas muy concretas y el 
señor Joaquín Tiberio Galvis le envía una carta abierta citán- 
dolo a duelo, que el general rechaza, afirmando que está seguro 
de "no haber ofendido el honor de nadie". Sin embargo, confie- 
sa que "la Policía se ha convertido en un remolino". 

Por esos mismos días, Torres Durán, rechaza la revisión fis- 
cal del material de guerra ordenada por el Contralor Palacio 



254 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Rudas. No falta la candente apostilla periodística: ". . .el di- 
rector de la Policía está desconociendo los organismos de con- 
trol fiscal y negándose a revelar cuántas placas y cuántos revól- 
veres de agentes secretos andan por la calle irregularmente, en 
desempeño de misiones confidenciales del partido conserva- 
dor...". 

El caso es explotado en la Cámara y en septiembre se inten- 
ta un juicio de responsabilidades contra el primer mandatario, 
acusándolo de introducción ilegal de armas para la policía. La 
atmósfera se caldea con los comentarios de la prensa liberal: 

"La circunstancia de que se hayan pedido gases y armas para 
la policía nacional sin contar con el ejército y sin notificar a los 
organismos de control que tiene el Estado, pone de presente 
una situación no solo inconstitucional e ilegal; sino francamen- 
te atentatoria de la Constitución y de las leyes. Se explica de 
esta manera la negativa del director general de la Policía a 
aceptar la visita reglamentaria de inspección y vigilancia de los 
representantes de la Contraloría General de la República" 18 . 

"...Esas armas venían sin pedido y en algunos casos gratis 
para que la policía política del conservatismo las empleara sin 
sujeción a ninguno de los sistemas normales de control fiscal, 
es decir, a discreción, en actividades puramente políticas. Y co- 
mo lo observó el senador Gaitán, esas armas estuvieron distri- 
buidas indebidamente en los días en que el Contralor decidió 
pasar a los almacenes de policía una visita" 19 . 

En cambio el diario conservador El Siglo dice: ". . .Respecto 
a la importación de gases lacrimógenos (que no es armamento 
de guerra) a que se refirió anoche el senador Gaitán, es bueno 
recordar que ella se efectuó cuando era director de la policía 
nacional el general Vanegas, una herencia del antiguo régimen. 
Nada tiene que ver pues con esta importación el actual director 
de la Policía con quien se ensañó anoche el jefe único del libe- 
ralismo. Por lo demás, el hecho no constituye cargo alguno para 
el gobierno" 20 . 

18 El Tiempo, septiembre 13 de 1947. 

19 Semana, Col. III, N<? 48 (septiembre 20 de 1947), p. 5. 

20 Ibid., p. 4. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 255 



El Presidente da amplias explicaciones. "El Gobierno nacio- 
nal — dice un comunicado especial de 14 de septiembre de 
1947 — precisamente para evitar el empleo de armas mortíferas, 
cuando la autoridad tiene necesidad de intervenir en el mante- 
nimiento del orden y en la protección de la vida y de los dere- 
chos de los asociados, que constituye una de sus funciones esen- 
ciales, hizo a fines del año pasado, de acuerdo con antecedentes 
conocidos y ciñéndose a los trámites legales, por conducto del 
departamento nacional de provisiones, un pedido de gases la- 
crimógenos, de instrumentos para aplicarlos y de máscaras pro- 
tectoras. Este asunto, que venía tramitándose desde la admi- 
nistración anterior, según comprobantes existentes al respecto, 
se activó en vista de los graves sucesos ocurridos en la capital 
el 31 de octubre de 1946, de los cuales fue víctima la sociedad 
bogotana, así como de otros hechos similares acaecidos en va- 
rios lugares del país y que la opinión pública conoce suficien- 
temente. Dada la urgencia del despacho y teniendo el gobierno 
informes de que este no podía ser atendido antes de varios meses, 
debido a la gran cantidad de turnos existentes, se solicitó la 
colaboración del señor attaché comercial de los Estados Unidos, 
como se ha hecho en muchos otros casos de pedidos a dicho 
país, para atender a las distintas necesidades nacionales. El se- 
ñor attaché informó, después de haber realizado las gestiones 
solicitadas, que no era posible lograr el anticipo del despacho; 
pero que en la Zona del Canal de Panamá existían algunos de 
los referidos elementos, los cuales podrían facilitarse en prés- 
tamo al gobierno, si este lo consideraba del caso mientras se 
recibía el material pedido a los Estados Unidos. En tal virtud, 
previo permiso concedido por las autoridades colombianas, va- 
rios aviones de matrícula americana trajeron a la base de Ma- 
drid los equipos de gases lacrimógenos dados en préstamo, los 
que fueron recibidos allí, conjuntamente, por representantes de 
la embajada y por personal del ejército y la policía, enviado 
al efecto, de acuerdo con los Ministros de Gobierno y de Gue- 
rra y del Director General de la Policía en esa época" 21 . 

En noviembre se debate en la Cámara el proyecto tendiente 
a arrebatarle al Gobierno el control de la Policía. El día 6 el 
ministro de la política, doctor José Antonio Montalvo, habla an- 
te el Senado. Con nitidez jurídica analiza el proyecto y plantea 

21 Azula Barrera, op. cit., p. 280. 



256 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



las consecuencias que su aprobación puede traer. En determi- 
nado momento de su exposición afirma: 

"Si la Policía está encargada de la guarda del orden público 
y del orden social; si el instrumento por excelencia de que dis- 
pone el Gobierno y el Presidente de la República para lograr 
esos fines constitucionales es la Policía, el Gobierno tiene que 
defender a sangre y fuego las instituciones democráticas, la au- 
toridad del presidente, la policía, elemento social de orden y 
de la estabilidad del Estado. . . Decía, señores, que ya que no 
pudo prosperar la acusación por el motivo ridículo de los gases, 
se quiere inventar otra manera de amarrar al Presidente: y yo 
declaro de la manera más enfática que ni el Presidente se deja 
amarrar, ni nosotros lo dejaremos amarrar" 22 . 

Sus palabras, desglosadas tendenciosamente del contexto, alte- 
radas en su intención, se interpretan y propalan como desafío a 
muerte y orden explícita de exterminio. De otro lado, desde las 
tribunas públicas estalla la invectiva de la oposición contra los 
uniformados. 

Los hechos evidencian extremos increíbles ocasionados por 
defectos intrínsecos de la organización policiva, que se distribuye 
en varios grupos inconexos bajo el mando y responsabilidad de los 
mandatarios seccionales. Basta mencionar a los siguientes: 

1 . Policía nacional (se llamó así hasta el 31 de diciembre de 
1949). 

2. Quince grupos de Policía Departamental. 

3. Resguardos de Rentas (Policía de Rentas). 

4. Gendarmes Municipales. 

5. Guardias Rurales (Policía Rural). 

6. Policía de Seguridad (Detectivismo, Servicio de Inteligen- 
cia Colombiano, SIC) . 

Se rumora que la policía incendia en Santander el caserío del 
Playón, al retirarse el ejército, con un saldo de 50 muertos en 
su mayoría mujeres y niños. El Espectador habla de 80 civiles 
y 20 policías caídos en feroz asalto. En volquetes oficiales se 
transporta gasolina y dinamita para destruir dicha aldehuela y 
la de La Ceiba. Eso afirman las gentes. 

22 Ibid., p. 292. 



4 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 



257 



En cambio el comunicado oficial dice: "En La Ceiba fueron 
sorpresivamente atacados a tiros 11 policías de la guarnición 
cuando se hallaban comiendo. Cinco muertos, tres heridos. . . 
Se destacó una comisión de la policía a El Playón que fue reci- 
bida a tiros. . . resultando cinco agentes heridos. . . Los bando- 
leros pusieron fuego al caserío. . .". 

También se sabe que en Ansermanuevo (Valle) ha tenido lu- 
gar un asesinato colectivo. Según el periódico Jornada, tres je- 
fes liberales son obligados a devorar sus propias orejas y nari- 
ces, después de que el teniente ordena mutilarlos. Saldo, once 
muertos. 

En Yaguará (Huila) durante una refriega entre policías y ci- 
viles muere un agente. Un compañero suyo mata de un disparo 
de fusil al agresor dentro de la cárcel. En Varichara (Santander), 
policía y civiles abalean la casa del sacerdote Alfredo Ortiz Olaya, 
por haber condenado públicamente la violencia. El lunes 17 de 
octubre el ilustre sacerdote Enrique Pérez Arbeláez, gloria cien- 
tífica de Colombia, es amenazado por elementos extremistas de 
la policía al prestar los servicios espirituales a un moribundo, 
herido por diferencias políticas. 

El licénciamiento de oficiales y agentes que se rebelaron el 9 
de abril de 1948 implica una reorganización total del organis- 
mo policivo. Con tal fin es nombrada la Junta Reorganizadora 
de la Policía, integrada por los doctores Carlos Lozano y Loza- 
no, Rafael Ecallón, Jorge Enrique Gutiérrez Anzola y Timoleón 
Moneada. De Londres se trae en misión técnica a Sir Douglas 
Gordon, con 38 años de servicio en la Policía de la India y Co- 
mandante de una Fuerza de 30.000 hombres en su carácter de 
Inspector General. Lo asesoran Mr. E. M. Rogers y doce exper- 
tos ingleses de la Scotland Yard. 

Desafortunadamente, para llenar las vacantes se uniforma a 
elementos que den plena garantía al gobierno, certificada, como 
se vio antes, por los politiqueros de turno. Así se los convierte de 
antemano en agentes del sectarismo a órdenes del odio o de la 
venganza de sus recomendantes, casi todos vejados el 9 de abril 
y en espera de coyuntura propicia para la represalia. A esta 
policía política, conservadora, se le denomina "chulavita", en 
contraposición a los anteriores agentes en su mayoría liberales a 
los que se tilda de "nueveabrileños". 



17— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



258 



MONS. GERMAN Gl'ZMAN CAMrOS 



Son gentes extraídas de las reservas o reclutadas en encerro- 
nas verificadas los domingos en determinados pueblos o impor- 
tadas de veredas de reconocida beligerancia política, como la de 
Chulavita en Boavita. En todo caso, son individuos ya desmora- 
lizados o desadaptados de la vida militar, impreparados, impro- 
visados e irresponsables. 

En un interesante estudio, el capitán Carlos E. Acosta Gonzá- 
lez, jefe del F2 E.M. de las Fuerzas de Policía, dice con insos- 
pechable honradez: "Hay necesidad de reconocer que por la 
intromisión del morbo político en este servicio público de vital 
importancia, muchos de sus miembros, movidos por pasiones 
sectarias, incrementaron la violencia con sus malos procederes, 
cuya parcialidad fue aprovechada ventajosamente por un sector 
político que se preciaba de tener ingerencia en el Gobierno para 
atacar a sus adversarios, a quienes a su vez y en forma paralela 
estaban desde hacía algún tiempo haciendo resistencia" 23 . 

"Si esto se ha de dañar, que se dañe", dicen cuando llegan a 
un pueblo estos noveles agentes, que por sus erradas actuacio- 
nes se constituyen en blanco de odio y creciente hostilidad, hasta 
el punto de negárseles en incontables sitios alojamiento y ali- 
mentación. Como seres de primitivismo inocultable, apelan ló- 
gicamente al desquite mediante procedimientos brutales. 

Solo buscan una reacción para ejercitar la siniestra consigna 
de "dañarlo todo". Surge el dilema de muerte; se es amigo o 
enemigo del Gobierno. No se admiten neutrales. A los que se 
oponen los "aplanchan". La "aplanchada" es un bárbaro pro- 
ceder que consiste en golpes a la espalda y el pecho, torturas, 
suspensión por los brazos atados atrás, flagelación, puntapiés, 
culatazos hasta dejar exánime a la víctima. Es la afloración vin- 
dicativa de todas las frustraciones que dormitan en la subcons- 
ciencia del bárbaro. 

Las fuerzas en pugna se polarizan: de un lado, policía férrea, 
amenazante, incontenible, anarquizada ya, despiadada e inter- 
venida por los testaferros del sectarismo; de otro, un núcleo 
denso de resistencia civil, ordenada por los jefes del partido li- 

23 Carlos E. Acosta G., "Algo sobre violencia y comunismo en Co- 
lombia", edición mimeografiada, sin fecha, Colección Guzmán, Doc. 
N<? Gl. c 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 



259 



beral, que se organiza en algunos pueblos y veredas bajo la ca- 
pitanía de prófugos y desertores que la capitalizan y la convierten 
en abierta lucha armada. Al fondo una masa campesina perseguida 
que se defiende como puede. 

Recuérdese que el 9 de abril son abiertas por la fuerza varias 
cárceles del país como la Penitenciaría Central, La Modelo, La 
Picota, el Penal de I bagué y que peligrosísimos antisociales 
huyen a escondites estratégicos para eludir la justicia. A estos 
parajes van llegando también policiales de los ya licenciados 
r'nueveabrileños) que en el fondo traen la consigna de crear 
la anarquía mediante una descabellada empresa de revolución, 
medrando temporalmente al amparo de gentes campesinas sor- 
prendidas, atemorizadas y desorientadas. 

¡Se lanza la orden de conseguir armas! Las armas las tiene 
el enemigo; el enemigo es la policía chulavita; luego hay que 
asaltar a la policía. Aquí es donde empieza realmente una inter- 
acción de exterminio. 

Aduzcamos un hecho clásico, que constituye el comienzo efec- 
tivo de la violencia en el Huila. A finales de 1949, algunos ele- 
mentos atraídos hacia el movimiento revolucionario por un pró- 
fugo de la Penitenciaría de Ibagué, son enviados a Praga (Aipe, 
Huila) con la misión de embriagar y asesinar a la policía. Son 
arrieros profesionales, gente conocida que no infunde sospecha. 
Después de algunas libaciones, ya por la noche, José Domingo 
— el agente a quien todos estiman — cae fulminado por catorce 
puñaladas. ¡Había que conseguir armas! El fusil de José Do- 
mingo, el primer fusil arrebatado en aquellos contornos a manos 
militares, es entregado a "Girardot", lugarteniente del coman- 
dante "Tirofijo , \ el expresidiario de Ibagué, organizador de 
la subversión en las montañas de Laureles y El Castel. 

En el Líbano (Tolima) aparecen dos sujetos extraños que dis- 
tribuyen propaganda contra las autoridades y organizan el pri- 
mer grupo de campesinos. Dicen que vienen del Valle. Circulan 
rumores. . . Dos miembros de la policía rural son asesinados. 
Este es el antecedente remoto de los hechos que culminarían en 
el cementerio el 16 de julio de 1951 durante el sepelio de don 
Antonio Almanza, una de las víctimas de la "aplanchada". 

Las elecciones presidenciales son fijadas para el 27 de no- 
viembre de 1949. Desde altas directivas conservadoras, con 



260 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



anuencia del Gobierno, se imparte la orden perentoria de ganar 
las elecciones a fin de asegurar la estabilidad del régimen. Para 
ello, reducir al enemigo a la impotencia, diezmarlo. Siendo la 
policía el vehículo indicado, los políticos la utilizan como legión 
fulminatriz y puesto que la adversa mayoría política está en los 
campos, es el campesino el que va a ser diezmado. Así se plantea 
la tragedia que enfrenta a muerte dos importantes sectores de la 
Patria: Policía y Campesinado. 

En el segundo semestre de 1949, antes de las elecciones presi- 
denciales, aparecen destacamentos de policía por todas partes. 
Su integración unipartidista es innegable, e inocultable su beli- 
gerancia política. ¿Traen el encargo de preparar el debate elec- 
toral? Pero si en el escenario político hay solamente un candi- 
dato. . . ¿A qué supersecreta orden obedece su extraño proce- 
der? ¿Por qué a los ciudadanos del partido liberal les exigen la 
cédula que en el acto es despedazada o retenida? ¿Por qué los 
injurian, los encarcelan sin causa y, con obsesión supliciatoria, 
los "aplanchan"? ¿Por qué en las salidas del poblado hacia los 
campos, los retenes se convierten en medrosos puestos de tortura 
o de muerte? 

Surte su efecto la patente de corso expedida por los políticos 
protectores con fines aviesos. El mismo doctor Laureano Gómez 
dice al tomar posesión de la Presidencia el 7 de agosto de 1950: 
"Nuestro país está enfermo de politiquería... se han hecho de- 
rivar las nobles instituciones del Estado, adulterándolas, hacia 
la exaltación y preeminencia de los politicastros. . . quienes adue- 
ñados de los puestos de comando de la sociedad ahogan los 
reclamos de los demás sectores de la población". 

En la zona urbana, los agentes descubren de inmediato cóm- 
plices civiles exaltados en cuya compañía liban licor y abalean 
casas y establecimientos comerciales haciendo la vida insopor- 
table. En innúmeras poblaciones se impone el toque nocturno 
de queda; pero las gentes amenazadas deben recogerse desde 
las i o 5 de la tarde a esperar con su familia las interminables 
horas de martirizante zozobra. Las rondas sin autorización es- 
crita de autoridad competente, eo pretexto de buscar armas, se 
convierten en diario acaecer con el agravante del robo de alha- 
jas v dinero y el secuestro de ciudadanos que no regresan al 
ho^ar, cuando no son las mujeres las que pagan con su honra 
la \ii»lación del domicilio. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 261 



Manejan brutales la mecánica del atropello. Vaya un caso 
entre mil relatado por un suboficial de la policía, que actuó 
durante toda la violencia: "Estaba de corregidor en Planadas, 
Municipio de Ataco (Tolima), un sargento de apellido Pérez. 
Aparecen algunos grupos -sin hacer daño todavía. Ya se oye ha- 
blar de chusmeros. Así los llaman. Cierta vez, por iniciativa de 
los agentes y algunos civiles, cogen a un hombre al que acusan 
de ayudar a la chusma. Lo obligan a andar en cuatro pies por 
la plaza; se le desuellan las rodillas y codos; luego le ponen la 
boca contra excrementos humanos antes de conducirlo a la cár- 
cel. Después, a petición de los mismos que están en el monte, el 
sargento Pérez lo da libre". Esta es una de las causas determi- 
nantes para que se incendie el sur del Tolima. 

Con excepción de los Llanos, en Colombia el campo gira todo 
en torno a la aldea. Esta es el eje vital. En ella el campesino se 
orienta política y socialmente: realiza sus transacciones comer- 
ciales, adquiere préstamos y contrae obligaciones; conoce las 
oficinas públicas donde debe administrarse justicia; en el pueblo 
manda bautizar los hijos, entierra los muertos, halla pábulo a 
sus elaciones religiosas; admira por vez primera el cine o el 
circo de payasos vagabundos, luce sus vestidos fiesteros, oye 
hablar de los jefes políticos al gamonal de turno y visita la 
cantina donde un disco de dudosas armonías disimula la aven- 
tura del amor. Allí desfilan colegios con banda de guerra y vis- 
tosos uniformes y viven los principales, los dueños de las ha- 
ciendas y las familias que encarnan toda una tradición de hon- 
rada hidalguía. 

Hasta el campo llega inevitablemente la noticia de cuanto 
acaece en la aldea. Por estos días se rumora que en ella hay 
violencia. 

A poco las comisiones policivas aparecen en la vereda. Al 
principio los agentes vienen solos, pero después enrolan civiles 
de la población, generalmente jóvenes irreflexivos psíquicamen- 
te aventureros. Luego constriñen a desprevenidos campesinos 
a hacerles compañía, a guiarlos, y así revueltos, en montonera, 
realizan incursiones encaminadas inicialmente a mostrarse, a 
atemorizar, pero que pronto degeneran en algara de vándalos 
que no respetan bienes, honra ni vida. El fuego consume los pri- 
meros ranchos y a poco el hombre del agro es lesionado brutal- 
mente en lo que constituye su razón de ser: la casa fruto de 



262 



MONS. CERMAN GUZMAN CAMPOS 



mucho esfuerzo, los animales, la herramienta, el camino, el jar- 
dín lleno de flores y hierbas medicinales, el cielo abierto, la 
noche sin zozobra, el rito imperturbado de la vida, el amor sin 
sombra, el ojo de agua, el árbol, las matas, el perro amigo y la 
libertad de ser hombre y de ser bueno. Y por sobre todo eso el 
hogar, en que se cifra el honor de esposa e hijas. 

Es aquí donde debe buscarse el porqué muchos hombres van 
a la contienda. Para esos muchos, la razón inicial no fue políti- 
ca. Su insurgencia feroz está determinada por una historia que 
cubre con ominosa veste inútil la lesión irreparable al honor 
de sus mujeres. Solo el que es campesino o participa de su ances- 
tro, puede valorar lo que esto contiene de tragedia, de horror, 
de afrenta, de desesperación, de odio, de decepción, de pesimis- 
mo, de rencor, de corajuda vindicta. 

Al chocar la policía contra el campesino, se chafa la espina 
dorsal de la patria. Y los campesinos, no ya por obra de prófu- 
gos sino por necesidad defensiva, se enfrentan, terribles, a las 
circunstancias. Es que a fines de 1949 "llegan unos hombres 
armados y dicen que vienen a dañar esto ..." Así inicia el re- 
lato de su tragedia la gente del agro colombiano. A los campe- 
sinos los convierten en fieras. ¡No lo eran! 

Todo esto evidencia el proceso de descomposición que sufrió 
la policía. "En los cuerpos disciplinados los subordinados pro- 
longan en su trabajo el espíritu de los jefes; el cuerpo de sub- 
oficiales y de tropa se apersona de la moral que el comando le 
imprime". Como fenómeno de fondo se presenta desde esta pri- 
mera etapa de violencia la quiebra de mando y la crisis de au- 
toridad. 

A los Llanos son enviados contingentes que deambulan sin 
control, con pago retrasado, en la miseria, sobre un territorio 
hostil, asediados a todo momento por un enemigo implacable. 
Las avionetas de Afripesca de Villarreal y Artunduaga transpor- 
tan cuerpos de policía que aún no han retornado. Ni retorna- 
rán . . . 

Para colmo de males, se registran casos aberrantes que ea 
preciso citar para obtener una explicación casi cabal de la con- 
ducta de los subalternos. Cierto comandante vende todo el ga- 
nado que consumen las divisiones policiales de Bogotá. El trans- 
porte >e hace desde el Llano en vehículos oficiales de las Fuerzas 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 263 



Armadas. Las reses compradas de $ 40.00 hasta $ 80.00, son 
vendidas al Gobierno a $ 400.00 unidad. Tropas con semejantes 
ejemplos estaban condenadas fatalmente a la desmoralización 
total. 

Así el odio del pueblo hacia la policía enraizó demasiado hon- 
do, implicando una problemática que incidiría tremendamente 
en la recuperación institucional de la república. Labor de titanes 
para los Comandos después del 10 de mayo de 1957. 

El Ejército nacional 

Las dimensiones del conflicto exigen la presencia del Ejército. 
Al principio, a este se le quiere y se le respeta. El pueblo colom- 
biano se enorgullece de él. Pero el cataclismo lo envuelve en sus 
círculos gigantes y entra en acción por razones de orden público. 

El país conoce entonces que hasta el murado recinto de las armas 
había penetrado el morbo de la politiquería. Así, se excluye a 
determinados elementos de alta graduación y se cierran las puertas 
de la Escuela Militar a aspirantes que carecen de la obligada 
recomendación del político prepotente. Para ello se alegan razones 
de seguridad nacional. En todo caso, la purga es implacable. 

En octubre de 1949, el teniente coronel Hernando Gómez Díaz, 
destinado sorpresivamente con muchos otros a la sección de 
Oficiales en Disponibilidad, declara para El Heraldo, diario de Ba- 
rranquilla : 

"Acabo de pasar a las reservas por voluntad del encargado 
del Ministerio de Guerra, quien en su brevísimo paso por esa 
dependencia puso en juego su sectarismo. . . Me siento ultraja- 
do en mi dignidad de militar por el hecho de no haber sido re- 
tirado por un General o por uno de mis compañeros de armas, 
sino por quien desconoce mi hoja de servicios. Estoy seguro de 
que Sánchez Amaya se contristará al registrar. . . cómo en su 
corta ausencia, X.X., sin respeto, quiso entronizar la política en 
el ejército. . ." 

Las novedades decretadas durante la ausencia del titular de 
guerra son, a grandes rasgos, las siguientes: 

Es ascendido a General Gustavo Rojas Pinilla y se le designa 
Director Encargado del Ejército, en reemplazo del General 
Ricardo Bayona Posada quien pasa a la Jefatura del Estado Ma- 



264 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



yor. El Coronel Hernando Herrera reemplaza al General Hernan- 
do Mora Angueira en la Dirección de la Escuela Superior de 
Guerra. A Mora Angueira se le envía, por presiones políticas, 
prácticamente al destierro. 

¿Decía la verdad Hernando Gómez Díaz? Que hablen estos 
documentos: 

"Manizales, marzo 20 de 1950. 
Tte. Cor. Silva Gómez 
Bat. Inf. Boyacá 
Pasto. 

Informóle personal conscriptos llevan ese Batallón son libera- 
les. Comandante Distrito visitó determinados pueblos. Rechace 
mayor cantidad posible. Informé Presidente República. 

(Fdo.) Tte. Cor. Sierra Ochoa 
Comant. Ayacucho" 

"Pasto, marzo de 1950. 

Dr. Moncayo Quiñones 

Secretario Consejo Ministros 

Presidencia República, Palacio Presidencial. 

Refiérome suyo del 17. Personal no viene de Pereira y Arme- 
nia. Hechas averiguaciones 95% son adeptos al Gobierno. Fueron 
reclutados sur Antioquia y norte Caldas. 

(Fdo. Tte. Cor. Silva Gómez"24. 

En esta forma, prestantes unidades del Ejército "son sometidas 
a una guerra sorda y continua que desvertebra totalmente la tra- 
dición civilista y republicana, al paso que se asientan sólidamente 
las bases de la dictadura y de la barbarie despótica". Allá entre 
bastidores se llega a hablar de los "junkers criollos" y cuéntase 
que la división, la desconfianza, el recelo, la insinceridad, la 
camarillería y el arribismo alcanzaron alto nivel en el corazón de 
muchos. La atmósfera se tornó asfixiante. 

24 Coronel Eduardo Villamil C, "Documentos personales", N° 129, en 
la Colección Guzmún. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 265 



Como en toda agrupación humana, algunos elementos del cuerpo 
armado se contagian de la desmoralización del ambiente, y los 
colombianos miran con decepcionado pavor que se desintegra uno 
de los más cálidos motivos de orgullo patrio. 

¿Cuáles las causas de esta falla? Haciendo un análisis sereno 
de asunto tan vidrioso y delicado, se llega a la conclusión de que 
el morbo político, no en teoría sino de hecho, se infiltró en cua- 
dros de comando que no lograron superar la oleada de insensatez 
que cubría a la nación ni las coacciones a que fueron sometidos. 
Así queda el ejército bajo dos presiones de sutilísimo peligro: una 
crisis interna y otra externa. Ambas obedecen a una quiebra am- 
biental de altos valores que degenera en odio. 

El morbo fatídico compromete algunos sectores militares en 
aventuras de revuelta. Ciertos elementos abrazan abiertamente la 
revolución; otros tácitamente están con ella. Por ejemplo en Yopal, 
"treinta y ocho soldados salen todos los días a las seis de la 
mañana del cuartel hacia el río. Se trata de apoderarnos del ar- 
mamento durante la ausencia de los bañistas ya que solamente 
quedaba un centinela a las puertas y un cuartelero adentro, donde 
se guardaban en pabellón 30 fusiles, dos fusiles ametralladoras y 
22.000 cartuchos. . . Es de advertir que toda la guarnición era 
liberal y que de días antes algunos soldados habían manifestado 
su deseo de ingresar a la revolución. Más aún, que todos lo de- 
seaban ... El teniente era liberal. La víspera de llevar a término 
el plan, personalmente me acerqué a Yopal con el fin de compro- 
bar las posiciones. Todo estaba bien. 

"Cuando en la noche señalada empezaba a reunirse el personal 
en La Victoria, llegó un grupo de estafetas con la noticia de que 
el ejército estaba en movimiento, patrullando y en guardia. Por- 
que ese día por la mañana había llegado Chácharo al pueblo, con 
el rostro barbudo, un pañuelo rojo y otro negro al cuello, revólver 
al cinto muy mal disimulado y que, encontrándose con unos sol- 
dados les preguntó, cuáles eran los que se iban a volar, pues por 
orden de su general Velásquez ahí les traía caballos para llevarlos 
a los campamentos. Un momento, dizque le dijeron los soldados, y 
fueron a contar al teniente, delante de muchas personas, la razón 
que traía el hombre. 

"Mientras tanto Chácharo, muy orondo, avanzó por las calles 
hasta llegar a la plaza, donde se encontró con el médico que clan- 



266 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



destinamente prestaba sus servicios profesionales a nuestro co- 
mando: Aquí estoy doctor, con orden de mi general para que me 
dé almuerzo. 

'Todo el mundo creyó que la revolución estaba encima y el 
teniente furioso por el procedimiento estúpido, tuvo que armar su 
tropa y ponerse en guardia. 

"En un momento, las gentes que estaban trabajando bajo las 
órdenes de nuestro comando, sacaron al Chácharo a empujones 
cuando ya había arruinado todos nuestros planes. 

"Tres días más tarde, a la hora y sitio acordado, conversábamos 
con el teniente, quien comentó el suceso acaecido con el hombre 
de las barbas y los pañuelos. Nos confesó también que solo por 
una equivocación al ser entregada una consigna había fracasado 
el golpe del mes de marzo en la Escuela Militar de Bogotá. El 
estaba en ese movimiento" 25 . 

No escaseaban subalternos en franca connivencia con los gue- 
rrilleros. "Es el negro Rivera, veterinario del Páez. Me puso lim- 
piamente cinco cartuchos de guerra en la mano. . . Te presento, 
dijo, a este sargento, que es de los nuestros" 26 . 

El capitán Silva, piloto de aviación, se rebela en Apiay el 25 
de noviembre de 1949, dos días antes de las elecciones presiden- 
ciales; lo mismo el teniente Vanegas y no pocas unidades del 
batallón de Barrancabermeja. El ataque a Nunchía fue respaldado 
por elementos de este batallón. 

Mientras tanto, la tropa pasa a desempeñar tareas policivas 
mezclada con los agentes. 

" — ¿El ejército está con el gobierno? 

— No, no. Y por eso es que han botado tantos oficiales. Mira. 
Aquí vienen ciento sesenta soldados, puro ejército. Pues bien, 
quería la Gobernación de Boyacá que entraran cuarenta policía?. 

— ¿Con qué uniforme? 

— Naturalmente con éste, v señaló el que llevaba encima. 
— ¿Cuál es el objeto? 

2. r ) Eduardo Franco Isaza, Las guerrillas del Llano (Bogotá, 1959), 
pp. 144, 145. 

26 Ibid., p. 94. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 267 

— La infiltración, por la desconfianza en el ejército. Esto irá a 
ser todo chulavitado, o no sé qué es lo que va a pasar" 27 

Muchos jóvenes recién egresados de la Escuela Militar son des- 
tinados a orden público por tiempo indefinido, liquidando su 
moral y lesionándolos psíquicamente. También suboficiales y sol- 
dados que perdieron familiares o compañeros a manos de violen- 
tos con agravantes de ilimitado sadismo, van en servicio activo 
a zonas muy distantes de un control eficiente, librados a su dolor 
y su resentimiento. 

Se entra de hecho en un proceso que contagia algunos elemen- 
tos de inmoralidad, crimen y sadismo. Ellos también seducen mu- 
jeres, violan doncellas, estupran niñas asesinan chiquillos, roban 
cosechas y semovientes, queman gente viva, incendian casas, de- 
vastan zonas, se ensañan contra inmuebles y gentes con furia 
apocalíptica y hasta juegan con cabezas humanas. Cuentan los 
guerrilleros que en cierta ocasión mientras combatían con las 
fuerzas oficiales, un teniente del ejército les suministraba parque 
a cambio de dinero, café y especialmente ganado o bestias. 

Al principio el campesino no lucha contra el Ejército; pero des- 
pués, por ley de reacción ante atropellos, robos y crímenes, identi- 
fica como enemigo común a todo el que viste prendas militares. 

El hecho fatal que se produjo fué éste: Un EJERCITO NACIO- 
NAL enfrentado a un EJERCITO CAMPESINO. 

Las declaraciones de un antiguo sub-oficial ilustran el proceso 
de descomposición que sufrió el Ejército: 

" — Yo hice la violencia. Toda la violencia. Yo fui violento. 

— ¿Por qué? 

— Tal vez por venganza. El 9 de abril me pusieron preso en 
San Antonio (Tolima) y saquearon mi negocio. 

— ¿Después? 

— Era reservista, suboficial. Me llamaron a la policía recono- 
ciéndome el grado. Recibí prendas y desde Neiva me mandaron 
a orden público. 

27 Ibid., p. 94. 



268 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



— ¿Y el personal? 

— ¡Un desastre! Todo improvisado. Gentes dañadas. Eran tí- 
teres de los políticos. Después se volvieron ladrones. Imposible 
cambiarlos. Uno al fin se corrompe. . . 

— ¿Y la violencia? 

— La hacían por igual. Había dos chusmas: los bandoleros y 
la policía. 

— ¿Y el ejército? 

— Al principio menos; pero después entraron. 
— ¿Entonces? 

— Era que los bandidos hacían de policía y la tropa hacía de 
bandoleros. Eso fue lo que pasó. 

— ¿Ahora? 

— Yo cambié. He visto muchas cosas". 

Mas esto no es todo. Entre jefes y subalternos enmontados, 
existen normas de relación que centuplican la eficacia de las gue- 
rrillas. El militar, en cambio, es de escuela, forjado a una distancia 
astral del alma del soldado. Superior y subalterno son dos polos 
con tangencias demasiado superficiales. Oficialidad y tropa son dos 
mundos, dos estructuras socialmente disímiles con todas las con- 
secuencias que ello presupone. 

Por regla general, si el oficial se allana a sus soldados no es 
por compañerismo sino por dignación o índole de natural bon- 
dad. Se le ha formado para mandar subalternos que obedecen 
como autómatas. Debe salvaguardiar la disciplina a toda costa 
para que exista ejército y no mesnada; y para ello se hace temer 
liquidando las posibilidades de amistosa cordialidad genitora de 
mística. 

Otra faceta que no debe pretermitirse es el ideal por el que 
combate el guerrillero. Falso o cierto, para él hay un motivo de 
sublimación. Tiene una mística; errónea o plausible, pero es 
su fuerza, la razón de su vida y de su moral de lucha. 

El soldado raso carece de esa mística. Pelea porque si no, lo 
matan. Su mística es temporánea, inestable y superficial. Se 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 269 



cimenta sobre el temor, el odio o el rencor al ver morir su com- 
pañero. Odio a una chusma de labrantines como él, reclutado 
entre gentes de la vereda, con afinidades políticas que le acicatean 
la esperanza de desertar hacia la revolución. Las fugas de solda- 
dos con toda la dotación hacia los bandos en pugna fueron co- 
mún acaecer durante la violencia. 

El atuendo del soldado en acción implica equipo, armamento, 
botas, casco y dotación. Así entra a la selva impedido o agobiado 
por marchas tremendas sobre terrenos para él desconocidos. El 
guerrillero lleva un equipo y una impedimenta mucho más livia- 
nos que le permiten mayor movilidad en un terreno que por cono- 
cer a maravilla le facilita la emboscada y el asalto sorpresivo 
con el menor riesgo y el máximo de eficacia. 

Sin embargo, cuántos actos de valor de oficiales, suboficiales y 
tropa regular que habrían enmarcado de gloria la más brillante 
epopeya de la patria, sin ese fondo de crímenes inútiles y de co- 
marcas arrasadas. Bocanegra, Patino, Reyes Araque, Herrera, 
Giraldo, Valek, Puerto Caro, Gómez, Meléndez, Vélez, cien más 
con los aviadores que cayeron en selvas y llanuras y el montón 
anónimo de suboficiales y soldados a los que sacrificó el odio de 
sus propios hermanos. ¿Cómo se llamaría aquél cabo que en Pra- 
ga (Huila) repitió la hazaña de Ricaurte? ¿Cuántos fueron? 

Según declaración del Ministro de Guerra, General Alberto Ruiz 
Novoa en la sesión del Senado del 22 de Agosto de 1962, la violen- 
cia causó las siguientes bajas en las fuerzas regulares: 

Ejército 35 Oficiales 

129 Sub-oficiales 
1 . 135 Soldados 

Policía 9 Oficiales 

73 Sub-oficiales 
779 Agentes 

TOTAL 2.160 

Parece que sin contar el personal civil caído en servicio . 

Valdría la pena compulsar estos datos de fuente respetable, con 
los del Proceso N° 9223 de Segunda Instancia de la Jurisdicción 
Penal Militar, que hace montar las pérdidas humanas del Ejército 
a 2.919 unidades y las de Policía a 1.810, entre agentes y funcio- 



270 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



narios. Total: 4.729, sin registrar cifras del detectivismo. (Véase 
el Cap. XI). 

Cuan brutalmente contrastan los actos heroicos con lo que acae- 
ció en la hacienda de Varsovia (Cunday) el 18 de enero de 1953, 
cuando por orden del jefe de la tropa se asesinó a Urbano 
Andrade (administrador general), Luis Calderón (auxiliar de 
contaduría), Celso Román (almacenista), Alvaro Román, Jorge 
Bazurto, Medardo Gómez (mecánico) y tres trabajadores. Los 
comandantes se apoderaron de los edificios y apareció forzada 
la caja fuerte de donde fue sustraída la cantidad de $ 30.000. 
Del almacén, que contenía valores por doscientos veinte mil pe- 
sos, nada quedó. Mientras duraron allí las fuerzas oficiales, se 
perdieron 90 muías, 6 caballos y 2.200 reses. 

Pero el negocio de ganado, las órdenes de fusilamiento sin pro- 
ceso, los vehículos ocupados con frutos de depredación, todo 
evidencia la quiebra que sufrió el organismo militar. 

Lo pundonoroso no es resentirse porque estas cosas se digan, 
sino garantir que han sido superadas para prestigio de la patria 
común. Y en realidad así está siendo desde cuando cayó la dic- 
tadura. 

Las instilaciones religiosas 

A propósito de las instituciones religiosas, se ha dicho que 
nuestro pueblo posee un concepto supersticioso de la deidad y 
del mundo. En el hombre colombiano, ¿la religión encauza la 
vida y norma fuertemente su conducta? ¿Su creencia se funda- 
menta más en el temor que en el amor? ¿Está por tanto más 
próximo al tótem que al Mesías? Ciertamente gusta más de lo 
externo, de lo vistoso o estruendoso que de la sosegada elabora- 
ción interior. Para él las fiestas de iglesia con pólvora, música 
y multicolores altares de papel son espectáculos que copan to- 
talmente su emoción. Dícese que ésto nos viene de España y 
Arabia. Puede ser cierta tan benévola concesión, si no se le resta 
nada al ancestro aborigen. Otros afirmarán que son implicacio- 
nes del ambiente tropical. 

Muchísimas veces se ha inquirido por qué proclamándose tan 
católicas las gentes colombianas, pudo surgir el fenómeno de 
la violencia. Católicos todos, hasta "Chispas". 1.1 investigador 
puede fácilmente descubrir criterios falsos de valoración que 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 271 



confunden fanatismo y fe, sectarismo y verdad, servilismo y 
virtud, caciquismo y dignidades, caudillismo y autoridad, resul- 
tando así una actitud sedicente cristiana muy distante de la vida 
en gracia, del cuerpo místico de Cristo como única interacción 
apetecible, de la caridad como plenitud vital, de la filiación di- 
vina como norma de relación social, de la justicia como acicate 
permanente, de la comprensión como ejercicio de amor. 

Es cierto que los revoltosos nunca irrespetaron el honor de 
una religiosa. Pero cabe preguntarse por qué gentes suyas acri- 
billaron a balazos al padre Modesto Arnaus, el 15 de marzo de 
1947 en Catrú ; al párroco de Armero Pbro. Pedro María Ramírez 
Ramos, caído al golpe de machetes asesinos el 10 de Abril de 
1948; al padre Zorroza, ultimado cerca a Venadillo; al padre Luis 
Mariano Torres, el 29 de marzo de 1950 en El Engaño; al neo- 
presbítero. Jaime Castillo, destrozado en San Juan de Urabá el 30 
de julio de 1950; y al anciano padre Teodoro Sánchez en la Tolda, 
municipio de Roncesvalles, Tolima. En algunos sitios esas mismas 
gentes salvaron las imágenes, pero en otros, profanaron templos y 
capillas y aun cometieron sacrilegios como el de Jámbalo, donde 
arrojaron las sagradas formas por el suelo. En zonas afectadas por 
adoctrinamiento comunista incendiaron capillas como las de Praga 
y Organos en el Huila y profanaron ornamentos. Tales explosiones 
de iconoclastia se registran poco en el área antioqueña, pero se in- 
tensifican en la indígena misional y en la negra, con acentuación 
en los Llanos y el Tolima. 

Por otro lado, los combatientes llevan al cuello medallas y 
escapularios y veneran la Virgen del Carmen. La primera peti- 
ción que formulan es el envío de sacerdotes que los ayuden y 
los comprendan. 

Varias veces, en plena racha de crimen, llegan a los pueblos a 
pedir al sacerdote que vaya hasta el monte a prestar auxilios 
espirituales a las gentes. Todo esto podría llevar a concluir que 
la comunidad sigue siendo básicamente religiosa, pero que se 
pierde confianza en aquellos ministros que por presiones am- 
bientales no logran conservarse a la altura de su misión espiri- 
tual. Es posible que el anticlericalismo se haya acentuado, de- 
bido en gran parte a la confusión endémica entre lo religioso y 
lo político a la colombiana. 

Se dice que algunos miembros del clero intervinieron como 
elementos activos en aislados conflictos de pueblo que ocurrie- 
ron durante la violencia. Esto se debió a que sectores conservado- 



272 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



res quisieron utilizar al sacerdote para que justificara sus trope- 
lías; al que no se plegaba incondicionalmente lo tildaban de 
"patiamarillo", "collarejo" o liberal. Cuando determinados fieles 
por discriminación política quedaron a veces caprichosamente 
excluidos de la grey parroquial, llegándose al extremo de negarles 
sacramentos, los prelados hubieron de tomar medidas eficaces e 
inmediatas. Se registró el caso de que los mandones de determinado 
bando obligaron al sacerdote a ejecutar actos contra la libertad de 
opinión, que hubo de aceptar para salvar a los perseguidos. Así 
ocurrió, por ejemplo, en los templos de La Palma y Quinchía 
donde fueron encerrados los liberales para que abjuraran en masa 
de su partido. El sacerdote tuvo que certificar las abjuraciones, 
única manera de tutelar la vida de sus feligreses que al salir de 
la iglesia debían mostrar a la turba armada el salvoconducto ru- 
bricado por el cura de almas. "El Arzobispo Primado condenó la 
violencia (1949) en términos de noble dignidad apostólica y con- 
minó con severas penas a los párrocos que se mancharan con 
elk"28. 

En cuanto a la persecución protestante, señala el escritor Martz 
que ella fue un síntoma del "cerrado antagonismo intolerante 
entre católicos y protestantes. . . La agitación campesina y la 
creciente lucha civil entre los liberales y los conservadores ine- 
vitablemente avivaron las llamas de la intolerancia religiosa... 
En los fuertes tradicionales del conservatismo, empezó a apare- 
cer la violencia en nombre de la religión. Hubo párrocos que 
defendieron en varias ocasiones el principio de la libertad de creen- 
cias. Pero desgraciadamente no fue siempre así y la diabólica 
confusión de la religión con la política — una de las caracterís- 
ticas más siniestras de la situación — gradualmente fue aumen- 
tando las pasiones intemperantes de ambos bandos. . . La lucha 
civil en los campos realizada con base en el antagonismo entre 
liberales y conservadores apareció frecuentemente como entre 
protestantes y católicos. Así, aunque políticamente ee quiso con- 
fundir a liberales y protestantes, la persecución por motivos reli- 
giosos no se puede ocultar. Pocas fuerzas históricas son más in- 
misericordes y más salvajemente anticristianas que las del con- 
flicto e intolerancia religiosos" 29 . 

28 Lleras Restrepo, op. cit., p. 303. 

29 John D. Martz, Colombia: A Contemporary Political Survey (Cha- 
peí Hill, 1962). pp. 140-142. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 273 



Un informe particular de la Confederación Evangélica de Co- 
lombia (febrero de 1962) registra el nombre, manera y lugar 
de muerte de ciento dieciséis personas protestantes victimadas 
por motivos religiosos de 1949 a 1959. De estos, con carácter ge- 
nocida : 



En Campohermoso (Ataco, Tolima) 4 

En Cubaral (Meta) 7 

En Riomanso (Tolima) 9 

En La Estelia (Valle) 7 

En El Cedral (Tolima) 8 



El estudio sereno nos lleva a varias conclusiones: 

1 . Sí hubo atentados y muertes por motivos religiosos ; 

2. En ambos campos se registraron casos lamentables; 

3. Se mezcló lo político con lo religioso en la apreciación de 
los hechos; 

4. Se cayó en inexactitud al presentar como efecto de anta- 
gonismo religioso, sucesos que se originaron en motivos políticos; 

5. No cabe analizar los hechos sacándolos del marco de vio- 
lencia que azotaba a la nación. 

Sobre este tema se pueden consultar los informes de la Con- 
federación Evangélica de Colombia y la obra del Padre Eduar- 
do Ospina, S.J., Las Sectas Protestantes en Colombia. "Nosotros, 
anota el conocido escritor, como la Jerarquía, como las autorida- 
des superiores del Gobierno, como todo cristiano verdadero, con- 
denamos la violencia ejercida contra los liberales y contra los 
comunistas y contra los conservadores" 30 . 

Al analizar la violencia es honrado confesar que la Iglesia es- 
tá demasiado lejos de haber logrado una positiva impregnación 
religiosa del hombre colombiano. Algo falló: ¿el método catequís- 
tico?, ¿la pastoral parroquial?, ¿la psicología de masas?, ¿la pre- 
paración básica en los seminarios, distanciada de la realidad 
ambiente?, ¿un aburguesamiento del clero de que muchos hablan 
por lo bajo y algunos condenan a gritos?, ¿disyunción del bino- 
mio seglar-sacerdote?, ¿inconsciencia del laico en cuanto a sus 
responsabilidades apostólicas, y de integración como iglesia? ¿ca- 

30 Eduardo Qspina, S. J., Las sectas protestantes en Colombia (Bogotá, 
1955), p. 78. 



—LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



274 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



rencia de dirigentes?, ¿predominio teórico y práctico del prejuicio 
de grupo, conventículo o secta, sobre el concepto y el ejercicio de 
Iglesia?, ¿crisis de normas?, ¿carencia de programas? 

Dícese que opera una falla que cuartea todo el andamiaje es- 
tructural en el campo de la pastoral. La violencia es quizás la 
evidenciación dolorosa de tal tesis, que implica una revisión to- 
tal, muy sincera, de vida o muerte en todos los frentes eclesiásti- 
cos. Para ello tiene que entrar en juego un cuádruple valor: 

El valor de decirlo, 
el valor de estudiarlo, 

el valor de subsanarlo. Pero, por encima de todo, 
el valor de admitirlo. 

Hay que advertir que en los grupos beligerantes y en las zonas 
afectadas se conserva todavía un sedimento religioso que vale 
mucho y que es inmensamente aprovechable. Talvez haya que 
partir de ahí en procura de una regeneración fundamental. 

Al hacer un análisis con cabeza fría, advertimos que so pre- 
texto de la violencia se desencadenaron antagonismos religiosos, 
se consumaron asesinatos, se produjeron mutuas inculpaciones y 
se cometieron errores o imprudencias por exceso; pero no se 
logró canalizar una poderosa corriente hacia eficaces soluciones 
con base en la influencia inmensa de los diversos organismos que 
rectoran la vida espiritual del país. 

Vale la pena reflexionar hondamente por qué las cartas co- 
lectivas de las Conferencias Episcopales y las pastorales de los 
Prelados no lograron contener el desangre de sedicentes cristia- 
nos en lucha de fieras. 

No sobra repetir que mientras las imbricaciones con grupos 
políticos pesen en las iglesias, tomadas como estructura dirigen- 
te, las amenaza un serio peligro de quiebra en sus funciones, que 
les cierra el paso para el trascendental cumplimiento de su 
misión. 

Las instituciones económicas 

Ha quedado señalado cómo el proceso de la violencia condujo 
a una recia sectorización política, provocando la homogeneidad 
liberal o conservadora por regiones o veredas. No existen datos 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 275 



completos al respecto, pero sí algunas indicaciones aisladas, co- 
mo las de El Ataco en el Departamento del Tolima, que son muy 
elocuentes : 

Número de familias arrojadas de sus fincas 1.993. 

Número de familias conservadoras desposeídas en siete vere- 
das, 102. 

Número de familias liberales desposeídas en una sola vere- 
da 105 31. 

En buen romance, estos datos traducen que a la zona domi- 
nada por "Mariachi" en Planadas no podía entrar un conserva- 
dor, ni llegarse un liberal al territorio sojuzgado por los Olivera 
de Casaverde, con todas las consecuencias económicas que ello 
causaba. 

Se ha calculado que en el Tolima hasta 1957 se habían dejado 
34.730 fincas por coacción política o por acción militar 32 . Pue- 
de estimarse la incidencia económica de estos hechos al analizar 
datos más exactos sobre solo Calcedonia : 

El valor de las propiedades abandonadas por 108 exilados del 
lugar suben a $ 22.827.000. Tales desplazamientos, por supues- 
to, producen la consabida polarización política. Esta, causa a 
la vez una alteración fundamental en la posesión y tenencia de 
la tierra que es de importancia básica considerar para entender 
las fallas institucionales provocadas por la violencia. Los deten- 
tadores entronizan como título el "jus ultimi possidentis" , por 
razón de vendetta, usurpación o latrocinio. 

Otros grupos sin tierra, bajo el mando de jefes guerrilleros, 
llevan a cabo invasiones organizadas de fincas o latifundios, co- 
mo en el Tolima y el sur del Valle del Cauca (Las Hermosas, La 
Profunda, Pole, etc.), procediendo a usufructuar tales tierras y 
a veces a repartirlas entre sus seguidores, estableciendo normas 
de producción y mercados colectivos. Tales hechos son apenas 
síntomas del grave problema agrario que ha venido padeciendo 
el país desde hace varios años. 

31 Colección Guzmán, Doc. N° T-At-3. 

32 Secretaría de Agricultura del Tolima, La violencia en el Tolima 
(Ibagué, 1957). Tabla N° 8, p. 30. 



276 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



El fenómeno conlleva radicales cambios en el concepto mismo 
de propiedad, al justificar el despojo de lo ajeno y relajar la 
noción de obligatoriedad en los compromisos contractuales de 
mayordomía. El dueño desterrado de su fundo queda supedi- 
tado a la mala fe de los administradores; las fincas de los des- 
poseídos son usufructuadas por sus enemigos políticos; las en- 
tidades prestatarias paralizan el crédito sobre prenda rural; las 
obligaciones no pueden saldarse pero los intereses siguen co- 
rriendo, pese a la honradez de los deudores; muchas propieda- 
des son vendidas a menos precio por razón de las circunstancias. 

Los ambiciosos aplican a la fuerza un plan sistemático, pre- 
meditado, de factores que deprecian el inmueble o hacen imposi- 
ble su administración. Posteriormente asoma la transacción leo- 
nina. Tomamos algunos ejemplos de coacción económica con 
base en un sondeo verificado en diversos pueblos de Caldas, cu- 
yos nombres omitimos por razones obvias: 



Vendedor 


Precio de venia 
del inmueble 




Valor real 


Jesús Castro 


s 


13.000 


S 


200.000 


José María Vidal 




4.000 




15.000 


José Saldarriaga 




50.000 




250.000 


Ercilia J. de Calle 




21.000 




70.000 


Petronila Díaz 




300 




1.500 


Benjamín Giraldo 




80.000 




200.000 


Hugo Muñoz 




275.000 




600.000 


Conrado Alvarez 




30.000 




120.000 


José J. Bermúdez 




9.000 




100.000 


Agustín Aguirre 




250 




1.500 




s 


482.550 


$ 


1.558.000 



Obsérvese que la diferencia entre el precio de venta y el valor 
real en solo diez fincas es de $ 1.075.450. 

En esta forma miles de propiedades son usurpadas a sus due- 
ños, mucha veces con la connivencia de las autoridades. Casos 
hubo como el de un famoso notario de Pijao, que autenticaba 
letras evidentemente nulas, con las que se aseguraba la enajena- 
ción de propiedades. 

Detrás de esta maniobra se agazapaban los autores intelectua- 
les de espolios, asonadas, estupros y asesinatos; los verdaderos 
usufructuarios de la violencia, que en los pueblos veían con pé' 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 277 



trea entraña el magro desfile de los desposeídos. Ellos encarnan 
el tipo humano más repugnante en la historia del crimen. Se los 
define con esta palabra: nefarios. 

Existieron otras modalidades en los cambios de tenencia. Así, 
en Belén de Umbría un espécimen humano que emulara a los 
viejos patriarcas por sus pluviales barbas y mesurado continen- 
te, enviaba de noche a sus peones a que atemorizaran con dispa- 
ros y vocerío a vecinos que en amaneciendo buscaban al barbu- 
do arquetipo de honradez para dejarle la administración de la 
finca en compañía, antes de salir apresuradamente hacia el exi- 
lio. El picaro vejete usufructuó así más de setenta propiedades 
cafeteras, todas pingües. 

Existe un documento que traduce cuanto esconde de vitupe- 
rable el subfondo de esta trapisonda y que ilustra los procedi- 
mientos empleados para desplazar propietarios y aprovecharse 
de los productos de sus fincas, especialmente de café, que sigue 
siendo muy codiciado: 

"Muy distinguido doctor y amigo: 

"En relación a lo convenido allá últimamente, le informo que 
en la semana del 17 al 22 de mayo entrante puedo empezar a 
mandarle café que podrá hacer recibir donde convinimos. 

"Los amigos que comanda Serafín Olivera, en toda la región 
de Casa de Zinc, Polesito, Santiago Pérez y los que comanda 
Agustín Charry en San Pedro, Palestina, Pandeazúcar, Buena- 
vista, están recolectando el grano con la ayuda y la protección 
de los retenes, a quienes se les participa. 

"Están haciendo un gran trabajo en cuanto a eliminaciones, 
ya que collarejo que no abandona su finca, pasa al papayo, al 
igual que ciertos conservadores desteñidos y que son estorbo. 

"Como aquí los conservadores que nos sirven son muy adic- 
tos a Gómez, porque él entronizó la violencia, yo les he estado 
fingiendo ser laureanista y tengo en mi casa un cuadro con el 
retrato de dicho señor, ante lo cual y por respaldo a mi general 
obedecen nuestros queridos pajaritos, que han ido aumentando 
con los de Copete y Totumo y se está llevando a feliz término el 
destierro de todos los collarejos y patiamarillos. ■ 

"Yo he seguido la doble política que usted me aconsejó, para 
que perdure el estado de sitio y continúe indefinidamente en el 



278 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



poder el general y único jefe supremo que nos ha traído la re- 
dención. 

"Le encarezco no olvide la ayuda ofrecida para la defensa del 
amigo Escobar, que en Pitalito continúa por lo que le referí y 
lo de los otros amigos. 

"Hágame el favor de mandarme nuevamente la clave, pues la 
otra se me mojó y deterioró que no pude sacarla en limpio, y 
avíseme así lo del negocio" 33 . 

El máximo argumento del demoníaco engranaje que se impu- 
so en el Quindío radica en el hecho palmario de que la produc- 
ción cafetera no ha disminuido pese al crimen y la violencia. 
¿Que existían muchas fincas abandonadas? Sí, pero todas ex- 
plotadas. ¿Que la violencia se intensifica con la perspectiva de 
la cosecha? Sí, pero no rebaja el volumen de transacción co- 
mercial del grano. En el fondo lo que existe es toda una cadena 
inaprehensible de reducidores que trafican con frutos teñidos 
en sangre de campesinos. Podrá recordarse, por ejemplo, la fa- 
tídica "cofradía de mayordomos". 

Los miembros del Comité Ejecutivo Pro-Departamento del Quin- 
dío hacen un enfoque oportuno sobre este aspecto de la cuestión 
cuando dicen: "La violencia consumada por las cuadrillas de 
trabajadores en los mismos campos donde laboran, merece una 
breve disgresión: la mentalidad de las grandes masas humanas 
pertenecientes a las clases populares, urbanas y campesinas, que 
son también las más azotadas por la regresión, el abandono so- 
cial, el desamparo educacional, asistencial y religioso, ha sufri- 
do poderosos traumas psicológicos en su fuero interno, y socio- 
lógicos como cuerpo social. Esto configura una hipersensibili- 
dad en el organismo de los individuos y por ende, una desga- 
rrante emotividad en todas sus actuaciones cotidianas. Por estas 
circunstancias hemos estado observando esa actitud beligerante 
y agresiva de las gentes que en otras condiciones se comporta- 
rían con la tolerancia y el sentido de responsabilidad propias 
de personas normales. 

"El fenómeno nacional de un pueblo traumatizado y enfermo, 
también existe en el Quindío, pero agravado por el hecho real 
de la inmensa masa migratoria que visita en tiempos de cose- 



33 Colección Guzmán, Doc. N<? T At 1. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 279 



cha nuestra tierra sin más vínculo con ella que su tránsito oca- 
sional, y que nuevamente emigra una vez concluida su faena de 
recolección y beneficio del café. Considerando las calidades de 
esos núcleos trashumantes, no cabe ninguna duda que finaliza- 
da la tarea, agotada la demanda de trabajo, enfrentados al ocio, 
se dediquen a toda clase de depredaciones y crímenes. 

"Por otra parte, el Quindío tiene presupuesto suficiente para 
realizar desde las secretarías de Higiene y Educación, una empre- 
sa de redención social de consecuencias generosas. No se puede 
olvidar que una cruzada de recuperación biológica y educativa, 
como la precisan los pueblos afectados por el morbo de la vio- 
lencia, necesita grandes capitales. Y nosotros los tenemos; no 
siendo justo que cuando esto es así, se distraigan nuestras rique- 
zas en otras aplicaciones, que comparadas con la de salvar a 
un pueblo de su ruina total, son superfluas" 34 . 

Volviendo al tema de la producción y mercado del café, deben 
observarse las prácticas aberrantes que afectan a las gentes cam- 
pesinas, especialmente a los pequeños productores, en relación 
con la maquinaria montada en torno a la Federación Nacional 
de Cafeteros (en el Quindío, por ejemplo) : 

1 . El grano presentado por los pequeños caficultores es re- 
chazado por la agencia de compras. 

2. El campesino, compelido por la necesidad, lo entrega a 
intermediarios a precio inferior. 

3. Estos venden ese mismo grano a la Federación al precio 
que ella le fija al grano selecto. 

Además existen preferencias descaradas o muy hábilmente di- 
simuladas con el cosechero acaudalado. Para este no hay turnos, 
su café se le recibe a la hora en que llega, mientras el campesi- 
no pobre debe esperar horas y a veces días. 

La tramoya la maneja el "fiel", un individuo encargado de 
pesar el grano, quien percibe propina si atiende primero al que 
lo remunera. Se habla de "fieles" que reciben en tiempo de co- 
secha $ 1.00 por arroba. Como quien dice, un pingüe negocio 
amasado con inmoralidad. Y todo esto imbricado de tan habili- 
dosa manera, que las investigaciones de la Federación y de la 

34 Colección Guzmán, Caldas, Generalidades, Doc. N<? 14. 



280 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Asociación Nacional de Productores de Café han resultado siem- 
pre fallidas, despistadas e inconducentes. 

Este hecho, que todo Caldas conoce y del que todos hablan, 
indica que la contextura moral del departamento modelo viene 
sufriendo muy serio quebranto, por las fallas de algunos esta- 
mentos comerciales, empeoradas por la violencia. 

Igualmente, los afectados por la violencia formulan múltiples 
observaciones a la política de la Caja Agraria. Afirman que con 
los damnificados la Caja se encastilló dentro de un criterio rígi- 
damente bancario, al pagarse "por la derecha" las deudas in- 
canceladas por motivo de alteración del orden, cuando llegaron 
los aportes de rehabilitación. 

Es claro que instituciones tan respetables como la Federación 
y la Caja tampoco estaban capacitadas para un impacto impre- 
visto de la densidad que implicó la emergencia de que aún no 
se ha salido definitivamente y con certeza las valiosas experien- 
cias adquiridas serán un gran aporte para su planeación poste- 
rior, cada vez más acorde con la realidad de las áreas campe- 
sinas. 

Las disfunciones en la institución económica se relievaron tam- 
bién en actividades comerciales conectadas con la violencia que 
dejaron traslucir la degradación de sus practicantes y la falta de 
ética en la conducta de muchos colombianos. Típico fue lo ocu- 
rrido con el tráfico de armas, que a la larga permitió que varias 
personas, algunas localizadas en sitios de poder, amasaran in- 
mensas fortunas. 

El tráfico de armas se convirtió en menester tan impúdico y 
desvergonzado que en Pereira, por ejemplo, cuando al contra- 
bandista liberal se le agotaba la existencia, le enviaba una sim- 
ple razón al conservador y este le suministraba cuanto necesi- 
tara; y viceversa. En este negocio lo importante es vender, que 
mientras más violencia haya, más acrece la utilidad maldita y 
manchada. Esto, que es absolutamente cierto, existió práctica- 
mente en todas las ciudades capitales de Colombia. Entre tanto 
los campesinos con ingenuidad beata, siguieron exterminándose 
con elementos que adquirieron al trueque con sus explotadores, 
verdaderos monstruos. Monstruos que muchas veces mandaron 
de común acuerdo asesinar inocentes para desatar la hecatombe 
y acrecer las ganancias. 




Son campesinos. ¿Por qué se armaron? ¿Quién los armó? 




Surgen ios jefes. Salcedo, un producto auténtico de su ambiente. 




Aljure. Del cuartel a la guerrilla. 




Morales (a. "Cóndor"). Frustración de una juventud. 



El odio destruye todos los símbolos de la patria y miles de soldados caen asesinados. 




Las redadas sin discriminación agudizaron la tragedia. 



Lo que dejó la explosión de los odios políticos. 




El hombre, la mujer, el niño, raíz y esencia de la patria. . . Todo sucumbí 



El que esté sin pecado arroje la primera piedra. 




Corte de franela. No era sólo 
matar sino la expresión extre- 
ma de sadismo patológico. 




El boleteo — en este caso valiéndose de una penca de fi- 
que — sentencia a muerte o exilio a la familia campesina. 





En las montañas del Meta también se pudo hablar sobre 
el entendimiento entre los colombianos. 



Jefes guerrilleros campesinos conservadores y liberales — Mariachi y Marcos 
Olivera — que se enfrentaron a muerte durante diez años, dialogan superando el 
odio. Habrá paz cuando los campesinos impongan la paz. 

El Dr. Otto Morales Benítez hace labor de paz, en representación de su partido, con 
guerrilleros de Herrera (Tol.) y como miembro de la Comisión Nacional Investigadora. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 281 



La institución familiar 

Por regla general, las victimadas por la violencia, son comuni- 
dades aisladas donde rigen las relaciones primarias casi en su 
totalidad. El primer fenómeno observable en cuanto a la quiebra 
provocada en la familia (así se base en la unión libre o en el 
matrimonio católico) es el tipo de socialización peculiar que 
va tornando a los hijos en personas agresivas. La socialización 
normal dependía del ejemplo y del castigo de los padres, perso- 
nas honradas y trabajadoras por lo general, que trataban de im- 
poner las normas de su grupo. Pero llega el momento en que ya 
el padre no para en casa porque va de emboscada en asalto, y 
si antes olía a helécho y monte bravo, ahora trasuda un ocre 
olor a pólvora. Esto lo capta el hijo y lo aprende. Peor si lo ve 
muerto con sevicia que clama al cielo. Puede estudiarse en tal 
sentido el caso «de "Chispas" en el Capítulo VI. 

Estos niños son los hijos de la violencia, iniciados en la es- 
cuela del crimen alrededor de los diez años y que hoy, a los 
veinte, son jefes de irreductibles cuadrillas de bandidos. Impre- 
siona verlos actuar con frialdad inhumana. Frecuentemente se 
halla uno ante muchachos de catorce o quince años en aparien- 
cia apocados, que han asesinado diez o veinte personas. Muchos 
fueron antes "señáladores" de víctimas de las cuadrillas. 

Por lo general, cuando acaece un desplazamiento colectivo, 
los miembros de la familia permanecen juntos y siguen ayudán- 
dose y defendiéndose, así sea en condiciones muy precarias. Pe- 
ro si la migración es a alguna ciudad, la familia sufre un impac- 
to tan serio que prácticamente se atomiza. 

Ocurre entonces que las hijas se prostituyen, los hijos se tor- 
nan maleantes y los padres se traumatizan convirtiéndose en seres 
inútiles. En varios sitios como El Líbano y ciertas regiones de 
Antioquia, se observó una mayor incidencia del incesto. La ins- 
titución del compadrazgo sufrió también un desmoronamiento si- 
milar. Y algunos familiares se tornaron criminales, para apo- 
derarse de los bienes de sus consanguíneos so pretexto de vio- 
lencia. 

Puede ocurrir igualmente que el joven campesino se sienta 
impelido a reunirse a la guerrilla como un escape a situaciones 
compresivas o asfixiantes en su hogar. Ello sucede en comuni- 



282 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



dades en transición, donde empieza a haber inconformidad con 
el statu-quo. El joven que ha cobrado aversión a las modalida- 
des del lar paterno encuentra en la guerrilla un sustituto que le 
satisface para realizarse en la vida. Tiene esto que ver, igualmen- 
te, con los impulsos lúdicos de que trata la sección final de este 
capítulo. 

La escuela 

Son pocos los datos disponibles sobre las fallas de las escuelas 
dentro de las áreas de violencia, aunque hay indicios de que 
también sufrieron los efectos de la crisis general. No faltaron 
maestros que adoctrinaron alumnos en el odio político y en la 
intolerancia religiosa. No fue esporádico el caso de escolares 
inducidos a lanzar piedras y dar ' gritos soeces contra grupos 
minoritarios, en algunos lugares del país. En pleno recinto de la 
Dirección de Educación del Tolima una maestra que actuaba en 
área de violencia abofeteó al Secretario porque la destinaba a 
otro sitio. En el proceso de quiebra de la escuela influyó tre- 
mendamente el asesinato de maestros o su rapto, como acaeció 
en Quinchía, San Bernardo, Venadillo y Lérida en el Tolima. En 
muchas zonas las maestras fueron sometidas al torturante asedio 
donjuanesco de matones de vereda y a guardar silencio ante el 
crimen para salvar la vida. 

La escuela rural hubo de convertirse en guarida de antisocia- 
les o refugio antiaéreo; los mismos estudiantes construyeron cue- 
vas donde acomodarse durante los bombardeos, como sucedió 
en Herrera (Tolima). En varias ocasiones eran los escolares quie- 
nes terminaban la labor de descuartizamiento de víctimas, ser- 
vían de estafetas y participaban en otros aspectos de la lucha 
armada. Si la institución escolar rural ya tenía sus fallas, por 
no responder a las necesidades del campo, la violencia la halló 
aún más fuera de tono e incapaz de poner diques al desborda- 
miento resultante. 

Los escolares admiraron al matón como un héroe. 

Pero cabe reflexionar sobre si los colegios mismos y la Uni- 
versidad no sufren un proceso de desadaptación al actuar de 
espaldas a la realidad nacional. 



ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO 283 



La recreación 

El grupo campesino que soportó la presión máxima de la vio- 
lencia casi carecía de posibilidades y costumbres lúdicas. Para 
el llanero, jugar es acariciar la tragedia en hazañas de muerte; 
para el caldense significa unos dados, grama verde, ruana, nai- 
pe, fonda, es decir, inmovilidad obligada, impuesta, antinatural; 
para el "planuno", habitante de la llanura tolimense, algunas ho- 
ras de pesca en el río aperezado y confidente. Los pocos depor- 
tes conocidos, como el tejo, se desarrollan en función de turbios 
ambientes de tienda y con bebidas embriagantes. 

Puesto que el niño, el adolescente y el joven campesino no 
usaban otros deportes que canalizaran su necesidad fisiológica 
de movimiento, parece que hallaron en la violencia una compen- 
sación psíquica casi irresistible hacia la aventura, la andanza, el 
asalto como sustituto de juego y afirmación de su hombría. 

Al jugar a la guerrilla, a la emboscada, se crea una mentali- 
dad lúdica que se desarrolla progresivamente en busca de lo 
real hasta un momento culminante en el que necesariamente se 
cambia el revólver de palo por uno "de verdad"; el puñal de 
madera por una fina hoja de silenciosa- eficacia ; la escopeta de 
guadua por un fusil reluciente, con cápsulas brillantes, nuevecitas. 

Dentro de un medio supersaturado de crimen que sobrepasa 
sus posibilidades de liberación, cae el joven, bajo reacciones de 
odio, destrucción y sevicia. Desde este instante los complejos 
yuxtapuestos de inferioridad, inseguridad y frustración lo mudan 
en un ente sin equilibrio, sin armonía interior. 

Lógicamente surge en él una tendencia inmediata al predomi- 
nio: dominar al enemigo, sobreponerse a sus compañeros por el 
valor, salir ileso en trances de compromiso inverosímil. Su fama 
cuasi mítica se cimentará sobre crímenes, genocidios y orgías de 
sexo y sangre. De ahí que solo admita un sometimiento total sin 
margen de exculpaciones en quien pretenda emularlo o ser su 
compañero. Para ello su acción es inmediata, fulmínea; por eso 
vive tenso, en absoluta disponibilidad. Existe entre ellos una frase 
que traduce al vivo su estado anímico: "ponerse eléctrico". Sig- 
nifica listo, todo ojos, todo oídos, para el asalto, el ataque o la 
marcha. Como ocurriría en un intenso partido de fútbol. 



284 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Los ascensos juegan en el psiquismo del guerrillero joven un 
papel de máxima importancia. ¿Se ha pensado, acaso, lo que 
significa para un muchacho que se ha hecho temible el título de 
"teniente" o "capitán"? Ese honor le da personalidad y le cen- 
tuplica su activismo. Lo que se opera en su alma es una super- 
valoración, una negación de fallas, una sobrestimación de su yo, 
que lo lleva a soluciones violentas sin que trepide ante los críme- 
nes más espantables. Con ello asegura amor, dinero y mando. 

Al fin y al cabo concibe la vida como un desafío deportivo 
con la muerte. 



TERCERA PARTE 
Sociología de la Violencia 



CAPITULO XI 



Algunas Consecuencias de la Violencia 

mons. Germán Guzman Campos 
Orlando Fals Borda 

El presente capítulo intenta resumir algunos hechos que pueden 
deducirse del anterior análisis de la violencia y que ilustran la 
intensidad del proceso del conflicto en Colombia. En especial se 
dirige la atención a los siguientes temas: mortalidad, pérdidas 
materiales, migraciones internas y cambio en las actitudes del 
pueblo campesino. 

Mortalidad 

No hay acuerdo en cuanto a las pérdidas humanas causadas 
por la violencia en los años comprendidos entre 1949 y 1958, y 
la razón es obvia: las circunstancias creadas por el conflicto im- 
pidieron llevar un control estadístico de las incidencias, aunque 
en determinados municipios (Genova, Líbano) algunos vecinos 
por propia iniciativa, tuvieron el cuidado de realizar anotacio- 
nes detalladas de los muertos, heridos y exilados en su comu- 
nidad. No obstante, existen cálculos y estudios parciales respon- 
sables que indican plenamente la intensidad de la tragedia y el 
alto número de víctimas; tales estudios han sido utilizados en 
este capítulo para llegar a alguna conclusión. 

Los muertos durante el período de la violencia pueden clasi- 
ficarse según su origen y tipo de deceso así: 

a) En la zona urbana los sacados de las cárceles y fusilados 
sin previo juicio; los caídos en callejuelas, cafetines y plazas; 
en escala menor los conducidos desde su domicilio hasta luga- 
res donde los asesinaban sin testigos; los sepultados en cemen- 
terios sin la correspondiente boleta de inhumación; los que pe- 
recieron en asaltos a poblaciones, verificados en su mayoría por 
elementos rebeldes y en menor proporción por fuerzas oficiales 



288 



MONS. GUZMAN / FALS BORDA 



asesoradas de civiles. No puede omitirse el saldo de occisos cau- 
sados por sicarios. 

b) En el área rural deben contabilizarse las bajas en comba- 
te; los masacrados indiscriminadamente por comisiones milita- 
res o mixtas o por guerrilleros, bandoleros y anti-guerrillas ; 
los incinerados dentro de sus casas; los sorprendidos por asalto 
en veredas y caminos. Estas causas produjeron el mayor número 
de víctimas. Debe destacarse el genocidio utilizado como recur- 
so punitivo por las tropas y las fuerzas campesinas. 

Si se pensara en establecer cifras habría que tomar como fuen- 
te los archivos parroquiales, los de las fuerzas armadas, juzga- 
dos y alcaldías, las anotaciones particulares, los registros de no- 
tarías y los datos de las oficinas municipales de estadística. Los 
archivos parroquiales suministran datos muy relativos porque 
solo inscriben los sepelios en camposanto, descartándose de he- 
cho las inhumaciones en cementerios ad-hoc establecidos por los 
grupos rurales y los cadáveres devorados por los animales o arro- 
jados a los ríos. Casos hubo en que se logró establecer el número 
exacto de víctimas, pero el estado de descomposición impidió 
el traslado de muchos a las poblaciones, estableciéndose una di- 
ferencia entre el total y la cantidad que figura en los libros. Bas- 
ta aducir el caso de Platanillal, en Villahermosa, donde perecie- 
ron por acción de bandoleros en una mañana 65 personas y solo 
aparecen anotadas 45. 

El registro notarial y el de los juzgados son igualmente defi- 
cientes porque muchas gentes no tuvieron acceso a las oficinas 
públicas ni siquiera para denunciar a sus muertos. Las fichas de 
necropsia son impresionantemente incompletas, pues debido a las 
circunstancias o al crecido número de víctimas no pudieron ve- 
rificarse. Como los datos oficiales de estadística obituaria se ba- 
san en las anotaciones parroquiales, de hecho adolecen también 
de idénticas fallas. 

Las Fuerzas Armadas y la Policía han llevado un registro de 
sus bajas, aunque por su propia declaración tales cifras se consi- 
deran "muy incompletas" 1 . Este registro incluye bajas civiles, 
igualmente incompletas. Otras fuentes más o menos fidedignas 

1 "Resumen discriminado de muertos por causa de la violencia polí- 
tica", citado en el Proceso N° 9223 de Segunda Instancia de la Ju- 
risdicción Penal Militar, Vista Fiscal N? 3848, 15 de febrero de 
1962 (Fiscalía Tercera, Bogotá), pp. 75-76. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



289 



pueden usarse como puntos de partida para calcular el número de 
muertos por la violencia: las estadísticas anuales que lleva desde 
1958 la Policía Nacional 2 , el estudio de las consecuencias del 
proceso en el Tolima hasta 1957, con base en una muestra redu- 
cida 3 , un análisis del impacto de la violencia en El Líbano (Toli- 
ma) 4 , y el archivo de sentencias por medio de las cuales se con- 
cedieron amnistías de los beneficios extraordinarios hasta 1953 5 . 
Las publicaciones periodísticas, como es natural, no pueden to- 
marse en cuenta con este objeto por basarse en fuentes secunda- 
rias. 

Si se complementan estos datos con los registros locales efec- 
tuados por personas respetables, se podría llegar a una cifra de 
muertos que no es absolutamente falsa. Para el presente estudio 
se ha considerado como el menor de los males recurrir a las 
fuentes ya citadas para hacer cálculos probables, en forma regio- 
nal o departamental. Nunca se llegará a saber con seguridad 
cuántos muertos produjo la violencia en el país. Quizás mediante 
el censo de 1963 se logre aclarar ciertos aspectos esenciales del 
proceso, desde el punto de vista demográfico. 

En primer lugar, estudiemos el caso del Tolima, departamento 
que es el único donde se han llevado a cabo estudios estadísticos, 
con base en el muestreo realizado en 1957, ya citado. Según los 
resultados de la muestra, entre 1949 y 1957 hubo 16.219 muertos 
discriminados entre 14.599 hombres y 1.620 mujeres. Añadiendo 
los 1.428 muertos registrados en 1958 6 habría un total de 17.647 
muertos en el período estudiado. Sin embargo, como aquella 
monografía comprende solamente las informaciones suministradas 
por los desplazados, incluyendo solo en parte los muertos habidos 

2 Policía Nacional, Departamento de Estadística Criminal, Crimina- 
lidad colombiana 1960 (Bogotá, 1961), pp. 52-54. 

3 Departamento del Tolima, Secretaría de Agricultura, La violencia 
en el Tolima (Ibagué, 1957). 

4 Roberto Pineda Giraldo, El impacto de la violencia en el Tolima: 
el caso de El Líbano (Bogotá, 1960). 

5 Jurisdicción Penal Militar, Ministerio de Guerra, Bogotá. En este 
caso solo aparecieron 2.216 homicidios en 2.189 sentencias revisa- 
das, amnistiando alrededor de 18.661 personas. Este dato no inclu- 
ye las condenas ni las prescripciones anteriores; quedaron pendien- 
tes más de mil expedientes. Se subraya la naturaleza colectiva o 
grupal de este tipo de criminalidad. 

6 Policía Nacional, op, cit., p. 53. 



13 — LA VIOLENCIA EX COLOMBIA 



290 



MONS. GUZMAN j FALS BORDA 



en choques con el Ejército y en genocidios, excluyendo otras 
muertes accidentales y anónimas, tendría que adicionarse la cifra 
expresada. La manera como debe hacerse la adición resulta un 
poco arbitraria. Tomando en cuenta la intensidad de la violencia 
en el Tolima, en el mejor de los casos optaríamos por doblar la 
cifra señalada. Así resultaría un total de 35.294 muertos en ese 
departamento, por causas violentas, entre 1949 y 1953 7 . 

No es posible hacer los mismos cálculos con los otros departa- 
mentos, por las razones expuestas. Lo más indicado sería hacer 
una proyección hacia atrás a partir de la cifra consignada en 
1953, la única aceptable con alguna base fidedigna. Asumiendo 
para fines de cálculo que la intensidad de la violencia hubiese 
sido constante en los diez años del estudio, solo sería necesario 
multiplicar por 10 la cifra de 1953: no parece esto muy desacerta- 
do, ya que los años de baja mortalidad serían compensados, dentro 
de límites, por los de alta mortalidad. No obstante, como en los 
casos de Antioquia, Huila y los Llanos Orientales, se harían in- 
dispensables algunos ajustes, según se explica a continuación. 

Los cálculos iniciales por departamentos, serían así: 

Departamento Muertes violentas Muertes violentas 

en 1958 en 1949-1958 

i (estimado) 

Antioquia 132 1.320 

Caldas 950 9.500 

Cauca 156 1.560 

Huila 113 1.130 

Valle 1.017 10.170 

Llanos Orientales 65(1960) 650 

Santander 106(1960) 1.060 

Este cálculo inicial parece básicamente correcto, con excepción 
de Antioquia, Huila y los Llanos Orientales. La situación de 
Antioquia puede relacionarse con la del Tolima, donde la violen- 
cia alcanzó su mayor intensidad, para establecer ciertas tasas 
comparativas. Un índice es el hecho de que en 1960 los muertos 
por violencia en Antioquia habían subido a 499. No sería excesivo 
calcular, con base en esta cifra que es causada por retaliaciones 
de última hora, un mínimo de 5.000 muertos declarables para el 
período de 1949 a 1958. Sin embargo, como en el caso del To- 

7 Las cifras anuales de muertes por violencia, registradas para lo? 
años siguientes en el Tolima son: 899 para 1959 y 625 para 1960 
(Policía Nacional, op. cit.) . 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



291 



lima, doblemos la cifra a 10.000. para incluir genocidios no 
registrados y muertes desconocidas o no declaradas. 

En cuanto al Huila, hay que tomar en cuenta que allí surgió la 
violencia desde el comienzo con acerbidad. Esto podría indicar 
que el multiplicador anual no sería 10 como en los otros casos, 
sino una cifra superior, quizás el doble. En esta forma, el cálculo 
para el Huila sería de 2.260 muertos. 

Para los Llanos Orientales parece que hay un consenso entre 
personas enteradas para estipular la cifra de 9.000 muertos aproxi- 
madamente durante los años de lucha. 

Las cifras para las otras regiones del país son absolutamente 
arbitrarias. Juzgando por los datos disponibles, se podrían calcu- 
lar así: 

Departamento o región Número de muertos 

Bovacá (parte andina) 1.000 

Bolívar 300 

Caquetá 200 

Santander del Norte 900 

Cundinamarca 3 . 500 

Chocó 400 

Resumiendo, la posible mortalidad en los departamentos o re- 
giones entre 1949 y 1958 por causa de la violencia sería como 
sigue : 



Departamento o región 


Número de muertos 


Antioquia 


10.000 


Bolívar 


300 


Boyacá (parte andina 1 


1.000 


Caldas 


9.500 


Caquetá 


200 


Cauca 


1.560 


Cundinamarca 


3.500 


Chocó 


400 


Huila 


2.260 


Llanos Orientales 


9.000 


Santander 


1.060 


Santander del Norte 


900 


Tolima 


35.294 


Valle 


10.170 




85.144 



292 



MONS. GUZMAN / FALS BORDA 



A esta cifra deben añadirse los 2.919 oficiales, suboficiales y 
soldados muertos entre 1948 y 1957, más un cálculo basado en 
1957 de 200 muertos más para 1958, subiendo así la suma de pér- 
didas humanas en el Ejército a 3.119 8 . Pero tomando en cuenta 
que por las mismas declaraciones del Ejército sus estadísticas son 
muy incompletas, aplicando el criterio de doblar cifras podrían 
imputársele 6.200 muertos a las Fuerzas Armadas. 

Además, según la misma fuente y sujeto al mismo error, entre 
1948 y 1957 murieron 1.810 policías y funcionarios y 19.928 
civiles entre 1948 y 1958 (seis meses) en encuentros con las 
fuerzas del gobierno y en otros tipos de acción bélica. Doblando 
tales cifras, habría 3.620 policías y 39.856 civiles muertos en esta 
forma durante el período señalado. 

En conclusión, las cifras de mortalidad posible causada por la 
violencia en Colombia entre 1949 y 1958, con base en las pocas 
fuentes fidedignas disponibles serían: 

En departamentos y regiones 85.144 

Ejército 6.200 

Policías y funcionarios 3.620 

Otros civiles 39.856 

134.820 



Ampliando aún más esta cifra con los heridos por violentos y 
tropa que murieron luego por tales causas en otros sitios o en 
las ciudades después de emigrar, y que podrían llegar a la ter- 
cera parte, o 45.000, el gran total de muertos sería aproximada- 
mente de 180.000 personas. (Se puede calcular en 200.000 los 
muertos hasta 1962). 

No parece, pues, posible la cifra de 300.000 muertos por la 
violencia entre 1949 y 1958, que ha venido apareciendo en diver- 
sas publicaciones dentro y fuera del país. Esta cifra tuvo su ori- 
gen probablemente en la estimación hecha por las directivas del 
partido liberal y en especial por el expresidente Alfonso López en 
1953. cuando se calculó en 240.000 los muertos por violencia po- 
lítica entre 1946 y 1953 9 . Sin embargo, aún el dato aquí propuesto 

8 "Resumen discriminado, op. cií., p. 76. 

9 Pueblo (Cali), Año I, N<? 1 (marzo 5-11, 1962), p. 3. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



293 



es de gran entidad, ya que puede sobrepasar los muertos calcula- 
dos en todas las guerras civiles nacionales del siglo XIX, y se 
acerca al tope de las pérdidas de la de Corea. Los heridos pueden 
ser, por supuesto, muchos más. Tales cifras son índices del tre- 
mendo cataclismo que sufre el pueblo colombiano cuando se de- 
satan las pasiones políticas en el país. 

Pérdidas materiales 

¿Quién podrá calcular el monto de pérdidas materiales, ocasio- 
nadas por la violencia? El informativo de las áreas lesionadas es 
demasiado fragmentario. Con excepción del Tolima, en ninguna 
otra parte — que sepamos — se ha verificado un estudio técnico 
de esta faz del síndrome colombiano. Como bases de una evalua- 
ción general, se adelantan algunos enunciados generales: 

Liquidación total de la industria ganadera en el sur y oriente 
del Tolima; parcial en el Huila, norte del Cauca y vastas zonas 
de Antioquia. 

Ruina casi total de cafetales y total de platanales y frutales en 
áreas abandonadas. 

Incendio de centenares de casas en las áreas urbanas y de mi- 
llares en las zonas rurales. 

Extinción de la industria porcina y avícola. 

Saqueo de negocios. 

Desaparición de caminos por obligado abandono. 
Pérdida y depreciación de elementos de labranza. 

Incendio de vehículos, de montajes para elaboración de café, 
caña y arroz, de potreros, de cañamelares y de labranzas. 

Lucro cesante por desocupación forzada de fincas y personas. 

Las cifras del Tolima pueden ser índice del inmenso volumen 
de pérdidas materiales que afectó al país la violencia y que le 
hizo disminuir el ritmo de su desarrollo agrícola e industrial 10 : 

Propiedades abandonadas hasta 1957, 93 . 882. 

Fincas totalmente abandonadas hasta 1957, 34.730. 

Ingreso medio perdido por los propietarios, $ 17.188.52. 

10 Departamento del Tolima, op. cit. 



294 



MONS. GUZMAN / FALS BORDA 



Daño emergente: 



1. Robo de semovientes: 

Bovinos (405.567) $ 152.109.201.00 

Equinos (57.348) 23.971.950.00 

Porcinos (77.112) 9.649.530.00 

Aves (730.296) 5.326.317.00 

Otros (24.543) 925.020.00 

$ 191.982.018.00 

2. Pérdida en fincas arrendadas $ 78.886.006.00 

3. Casas de habitación destruidas y 

quemadas hasta 1957 (34.304) 106.381.350.00 

4. Enramadas, depósitos y otras edifi- 
caciones incendiadas hasta 1957 

(13.742) 15.752.880.00 

5. Herramientas destruidas 47.934.342.00 

6. Lucro cesante 529.263.419.00 

TOTAL S 970.200.015.00 



Solo por estos conceptos y en el departamento del Tolima las 
pérdidas suben (con base en una muestra) a una cifra casi equi- 
valente al presupuesto nacional de 1955. Bien podrían sopesarse 
las pérdidas materiales de todo el país, para entender la verda- 
dera catástrofe de índole económica y financiera que sufrió Co- 
lombia y que aún hoy está pagando con creces en todo sentido, 
implicando gran sufrimiento y privación a sus clases humildes 
y trabajadoras. 

Migraciones internas 

Como se sabe, las migraciones internas constituyen uno de los 
factores de cambio demográfico más difíciles de determinar y 
medir. Se conoce que la migración es uno de los tres elementos 
que intervienen para conformar la población en un lugar dado, 
siendo los otros dos la fertilidad y la mortalidad. Pero solo en 
pocos sitios del mundo se ha logrado determinar en qué pro- 
porción intervienen estos ingredientes, por falta de estadísticas 
adecuadas. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



295 



Poco puede documentarse el investigador respecto a la incidencia 
de las migraciones durante el período de la violencia en Colombia. 
Se sabe que ellas ocurrieron con una intensidad extraordinaria, y 
se han determinado algunos polos de atracción migratoria que 
lograron fijar buena parte de la población flotante. Muchas ciu- 
dades colombianas crecieron descomunalmente por el impacto de 
los inmigrantes desplazados de las áreas de violencia. Pero en qué 
proporción intervino este factor en el crecimiento urbano de Co- 
lombia no será posible saberlo sino después de que se realice el 
censo nacional de 1963. 

Algunos síntomas e índices de este fenómeno pueden mencio- 
narse. Según la investigación realizada en El Ataco (Tolima), 
1.993 familias fueron arrojadas de sus fincas. Calculando un pro- 
medio de cinco personas por familia, habría un total de 9.965 
exilados sobre una población de 17.611 habitantes según el censo 
de 1951. El caso de El Ataco pudo haberse multiplicado en otras 
partes; no quedó nadie en áreas de Cunday y Villarrica, por 
ejemplo. Alguno calculó en 40.000 los exilados de Norte de San- 
tander 11 , y los llegados a Bogotá hasta 1953 ascendieron a 60.000 
según la Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro. La misma 
oficina sostuvo que hasta 1953 se habían exilado en Venezuela 
20.000 colombianos, y 5.000 en Panamá. Al llegar el momento de 
devolver a sus tierras los exilados de La Palma y Yacopí (Cundi- 
namarca) que estaban en Bogotá, se calcularon éstos en 15.000 
personas 12 . 

Había también en Bogotá 3.000 exilados de Boyacá 13 , especí- 
ficamente más de 1.000 familias de Miraflores 14 , y 1.700 personas 
de San Luis de Gaceno que se reincorporaron a sus antiguas fae- 
nas en los Llanos Orientales 15 . A los seis meses de cumplir con 
su misión, la Oficina Nacional de Rehabilitación y Socorro había 
auxiliado a 11.622 exilados en Bogotá y 20.949 en otras pobla- 
ciones y ciudades, y habían regresado a sus hogares bajo el am- 
paro de las Fuerzas Armadas, 4.722 personas 16 . Otra fuente 

11 Colección Guzmán, Recortes periodísticos, Vol. III. p. 3. 

12 El Tiempo (Bogotá), N<? 15010, junio 24 de 1953. 

13 Ibid., N<? 15012, junio 6 de 1953. 

14 Ibid., N° 15038, julio 22 de 1953. 

15 Diario de Colombia (Bogotá), N? 406, octubre 16 de 1953. 

16 Ibid., N° 424, noviembre 3 de 1953. 



296 



IffONS. GUZMAN / FALS BORDA 



sostiene que los emigrados colombianos a Venezuela hasta 1961 
suben a 150.000 y que las personas que han cambiando de resi- 
dencia dentro del país por causa de la violencia montan a 
800. 000 17 . El estudio efectuado en El Líbano en 1959 indicó que 
del 88 por ciento de la muestra tomada, que era de origen rural, 
el 59 por ciento había llegado a aquella ciudad por la violencia 
exclusivamente 18 . Es interesante anotar, además, que de estos in- 
migrantes el 93 por ciento declaró que no regresarían al campo. 
No hay duda, pues, de que la violencia fue la causa de grandes 
desplazamientos de población que afectó en especial a las ciuda- 
des donde quedó como mano de obra disponible o como lastre 
humano. 

Las ciudades que principalmente sirvieron como magnetos 
fueron en su orden: Bogotá, Cali, Ibagué, Medellín, Pereira, Ar- 
menia, Cartago, Palmira, Chaparral, Neiva, Líbano y Girardot. El 
censo de 1963 podrá aclarar el monto de las respectivas adiciones 
migratorias. En estas ciudades los exilados llegan especialmente 
a casas de amigos o parientes. Pero muy pronto la economía fa- 
miliar se resiente y se inicia el éxodo hacia las barriadas de 
chozas espantables donde se albergan el resentimiento, la miseria, 
la promiscuidad y el hambre, que son tremendos generantes de 
violencia. Muchas personas se desadaptan y enloquecen; la mendi- 
cidad infantil cobra auge trágico; la prostitución prolifera; y la 
estadística de robos y hurtos, asciende vertiginosamente. 

Se establecieron algunas corrientes migratorias internas muy 
marcadas: hacia Venezuela, desde Ragonvalia. Norte de Santander 
y los Llanos; hacia Bogotá, desde el Tolima y La Palma; hacia 
los Llanos, desde el Tolima y Boyacá; hacia Cali y Cartago, desde 
las poblaciones del Valle; hacia Ibagué y Ambalema, desde Vi- 
llarrica. 

Otras corrientes migratorias se formaron por la violencia hacia 
áreas de nueva colonización espontánea donde empezaron a 
asentarse importantes núcleos de población: Villagarzón (Putuma- 
yo), Balboa y Munchique (Cauca), Sanquininí (Chocó), Ariari, 
El Pato y El Guayabero (Meta), San José de Isnos y Villalobos 
(Huila), Marquetalia (Tolima) y Simití (Bolívar). También se 
desarrollaron durante el mismo período muchas áreas ribereñas 

17 Pueblo (Cali), Año I, N<? 1 (marzo 5-11 de 1962), p. 3. 

18 Pineda, op. cit., pp. 13-14. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



297 



del medio y bajo Magdalena, los valles de Upar y Codazzi en el 
Magdalena y la región cruzada por el Ferrocarril del Atlántico. 

Cambio de actitudes 

Existe en Colombia el peligro de cegarse, de no querer detectar 
la transformación que se operó en la masa, sobre todo en la gran 
masa rural, por obra de la violencia. Fue una de sus más pungen- 
tes consecuencias. Se trata de un cambio de actitudes frente a las 
estructuras, a los dirigentes y a la propia antigua mentalidad del 
pueblo. 

En primer lugar, el ciudadano campesino se distanció del Esta- 
do porque fue destruido en nombre del Estado, por hombres del 
Estado, y con armas del Estado. Además, la impunidad afianzó 
en el conglomerado agrario la certeza en la ineficacia de la jus- 
ticia. 

Es un hecho que la violencia engendró la desconfianza en el 
Gobierno. La masa duda de las campañas oficiales porque se las 
suspende o por la inestabilidad del personal encargado de realizar- 
las, o porque se la ha engañado con incontables ofrecimientos va- 
cuos. Los campesinos gritan que están cansados de promesas. Por 
todo ello, uno de los más difíciles cometidos para cualquier Go- 
bierno es el de recobrar la confianza de las gentes rurales. 

En la masa campesina parece que se ha iniciado un proceso de 
limitación a la influencia del demagogo y del gamonal como diri- 
gentes políticos. A ese que le enseñó a odiar; que en vísperas de 
elecciones lo asfixió de promesas; que después de los comicios no 
se acordó de los muertos ni de las familias de los muertos ; al que 
cuando estuvo en el poder no lo supo gobernar; al que no pudo o 
no quiso impedir la hecatombe; al que lo lanzó a la lucha y des- 
pués lo abandonó a su propia suerte; a esos el hombre campesino 
ya no les cree. De ellos desconfía. 

Pasada la contienda, el campesino cobró conciencia de que es 
nervio vivo de la patria, con derecho a opinar, a que se le tenga 
en cuenta, a que se atiendan sus aspiraciones, a exponer sus 
problemas, a exigir celosamente sus derechos. 

Fija sus relaciones sobre un plano positivo que no discute: "De 
hombre a hombre no hay ninguna diferencia". Así habla. Pero 
del que lo aventaja en cultura exige calidades. Este es el eníoque 



298 



BfONS. GUZMAN / FALS BORDA 



que tiene hoy del sacerdote, del profesional, del juez, del dirigente, 
del representante de la autoridad. 

Estamos ante un rurícola igual de analfabeto, pero más informa- 
do. En su cultura están influyendo poderosamente las campañas de 
la Acción Cultural Popular, el periódico, el radio de pilas que 
ya puede adquirir en los almacenes y el contacto con otras perso- 
nas y parientes que lo orientan siempre en consonancia con el 
conflicto pasado y con el acaecer nacional. No se trata de una 
masa totalmente evolucionada sino de un bloque humano que está 
cambiando. 

En cuanto a algunos resultados positivos de la violencia, el he- 
cho de trascendencia mayor parece ser el impacto al individualismo 
campesino, el agrietamiento de su tremenda insularidad. 

Ninguna iniciativa había logrado polarizar ampliamente a los 
habitantes del agro. Todos los esfuerzos se esfumaban ante su 
egoísmo impermeable. Conatos del Estado, de la Iglesia, de las 
diversas entidades, fueron vanos. La violencia en cambio aglutinó 
al campesinado en sentido vertical y horizontal. Lo organizó en 
cuadros, grupos y regiones. La problemática creó al líder: con el 
líder nato se canalizó la dinámica interna de la multitud y la 
canalización introdujo la disciplina. 

Estas realidades le permitieron enfrentarse a la fuerza y con- 
trarrestarla. Su lenguaje, reciamente afirmativo cuando habla de 
las expediciones militares, traduce un aire de superioridad: "No 
pudieron con nosotros". El campesinado es actualmente una fuerza 
más organizada y mejor armada. 

La nueva conciencia de la ruralía se refleja en las peticiones 
formuladas al firmar la paz: escuelas, puestos de salud, crédito, 
vías, mercado para los productos, tierra, capillas y sacerdotes, paz 
para trabajar, semillas, medios de comunicación telegráfica, auto- 
ridades respetuosas. Son cosas elementales; pero las exigen con 
la seguridad del que tiene legítimo derecho. 

En el seno del conglomerado guerrillero existe una juventud de 
inmensas posibilidades orientables hacia una estructuración posi- 
tiva. Es toda una generación. Por el proceso organizacional de las 
guerrillas, es disciplinada y activa. Creció en la acción, dentro de 
cuadros definidos y al lado de jefes por los que siente una mís- 
tica indeclinable. ¿Pero se ha pensado en lo que significa el éxodo 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



299 



de esa juventud a la ciudad? Conoce el crimen, porque se formó 
en escuelas de atrocidad. En la vereda se sabe casi siempre quién 
es el autor del delito. En las ciudades el joven cae bajo la fuerza 
del anonimato, que acicatea su capacidad delictiva. 

En Colombia, pues, no se puede pensar ya en un campesinado 
de sumisa resignación mahometana, comprado y pagado con acti- 
tudes paternalistas, ni en lo que se llamaba ''montañerismo res- 
petuoso". 

¿Respetuoso de qué? 

¿De jefes inaccesibles? ¿De sacerdotes? ¿Del ejército? ¿De los 
jueces? ¿De la propiedad? ¿De la vida? ¿Del Estado? Si la vio- 
lencia le enseñó que podía eliminar jefes y sacerdotes. Si la vida 
de un hombre no vale nada. En Caldas y Valle los sicarios matan a 
cualquier persona con tal de que les suministren la carga de un 
revólver. Si sabe que fue capaz de enfrentarse sin recursos durante 
10 años a un ejército bien dótalo; que los jueces se tornaron vena- 
les y concusionarios ; que la propiedad no pudo ser amparada por 
el Estado; que la Constitución fue violada impunemente; que los 
principios resultaron inferiores a la fuerza brutal de los aconte- 
cimientos. Otra cosa de que hablan muy peyorativamente los cam- 
pesinos es de la ineficacia de los cuerpos colegiados y del ausen- 
tismo de los parlamentarios. 

En la masa rural de hoy pesa mucho el sentido de autodisci- 
plina. Se lo infundió la violencia. Recordamos como eiemplo la 
actitud en las carreteras del sur cuando operaba la Oficina de 
Rehabilitación; nadie tan necesitado como los trabajadores de 
pica y pala. Piden un aumento. Se lo prometen, pero les incumplen. 
El sábado siguiente, nadie, absolutamente nadie, acepta un cen- 
tavo. Todos eran campesinos, pero con una disciplina de base. 
En Quinchía se atropella a los labriegos un día de mercado. Se 
reciben órdenes del comando guerrillero. El domingo próximo y 
el siguiente nadie sale de los campos; es una paralización total, 
un bloqueo al pueblo. Fue tan grave la situación, que hubo de 
intervenir inmediatamente el gobierno de Caldas. 

Las inquietantes preguntas que formulan hoy los campesinos 
son estas: 

¿Qué ganamos? 

¿Para qué nos matamos? 

¿Por qué nos matamos? 



300 



MONS. GUZMAN / FALS BORDA 



Es cierto que la violencia despertó en el campesinado un 
hondo anhelo de reivindicación social que va rebasando vertigino- 
samente el concepto de secta. 

¿Qué existió en Colombia más poderoso que los partidos? En 
Cunday se masacraron por más de diez años, conservadores, 
liberales y comunistas. Y sin embargo acaba de producirse allí 
(1961) la invasión de cuatro haciendas y los campesinos de diver- 
sas tendencias ya no buscan su exterminio sino la cohesión dentro 
de un frente único para tener y defender la tierra. 

La violencia es algo más que una hecatombe brutal y que los 
incendios y que la miseria. La violencia es una problemática que 
no ha pasado, ni ha sido superada. Pervive en sus más hondas 
implicaciones macerando factores que precipitarán un cambio 
radical de estructuras en el país. 

El movimiento parece ascender de la amplia base campesina 
hacia el vértice de la pirámide social. Falta solo un programa 
orgánico, honesto, decidido. Las masas rurales serán de quien les 
de ese programa, lo aplique, lo realice y logre canalizar sus aspi- 
raciones. 

En la hora de ahora lancinan las palabras de Rostow: "La al- 
ternativa histórica no es si se debe o no hacer un planeamiento, 
sino qué clase de planeamiento es menester". 



CAPITULO XII 



El Ambiente Penal de la Violencia o 
Factores Socio- Jurídicos de la Impunidad 

Eduardo Umaña Luna 



Es tópico principal, como factor de la experiencia social en toda 
su importancia ineludible, el exponer — así sea suscinta y esque- 
máticamente— el actuar de la justicia penal por sus características 
más relievantes, con el empleo sincero de datos que, si bien han 
sido objeto de exámenes, dada la forma circunstancial como éstos 
se han efectuado no han merecido un juicio integral, ajeno a las 
secuelas de la etapa de anarquía de las instituciones jurídicas que, 
para desfortuna del país no se ha logrado corregir. 

El sentimiento público en relación con el progreso de la crimi- 
nología ha devenido en una indiferencia alarmante; las fallas 
morales colectivas han provocado reacciones negativas, dadas las 
legislaciones precipitadas y acondicionadas a efímeras situaciones 
políticas. Abierta pugna existe entre las normas draconianas y la 
situación económico-social, en afección de los valores primordiales 
de la comunidad. 

Los medios de control de la criminalidad han fracasado; Co- 
lombia está ante la necesidad de una reforma inaplazable que, a 
través de una real y prudente acción de las autoridades permita 
desarrollar, a plenitud, una profilaxis social, estimando el doble 
aspecto de la etiología del delito y de la prevención de la crimi- 
nalidad. 

El Derecho debe estar atento a admitir las transformaciones 
que lo vivifiquen, lo vigoricen y, por ende, lo efectivicen. La evo- 
lución de la vida económica, el paso del individualismo al recono- 
cimiento de la "personalidad de los grupos" y la experiencia para 
deducir la responsabilidad penal de las personas morales, han de- 



302 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



terminado una nueva concepción de la ciencia jurídica, no muy 
claramente aprehendida en la realidad colombiana, atada todavía 
a un "individualismo jurídico", ampliamente superado en naciones 
de más ágil alcance para la creación y desarrollo de las institucio- 
nes penales. 

Es vital adaptar nuestras normas y organización jurisdiccional 
a la realidad de la vida social; lo ideal y teórico de las mismas 
dando paso obligado a las impuestas por nuestro ambiente; solo 
así podrá salvarse el desacuerdo entre lo meramente sistematizado 
al lejano futuro y la traducción en el plano jurídico de nuestro 
estado real. 

Sintetizando ese delicado asunto, se ha expresado desde eminente 
cátedra universitaria: 

"En el momento en que fueron formulados los primeros Códigos 
de la América Latina, en el siglo XIX, no parecía dudoso el ca- 
rácter teórico muy marcado de esos Códigos. Reflejaban ante todo 
el ideal de justicia de una clase dirigente europea por su origen y 
su cultura. Ese derecho tenía poco en cuenta las condiciones de 
vida, los sentimientos o las necesidades de otras partes de la pobla- 
ción, tenidas en un estado de completa o semi-incompleta esclavi- 
tud. Había ante todo un Derecho de Civilización urbana, mal 
adecuado para las condiciones de vida en el interior, mal conocido 
del país que se juzgaba secundario económica, social y política- 
mente. Para la masa de la población, en la mayoría de los países, 
los Códigos solo representaban a menudo un ideal: el ideal del 
Derecho correspondiente a los deseos de una "élite" y que poco 
a poco, por el desarrollo cultural y económico del país, se esperaba 
ver adaptado progresivamente al conjunto de la población y a 
todo el país. 

"Gracias a los notables progresos que se han realizado desde 
hace cincuenta años ese generoso deseo no está lejos de verse 
realizado en diversos países de América Latina; el Derecho ha 
perdido el carácter ideal y teórico que pudo tener en su origen. 
En otras partes, sin embargo [como en Colombia, se anota por 
el redactor actual], continúa sintiéndose el divorcio entre el De- 
recho teórico y práctico. Por todas partes o casi por todas, ese 
divorcio no parece que pueda evitarse sino al precio de un cierto 
sacrificio de las concepciones europeas que se aceptaron desde el 
principio orgullosamente, sin preocuparse de saber si eran ade- 
cuadas para el ambiente americano. Las condiciones de este am- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



303 



biente son tales que imponen en ciertos aspectos el considerar las 
cosas y organizar la vida social de otro modo que en Europa. De 
igual modo que la civilización latina se transformó con el tiempo, 
también se transforma en el espacio y reviste caracteres distintos 
en ambas orillas del Atlántico. Los Derechos de los países latinos 
de América, creados para aplicarlos en un ambiente distinto al 
americano, se diferencian de los Derechos de Europa continental 
y constituyen dentro del grupo del Derecho francés una categoría 
original, cuyos rasgos específicos aparecen con mayor claridad a 
medida que se atenúa el divorcio entre los textos antes teóricos y 
las realidades de la vida" 1 . 

Simples ejemplos de aplicación sobre reflexiones como la ante- 
rior, algunos enfoques sobre el material humano que ha actuado 
en el panorama de la labor penal, determinados análisis de la 
anarquía jurisdiccional, predominio del Derecho de Guerra sobre 
el Derecho de Paz, se ofrecen en seguida, de manera sencilla, en 
la aspiración de despertar la conciencia colectiva, sin que ello 
constituya un "Yo acuso". Entre otras cuestiones, porque la acu- 
sación toca principalísimamente con las "clases dirigentes" de la 
Nación, que no supieron afrontar las realidades colectivas y, por 
lo tanto, dada la continuación de su mandato, asumirían la doble 
calidad de "Juez y parte", con toda la amoralidad que ello repre- 
sentaría. 

Si se trata de un enfoque objetivo, imparcial y científico, o sea 
el obligado a utilizarse para el estudio de las causas, resultados 
y desarrollos de la violencia en los últimos años, no es posible 
— por timideces o prudencias — dejar de mencionar, por lo me- 
nos, los aspectos más urgentes, para buscar un balance sereno y 
ajeno a intereses bastardos. 

Por lo anterior, se mencionarán cuestiones como la utopía jurí- 
dica, las nuevas tipologías delictivas, la ausencia del Ministerio 
Público, el proletariado de los juristas, el conformismo burocrá- 
tico, los "intermediarios" judiciales, la centralización judicial, 
las penalidades aberrantes, los "beneficios extraordinarios", la 
normación sobre armas, predominio de la legalidad marcial, el 
régimen penal de la Policía, con el propósito claro de intentar un 
ensayo sobre primordiales aspectos que han contribuido a la 
crisis en que se encuentra actualmente la justicia penal en Co- 

1 Rene David, Tratado de Derecho Civil comparado (Madrid), Vol. 
I. p. 262. 



304 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



lombia, junto a su incapacidad para afrontar con relativo éxito 
la lucha contra la violencia. 

En resumen, comprende este bosquejo el aspecto jurídico para 
encontrar explicación a ciertos elementos que coincidieron — en 
parte no despreciable — a la intensificación de la criminalidad, 
entre otras cuestiones, por la victoria de la impunidad y en aten- 
ción a la crisis de la justicia. 

De todas maneras, convendría recordar con Carrara: "En la 
organización de las naciones siempre se observa el fenómeno de 
que bajo los gobiernos despóticos la función de la policía se mez- 
cla con el régimen punitivo, y de que bajo los regímenes libres 
tanto aquélla como éste se mantienen celosamente aparte. Al menos 
racionalmente debía ser así. Y si ello ocurre bajo los gobiernos 
que se jactan de régimen libre, ello quiere decir que esa jactancia 
es hipocresía. Y todo el que pretenda compartir esta verdad, debe 
confesarla sin ambajes" 2 . 

La utopía jurídica 

Destruidas las instituciones jurídicas en aquellas comunidades 
aborígenes que habían logrado cierto nivel en este campo, a 
través de las disposiciones impuestas por la Corona española a 
sus colonias de Ultramar, un criterio mercantilista se impuso y 
orientó las disposiciones legales, tendientes a determinar dos prin- 
cipios regulares que, como bien lo recordó José María Ots Capde- 
quí en España en América, fueron el exclusivismo colonial y la 
llamada teoría de los metales preciosos" 3 . 

El hecho de que las colonias hispanoamericanas fueran consi- 
deradas como un "simple mercado complementario de la economía 
peninsular" determinó las orientaciones legalistas tendientes a 
expresar la economía existente que, por lo demás, exigió un fuerte 
aparato represivo el cual mostró su eficacia cuando las rebeliones 
de los pueblos hicieron necesario su empleo. 

La aparente oposición entre gran parte de las Leyes de Indias y 
las reales circunstancias socio-económicas, con su exteriorización 

2 Francesco Carrara, Programa de Derecho Criminal (Bogotá, 1956), 
Vol. I, p. 21. 

3 Eduardo Umaña Luna, Camilo Torres y el Memorial de Agravios 
(Bogotá, 1952), p. 173. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



305 



en la multiplicidad de rabulerías para efectivizar el principio "La 
Ley se obedece pero no se cumple", no alcanzó' a disimular la 
realidad del problema, es decir, la esencia de las relaciones jurí- 
dicas y políticas, típicas de la explotación entre naciones. 

En el Virreinato de la Nueva Granada, uno de los propósitos 
básicos de los grupos de "letrados" que encabezaban la rebelión 
política fue la de lograr la "igualdad jurídica", cuya muestra más 
enfática emergió en la lucha por el llamado "Derecho de repre- 
sentación". La reacción contra cánones coloniales alcanzó su 
mejor clima en plena guerra revolucionaria donde las masas com- 
batientes abrieron una amplia carta de crédito a sus caudillos que, 
en verdad, no pasó de ser una muestra de ingenuidad de los 
pueblos. 

El derecho castrense hubo de ser aplicado con toda su intensi- 
dad, no solo en la época de la guerra, sino inmediatamente des- 
pués cuando se planteó la tremenda pugna entre grupos recién 
llegados a los estamentos superiores a través de los méritos en los 
campos de batalla, frente a aquellos otros que, al amparo de una 
habilidosa política se esforzaban por mantener las viejas institu- 
ciones en cuanto resultase conveniente a la defensa de sus intereses 
económicos, predicando un "legalismo" que, en sus raíces, no 
venía a ser sino el engendro perfeccionado de las viejas maneras 
para burlar las reformas inaplazables dentro de un criterio claro 
de avance social, de ascenso cultural, de estructuración política 
adecuada a los deseos de las clases populares que habían realizado, 
con sus esfuerzos, la Revolución. 

El régimen penal colonial no habría de ser modificado sino has- 
ta 1837, sin ninguna originalidad propicia a la índole nacional, 
situación que se mantiene hasta nuestra época, primando los cri- 
terios foráneos por alejados que sean los respectivos meridianos 
y dejando atrás la carnadura patria. 

El profesor Luis Carlos Pérez acertadamente enfoca así el pro- 
blema : 

"La escasez de especialistas en derecho penal puede explicarse 
parcialmente por el desarraigo de nuestras leyes, defecto crónico 
en nuestro pasado. Declarada la emancipación política quedaron 
rigiendo los viejos mandamientos promulgados por la Corona 
española para las nacionalidades indígenas, hasta que el Código 
de 1837 los derogó del todo a fin de abrir paso a los dictados 
napoleónicos que, a su vez, fueron suplantados en gran parte por 



0— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



306 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



los del Código hispano, cuya influencia perduró durante la segunda 
mitad del siglo pasado. A comienzos del actual, nuestros juristas 
desviaron la corriente tradicional y se convirtieron al estatuto ita- 
liano, admirando en él "un monumento imperecedero de sabidu- 
ría". El proyecto Concha de 1912, que constituyó la armadura de 
la Ley 109 de 1922, no fue sino una versión del Código italiano 
de 1890, resultando así tan falto de originalidad como las normas 
santanderistas de 1837. 

"El Código de 1936, fue resultado de un criterio comparativo 
menos estrecho y subalterno, pues en su elaboración no se tuvo en 
cuenta un modelo exclusivo, sino la consulta de varios estatutos 
americanos que desde años anteriores demostraban una correcta 
operancia. Fue este, indudablemente, un esfuerzo de nacionaliza- 
ción de nuestro derecho positivo, aunque de reducidas dimensiones. 
La parte general copia casi íntegro el proyecto de Ferri de 
1921, y no armoniza con varias de las disposiciones de la parte 
especial, en la que se concretan los determinantes vernáculos. 

"Siendo nuestras normas simples reproducciones de patrones 
foráneos, la doctrina consultada era la de los tratadistas que se 
referían a éstos, sin que los juristas colombianos se detuvieran a 
considerar que precisamente por tratarse de textos extraños, ha- 
cíase indispensable definir con precisión sus términos a fin de que 
actuaran eficazmente en la realidad social. 

"No sucedió así. Y aún hoy, jueces y publicistas atienden 
preferentemente la página escrita más allá de nuestras fronteras, 
como si esta sola circunstancia fuera suficiente para aumentar su 
valor, menospreciando el sentido nacional de la norma, esto es, 
aquello que da razón a su existencia y validez a su aplicación. 

"La doctrina jurídica tiene sus rasgos ecuménicos, es cierto. 
Muchas de sus conclusiones sirven de orientación, más que todo 
como base metodológica, pero pierden autoridad ante un elemento 
descrito de manera distinta en la ley nacional, ante los problemas 
peculiares y la común preocupación por ellos, ante las deforma- 
ciones que el Código quiere ayudar a corregir, ante una palabra 
nueva, o, en otros términos, ante la voluntad de la norma que se 
define y expresa según las condiciones materiales y morales del 
medio para el cual actúa" 4 . 

4 Luis Carlos Pérez, Derecho Penal Colombiano (Bogotá, 1956), Vol. 
I, pp. viii, ix y x. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



307 



A lo largo de la centuria pasada, el mosaico de nuestras guerras 
civiles, sirvió para determinar un elemento sociológico no ahonda- 
do aún por los especialistas, para aceptar en situaciones de turba- 
ción del orden público una sustantividad y consecuencial proce- 
dimiento, más cercano al derecho castrense que a un racional 
derecho de paz. Estas líneas fundamentales del derecho de guerra, 
donde no siempre fueron respetados los fundamentos esenciales 
del Derecho de Gentes, complementadas con los procedimientos 
típicos del mismo, a base de los tribunales militares, ante todo en 
su peculiar modalidad de los Consejos de Guerra Verbales, ofre- 
ciendo realidades que habrían de verse renovadas — aún, supera- 
das — cincuenta años luego. 

El largo desangre nacional, a través de nuestras pugnas parti- 
distas, contribuyó en no escaso porcentaje a que el país se habi- 
tuara a estos tratamientos de excepción, típicos de los estados de 
lucha armada. 

Además, las grandes formulaciones del derecho penal, en Co- 
lombia, han tendido más a la simple adopción de "hipótesis idea- 
les" que a la debida adecuación en consonancia con las estructuras 
económico-sociales. 

Es decir, si el examen versase sobre la estricta letra de los textos 
legales, se encontrarían Códigos de principios muy altruistas, pero 
desarrollando normas lejanas a la índole de la comunidad. En 
naciones de buen avance cultural — ajenas al drama del paupe- 
rismo, del desequilibrio económico, de las enormes distancias 
sociales — podrían explicarse, pero en Colombia no pasan de ser 
simples proposiciones donde el verbo "juzgar" apenas se conjuga 
en "futuro hipotético". En verdad se legisló sobre meros propósi- 
tos, pero no sobre la abrumadora realidad. En consecuencia, sur- 
gió el "utopismo jurídico". 

Fue la invasión de doctrinas, leyes y jurisprudencia foráneas, 
destinadas a mejores niveles culturales que el nuestro y no muy 
adecuadas a "esta Colombia mulata, mestiza y tropical", al decir 
de López "el Viejo", en memorable ocasión universitaria. 

Da grima y causa — más que alarma — espanto, comparar las 
instituciones jurídicas penales de nuestros Códigos con la ator- 
mentada geografía humana, especialmente, cuando se indaga sobre 
el fenómeno de la violencia. Deviene así un divorcio entre la 
norma jurídica y el fenómeno social, propio de pueblos que sin 



308 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



superar etapas, toman ligeramente "sin beneficio de inventario" 
cuerpos normativos, no solo ajenos a su índole, sino revestidos 
de tal "lejanía" que se hacen impracticables. Es una dura expe- 
riencia, en las relaciones básicas de coexistencia y de convivencia 
sociales. Para las clases superiores, por su obligada rebeldía los 
estamentos inferiores se hacen permanentemente subversivos, 
mientras que para los explotados su natural enemigo se precisa 
en sus fríos y deshumanizados críticos. 

Surgen las personalidades carismáticas a quienes la sociedad 
les entrega toda su confianza, casi siempre para ser defraudada 
por los beneficiados. El derecho se hace misterioso, inaccesible, 
extraño. A veces, todo se espera de la generosidad o de la acción 
violenta ante la desilución inevitable. Es el abismo cada vez más 
profundo entre los elementos radicalmente opuestos en la organi- 
zación policlasista. El principio de quiebra en nuestro sistema 
feudal agrario rompió el antiguo y complejo equilibrio jurídico, 
edificado sobre la relación de "fidelidad-protección" en la unidad 
económica. 

Fue el declinar de un sistema jurídico, que puede ser sobria- 
mente resumido con el juicio de Gurvitch: 

"El sistema jurídico feudal muestra su carácter mixto y plura- 
lista todavía desde otro punto de vista. Si en la Iglesia (al menos 
al comienzo de la Edad Media) predomina el derecho de exco- 
munión, y, si en las ciudades, comercio y gremios predomina el 
derecho de comunidad (que también se afirma en el derecho in- 
terno de la caballería y dentro de todos los estamentos sociales), 
en las relaciones entre los señores y los habitantes de sus dominios 
predomina el derecho de masa o la violencia extra jurídica" 5 . 

Sin lugar a dudas que en las zonas agrarias más duramente 
azotadas por la lucha predominó la "violencia extrajurídica, con- 
tribuyendo a ella una serie de factores que provocaron la quie- 
bra de las instituciones jurídicas, las medidas desesperadas de 
las "semi-amnistías" y la extensión imperialista de la ley cas- 
trense en desmedro de la aplicación de los Códigos ordinarios in- 
capaces, por utópicos, para resolver la problemática nacional. 

5 Georges Gurvitch, Sociología del Derecho (Rosario, 1945), pp. 300 
y 301. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



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Nuevas tipologías delictivas 

Ubicado el problema de la violencia extrajurídica, con su ex- 
plosión de la mayor virulencia pasional, ante la insurgencia so- 
cial se regaron por las veredas colombianas, cuerpos especiales 
para provocar el caos y el desconcierto, grupos estos que eran 
agentes apenas de intereses urbanos, políticos y económicos, en 
el desarrollo de una gran estrategia, cuya manifestación táctica 
inicial fue la muy conocida acción de campesinos de ciertas re- 
giones andinas que, debidamente uniformados y armados, con 
su crueldad y permanente provocación a grupos antes pacíficos, 
los precipitaron — en natural defensa — a la vorágine de la vio- 
lencia sin tregua, sin cuartel, sin propósitos definidos, pero sí 
signados por la angustia del aleve y repentino ataque. 

Para disimular los proditorios fines y en el afán de más tarde 
diluir cualquier posible responsabilidad, se apeló al móvil polí- 
tico, hábil recurso para disimular los propósitos verdaderamen- 
te impulsadores del fructífero negocio. Los dirigentes de las co- 
munidades, sea en el plano nacional o en el meramente veredal, 
lanzaron sus gritos de guerra, cada uno animado por su específi- 
co interés, recordado en ocasión reciente por Fray Alberto Al- 
fonso O., desde la tribuna de la Universidad Libre: 

"Una vez hay que decir que nadie entre nosotros tendría de- 
recho a exigir un castigo, menos aún lo que se ha convenido en 
llamar clase dirigente. En efecto, los responsables se hallan repar- 
tidos en tal forma que nadie sabría decir en dónde están — o 
mejor, en dónde no están — los asesinos. En todo caso nadie se 
cree nunca del lado de la injusticia. Aquellos mismos que tenía- 
mos por un ejército de criminales llevaban escrito en la hebilla 
de sus cinturones que Dios estaba con ellos. . . Las guerras mo- 
dernas se convierten muy fácilmente, gracias a la propaganda, en 
operaciones de policía. La justicia no sale con ellos mejor libra- 
da y la suerte de las víctimas no ha mejorado" (M. H. Lelong, 
O. P. "La Bonne Nouvelle aux pauvres") 6 . 

Así se fundó, auspició, amparó, la "Universidad del Crimen". 
Los métodos de ejecución del delito se refinaron sutilmente, des- 
de las altas esferas hasta el pueblo campesino que, por su atraso, 
es un "niño en andaderas". El nivel espiritual de la sociedad co- 

6 La Nueva Prensa (Bogotá), N<? 50 (1962), pp. 37 y 38. 



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lombiana se reflejó bien pronto en la nueva época del pavor. 
Cuando la violencia se enseñoreó en el país, discípulos aprove- 
chados de regímenes extraños que habían perfeccionado sus mé- 
todos en la segunda guerra mundial, no solo los trasplantaron, 
sino que llegaron a superarlos. 

El factor de la "subjetividad", fundamental para el análisis 
de la "intencionalidad" quedó atrás, puesto que del acto delic- 
tuoso meramente individual se pasó al acto de pluralidad, el 
"ego" criminal se diluyó en un "ente colectivo" y, por ende, la 
dificultad casi insuperable de la identificación para el estudio 
de la responsabilidad. 

El concepto penal tradicional de individuo frente a sociedad 
se vio supeditado por uno distinto: responsabilidad de grupos, 
en mutua ofensa. La figura de la "asociación para delinquir" se 
trocó en forma genérica de ejercicio criminal, no solo en cuanto 
respecta a la ejecución del reato, sino al mandato intelectual. 

Una diversificación en las tareas delictivas se produjo dentro 
del nuevo aspecto del grupo, donde lo físico y lo psíquico tuvie- 
ron numerosas manifestaciones tendientes a la máxima eficacia 
y desde luego, a lograr la impunidad. Los comportamientos psí- 
quicos se ofrecieron muy complejos, ya que el medio ambiente 
— a su vez — encontró nuevas formas que entraban a reempla- 
zar anteriores comportamientos colectivos. 

El desajuste social colocó en difíciles situaciones a los elemen- 
tos más débiles, como las mujeres, los ancianos y los niños, a 
cambio del acrecentamiento del dominio de los fuertes. Los jóve- 
nes, ante el impacto de la acción de sus victimarios, de los de 
sus progenitores, se deshumanizaron. 

Pero no a la manera que Ruiz Funes interpreta cuando uno 
de los protagonistas, en Sin novedad en el frente, dice: "Nos vol- 
vimos duros, desconfiados, despiadados, vengativos, brutos y ello 
fue una buena cosa pues justamente nos faltaban esas caulida- 
des. Si se nos hubiese enviado a las trincheras sin ese período de 
formación nos hubiésemos vuelto locos indudablemente" 7 . 

Nuestros muchachos campesinos, sin curso previo, fueron lan- 
zados a su dolor, ante la muerte de sus padres, la violación de 
sus madres y de sus hermanas, el incendio de los ranchos y de 

7 Mariano Ruiz Funes, Criminología de la Guerra (Buenos Aires, 
1960), p. 49. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



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las sementeras, la fuga inevitable por el ataque de las mesnadas 
de gentes que, a nombre de los más seculares principios, desarro- 
llaban las consignas capitalinas, "A sangre y fuego". Vino, en- 
tonces, la locura colectiva. 

Los adolescentes campesinos ya no eran jóvenes. Los habían 
peligrosamente impulsado al mundo bestial de los adultos crimi- 
nales. Se defendieron muchas veces en la forma que habían apren- 
dido siendo víctimas. No fue un fenómeno de precocidad sino 
apenas de obligado acondicionamiento a nuevas expresiones de 
lucha por la existencia. Sin hogar, sin ayuda, sin dirección, sin 
maestros, sin pan, sin calor maternal, ¿qué podía resultar de 
todo ello? 

Bandas de adultos se lanzaron al crimen, desorbitados, hura- 
canados, fatalistas. Era su "destino". Cumplían la cita que otros, 
desde los centros urbanos, les señalaban aunque los combatien- 
tes no captaran el "por qué", ni se preocuparan por investigar 
las causas de su conducta. También eran unos "niños grandes" 
impelidos, además, por la angustia económica. La decadencia de 
los sentimientos de solidaridad acicateada por la miseria. La 
insatisfacción de necesidades vitales buscando escape en los ata- 
ques brutales, sin objetivos algunos, en franca irrupción de pri- 
mitivos instintos. Los verdaderos profesionales que, luego, ha- 
brían de usufructuar a plenitud. Su privilegiada posición logró 
la total impunidad para su solapada actuación criminal, vigori- 
zada por el fácil triunfo económico y político. 

Los sicarios se convirtieron en héroes; la delincuencia polí- 
tica brindó sus mejores galardones a sus más repugnantes im- 
pulsadores y ejecutores. Los políticos, a veces elevados a las al- 
tas jerarquías del Estado, impulsando a las hordas en una guerra 
total de destrucción, a través especialmente del "genocidio", de 
la "ley de fuga", del "fusilamiento", de los "campos de concen- 
tración", del envío a colonias penales como la del Araracuara, 
de la aplicación de métodos de tortura, de la violación de peque- 
ñuelas, de la castración de varones, de tantas formas más que, 
si bien podían ser enfocadas a través de las normas del Código 
Penal en la mera delincuencia individual, perdían tales cáno- 
nes de toda operancia ante la delincuencia de los grupos. 

Las dos formas jurídicas de la "asociación para delinquir" y 
de la "complicidad correlativa" se mostraron inadecuadas para 
el tratamiento efectivo de la nueva tipología delictiva. 



312 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



Desmirriada resultaba la preceptuación del artículo 208 del 
Código Penal, al confrontar sus presupuestos con la epidemia 
criminal: "El que haga parte de una asociación de tres o más 
personas, organizada con el propósito permanente de cometer 
delitos, mediante el común acuerdo y recíproca ayuda de los 
asociados, incurrirá ..." Las organizaciones se hicieron a esca- 
la tan general que si imaginativamente se planteara el completo 
juzgamiento, organizaciones regulares en su casi totalidad no 
se escaparían del proceso, ni tampoco poblaciones de vastas re- 
giones podrían eludir la acción de la justicia. 

¿Qué decir en consecuencia, de la complicidad correlativa al 
tenor del artículo 385 del Código Penal: 'En los casos en que va- 
rias persqnas tomen parte en la comisión de un homicidio o le- 
sión, y no sea posible determinar su autor, quedarán todas so- 
metidas a la sanción establecida en el artículo correspondiente, 
disminuida de una sexta parte a la mitad"? Ante la no posibili- 
dad de determinar las autorías, más tarde, hubo que consagrar 
la impotencia del Estado, precisamente, en los beneficios extra- 
ordinarios de que, más adelante, se tratará a espacio. 

Ni la una ni la otra tuvieron capacidad plena, ya que el tipo 
de sociedades criminales a que se refería la primera, no alcan- 
zaba a englobar la criminalidad genérica y, la segunda, exigía 
que, por lo menos, se precisara exactamente el número de parti- 
cipantes en el homicidio o en la lesión. Dadas las autorías plu- 
rales y ante la incapacidad investigativa, cuando se llegó a inves- 
tigar, no podían ser medios idóneos para despejar las incógnitas. 

Cuando a lo largo y ancho de la vereda colombiana se enfren- 
taron fuerzas armadas — regulares, o irregulares — la neutrali- 
dad de las poblaciones no comprometidas directamente se hizo 
imposible. La guerra era total. No se podía ser indiferente por 
cuanto actitud de esta clase comportaba la probabilidad de ser 
víctima de las represalias correspondientes. La coacción insu- 
perable, por consiguiente, complicó más todavía el problema, 
¿Cómo establecer, a más de las autorías, las cooperaciones cri- 
minosas? 

¿Cómo dilucidar las complicidades, en su gama de "necesa- 
rias" y de "no necesarias"? ¿Cómo establecer acertado juicio 
ante delitos por acción, o ilícitos por mera omisión? En la gran 
catástrofe, la dilucidación del móvil presentó otro inevitable as- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



313 



pecto: ¿Cuándo lo político?, ¿cuándo lo económico?, ¿cuándo 
lo moral? 

La pena de muerte se consagró como un hecho social. La pena 
de muerte no contemplada en la norma jurídica. ¿Cuándo la 
supresión de la primera, antes de entrar al estudio de la segun- 
da? Inconscientemente se argumenta. "Como en la ley no existe, 
por lo tanto, jurídicamente no interesa". Se controvierte: "Si en 
la práctica existe, ¿cómo no apreciarla ante la realidad social 
con su incidencia en el sistema legal"? 

¿Acaso la Ciencia Jurídica puede ignorar los grandes fenó- 
menos sociales y la conducta de los asociados, para quedarse so- 
lamente en la posición que propone Kelsen: "Es tarea de la 
ciencia jurídica la de presentar el derecho de una comunidad, 
esto es, el material producido por la autoridad legal a través del 
proceso legislativo, en la forma de juicios que establezcan que 
"si tales condiciones se cumplen, entonces tal o cual sanción ha- 
brá de aplicarse"? 8 . 

El "dogmatismo jurídico" que es una de las características 
de los círculos judiciales colombianos, estableció una barrera 
increíble que tuvo desastrosas consecuencias para el tratamiento 
de la violencia. Se divinizó la norma y se olvidó la realidad, a 
la manera que tan exactamente plantea Kantorowicz: 

"El paralelismo que hoy por hoy existe entre la ciencia jurí- 
dico-dogmática y la teología ortodoxa . . . salta a la vista. Por 
un lado se habla de Dios, por el otro del Legislador, ambos 
seres inasequibles a la experiencia. La masa profana desconoce 
sus intenciones o las conoce solo de un modo confuso. Una casta 
privilegiada de teólogos o de juristas es mediadora de las reve- 
laciones. Ambas castas pretenden exponer la voluntad de aque- 
llos seres, mientras que en realidad afirman como la voluntad 
de ellos lo que los teólogos o juristas desean que sea religión o 
Derecho. La situación es necesariamente así, ya que la construc- 
ción de la voluntad se basa en meros fragmentos: sagrada escri- 
tura, leyes. No obstante, la tarea consiste en responder con su 
auxilio claramente a todas las cuestiones" 9 . 

8 Hans Kelsen, Teoría general del Derecho y del Estado (México, 
1949), p. 46. 

9 Germán Kantorowicz, La Ciencia del Derecho, citado en la Intro- 
ducción al Derecho de Aftalión, García y Vilanova (Buenos Aires, 
1960), p. 79. 



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¿Qué decir cuando la voluntad del "legislador" se manifestó 
a lo largo de la época de la violencia por simples "Decretos Le- 
yes", hoy adoptados como verdaderas Leyes, según la voluntad 
del Congreso Nacional? 

Ausencia del Ministerio Público 

El artículo 143 de la Constitución Nacional dispone que: "Co- 
rresponde a los funcionarios del Ministerio Público defender los 
intereses de la Nación; promover la ejecución de las leyes, sen- 
tencias judiciales y disposiciones administrativas, supervigilar 
la conducta de los empleados públicos, y perseguir los delitos y 
contravenciones que perturben el orden social". 

En materia penal, están agrupadas las funciones primordiales, 
así: 

a) Sujeto activo de la acción penal. 

El artículo 92 del Código de Procedimiento Penal sintetiza 
este asunto: "El Ministerio Público, como representante de la 
sociedad, debe procurar la sanción de los infractores de la ley 
penal, de las personas acusadas sin justa causa y la indemniza- 
ción de los perjuicios causados por la infracción. En cumpli- 
miento de estos deberes, el Ministerio Público pedirá la prác- 
tica de las pruebas conducentes al esclarecimiento de la verdad, 
la detención o libertad del procesado cuando sean pertinentes y, en 
general, intervendrá en todas las diligencias del proceso penal". 

Numerosas disposiciones complementarias presenta este Códi- 
go para desarrollar tal principio esencial, tal como se puede exa- 
minar al estudio de textos como los contenidos en los artículos 
93, 282, 209, 396, 416, 153 y 421 de la obra aludida. 

b) Sujeto activo de la acción civil. 

El artículo octavo del mismo Código reza: "Toda infracción 
de ley penal origina acción penal, y puede originar también ac- 
ción civil para la indemnización de los perjuicios causados por 
la infracción". 

De esta norma nace el derecho de reparación de los daños su- 
fridos, siguiendo el criterio sobre que "el delito es muchas veces 
fuente de obligaciones civiles". Por lo anterior, el artículo 92 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



315 



del Código Penal es terminante en ordenar: "En toda sentencia 
condenatoria por infracciones de que resulten daños o perjuicios 
contra alguna persona, natural o jurídica, se condenará solida- 
riamente a los responsables a la indemnización de todos los per- 
juicios que se hayan causado". 

En consecuencia, el artículo 93 del Código Penal, ordena: "El 
respectivo Agente del Ministerio Público deberá cooperar con 
los interesados en todas las diligencias tendientes a fijar y obte- 
ner la indemnización a que diere lugar la infracción, o interve- 
nir por sí solo en el caso de que éstos se abstengan de hacerlo". 
Es la función social pertinente, a cargo, precisamente, de los 
agentes del Ministerio Público en los procesos penales, de ine- 
ludible desarrollo de acuerdo con los artículos 24, 112 y 294 del 
Código de Procedimiento Penal. 

c) Funciones fiscalizadoras. 

Los artículos 96, 97, 98 y 99 del Código de Procedimiento Pe- 
nal disponen que los agentes del Ministerio Público deberán ve- 
lar porque se cumplan los términos procesales, se corrijan opor- 
tunamente las anomalías e irregularidades en los procesos, a 
más de vigilar porque los jueces — singulares o plurales — no 
sean morosos, ni negligentes, ni pequen por incuria e inactividad. 

Todos los principios anteriores deben ser aceptados si se ha 
asegurado su aplicación, pero si "la sal se corrompe", es decir, 
si el Ministerio Público, a su vez, se hace inerte, si no tiene con- 
trol, devendría una nueva causa de desorden legal. Todo un apa- 
rata je burocrático se ha montado en Colombia para que las ta- 
reas básicas del Ministerio Público se ejerciten y desarrollen. 

Tiende la organización a determinar, como dicen los expertos, 
que se haga "cumplida y oportuna justicia". Pero, ¿qué ha su- 
cedido en el país, con este fundamental menester? 

En cada cabecera municipal, el respectivo Personero — al lado 
de sus actividades administrativas — dizque cumple la función 
de Agentes del Ministerio Público, entre otras cuestiones, en la 
etapa más delicada del proceso penal, o sea en el levantamiento 
del sumario. Gentes que, en su abrumadora mayoría, al descono- 
cer su tarea se convierten en un obstáculo más para la adminis- 
tración de justicia. Para salvar el "formulismo" — que tantos 
males ocasiona a la nación — se hace obligatoria la intervención 



316 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



de tales sujetos en los momentos culminantes, sin que los dichos 
co-titulares de la acción penal tengan el menor bagaje de conoci- 
mientos jurídicos y, en no escasas oportunidades, sean meros per- 
sonajes de ficción, "reyes de burlas", golpeados por todo un hu- 
racán de intereses económicos y políticos. 

Así, y en miras a la salvación de las fórmulas consagradas en 
la ley, se logra hacer de estos funcionarios instrumentos de im- 
portancia para propiciar fines nocivos al buen éxito de las in- 
vestigaciones. Es el aprovechamiento de la ignorancia para "sa- 
car las castañas del fuego, por mano ajena". No es extraño en- 
contrar que, en la pequeña cabecera municipal, el cargo de agente 
del Ministerio Público esté servido por individuos del más bajo 
nivel cultural, casi dentro del total analfabetismo. Pero, de todas 
maneras, lo importante es preservar el inoficioso principio legal 
y presentar "de cuerpo presente", nada menos, que al "señor re- 
presentante de la sociedad ofendida por el reato". 

La situación se hace menos aguda en las cabeceras de los Cir- 
cuitos, por cuanto las poblaciones donde funcionan los Juzgados 
de tal categoría ofrecen las posibilidades de una mejor escogen- 
cia del personal; este favorable factor se neutraliza ante el recar- 
go de tareas del respectivo Personero. 

Sin embargo, cuando se discutía en la Comisión redactora del 
estatuto procesal, el traslado al Personero, al cierre de la inves- 
tigación, para obtener el concepto de fondo, los doctores Rafael 
Escallón y Timoleón Moneada hicieron observaciones, previendo 
dificultades básicas como la siguiente: 

Doctor Escallón: "Aquí se habla en general de todo expedien- 
te, respecto del traslado al Ministerio Público. Si se tratare de 
asuntos de que conoce el Juzgado de Circuito, ¿a qué Agente 
del Ministerio Público debe enviarse el negocio? No creo conve- 
niente establecer que a los personeros municipales, pues estos son 
gentes, por lo general, muy impreparadas en cuestiones penales; 
y tampoco podría estatuirse que a los Fiscales del Juzgado Supe- 
rior, pues por un lado se recargaría enormemente el trabajo de 
éstos, y por otro, en múltiples casos el asunto tendría que ir por 
correo hasta la capital de Distrito Judicial, lo cual ocasionaría 
grandes demoras en la investigación". 

Doctor Moneada: "Lo más acertado es que en los asuntos de 
que conozca el Juzgado de Circuito no se de traslado al Ministe- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



317 



rio Público. Restringir el traslado a los asuntos de que conoce 
el Juzgado Superior". 

Doctor Escallón: "A los asuntos de que conoce el Juzgado Su- 
perior, el Tribunal y la Corte; claro está que lo ideal sería crear 
los Fiscales de Circuito, pero por ahora no podemos pensar en 
ello, pues se recargaría demasiado el presupuesto" 10 . 

En las ciudades donde funcionan las cabeceras de Distrito Ju- 
dicial, por lo general capitales de Departamento, sí existe para 
cada Juzgado Superior el respectivo Fiscal, así como en cada 
Tribunal Superior obran los Fiscales correspondientes, destina- 
dos única y exclusivamente a cumplir las tareas específicas del 
Ministerio Público. Parecería que en tan favorables condiciones 
la Justicia adquiriera la ayuda efectiva del co-titular de la acción 
penal y, además el ejercicio rápido y técnico para el desarrollo 
de la causa, una vez calificado el mérito de la investigación, ya 
en la "recta final" para definir el aspecto de la "responsabili- 
dad". 

Es lugar común — pero no por ello, baladí — entenderse que 
los Fiscales son apenas "abogados-consultores" de los Jueces Su- 
periores y de las Salas Penales de los Tribunales de Distrito 
Judicial. ¿Por qué? La parálisis ya tradicional en estas zonas 
tiene un significado de la mayor importancia. El escaso acervo 
cultural de la gran mayoría de los colombianos les impide co- 
nocer la ley misma y, aun en el optimista evento de que tengan 
acceso a los textos normativos, no alcanzan a desentrañar la cau- 
salidad de los mismos, resultando que el precepto "La ignoran- 
cia de la Ley no sirve de excusa" plantea drástica dicotomía en- 
tre el "ideal jurídico" y la "realidad social". Entonces es cuan- 
do la tarea de los Agentes del Ministerio Público se hace tras- 
cendental para tender el puente obligado entre el "ente jurídico" 
y la "movilidad social". Máxime cuando los estamentos de me- 
nor capacidad cultural que son a la vez, los mayoritarios en la 
sociedad colombiana, se encuentran en condiciones de franca in- 
ferioridad frente a las "élites", con los peligros de que se haga 
real el símil atribuido a Solón: "Las leyes son como las telara- 
ñas; pues éstas enredan lo leve y de poca fuerza, pero lo mayor 
las rompe y se les escapa". 

10 Timoleón Moneada, Conferencias de Procedimiento Penal (Bogotá, 
s. f.), pp. 54 y 55. 



318 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



La inversión de las jerarquías intelectuales, a veces, explica 
que el acceso a las altas escalas del Ministerio Público se logra 
por personal sin experiencia alguna, sin práctica social de la menor 
especie, apelándose a neófitos atiborrados de teorías no siempre 
claramente presentadas y, por lo tanto, más propicias a la anar- 
quía intelectual, en desmedro de un firme derrotero ideológico 
para la aplicación de la ley, buscando justo equilibrio entre los 
principios universales jurídicos y los aspectos sociológicos en la 
aplicación de la Ciencia Jurídica. 

¿Cómo es posible seguirse admitiendo que el representante de 
la sociedad no establezca contacto alguno con el acusado, a quien 
la mayoría de las veces conoce solo en el acto de la audiencia 
pública? Es una farsa tal "estudio de la personalidad del delin- 
cuente" en Colombia. No pasa de ser una mera proposición pero 
sin desarrollo por parte, entre otros de los Fiscales que con tal 
conducta contribuyen diariamente a menospreciar los principios 
que orientan nuestro régimen penal. 

En alguna reciente oportunidad, por medio del artículo l 9 del 
Decreto Extraordinario 1231 de 1951, se dispuso: "Sin perjui- 
cio de sus funciones como agentes del Ministerio Público, los 
Fiscales de los Juzgados Superiores, por sí o por medio de comi- 
sionado, conocerán de la instrucción de los sumarios por delitos 
de la competencia de los Jueces Superiores, a quienes sustituyen 
en todas sus atribuciones como funcionarios de instrucción". 

¿Qué pasó? Un fracaso estruendoso que hizo necesaria la abo- 
lición de la medida. Miles de sumarios fueron enviados por los 
Jueces Superiores a sus Fiscales y, casi el mismo número de asun- 
tos, fueron devueltos por los Agentes del Ministerio Público a 
los Jueces Superiores, cuando estos recobraron la tarea, sin que 
se hubiese producido actuación alguna de fondo. Entre tanto, la 
"gran Celestina" de la justicia colombiana, o sea la "prescrip- 
ción" obraba lenta y seguramente, para ayudar a la consagra- 
ción de la impunidad. 

Al mismo tiempo, las llamadas "partes civiles", con muy rela- 
tiva vigencia ya que implican una serie de gastos económicos, 
por ejemplo, el pago de los honorarios de los abogados, muy di- 
fíciles de cumplir, especialmente en las zonas de violencia, don- 
de cuando el jefe del hogar desaparecía de muerte no natural, 
dejaba viuda e hijos menores, legítimos o no, que huyendo de 
los violentos les abandonaban sus parcelas, para luego, en la 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



319 



pompa de los Tribunales, por la incuria Fiscal, aspirar a la cons- 
titución de parte civil, que nadie les aceptaba — es la verdad — 
cuando no estaban en capacidad de satisfacer las exigencias eco- 
nómicas de los posibles apoderados judiciales. 

En desconcertante número de casos, también por la incuria 
del Ministerio Público, aunada a la desmoralización de algunos 
jueces, en las cárceles permanecían ciudadanos para quienes no 
había acción de la justicia penal, llegándose a los extremos in- 
creíbles de que simples testigos fueron privados de su libertad 
sin que nadie reclamara contra tamaños atentados. ¿Qué entonces 
del ordenamiento del artículo 26 de la Constitución Nacional: 
"Nadie podrá ser juzgado sino conforme a las leyes preexistentes 
al acto que se imputa, ante el Tribunal competente, y observando 
la plenitud de las formas propias de cada juicio"? 

Algo más. El Jurado de conciencia fue golpeado duramente 
hasta reducirlo a mínima expresión de la justicia popular. En 
efecto, el Decreto Extraordinario 3347 de 1950, suprimió la 
intervención del Jurado en la mayoría de los delitos, quedando 
solamente para conocer del homicidio, aborto, incesto y algunos 
otros. 

Expresamente se suprimió la intervención del Jurado para los 
siguientes: piratería; peculado; concusión; cohecho, prevarica- 
to; falsificación de sellos, papel sellado, estampillas y otros efec- 
tos oficiales; falsedad en documentos; incendio; inundación y 
otros delitos que envuelven un peligro común: hurto: robo; ex- 
torsión; chantaje; estafa y abuso de confianza. 

A lo anterior hay que agregar que el resto de ilícitos de com- 
petencia de los Jueces de Circuito, por ejemplo, los delitos con- 
tra "la libertad y el honor sexuales", que tanto proliferaron en 
la violencia, así como los del conocimiento de los jueces muni- 
cipales, tampoco tiene que ver nada con el Jurado. 

Otros, como los contenidos en los Títulos I y II del Libro 2° 
del Código Penal, o sea los referentes a "Delitos contra la exis- 
tencia y la seguridad del Estado" y "Delitos contra el régimen 
constitucional y la seguridad interior del Estado", de la mayor 
importancia para el estudio de la violencia, más adelante se ve- 
rá cómo escaparon totalmente del control de la justicia ordinaria, 
a la vez que el Jurado de conciencia se reemplazó por el Jurado 
de Oficiales de las Fuerzas Armadas. 



320 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



El papel del Ministerio Público en la audiencia fue perdiendo 
importancia; las más de las veces todo se redujo a un insulso, 
inútil y vergonzoso pugilato verbal, de bajísima calidad inte- 
lectual, destinado a impresionar a los jurados, apelándose a toda 
suerte de artimañas del peor gusto pero efectistas ante posibles 
resultados, así aparecieran éstos alejados de toda base jurídica 
y, aún, llegándose a apelar a la mixtificación de la prueba en 
forma desvergonzada. El descrédito del acto cundió hasta llegarse 
al estado actual de franca decadencia donde se impone el más 
"habilidoso" y se desecha la argumentación serena, reposada y 
técnica. Cuántas veces se tomó la audiencia como simple pretex- 
to para dirimir rivalidades personales, buscar ascensos en la 
"verborrea" política, simular conocimientos que se ignoraban. 
¡Triste destino y opaco final el de las audiencias públicas con 
intervención del Jurado de Conciencia! 

No faltó tampoco el caso de que en ciudades varias, durante 
casi dos años, se dejaron de realizar las audiencias, ante la pre- 
sión de grupos violentos interesados en entrabar la acción de la 
justicia, deviniendo al "maniatamiento" de los funcionarios ju- 
diciales y de los abogados, quienes — por lo demás — se mostra- 
ron celosamente prudentes en la salvaguardia de su seguridad 
personal. 

La neutralización de la tarea fiscal fue una de las causas más 
relievantes para que, perdida la fe en la justicia, se regresara al 
concepto de la venganza privada, de la Ley del Talión ("Toda 
palabra de odio se pague con palabra de odio"; "Que la sangre 
reclame sangre"). Amargo concluir, al preguntarse: ¿Los débi- 
les cómo podían siquiera aspirar a esta forma regresiva de jus- 
ticia? El tiempo se encargó de demostrar su efecto desconsola- 
dor. La ley primitiva más tarde se aplicaría, cuando avanzaron 
biológicamente los pequeñuelos, testigos impotentes de la violen- 
cia sin límites contra sus progenitores. Las afección de cuanto 
les había acontecido despertó al término de la adolescencia, en 
rudo pero explicable resurgir de pretéritas ofensas, ante las cua- 
les los funcionarios de la justicia habían callado "como peces". 
Fue la hora segunda de la dura verdad: "Ojo por ojo, diente por 
diente". 

Cuando los procesos llegaban a las instancias superiores, o sea 
las Salas Penales de los Tribunales, muy poco restaba por hacer 
a los representantes del Ministerio Público, pues su tarea entraba 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



321 



en un campo de raciocinar jurídico, pero sin tener medios co- 
rrectivos para neutralizar las deleznables bases, motivadas en las 
deficientes investigaciones. 

Ante la Corte Suprema de Justicia, solo para los recursos de 
Casación y de Revisión — por excepción, algunos procesos de 
trascendencia, muy escasos por lo demás — la intervención de la 
Procuraduría General de la Nación que, también, se encontraba 
entrabada en cuanto correspondía a la justicia penal militar, así 
como a las amnistías, puesto que hasta hace poco existía un pa- 
ralelismo incomprensible en la cabeza del Ministerio Público, con 
la existencia del denominado Procurador General para las Fuer- 
zas Armadas, hoy Procurador Delegado para las Fuerzas Mili- 
tares y para la Policía Nacional, con curiosa manera de obrar 
la "delegación" pues es elegido por el Presidente de la Repúbli- 
ca y el Ministro de Guerra, entre el cuerpo de Generales o de 
Oficiales de Insignia, en servicio activo. 

Adelante se presentará, en todo su significado, esta clase de 
nuevas formas de jurisdicción o de Ministerio Público, cuando 
se trate de las mismas, a efectos de destacar sus negativos resul- 
tados en la lucha contra la violencia. 

El proletariado de los Juristas 

Si se examina el mapa universitario no deja de sorprender 
la profusión de Escuelas de Derecho en comparación con las 
escasas unidades docentes encargadas de formar personal para 
atender el aspecto técnico que el cambio económico hace inapla- 
zable. Año tras año, egresa de los claustros destinados a la 
enseñanza de la ciencia jurídica un número de profesionales que 
desborda con largueza los graduados de otras profesiones. ¿Hasta 
dónde este fenómeno está de acuerdo con las inmediatas y reales 
necesidades del país? ¿Hay un difícil extremo en la formación 
de expertos técnicos y solo la Universidad atiende lo necesario en 
las denominadas profesiones liberales (Medicina, Ingeniería Civil 
y Derecho) ? O, por el contrario, ¿se está presentando un supe- 
rávit peligroso de abogados, sobretodo, menospreciando así la 
juventud otra clase de posibilidades para actuar en el escenario 
nacional sin estar sometidos a una increíble competencia? 

Desde la escuela primaria habría que iniciar la disección del 
problema. El tradicional predominio de la retórica, herencia de 



l — LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



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EDUARDO UMAÑA LUNA 



nuestras instituciones educacionales de la Colonia, sigue en plena 
vigencia. Divagar en perjuicio de la investigación. Influencia ne- 
fasta del llamado "intelectualismo", cómoda manera de eludir 
responsabilidades en la vida social. El bachillerato va profundi- 
zando el surco. Es desconsolador cómo en los institutos dedicados 
a esta etapa de la formación intelectual es común el "Centro li- 
terario" e insólito el "Centro científico". Un menosprecio por 
los avances de la ciencia nos mantiene a varios siglos de la rea- 
lidad del mundo, cegando así rutas de acceso a la juventud para 
mejores resultados y, lo que es más grave, impeliendo a la línea 
de menor resistencia mental. 

Recasens expresa con autoridad: "La ciencia constituye un po- 
deroso factor de cambio en la existencia humana y, por lo tanto, 
en la vida social. La ciencia introduce descubrimientos, inven- 
ciones, nuevas ideas, todo lo cual modifica la vida y transforma 
muchos de los aspectos sociales de ésta. Los hombres de ciencia, 
como observa atinadamente Sims, desean emplear, aplicar sus 
descubrimientos, y son esencialmente revolucionarios: quieren 
utilizar sus verdades para iluminar al mundo y aplicarle el re- 
sultado de sus investigaciones" 11 . 

Si se preguntara, en la hora actual, a muchos estudiantes de 
Derecho la razón íntima para haber escogido tal tipo de activi- 
dad universitaria, sorprendentes serían muchas de las respues- 
tas. ¿Hasta dónde los catedráticos de las Facultades podrían res- 
ponder sobre la causalidad de su actividad docente? Ejemplar 
es el raciocinio que, sobre el particular, traen Aftalión, García 
Olano y Vilanova, sobre el particular: 

"Si a un espíritu investigador, o simplemente curioso, se le 
ocurriera apostarse una mañana a la entrada de una Facultad de 
Derecho y preguntar a sus concurrentes habituales acerca del 
propósito que los guía, las contestaciones oscilarían, seguramen- 
te, entre dos polos. Si la encuesta es dirigida al elemento juvenil 
de pocos años y muchos bríos, la respuesta será ineludiblemente: 
"Señor, venimos a estudiar Derecho, a estudiar la Ciencia del 
Derecho". Si, en cambio, nuestro preguntón se atreve a detener 
a unas pocas personas de más edad y menos energías que entran 
con grave continente y aspecto importante, es probable que le 

11 Luis Recasens Siches, Tratado General de Sociología (México, 
1960), p. 575. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



323 



dirán, sentenciosamente: "Señor, venimos a enseñar la Ciencia 
del Derecho". 

"Continuando en el terreno de las hipótesis, supongamos aho- 
ra que nuestro curioso — curioso e impertinente — no satisfecho 
con su encuesta prosiguiera: "Muy bien. Pero. . . ¿es, efectiva- 
mente, una ciencia eso que ustedes estudian o enseñan?" Esta 
vez es seguro que las respuestas develarán una patente anarquía, 
o, por lo menos, una gran inseguridad. Si el preguntado es algu- 
no de los precoces utilitarios que abundan en todo tiempo, dirá: 
"No me interesa. Lo que aquí se estudia es algo que sirve para 
obtener una cartulina, que a su vez habilita para ejercer una 
profesión liberal". Si nuestro interlocutor es un profesor, y no se 
considera muy ofendido por la insistencia, probablemente con- 
testará, en tono que no admite nuevos debates: "Señor, ya Ul- 
piano atribuyó carácter científico a la jurisprudencia, definién- 
dola en el Digesto como la ciencia de lo justo y de lo injusto. 
Por mi parte, tengo una biblioteca de tantos volúmenes. Perte- 
nezco a la Academia. He efectuado muchas publicaciones califi- 
cadas de científicas. Ergo. . . no hay duda que el derecho es una 
Ciencia". Es posible también — ¿por qué no? — que la pregunta 
recaiga en un espíritu a la vez probo y llano, que diga: "A la 
verdad, hace años que concurro a este templo del Derecho, y no 
se me había ocurrido la cuestión. Siempre he dado por supuesto 
que el Derecho es una ciencia, pero ahora reconozco que no ten- 
go suficientes elementos de juicio como para fundar esa tesis. 
Pueda ser que los filósofos sepan contestarle, pero yo, que ense- 
ño códigos y leyes, jamás he necesitado tomar contacto con la 
filosofía" 12. 

¿Cabría complementar el anterior ejemplo frente a la realidad 
nuestra, profundizando si en realidad la enseñanza jurídica co- 
rresponde a una indagación científica o, por el contrario, toda- 
vía permanece en un estadio embrionario, ausente de las reali- 
dades sociales y huérfana de principios universales? ¿Hasta 
dónde el dicho de que "Colombia es un país de leyes" es cierto, 
para desconsuelo de nuestros estudiantes? ¿Simples leyes? ¿Eso 
es todo? 

¿Y qué leyes para estudiar frente a los más álgidos problemas 
nacionales, como el de la violencia? 

12 Aftalión, García y Vilabona, op. cit. pp, 43 y 44. 



324 



EDUARDO ÜMAÑA LUNA 



No hace mucho el "Fondo Universitario Nacional" organizó 
un curso denominado "La Nación ante la Universidad", esco- 
giendo una nómina llamativa de disertadores, sin que se diera 
cabida en la misma sino a abogados y uno que otro economis- 
ta, índice éste bastante significativo, máxime cuando al repasar 
algunos de los textos magistrales, no deja de advertirse que se 
llegó a presentar el "Pasado y presente de la cultura colombia- 
na", por aspectos meramente literarios. Como si el buen expre- 
sarse no fuera apenas una herramienta voliosísima hacia el en- 
cuentro de profundas vivencias, resultados y desarrollos a esca- 
la nacional. "País de poetas" se dice por algunos. "País de abo- 
gados", por otros. De todas maneras, poetas y abogados, sin re- 
novación, siguiendo una ley de inercia, ausente de una verdade- 
ra formación humanística. 

Existe en el país un desequilibrio científico, por el excesivo 
influjo de la ciencia jurídica en perjuicio de otras actividades, 
por lo menos, igualmente valiosas para el desarrollo social. De 
un lado, se evita la práctica social; de otro se cae en un falso 
"empirismo". En las facultades de Derecho, de propósito o sin 
él, se ha buscado desligar el lenguaje y sus estructuras formales 
de la función social del mismo. La estrechez filosófica, la fraseo- 
logía intocable, la estéril abstracción, para crear un "pseudo- 
tecnicismo" eminentemente positivista, ausente del proceso his- 
tórico de la nacionalidad y simple instrumento para el imperio 
del más grosero utilitarismo. 

Es necesario reaccionar contra el simplista conocimiento de 
artículos, incisos y parágrafos de textos legales, muchas veces 
superados y, en ocasiones, no vigentes, como sucede con muchas 
de las disposiciones penales colombianas que se siguen presen- 
tando como entidades perennes en tanto que las normas para 
dilucidar no se mencionan siquiera, sin querer descender a la 
realidad sacrificada del país. El resultado es inevitable: ¿Qué 
diferencia se va a establecer entre el "empirista" sin formación 
universitaria y el universitario sin experiencia social? 

El desconocimiento de las condiciones reales de la nacionalidad 
no es debidamente combatido en los claustros universitarios, y, 
por el contrario, a veces, se apela a supuestos cietíficos foráneos 
que contribuyen, con su fraude, a situar al alumnado en un mun- 
do extraño de entelequias, sofismas y falsas apreciaciones. ¡Pen- 
sar que esos tales "maestros" se convierten en oráculos de una 
juventud ansiosa de orientación, pero que es llevada ladinamen- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



325 



te al olvido de su propia realidad, de su propia problemática, 
de su propia nacionalidad! 

¡Con qué angustia se percibe la desorientación de los núcleos 
universitarios de Derecho! Unos, indagan por su cuenta y ries- 
go, sin dirección académica apropiada. Otros, prisioneros de la 
retórica, buscando escape a sus aspiraciones en el dañino deam- 
bular por los comités de la politiquería, para servir de escabeles 
a "profesores" más avispados. Ignorando la ciencia que debían 
conocer, dilapidan sus energías en nimias tareas que, bien pron- 
to, los llevan al incrustamiento en la burocracia manejada por 
el amo de turno. No serán propiamente los futuros investigadores 
científicos, sino apenas los electoreros del mañana. 

Cientos y cientos de profesionales desconcertados a la salida 
de la Universidad, provistos de un flamante diploma, obligados 
a entrar a ofrecer sus mercancías en un mercado que no conoce 
la nobleza, ni la hidalguía, ni la equidad. En el deambular sin 
tregua para asegurar la "congrua subsistencia", el indagamiento 
científico, lejano, borroso, esfumado. El paso a otros tipos de 
actividades para las cuales no se cuenta con la debida preparación. 

Hace algunos años, cerrando un ciclo de experiencia universi- 
taria, en una obrilla perdida, refiriéndose a este tópico, comen- 
taba el autor de este capítulo: 

"Las inevitables incidencias de los problemas político-econó- 
micos universales han venido a acrecentar el clima de desasosie- 
go nacional, al paso que la caverna sanguinaria va trazando sus 
caminos de sangre sobre el cuerpo martirizado de la patria. 

"La igualdad, la libertad y la "función social de la propie- 
dad", producto mixto de la Revolución Francesa y de las for- 
mas modernas, se hallan consignadas en nuestras formas de de- 
recho, sin ninguna aplicación exacta o aproximada, mientras a 
la vera del camino el pueblo espera postulados esenciales, tangi- 
bles y reales. 

"Latifundistas de mentalidad medioeval, terratenientes con su- 
premacía política, pichones de capitalistas y esas mesnadas de 
especuladores de productos, influencias o de valores, que transi- 
tan día a día por todas y cada una de las líneas del Código Pe- 
nal, tales las "fuerzas" que se enfrentan imperativas al agricul- 
tor, al ganadero, al profesional pundonoroso, al obrero, al ama 
de hogar, al proletario que escucha a Bach o habla de Picasso. 



326 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



"Y para el secular manejo de la "cosa pública" sujeto el co- 
lombiano a esa institución de los primeros tiempos de Roma, la 
manu injectio, por la cual "el acreedor puede tomar por su 
cuenta la persona misma del deudor", sujeto — repito — a ese 
grupo social que tan exacta y rigurosamente cita Eugenio D'Ors, 
en alguna de las páginas de su delicioso Novísimo Glosario, al 
decir: "El mal de las modernas democracias no es tanto que en 
ellas no esté representado el espíritu de los marqueses, como 
que no lo esté el de los herreros, de los médicos, de los curtido- 
res, de los artistas, de los maestros de escuela, de los maestros 
sastres y de los maestros plateros. Bandas amorfas de hombres 
de profesión improvisada, indeterminada, múltiple o no muy co- 
nocida, deciden de la elección de otros hombres, también a me- 
nudo de oficio poco claro, si es que no sea equívoco o inconfe- 
sable; y delegan en ellos una voluntad imprecisa. De esos tales 
sale mañana un Ministro de Fomento el cual, cuando no es Mi- 
nistro de Fomento, es un cuarto abogado; un cuarto agitador; 
un cuarto financiero; un cuarto periodista. Y éste, con otros de 
su mismo tipo social, es el que resuelve los problemas que afec- 
tan a los plateros, a los sastres, a los maestros de escuela, a los 
artistas, a los curtidores, a los médicos, a los herreros, a los al- 
fareros y a los encuadernadores. Luego, hay los "genios" que 
no quieren ser más que genios; y los apóstoles, sin otra manera 
de vivir conocida que el apostolado. Luego, hay las cortesanas y 
las cupletistas, y los cómicos sin estudio, y los escritores sin hu- 
manidades, y los "amateurs", y otros hombres y mujeres igual- 
mente inmortales, porque no han sido aprendices, y en nada lle- 
garán a ser maestros. . ." 13 . 

Las Universidades del país, en cuanto se refiere a la Ciencia 
Jurídica, están obligadas a afrontar su responsabilidad ante la 
crisis de la violencia, sobre todo si se recalca en su función pri- 
mordial: ser el vínculo entre la investigación científica y la rea- 
lidad social. Debe diversificarse la enseñanza en una sana reac- 
ción contra el "doctorazgo", sin ninguna utilidad práctica, ni 
para el estudiante, ni para la familia, ni para la sociedad. ¡Un 
país de "doctores" que fue incapaz de afrontar el problema de 
la violencia, que fue (¿es?) la más negativa y alarmante de las 
manifestaciones de la crisis que atraviesa Colombia! 

13 Umaña Luna, op. cit., pp. 221 y 222. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



327 



¿Es moral, es justo, que un alto porcentaje de la juventud que 
obtiene acceso al privilegio de la enseñanza universitaria, no sea 
debida y oportunamente prevenida para que el gran daño no 
continúe creando tal "peso muerto" en la vida nacional? 

¿Cómo explicar que el tal país de "doctores" no pudiera pre- 
venir y solucionar la problemática jurídica de la violencia y — el 
desconcierto se hace mayor — combatir el crimen y evitar la 
impunidad? ¿Qué se hicieron los "juristas" gobernantes; dónde 
estaban; cómo actuaron; qué medidas propusieron; cómo utili- 
zaron su empenachado título de "Doctores en Derecho y Ciencias 
Políticas y Sociales"? 

¿Por qué la quiebra del elemento humano? ¿Acaso no sería 
conveniente ensayar un estudio del hecho, auscultando el cuerpo 
universitario? Pululan las escuelas de juristas. El ofrecimiento 
increíble de profesionales en este campo, demerita las posibili- 
dades de los aspirantes al diploma. Muchos, para poco. En cam- 
bio, ¡tan pocos para tanto por realizar en otras zonas científicas! 

La formación profesional en las Escuelas de Derecho llegó a 
extremos tales de irresponsabilidad que se hizo muy fácil el paso 
por las aulas y el correspondiente otorgamiento del certificado 
de idoneidad. La enseñanza no correspondía a cánones científi- 
cos, entre otras cuestiones, porque gran parte del profesorado 
se improvisaba teniéndose muy en cuenta la posición burocráti- 
ca del catedrático. Este ejemplo dio puerta franca al "arribis- 
mo", no solo en la cátedra, sino en el asalto a la fortaleza del 
Estado, entendiéndose a este como la más poderosa Empresa que 
podía ofrecer fácil subsistir y rápido ascenso. Según el círculo 
en que se encontraba el estudiante, podía obtener el bien más 
apetecible: éxodo de la patria al brillo de los alamares diplomá- 
ticos. 

Dostoyevski, acerbamente, decía cómo las conciencias de los 
abogados de la Rusia zarista, se identificaban con los coches de 
alquiler: según la distancia y según el pasajero. ¿Hasta dónde 
el amargo análisis del atormentado escritor podría ser valedero 
en nuestra sociedad? En la época de la violencia se practicó — en 
ocasiones las menos, podría aceptarse — la "doble moral". De un 
lado, se medraba en los directorios políticos hasta lograr la ca- 
tegoría de "héroes de la libertad" dizque defendiendo los dere- 
chos conculcados de los humildes, mientras los tales apóstoles 
exaccionaban a esas mismas gentes del agro exigiéndoles el pago 



328 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



de sus servicios profesionales en moneda sana y de la mejor. Pro- 
cesos hubo en que el imputado ante la justicia afrontaba un dan- 
tesco dilema: sacrificaba todos sus bienes o se quedaba en la 
cárcel. En algunas ocasiones, su total ruina económica solo obtu- 
vo el resultado de que su apoderado — una vez esquilmado el 
''cliente" — no volviera a visitar a su víctima postrada en amar- 
go cautiverio. ¡Una quiebra de la ética profesional que se exten- 
dió peligrosamente! 

El deseo de ascender en la escala social provocó, también, el 
desconcierto y la pérdida de valores fundamentales; muchos de 
los abogados extraídos de la baja clase media buscaron un rá- 
pido cambio para superar su humilde origen, así fuera necesario 
dilapidar sus principios jurídicos, morales e intelectuales. 

Si el problema no se originara desde la misma formación uni- 
versitaria, ¿cómo encontrar el principio de la "despersonaliza- 
ción"? 

Un cambio de estructuras y la adopción de verdaderas formas 
democráticas de organización de la abogacía, implicarían la in- 
dependencia auténtica de los profesionales del Derecho, para 
cumplir sus funciones sin más sometimiento que a su propia con- 
ciencia y en la firmeza de los principios científicos, en armonía 
los intereses individuales y sociales y buscando la verdad donde 
sea necesario, labor para iniciar desde la Universidad. 

De lo contrario se consagrará esa clase de ejercicio profesio- 
nal, en el campo penal, que aconseja al procesalista Vladimirov 
a los defensores: 

"Hay que recordar de continuo que la liza judicial no es una 
discusión académica y en ella es conveniente mostrarse subjeti- 
vo y parcial. . . Sed siempre, de modo inflexible, injustos con 
el adversario . . . Haced pedazos el discurso de vuestro adversa- 
rio y lanzadlo al viento por completo, sin dejar rastro... Hay 
que burlarse de los razonamientos del Fiscal. ¡Reíos de ellos! 
¡Sed implacables! Aferráos a sus palabras, a sus errores de plu- 
ma, a sus lapsus linguae. . . Pues no se trata de una discusión aca- 
démica, sino de una riña de palabras y argumentos, de una pelea 
ruda como la propia vida social de las gentes" 14 . 

14 E. Zaitsev y A. Poltorak, La Abogacía Soviética (Moscú, 1959), 
p. 135. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



329 



El conformismo burocrático 

La pugna entre las Ramas Legislativa y Ejecutiva del Poder 
Público colombiano se hizo radical cuando la primera fue des- 
plazada por la segunda, mediante la clausura del Parlamento, 
abrogándose la Ejecutiva, con base en el artículo 121 de la Cons- 
titución Nacional, la facultad de legislar para la situación de 
emergencia. Por su parte, la Rama Judicial principió a ser in- 
terferida por la "Ejecutiva-Legislativa", mediante la expedición 
de gran cantidad de Decretos Leyes y Decretos Extraordinarios, 
muchos de los cuales desvertebraron el cuerpo armónico del sis- 
tema a cargo de la autoridad judicial. 

Largo y estéril debate ha provocado la tesis del establecimien- 
to de la "Carrera judicial" en el país, mediante una técnica jerar- 
quización, tímidamente planteada por el constituyente de 1945 
pero, inmediatamente, rectificada en 1947. El artículo 162 de la 
Constitución Nacional dice que: "La ley establecerá la carrera 
judicial y reglamentará los sistemas de concurso para la selec- 
ción de los candidatos que hayan de desempeñar los cargos ju- 
diciales y los del Ministerio Público, las jubilaciones o pensiones 
que decrete el Estado para quienes hayan cumplido un determi- 
nado tiempo de servicio o se retiren forzosamente. También de- 
berá retirarse obligatoriamente con derecho a las prestaciones 
sociales que determine la ley el funcionario cuyo trabajo sufra 
notoria disminución por razones de salud o que haya cumplido 
la edad máxima señalada en la ley para cada cargo". 

En realidad la "Carrera Judicial" no existe en Colombia. En 
el Plebiscito del primero de diciembre de 1957, mediante el ar- 
tículo 12 se dispuso: 

"La Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado serán 
paritarios. 

"Los magistrados de la Corte Suprema y los Consejeros del 
Estado permanecerán en sus cargos mientras observen buena 
conducta y no hayan llegado a edad de retiro forzoso. 

"Las vacantes serán llenadas por la respectiva corporación. 

"La ley reglamentará la presente disposición y organizará la 
carrera judicial". 

Las dos corporaciones supremas de la Rama Judicial entraron 
a ser favorecidas con un régimen de excepción, sin que todavía 



330 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



se haya definido la posición legal respectiva ya que la actividad 
política ha venido interfiriendo la posibilidad respectiva. Por lo 
mismo, como desde hace largo tiempo, sigue discutiéndose sobre 
la "Carrera judicial" pero sin concreción alguna y ubicados los 
funcionarios de la Rama Judicial dentro del régimen de presta- 
ciones sociales para los demás empleos públicos del orden nacio- 
nal, a los cincuenta años de edad mediante el previo servicio de, 
por lo menos, veinte años en las labores de la burocracia oficial. 

Este factor es muy importante para considerar: no existiendo 
carrera judicial pero sí el señuelo de jubilación, ¿qué sucede al 
periódico renovar de los cuadros judiciales? Es la época que, 
también en' el mundo judicial se llama de las elecciones. Es el 
afán por mantenerse dentro de la respectiva jerarquía y, en 
cuanto sea posible, ascender a la superior, por cuanto lo inicial 
implica la estabilidad en el salario y lo segundo una mejor remu- 
neración. 

Cuántas veces muchos de los funcionarios judiciales, en des- 
medro de sus tareas específicas, distraen gran parte de su tiem- 
po en las campañas de reelección, que provocan la paralización 
de los despachos judiciales, por dos y tres meses, a cambio de 
un acrecentamiento muy vistoso de ágapes, más o menos refi- 
nados, según la categoría del aspirante y las modalidades del 
posible elector. El espectáculo adquiere contornos de verdadera 
picaresca; en muchas ocasiones, el funcionario incapaz de par- 
ticipar en tan repulsiva feria se ve desplazado por quienes sacri- 
fican el más elemental decoro a la obtención del cargo, el cual 
es estimado simplemente como una canonjía y no en el profundo 
significado de servicio a la justicia y a la sociedad. 

Cuando la crisis pública provocó el cierre de las corporaciones 
públicas, cuántos incondicionales de la "politiquería" se refugia- 
ron en los cargos judiciales, en espera de que variara la situación 
para aprovechar cualquier coyuntura y en un despliegue de 
"dignidad" abandonar ostentosamente la judicatura a efectos de 
reanudar la actividad interrumpida antes contra su voluntad. 

Por otra parte, el funcionario que se ha incrustado dentro de 
la burocracia judicial, sin energías, ni oportunidades, para esca- 
parse de ella buscando llenar los requisitos de tiempo de servicio 
para alcanzar la "panacea" de la jubilación, que venga a com- 
pensar los sinsabores de toda una vida de privaciones, de renun- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



331 



ciamientos, de sumisiones. Es la ilusión de un postrer estado de 
tranquilidad económica para reiniciar la existencia cuando ya el 
ciclo biológico está por clausurarse y las energías físicas y menta- 
les en plena decadencia impiden desandar lo duramente recorrido, 
sin ninguna perspectiva de servicio a la Nación, aumentando las 
fuertes cargas al contribuyente. 

Si la "carrera judicial" se hubiese organizado — dentro de la 
técnica que tal medida requiere — los funcionarios respectivos, 
aligerados del continuo problema de la "reelección", podrían 
desarrollar una labor más ponderosa, sin estar presionados por 
tan heterogéneos intereses, transformándose la Rama Judicial de 
la entidad subalterna que es frente a las otras dos del Poder 
Público, en la rectora del orden social. 

La improvisación, la intriga, el burocratismo, de hecho neutra- 
lizados con la verdadera consagración de la autonomía de justicia. 
Este asunto se hace más grave en otras ramas auxiliares de la 
administración de justicia, como es el caso de los Jueces de Ins- 
trucción Criminal, como los Jueces de Policía y, aun en algunas 
de las jurisdicciones especiales, como en la castrense, ya que sus 
funcionarios son elegidos por el Gobierno Nacional, la mayoría 
de "libre nombramiento y remoción". A cada cambio de Ministro, 
nuevos Jueces de Instrucción: es la realidad. 

Como los empleados subalternos de los despachos judiciales 
están en condiciones aún más angustiosas, la situación es la 
misma, extendiéndose la "subasta" a todos los empleos, desde los 
más altos hasta las "porterías". Tales servidores de la justicia, en 
su mayoría expertos en los quehaceres judiciales, en algunas oca- 
siones, convertidos en los reales jueces, especialmente, cuando un 
hábil sustanciador trabaja con un jefe inepto o, simplemente, 
perezoso. Para ellos, tampoco existe "carrera judicial". 

Estos aspectos también influyeron poderosamente en la inac- 
ción de muchos jueces para su contribución al tratamiento de la 
delincuencia. Si bien es cierto que, en algunas regiones, el Juez, 
ante el imperio de las circunstancias, se vio obligado a declarar 
su imposibilidad para administrar justicia, entre otras cuestiones, 
por carencia de respaldo de las autoridades políticas, ha de pre- 
guntarse: En tales condiciones plenamente negativas, ¿por qué se 
quedaron? Volveríase a tener que tratar los temas de la "jubila- 
ción" y de la "reelección" para tratar de precisar la respuesta. 



332 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



Si el asunto se extiende a los simples Inspectores de Policía, 
suprema representación de la autoridad en las veredas colombia- 
nas, ¿cómo encontrar una justicia efectiva en las zonas más 
azotadas por la violencia, o sea en los núcleos primarios del agro? 
¿Cuántas veces los mismos encargados de provocar pánico, fueron 
revestidos de tal carácter para una más rápida ejecución de las 
consignas impartidas? 

Todo lo anterior sin considerar el fracaso de la llamada 
judicatura municipal, donde la tarea judicial se encargó a ver- 
daderos turistas, es decir, estudiantes recién egresados de las 
Facultades que solo dedicaban un día, el de "mercado", para 
atender sus deberes, mientras el secretario del despacho se con- 
vertía en el efectivo juez por el resto de la semana. Se tomó la 
tal judicatura municipal como un fácil medio para que el Estado 
financiara los gastos de los "exámenes preparatorios" y de las 
"tesis de grado". Se interpretó la medida como generoso subsidio 
que la Nación suministraba a los "futuros doctores", como un 
anticipo sin compromiso de la lejana jubilación. 

¿Qué quedó, — en general — de la "judicatura municipal", sino 
un nuevo desencanto, un nuevo desengaño, una nueva frustración? 
La importancia de la puja y repuja por los Juzgados cercanos a 
las cabeceras del respectivo Distrito Judicial, se puede fácilmente 
apreciar cuando se examinen las nóminas de quienes obtenían el 
beneficio con las listas de muchos de los noveles representantes 
en las corporaciones públicas. Queriéndose combatir a los "em- 
píricos" del Derecho en las cabeceras municipales, el resultado 
fue que los universitarios se contagiaron de la irresponsabilidad 
para eludir el cumplimiento de sus obligaciones como jueces y, 
lo que es peor, iniciar desde los Juzgados Municipales sus campa- 
ñas para holgar en el mundillo político. 

Los intermediarios judiciales 

Acaece con lamentable frecuencia que los "empíricos" sin título 
universitario, desalojados de la burocracia judicial, ante carencia 
de ocupación en otros menesteres, se ven abocados a convertirse 
en elementos de enlace entre los profesionales del Derecho y su 
"clientela" integrada por delincuentes ocasionales, criminales 
habituales y antisociales. La cadena se forma por una multitud 
de eslabones que van desde la guardia de la cárcel hasta la abusiva 
intromisión en los despachos judiciales. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



333 



En todas nuestras ciudades es ya común la actividad de los 
"intermediarios" — "caimanes" en la jerga criminal — , quienes 
rondan por los sitios inmediatamente aledaños a los inmuebles 
destinados al alojamiento de los despachos de jueces, con el 
enfático propósito de caer como cuervos sobre sus víctimas. Es el 
espectáculo del mercado de cohechos, donde si puede que no haya 
vendedor, el "artículo" se ofrece descaradamente ante muy posi- 
bles "compradores". Feria de prevaricatos donde la tarifa oscila 
según la clase de ofrecimiento y de acuerdo a la importancia del 
fin propuesto. 

No quiere significarse con lo anterior que siempre se cristalicen 
los ofrecimientos; apenas, simplemente, se destaca cómo el grupo 
de los "intermediarios" va adquiriendo un mayor poder de control 
sobre los imputados, en el itinerario del establecimiento de de- 
tención a la oficina del juez instructor, con particularidad para 
las diligencias de indagatorias, careos, etc. Si el panorama de 
por sí es deprimente, más lo son todavía sus consecuencias, por 
cuanto las condiciones económicas se hacen tremendamente gra- 
vosas para el sindicado, que no solo ha de atender al pago de los 
honorarios profesionales sino que ve recargado su presupuesto de 
defensa del "ribete" del intermediario, quien la mayoría de las 
veces "despluma" a su ingenuo "protegido", aprovechando la 
angustia de éste en su presentación inicial ante la justicia. 

En materia penal no es exacto aquello de que "El pecado, 
acobarda". Todo lo contrario. El delincuente avezado se hace 
experto en trucos y coartadas que plantea seguro de la incapaci- 
dad investigativa, mientras que el delincuente ocasional que, por 
primera vez, está enfrentado al dantesco rigor de nuestros esta- 
blecimientos carcelarios, en su desesperación cae fácilmente en 
las garras de estos estafadores que desarrollan su "oficio" ron- 
dando por los estrados judiciales. 

Es el escenario del tráfico, más aparente que real, de "influen- 
cias", "cercanías" y "amistades" supuestas con funcionarios 
judiciales, dentro de ventorrillos de ínfima calidad, donde al calor 
suministrado por los aguardientes, se pone en subasta la honra de 
los funcionarios y se desarrolla el más asqueante de los delitos, 
tomándose como pretexto el mismo que parte del orden judicial 
permite, ya que la incuria y la ineptitud preparan el terreno a las 
conjeturas de la dádiva para la pronta resolución o para la revo- 
catoria de los autos de detención. 



334 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



En ocasiones es tal la influencia nefasta de estos "intermedia- 
rios" que desplazan al abogado honesto, quien repentinamente se 
encuentra supeditado por algunos profesionales que. con proceder 
tan desleal, no vacilan en asumir los poderes que se les ofrecen, 
siempre y cuando den la "comisión" respectiva al nuevo tipo de 
"agente oficioso". Tras de un intenso trabajar, con frecuencia el 
abogado se desencanta al ser reemplazado por un colega que 
emplea tales artimañas, propias de tahúres que no de expertos en 
leyes. Tan grave se ha hecho el problema que muchos profesiona- 
les de la mejor solvencia científica y de alta moralidad, abandonan 
el ejercicio en lo penal para dedicarse a otras especializaciones, 
huyendo del absurdo panorama y buscando horizontes menos 
procaces. 

Durante la violencia tales "intermediarios" ganaron un amplio 
radio de acción y se convirtieron en elemento primordial dentro 
de los grupos afectados. Los Departamentos de Vigilancia Judicial 
del Ministerio de Justicia y de la Procuraduría General de la 
Nación, prestarían gran favor si realizaran la investigación de 
fondo y comprobaran cómo el ejercicio honorable de la profesión 
se ha visto derrotado por este obrar dañino. Sujetos éstos para 
quienes el delito es la mejor fuente de ingresos. Vigilantes perma- 
nentes de las cárceles, de los cuarteles de policía secreta, de los 
despachos judiciales, impúdicos y desvergonzados, dispuestos a 
negociar conciencias no importa a quién haya que desmoralizar, 
ni menos los resultados que ello traiga; es tal su éxito que se han 
convertido en personajes de la mayor importancia. 

Es la consagración de la extorsión, el triunfo del chantaje, la 
victoria de la impudicia. A tales extremos ha llegado su cinismo 
que, en alta voz, pregonan sus "hazañas", muchas veces en presen- 
cia de funcionarios que, por cobardes, se hacen cómplices con su 
silencio. 

En algunas de las regiones azotadas por la violencia el caso de 
los "intermediarios" creó tan graves situaciones que conllevó el 
retiro de los funcionarios, impotentes para superar la presión 
inaudita y tenaz; al abandono de sus cargos, se vieron reempla- 
zados por muchos de los tales "intermediarios". Así se explica 
cómo muchas veces el delincuente sorprendido in fraganti, resul- 
taba a las pocas horas de su aprehensión, gozando de absoluta 
libertad. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



335 



No sería el momento de analizar casos de excepción, que deben 
estar en conocimiento de la justicia, de aquel espécimen de fun- 
cionario, acertadamente desenmascarado en el soneto "A un juez 
mercaduría" de don Francisco de Quevedo y Villegas: 

"Las leyes con que juzgas, ¡oh Batino!, 
"menos bien las estudias que las vendes; 
"lo que te compran solamente entiendes; 
"más que Jasón te agrada el Vellocino. 

"El humano derecho y el divino, 
"cuando los interpretas, los ofendes, 
"y, al compás que la encoges o la extiendes, 
"tu mano para el fallo se previno. 

"No sabes escuchar ruegos baratos, 
"y solo quien te da te quita dudas, 
"no te gobiernan textos, sino tratos. 

"Pues que de intento y de interés no mudas, 

"o lávate las manos con Pilatos, 

"o con la bolsa ahórcate con Judas" 15 . 

En cambio, cuando no era posible pagar jugosamente al "in- 
termediario", cuántas gentes tuvieron que sufrir los rigores de 
una lenta y perezosa justicia que, disimulando su abulia mediante 
el argumento del cumplimiento de muchas fórmulas, alcahueteaba 
funcionarios ignorantes, para quienes el ejercicio del cargo no 
representaba otra cuestión que un fácil modo de vida, así se 
edificara sobre la impotente desesperanza de sus prójimos. 

¡Cuántos recursos para dilatar los procedimientos; qué afluen- 
cia millonaria de nulidades por fútiles motivos; qué rigor apa- 
rente para despistar a la opinión! Meses, años, para decidir sobre 
cuestiones de simplicidad tal que no exigían presencia alguna en 
derecho, sino un sencillo empleo del sentido común. 

15 Francisco de Quevedo y Villegas. Obras Completas (Madrid, 1952), 
Vol. II, p. 475. 



336 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



Sin embargo, muchos de esos funcionarios pecaminosos, van de 
posición en posición, de ascenso en ascenso, de elogio en elogio, 
amparados por los "compadrazgos", las "palancas", los "padri- 
nazgos". 

Claro está que en tal estado de cosas, el 'intermediario" puede 
impúdicamente desarrollar su "arte". Sin peligro, pleno de segu- 
ridad, conociendo las debilidades de los funcionarios y enterando 
a sus "clientes" de la ignorancia de algunos juzgadores, en perma- 
nente contubernio con empleados de cárceles. . . Si hasta se pro- 
dujeron los casos en que desde los establecimientos de detención 
se planeaban los delitos y — en algunas oportunidades, bien co- 
nocidas — las propias directivas resultaron envueltas en los mis- 
mos, con tan repugnantes circunstancias que claras muestras daban 
de su extrema peligrosidad social. ¡Pero, eran los carceleros! 

La centralización judicial 

En la actual división judicial del país, se consagra un sistema 
anacrónico que ha demostrado su plena ineficacia, al no guardar 
concordancia alguna con la geografía humana, ni siquiera con la 
física, manteniéndose como rezago de planteamientos superados. 
Para sustentar el principio del cumplimiento de las formas pro- 
cesales, en las diferentes etapas legales, los delitos más graves y 
que mayores impactos ocasionan en las comunidades municipales 
sujetos para su juzgamiento a las enormes distancias entre el 
sitio donde ocurrieron los hechos que dieron lugar a la incoación 
de la respectiva acción penal y el de residencia del juzgador 
pertinente. Con el constante "envío" y "reenvío" del expediente, 
de funcionario del conocimiento a comisionado y de éste, a su 
vez, al comitente, se pierde la oportunidad de efectuar la práctica 
de las probanzas en su debido tiempo, dándose así ocasión para 
que desaparezcan los medios probatorios más importantes. 

Es el estudio posterior de una incompleta y antitécnica investi- 
gación, analizada desde la tranquila frialdad de los grandes cen- 
tros urbanos, sin conocimiento completo de la materia, ni del 
medio, ni de los protagonistas. Así la acción penal se convierte 
en una verdadera farsa que se desarrolla a ciencia y paciencia de 
los asociados. Es la justicia "a control remoto" que deviene 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



337 



— quiérase, o no — en los numerosos "cuadernos" de folios y 
folios de constancias rituales, pero sin contenido verdaderamente 
hábil. 

Es la consagración de la prueba testimonial sin que el juez del 
conocimiento en los delitos más graves haya tenido ocasión — por 
lo general — de interrogar personalmente al deponente. ¿Cómo 
defender lo esencial de esta clase de prueba, o sea la oralidad, 
cuando el testigo es interrogado por un investigador inexperto, o 
como es lo común, por el Secretario del Despacho? Más tarde, 
sobre tan deleznable material, el juez se ve obligado a desentrañar 
el posible significado de la deposición respectiva, sin haber cono- 
cido al testigo, sin el menor contacto para apreciar sus condicio- 
nes, sin ocasión para determinar la posible credibilidad del 
relatante. 

Por lo general se menosprecia la mejor de las pruebas, los 
"testigos mudos", los indicios, sean éstos los "necesarios" o sean 
los "contingentes" en sus dos modalidades clásicas de "probables" 
y "verosímiles", ya se refieran a las circunstancias antecedentes 
a la ocurrencia del delito, ya se trate de aquellos concomitantes a 
la verificación del reato, ya se relacionen con cuestiones subsi- 
guientes al cometimiento del ilícito. 

Si quedan constando en el expediente, el juez al estudiarlos lo 
hará de una manera simplemente objetiva, sin que su lejanía de 
la investigación le permita una apreciación subjetiva, presentán- 
dose así una verdadera mutilación al valorar tan importante clase 
de pruebas. 

Ahora, ¿qué decir de la prueba pericial, donde la mayoría de 
las veces es diligenciada por gentes desprovistas de todo conoci- 
miento sobre la materia sometida a su evaluación? ¡Qué tremendos 
errores se encuentran al examen de la casi totalidad de los tales 
"dictámenes", máxime cuando con inusitada frecuencia se con- 
funde tal prueba con la simple inspección judicial, no faltando 
numerosas oportunidades donde se hace un "galimatías" entre 
estas dos cuestiones que, en lugar de contribuir a dar luz al pro- 
ceso, produce la situación contraria o sea la de embrollar absur- 
damente lo que podía ser simple y claro! 

El desconcierto se hace aún mayor cuando se examina la "ma- 
terialidad", a efectos de tener una noción exacta del "cuerpo del 



LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



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EDUARDO UMAÑA LUNA 



delito". Esta base del proceso, por lo general, es descuidada, hasta 
tal absurdo que, en ocasiones, aun existiendo la plena confesión 
del sindicado debidamente respaldada por el resto de elementos 
sobre la subjetividad, dada la carencia de elementos para demos- 
trar la materialidad, no queda otro remedio que proceder a la 
absolución del delincuente como sucede, por ejemplo, dentro del 
procedimiento del famoso Decreto 14 de 1955, o sobreseerse 
temporalmente al sindicado dentro del procedimiento ordinario, 
a excepción de lo dispuesto en lo pertinente a las cuestiones cas- 
trenses, ya que según el artículo 543 del Código de Justicia Penal 
Militar: "Si no fuere el caso de proferir auto de proceder, se 
dictará auto de sobreseimiento definitivo ..." 

¿Qué comentar de los continuos conflictos entre los jueces 
ordinarios y los de policía, en lo relacionado a la competencia 
frente al mismo Decreto 14 de 1955, ya que se consagró — en va- 
rias de las disposiciones del "Estatuto de los anti-sociales" — el 
absurdo de considerar como especialmente peligroso al sujeto que 
cometa, por primera vez, algunos de los delitos que — pese a 
estar previstos en el Código Penal — el citado Decreto asimiló a 
"estados antisociales"? 

¿Cómo no tocar campanas de alarma hacia la forma como se 
está desarrollando, en Colombia, el régimen legal de los menores, 
o sea la Ley 83 de 1946, "orgánica de la defensa del niño", 
cuando los Juzgados de Menores no están bien dotados, ni existen 
en número suficiente, para atender este fundamental frente de 
combate buscando mejorar las condiciones presentes y, lo que es 
más importante, las futuras del país? 

Hace largos años connotados criminalistas nacionales han venido 
llamando la atención por el no desarrollo, oportuno y serio, de la 
Ley 83 de 1946. Vervigracia, desde 1950, Luis Carlos Pérez, co- 
mentaba este tópico así: 

"Si los preceptos son aceptables en la situación actual del país, 
no constituyen un desiderátum y su aplicación dista mucho de 
ser acertada y completa. No es acertada porque los jueces con- 
tinúan subyugados por el tecnicismo jurídico y dan a las formas 
procesales la aspereza que el nuevo estatuto ha querido proscribir. 
Además, en los concerniente a la indagación de la paternidad, por 
ejemplo, priman en demasía los cánones civilistas, muy a sa- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



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tisfacción de la conciencia profesional que nunca ha tenido 
oportunidades ni disposición de adentrarse en consideraciones de 
psicología infantil, ni menos de dominar sus imperceptibles plan- 
teamientos. 

"Tampoco es completa, porque los organismos creados en la 
ley no funcionan por culpa del pésimo servicio de la administra- 
ción gubernamental. Un Estado, tradicionalmente influido por el 
pensamiento oligárquico de sus dirigentes, no se da prisa para 
que las nuevas modalidades instauradas en el juzgamiento de los 
individuos se apliquen en su integridad. El presupuesto general 
aumenta, las rentas se inflan, pero los egresos toman siempre un 
mismo camino: satisfacer en sus pusilánimes "aspiraciones de 
progreso" a la opinión burocrática, activa o en receso, pero en 
resumidas cuentas, única opinión que mira con interesada simpa- 
tía los instrumentos de dominio político de los cuales ella se 
aprovecha, al par que es aprovechada. El personal requerido para 
implantar prácticamente la reforma se va suministrando lentamen- 
te, de manera que sea imposible avanzar en una labor de conjunto, 
correctiva y preventiva, dentro de los términos fijados por el 
mandamiento legal" 16 . 

Si en 1950 se planteaba tal situación, ¿qué decir en el momento 
actual cuando el factor de la "violencia" tuvo su víctima más 
importante en la infancia colombiana? El drama de niños y ado- 
lescentes desamparados está a la vista de todos los colombianos 
adultos que, en parte no despreciable, contribuyen al incremento 
del mismo con su criminal conducta personal en la disgregación 
de la célula familiar. La desigualdad entre las condiciones de vida 
de los varones y de las mujeres en Colombia sigue ofreciendo sus 
agudas aristas a los encargados de la orientación de la comunidad. 
Entre nosotros las leyes parten del principio de que el marido es 
el "cabeza de familia". Falsa premisa cuando el porcentaje de 
hogares que se sostienen por el esfuerzo de la madre es tan alto, 
sin tocar el punto de los hijos naturales o, lo que es más hiriente, 
de "legítimos" desprovistos de la elemental atención del padre. 

Una nación donde se permite la subsistencia de tal estado de 
cosas, ¿cómo puede suscribir, sin rubor, los pactos sobre Dere- 

16 Luis Carlos Pérez, Criminología (Bogotá, 1950), pp. 265 y 266. 



♦ 



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EDUARDO UMAÑA LUNA 



chos Humanos? Un Estado que se mantiene ciego a estas degra- 
dantes situaciones, ¿cómo puede garantizar la convivencia pacífi- 
ca entre sus integrantes? Por algo expresaba tan diáfanamente 
Charles Malik, expresidente de la Comisión de Derechos Humanos 
de la O.N.U.: "Mientras se infrinja la dignidad humana en cual- 
quier parte del mundo, la paz — la verdadera paz — será solo una 
ilusión" 17 . 

Los organismos encargados de impartir justicia en el país deben 
ser acondicionados al efectivo tratamiento de los problemas donde 
éstos se presenten. Hay que luchar contra el mantenimiento de la 
justicia alejada de los focos de la virulencia delincuencial. Hay 
que provocar la vecindad del Juez a la obtención de la prueba. 
Hay que consagrar la intervención de tribunales de conciencia 
donde los mismos miembros de la comunidad sean los mejores 
auxiliadores de los jueces. Hay que acabar con el "Gran Juego" 
en la justicia, donde los honrados confían a su suerte y los tahúres 
emplean las "cartas marcadas". Honrado o no el juego, pero de 
todas maneras, el "Gran Juego". 

¿Por qué cada día se ubican en jurisdicciones especiales las 
tareas propias de la jurisdicción ordinaria? ¿Por qué esta ju- 
risdicción no reclama el mantenimiento de sus fueros? ¿Qué está 
pasando y qué ha pasado? La descentralización judicial oportuna 
hubiera podido neutralizar, a su debido tiempo, gran parte de los 
factores que consagraron la impunidad. El funcionario atento al 
allegamiento de la prueba, el contacto oportuno con el delincuente 
para el estudio de su personalidad, el conocimiento del medio 
social, podrían haber sido elementos de la mayor valía para per* 
sonificar en el Juez uno de los personajes más respetados del 
grupo humano respectivo. 

Desafortunadamente, esto no ha sido posible ya que el artifi- 
cioso halago de la vida en las "grandes" ciudades sigue produ- 
ciendo la concentración excesiva de abogados en las mismas, 
mientras que la provincia se hace más y más lejana. Surge la 
desvinculación con las comunidades de origen, no pocas veces se 
rompen hasta los nexos familiares, todo, absolutamente todo, para 
que se multiplique el personaje extraño en la "selva moderna de 
la urbe", sin que tal tipo humano alcance a aculturarse plenamen- 

17 Organización de las Naciones Unidas, Enseñanza de los Derechos 
Humanos (New York, 1959), p. 29. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



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te. pero, al unísono, "quemando sus naves" con el terruño huér- 
fano. Al fracasar en la ciudad, se incrusta en la burocracia, sin 
regreso posible a la provincia, salvo cuando se efectúa la ceremo- 
nia inaugural de alguna obra pública, o se agitan los vientos de 
las vísperas electorales. 

Las penalidades aberrantes 

Durante la violencia se sobrepasó el límite legal para imponer 
penalidades, aspecto éste que se hizo más odioso cuando en su 
totalidad se implantaron por sujetos ajenos a los menesteres de la 
justicia y, casi siempre, en su calidad de funcionarios del orden 
administrativo, en franco accionar punitivo contra grupos de 
"rebeldes" o "enemigos" en el orden político. 

De aquí los hacinamientos crueles de sindicados por alteracio- 
nes del orden público con delincuentes comunes, en antros sin 
compasión, reducidos a condición de bestias que no de seres hu- 
manos, trayendo el contagio delictual en la estúpida mezcla de 
campesinos con antisociales urbanos. 

Otras veces se asistió al degradante sistema de los campos de 
concentración (como el de Cunday), donde la población civil 
fue rodeada de "cordones de odio" sin diferencia alguna de sexos, 
ni de edades, en una política que buscaba por el temor la sumisión 
total, sin posibilidad alguna de separar a los autores de los hechos 
que provocaban la represión, de los simples testigos de los aconte- 
cimientos. Fue este un grave impacto en la psicología de numero- 
sos grupos sociales puesto que, con la malévola medida, se produjo 
una reacción que, no por soterrada, habría de dejar de producir 
los más amargos frutos como, efectivamente, se produjeron poco 
luégo. 

¿Qué pensar de los niños y adolescentes cuyo primer contacto 
con la autoridad fue este tipo de "campamentos", resultantes de 
las salvajes acciones de pacificación, en las que los ejecutores 
de la vindicta daban rienda suelta a sus primarios instintos? 

El fusilamiento, la castración, la violación, etc., se extendieron 
con características tales que, en ciertas zonas, las víctimas de tales 
"tratamientos" no pudieron ser "contabilizadas", ni lo podrán ser 
jamás. A la vez, la "contraparte" tenía que reaccionar de manera 
similar a la usada por los agresores. El olvido de las normas ele- 



342 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



mentales para regularizar la lucha entre seres humanos dio campo 
a las retaliaciones sangrientas; los principios básicos del respeto 
entre seres pensantes desaparecieron para dar paso a las exterio- 
rizaciones más repugnantes de la crueldad y de la sevicia. 

En numerosas comarcas se presenta el "escrutinio" de muertos 
de que habla la estrofa inicial de "Oda a los confederados caídos", 
de Alien Tate: 

"Hilera tras hilera con rigurosa impunidad 

"las zonas sepulcrales exponen sus nombres a los elementos. 

"El viento zumba sin recordar; 

"en las zanjas abiertas las hojas esparcidas 

" — sacramento fortuito de la naturaleza — se apilan 

"hasta la eternidad estacional de la muerte; 

"luego empujadas por el fiero escrutinio 

"del cielo a su elección en el vasto ámbito, 

"exhalan el rumor de la mortalidad"^. 

Pero en Colombia, sin nombres, sin losas, sin sepulcros alinea- 
dos. . . Son las víctimas de la violencia esperando el homenaje de 
"La tumba del muerto desconocido". Riqueza destruida, abandono 
de la parcela, éxodo de los sobrevivientes a la ciudad, hostilidad 
del nuevo medio, enfermedad, desamparo, crecimiento de los 
cinturones suburbanos entre el ocio obligado, el vicio nuevo, la 
miseria antigua. 

Y los que fueron a las cárceles, ¿no se convirtieron en guiñapos 
humanos? ¿Dónde la acción de "rehabilitar" con los draconianos 
tratamientos a que eran sometidos? ¿Cuándo se aclarará el "se- 
creto a voces" de los campesinos deportados, sin previo juicio, a 
la Colonia de Araracuara? En las urbes, las penitenciarías sin 
régimen elemental para garantizar los viriles bienes biológicos, ya 
que no había para qué aludir a los morales. Verdugos, que no 
carceleros, manejaron — en su gran mayoría — estos centros de 
corrupción, de degradación, de ruindad. 

La ley de fuga, el maltrato cotidiano, el destierro a la Colonia, 
la asqueante promiscuidad, podían ser los elementos para seguir 

18 Antología de escritores contemporáneos de los EE. UU. (Santiago 
de Chile. 1944). Vol. II p. 184. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



343 



los mandatos del artículo 36 del Código Penal: "Dentro de los 
límites señalados por la ley, se le aplicará la sanción al delincuente, 
según la gravedad y modalidades del hecho delictuoso, los motivos 
determinantes, las circunstancias de mayor o menor peligrosidad 
que lo acompañen y la personalidad del agente"? 

¿Qué comentar de los detenidos por "sospechas", contra quienes 
no obraba cargo alguno y que fueron liberados cuando ya habían 
experimentado los horrores del sistema y, en no pocos casos, ha- 
bían realizado el aprendizaje del delito durante su reclusión? 
¡Cuántas veces los encargados de la vigilancia ofrecían un 
"récord" de antecedentes penales superior al de cualquiera de los 
forzados huéspedes! 

¿Por qué el tormento de la soledad, del abandono, de la desnu- 
trición, del apartamiento del hogar, de la violación sexual, del 
menosprecio a su calidad de hombres, a la espera de unas decisio- 
nes judiciales, en muchas oportunidades, sujetas a los vaivenes del 
capricho político? Mientras las gentes de las clases bajas recibían 
tal terapéutica, ¿qué sucedía con los grandes responsables de la 
violencia, con sus planeadores, ejecutores intelectuales y, luego, 
desertores del caos que habían provocado? La historia algún día 
habrá de decirlo. ¡Tiene que decirlo! 

Por ahora, exprésese con el Eclesiástico la posibilidad del amar- 
go balance de tales autores intelectuales en contraste con sus 
humildes seguidores: 

"¡Oh muertel ¡Cómo es amargo tu recuerdo 
"para el hombre que goza en paz de sus riquezas, 
"para el hombre descuidado y afortunado en todo 
"y todavía con fuerzas para acoger el placer! 
"¡Ay muerte! ¡Cuan buena es tu ley 
"para el indigente y que carece de vigor, 
"para el hombre decrépito y abrumado de toda clase de 

[cuidados, 

"el rebelde y que ha perdido la esperanza!" 19 , i 

19 La Biblia, edición de la Biblioteca de Autores Cristianos (Madrid, 
1953), pp. 1071 y 1072. 



344 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



Los Beneficios Extraordinarios: 
Causa sobresaliente de impunidad 

Conviene dejar en claro que al tratarse este aspecto, se refieren 
los "beneficios extraordinarios", a una especie muy peculiar que, 
generalmente se denominaron y así siguen llamándose, "amnistías" 
e "indultos", pese a que no guardan adecuación a la información 
doctrinal de tan caracterizados institutos jurídicos para la extin- 
ción de la acción y de la condena penales. 

En principio la Constitución Nacional reconoce tanto la amnis- 
tía como el indulto, siguiendo los principios de la doctrina univer- 
sal, disponiendo cómo estas medidas de excepción solo operan 
en relación con los "delitos políticos". 

La primera norma constitucional se refiere a la autorización 
que se da al Congreso para conceder amnistías o indultos, de 
carácter general; el segundo precepto, da facultad al Presidente 
de la República para indultar, pero en desarrollo de autorizaciones 
especiales" 20 . 

Las diferencias entre la "amnistía" y el "indulto" son precisadas 
por los adoctrinantes a efecto de evitar posibles confusiones entre 
tales cuestiones. Este aspecto toma una especial importancia para 
el estudio de los Decretos-Leyes, que luego se examinan, por medio 
de los cuales se otorgaron los beneficios extraordinarios como una 
de las medidas fundamentales para el tratamiento jurídico de la 
violencia en Colombia. 

Al contemplar los presupuestos esenciales de la amnistía y el 
indulto, se deduce cómo — en el caso colombiano reciente — el 
Gobierno se apartó grandemente de las bases fundamentales del 
Derecho Penal, estableciendo gracias sui generis que solo para 
abreviar la terminología, pueden ser denominadas como "amnis- 
tías" o como "indultos". 

Raúl Carranca y Trujillo expone así el tema: 

"La amnistía, olvido del delito, se diferencia del indulto en que 
aquélla borra toda huella legal del delito y éste solo la pena, li- 
mitándose a veces únicamente a conmutarla o a reducirla. Por 

20 Numeral 23 del artículo 76; Numeral 4 o del artículo 119 de la 
Constitución Nacional. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



345 



consiguiente, aquélla es causa de extinción de la acción y de la 
ejecución penales y ésta solo de la última, a lo sumo. 

"Por los graves abusos a que siempre se prestaron la amnistía 
y el indulto, doctrinariamente han sido combatidos con brío: 
''Hacer ver a los hombres la posibilidad de perdonar los delitos 
y que la pena no es consecuencia necesaria, es fomentar el halago 
de la impunidad y manifestar que, pudiendo ser perdonados, las 
sentencias no perdonadas, son más bien violencias de la fuerza 
que providencias de la justicia. ¿Qué debemos pensar cuando el 
príncipe concede el perdón, esto es, la seguridad pública a un 
particular, y que con un acto privativo de mal entendida benefi- 
cencia forma un decreto público de impunidad? Sean, pues, inexo- 
rables las leyes e inexorables sus ejecutores en los casos particu- 
lares". Tal describió Beccaria (Capítulo XLVI). Háganse buenas 
leyes y no se cree una varita mágica que tenga el poder de anular- 
las; si la pena es necesaria debe condenarse, si es innecesaria no 
debe imponerse; en los jubileos del delito los delincuentes entran 
en las ciudades como lobos en rebaño después de largo ayuno 
(Bentham, Ferri). La condonación es un verdadero abuso (Roe- 
der) y una supervivencia de la antigua jurisprudencia pertenecien- 
te a los tiempos de monarcas absolutos (Concepción Arenal). 

"Pero la doctrina moderna reconoce, por otra parte, que la 
amnistía y el indulto contribuyen a suavizar la dureza de las leyes 
en casos particulares (Manzini) ; que toman en consideración 
los efectos de la pena observados en el delincuente y reparan los 
errores judiciales (Liszt) y que reducen los casos de aplicación 
de la pena de muerte legalmente impuesta (Prince)" 21 . 

En relación con la violencia — entre los años de 1948 y 1958 — 
las principales disposiciones que exigen un especial análisis son las 
siguientes : 

a) Decreto 2184 de 1953; 

b) Decretos 1823 y 2062 de 1954, y 

c) Decreto 328 de 195822. 

21 Raúl Carranca y Trujillo, Principios de Sociología Criminal y de 
Derecho Penal (México, 1955), pp. 233 y 234. 

22 Para buscar mayor claridad en este tema tan complejo, serán bre- 
vemente enfocados dos grupos: Primeros beneficios extraordina- 
rios (los tres decretos, inicialmente citados) ; segundos beneficios 
extraordinarios (el Decreto 328 de 1958). 



346 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



En plan de síntesis y considerando, además, la autoridad del 
comentarista, una posible explicación del otorgamiento de estas 
gracias, podría ser entendida según el siguiente juicio: 

"Los conceptos en pro y en contra de la amnistía y el indulto, 
se fundan, por regla general, en deficientes planteamientos de la 
cuestión. En realidad, por ese medio no puede aspirarse a rectifi- 
car errores judiciales comunes, ya que las normas de procedimien- 
to contienen recursos para hacerlo (el de revisión, previsto en los 
arts. 571 y ss. del Código de Procedimiento Penal). Tampoco se 
logra individualizar mejor la pena de los delitos atávicos, porque 
la tecnificación de la justicia impone durante el proceso averigua- 
ciones exhaustivas sobre la persona responsable, a fin de aplicarle 
la sanción que más le convenga. Es erróneo sostener que así la 
justicia armoniza con los intereses y funciones del Estado, porque 
la forma como aquélla se administra jamás es independiente de 
los fines que éste persigue. Los jueces no pueden apartarse de la 
dirección impuesta por el Estado en la lucha por conseguir las 
realizaciones justificativas de su actividad en un momento dado. 

"En los países en donde existe la pena de muerte puede tener 
el derecho de gracia una relativa utilidad para conmutar la sanción 
y así impedir que continúe el vergonzoso espectáculo que, como 
hemos dicho ya, disuelve los vínculos sociales y destruye el único 
bien que ningún hombre o institución pueden borrar sin negarse 
a sí mismos. 

"La auténtica justificación de la amnistía y el indulto no reside 
en el hecho de prestarse a la salvación de los criminales, sino en 
el funcionar como instrumentos de la paz social y política. Más 
que medios penales, constituyen una terapéutica en grande escala, 
cuando la tranquilidad política lo aconseja. Por eso no están 
regulados en nuestra ley punitiva, sino que derivan directamente 
de mandatos constitucionales. La amnistía y el indulto son, pues, 
recursos extraordinarios de que se vale el legislador para obtener 
lo que los subrogados penales no logran, dada su inevitable limi- 
tación forense. 

"De allí el que solo queden amparados por esta amplísima 
manifestación de la voluntad popular, los delitos políticos y, 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



347 



cuando la ley lo establece especialmente, los comunes conexos con 
éstos. Y no es de extrañar que cada movimiento liberador de 
formas atrasadas o despóticas, implante el olvido o el perdón para 
conductas que solo por aberraciones momentáneas, o por la ne- 
cesidad de mantener coercitivamente el auge de determinados 
privilegios, pudieron ser calificadas de criminales. Cada cambio 
social, cada avance del progreso, abre las puertas de las cárceles 
para los que no sufren otra imputación que la de querer el bien 
de sus conciudadanos afirmada a través de la libertad personal y 
colectiva. 

"En Colombia existe una larga tradición de amnistías e indultos 
generales, desde el establecimiento de la República. Los trastornos 
sociales sucesivos han obligado a apelar este supremo expediente 
de reconciliación. Es claro que ello denuncia por sí mismo la 
arbitrariedad del tratamiento para el delincuente político, pero se 
convierte también en su justificación. 

"Si los organismos judiciales no fueran perturbados por in- 
fluencias ajenas a su esfera; si no se crearan fueros para algunos 
y procedimientos especiales contra otros; si las normas se cum- 
plieran incorruptiblemente para investigar la acción y la respon- 
sabilidad de todos los infractores, sería menos de temer el peso 
de la ley, y las amnistías y los indultos no se decretarían con tanta 
frecuencia. Pero, mientras oscuras costumbres y fuertes intereses 
político-económicos aspiren a perpetuarse en el poder, habrá 
conatos para suplantarlos, y, como consecuencia, procedimientos 
fulminantes, negación de las garantías, perturbación del derecho 
de defensa y penas impartidas sin fundamento que reclaman la 
intervención extra judicial para corregirlas. 

"Esta intervención extra judicial, o, por mejor decir, "meta ju- 
rídica", se actualiza en los dos recursos constitucionales de la 
amnistía y el indulto. Si no se aplicaran por vía general, y debiera 
esperarse a que la justicia ordinaria calificara cada caso, la paz 
no podría imponerse con la rapidez exigida por las nuevas con- 
diciones, y el derecho no la serviría sino que la traicionaría, des- 
figurando así su misión" 23 . 

23 Luis Carlos Pérez, "Derecho Penal" Vol. IV, pp. 659-661. 



348 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



Primeros beneficios extraordinarios 

El 21 de agosto de 1953 se concedió, por medio del Decreto 
2184, amnistía general a todos los miembros de las Fuerzas Ar- 
madas, procesados o condenados, con anterioridad al 9 de abril 
de 1948, por Consejos de Guerra Verbales en lo referente a dos 
grupos de delitos: 

a) Contra el Régimen Constitucional y la Seguridad Interior 
del Estado; y 

b) Los delitos conexos que se hubieren cometido, con ocasión 
o motivo de los primeros. 

Esta medida estaba destinada, ante todo, a resolver la situa- 
ción de miembros de las Fuerzas Armadas que habían partici- 
pado en el "golpe" del 10 de julio de 1944, contra el presidente 
López. 

El precepto podía entenderse desde un ángulo eminentemente 
político que, por lo demás, no solamente amnistiaba por los ilí- 
citos, sino que favorecía muy especialmente a los procesados o 
condenados, ya que el artículo 2? del Decreto citado, ordenó: 

"Los beneficiados por el artículo anterior tendrán derecho a 
que se les reconozcan los grados militares de que fueron priva- 
dos..."; expresamente se exceptuó "el reconocimiento de suel- 
dos, prestaciones sociales, primas, o cualesquiera otra asignación 
oficial, dejados de percibir desde el procesamiento o condena 
hasta la fecha del decreto". 

Sin embargo, al poco tiempo, este último asunto habría de ser 
modificado por el artículo 16 del Decreto-Ley N? 2062 de 1954, 
puesto que se ordenó: 

"Los miembros de las Fuerzas Armadas, sindicados o proce- 
sados por delitos contra el régimen constitucional y contra la 
seguridad interior del Estado, con anterioridad al 9 de abril de 
1948, que no hubieren sido condenados a pena privativa de la 
libertad mayor de diez años, tendrán derecho a que se les reco- 
nozcan los grados militares que tenían cuando fueron privados 
de ellos y a los sueldos correspondientes a tales grados hasta el 
13 de junio de 1954". 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



349 



No solamente se concedió la amnistía incondicional a los an- 
tiguos conspiradores sino que, con la excepción indicada antes, 
el Estado asumió la obligación de pagarles nueve años de servi- 
cios no prestados. Parte de los favorecidos con esta medida re- 
ingresaron a las Fuerzas Armadas y varios de ellos alcanzaron 
los más altos grados en la jerarquía castrense. 

La medida no dejó de provocar sorpresa en grandes zonas de 
la opinión pública que no alcanzaba a captar la motivación por 
la cual no se concedía amnistía, sino que se ordenaba el recono- 
cimiento y pago de nueve años de servicios no prestados, preci- 
samente por haber atentado contra el orden constitucional del 
país en un movimiento de clarísima significación política, bien 
conocido, por lo demás, del Presidente de la República y del 
Consejo de Ministros que actuaban cuando la expedición de los 
Decretos 2184 de 1953 y 2062 de 1954. 

Parecía que la política del nuevo régimen se orientara a un 
"corte de cuentas", de enorme repercusión en la vida nacional, 
puesto que aparecieron otros beneficios extraordinarios, median- 
te la expedición del ya citado Decreto 2062 de 1954, con su an- 
tecedente en el Decreto-Ley 1823 de junio 13 del mismo año. 

El propósito de los Decretos 1823 y 2062 de 1954 se puede, 
claramente, precisar al recordar el artículo I o del 1823: 

"Concédese amnistía para los delitos políticos cometidos con 
anterioridad al I o de enero del presente año. 

"Para los efectos del presente Decreto se entiende por delitos 
políticos todos aquellos cometidos por nacionales colombianos 
cuyo móvil ha sido el ataque al gobierno, o que pueda explicar- 
se por extralimitación en el apoyo o adhesión a éste, o por aver- 
sión o sectarismo políticos". 

Una sola excepción se consagró en el artículo 7° del Decreto 
1823 — en cuanto a la amnistía concedida por el artículo I o y en 
lo pertinente al indulto otorgado por el artículo 3° considerando 
la misma tipología delictiva — que fue la consignada en el ar- 
tículo 7*?: 

"Ninguno de los beneficios contemplados en el presente De- 
creto cobijará a los militares desertores de las filas del ejército, 
a quienes se les hubiere comprobado que combatieron contra las 
Fuerzas Armadas". 



350 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



La diferenciación de móviles políticos, frente a dos grupos dis- 
tintos de miembros de las Fuerzas Armadas, se hizo patente; 
mientras a los conspiradores del 10 de julio de 1944 se les conce- 
día amnistía y se les reconocían nueve años de sueldos, a los 
desertores de esos mismos organismos que hubieran combatido 
posteriormente contra las Fuerzas Armadas se les excepcionaba 
expresamente de las amnistías e indultos generales. 

Lógico es concluir que, a su vez, para establecer este agudo 
contraste, el Gobierno nacional obraba con manifiesta significa- 
ción política. 

Inicialmente se asignó la tarea de estudiar las amnistías y los 
indultos a los funcionarios del conocimiento, fueran de la juris- 
dicción ordinaria, o de la jurisdicción penal militar, obligando 
a que la decisión respectiva — por vía de apelación, o de consul- 
ta — fuera revisada por el Tribunal Superior Militar. 

Pero esta última disposición no tuvo vigencia, si se considera 
que el Decreto 2062 modificó estos tópicos. 

En realidad de verdad los dos Decretos citados, entraron a re- 
gir el mismo día, tal como lo ordena el artículo 18 del 2062, o 
sea el 8 de julio de 1954, integrando así un solo cuerpo legal, 
motivo por el cual para su interpretación, en caso de incompati- 
bilidad de algunas de sus disposiciones entre sí, se debe seguir 
la disposición consignada en el numeral segundo del artículo 5° 
de la ley 57 de 1887 que reza: 

"Cuando las disposiciones tengan una misma especialidad o 
generalidad y se hallen en un mismo Código, preferirá la dispo- 
sición consignada en el artículo posterior..." 

Los Decretos 1823 y 2062 de 1954 pese a que entraron a regir 
el mismo día, pero considerando — como es elemental — que el 
2062 es posterior al 1823, deben ser aplicados recordando el 
texto del artículo 2? de la ley 153 de 1887: "La ley posterior pre- 
valece sobre la ley anterior. En caso de que una ley posterior sea 
contraria a otra anterior, y ambas preexistentes al hecho que se 
juzga, se aplicará la ley posterior". 

El artículo segundo del Decreto 1823 de 1954, dijo: "En los 
procesos que actualmente se adelantan por los delitos a que se 
refiere el artículo anterior, la autoridad judicial competente, ci- 
vil o militar, de oficio o a solicitud de parte, ordenará dentro de 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



351 



los treinta días siguientes a la vigencia de este decreto o a la pe- 
tición de que se le haga por el sindicado o su apoderado, cesar 
el procedimiento y poner en libertad incondicional al sindicado. 
La sentencia será apelable ante el Tribunal Superior Militar, y, 
si no fuere apelada, se consultará en todo caso con el mismo 
Tribunal". 

Es decir, para la concesión de la amnistía o del indulto, según 
el caso, se estatuyó inicialmente la acción oficiosa del respectivo 
funcionario del conocimiento; este debía cuando se tratara de 
delitos políticos cometidos con anterioridad al primero de enero 
de 1954, salvo en aquellos "... cuyos caracteres de atrocidad re- 
velen una extrema insensibilidad moral", cesar el procedimiento 
y poner en libertad a los detenidos pero dentro de un término 
rigurosamente señalado en la ley: treinta días después de la vi- 
gencia del Decreto 1823, y nada más. 

Pero esta disposición quedó sin ningún valor ya que — como 
se ha destacado — el Decreto 1823 no entró a regir sino hasta el 
8 de julio de 1954, cuando se dictó, sobre la misma materia, el 
2062. En esta segunda disposición respecto a la actividad me- 
ramente oficiosa de los funcionarios del conocimiento, en los 
procesos por delitos políticos, estos perdieron la facultad de apli- 
car la medida, ya que desapareció tal especie de primera instan- 
cia, así como la tramitación de las apelaciones y consultas res- 
pectivas ante el Tribunal Superior Militar, puesto que el conoci- 
miento se le concedió privativamente al Tribunal Superior Mili- 
tar en cuanto respecta a las amnistías, ya que la concesión de 
los indultos quedó a cargo de la Corte Militar de Casación y 
Revisión. 

El artículo 6? del Decreto 2062 de 1954, terminó con la oficio- 
sidad a que se refería el artículo 2° del Decreto 1823, limitando 
la provocación de incoar el procedimiento especial a la parte 
interesada, fuera ante el Tribunal Superior Militar, fuera ante 
la Corte Militar de Casación y Revisión, según la materia res- 
pectiva, ordenando: 

"Las autoridades civiles y militares que conozcan de los pro- 
cesos a que se refiere el Decreto N? 1823 de 1954, o los que 
tengan en sus archivos, los remitirán a la Corte Militar de Casa- 
ción y Revisión o al Tribunal Superior Militar, según el caso, 
tan pronto como se les haga por la parte interesada la respectiva 
solicitud". 



352 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



El inciso segundo del mismo artículo recalca todavía más sobre 
la solicitud de parte a que se refiere el inciso primero antes trans- 
crito, al decir: l 

"Cuando se presente una solicitud dentro de un proceso la 
Corte o el Tribunal entrarán a decidir la situación en que, con 
respecto a la amnistía o el indulto, se encuentre la totalidad de 
los procesados que figuran en ese expediente". 

0 sea que, con la medida señalada en el inciso segundo aludi- 
do, previa la petición de parte interesada, se salvaguardaba la 
noción de orden público para la aplicación de amnistías o de los 
indultos, cobijando el estudio a todos y cada uno de los envuel- 
tos en el respectivo proceso, pero siempre y cuando que alguna 
de las partes interesadas, con su petición incoara el trámite 
de rigor. 

Dentro del mismo espíritu de que se iniciara el trámite, a pe- 
tición de parte interesada, el artículo 13 del Decreto 2062, por 
excepción, manifestó cómo los ". . .militares estando en servicio 
activo o en retiro, que hubieran actuado contra las Fuerzas Ar- 
madas" no podrían invocar ninguno de los beneficios concedi- 
dos por el Decreto 1823 de 1954. 

En realidad se produjo un hecho desconcertante. Miles de proce- 
sos, sin petición alguna de parte interesada, por inciativa de cier- 
tos funcionarios judiciales sea en la jurisdicción ordinaria, sea 
en la jurisdicción penal militar, fueron remitidos sin ningún es- 
tudio previo al Tribunal Superior Militar, encontrándose que 
pese a la generosidad de los Decretos 1823 y 2062 de 1954, nada 
tenían que hacer en tal Entidad, pues no llenaban la condición 
básica, aun dentro de tan amplio entendimiento del móvil po- 
lítico". 

Un alto índice de los expedientes enviados apenas contenía 
'"proyectos de investigación". La impunidad encontró esta vía 
abierta, especialmente si se considera que todavía, en 1962. es 
decir, ocho años después, quedan numerosos de estos procesos 
por resolver. Al realizarse el estudio que corresponde y negarse 
el beneficio de la amnistía, volverán, han vuelto, a los despachos 
de los funcionarios competentes respectivos, desaparecida la prue- 
ba por el transcurso del tiempo y ya cumplida la prescripción 
de la acción penal o, por lo menos, en vísperas de producirse 
tal cuestión. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



353 



Ultimamente, al Tribunal Superior Militar principiaron a lle- 
gar numerosísimos procesos que, desde hacía largos años, ha- 
bían permanecido en los anaqueles de los despachos judiciales, 
en increíble abandono, sin que se adelantara investigación algu- 
na y que solo, ante el postrer esfuerzo de actuales funcionarios 
de la justicia, fueron reiniciados. 

Pero, ¿qué sucede? Tan pronto se logra capturar a quienes, 
desde hace largo tiempo la justicia emplazó, inmediatamente se 
piden los beneficios de la amnistía, la mayoría de las veces para 
paralizar la investigación, con el manifiesto propósito de "dar 
largas al asunto" a fin de alcanzar que se cumpla el término de 
prescripción de la acción penal. 

Así, a ciencia y conciencia del país entero, se permite el im- 
perio de un factor más para contribuir al éxito de la impunidad. 

No es solamente el orden jurídico del país el que se altera 
con estos hechos, sino que, día a día, va agrietándose la estruc- 
tura misma de la justicia colombiana. 

¿Hasta dónde readquieren plena significación, las expresiones 
que el doctor Alfonso López, en su mensaje de renuncia de la 
Presidencia de la República, lanzaba para alertar al país sobre 
la posibilidad de que en el ejercicio de la justicia todas estas 
cuestiones contribuyeran a minar la fe en las instituciones ju- 
rídicas? 

Decía el doctor López: "La autoridad judicial, todavía la más 
respetada, comienza a decaer igualmente. Su origen político la 
hace de dudosa imparcialidad, y han ocurrido gravísimos inten- 
tos, no radicalmente frustrados ni censurados con harta vehe- 
mencia de convertirla en un instrumento de acción política di- 
recta. Pero si no es cierto que todo delito sea castigado, ya por- 
que no se logra investigar, o porque no se alcanza a juzgar o 
porque no hay cárceles bastantes para aislar a los delincuentes, 
o porque millares de expedientes no concluyen jamás, ¿cómo 
podría el país conservar indefinidamnete el respeto por la auto- 
ridad judicial si su acción unas veces pesa sobre los transgreso- 
res de la ley y otras no, por motivos simplemente accidentales? 24 . 

24 Tomado de Constitución de la República de Colombia y sus ante- 
cedentes documentales desde 1885, por Rodrigo Noguera Laborde 
(Bogotá, 1950), p. 144. 



23 — LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



354 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



Es cierto que cuando se expidieron las normas contentivas de 
los beneficios extraordinarios, "amnistía" e "indulto", la reali- 
dad descarnada ofrecía anárquica geografía humana, donde la 
lucha sin cuartel cobraba la mayor intensidad y los instintos sin 
control provocaban estados de barbarie y de ferocidad increíbles. 

Se decía, como ya se anotó, que no se concederían los bene- 
ficios a aquellos actos delictuosos que por sus características de 
atrocidad demostraran una extrema insensibilidad moral en sus 
autores. Como en la mayoría se trataba de agresión plural, un 
nuevo problema se presentó al estudio de los encargados de exa- 
minar estos casos: ¿La sola figura de la complicidad correlativa 
podía marcar la pauta jurídica frente al ataque plural, genérico, 
de grupo, donde no era posible individualizar la cuota que cada 
uno de los delincuentes hubiera aportado al crimen colectivo? 

Según conocidísimas jurisprudencias de la Corte Suprema de 
Justicia, de acuerdo con las disposiciones pertinentes de los Có- 
digos se llegó a la conclusión de que, en tales casos, había que 
individualizar la acción de cada uno de los intervinientes en los 
crímenes atroces para poderse negar el beneficio por tal causa; 
como esto — en la mayoría de los casos — no resultaba posible, 
ante todo por las deficientes investigaciones, probados los pre- 
supuestos generales había que conceder la amnistía o el indulto. 

Aceptando que todo lo anterior, por la tremenda fuerza de los 
hechos, resultara irremediable, se presentaba un campo para 
evitar, o por lo menos prevenir, la repetición de la acción crimi- 
nal por parte de los beneficiados, quienes debían comprometerse 
a cumplir los requisitos atrás consignados y en caso de violación 
de los mismos, quedar de nuevo sujetos a los resultados de la re- 
continuación de la acción penal o a la de reiniciación del cum- 
plimiento de la pena. 

Se calcula, por lo menos, en veinte mil los sujetos favoreci- 
dos por las amnistías. En la realidad no operó, ni opera, el con- 
trol de las autoridades judiciales sobre los amnistiados, o sobre 
los indultados. No existe, es la verdad, ningún organismo de 
control ni ha existido. Podría despejarse la incógnita si se orde- 
nara investigar lo correspondiente, por la Procuraduría General 
de la Nación y por el Departamento de Vigilancia del Ministerio 
de Justicia, para comprobar este tremendo hecho, tanto en lo 
que respecta a la jurisdicción ordinaria, como en cuanto compete 
a la jurisdicción castrense. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



355 



Sería injusto desconocer que estos beneficios permitieron re- 
solver situaciones de la mayor gravedad como, por ejemplo, ami- 
norar el problema de "guerra civil" entre las fuerzas regula- 
res del Gobierno Nacional y las fuerzas irregulares que opera- 
ron tanto tiempo en las estribaciones de la Cordillera Oriental 
y en sus prolongaciones en la llanuras de la Orinoquia. En opo- 
sición a este resultado laudable, se presentan los factores nega- 
tivos, antes anotados, que contribuyeron y siguen contribuyendo 
a la impunidad. 

Representaría una necedad el ignorar que la aplicación inten- 
siva de los Decretos Leyes 1823 y 2062 de 1954 produjo situa- 
ciones regresivas de extraordinaria repercusión en situaciones 
nacionales posteriores. 

Ante la realidad política, social y económica, bien sabido es 
de todos, que en desesperado recurso la gran mayoría de los círcu- 
los dirigentes, especialmente los de la "alta política", aceptaron, 
prohijaron y aplaudieron la llegada de las Fuerzas Armadas a 
la dirección del Estado. Desde ese momento, ante la irrupción 
de estas en escenarios para los cuales no estaban preparadas a 
actuar, opuestas a sus funciones específicas, violentándose los 
mandatos constitucionales, se rebasaron los postulados meramen- 
te castrenses y en múltiples ocasiones se violó el principio de la 
jerarquía militar, se resquebrajó la disciplina y se entró en una 
peligrosa etapa de actuar en cargos muy alejados de la estricta 
formación del cuartel. 

Por este aspecto, en alguna oportunidad reciente, comentaba 
el autor de este ensayo, tratando de establecer la indispensable 
relación entre los beneficios extraordinarios y la punible con- 
ducta de los miembros de las Fuerzas Armadas que pedían el 
otorgamiento de las gracias, dado el cambio general que, por 
razón del "golpe" del 13 de junio de 1953, se presentaba: 

"No siempre — duele anotarlo — los militares situados en zo- 
nas ajenas a la esfera de su peculiar actividad, fueron capaces 
de afrontar la nueva situación en que, tal vez contra sus deseos, 
habían sido colocados. Las violaciones a las leyes penales cas- 
trenses y comunes aumentaron en forma alarmante, arrojando 
un elevado porcentaje de delincuencia, tal como se puede con- 
frontar, cuando se quiera, al estudiar las estadísticas correspon- 
dientes a la jurisdicción castrense. 



356 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



"Del 13 de junio de 1953 al 10 de mayo de 1957, las Fuerzas 
Armadas se repartieron en frentes que — obsérvese la heteroge- 
neidad de funciones — iban desde la formación cuartelaria hasta 
los despacho ministeriales, en extraña oscilación entre la lucha 
en las zonas turbadas por la más atroz violencia hasta el mulli- 
do descanso de los sillones diplomáticos. 

"Nuevas categorías, otras dignidades, extrañas jerarquías, apa- 
recieron en terminante y nociva desvirtuación del mandato pre- 
sidencial. 

"La Fuerza Armada se hizo deliberante, es la verdad. Y deli- 
berante con intensidad tal que invadía todas las actividades del 
Estado. Peligroso camino que hizo crisis el 10 de mayo de 1957, 
cuando el soldado presidente resolvió dejar el gobierno en poder 
de los cinco presidentes soldados" 25 . 

Planteado lo anterior, ante el cambio de régimen se abría un 
ancho campo para que la justicia colombiana determinara cla- 
ramente la responsabilidad, se investigara lo que había que in- 
vestigar y lo que, es también lo real, no se investigó o, por lo 
menos, no culminó en los sumarios; actos de gran trascendencia 
ante la opinión nacional, por ejemplo, las muertes de los estu- 
diantes en la calle principal de la Capital de la República, la 
masacre del Circo de Toros, los negociados en los Comisariatos 
militares y tantas otras cosas más, que permanecen en un irri- 
tante olvido, mientras algunos de los imputados llevan, ostentan, 
exhiben las mejores preseas con que la Patria honra a sus hijos 
más dilectos. 

Se agregó también: 

"La situación nacional era de tal complejidad, tan millonaria 
en interrogantes, tan de alucinantes espectativas, que solo desde 
un enfoque sociológico, podría iniciarse el análisis que todavía 
no se ha intentado. 

"Era una etapa de difícil tránsito, era el regreso a los cam- 
pamentos de las recepciones diplomáticas y sociales, era el re- 
encuentro del cuartel, era el abandonar de los alamares y las 
condecoraciones para vestir la simple blusa de la tropa, era re- 

25 Fiscalía 3^ del Tribunal Superior Militar, Proceso N? 12081, Con- 
cepto de Eduardo Umaña Luna (1961). 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



357 



cobrar la función nobilísima en duro sacrificio del fulgurar de 
luces, galas y prebendas. 

"Gerardo Molina, en sereno y profundo estudio sobre esta es- 
pinosa cuestión, decía en ensayo aparecido en la edición inicial 
de la Revista de la Universidad Libre: 

"Si la democracia postula, como lo creemos, la necesidad de 
convertir súbdito en ciudadano responsable, aparece contraria a la 
esencia de ese sistema la pretensión de reducir a miles de ciudada- 
nos, por el hecho de habitar en los cuarteles, a una obediencia 
total basada en la ignorancia de las realidades ambientales. 

"Este punto de vista tiene sin embargo peligros que conturban. 
Una de las dosificaciones más difíciles de aplicar es la de saber 
hasta dónde puede llegar el contacto del ejército con las circuns- 
tancias políticas. Si hay un desfallecimiento del poder civil, si 
la opinión pública no tiene un alto grado de organización y de 
conciencia, si las mayorías laboriosas están desintegradas, lo 
que puede haber es un sometimiento de la nación a las Fuerzas 
Armadas. 

"Todos los que se han ocupado de la guerra moderna cuyo 
aspecto principal es el de la acción psicológica sobre los civiles, 
señalan el hecho de que esa noción conduce a una especie de in- 
toxicación de los ciudadanos y de los reclutas por la propaganda 
dirigida desde los cuarteles. Lejos de integrarse el ejército a la 
Nación que es lo ambicionable, lo que hay es una inversión del 
fenómeno hasta llegar a la fórmula escalofriante que se emplea 
para designar al estado prusiano: "No es un pueblo que posee 
un ejército, sino un ejército que posee un pueblo". En el caso 
reciente de Francia, los comentaristas señalan que fueron los 
abandonos progresivos de los gobiernos civiles de la Cuarta Re- 
pública en manos de los militares, como consecuencia de la gue- 
rra de Argelia, los que desplazaron el centro del poder de la 
Asamblea Nacional y del Elíseo para trasladarlo al Estado Ma- 
yor, hasta el punto de que hoy, por un curioso retorno de las 
cosas, es el general De Gaulle el que trata de frenar las impa- 
ciencias y los apetitos de sus compañeros de armas. 

"Si todos estamos de acuerdo con Fran^ois Mauriac en que 
ningún mal puede compararse al del control del Estado por el 
Ejército en virtud de una politicación extrema, hay que convenir 



358 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



en que el poder civil y la opinión pública son los que pueden 
impedir que eso ocurra mediante una política flexible, que reco- 
nociendo la importancia de la Fuerza Pública en el Estado mo- 
derno, sepa mantenerla dentro de los límites estrictos, que no 
son los de la actitud ciega y pasiva del pasado, sino los de una 
compenetración inteligente ante la población civil y las huestes 
uniformadas. 

"Para esto es indispensable poner en movimiento una política 
de renovación nacional que por su dinamismo arrastre a la ma- 
yoría del país y a las Fuerzas Armadas, las que tienen derecho, 
como cualquier otro grupo, a participar de las ventajas que se 
obtengan de la clausura del ciclo latifundista y ganadero, y de 
la incorporación de estos países a la coyuntura internacional en 
condiciones distintas de las de simples satélites. El dilema pre- 
sente es entonces el de un estancamiento de las estructuras eco- 
nómicas y sociales vigentes, lo que llevará al ejército a ser una 
fuerza conservadora o el de hacer rumbo hacia la empresa de 
crear países modernos con mejor nivel de vida para todos" 26 . 

La irrupción de las Fuerzas Armadas en la comarca política 
provocó, en algunos casos, afortunadamente identificables para 
el país, situaciones tan complejas que, en su mayoría dieron lu- 
gar a problemática de tal dificultad que se hizo nugatoria la ac- 
ción judicial. En algún famoso proceso, por ejemplo, se ofrecía 
el caso como típico de millares de semejantes respecto al exage- 
rado otorgamiento de las amnistías: 

; 'En este proceso se parte de un quíntuple homicidio, en que 
los agentes pasivos solamente se hubieron de conocer en la trá- 
gica jornada, salvo las relaciones anteriores de dos de ellos, co- 
mo padre e hijo. Un exoficial de la Policía, un soldado en servi- 
cio activo, dos campesinos unidos por lazo de consanguinidad, 
y un desconocido. 

"¿Por qué causa estos cinco sujetos coincidieron en la jorna- 
da final? La simple lectura del proceso permite deducir sin equi- 
vocación que entre el excapitán, el soldado, el padre y el hijo, 
junto con el desconocido, no existieron relaciones anteriores de 
ninguna especie. Cada uno fue ultimado, pero no podría hablarse 
de móvil común, ya que ni siquiera éste se ha determinado. 



26 Ibid. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



359 



"Se ha elaborado una mera hipótesis de móvil político, pero 
sobre tal premisa no puede darse una conclusión categórica. Bien 
sabido es que el móvil político se califica sobre el fin y objeto 
que la gente se propone. ¿Cuáles fueron el objeto y el móvil de 
los repugnantes homicidios que se han venido investigando y 
juzgando? Se ha tomado como origen una llamada 'orden mi- 
litar'. Si esta existió, ¿en qué se originó? Si no existió, ¿poi- 
qué procedieron motu propio determinados sujetos? 

"¿La muerte del excapitán tuvo como móviles, la venganza 
personal, o la política? ¿La muerte del soldado se puede atribuir 
a móvil político, o a simple venganza, o a extralimitación de 
función punitiva ejercida por autoridad no judicial? 

"Interrogantes éstos que se pueden hacer extensivos a las cau- 
sas de los restantes homicidios" 27 . 

El móvil no despejado daba suficiente motivo para continuar 
en consideraciones como las siguientes, a efecto de analizar si 
se podía otorgar, o no, la amnistía: 

"No se está en el proceso actual frente a posibles delitos polí- 
ticos que agravien algún interés político del Estado. Ciertamen- 
te que no. Nos encontramos frente a la posibilidad de los deno- 
minados delitos subjetivamente políticos, ya que en esencia fue- 
ron simples delitos comunes que pasarían a la categoría de polí- 
ticos si el fin peculiar se demostrara plenamente. 

"¿Hubo concurrencia de varias voluntades para estos delitos? 
¿Ordenadoras, unas; simples ejecutoras, otras? Es decir, recor- 
dando a Carrara, ¿causa moral del delito, para quien diese la 
orden y causa física del delito para quien la ejecutara? 

"El señor Fiscal del Consejo de Guerra decía: ". . .así vemos 
cómo algunos individuos, unos muy pocos, para deshonor del 
Ejército, asesinan a las personas que se les confían para obtener 
el beneficio del dinero, o se aprovechan de las situaciones de 
violencia para adquirir propiedades que solo sirven para ator- 
mentar sus conciencias. Continúa la violencia y con ella se van 
despertando los más bajos y primitivos de los hombres y ampa- 
rados bajo el decir que hay que responder en la misma moneda 

27 Fiscalía 3^ del Tribunal Superior Militar, Proceso N? 9223, Concepto 
de Eduardo Umaña Luna (1962). 



360 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



en que se ataca a las Fuerzas Armadas, se empiezan a cometer 
depredaciones que no tienen nombre; vemos el caso de reunir 
en un lugar del Llano, mujeres, niños y hombres y autorizar a 
los soldados voluntarios con el fin de que maten a cada mío con 
el único propósito de robarles una faja o cinturón, reservándose 
algunos para escarmentar a la población". Y agregaba: "Si lee- 
mos y meditamos con cuidado el expediente que hemos oído y 
que hoy nos congrega, solo encontramos a lo largo de sus pági- 
nas y de sus documentos, patrullas que se mueven de la zona de 
operaciones, órdenes que no se cumplen, suboficiales que am- 
parados por el Código Militar tratan de salvar su responsabilidad 
y para ello se limitan a dar respuestas vagas, cuando no a negar 
o a tratar de rehuir cualquier clase de sospecha; oficiales que 
dentro de su radio de acción no saben lo que sucede sino al leer 
la prensa; y por último a una cuadrilla de desalmados capaces de 
los mayores crímenes a quienes se entregan unos detenidos in- 
defensos de muchos de los cuales ni siquiera se conocen sus 
nombres, sin el valor de confesar su crimen aunque escuden su 
responsabilidad en las leyes y disposiciones militares. Y por últi- 
mo, un sumario que durante más de cinco años se mueve lenta- 
mente, sin tratar de esclarecer los hechos y dejando vacíos que, 
en su tiempo, hubieran sido fáciles de llenar, pero que hoy es 
imposible. Como si esto fuera poco, desaparece, suicidándose, el 
principal autor, y el otro se halla en un estado tan crítico que 
muy poco puede aportar en la investigación ; dentro de este medio 
de imposibles tenemos que movernos para tratar de averiguar algo 
de la amarga verdad" 28 . 

Hubo que expresar en este caso, típico y representativo de 
miles más que al amparo de la amnistía quedaron en el silencio: 
"Ciertamente no puede dejarse prosperar el que verdaderos de- 
lincuentes, ajenos a todo móvil político, como la siniestra figura 
de Q. Q., ojalá que en paz descanse, puedan surgir como los pi- 
caros del Rinconete en la Sevilla de fines del siglo XVI, uno de 
los cuales expresaba su dualidad de fe y delito, con el decir cer- 
vantino: "Rezamos nuestro rosario repartido en toda la semana 
y muchos de nosotros no hurtamos el día viernes, ni tenemos 
conversación con mujer que se llame María el día sábado" 29 . 

28 Ibid. 



29 Ibid. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



361 



Segundos beneficios extraordinarios 

El 28 de noviembre de 1958 se dictó el Decreto Legislativo 
328, por medio del cual se buscó facilitar la solución a la 
lucha armada, específicamente en los departamentos que, por 
entonces, se encontraban en Estado de Sitio, o sean los de Cal- 
das, Cauca, Huila, Tolima y Valle del Cauca. 

El considerando 2? de esta norma fue claro en fijar el obje- 
tivo primordial, o sea el de obtener la total recuperación del 
orden público en tales secciones del país. Al mismo tiempo, en 
aparte del inciso 1° del artículo 1° enunciaba un segundo pro- 
pósito frente a la activización de la lucha contra el delito. 

La tarea fue propuesta, en primer término, mediante la sus- 
pensión de las acciones penales para delitos cometidos en el 
territorio de los mencionados departamentos, adoptándose fe- 
cha límite, o sea hasta el 15 de octubre de 1958, para el tiempo 
en que se hubieran cometido los delitos. 

¿Desde cuándo? No se dijo nada al respecto. Resultando que 
cualquier delito, cometido antes del 15 de octubre del año cita- 
do, a petición del imputado podía gozar de este beneficio. 

Para tener derecho a la suspensión de la acción penal los pe- 
ticionarios debían obligarse a la reincorporación a la vida civil 
ordinaria, mediante el sometimiento a la Constitución y a las 
leyes, comprometiéndose a observar buena conducta bajo la vi- 
gilancia de las autoridades, y en general, absteniéndose de rea- 
lizar cualquier acto que perturbara el orden público o que pu- 
diera alterar la tranquilidad social. 

¿Quiénes podían solicitar la suspensión de la acción penal? 
Los particulares, los funcionarios o empleados públicos, los mi- 
litares o los grupos organizados y comandados bajo la depen- 
dencia de jefes. 

La medida como se puede observar era de una importancia 
excepcional, entre otras cuestiones, porque contemplaba la "de- 
lincuencia plural" al hablarse de "grupos debidamente organi- 
zados y comandados". Se reconoció por el Estado, la realidad 
de organizaciones diferentes a las autorizadas por la Constitu- 
ción y las leyes. 



362 



EDUARDO UMAJÑA LUNA 



Se buscó dominar los focos existentes de violencia política, 
puesto que se estipuló que debía tratarse de delitos que hubie- 
ran tenido por causa: 

a) El ataque o defensa del gobierno o de las autoridades; 

b) La animadversión política; 

c) La violencia partidaria ejercida en razón de la pugna de 
los partidos. 

Se contemplaban tres grandes grupos de violencia política. 

El primero, claramente ubicado en la lucha contra el Gobier- 
no o cualquiera de sus autoridades, pero al mismo tiempo reco- 
nociéndose la delincuencia por parte de agentes del Gobierno. 

Este dato es de la mayor gravedad puesto que exteriorizó una 
dramática situación: 

1 . Delincuencia contra el gobierno ; 

2. Delincuencia en defensa del gobierno, cometida por fun- 
cionarios o empleados públicos, por los militares, o por grupos 
de particulares dentro de las llamadas "guerrillas de paz" que, 
en lenguaje popular, se denominaron "la contra-chusma". 

¿Qué significado podía darse a "la animadversión política" 
en incidencia del móvil mismo del delito? Por ejemplo, un de- 
lito contra la libertad y el honor sexuales" podía ser explicado 
por esta causa, como en efecto sucedió. Un "peculado" también 
podía ser materia de la misma explicación, como sucedió real- 
mente. La mayoría de los delitos contemplados en la ley penal 
colombiana podían ser favorecidos con la suspensión de la ac- 
ción penal mediante la simple manifestación del interesado. ¿Hu- 
bo en esto un exceso legal de la mayor trascendencia y con re- 
sultados en parte negativos? Factor posible de impunidad, ya 
que el único requisito fue que el sindicado, particular, funcio- 
nario público, militar o "grupo organizado" alegara que todo 
había sido por "animadversión política", para poder elevar la 
petición. 

Como si lo anterior no hubiese sido suficiente, una posibili- 
dad, muy genérica, se consagró en la norma, o sea la referente 
a la "violencia partidaria ejercida en razón de la pugna de los 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



363 



partidos". Si la violencia se derivaba de la pugna partidista, ¿pa- 
ra qué se exigía que fuera "violencia partidaria"? 

¿Quiénes tuvieron la facultad para ordenar la suspensión de 
los procesos penales? Aparentemente los funcionarios que estu- 
vieran conociendo de los mismos, según el artículo 3^. Sin em- 
bargo una nueva condición limitaba la acción del funcionario 
competente, puesto que no podía realizarse sino a solicitud del 
Gobierno Nacional de acuerdo con el mismo artículo 3°. 

¿Cómo ejercía el Gobierno esta facultad? El artículo 9° del 
Decreto Ley mencionado abrió la puerta para la acción de los 
Gobernadores respectivos, ya que se preceptuó que el gobierno 
"podía delegar" en tales funcionarios la facultad de pedir la 
suspensión del proceso. 

El 11 de diciembre de 1958, por medio del artículo 3^ del 
Decreto 2582, el gobierno — en efecto — delegó en los Goberna- 
dores la mencionada facultad. 

Ahora, por medio del Decreto N° 1 de 1960 se fijó la fecha 
límite — 31 de marzo de 1960 — para el funcionamiento de dos 
Tribunales de Gracia que, por medio del artículo 8° del Decreto 
328 de 1958, se habían creado también. 

Además, se concedieron otras gracias o beneficios especia- 
les, así: 

1. Suspensión del proceso penal y concesión de la libertad 
provisional a los respectivos detenidos, siempre que se cumplie- 
ran las siguientes condiciones: 

"a) Que sobre el procesado no haya recaído ninguna conde- 
na por delitos distintos, a aquellos contemplados en el artículo 
2°" o sea los que se explicarán dentro de la amplia gama de 
móviles políticos que ya se recordó; 

"b) Que la personalidad del procesado, las modalidades del 
hecho delictuoso y la situación de orden público no hagan des- 
aconsejable su libertad, y 

"c) Que el procesado se comprometa a cumplir las prescrip- 
ciones de la caución de buena conducta que deberá imponerse 
de conformidad con el artículo 55 del Código Penal, prescrip- 
ciones que podrán incluir la de residir en el lugar que señale el 



364 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



juez que conoce del proceso, de acuerdo con el concepto del 
Procurador General de la Nación o del Procurador General de 
las Fuerzas Armadas, según el caso". 

2. El beneficio se extendió a otro "semi-instituto" jurídico: 
el "semi-indulto", si se considera que el artículo 6° del Decreto 
328 expresó: 

"Podrá suspenderse la ejecución de las sentencias condenato- 
rias y otorgarse la libertad de los condenados por los delitos 
contemplados en estos decretos con sujeción a las siguientes 
condiciones: 

"a) Que el condenado haya observado buena conducta en el 
respectivo establecimiento carcelario; 

"b) Que no tenga pendiente el cumplimiento de otras conde- 
nas ni se halle procesado por delitos distintos de aquellos a que 
se refiere este Decreto y respecto de los cuales se le haya decre- 
tado detención preventiva; 

"c) Que las modalidades del delito, la personalidad del con- 
denado y la situación general del orden público no hagan des- 
aconsejable su libertad; 

"d) Que se comprometa el condenado a cumplir las prescrip- 
ciones de la caución de buena conducta, que deberá imponerse 
de conformidad con el artículo 55 del Código Penal, prescrip- 
ciones que podrán incluir la de residir en el lugar que señale el 
juez competente, de acuerdo con el concepto del Procurador 
General de la Nación o con el Procurador de las Fuerzas Arma- 
das según el caso". 

Además, el parágrafo del artículo antes citado, extendió la 
facultad para el Gobierno, cuando no se encontraran presos los 
condenados, siempre que se cumplieran las condiciones señala- 
das en los ordinales b), c) y d), del mismo artículo. 

¿Qué tareas específicas se señalaron a los Tribunales de Gracia 
que, según el artículo 8° del Decreto 328, eran dos: uno para la 
Jurisdicción Ordinaria y otro para la Jurisdicción Castrense? 

Simplemente las de emitir conceptos, en aquellos asuntos en 
que hubiere sujeto detenido preventivamente, o cumpliendo sen- 
tencia, ya que este tópico se reglamentó en tal forma, por medio 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



365 



del parágrafo del artículo 3? del Decreto Legislativo N° 6 de 
febrero 26 de 1959, al disponerse: 

"Si fuere necesario el concepto previo del Tribunal de Gracia 
por haber persona detenida o cumpliendo sentencia, la Resolución 
solo podrá dictarse cuando dicho Tribunal así lo haya aceptado. 
Para tal efecto el Gobernador correrá traslado de la solicitud al 
mencionado Tribunal". 

¿Cuál Resolución? El artículo 3° del Decreto Legislativo N 9 6 
de 1959 se refirió a ésta, mediante el siguiente ordenamiento: 

"Cuando el Gobernador reciba solicitud de suspensión de pro- 
ceso o de ejecución de sentencia por delitos cometidos dentro del 
territorio de su Departamento y comprendidos por el Decreto 
328 de 1958, sin que sea necesario el concepto del Tribunal de 
Gracia, expedirá la resolución motivada del caso, y si fuere favo- 
rable, en la misma pedirá directamente a los funcionarios respec- 
tivos la suspensión de que trata dicho Decreto 328". 

Se tiene entonces, que la intervención de los Tribunales de 
Gracia, para rendir el concepto, que solo obligaba en cuanto 
desfavorable al respectivo Gobernador, se refería única y exclusi- 
vamente a procesos con detenidos, o a condenados que estuvieran 
cumpliendo la pena. 

Como estos Tribunales tuvieron su sede permanente en la ciudad 
de Bogotá, el trámite era mucho más largo y complicado para los 
detenidos preventivamente que para aquellos sujetos que habían 
rehuido su presentación al proceso, cabiendo idéntica considera- 
ción para el caso de los condenados en ausencia. 

Es patente el desequilibrio que al respecto se produjo, pues de 
acuerdo con la norma legal se exigían más condiciones a quienes 
sufrían los rigores de la detención preventiva, o para aquellos que 
estaban cumpliendo pena privativa de la libertad, que a quienes 
no se habían dejado capturar y por lo tanto, estaban en condicio- 
nes mucho más benignas frente a estas nuevas disposiciones es- 
peciales. 

En el caso de los procesos sin detenido, o sin condenado que 
purgara pena en los establecimientos carcelarios, el asunto quedó 
prácticamente al arbitrio de los Gobernadores, puesto que no 
intervenía para nada el respectivo Tribunal de Gracia; el Jefe 



366 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



del Gobierno Departamental no tenía otro control que la personal 
interpretación que diera a las condiciones previas, pero sin res- 
ponsabilizarse ante nadie, siendo de advertir que no se consagró 
ningún recurso para ante el superior, como sí lo habían previsto 
los Decretos Leyes 1823 y 2062 de 1954, en la concesión de los 
primeros beneficios extraordinarios. 

Esto ocasionó algunos relievantes contrastes: algunos Goberna- 
dores fueron más enérgicos que otros y, aún más, llegaron a dife- 
renciarse para tomar sus decisiones en casos de igual gravedad, es 
decir, mientras a unos delincuentes se les otorgaban las gracias, a 
otros en condiciones iguales se les negaban. Por ejemplo, autores 
de tremendos genocidios fueron favorecidos con los beneficios y, 
en cambio, a un oficial del Ejército a quien se imputó la autoría 
del "genocidio" de Barragán (Valle del Cauca), le fue negada la 
gracia, con la circunstancia de que su progenitor, poco tiempo an- 
tes había sido salvajemente acribillado, en algún sitio del Tolima. 
¿Por qué tales tratamientos diferenciales? 

Por otro lado, el segundo propósito o sea el ya mencionado de 
activar la lucha contra el delito, dio lugar de acuerdo con el nu- 
meral 2? del artículo 1? del Decreto Legislativo 328 de 1958, a 
la creación de diez Fiscales Especiales que actuarían bajo la 
dirección suprema del Gobierno, a través del Procurador General 
de la Nación, siendo investidos de las atribuciones siguientes: 

"a) Solucionar y hacer tomar las medidas necesarias para el 
cumplimiento de las órdenes de detención o de captura, libradas 
por las autoridades competentes. En desarrollo de esta atribución, 
podrán exigir del Servicio de Inteligencia Colombiano y de las 
demás autoridades de Policía, que les suministren el personal ne- 
cesario para llevar a cabo directamente las capturas; 

"b) Ejercer la función fiscal ante los funcionarios de instruc- 
ción y jueces del conocimiento sin perjuicio de lo previsto en la 
Constitución Nacional y de acuerdo con las órdenes que les im- 
parta el Procurador General de la Nación: 

"c) Denunciar todo delito de que tengan conocimiento y pro- 
mover las investigaciones correspondientes, y 

"d) Vigilar el cumplimiento de los deberes que en materia 
penal tienen los personeros municipales, alcaldes y demás funcio- 
narios de instrucción". 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



367 



Es decir, que este cuerpo especial de Agentes del Ministerio 
Público buscaría agilizar el ejercicio de la justicia penal en los 
cinco Departamentos aludidos, pero dejando a salvo lo correspon- 
diente a todos aquellos delitos en que sus autores pudieran ser 
favorecidos por el "manirroto estatuto" de los beneficios creados 
en el Decreto Ley 328 de 1958. 

Entre tanto, ¿qué participación tenían los funcionarios compe- 
tentes de la Justicia Ordinaria, o los de la Justicia Penal Militar, 
en la aplicación de los beneficios? Ninguna. De acuerdo con el 
artículo 3° del Decreto 328 de 1958, en concordancia con el ar- 
tículo 3° del Decreto 2582 de 1958, simplemente cumplir las 
órdenes de los Gobernadores decretando la suspensión de los 
procesos cuando así les fuere solicitado, mejor ha debido decirse, 
cuando así les fuere ordenado. 

¿Qué control se estableció ante posibles violaciones de los res- 
pectivos compromisos por parte de quienes fueron favorecidos con 
cualquiera de los beneficios? 

El artículo 4P del Decreto 328 de 1958, sobre el particular, 
dispuso : 

"Los beneficios concedidos de acuerdo con este Decreto, serán 
revocados y, en consecuencia, deberán proseguirse las correspon- 
dientes acciones penales y la ejecución de las sentencias condena- 
torias si los beneficiados incurrieren en cualquier delito o estado 
antisocial, o si realizaren cualquier acto de perturbación del orden 
público o de la tranquilidad social". 

¿Quiénes estaban encargados de velar por el cumplimiento de 
este precepto? 

El artículo 6? del Decreto 2582 de 1958 ordenó: 

"Los Fiscales Especiales, en uso de sus atribuciones, solicitarán 
la revocatoria de los beneficios concedidos a aquellas personas 
que incurrieren en cualquier delito o estado antisocial, o que reali- 
zaren cualquier acto de perturbación del orden público o de la 
tranquilidad social, previa consulta con el Procurador General de 
la Nación". 

¿A quién solicitaban la revocatoria de los beneficios? ¿Al Go- 
bernador respectivo? ¿Al funcionario del conocimiento? Nada 
expresó la ley sobre el particular. 



368 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



¿Solamente los sujetos indicados, procesados, o condenados 
podían solicitar la gracia? Sí y no. Sí, en lo correspondiente a la 
jurisdicción ordinaria. No, en lo referente a la jurisdicción penal 
militar, puesto que hay que recordar que el artículo 10 del Decreto 
N<? 1280 de 4 de mayo de 1959, ordenó: 

"El Procurador de las Fuerzas Armadas y los Fiscales del 
Tribunal Superior Militar podrán solicitar al respectivo Goberna- 
dor la suspensión de la acción o de la pena en los procesos a que 
se refiere el decreto N? 328 de 1958 cuando haya conocido o 
conozca la jurisdicción castrense". 

¿Por qué tal facultad no se le dio al Procurador General de la 
Nación, ni tampoco a los Fiscales de los Tribunales Superiores de 
Distrito Judicial? 

Tal vez cuando el Gobierno Nacional dictó estas medidas de 
excepción, obraba en consonancia con algunas de las apreciaciones 
que, el viernes 9 de mayo de 1958, formuló el Presidente electo 
de la República, doctor Alberto Lleras Camargo, en su exposición 
ante numerosos oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas, 
en el Teatro Patria de Bogotá, muy cercanas a la posible motiva- 
ción y explicación del Decreto 328 de 1958: 

"Hace tiempo dije que el país era un convaleciente y que había 
que tratarlo así, con cuidado, con tacto, procurando no golpearle 
los nervios, tratando de que no se abran otra vez las heridas, man- 
teniéndolo hasta donde sea posible libre de agitaciones y esfuerzos 
violentos. Esto no es una figura retórica. Es la verdad. Hay en 
Colombia una crisis social tremenda. Se han perdido las nociones 
fundamentales de la vida cristiana y aún de la más elemental vida 
social. Hay miseria, cada día mayor, porque no hay seguridad en 
los campos, porque el consumo baja, porque la producción no 
encuentra mercados amplios, y porque además, no hay dólares 
para comprar las máquinas, los repuestos, los transportes, los ele- 
mentos indispensables para mantener la economía, no ya en pro- 
greso sino en un ritmo abajo de lo normal. Llevamos casi 10 años 
de asesinarnos, de combatir sin decisiones últimas, de que mueran 
soldados, suboficiales, oficiales de todas las armas, y millares de 
campesinos de todoos los partidos y sin partido alguno. Se roba 
impunemente. Las gentes pierden sus propiedades, sus cosechas, su 
seguridad, y sobre todo su esperanza. Nadie cree en nadie. Todos 
desconfían de todos. El país es muy rico y su economía es intrín- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



369 



secamente muy fuerte, y por eso todavía hay gentes que prosperan 
y se enriquecen. Pero se está cavando un abismo tremendo entre 
los que no tienen amparo y los que negocian y viven amparados. 
Entre la mayoría de los colombianos y la minoría. ¿Cuánto puede 
durar ese desequilibrio?" 

Al final de la misma exposición, suponía el doctor Lleras: 

"Si al término de mi gobierno, como lo espero, se puede otra 
vez recorrer todos los caminos de Colombia sin riesgos, si en cada 
casa vuelve a vivirse en sosiego, si nuestros compatriotas dejan de 
temerse y odiarse, si donde quiera que se vea un uniforme de un 
miembro de las Fuerzas Armadas hay para la institución un voto 
de agradecimiento y un íntimo aplauso, si los diez mandamientos 
vuelven a regir la conciencia de nuestros compatriotas y no hay 
más tiros, más muertos, más asaltos, más crímenes impunes, más 
persecuciones, volveré aquí a donde ustedes, a decirles sin adula- 
ción, ni generosidad, sino como un simple acto de justicia, que 
merecen bien de la patria" 30 . 

Debilidades y excesos en la legislación sobre armas 

Ha sido este uno de los aspectos más delicados en cuanto que 
la Ley sea adecuada, o no, al tratamiento de la violencia. Una 
profusa legislación, desde hace más de diez años, ha venido desa- 
rrollándose sin que hubiese obtenido éxito; factor primordial ha 
sido el fenómeno del contrabando que, en buena parte, ha contri- 
buido a la existencia de un mercado, indecorosamente extendido, 
de armas y municiones. 

Numerosas investigaciones penales, sobre el particular, son 
bien dicientes respecto a cómo este tráfico criminal no fue solo 
fruto de pequeños contrabandistas, sino de grandes negociantes 
en esta actividad y, algunas veces, se probó cómo los propios 
aviones oficiales sirvieron para introducir armas de contrabando 
al país. Ante la posibilidad de la ganancia extraordinaria, no han 
faltado quienes lleguen a obrar, ya no por el señuelo del contra- 
bando, sino por algo muy inquietante, o sea aprovecharse de la 
permanencia en las instituciones estatales para sustraer armas y 
municiones oficiales, y, luego, aparecer "combatiendo" tal tráfico. 

30 El Independiente, (Bogotá), 24 de mayo de 1958, p. 5. 



VIOLENCIA EN COLOMBIA 



370 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



No solamente el problema se plantea en cuanto corresponde a 
las armas de fuego, a los proyectiles o municiones, sino también 
a materias primas para fabricarlos, a la existencia clandestina de 
fábricas destinadas a estos menesteres, así como a los talleres de 
reparación de armas de fuego. 

El comercio ilícito se ha extendido de tal manera que bien puede 
apreciarse la profundidad del mismo ante la incapacidad de lo- 
grarse el desarme del pueblo colombiano. 

Entre otras cuestiones, porque bien conocido es el caso de miles 
de fusiles que — hacia 1950 — fueron entregados a núcleos de la 
población civil cuando se organizaron las "guerrillas de paz" y 
que, en gran parte, no han sido recuperados. No ha faltado el 
caso de que llegasen a ser "inventariados" fusiles dentro de juicios 
de sucesión, cuestión que, por lo insólita, parecería casi increíble. 

Por consiguiente, el mantenimiento de armas de fuego o muni- 
ciones, sean estas de uso privativo de las Fuerzas Armadas o no, 
cuando no se cuente con el respectivo salvoconducto, así como la 
tenencia de explosivos sin la respectiva licencia, han provocado 
una fuerte legislación de carácter penal que se puede examinar al 
estudiarse, en síntesis, el capítulo VII del Título XI del Libro II 
del Código de Justicia Penal Militar que, a grandes rasgos, podría 
resumirse así: 

a) Introducción ilícita de armas de fuego, proyectiles, explosi- 
vos y materias primas para fabricarlos: presidio de 4 a 7 años. 
Si las armas resultan de uso privativo de las Fuerzas Armadas: 
presidio de 6 a 10 años. Obsérvese que este caso sería el corres- 
pondiente a los contrabandistas de armas, municiones y explosivos. 
Se sabe que los condenados por este tipo de infracción representan 
un ridículo porcentaje frente al número real de contrabandistas 
en estos artículos. 

b) Comercio ilícito, a cualquier título, de los elementos men- 
cionados: prisión de 1 a 5 años. Si los elementos resultan ser de 
uso privativo de las Fuerzas Armadas: 3 a 6 años de prisión. Esta 
es la segunda etapa de desarrollo del contrabando, una vez produ- 
cido éste, para "colocar los artículos en el mercado". ¡Qué buen 
mercado parece que es el colombiano en este renglón! Sobre el 
particular es necesaria una más real atención por parte de las 
autoridades que la últimamente desarrollada en la carrera 7* de 
Bogotá contra los vendedores de paquetes de cigarrillos rubios y 
otros enseres de mínima cuantía. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



371 



c) Los dueños, poseedores o tenedores de explosivos, sin la 
licencia respectiva: 1 a 5 años de prisión. Aspecto importante si 
se tienen en cuenta los extraordinarios desarrollos que en la guerra 
"fría" moderna asume el empleo de artefactos mortíferos donde 
se emplean explosivos, como la pólvora dedicada a la explotación 
de canteras, trabajos de carretera, etc. 

d) Dueño, poseedor, o tenedor de fábrica de armas de fuego, 
de municiones o de explosivos, que funcione sin autorización del 
Gobierno: prisión de 3 a 6 años. Cabría la pregunta: ¿Cuándo 
autoriza el Gobierno la producción de armas de fuego o de muni- 
ciones por entidades particulares? Porque es bien conocido que 
para ello, existe en Colombia, con montaje muy completo y téc- 
nico, la "Industria Militar". 

e) Dueño, poseedor o tenedor de taller para reparar armas de 
fuego, sin autorización previa del Ministerio de Guerra: prisión 
de 6 meses a 3 años. 

f) El caso más común y corriente, o sea el de mantener arma 
de fuego o municiones para la misma, sin facultad legal o auto- 
rización para ello, fue materia de un Decreto Ley en las postrime- 
rías del Gobierno de la Junta Militar, distinguido con el 284 
de julio 19 de 1958, que modificó el artículo 257 del Decreto 
Legislativo N° 250 de 1958, comprendiendo dos partes: la sus- 
tantiva y la procedimental. 

Las penalidades para este caso quedaron así: "A quien porte o 
mantenga en su poder arma de fuego, municiones para la misma o 
artefacto explosivo sin facultad v legal o autorización, se le decomi- 
sarán tales elementos y se le impondrá prisión de 2 a 4 años. 

"Si se tratare de armas, artefactos explosivos o municiones de 
uso privativo de las Fuerzas Armadas o de características similares 
a los mismos la pena será de 5 a 10 años de presidio. 

"Los detenidos preventivamente por la comisión del delito de 
que trata este artículo, en ningún caso tendrán derecho a excarce- 
lación y los condenados por el mismo delito no podrán recibir el 
beneficio de rebaja de la pena". 

Graves consecuencias se han derivado de esta norma, primor- 
dialmente en cuanto se trate del porte de arma de fuego o de 
municiones, de uso no privativo de las Fuerzas Armadas. 



372 



EDUARDO UMAflA LUNA 



¿Por qué conoce de tal infracción la justicia penal militar, 
dejándose por fuera a la jurisdicción ordinaria? Grave error al 
entender de los expertos. 

La función jurisdiccional solo puede ejercerse por los órganos 
y agentes que señala la Constitución Nacional. En primer término 
por la Jurisdicción ordinaria (Corte Suprema, Tribunales Supe- 
riores de Distrito Judicial, Jueces Superiores, Jueces de Circuito y 
Jueces Municipales). 

El artículo 58 de la Carta Magna, también se refiere a "... los 
demás Tribunales y Juzgados que administran justicia". O sea 
que si bien la ley puede establecer jurisdicciones distintas a la 
ordinaria, no por ello el legislador obra a su pleno arbitrio, sino 
que deben regir las pautas que, para el mismo efecto, señala la 
Constitución. Por ejemplo, cuando la Constitución habla de Tribu- 
nales de Comercio, de Jurados para causas criminales, de lo 
correspondiente a lo contencioso-administrativo, del Tribunal de 
Conflictos, etc. 

El artículo 170 de la Constitución Nacional dispuso: 

"De los delitos cometidos por los militares en servicio activo y 
en relación con el mismo servicio, conocerán las Cortes Marciales 
y Tribunales Militares, con arreglo a las prescripciones del Código 
Penal Militar". 

Durante la larga turbación del orden público y la consiguiente 
declaratoria de Estado de Sitio, con base en el artículo 121 de la 
Constitución, los distintos Gobiernos emularon en legislar de 
"emergencia" excediéndose notoria y múltiplemente las facultades 
respectivas, como resulta ser el caso del Decreto 284 de 1958 que, 
alterando el orden de las normas, por medio de una medida es- 
pecial violentó los linderos constitucionales, al atribuir el juzga- 
miento de los particulares a la jurisdicción penal militar. 

Fue este Decreto Ley una típica disposición para atender ciertas 
circunstancias políticas, a efectos de buscar el aseguramiento or- 
denado de la transmisión del mando, por parte de la Junta Militar 
al presidente constitucional entrante. Pero, por importante que 
fuere el pretexto, no por ello contribuíase apropiadamente al res- 
tablecimimento del denominado "Estado de Derecho". 

Es un Decreto Ley explicable — como muchos otros — con el 
juicio de Carré de Malberg: 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



373 



"Si la autoridad gubernamental retuviera al mismo tiempo la 
potestad legislativa, sería muy tentador para ella formular leyes 
de circunstancias que respondiesen a su política, a sus preferen- 
cias, quizás a sus pasiones del momento actual" 31 . 

La competencia exagerada que se ha otorgado a la jurisdicción 
castrense repugna con los mandatos constitucionales, no solo en 
el caso en referencia, sino en cualquier otro similar que, como 
luego se verá, se repite con alarmante frecuencia en el actual 
Código de Justicia Penal Militar (Decreto Ley 250 de 1958). 

Por lo anterior, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, 
en fallo reciente, recordando el texto del artículo 170 de la Cons- 
titución, hubo de manifestar: 

"Se reconoció, pües, un fuero especial a los militares; pero 
limitado, exclusivamente, a cuestiones penales, siempre que se 
trate de delitos cometidos en actividad de tal índole, o en relación 
con el mismo servicio. 

"En cuanto al procedimiento y demás garantías que hicieron 
efectivo dicho fuero, el Constituyente lo refirió al Estatuto que, 
consecuentemente, es el indicado para consagrarlos: el Código 
Penal Militar. 

Pero tal referencia no significa, dentro de una sana interpreta- 
ción, que puedan incluirse, dentro de dicho Código, procedimien- 
tos especiales para los particulares, en tiempos de paz. Ello condu- 
ciría a destruir bajo pretextos más o menos convencionales, todo el 
sistema jurisdiccional esbozado por el Constituyente, y a desvir- 
tuar la finalidad excepcional de la norma superior, relativa sola- 
mente a la prerrogativa de que los militares que cometen delitos 
en servicio activo y en relación con el mismo servicio sean juzga- 
dos por sus propios compañeros de profesión. 

"El fuero militar es, exclusivamente, eso: una jurisdicción 
especial para ellos, que la Constitución no autorizó se extendiera 
a los particulares. Es inviolable, pues sería contrario a la misma 
Constitución, el que conocieran los Tribunales ordinarios de los 
delitos de los militares. Pero es también limitado no solo en cuanto 
solo se refiere al juzgamiento por delitos y excluye del fuero las 
causas civiles, sino también en cuanto no se extiende a los par- 
ticulares. 

31 Carré de Malberg, Teoría General del Estado (México. 1948), p. 271. 



374 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



"Estos frente a la Constitución, también tienen su propio fuero, 
que, aunque no se consagró como prerrogativa o privilegio, sí 
constituye una garantía; la jurisdicción común u ordinaria, que 
es, en sentido general, la de los Tribunales "competentes" de 
que habla el artículo 26 de la Carta. 

"El Tribunal competente a que se refiere dicho texto, no puede 
ser otro que la jurisdicción constituida y creada por las leyes, con 
respecto a las disposiciones constitucionales. Estas, como acaba de 
verse, no autorizan Tribunales Militares o jurisdiccionales de 
este carácter, sino para conocer de los delitos cometidos por las 
personas de tal profesión o calidad. Cuando las normas legales 
atribuyen a esa jurisdicción especial o extraordinaria el juzga- 
miento penal de particulares, pugnan con la Carta y carecen de 
fuerza obligatoria. Rige en tales casos el artículo 215 de la misma 
Carta, conforme al cual, en todo caso de incompatibilidad entre 
la Constitución y la Ley, se aplicarán de preferencia las disposi- 
ciones constitucionales" 32 . 

En algunas oportunidades, desgraciadamente, muy repetidas, 
queriéndose dar muestras de drástica severidad, se ha incurrido 
en tremendas injusticias que provocan reacciones negativas y, 
además, que constituyen, de por sí, total falta de equidad por parte 
de los funcionarios respectivos encargados de aplicar la ley. 

Por ser muy aleccionador, se presenta en seguida un caso típico 
de este problema: 

El artículo 522 del Código de Justicia Penal Militar dice: 
"Debe decretarse la detención preventiva, cuando la infracción 
por que se procede tiene señalada pena privativa de la libertad 
y existe un indicio grave o una declaración increíble que establezca 
responsabilidad penal del procesado". 

"S. T. Q. fue indagado el 1? de septiembre de 1958, como 
posible infractor del Decreto 284 de 1958, ya que se comprobó 
que tenía en su poder, una escopeta de calibre 28, sin autoriza- 
ción. El procesado reconoce el hecho fundamental, o sea el de 
mantener esta arma de fuego. 

"El artículo 1" del Decreto 284 de 1958, entre otras cuestiones, 
referente al porte o mantenimiento de armas de fuego, dispone 

32 Sentencia del 24 de mayo de 1960, Corte Suprema de Justicia, Sala 
Penal. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



375 



que: Los detenidos preventivamente por la comisión del delito de 
que trata este artículo, en ningún caso tendrán derecho a excar- 
celación y los condenados por el mismo delito no podrán recibir 
el beneficio de rebaja de la pena. 

"Resulta entonces supremamente difícil la situación de los ciu- 
dadanos que desde el 19 de julio, fecha en que entró a regir el 
Decreto mencionado, sean sujetos de la acción penal, máxime 
cuando se les ha decretado la detención preventiva. Entiendo que 
a todo lo largo y ancho del país el problema con la aplicación de 
la norma mencionada se hace cada día más angustioso y difícil. 
En las antiguas disposiciones que regulaban esta materia se dejaba 
al buen cuidado del juzgador aplicar, o no, según las condiciones 
de moralidad del infractor, el verdadero perdón judicial. Pero el 
Decreto 284 de 1958 es de una drasticidad absoluta. 

"El procedimiento es de una rapidez fulminante, según lo dis- 
pone el artículo 2^, perfeccionando la investigación en tres días 
después de la denuncia, corriendo en seguida sendos traslados por 
veinticuatro horas al Fiscal y al Defensor y, por último, debiendo 
pronunciarse el fallo dentro de los tres días siguientes. Es decir, 
ocho días para llegar a la sentencia. Claro está que este ordena- 
miento, como la mayoría de los términos procesales señalados, 
no se cumplen en la práctica. Ejemplo: En este proceso se indagó, 
como ya lo anoté, el 1° de septiembre del año próximo pasado, 
o sea hace ya seis meses. 

"Cuando no se trate de armas, artefactos explosivos o municio- 
nes de uso privativo de las Fuerzas Armadas, la pena oscila entre 
dos y cuatro años de prisión. Supongamos que el infractor sea 
el mejor ciudadano del país; pues no tiene más remedio el señor 
Juez que aplicar el mínimum de la penalidad, dos años de prisión. 
No hay condena condicional, ni perdón judicial, ni ningún otro 
beneficio de rebaja de pena. Entonces, el ciudadano a cumplir sus 
dos años de prisión. 

"Muchas veces las denuncias salen de personas mal intenciona- 
das contra sus semejantes, en casos que podrían tener explicación 
humana frente al rigorismo excesivo de la ley. Verbigracia: Un 
campesino analfabeto, aislado de centros sociales, que no escucha 
radio, que no conoce el Decreto, que para defenderse de posibles 
salteadores, o para defender su sembrado de animales dañinos, o 
para ayudar a su manutención con la caza, fabrica una escopeta 



376 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



rudimentaria, entiendo que las llaman "de fisto" siguiendo un uso 
que data de largos años atrás, se produce la denuncia, confiesa y 
por benévolo que quiera ser el Juez, dos años de prisión como 
pena mínima. 

"¿Será ésto justo, señor Magistrado? Se dice que "dura ley, 
es ley", pero en casos como el que he propuesto, ¿no se cometerá 
realmente una injusticia? Cuestión muy distinta sería el evento de 
gentes dedicadas al bandolerismo, a quienes se encuentra en su 
poder armas modernas, de gran peligrosidad, muchas veces de 
aquellas de uso privativo de las Fuerzas Armadas. Para tales in- 
fractores del Decreto 284 de 1958, sí es excusable, dadas las dra- 
máticas condiciones en que ha vivido el país, el tremendo rigoris- 
mo de la ley. Pero hay que distinguir en cada caso para llegar a 
la aproximación, por lo menos, de la justicia, de la equidad, del 
equilibrio. 

"Este tal S. T. Q., sostiene en su indagatoria, entre otras cues- 
tiones, que "... yo no sabía que esas escopetas no se podían tener 
sin papeles. . ." Argumento inmediato en contra: "La ignorancia 
de la ley no sirve de excusa". Resultaría muy curioso si sobre la 
base de la presunción legal se buscara la realidad del conocimiento 
de la ley, especialmente en las zonas agrarias, que no cuentan con 
los modernos medios de información, tales como la lectura diaria 
de los periódicos, la sintonía de las estaciones radiodifusoras, o 
la imagen televisada . . . 

"Don S. T. Q., cuando la infracción al Decreto 284, residía en 
la vereda de San Antonio, en jurisdicción del Municipio de Ja- 
mundí, en el Valle del Cauca. ¿A qué allá no llega la prensa, ni 
hay energía eléctrica, y solo sirven los radios de p'las? Pero 
don S. T. no debe tener radio de pilas, ni menos aún aparato 
televisor. Es un pobre hombre que cultivaba su pequeña parcela, 
sosteniendo a dos sobrinos menores de edad; tenía sus amores 
y quería casarse con doña F. V., exbarragana de don F. M. y de 
quien, según el indagado, estaba enamorado el señor Agente de 
la Policía de la vereda, por más señas de apellido M.; que por 
quedarse con la F. lo había hecho coger preso por la escopeta 
y que luego había llegado a su casa estando don S. ya preso, 
y el señor Agente le había robado la platica que había dejado 
en el rancho, abusando de que sus sobrinos son muy pequeños. 

"Conclusión: don S. en la cárcel, doña F..., el agente M. 
acusado por don S., y la escopeta decomisada. Otrosí: los me- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



377 



ñores abandonados, el rancho sin dueño, la sementera perdida. 
Desde hace seis meses en un procedimiento que según la Ley es 
de ocho días! Pero es que apenas, su señoría, está discutiendo 
la justicia, sobre si se mantiene, o no, la detención preventiva 
de don S. Y don S. pensando en su escopeta de fisto, en su ran- 
cho infeliz, en su siembra abandonada, en sus sobrinos sin apo- 
yo, en su F. y hasta en el Agente M. 

"Entre tanto, su señoría y yo, tratando de resolver el caso y, 
seguramente ¡el señor funcionario de primera instancia anhelo- 
so de conocer el pensamiento del Honorable Tribunal Superior 
Militar! Mientras tanto las cárceles llenándose de campesinos en 
idénticas condiciones, creándose así un nuevo problema que si 
no es controlado a tiempo puede llegar a adquirir característi- 
cas de la mayor gravedad. Los verdaderos delincuentes escon- 
den las armas; los campesinos tienen en su rancho las escopetas 
de fisto. Muy grave problema podría formarse, en la realidad, 
si estos campesinos en cumplimiento de la drástica ley cambian 
su labranza por la cárcel urbana, la azada por los dados, su inge- 
nuidad por la malicia, produciéndose un hecho social y moral 
de características delicadísimas. Por ello los Jueces tienen que 
ser lo más prudentes en la aplicación del Decreto 284 de 1958. 
En mi discreto concepto este Decreto es una norma peligrosa, si 
no se aplica con mucho cuidado, con gran criterio jurídico, con 
amplio sentido humano. Ojalá que mi apreciación, motivada por 
el caso de don S. y hasta por doña F., vecinos de la vereda de 
San Antonio de Jamundí, resulte un poco exagerado y se pueda 
decir: "Que no es para tanto". 

"Se me ocurre, señor Magistrado, que este don S. está dentro 
del caso que contempla el ordinal 2° del artículo 22 del Código 
de Justicia Penal Militar, es decir, "Con plena buena fe deter- 
minada por ignorancia invencible o por error esencial de hecho 
o de derecho, no provenientes de negligencia". El proceso da base 
suficiente para meditar sobre este tópico. Si resulta así, enton- 
ces cabría la revocatoria de la detención preventiva que opera 
para don S. T. desde hace ya seis meses, claro está que también 
dentro del procedimiento de ocho días que señala la ley para 
que culmine el proceso. Considero que el ciudadano procesado 
debe salir de la cárcel ojalá para que regrese a su parcela, cuide 
de sus sobrinos, si es del caso contraiga matrimonio con doña 
F., pero que se vuelva a su agro, sea más útil a la sociedad que 
en la cárcel de Cali y, de paso, se contribuya a solucionar, así 



378 



EDUARDO IMANA LUNA 



sea en mínima parte, el drama de los campesinos detenidos por 
infracciones a normas que no conocen, ni nadie se ha tomado el 
trabajo de hacérselas conocer, salvo, claro está, la publicación 
del Decreto en el Diario Oficiar 33 . 

Además, ha primado un criterio exageradamente simplista, dán- 
dole prelación al aspecto del "delito formal", sin ahondarse so- 
bre el propósito, móvil y circunstancias determinantes reales. 

Se ha comentado sobre tan grave situación: 

"En la mayoría de los Códigos, el porte ilegal de armas, cuan- 
do no son de uso privativo de las Fuerzas Armadas, se ubica en 
el campo de las contravenciones y respecto al estudio de la in- 
tención se han planteado diferentes tesis, que van desde la prue- 
ba de la responsabilidad por la sola materialidad del acto, con 
sustracción de cualquier elemento psicológico, hasta la presun- 
ción de la voluntariedad, pero dando oportunidad al agente de 
la demostración de su buena fe, o cualquier otra causal de exi- 
mencia. 

"El primer concepto, de una extrema severidad, está resumido 
en el planteamiento que Carmignani hace así: "Como las trans- 
gresiones son una creación de la política, de aquí se sigue que, 
al establecer la índole de ellas, se deben emplear las reglas, no 
del derecho natural, sino del derecho político. Por tanto, cuando 
está probado el hecho material de la transgresión, no hay para 
qué tener en cuenta la intención del agente, pues el hecho equi- 
vale al dolo". 

''Es decir, el razonamiento anterior es el mismo que los seño- 
res funcionarios de primera instancia han venido adoptando para 
la resolución de los casos contemplados en el artículo 1° del De- 
creto 284 de 1958, en cuanto se refiere a elementos de uso no 
privativo de las Fuerzas Armadas. 

"El segundo sistema, se caracteriza por descartar el dolo, ha- 
ciendo depender la contravención siempre de culpa, "... la cual 
como está in re ipsa, no se prueba, sino que se presume". 

"Esta tesis no es de aplicación en nuestra actualidad, ya que 
el citado Decreto 284, sitúa los eventos como dolosos, mediante 

33 Fiscalía 3? del Tribunal Superior Militar, Proceso V 12098, Concep- 
to de Eduardo Umaña Luna (1959). 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



379 



la imposición de fuerte penalidad, o sea la de prisión de dos a 
cuatro años. 

"El tercer sistema, que me parece el más jurídico, es el deno- 
minado de la inversión de la prueba, según el cual ". . .en las 
contravenciones el carácter voluntario siempre se presume (inris 
tantum) , pero el agente puede en cada caso dar la demostración 
de su buena fe o de otra causa eximente". 0 sea que se traslada 
la cuestión del mero terreno psicológico al probatorio, mediante 
una verdadera inversión de la carga de la prueba. 

"Para el caso concreto del porte ilegal de armas, si bien es 
cierto que está de por medio el interés del Estado para salva- 
guardar posibles agresiones que atenten contra la seguridad de 
los asociados, también hay que contemplar el fundamento mis- 
mo de la acriminación; muy conocida es la tesis al respecto, de 
Beccaría cuando al analizar los posibles resultados en la norma 
prohibitiva, entiende^que los resultados pueden ser negativos, ya 
que leyes de este tipo ". . .empeorando las condiciones de los 
asaltados, mejoran las de los asaltantes, y en vez de disminuir 
los homicidios los aumentan, pues mayor es la confianza al asal- 
tar a los desarmados que a los armados". 

"Para la inmutabilidad basta la voluntariedad del hecho mis- 
mo, pero para la plena prueba de la responsabilidad, requisito 
básico para proferir fallo condenatorio, se deben examinar los 
elementos allegados, especialmente cuando el procesado recono- 
ce el acto en sí, pero califica su versión, alegando por ejemplo, 
el desconocimiento de la norma respectiva que, en muchas situa- 
ciones, pese a la prohibición genérica, puede aceptarse si se con- 
sidera la ignorancia invencible no proveniente de negligencia. 

"Este criterio está diáfanamente condensado en la frase que 
tomo de famosa sentencia de Casación de la Corte Italiana, pro- 
ferida el 29 de noviembre de 1939: "Desaparece el ilícito contra- 
vencional cuando resulta clara la buena fe del agente, que en 
toda su conducta se ha preocupado por no violar la ley, y que, 
antes bien, ha hecho todo lo posible para conformarse a ella" 34 . 

La parte procesal del mismo Decreto Ley 284 de 1958, señaló 
procedimiento breve y sumario para época de normalidad, pues- 

34 Fiscalía 3 a , Tribunal Superior Militar, Proceso N<? 20015, Concepto 
de Eduardo Umaña Luna (1958). 



380 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



to que de acuerdo con el Decreto número 2828 de 1961, en Esta- 
do de Sitio se juzga por el procedimiento de los Consejos de 

Guerra Verbales. 
• 

Queriéndose ser breve y sumario, en no pocas oportunidades 
los términos de días, señalados por la Ley, se prorrogan a me- 
ses, es decir, las horas se vuelven días y los días meses, por ca- 
pricho del investigador respectivo, o del Juez del conocimiento. 

Estas prolongaciones ilegales para investigar y para decidir, se* 
están presentando como fenómeno de periódica ocurrencia en es- 
te tipo de ilícitos, surgiendo así repulsivas situaciones: 

a) No se cumplen los términos legales; 

b) Al largo tiempo de vencidos tales términos, la segunda ins- 
tancia entra a revisar muchas veces los simples autos de deten- 
ción, mientras el funcionario de la primera instancia, "contra 
el mandato de la ley", paraliza el proceso a espera de la decisión 
del superior judicial. 

Así de los planteamientos edificados sobre realidades concre- 
tas, se desprenden conclusiones elementales: 

1 . La Ley se hace imposible de cumplir y, lógicamente, debe 
ser abolida por utópica; 

2. Funcionarios judiciales, en algunos casos, prolongan los 
términos en forma tal que estos procesos de solución "brevísima 
y sumaria" resultan a veces más demorados que los sujetos al 
procedimiento ordinario. 

En cualquiera de los dos eventos anteriores, se está ante situa- 
ciones angustiosamente negativas. ¿Qué clase de justicia es esa 
que para resolver una cuestión tan urgente como si se mantiene 
— o no — la detención preventiva, en un procedimiento tan rápi- 
do como el señalado en el artículo 2? del Decreto Ley 284 de 
1958, se toma plazos que van contra la ley y que desbordan con 
creces los de cualquier otro procedimiento legal, por lento que 
este resulte? 

Esta y muchas otras cuestiones han venido siendo objeto de 
preocupación en los círculos jurisdiccionales y administrativos 
que, por razón de sus funciones, entienden el problema, pero 
— hay que decirlo — otros más altos no lo entienden, ni les preocu- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



381 



pa esta delicadísima cuestión, por lo menos en cuanto respecta 
al simple porte de un arma de fuego, de uso no exclusivo de las 
Fuerzas Armadas, especialmente, en cuanto atañe al agricultor 
para salvaguardar el bien vital de su existir y el de su familia, 
así como el de su precaria propiedad. 

Mientras se plantea dotar de armas a ciertos grupos del cam- 
pesinado, bajo el control de determinadas entidades, como lo 
propuso recientemente la Sociedad Colombiana de Agricultores 
— destacándose así la impotencia del Estado para controlar la 
violencia en el agro — por otra parte, las cárceles siguen reci- 
biendo este nuevo tipo de "clientela" que, en la mayoría de las 
veces, no pasa de ser un campesino — olvidado de la autoridad 
colombiana — que se hace a un arma para tratar de defender los 
bienes indispensables a efecto de no perecer de hambre con su 
familia. 

Contrastes como el anterior son los que siguen constituyendo 
factores de violencia, mientras los altos organismos parlamenta- 
rios se mantienen al margen del tratamiento de la dramática 
situación. 

Como prueba del aserto anterior se aduce el siguiente hecho 
real: 

Hace un año largo se presentó al Parlamento un interesante 
Proyecto de Ley "por medio del cual se dictan nuevas disposi- 
ciones sobre comercio y control de armas, municiones, explosivos, 
pólvora, artículos pirotécnicos y otros". 

Se tiene entendido que el proyecto fue aprobado por el Sena- 
do de la República, tanto en Comisión como en la sesión plena- 
ria correspondiente. Pasó al estudio de la Cámara de Represen- 
tantes, por medio de la Comisión respectiva, durmiendo desde 
entonces "el sueño de los justos", mientras miles de personas es- 
tán abocadas al dantesco dilema: son sorprendidas sin medios 
de defensa por los maleantes de todos los pelambres, o, utilizan 
medios de defensa sin cumplir todos los trámites y requisitos 
que señalan las leyes respectivas, para ser enviados a las cárceles. 

Al repasar, en una rápida lectura, el mencionado Proyecto de 
Ley, se destaca que las duras penalidades vigentes actualmente, 
tienden a ser racionalmente reemplazadas por una serie de dis- 
posiciones que, si bien sancionan la no obtención del salvocon- 
ducto, buscan hacer más razonables los cánones legales ante el 



382 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



drama de las gentes indefensas pero víctimas de los cordones 
de la violencia, que no propiamente de seguridad brindada por 
el Estado. 

Predominio de la Legalidad Marcial 

En alguna sonada oportunidad histórica, manifestó don Mi- 
guel Antonio Caro: 

". . .la Constitución no cesa de regir en ningún tiempo; ella 
establece los órdenes de legalidad: a la de la paz reemplaza cons- 
titucionalmente, llegado el caso, la legalidad marcial, una ver- 
dadera legalidad, no la arbitrariedad como antes sucedía" 35 . 

Dentro de este criterio y por razón principalísima de la vio- 
lencia, la competencia de la Justicia Penal Militar se fue exten- 
diendo paulatinamente, mediante disposiciones comprendidas 
dentro de la llamada Legislación de emergencia, en un grado tan 
amplio que la sola enunciación de los puntos básicos de las tareas 
asignadas a esa jurisdicción especial, basta para desentrañar que, 
en realidad, por lo menos en lo pertinente al mantenimiento del 
orden público, rige una legalidad propia de época de guerra, que 
no la normal para tiempo de paz. 

El 31 de marzo de 1950, por medio del Decreto número 1125, 
se promulgó el nuevo Código Penal Militar, que entró a reempla- 
zar las disposiciones de la Ley 3^ de 1945, posteriormente com- 
plementado, corregido y aumentado por numerosos Decretos Le- 
yes que vinieron a adquirir una estructura orgánica con la ex- 
pedición del Decreto Ley N° 250, de 1958, contentivo de los Có- 
digos Sustantivo y Procesal Castrense que, por voluntad de la 
Junta Militar de Gobierno, comenzó a regir el 11 de julio del año 
citado. 

Había crecido tanto la jurisdicción militar que el Gobierno, en 
dos de los considerandos, daba las razones fundamentales para 
la expedición del Estatuto que coordinó las innumerables medi- 
das dispersas, al expresar: 

"Que la actual legislación relativa a la justicia penal militar 
está consignada en diversos decretos y es, además, notoriamen- 
te incompleta; 

35 Miguel Antonio Caro, Antecedentes de la Constitución de 1886 (Bo- 
gotá, 1913). 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 383 

"Que se impone la expedición de un Código de la materia que 
en forma ordenada y metódica establezca la organización de esta 
clase de justicia, señale el procedimiento y fije las normas sustan- 
tivas que han de aplicarse". 

Resultó que, en primer término, se tuvieron en cuenta todas 
aquellas infracciones funcionales militares, lo cual está de acuer- 
do con el artículo 170 de la Constitución Nacional. 

Sin embargo, se añadieron delitos comunes e ilícitos comunes 
tipificados como militares. 

Las infracciones que contempla el Código de Justicia Penal 
Militar, se presentan así: 

1. Delitos estrictamente militares: 

a) Delitos contra la disciplina (Insubordinación, Desobedien- 
cia, Ataque a superiores o inferiores) ; 

b) Delitos contra el servicio (Abandono del puesto, Abandono 
del servicio, Deserción, y Delito del Centinela) ; 

c) Delitos contra los intereses de las Fuerzas Armadas (Inu- 
tilización voluntaria) ; 

d) Delitos contra el honor militar (Cobardía, Calumnia, In- 
juria) ; 

e) Delitos contra la seguridad de las Fuerzas Armadas (Sabo- 
taje, Ataque al centinela, Violación de Secretos, Uso indebido de 
uniformes e insignias militares, Posesión y tráfico ilegítimo de 
armas, municiones y explosivos) . 

Este grupo contiene, además algunos delitos especiales relati- 
vos a la Armada, a la Fuerza Aérea, a la Policía y a las Escuelas 
de Formación. 

2. Delitos comunes tipificados como militares, por el factor 
"Servicio" : 

a) Delitos contra la administración (Abuso de autoridad, 
Usurpación de funciones, Falsedad, Falso testimonio, Encubri- 
miento, Fuga de presos) ; 

b) Delitos contra la vida y la integridad personal (Homicidio, 
Lesiones personales, Duelo) ; 



384 EDUARDO UMAÑA LUNA 

c) Delitos contra la población civil (Devastación, Saqueo, Ex- 
torsión) ; 

d) Delitos contra los bienes del Estado (Peculado, Hurto, Ro- 
bo, Abuso de confianza) ; 

e) Delitos contra el Derecho Internacional. 
3. Delitos comunes: 

a) Delitos contra la existencia y la seguridad del Estado (Trai- 
ción a la Patria, Ilícitos que comprometen la paz, la seguridad 
exterior o la dignidad de la Nación, Espionaje, Piratería) ; 

b) Delitos contra el régimen constitucional y contra la seguri- 
dad interior del Estado (Rebelión, Sedición, Asonada, Conspi- 
ración) . 

¿Quiénes están sometidos a la jurisdicción penal militar? 

Según el artículo 307 del Código de Justicia Penal Militar: 

I 9 Todos los militares en servicio activo; 

2? Los militares en situación de reserva o de retiro, en los ca- 
sos de delitos contra la disciplina de las Fuerzas Armadas o de 
los delitos en que los particulares puedan ser juzgados según 
este Código; 

3° Los militares extranjeros al servicio de las Fuerzas Armadas 
de Colombia; 

4? Los prisioneros de guerra y los espías; 

59 Los civiles que forman parte de las Fuerzas Armadas; 

6° Los particulares, esto es, los civiles que no están al servicio 
de las Fuerzas Armadas, que cometan delitos previstos específi- 
camente en este Código para ellos". 

Como si lo anterior no fuese suficiente tarea, el artículo 308 
extendió aún más la acción castrense, ya que preceptuó que la 
Jurisdicción Penal Militar conoce: 

"1" De los delitos definidos y sancionados en el presente Có- 
digo; 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



385 



2° De los delitos establecidos en las leyes penales comunes co- 
metidos por los militares en servicio activo o por civiles que 
están al servicio de las Fuerzas Armadas, en tiempo de guerra, 
turbación del orden público o conmoción interior; 

3° De los delitos establecidos en este Código, o leyes comunes, 
cuando se cometan en territorio extranjero invadido, a bordo de 
buques de la Armada o de aeronaves militares colombianas, o 
que estén al servicio de las Fuerzas Armadas de la República". 

Se destaca que los delitos comunes trasladados del Código Pe- 
nal Ordinario (Ley 95 de 1936) al Código de Justicia Penal 
Militar (Decreto 250 de 1958), aunado a los numerales 5 o y 6^ 
del artículo 307 del Código de Justicia Penal Militar y, además, 
al numeral 2° del artículo 308 de la misma obra, entrañan pre- 
cisamente la increíble extensión de las funciones de la justicia 
penal militar con desmedro de las tareas constitucionales de la 
justicia ordinaria. 

Aún más. En relación con lo dispuesto, en el numeral 2° del 
artículo 308 del Código de Justicia Penal Militar, se ha venido 
insistiendo por la jurisdicción castrense sobre que basta que el 
ilícito se haya cometido en época y región donde se hubiese tur- 
bado el orden público, para que siga conociendo esta jurisdic- 
ción especial hasta la culminación del respectivo proceso. 

Hay que considerar que la Justicia Penal Militar no puede se- 
guir teniendo la competencia en estos casos, una vez levantado el 
estado de sitio. 

El artículo 619 del Código de Justicia Penal Militar reza: "Las 
disposiciones procedimentales contenidas en este decreto se apli- 
carán a todos los procesos de competencia de la jurisdicción mi- 
litar que estén en curso, cualquiera que haya sido la fecha de su 
iniciación con arreglo a lo dispuesto a la Ley 153 de 1887". 

Débese proceder, entonces, según lo ordenado por el artículo 
618 ibidem: "Los procesos en curso que por razón de este De- 
creto pasen a ser de competencia de otra Jurisdicción, se remiti- 
rán inmediatamente en el estado en que se encuentran al respec- 
tivo Juez o Tribunal". 

Podría entenderse en una interpretación simplista del ordinal 
2? del artículo 308 del Código de Justicia Penal Militar que he- 



VIOLENCIA EN COLOMBIA 



386 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



chos ocurridos en época de turbación del orden público, conti- 
nuarían siendo de competencia de la Justicia Penal Militar. Sin 
embargo, si se tiene en cuenta que el nuevo Código entró a regir 
el 11 de julio de 1958, se plantearía un primer punto de análisis 
respecto a si se refiere a delitos comunes, cometidos por milita- 
res en servicio activo o por civiles al servicio de las Fuerzas Ar- 
madas, en los casos señalados, pero después del día en que entró 
en vigencia el nuevo estatuto, es decir, "en tiempo de guerra, 
turbación del orden público o conmoción interior", luego de la 
fecha fijada. 

¿Para qué entonces lo ordenado en el artículo 618? 

El asunto tiene un gran interés si se examina con cuidado el 
texto mismo de los artículos 618 y 619 mencionados, en inciden- 
cia con las disposiciones de la Ley 153 de 1887, la jurisprudencia 
de nuestros tribunales y las fuentes doctrinales sobre esta mate- 
ria, que son unánimes en rechazar tan absurda y terca postura. 

¿Para qué insistir en el conocimiento por parte de la jurisdic- 
ción penal militar de los delitos comunes, cometidos por los mi- 
litares en servicio activo o por civiles que presten su colabora- 
ción a las Fuerzas Armadas, cuando desaparece la turbación del 
orden público? 

Los datos anteriores adquieren un contenido todavía mayor si 
se consideran los diferentes procedimientos que se deben seguir 
para el juzgamiento de los asuntos de competencia de la Justicia 
Penal Militar, ya que estos son de tres clases: 

a) Procedimiento ordinario; 

b) Procedimientos especiales, y 

c) Procedimiento especialísimo de los Consejos de Guerra 
Verbales. 

Cuando está turbado el orden público, conviene tener en cuen- 
ta que hay que seguir obligatoriamente el procedimiento de los 
Consejos de Guerra Verbales, a excepción de los delitos de Aban- 
dono de Puesto, Deserción y Abandono del Servicio, cuestión 
plenamente ordenada por el Decreto N° 2828 de noviembre 10 
de 1961. 

Ciertas disposiciones del procedimiento de los Consejos de 
Guerra Verbales han venido siendo, con justa causa, materias de 
fuertes críticas, especialmente por dos aspectos: 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



387 



19 ¿Quiénes juzgan? Oficiales de las Fuerzas Armadas, única 
y exclusivamente, de acuerdo con el artículo 572 del Código de 
Justicia Penal Militar. 

2° ¿Pueden intervenir abogados, en su carácter de defensores, 
que no pertenezcan a las Fuerzas Armadas, o estén gozando de 
buen retiro? No, salvo una limitadísima excepción, puesto que 
el inciso l 9 del artículo 393 del Código de Justicia Penal Mili- 
tar dispone: 

"En los procesos penales militares los cargos de apoderados y 
defensor pueden desempeñarlo oficiales de las fuerzas armadas 
en servicio o en uso de buen retiro, o abogados civiles, pero es- 
tos últimos no pueden intervenir en la audiencia de los consejos 
de guerra verbales, sino cuando han servido el cargo de magis- 
trados o fiscales del tribunal por más de tres años". 

Pero, ¿de qué "Tribunal"? ¡Sólo del Tribunal Superior Mi- 
litar ! 

La medida anterior se hace supremamente injusta en relación 
con los sindicados de aquellos casos en que se convoca el Conse- 
jo de Guerra Verbal sin que exista investigación previa, ya que 
de acuerdo con el inciso 1° del 577 de la obra citada puede rea- 
lizarse el Consejo de Guerra Verbal, iniciándolo con el princi- 
pio de investigación y culminando con el fallo respectivo, tal 
como se puede deducir al estudiar el capítulo 2 9 del Título ó 9 
del Libro 3° del Código de Justicia Penal Militar, verbigracia: 
al contemplarse el dato que, para un ahondamiento sobre el par- 
ticular, contiene el Parágrafo 3 9 del citado artículo 577: 

"Cuando no exista investigación previa, por la Resolución se 
designará, además, el funcionario de instrucción que ha de rea- 
lizar inmediatamente la instrucción. Concluida ésta el funciona- 
rio da cuenta verbal de sus gestiones al Consejo, y pondrá a 
disposición los testigos que deben ser interrogados y todas las 
demás pruebas que haya podido reunir". 

Como los abogados civiles que cumplen los requisitos atrás in- 
dicados, en realidad no sobrepasan la decena, aun en el evento de 
que se dedicaran exclusivamente a estos menesteres, puesto que 
cotidianamente se celebran Consejos de Guerra Verbales en todo 
el país, se produce una situación realmente odiosa como es la 
de consagrar un tan excepcional privilegio para un escaso grupo 



388 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



de profesionales del derecho, mientras que al resto se les prohi- 
be el acceso. 

La gravedad se hace mayor en el evento de turbación del or- 
den público, puesto que los oficiales-abogados son escasos y, por 
lo general, están abrumados por otras funciones distintas de 
éstas. 

¿Es esto, Derecho? 

Cuando la violencia se enfoca desde el punto de vista político 
necesariamente se cae en la competencia de la Justicia Penal 
Militar. ¿Hasta dónde puede conservar frialdad de ánimo y se- 
renidad de juicio, el jurado de conciencia integrado siempre por 
tres oficiales de las Fuerzas Armadas, la mayoría de los cuales, 
si no la totalidad, en zonas de violencia han combatido contra 
quienes van a ser juzgados por ellos mismos? 

Todas estas cuestiones, dado el régimen jurídico actual, ajenas 
a los organismos regulares de la justicia en Colombia, traen co- 
mo secuela que — por alarmante que parezca — el tratamiento 
jurídico contra la violencia no está a cargo de los jueces ordina- 
rios, sino de jurisdicción especial que, en la primera instancia, 
en época de turbación del orden público, corre a cargo de la 
oficialidad de las Fuerzas Militares. 

La mentalidad del ejecutor material de la violencia, por lo 
general perteneciente al campesinado, es tremendamente influen- 
ciada al saber que va a ser juzgado, en caso de entrega volunta- 
ria, o de captura, por quienes él, en su subjetividad, con razón 
o sin ella, considera sus directos enemigos. Lógicamente no se 
entrega y evita hasta donde le sea posible la captura. Combate 
hasta morir, pues en su concepción simplista se reputa, de todas 
maneras, un condenado, casi siempre a muerte, entre otras cues- 
tiones, por haberse aplicado en tantas ocasiones la denominada 
"Ley de fuga", uno de los usos más fatídicos y que mayores ma- 
les ha ocasionado para el restablecimiento de la paz pública. 

Ahora, todos estos casos irresponsablemente son presentados 
como acontecidos por móviles políticos, queriéndose descono- 
cer que en el fondo de muchos de ellos la significación principal 
fue la lucha económica, la lucha por la tierra, la lucha por el 
diario subsistir, ante una organización social realmente anacró- 
nica, todo disimulado, en no pocas ocasiones, por las clases diri- 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



389 



gentes, apelando a esa gran Celestina para rehuir las responsabi- 
lidades, que ha sido la palabra "Política". 

Se sigue hablando frente al fenómeno de la violencia, en el en- 
foque de los funcionarios encargados de juzgar penalmente, de 
las viejas banderías que han partido en dos territorios ideológi- 
cos la patria, mejor aún. la "Matria", como quería que se dijese 
el gran don Miguel de Unamuno. Tremendo error. La causa eco- 
nómica puede supeditar el aparente móvil político, o por lo me- 
nos, al lado de las luchas entre conservadores y liberales, estar- 
se desarrollando en los campos una verdadera lucha económica 
apareciendo las Fuerzas Regulares como instrumento de estamen- 
tos sociales superiores, especialmente de los latifundistas. 

Sociológicamente no dejaría de constituir un imperdonable 
error reducir el fenómeno de la violencia a causalidades mera- 
mente psicológicas y políticas, mostrando a nuestros campesinos 
como seres inferiores al resto de la especie humana, descansan- 
do tranquilamente las conciencias de las clases dirigentes con 
este pretexto, queriéndose ignorar el problema social, el panora- 
ma de la desigualdad económica y, lo que es más dramático, có- 
mo numerosos de los violentos actuales no son otra cosa que 
"hijos de la violencia", donde muchos de los delitos atroces que 
se ejecutan, los aprendieron, cuando siendo niños asistieron a 
actos similares de los cuales fueron víctimas sus propios pro- 
genitores. ¿Qué se ha hecho, desde el punto de vista jurídico, 
para afrontar tal circunstancia? Nada. Absolutamente nada. 

¿Por qué el silencio de la mayoría de los "juristas" que han 
tenido acceso al Parlamento? ¿Dónde la presencia científica de 
la Universidad colombiana para proponer los tratamientos ade- 
cuados? ¿Por qué la indiferencia y la frialdad de los profesio- 
nales del Derecho que, en su mayor parte, han venido rehuyendo 
expresar sus pareceres? ¿Está o no, informada la juventud 
que trajina en las aulas de las Ecuelas de Derecho de estas cues- 
tiones? ¿Cumplen su tarea los maestros, guías y profesores de 
las especializaciones respectivas? 

Esta extensión de la "legalidad marcial" vino a significarse, 
en forma especialísima, cuando el 4 de septiembre de 1953, por 
medio del Decreto Ley N? 2311 se creó la denominada Corte 
Militar de Casación y Revisión, para conocer de todos aquellos 
asuntos propios de la Justicia Penal Militar que correspondía, 



390 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



en cuanto a los recursos de Casación y Revisión, a la Sala Penal 
de la Corte Suprema de Justicia. 

La medida podría haberse dictado por razones expuestas, es- 
pecialmente en el "considerando 2?" del mencionado Decreto: 
"El recargo de trabajo de la Sala Penal de la Corte Suprema de 
Justicia hace aconsejable que de los recursos de Casación y Re- 
visión y negocios de la Justicia Penal Militar, conozca una enti- 
dad distinta", si no se le hubiese dado un giro supremamente 
delicado a la medida, ya que en el artículo I o se dispuso: "Créa- 
se como dependencia del Ministerio de Guerra, la Corte Militar 
de Casación y Revisión, compuesta por tres magistrados". 

La autonomía de tan alta corporación corría peligro de verse 
gravemente afectada por cuanto quedaba sujeta al régimen pro- 
pio del Ministerio de Guerra, con las inevitables incidencias de 
los reglamentos militares sobre la administración de justicia. 

Como es bien sabido, la citada Corte ejerció sus tareas hasta 
el año de 1958 cuando fue suprimida. 

Momento a momento, para efectos de extender la Jurisdicción 
Penal Militar, se iban incorporando a las Fuerzas Armadas, no 
solo el personal de la Policía Nacional como más adelante se 
verá, sino el personal de las Aduanas y puertos marítimos y te- 
rrestres de carácter internacional que funcionaran dentro del 
país, tal como lo dispuso el Decreto Ley N? 1897 de julio 21 de 
1953, mediante el cual, en el artículo 2 9 — una vez militarizados 
estos cuerpos, por el artículo 1° — se ordenó: "En consecuencia 
a lo dispueko en el artículo anterior, todo el personal que preste 
sus servicios en dichas dependencias, sea cual fuere su actividad, 
quedará sometido a la disciplina y régimen militares, y, por 
tanto, a las normas del Código Penal Militar". 

El artículo 4*? del Decreto inmediatamente antes mencionado, 
o sea el mismo 1897, adicionó el Decreto Extraordinario N? 1814 
del 19 de julio de 1953, entre otras cuestiones, con la siguiente: 

"Se incorpora a la Policía Nacional, las Policías Departamen- 
tales y Municipales, los Resguardos de Aduanas, Resguardos de 
Rentas Departamentales, los Cuerpos de Circulación y Tránsito, 
vigilancia de Cárceles..." 

O sea que todos estos organismos quedaban también sujetos 
a las ordenanzas del Código de Justicia Penal Militar, ya que al 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



391 



hacer parte de la Policía Nacional se planteaba tal realidad que 
ha venido teniendo una serie de contingencias de gran impor- 
tancia, hasta la expedición del Decreto Legislativo N 9 1705 del 
18 de julio de 1960, a raíz del cual ya hay decisiones de la Ho- 
norable Corte Suprema de Justicia al respecto, concluyéndose que 
los miembros de la Policía Nacional perdieron el fuero militar. 

Régimen penal de la Policía 

La acción permanente de la Policía en cuanto al fenómeno de 
la violencia, ofrece un interés especial respecto a si está ampara- 
da, o no, por el "fuero militar", dado el precepto judicial res- 
pecto a que la orden del superior exime de responsabilidad al 
subalterno ejecutor, según el mandamiento castrense, fundamen- 
tado en precepto constitucional. 

Las conductas — negativas o positivas — de los miembros de 
esta fuerza armada han sido influidas por el tratamiento que la 
ley determine sobre si gozan, o no, del fuero militar. 

Intensas y prolongadas han sido las discusiones de carácter 
jurídico que se han esgrimido sobre los diferentes puntos de vis- 
ta, sea para defender la incorporación de la Policía a las Fuer- 
zas Militares, sea para consagrar el carácter civil de la misma. 

Es indudable que, por razones de orden público, se hubo de 
producir interferencia entre las funciones propias de las Fuerzas 
Militares (Ejército, Armada y Aviación) con las tareas polici- 
vas. Este hecho ha conducido a la contemplación de si es indis- 
pensable que el fuero penal militar se extienda a los miembros 
de la Policía Nacional, tal como sucedió entre los años de 1953 
y de 1960. 

El contenido de este tópico se puede, muy esquemáticamente, 
enfocar en la situación actual, donde se enfrentan criterios opues- 
tos, mientras que las directivas de la dicha institución adoptan 
una actitud de prudente espera. 

Es fundamental anotar que, dentro de las causales de justifica- 
ción del hecho, el numeral 1° del artículo 24 del Código de Jus- 
ticia Penal Militar señala la siguiente: "Por disposición legal u 
orden obligatoria de autoridad competente". 

En relación con los miembros de la Policía Nacional, al perder 
el fuero militar quedaron sujetos a los preceptos generales, entre 



392 



EDUARDO UMA5íA LUNA 



ellos, al artículo 2 9 del Código de Procedimiento Penal (Ley 94 
de 1938), que dispone: 

"En la infracción manifiesta de un precepto constitucional en 
detrimento de alguna persona, el mandato superior no exime de 
responsabilidad al agente que lo ejecuta". 

Como la Corte Suprema de Justicia, en sentencia del 12 de di- 
ciembre de 1946, declaró inexequible la frase: "7 a los miembros 
de los cuerpos armados en servicio", no se puede aplicar a los 
integrantes de la Policía lo dispuesto en el inciso 2? del artículo 
2° del Código de Procedimiento Penal, en cuanto se preceptuó: 

"Los militares y los miembros de los cuerpos armados en ser- 
vicio quedan exceptuados de esta disposición. Respecto de ellos, 
la responsabilidad recaerá únicamente en el superior que dé la 
orden". 

Conclusión lógica la anterior, puesto que al añadir: los miem- 
bros de los cuerpos armados en servicio, se sobrepasaba el inciso 
29 del artículo 21 de la Constitución Nacional que tratando del 
mandato superior limitó la excepción a los militares en servicio. 

La trascendencia de este asunto es de gran importancia para 
el comportamiento de la Policía en sus tareas de mantenimiento 
del orden público. 

En la Revista de las Fuerzas Armadas se encuentra el siguien- 
te concepto que define la posición de la jurisdicción castrense: 

""El Tribunal Superior Militar ha considerado y continúa cre- 
yendo que el Decreto 1705 de 1960, lejos de cercenar el llama- 
do fuero militar para la< Policía Nacional, lo ratificó y confir- 
mó en los artículos 48 y 49, que reiteraron, de una parte, las 
funciones del Tribunal Superior Militar y de los Juzgados de 
Instrucción en la misma forma en que las determina el Código 
de Justicia Penal Militar; y, de otro lado, crearon la Procuradu- 
ría Delegada de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional 
para ejercer el Ministerio Público ante la Justicia Penal Militar. 

"Se tiene la seguridad de que cuando la Honorable Corte Su- 
prema de Justicia estudie el problema en forma directa, y no 
tangencial como hasta el presente, habrá de tomar decisiones más 
en armonía con la realidad legal vivida por las Fuerzas de Po- 
licía en los últimos años. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



393 



"Por lo anterior, señor General, tenemos la opinión de que el 
fuero castrense para los miembros de esa Institución no ha des- 
aparecido; que no ha sido desconocido en modo directo por nin- 
guna decisión de la Corte Suprema de Justicia; y que, por tanto, 
sería apresurado e inconsecuente tomar medidas que, lejos de 
obedecer una jurisprudencia todavía no asentada, correrían el 
gravísimo riesgo de infringir la ley positiva vigente" 36 . 

La Corte Suprema de Justicia, planteó su determinación al 
respecto mediante enjundiosas conclusiones como la siguiente: 

"Si la Policía Nacional estuvo sometida en cuanto al juzga- 
miento de sus miembros, al fuero penal castrense, porque se la 
incorporó a las Fuerzas Militares y éstos dejaron de ser funcio- 
narios civiles armados (componentes de una fuerza armada) pa- 
ra tomar el carácter de militares, es lógico que al ser desincorpo- 
rada de las Fuerzas Militares para hacer de ella una institución 
de carácter civil, sus miembros dejaron de estar sometidos al 
fuero penal castrense, así continúen siendo funcionarios civiles 
armados (componentes de una fuerza armada). 

"No se explicaría que una fuerza armada fuese militar y no 
dependiese del Comando General de las Fuerzas Armadas Mili- 
tares. En cambio, resulta acorde con lo previsto en el título XVI 
de la Constitución Nacional, que no toda fuerza armada es mi- 
litar, como que allí, además de Ejército (comprensivo de lo que 
ahora se denomina fuerza militar) , se habla del cuerpo de la Po- 
licía Nacional, y de la milicia nacional. Y a lo anterior, cabe 
agregar la Policía de Circulación y Tránsito, los resguardos de 
aduanas y los cuerpos guardianes de las cárceles, como agrupa- 
ciones de funcionarios civiles armados. 

"Cabe anotar que en providencia de 9 de mayo de 1961, el 
Tribunal Superior Militar, mediante ponencia del honorable ma- 
gistrado doctor P. G. M., expresó lo siguiente: 

"Otra disposición que respalda este modo de interpretar el 
artículo 12 que se viene mencionando, es el 140 del Decreto 
2900 de 1953. Tal artículo dispone una reglamentación provisio- 
nal en el trámite de los procesos contra miembros de la Policía 
que tengan fuero militar en virtud de la incorporación de esta 

36 Revista de las Fuerzas Armadas, (Bogotá), Vol. III, N? 9 (agosto 
de 1961), p. 570. 



394 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



fuerza a las Fuerzas Armadas. Por medio de esta disposición se 
aclaró que el fuero militar de los miembros de la Policía Nacio- 
nal lo adquirieron en virtud de la incorporación de tal fuerza a 
las Fuerzas Armadas y bien se puede, con base en el citado ar- 
tículo, afirmar que los miembros de las fuerzas de Policía sí 
adquirieron fuero militar desde la fecha en que fueron incorpo- 
rados a las Fuerzas Armadas" (subrayó la Sala Penal de la 
Corte) . 

"Corolario indiscutible es, entonces, el de que los miembros 
de la Policía Nacional quedaron desvinculados del fuero penal 
castrense, desde cuando el Decreto 1705 de 1960 desincorporó 
a las Fuerzas de Policía de las Fuerzas Militares, entonces lla- 
madas Fuerzas Armadas. Esto es, desde el momento en que se 
dispuso que la Policía Nacional es una institución de carácter 
civil" 37. 

Por último, dado el desacuerdo entre la Corte Suprema y el 
Tribunal Superior Militar — su inferior judicial — podría inte- 
rrogarse sobre el criterio pertinente de los jefes de la Policía 
Nacional. 

Uno de sus más altos oficiales, o sea el Coronel José A. Ramí- 
rez Merchán, al concluir una serie de ensayos sobre este delicado 
tema, en la Revista de las Fuerzas Armadas da la oportuna res- 
puesta : 

"Del anterior planteamiento se deduce: que la Policía está ca- 
talogada como un Cuerpo Armado de carácter permanente; que 
tiene un régimen y disciplina especiales, semejantes en sus ma- 
nifestaciones externas a los que rigen las Fuerzas Militares, pero 
acordes con su carácter eminentemente civil; que por la esencia 
y naturaleza de la función policial cada uno de los componentes 
de tal organismo tiene que responder personalmente de sus ac- 
tos; que el miembro de la Policía actúa conforme a los dictados 
de su conciencia poniendo en acción su propio criterio e inicia- 
tiva sin que le sea dado esperar órdenes; que la Suprema Ley 
establece y reconoce una especie de inmunidad por las infrac- 
ciones que cometen los militares en servicio haciendo recaer toda 
la responsabilidad en el superior que da la orden, calidad ésta 

37 Sentencia del 27 de julio de 1961, Corte Suprema de Justicia, Sala 
Pend. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



395 



que no ampara a ía Policía como expresamente se deduce de lo 
estatuido en el artículo 21 de la Constitución Nacional que en 
su texto dice: 

"En caso de infracción manifiesta de un precepto constitucio- 
nal en detrimento de alguna persona, el mandato superior no 
exime de responsabilidad al agente que lo ejecuta. Los militares 
en servicio quedan exceptuados de esta disposición. Respecto de 
ellos, la responsabilidad recaerá únicamente en el superior que 
da la orden". 

"En tal virtud, la Policía Nacional necesita de un Estatuto 
Penal Especial que corresponda a la organización, funcionamien- 
to, modalidades y características de este servicio" 38 . 

Consideración final 

Presentados esquemáticamente algunos de los más importantes 
factores que, en el orden jurídico han influido en el fenómeno 
de la violencia, se hace urgente resolver tópicos primordiales, a 
fin de neutralizar los efectos nocivos que van en desmedro y con- 
siguiente quiebra de la Justicia: 

a) Elevación del nivel ético-cultural del personal, y 

b) Reestructuración de las normas jurídicas. 

Grave error se cometería si estos aspectos fueran enfocados 
de manera independiente el uno del otro; deben ser aprehendidos 
como fases del mismo problema; la acción singular sobre uno 
sin el tratamiento paralelo sobre el otro, no sería lo suficiente- 
mente apta para determinar un efectivo acondicionamiento de la 
Justicia a la realidad nacional. 

Debe concluirse que las normas jurídicas no tuvieron la su- 
ficiente aptitud para afrontar el hecho de la violencia, mientras 
que igualmente gran parte del personal — dedicado a los me- 
nesteres de la jurisdicción penal, trátese de funcionarios o de 
abogados en ejercicio — fue inferior a la cita histórica. 

En tanto no se produzcan las reformas de fondo, el panorama no 
podrá variar, máxime cuando al levantamiento del Estado de Sitio 



38 Ibid., Vol. IV, N<? 11 (diciembre de 1961), p. 305. 



396 



EDUARDO UMAÑA LUNA 



se opone la realidad de un estado de turbación del orden jurídico. 
Al adoptarse la "legislación de emergencia", ésta de su caracte- 
rística esencial de "transitoriedad", adquirió la calidad de institu- 
ción jurídica permanente, mientras los organismos pertinentes del 
Poder Público no desarrollen la tarea declarativa de las normas 
que entren a reemplazar las aludidas. 

Subsistiendo la obligada ausencia de la justicia ordinaria, en 
la mayor parte de las cuestiones relacionadas con el tratamiento 
jurisdiccional de la violencia, el régimen de guerra seguirá pri- 
mando sobre la norma propia de la paz. Adviene así una situa- 
ción paradojal: se levanta el Estado de' Sitio, pero se consagra 
el régimen penal de época de guerra interna. Necesariamente 
alguno de los extremos de esta absurda relación, aparece viciado. 

El fracaso — plenamente demostrado — del dogmatismo jurí- 
dico, la equivocada orientación ¿e las vocaciones profesionales 
en incidencia con los deficientes sistemas de enseñanza de las 
Espuelas de Derecho, la victoria del "empirismo" más burdo, el 
predominio de valores negativos sobre los verdaderamente pro- 
pios de la acción judicial, el peligroso ingreso de grupos extra- 
ños en los estrados de la justicia, el acrecentamiento del sobor- 
no, la extensión alarmante del prevaricato, la inercia, el inmovi- 
lismo y la pereza de un alto porcentaje de funcionarios, la pug- 
na sin frenos morales entre muchos de los profesionales en las 
ciencias jurídicas, demuestran a plenitud el retroceso de las es- 
tructuras encargadas de resolver los conflictos de intereses den- 
tro de la comunidad, con particularidad en las decisiones que 
hacen referencia a la escala superior de bienes tutelados por las 
leyes. 

Los fundamentos de la coexistencia y de la cooperación, des- 
de el punto de vista jurídico, tienden a desaparecer, mientras 
que se cree neutralizar la crisis con el cumplimiento de las fór- 
mulas rituales, a espaldas de la angustiosa realidad. La causali- 
dad de tal cuestión debe ser inmediatamente analizada: hay aue 
realizar el diagnóstico por cruel que pueda resultar; es imposible 
demorar el tratamiento que exige la dolencia. 

Sería necio recalcar cómo la resolución que haya de adoptar- 
se debe guardar inevitable concordancia con los factores políti- 
cos, sociales y económicos dentro de un generoso planteamiento 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



397 



nacional. De todas maneras, la compleja situación incide peli- 
grosamente sobre todo el sistema. La armonía social depende en 
parte considerable de la efectividad de la justicia. No es valede- 
ra solución alguna para controlar criminalidad, sin principiar 
por lo básico, es decir, sin sanear lo elemental, o sea el elemento 
humano, junto a la acción persistente en la adaptación de la 
normación jurídica a lo real de la comunidad. 

El actual Jefe del Estado, el 20 de julio de 1961, exponía sobre 
este particular: 

"El clamor general sobre la ineficacia de la justicia, al cual se 
suman no pocos de los jueces que encuentran inadecuada la or- 
ganización presente, y que a pesar de sus conocimientos y vo- 
luntad no logran dominar el complejo y arcaico mecanismo des- 
tinado a consagrar la rutina, la lentitud y la impunidad, obliga- 
rá seguramente al Congreso a dedicarle la más seria atención al 
examen de la reforma. Es cosa grave que, aún por ligereza y 
muchas veces sin plena información todo un país acepte como 
axiomática la quiebra de su organización judicial y que no haya 
quien pueda levantarse con autoridad suficiente, nacida de los 
hechos mismos, a refutar esta convicción pública. Nadie debería 
tener un mayor interés en el estudio de estos proyectos de ley 
que los propios jueces, cuyas sentencias caen en una atmósfera 
de escepticismo y suspicacia, son motivo constante de agitada 
controversia y, aun ajustadas rigurosamente a la ley, no pueden 
librarse de la irrespetuosa reacción que suscita la acción judicial. 
Un país que no cree en sus jueces ni confía en su justicia, está 
siempre al borde de las más grandes calamidades y a ese estado 
nos ha conducido, sin duda, el descuido en organizar la admi- 
nistración de justicia en una forma más adecuada para las con- 
diciones presentes, o siquiera acomodada a las exigencias de la 
población actual de Colombia" 39 . 



39 Doctor Alberto Lleras Camargo, Presidente de la República, Mensaje 
al Congreso Nacional (1961). 



CAPITULO XIII 



El Conflicto, la Violencia y la Estructura Social 
Colombiana 



Es difícil ofrecer explicaciones sociológicas completas del in- 
tenso y complicado proceso de la violencia en Colombia, algunos 
de cuyos aspectos quedan descritos en las páginas precedentes. 
Dentro de las posibilidades actuales de la ciencia, solo se pueden 
presentar hipótesis y aplicar conceptos en un determinado marco 
teórico, esperando nuevas técnicas y aportes que permitan esta- 
blecer las cadenas de causalidad y efecto con mayor exactitud. 
En capítulos anteriores se presentan algunas ideas que llevarían 
a la concepción de teorías de alcance medio. En este, por ser un 
primer intento de síntesis, se trata de hacer un planteamiento más 
general. Sabido es que en la sociología domina hoy la orientación 
estructural-funcional. Apliquemos, pues, en primer lugar esta teo- 
ría general y derivemos del esfuerzo alguna enseñanza. Busque- 
mos luego coordinarla con las teorías del conflicto y de los va- 
lores sociales. 

Estructura y Función en el Marco de la Violencia 

En primer lugar, es indispensable definir los conceptos prin- 
cipales que habrán de guiar la presente interpretación. Somera- 
mente, se entiende que los hechos sociales pueden analizarse 
como "sistemas" cuando aquellos se organizan y ordenan con 
base en expectaciones comunes, formando redes estandarizadas 
de interacción; las instituciones son, por ejemplo, sistemas socia- 
les, entendidas como conjuntos integrados de normas, valores y 
formas de conducta para alcanzar un fin determinado o satisfa- 
cer una necesidad. 

Se dice que un sistema o institución tiene una "estructura" 
porque se compone de elementos observables, muchas veces men- 



400 



ORLANDO FALS BORDA 



surables, que se combinan entre sí. Estos elementos se analizan 
mediante la aplicación de dos filtros conceptuales de observación: 
el de la interacción y el del rasgo cultural. Por la interacción 
resaltan los status-roles — que son las posiciones ocupadas por las 
personas en los grupos y la conducta que va implícita en tales 
posiciones — , y las líneas de poder y autoridad, que incluyen 
procesos básicos como el conflicto y la acomodación. Por el rasgo 
cultural se determinan los complejos culturales, los valores so- 
ciales y las normas, las facilidades físicas, los símbolos implica- 
dos en la estructura y los objetivos o metas culturales de ella o 
del sistema social respectivo l. 

Una estructura "funciona" cuando está organizada, es decir, 
cuando todas sus partes al interactuar contribuyen a alcanzar las 
metas del sistema o institución 2 . Así ocurre, por ejemplo, cuan- 
do los status-roles están claramente determinados y con ellos 
identificados a conciencia sus personeros. Cuando los elementos 
componentes de la estructura presentan características tales que 
el sistema no logra llenar su cometido, se dice que ella tiene una 
"disfunción". La disfunción puede concretarse a varios elemen- 
tos o a un elemento dado; puede señalarse, por ejemplo, el fe- 
nómeno de la deformación o confusión de roles que, como vere- 
mos, es característico de la "violencia" colombiana. (Se coloca 
este término entre comillas para distinguirlo, como proceso, de 
la técnica de la violencia definida más adelante). 

Tales funciones y disfunciones pueden ser manifiestas — si son 
intencionadas o conscientes — , o latentes — si su ejercicio se pro- 
duce sin esfuerzo consciente, casi sin que las personas caigan en 
cuenta de ello — 3 . A este ejercicio de elementos en interacción, 

1 Cf. Charles P. Loomis. Social Systems: Essays on thcir Persistence 
and Change (New York. 1960), p. 5. 

2 La literatura científica sobre el funcionalismo es muy rica así en so- 
ciología como en antropología. En castellano puede consultarse el 
Cuaderno N<? 1, Tomo X (1957) del Instituto de Sociología de la 
Universidad de Buenos Aires, titulado Sobre la teoría general de 
la acción, con un artículo por W. J. H. Sprott, y la "Declaración 
general" suscrita por T. Parsons, E. A. Shils, G. W. Allport, C. 
Kluckhohn, H. A. Murray, R. R. Sears, R. C. Sheldon, S. A. Stouffer 
y E. C. Tolman. 

3 Robert K. Merton, Social Theory and Social Structurc (Glencoe, 
1957, ed. rev.), pp. 50-55. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



401 



así sea de naturaleza funcional o disfuncional, se le llama "me- 
canismo" del sistema social. 

Los sistemas sociales pueden superponerse, conectarse o multi- 
plicarse para conformar diversos "niveles de integración". Estos 
por lo común van del nivel familiar y vecinal al regional y na- 
cional. Los distintos niveles ejercen mutuas influencias siguiendo 
canales institucionales comunes (económicos, políticos, religio- 
sos, etc.), articulándose en tal forma que en un momento dado 
pueden aparecer como uno solo. A tales canales se les denomina 
"vínculos sistémicos" 4 . Estos vínculos parecen importantes en 
el estudio de la violencia. 

Función y dis función en la violencia 

El proceso de la "violencia" en Colombia podría interpretar- 
se como una impresionante acumulación de disfunciones en todas 
las instituciones fundamentales, como bien se detalla en el Capí- 
tulo X. Pero el fenómeno, al observarse detenidamente, deja en- 
trever aspectos que aparentemente no prevé la definición acepta- 
da de disfunción y que merecen alguna explicación. 

Tomemos, por ejemplo, el caso de la institución política que 
es para estos fines la más importante. Según los preceptos webe- 
rianos, la institución política tiene como fin el ejercicio del po- 
der (o de la violencia legítima) que han organizado y aceptado 
las gentes en cuyo interés se gobierna. En el caso de Colombia 
se tiene un liderazgo "racional" (opuesto al "tradicional", se- 
gún Weber), sujeto a una Constitución, leyes y códigos que los 
gobernantes juran defender, cumplir y sostener. El principal 
status-role es el del Presidente de la República, de quien se deri- 
van los actos oficiales. Otros status-roles, de interés para la pre- 
sente discusión, se concretan en la sub-institución policiva, crea- 
da para defender la vida, honra y bienes de los gobernados, y 
en la jurídica, para aplicar las leyes y hacer justicia. 

Es evidente que en Colombia las instituciones políticas no 
cumplieron exactamente los fines expresados, y sin embargo 
fueron eminentemente efectivas, sin perder las características po- 
líticas. Fueron funcionales en otro sentido: en la imposición de 
la voluntad de un grupo. Tanto el status-presidente como el status- 

4 Loomis, op. cit., p. 32. 



26— LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



402 



ORLANDO FALS BORDA 



policía se combinaron para ganar fines prácticos e inmediatos, 
fines que fueron alcanzados en muchas partes, pero que no eran 
los contemplados idealmente en la Constitución y en las leyes. 
Para explicar esta paradoja se haría necesario distinguir entre 
los "fines formales" de las instituciones, aquellos colectivamente 
aceptados como normas ideales, y los "fines derivados" que, con 
los mismos elementos, se acogen a normas reales; en este caso, 
a normas señaladas por un grupo formado por una minoría 
dominante. No puede aducirse que estos fines derivados sean 
latentes, puesto que los grupos afectados y actuantes los conocen 
bien, los comentan y hasta pueden detestarlos. 

Implícita se encuentra aquí también una deformación de roles 
dentro de las instituciones. El policía ya no es guarda del orden 
sino un agente del desorden y del crimen. Mas no puede argu- 
mentarse que esta conducta no vaya involucrada en el nuevo rol 
del agente de policía, puesto que ésta en realidad se ha amolda- 
do a las normas impartidas por su grupo y por los grupos a él 
vinculados en otros niveles de integración, que exigen el desorden 
y el crimen. Estos grupos (al nivel estatal, de los partidos nacio- 
nales y de la maquinaria política vecinal) han legitimado en el 
agente de policía un nuevo role, un role violento, distinto al con- 
templado en los códigos. Mal haría el agente que no respondiese 
a las consignas impartidas. Así el "chulavita" violento se insti- 
tucionaliza y sanciona positivamente, dentro de la formal ins- 
titución policiva. Y en cuanto al fenómeno de los jueces cuya 
conducta consciente o inconscientemente lleva a la impunidad, 
es decir, a la denegación de la justicia a la que han jurado ser- 
vir, debe releerse la descripción del Capítulo XII. Es evidente 
que se hacen normativas muchas actitudes que serían disfuncio- 
nales desde el punto de vista ideal. 

Extraño sería concluir que se institucionalice una disfunción, 
pero tal podría ser el caso. En realidad parece qué existiera una 
definición defectuosa del fenómeno. No es suficiente decir que 
la disfunción ocurre simplemente cuando los elementos de una 
estructura no contribuyen para que esta llene su cometido o, 
como escribe Merton, que es una "consecuencia observada que 
disminuye la adaptación o el ajuste de un sistema social" 5 . Sería 
quizás más adecuado condicionar esta definición a los grupos de 
referencia del caso o a los niveles de integración y, en fin, a la 

5 Merton, op. cit., p. 51. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



403 



vigencia y relatividad de las normas. En el caso colombiano, no 
habría disfunción sino en aquellas estructuras sociales que pre- 
senten divorcio entre los fines formales y los derivados, y espe- 
cíficamente por acción de grupos que logran deformar los status- 
roles sin salirse del marco institucional formal. 

Tomemos otro ejemplo, dentro de la institución económica y 
específicamente la sub-institución de la tenencia de la tierra. El 
objeto de la institución económica, según los textos conocidos, 
es el de organizar, multiplicar o conservar parsimoniosamente 
los recursos escasos de que disponen las sociedades. Las normas 
vigentes sobre el particular exigen el respeto a la propiedad pri- 
vada y el derecho al usufructo de la tierra. Así existen, por 
ejemplo, los status-roles de propietario y arrendatario, con acti- 
vidades claramente determinadas. 

Pero ocurre que en Colombia durante la "violencia" el pro- 
pietario sin perder su condición de tal, muchas veces dejó de 
serlo en la práctica; mientras que los arrendatarios y mayordo- 
mos se convirtieron, sin llegar a ser propietarios, en verdaderos 
usufructuarios de la propiedad, mas la de otros. Esta confusión 
y deformación de roles es una de las características del tipo de 
disfunción a que nos venimos refiriendo. La conducta de estas 
personas encontró legitimación y estímulo en grupos colocados 
a diversos niveles de integración, pero con vínculos sistémicos 
más o menos efectivos. Sus fines no eran los formales de buscar 
el lucro "democráticamente" o respetando el derecho de los de- 
más; por el contrario, sus fines eran derivados hacia la acumu- 
lación descarada de riquezas y de poder en perjuicio de deter- 
minados grupos y personas, muchas veces por consignas impar- 
tidas, como la de la homogeneización y polaridad políticas. Todo 
ello alcanzado dentro de los lincamientos formales de la institu- 
ción económica. 

Estos son casos intra-institucionales de disfunción. Pero esta 
ocurre también en las relaciones inter-institucionales y en los 
vínculos sistémicos de diversos niveles de integración. Así, al 
nivel vecinal, el conflicto por la tierra llevó la ruina a miles de 
campesinos y la desorganización a otras tantas empresas agríco- 
las, creando desajustes en el sistema económico; pero estos des- 
ajustes hasta cierto punto fueron funcionales para el sistema po- 
lítico, porque se afianzó el poder local de grupos dominantes. 
A su vez, el afianzamiento de guerrilleros locales llevó al debili- 



404 



ORLANDO FALS BORDA 



tamiento de jefaturas políticas regionales y aun nacionales, en 
tal forma que lo que aparecía como funcional al nivel vecinal 
tenía visos disfuncionales en los partidos políticos que vieron dis- 
minuir su poder y su control sobre la situación en general. 

Cabría meditar si estos fenómenos son peculiares de períodos 
violentos, si ocurren en cualquier tiempo, o si durante la vio- 
lencia ellos tienen alguna intensificación o aceleración. La evi- 
dencia observada antes y después del período que nos interesa 
indica que las instituciones fundamentales y los sistemas sociales 
en general presentan síntomas disfuncionales constantes. Antes 
había invasiones de tierras, reclamos de propietarios, alcaldadas, 
abusos de confianza de agentes de policía, enriquecimientos in- 
debidos de funcionarios públicos, como hoy los sigue habiendo. 
Lo cual llevaría a la conclusión de que los mecanismos disfun- 
cionales son de ocurrencia común y que pueden ser atributos 
normales de los sistemas sociales 6 . Pueden ser parte de la diná- 
mica social y no necesariamente defectos como la teoría corrien- 
te da a entender. Pueden hasta desempeñar una función latente: 
la de relievar la importancia de las normas ideales como parte 
del mecanismo de supervivencia del sistema social. 

En conclusión, puede verse que el concepto de disfunción, para 
los casos estudiados, solo queda claro: 

1° Si se relaciona con un grupo social específico o de refe- 
rencia en un determinado nivel de integración; 

2° Si se condiciona a la disparidad entre los fines formales y 
los derivados de un sistema social; 

39 Si se relaciona especialmente con normas sociales y con 
deformaciones de status-roles reconocidos; y 

49 Si toda esta combinación de elementos queda aún dentro 
del marco institucional o del sistema social básico. 

En todo caso, la "violencia" en Colombia presenta como sín- 
tomas principales una alta incidencia de disfunción institucio- 
nal y confusión y deformación de roles a varios niveles. 

6 Cf. Alvin L. Bertrand, "School Attcndance and Attainment: Function 
and Dysfunction of School and Family Social Systems", Social Forces, 
Vol. 40, N<? 3 (marzo, 1962), p. 233. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



405 



Vínculos sistémicos 

Los ejemplos anteriores ilustran el hecho de que durante la 
"violencia" hubo una vinculación entre los sistemas sociales de 
una misma localidad y entre sistemas a distintos niveles de in- 
tegración. Es muy elocuente que la "violencia" hubiese tenido 
por cuna las cámaras legislativas y los despachos oficiales en Bo- 
gotá, y que de nivel a nivel hubiese ido bajando hasta llegar al 
pueblo. En la parte segunda de este libro se aclaran detalles 
sobre el particular, aunque este evidentemente es un tema que 
merece mayor desarrollo. Por ahora puede concluirse que los 
vínculos sistémicos se constituyeron, en el sistema nacional, en 
fáciles canales por donde viajaron las consignas, las actitudes 
y las comunicaciones de toda índole que modificaron la estruc- 
tura de los valores del pueblo colombiano, condicionándolo para 
los actos violentos. 

El concepto del agrietamiento estructural 

Hay otro concepto que surge del estudio estructural-funcional 
de la "violencia" y es el del agrietamiento estructural. El im- 
pacto del proceso fue tal que provocó alineamientos y reorga- 
nizaciones visibles en todas las instituciones. Como queda dicho, 
un primer paso fue la deformación de status-roles dentro de las 
instituciones fundamentales, especialmente las políticas y econó- 
micas. Esta deformación llevó a relievar en forma manifiesta 
las diferencias latentes que existían entre las normas reales y las 
ideales en cada institución. 

Al generalizarse este descubrimiento y saturarse de violencia 
el ámbito nacional, empezaron a afectarse sucesivamente las ins- 
tituciones a varios niveles. El proceso pasó del nacional al regio- 
nal, del regional al comunal, del comunal al vecinal, del vecinal 
al familiar, del familiar al diádico — y luego a su vez en sentido 
contrario — , provocando lo que no en otra manera pudiera des- 
cribirse como un agrietamiento en las estructuras sociales. La 
"grieta" dejó al descubierto algunos puntos débiles de la estruc- 
tura social colombiana — la impunidad (en las instituciones ju- 
rídicas), la falta de tierras y la pobreza (en las instituciones eco- 
nómicas), la rigidez y el fanatismo (en las instituciones religio- 
sas), la ignorancia (en las instituciones educativas) — , para ad- 
mitir las disfunciones de que se habla en sección anterior. 



406 



ORLANDO FALS BORDA 



Algunos sociólogos y antropólogos han escrito sobre tales grie- 
tas o cleavages, pero casi sin definirlas o circunscribirlas. En la 
última parte del capítulo se intenta describir el proceso históri- 
co de formación de esta grieta estructural en Colombia por la 
que se deslizó el conflicto. Quede, por ahora, definida como una 
re-alineación de status-roles dentro de sistemas que presentan 
altos índices de disfunción, inducida sobre todo por divergencias 
manifiestas «ntre las normas ideales y las normas reales de las 
instituciones fundamentales. Este fenómeno debe observarse a 
varios niveles de integración. 

La Violencia y la Teoría del Conflicto 

En su afán por librarse de juicios de valor, los sociólogos par- 
sonianos interpretan el proceso de imposición de valores exclu- 
yentes que es, en pocas palabras, un conflicto, como resultado 
de tensiones internas de los grupos y de presiones externas a 
ellos. Las tensiones, en este caso, parecerían ser eufemismos con 
que referirse a los problemas sociales que surgen del conflicto. 
En efecto, no podría aceptarse que el conflicto en sí mismo sea 
como una enfermedad, es decir, algo que debe reprobarse por la 
sociedad por constituir una amenaza para su estabilidad; y aún 
así, tal es la tendencia en buen número de textos y tratados 7 . 
Ni tampoco que el conflicto sea totalmente disfuncional sino en 
determinadas condiciones. Ya Bateson ha introducido el concep- 
to de "cismogénesis" para referirse a las tendencias de disyun- 
ción (simétricas o complementarias) que aparecen en los gru- 
pos de toda sociedad 8 . Precisamente, cuando el conflicto social 
deja de ser latente y pasa a ser manifiesto en las masas en de- 
terminadas condiciones, empieza a adquirir las dimensiones de 
problema social (véase más adelante) . Cuáles son aquellas con- 
diciones, puede variar según la cultura de los grupos y la natu- 
raleza de la organización social. En Colombia, como queda dicho, 
ellas fueron las creadas por la impunidad y otras fallas en la jus- 
ticia, la deficiente distribución de la tierra, el analfabetismo, el 
individualismo o egocentrismo de las gentes, el etnocentrismo 

7 Véase una crítica al respecto en Lewis F. Coser, Funciones del con- 
flicto social (México, 1961). Introducción. 

8 Gregory Bateson, Naven (Stanford, 1958, 2^ ed.), pp. 171-197. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



407 



de las clases dirigentes (o "estratocentrismo") 9 y otras condicio- 
nes de igual o menor entidad. El problema se agudiza a medida 
que el conflicto estimula la anomia (el anomie de Durkheim) o 
desemboca en el empleo extremo e incontrolado de medios vio- 
lentos, como fue el caso de Colombia. Pero según la evidencia 
observada, el conflicto o la oposición como tal parece ser un pro- 
ceso tan neutral o "natural" como su contraparte, la coopera- 
ción. Son dos caras de la misma moneda que pueden describirse 
y explicarse, por un lado mediante los postulados de la teoría 
del conflicto, y por el otro con los principios de la teoría de la 
integración social. 

Sería improcedente profundizar aquí en otros aspectos de este 
problema sociológico, que nos llevaría seguramente al campo me- 
tafísico para discurrir sobre el Ying y el Yang, el Bien y el Mal, 
Dios y Satanás. Solo cabría indicar que la sociedad no parece 
ser el resultado de la sustracción de las fuerzas positivas de inter- 
acción (cohesión) menos las negativas (conflicto), con obvio 
predominio de las primeras, sino el de la suma de tales fuerzas 
que en competencia e intercambio mutuo van saturando las re- 
laciones y conformando las normas de los grupos. Lo que se ha 
dado en llamar genéricamente como "violencia" en Colombia, 
como se aclara a continuación, puede interpretarse como la ma- 
nifestación de un tipo de conflicto, como un síntoma de una 
revolución social y política. Que ella tuvo visos siniestros; que 
sus actores se salieron de madre; que en su desarrollo hubo con- 
secuencias imprevisibles, son temas interesantes e importantes 
que pueden ser tratados como problemas sociales, pero que en 
realidad por el momento serían subsidiarios. 

El análisis sociológico moderno parte, por lo mismo, del pun- 
to neutro que toma el conflicto como un proceso natural básico 
en toda sociedad para interpretar los cambios que ella experi- 
menta, posición en verdad clásica de la sociología que encontró 
sus primeros expositores en Simmel, Gumplowicz, Oppenheimer, 
Mosca y Pareto. Hasta hoy las ideas de estos pioneros se han 
concretado — y hasta desvirtuado — en teorías y conceptos que 
en los medios académicos se reúnen en textos sobre "desorgani- 
zación social", textos que a su vez se basan en la estructura ya 
decantada de países avanzados europeos y norteamericanos y 

9 Este concepto lo debo al profesor Andrew Pearse, 



408 



ORLANDO FALS BORDA 



que sufren de anemia empírica en cuanto a la observación de 
procesos reales de desorganización y reorganización sociales 10 . 
Ha surgido así una concepción estática de la sociedad que ha 
llevado a varios sociólogos a conclusiones parciales y a errores 
tales como confundir los hechos estudiados con los valores so- 
ciables mismos n . La mayoría se ha reducido a analizar movi- 
mientos sociales locales, el impacto de determinadas catástrofes, 
los linchamientos, el suicidio, los crímenes aislados, las enfer- 
medades mentales, los vicios y la pobreza y algunos han ofrecido 
ambiciosas "teorías de la revolución" 12 . 

Que sepamos, se han hecho muy pocos estudios detallados de 
lo que ocurre en grupos mayores que entran en conflicto y menos 
aún de los que se ven envueltos en luchas prolongadas 13 . Y son 
más raros todavía los estudios de la aplicación en gran esca- 
la de la técnica de la violencia, al desbocarse esta y producir 
efectos inesperados. Todo lo cual lleva a concluir que la socio- 
logía del conflicto apenas si ha avanzado de la etapa en que la 
dejó Simmel, remozado recientemente por Coser. 

Esbozadas así las bases generales del asunto, puede analizarse 
un poco más a fondo el caso del conflicto social en Colombia y 
su relación con la aplicación de los medios violentos. 

10 Véanse, por ejemplo, los capítulos respectivos de Robert E. L. Faris, 
Social Disorganization (New York, 1955, 2^ ed.), capítulos 13 y 14; 
y de Richard T. La Piere, A Theory of Social Control (New York, 
1954), capítulo 18. 

11 Léase la crítica excelente de Don Martindale, "Social Disorganiza- 
tion: The Conflict of Norraative and Empirical Approaches", en 
Howard Becker y Alvin Boskoff, editores, Modern Sociological 
Theory in Continuity and Change (New York, 1957, especialmente 
pp. 340-349. 

12 Cf. Pitirim A. Sorokin. Social and Cultural Dynamics (New York, 
1957, ed. resumida), Parte III; Crane C. Brinton, The Anatomy of 
Revolution (New York, 1938), traducido y publicado por el Fondo 
de Cultura Económica de México como "Anatomía de la revolución"; 
Lucio Mendieta y Núñez, Teoría de la revolución (México, 1959). 
Véase un resumen de la teoría del conflicto en Jessie Bernard, La 
sociología del conflicto (México, 1958). 

13 Véanse algunos de ellos en The Journal of Conflict Resolution, Vol. 
V, N<? 1 (marzo, 1961). Los antropólogos y los psicólogos tratan 
estos temas en sus monografías como formas de tensiones intergru- 
pales e interpersonales. Véase, por ejemplo, de Bronislaw Malinowski, 
Crimen y costumbre en la sociedad salvaje (Barcelona, 1956). 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



409 



Iniciada como una expresión de lucha política por el goce 
hegemónico del poder, la "violencia" tuvo el efecto de una bola 
de nieve corriendo cuesta abajo, agrandándose cada vez más con 
las masas flojas que la débil conformación de la pendiente iba 
soltando al paso del turbión. La dinámica desencadenada tuvo 
efectos imprevistos — imprevistos, porque quienes la empezaron 
actuaron con plena ignorancia de los elementos sociales con que 
jugaban en aquel momento aciago — . Lo que se inició como una 
polémica dentro del juego democrático por el usufructo del po- 
der se fue transformando en conflicto abierto y saturante, para 
pasar por sucesivas etapas que podrían concretarse así: una de 
conflicto dirigido o "telético" 14 , y otra de conflicto pleno o de 
aniquilación, que pasamos a definir. 

Nunca ha habido acuerdo en Colombia en relación con la 
concepción y la utilización del poder político y de las ventajas 
económicas. Los grupos o partidos enfrentados han concebido el 
poder como una herramienta para imponer sus respectivas uto- 
pías — utopías muchas veces excluyentes, como la que exigía 
por una parte la separación de la Iglesia y el Estado versus la 
que imponía un Estado clerical; la que advocaba absoluta liber- 
tad de enseñanza y pensamiento versus la que requería la ense- 
ñanza y el pensamiento controlados — . Una vez definidas las 
incompatibilidades de estos valores y descubierto que la única 
vía de imponerlos era por el Estado, quedaron sentadas las bases 
para el conflicto interpartidista. Con base en la evidencia colom- 
biana, el conflicto puede entonces definirse como un proceso 
social que se desarrolla cuando dos o más partes tratan de impo- 
ner valores excluyentes dentro de escasez de posiciones y recursos, 
con el fin de influir en la conducta de los grupos y determinar 
así la dirección del cambio social en esos grupos 15 . 

La imposición de tales valores excluyentes puede ser muy sutil 
o muy abierta, dependiendo de las circunstancias. Existe, no obs- 
tante, una técnica dentro del proceso del conflicto que es la vio- 
lencia misma, definida como el empleo de formas de coerción 
física para alcanzar objetos personales o de grupo. 

14 Hemos acuñado este término derivándolo de telesis, que significa 
una dirección inteligente de fuerzas naturales y sociales llevadas 
hacia fines o metas deseadas. 

15 Cf. Raymond W. Mack y Richard C. Snyder, "The Analysis of 
Social Conflict", The Journal of Conflict Resolution, Vol I, N? 2 
(junio, 1957), pp. 218-219. 



410 



ORLANDO FALS BORDA 



Cuando el conflicto emplea la técnica de la violencia con miras 
a llegar a una meta racional, o cuando apela a un bien común 
superior, real o ficticio, para los grupos encontrados, está en la 
etapa telética. Esta ocurrió en Colombia, con interludios excep- 
cionales, entre 1930 y 1932 y entre 1948 y 1950, cuando los parti- 
dos en el poder reclamaban para sí el derecho a imponer sus ideas 
para conformar a Colombia mejor, en su opinión. Es quizás esta 
etapa la que ocurre en muchas partes para dirimir cuestiones, sin 
necesidad de pasar a la siguiente que es más destructiva y caótica. 

Se ha observado que la violencia o la amenaza de violencia 
usada con mesura y dirección es elemento importante en ciertos 
tipos de transformación social; aún los primitivos cristianos y los 
Cruzados la emplearon para alcanzar un bien común superior. 
Empero en el caso colombiano las formas de coersión física se 
aplicaron en exceso, perdiéndose la filosofía superior de la acción 
y la ideología del conflicto. Así se conformaron en gran escala 
actitudes y actos individuales y grupales de agresión, oposición y 
destrucción como el odio, la venganza, los celos, la intimidación, 
el robo, el incendio y el homicidio, muchos justificados o excusa- 
dos por el Estado, los partidos o grupos dirigentes, por lo que 
algunos observadores llamaron a tal proceso "la crisis moral del 
país". Es esto lo que puede denominarse conflicto pleno o de 
aniquilación, que tuvo su climax en Colombia entre 1950 y 1953 
y entre 1956 y 1958. Este tipo de conflicto es lo que se ha deno- 
minado genéricamente "violencia" en Colombia, y que como puede 
verse es técnicamente distinta de la violencia clásica; ésta es solo 
una forma o un instrumento del conflicto. Distinta es también del 
conflicto bélico, donde la violencia se institucionaliza y sanciona 
positivamente, reglamentando el desempeño de las personas y gru- 
pos enfrentados formalmente. Puede señalarse igualmente que la 
verdadera revolución social se frustró en Colombia por haber 
pasado el conflicto incontrolado a la etapa plena, agitando las pa- 
siones primarias sin inflamar el intelecto y la razón 16 . 

El conflicto pleno es informe (en lo que se distingue del bélico) 
y parece que se amoldara dentro del esquema darwiniano de la 
lucha por la existencia; pero tiene propósitos, que pueden ser 

16 Apropiado es conectar esta hipótesis con la teoría de las frustra- 
ciones colectivas en Colombia presentada por el profesor Luis Ló- 
pez de Mesa en su libro Escrutinio sociológico de la historia co- 
lombiana (Bogotá, 1955). 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



411 



manifiestos o latentes, de allí la confusión que produce su estudio. 
Así, un grupo puede organizarse para vengar cruelmente a sus 
muertos en nombre de un partido político, matando los de color 
político contrario, pero en realidad también para apropiarse de 
los bienes de las víctimas; u otro se proclama defensor de la fe 
para expulsar o matar miembros de otras sectas, pero en realidad 
para defender intereses creados locales; y así casi ad infinitum 
según los antecedentes de cada vecindario o comunidad, y sin un 
plan armónico o conjunto. El conflicto pleno produjo esta clase 
de conducta desviada y criminal en Colombia, basado en disyunti- 
vas teleológicas de grupo que dieron la sensación de caos, crueldad, 
sevicia y de una completa descomposición social. Tuvo pábulo en 
la quiebra de las instituciones fundamentales que por lo visto se 
encontraron incapaces de responder a las necesidades del cambio 
y de canalizar la nueva conformación de normas; o que fueron 
obstaculizadas mediante consignas impartidas por personas de po- 
der localizadas en los varios niveles de integración. 

La Violencia y la Teoría de los Valores 

Los desajustes y reajustes demográficos, psicológicos y econó- 
micos efectuados durante las dos etapas del conflicto resultaron de 
gran entidad, como lo atestigua el presente libro. No obstante, si 
ellos fueron buenos o malos no lo puede decir el científico, ya que 
estos conceptos son subjetivos y pueden variar según la perspectiva 
temporal. Por ejemplo, es probable que la aceleración del proceso 
de urbanización producida por la violencia, hoy visto mal por 
algunos, beneficie a la larga al país por compelerlo a modificar 
la estructura de la propiedad agraria y entrar más de lleno a la 
era industrial moderna. Mas ello no será posible determinarlo sino 
con el paso del tiempo y con el cambio en la idea de "benéfico" 
que adopte el pueblo colombiano, al institucionalizar y hacer 
normativa la transformación efectuada. Desde otro punto de vista, 
los aspectos de tanatomanía pueden considerarse en relación con 
normas más permanentes y absolutas dentro de la cultura cristiana 
occidental, para proscribirlas con indignación y espanto. 

De todos modos, es indispensable dejar en claro la posición que 
adopta el sociólogo desde el punto de vista de los valores sociales, 
que también son hechos verificables en la comunidad y en el 
tiempo. Parecería inocuo declarar simplemente, como lo harían los 
de la escuela funcionalista de Gluckman y Turner, que el proceso 



412 



ORLANDO FALS BORDA 



de la violencia fue funcional a escala nacional porque no logró 
destruir la integración a este último nivel y antes provocó un nue- 
vo tipo de integración social. Aunque ello fuera cierto, tal decla- 
ración no ayudaría a explicar el fenómeno. El hecho es que en 
Colombia el proceso fue pleno, con diferentes características a 
distintos niveles de integración, desde la realineación de intereses 
de grupo en el ámbito nacional hasta la completa extinción de 
vecindarios rurales 1: . 

Hubo un momento cuando aún a escala nacional empezó a 
ocurrir una impresionante desintegración social. Los mapas del 
Capítulo II demuestran hasta qué punto se extendió la "violencia" 
en 1951 y 1952, creando muchos bolsos de guerrilleros, comandos 
autónomos y "repuhliquetas" muy semejantes a las de Bolivia del 
tiempo de Rene Moreno, algunas de las cuales todavía subsisten 
en Colombia. En estas republiquetas no se ha creado una concien- 
cia local de nación, antes subsiste la de pertenecer a una entidad 
mayor que es Colombia : pero no reconocen al Estado colombiano, 
divorciándolo de su idea simbólica de "patria". Lo real para ellas 
es la "patria chica", el terruño o la propiedad de los padres y 
abuelos que hay que defender a todo trance. Una nación tan débil- 
mente integrada por símbolos y normas ideales no podía resistir 
organizada y parece que en Colombia el más amplio nivel de inte- 
gración estuvo casi completamente resquebrajado. Pero el colapso 
total no ocurrió (faltó la revuelta urbana) , aunque todo el período 
se caracteriza por una intensa fuga de la inteligencia colombiana 
y de otros grupos humanos en busca de ambientes más propicios 
para la vida y el trabajo. El gobierno trató de recuperar el sentido 
de la nacionalidad embarcándose en la guerra de Corea y creando 
un enemigo común que ayudase a solidificar la estructura interna 
del país; pero el enemigo estuvo muy lejano y era muy exótico. 

Cabe preguntarse, entonces, cuáles deben ser las actitudes del 
observador ante todo este complejo fenómeno de integración y 

17 M. Gluckman, Custom and Conflict in Africa (Glencoe, 1955); V. 
W. Turner, Schism and Continuity in an A frican Society (Manches- 
ter, 1959). Véanse los niveles estructurales que propone Robert E. 
Le Vine, "Anthropology and the Study of Conflict", Journal of 
Conflict Resolution, Vol. V, N? 1 (mayo, 1961), pp. 4-5. El concep- 
to de "conflicto pleno", que incluye varios niveles de integración, 
es más amplio que el de "pervasive" que presentan, solo para el 
nivel comunal y micro-grupal, Bernard J. Siegel y Alan R. Beals, 
"Pervasive Factionalism", American Anthropologist, Vol. 62, N? 3 
(junio, 1960), pp. 398400. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



413 



desintegración, de causas y efectos del conflicto, como base para 
una interpretación objetiva. En primer lugar, desde el punto de 
vista de la gran masa del pueblo colombiano todo el proceso de la 
"violencia" constituye un problema social, es decir, una situación 
conscientemente preocupante que requiere ajuste o remedio me- 
diante la acción colectiva, para restituir o conformar determinados 
valores sociales 18 . Es excepcional el colombiano que no haga una 
condenación de la violencia como algo demoníaco: el papel de 
aquellos grupos que han aprovechado egoístamente de la violencia 
tiene para él, por lo mismo, visos negativos y monstruosos. Repe- 
tidas veces se ha declarado a la violencia como enemiga de la 
nacionalidad. Los gobernados así parecen sentirlo y los gobernan- 
tes lo han expresado en diversos términos. Tomemos, por ejemplo, 
las siguientes palabras del Presidente Alberto Lleras pronunciadas 
en su discurso de posesión el 7 de agosto de 1958: 

'"Xo hay en la historia entera de la república años más duros ni 
experiencias más dramáticas. Descendimos, brutal y súbitamente, 
a extremos inauditos. Vimos con estupor cómo había una reserva 
de barbarie en nuestras gentes que desafiaban siglos enteros de 
predicación cristiana, de orden civil, de convivencia avanzada. 
Han muerto en esta guerra irregular más compatriotas nuestros 
que en las indispensables batallas de la independencia o en aquellas 
otras que formaron la república a golpes de infortunio. La gente 
más humilde padeció martirio. Pero más grave aún, sobre tanta 
crueldad inútil apareció en las esferas más altas la especulación, el 
aprovechamiento indebido de los fondos públicos, el cinismo, la 
impetuosa sed de riqueza y una impenetrable indiferencia por la 
Ley de Dios, no menos vejada y desconocida que la de los hom- 
bres. Para reducir la violencia y reprimirla es preciso que la 
nación entera, sin reservas, se dedique a este trabajo supremo, no 
con la cándida esperanza de que cada iniciativa o cada acción 
aislada produzca el milagro de la paz, sino acondicionándose para 
una larga empresa que puede requerir la alteración de la mayor 
parte de nuestros hábitos, de nuestros conceptos y de nuestra 
capacidad para resistir duras pruebas*'. 

Según la teoría no existen problemas sociales sin la correspon- 
diente serie de valores en cuarentena o en transición. En el caso 

18 Francis E. Merrill, 4 The Study of Social Problems'', en John E. 
Nordskog, Edward C. McDonagh y Melvin J. Vincent, Analyzing 
Social Problems (New York, 1956, ed. rev.), p. 9. 



414 



ORLANDO FALS BORDA 



de la "violencia" existe un cúmulo impresionante de valores a 
los que abierta o solapadamente se reta o desconoce. Sería casi 
interminable enumerarlos, aunque en la Parte Segunda de este 
libro se delinean con relativa facilidad. En términos generales 
puede aducirse que mediante el desarrollo del proceso de lucha 
y la aplicación de la violencia fueron desquiciándose creencias, 
normas y actitudes del temple tradicional y bucólico de la cultura 
cristiana-occidental que los sociólogos reúnen bajo la rúbrica de 
"sacros". Mucho de lo admirado y respetado, de lo venerado y 
establecido cayó por tierra bajo el soplo de la violencia. 

La "violencia" parece haberse ensañado en aquellos grupos 
humanos que por sus contactos o por sus orígenes migratorios 
habían empezado a aspirar a una condición mejor. El sentido de 
insatisfacción en el pueblo fue combustible rápido que consumió 
el fuego del conflicto. Solo así podría explicarse, por ejemplo, por 
qué no hubo violencia en el área cultural del Departamento de 
Ñariño, siendo que varios emisarios de los grupos en conflicto 
llegaron allá con consignas de empezarla. Los nariñenses, quizás, 
no han llegado aún a la etapa de insatisfacción saturante con las 
condiciones existentes, como ha sido el caso en otras regiones, y 
por ello hubo allí menos combustible para la violencia. Pero, por 
supuesto, otras causas como la incidencia de la economía feudal 
o de auto-consumo en el departamento, deberán investigarse. 

Desde otro punto de vista, tampoco ocurrió la violencia en 
buena parte del área cultural del litoral atlántico. Para este caso 
podría ofrecerse una hipótesis alternativa: la falta de la intole- 
rancia. Los factores que impidieron al costeño caer víctima de la 
violencia están imbuidos en su cultura y personalidad. Tiene 
valores sociales predominantes distintos a los políticos y agrarios, 
que fueron básicos en el conflicto. La revolución industrial y 
comercial de Barranquilla parece que le abrió horizontes muy 
amplios, alejados del mundillo cerrado y fanático de las comuni- 
dades andinas. 

Como la vida no puede desarrollarse en el vacío, los grupos 
afectados por la violencia fueron produciendo y moldeando a la 
vez una nueva escala de valores para tomar el lugar de aquellos 
destruidos. Qué tipo de escala, es todavía muy difícil determinarlo, 
porque parece variar según grupos y niveles. No parece ser un 
salto al polo opuesto de la "secularidad". Es más bien un ensemble 
de valores encontrados y yuxtapuestos, de sincretismos y hasta de 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



415 



contradicciones e indecisiones que en veces han estimulado la 
anomia en grupos y el suicidio en las personas. Si en este caso 
pudiera aventurarse una innovación tipológica, quizás la nueva 
escala de valores pudiera describirse como "anómica", como re- 
flejo de la inseguridad de la transición, posiblemente como sínto- 
ma de una etapa aún indeterminada por la que han debido pasar 
los países más desarrollados 19 . 

La observación de este fenómeno lleva a concluir que la etapa 
anómica por la que pasa el pueblo colombiano es una situación 
que no permite el desempeño integral de las potencialidades de las 
comunidades como estas se perfilaban al comienzo del proceso; 
pero que simultáneamente se están conformando nuevas bases para 
las instituciones fundamentales. Relativamente, por lo tanto, se 
puede considerar esta etapa anómica como una transición que 
requiere atención y empeño para producir algo "mejor". La defi- 
nición de "mejor" refleja los valores de la comunidad y que, 
como dijimos, pueden también determinarse. Lo "mejor" en este 
caso se refiere a la conformación de una estructura social nueva 
basada en la aplicación real de ideales conocidos, como el de la 
justicia, el respeto por la vida y el estímulo al impulso creador. 
Este es un conjunto de valores que bien podría convertirse gn una 
plataforma política. 

Queda, entonces, por esbozar un resumen socio-histórico que 
compendie algunas de las ideas y de los conceptos hasta aquí 
discutidos. Para ello se utiliza el del agrietamiento estructural, 
concebido como una hipótesis general. 

La Violencia y el Agrietamiento Estructural 

Durante casi toda su historia, Colombia estuvo sujeta al tipo 
de estructura social que los especialistas han denominado "cerra- 
da", es decir, basada en diferencias de grupo o de familia prácti- 
camente hereditarias. Ella encontraba su principal sostén en insti- 
tuciones señoriales emergentes de la posesión y el usufructo de la 
tierra, que eran a la vez aristocráticas en lo político. La vida social 
giraba alrededor de valores, creencias y actitudes clasificables 
dentro del "orden campesino" de Redfield, prácticamente intoca- 

19 Compárese esta hipótesis con la presentada por Alvin Boskoff, "So- 
cial Indecisión: A Dysfunctional Locus of Transitional Societv", 
Social Forces, Vol. 37, N° 4 (mayo, 1959), pp. 305-311. 



416 



ORLANDO FALS BORDA 



bles e imperturbadas. Pero como el país no podía ser una ínsula, 
aunque con retardo fue recibiendo el impacto de la revolución 
industrial y secular de los siglos XVIII y XIX. Este empezó a 
sentirse en el primer lustro de 1920, y a acelerar los procesos 
sociales durante el cambio de régimen político en 1930, cuando 
las áreas urbanas se diferenciaron progresivamente de las rurales, 
dejándolas atrás y conformando su propia y muy diferente escala 
de valores. 

Los contrastes entre la ciudad y el campo se agudizaron por las 
diferencias económicas y por la defectuosa distribución de la 
riqueza producida por el auge industrial. Un primer intento de 
modificar la situación, especialmente la agraria, fue la "revolución 
en marcha" de Alfonso López, con sus importantes innovaciones 
políticas, económicas y religiosas. Pero estas innovaciones, efectua- 
das bajo el impulso de la hegemonía liberal, empezaron a subrayar 
el conflicto con el partido conservador que tenía ideas muy dis- 
tintas sobre tales soluciones. Además, aquellos cambios retaron 
mores y tabúes, provocando así los anatemas y las protestas de 
intereses creados que empezaron a resistir y a agudizar el conflicto. 
Pronto adquirió éste su característica de problema social, al ocu- 
rrir desplazamientos de aparceros por la fuerza, invasiones de 
tierras, persecuciones políticas y otros eventos similares, que fue- 
ron agrietando la estructura en sentido vertical. 

El empeño de los regímenes liberales por transformar el país 
fue tal, que empezó a crear en serio, por primera vez, una masa 
popular encabezada por Jorge Eliécer Gaitán. La presión de las 
gentes alcanzó a quebrar la élite u "oligarquía" tradicional del 
partido, cuyo poder pasó a aquel cuasi-carismático líder. La fuerza 
de Gaitán residía especialmente en los obreros y grupos urbanos, 
pero no dejó de arrastrar a los campesinos, sin distingo de parti- 
dos, aunque éstos no parece que hubieran absorbido todo el sen- 
tido del movimiento de Gaitán. De todos modos se observó un 
esbozo de conciencia de clases. Hacia 1946 una especie de revolu- 
ción en las actitudes estuvo progresivamente en gestación, buscan- 
do dejar atrás el país señorial que era Colombia. Pero el proceso 
se cortó bruscamente con el asesinato de Gaitán en 1948. 

La muerte de Gaitán cristalizó inmediatamente cuanto impulso 
revolucionario su movimiento llevaba — que por los resultados se 
observó no era poco — , hasta el punto de que se logró en un 
momento dado dominar a toda la nación. Pero parece que ni las 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



417 



masas ni los líderes que sobrevivieron a Gaitán estaban aún sufi- 
cientemente listos, produciéndose a continuación de la sorpresa 
del asesinato una desorientación política. De ésta indudablemente 
son responsables los dirigentes que no supieron o no quisieron 
entender el lenguaje que con letras de fuego y sangre había dejado 
escrito el pueblo sobre la pared de las instituciones. El rígido sis- 
tema social vigente impidió que el movimiento gaitanista quedara 
institucionalizado de derecho en reconocimiento de los hechos (la 
toma del poder en muchos sitios el 9 y el 10 de abril de 1948). 
Algunas clases dirigentes y las "oligarquías" de ambos partidos 
tradicionales, coaligadas por la seria amenaza a sus . intereses, 
tomaron entonces las riendas del Estado para efectuar la contra- 
revolución. La consecuencia en las masas fue previsible: al frus- 
trarse los cambios estructurales esperados, muchos de ellos prome- 
tidos por Gaitán, se multiplicaron las posibilidades del conflicto 
entre los grupos afectados en todos los niveles de integración, 
abriendo así la puerta para una quiebra de consideración. 

"El conflicto tiende a ser disfuncional para una estructura so- 
cial en la que no hay tolerancia e institucionalización del conflicto, 
o en las que las hay pero de una manera insuficiente", dice Coser 
en su tratado Funciones del conflicto social^. Esta hipótesis parece 
hallar confirmación en el caso colombiano. Atacada la base del 
consenso valorativo del sistema social más amplio e influyente que 
era la nación, quedó amenazado el equilibrio de ésta. Sin embargo, 
el conflicto subsiguiente no fue la mayor amenaza para el equili- 
brio y solidez de aquella estructura: fue la intolerancia y la rigi- 
dez misma de ella su mayor peligro, puesto que permitió la 
acumulación y canalización de los sentimientos de agresión u 
hostilidad del individuo colombiano hacia las líneas verticales de 
ruptura que ya se habían dibujado. Esas grietas estructurales (que 
pueden ser distintas en otros países y culturas), en Colombia 
ostensiblemente eran políticas, económicas y religiosas; por ellas 
se advertían la disfunción institucional, las disparidades entre las 
normas ideales y las reales que regían las instituciones fundamen- 
tales y los cambios en la concepción de la línea de poder de los 

20 Coser, op. cit., p. 180. Compárese esta tesis con las ideas sobre los 
"márgenes de cambio" que dejan las instituciones en sociedades 
"progresistas", esbozadas por Charles H. Cooley, Social Organiza- 
tion (New York, 1910), p. 328. En realidad sería más correcto para 
Coser decir: "El conflicto tiende a provocar más disfunciones en 
una estructura social...", etc. 



LA VIOLENCIA EN COLOMBIA 



418 



ORLANDO FALS BORDA 



intereses creados, que vieron así su predominio en cuarentena. Por 
esas grietas se canalizó la acción del conflicto, hasta constituirse 
en "violencia". 

La primera etapa del conflicto, que utilizó la violencia telética, 
fue de índole política y económica, con la intención de imponer 
desde el Estado (visto como arma única y como botín burocrático 
excluyente e incompartible) ciertas pautas de conducta y filosofía 
de la acción que se consideraban por una de las partes como esen- 
ciales para la salud del país, pero incompatibles con las de la otra 
parte, ésta ya frustrada en su afán de transformarlo de acuerdo 
con su propia filosofía. De allí las consignas que se impartieron 
desde los cenáculos y círculos urbanos de intereses, para desterrar 
de los comicios a los oponentes e imponer sobre Colombia la 
hegemonía de grupos políticos, y especialmente la voluntad de la 
fracción conservadora sobre las masas liberales. El instrumento 
principal fue la policía, como se documenta ampliamente en este 
estudio, asi institucionalizando su labor disolvente por un período 
más o menos largo de tiempo. Sin detenerse en mientes, la policía 
convirtió el conflicto telético en conflicto pleno demostrando con 
claridad, en los sitios maduros para ello, no solo la falta de tole- 
rancia institucional sino también la intransigencia personal y lo 
débil de los fundamentos éticos del pueblo colombiano. Relievante 
fue, en este sentido, la tenebrosa "crisis de la justicia" que echó 
por tierra leyes y códigos, fomentó la impunidad y la deformación 
del role de juez e hizo proliferar prácticas aberrantes en las insti- 
tuciones jurídicas. 

Los autores intelectuales de este proceso, así como otros miem- 
bros de las clases dirigentes políticas tradicionales de ciudad, poco 
sufrieron en carne viva la violencia que muchas veces consciente- 
mente impulsaron y explotaron. En cambio sus ejecutores, casi 
todos campesinos por nacimiento y extracción, víctimas de la 
intolerancia institucional y personal, se brutalizaron obnubilándose 
en la perspectiva de su misión. Los elementos violentos quedaron 
sin control oprimiendo a las comunidades, muchas de las cuales 
reaccionaron a veces como turbas bajo estímulos primarios, ca- 
yendo víctimas del proceso circular característico en fenómenos 
de conducta colectiva; otras se acomodaron a la tensa situación 
bajo el imperio del miedo; y otras respondieron con igual furia 
y sadismo. 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



419 



Pero la confusión de los primeros instantes dio pronto paso a la 
organización de los grupos perseguidos dentro del nuevo medio 
geográfico a que los impulsaban los contrarios. Esa nueva organi- 
zación incluyó elementos básicos de control social, tales como 
asambleas, juicios y colonias penales de guerrilleros. La "violen- 
cia" no fue caótica sino en cortos momentos, aunque el conflicto 
mismo fuera informe. El elemento humano en conflicto demostró 
una tendencia básica a organizarse aún en situaciones extremas, 
a promulgar y obedecer normas de conducta, a fijar metas, a enal- 
tecer sus propios valores expresados hasta en la música y la copla, 
y muchas veces demostrando una moral más alta que la de las 
adiestradas tropas del Gobierno. Ello añadió vitalidad al conflicto 
y la perpetuación de éste produjo el efecto del boomerang para 
quienes la habían iniciado; en realidad los autores resultaron 
víctimas de su propio invento, al crear situaciones de hecho que 
requirieron más violencia. 

Una vez abierta la brecha política, la misma dinámica del pro- 
ceso llevó al desplome de la resquebrajada institución económica, 
especialmente de la tenencia y usufructo de la tierra en las áreas 
afectadas. En primer lugar, ocurrieron despojos de propiedades 
a mano fuerte produciendo desplazamientos demográficos y po- 
larizaciones políticas por sectores geográficos. Otros despojos 
tuvieron lugar en forma disimulada, con documentos privados 
impuestos a los aterrados vecinos, o llenando aún todas las formali- 
dades legales, aunque como un matrimonio a la fuerza. En segundo 
lugar, aparecieron compras por menos precio efectuadas por ter- 
ceros que llegaron, como de intento, a los sitios de violencia. 
Proliferó también la sub-institución de los "componedores" o in- 
termediarios que por jugosas comisiones sacaban del aprieto de 
la transacción comercial a quienes querían vender propiedades 
para salvar sus vidas. Y como consecuencia inevitable, muchas 
regiones antes feraces y laboradas quedaron como tierra de nadie, 
desocupadas totalmente y sin ninguna explotación económica. 

En muchas partes la "violencia" dejó su antifaz político y tomó 
un cariz eminentemente económico; Caldas es un buen ejemplo 
de este caso, con su recurrencia anual de violencia coordinada 
con las cosechas de café. El aspecto económico ha llegado a ser 
tan importante que muchas personas preferirían, por ejemplo, que 
no se lograra el restablecimiento pleno del orden jurídico para 
no perder las propiedades o las ventajas adquiridas por medios 
ilícitos durante la época bélica. Muchas fortunas se hicieron du- 



420 



ORLANDO FALS BORDA 



rante esa época y mucho poder se ganó por tales medios. El aplicar 
"composiciones" a estos casos, como hacían sabiamente los espa- 
ñoles durante la Colonia, sería una tarea prácticamente imposible 
y además peligrosa. 

Finalmente, debe tomarse nota de la profundización de la grieta 
religiosa, que produjo un fenómeno peculiar dentro de la estruc- 
tura de valores. Formalmente, la Iglesia Católica ha sido en todo 
tiempo uno de los elementos unificadores de la nacionalidad (pues 
Colombia es uno de los países más católicos del mundo), y esto 
ha sido citado por numerosos observadores para relievar las gran- 
des posibilidades de acción positiva que ha tenido y tiene la 
Iglesia. No obstante, como lo demuestra este estudio, la falla 
estructural religiosa provino precisamente de las tradicionales 
conexiones que con los partidos políticos han tenido algunos mi- 
nistros y personeros de la Iglesia colombiana, quedando así ella 
víctima de los conflictos entre caudillos y gamonales de pueblo; 
además, la falla se agrandó por el formalismo religioso que deja 
a las gentes frente a lo superficial en la religión, y por el anti- 
clericalismo, factor que también ha dividido a los colombianos 
desde los días de la Independencia. 

El conflicto, ya con su propia dinámica, provocó entonces la 
multiplicación de problemas en todos los órdenes, desde el colec- 
tivo hasta el personal, mas principalmente manifestados en disfun- 
ciones dentro de las rígidas instituciones antes mencionadas. Esta 
situación fue soportada especialmente por la zona andina y llanera 
del país hasta 1958. Los rescoldos aún hoy están vivos. La cadena 
de vendettas, la sangre derramada y el honor manchado de las 
familias víctimas permiten predecir reacciones similares por una 
generación; es decir, que dejando la dinámica en esta forma de- 
satada, y sin aplicar soluciones de fondo, Colombia seguiría víc- 
tima de la violencia por otros veinte años por lo menos. ¿Podrá 
soportarlo el cuerpo nacional? 



EPILOGO 



Posibles perspectivas 

A pesar de todo, la lucha y los sufrimientos han ido conforman- 
do un país nuevo de características aún indeterminadas, pero que 
está dejando atrás la escala de valores "sacro-tradicionales" y la 
estructura "cerrada" de la colonia. La aceleración de los contactos 
entre el campo y la ciudad, las invasiones locales dé extra-grupos 
y las migraciones internas (sin mencionar los procesos inducidos 
por el contacto cultural y la transculturación) han puesto quizás 
las bases para una nación más integrada, una vez superado el 
peligro de disolución. 

Algunos síntomas de la nueva alineación producida por la 
"violencia" son los siguientes : la institucionalización de los grupos 
gobernantes en la alianza del Frente Nacional; el "izquierdismo" 
de buena parte del partido conservador y la morigeración del 
partido liberal para encontrarse a medio camino y evitar mayores 
conflictos ideológicos; las campañas positivas de la Iglesia dentro 
del campo social y económico que la han colocado a la vanguardia 
en relación con otras instituciones sociales del país; el afán de 
reparar grietas estructurales mancomunadamente, como la de la 
institución agrícola y la de la educación nacional, al impulsar 
programas de reforma agraria y otros escolares y comunales para 
las masas, campañas que, si se ejecutan bien, deberán acelerar 
los procesos de movilidad social vertical que son sintomáticos de 
una nación democrática moderna; actos constructivos como los 
que está llevando a cabo el Ejército Nacional para la recuperación 
económica y social de los Llanos Orientales y sus campañas edu- 
cativas para la tropa ; el importante esfuerzo hecho por el Gobierno 
Nacional para tecnificar la administración pública y establecer de 
veras la carrera de servidor público ; el intento de racionalizar por 
proyectos y programas el presupuesto nacional; y otros que sería 
prolijo enumerar. 



422 



ORLANDO FALS BORDA 



Como se detalla en el Capítulo XI, todo indica que el pueblo 
ha despertado definitivamente en casi todas partes después de 
sufrir el impacto de la violencia, que tiene mejor medida de sus 
necesidades, y que ha alcanzado una idea más apropiada de la na- 
ción. Es posible que tenga una conciencia revolucionaria. Pero 
faltan aún los dirigentes de nuevo cuño, con suficiente carisma, 
que concreten el perentorio afán nacional de ver una transforma- 
ción real en las estructuras del país. Su aparición permitiría enfo- 
car en un orden nuevo — quizás más tolerante y "abierto" y por 
lo mismo con menores posibilidades de un agrietamiento estructu- 
ral o de otra "violencia" frustrante y fútil — , las bases del nuevo 
conflicto que en sus cauces cismogenéticos normales ya se está 
gestando. Son los mismos temas de antes de la "violencia", pero en 
otro contexto. Así es la dinámica de la sociedad y tal el sino de los 
grupos humanos que si no cambiaran, muertos estarían. 



Orlando Fals Borda 



Palabras Finales 



Esta obra podría titularse "COMO SE HIZO LA GUERRA" o 
"TODOS NOS EQUIVOCAMOS". Al describir el proceso social 
del fenómeno, sentimos que su dinámica consecuencial sigue in- 
fluyendo en la nación. Todavía contemplaremos muchos episodios 
de horror. 

No se incluyen los capítulos relacionados con la Etiología y la 
Terapéutica de la Violencia, con el fin de que todas las estructuras 
responsables digan su palabra. 

Mirando panorámicamente el problema, parece que dentro de 
su complicada etiología fueron causas predominantes, por una par- 
te, la obstaculización de procesos naturales y las frustraciones de 
estructura; y de otra, un obcecado fanatismo. 

Porque ¿Cuál fue la suprema razón de la contienda? ¿Una 
ideología nueva, transformante? ¿Una programática social? ¿Un 
avance de la comunidad? ¿Una superación vital? ¿Un cambio 
socio-estructural? ¿Una innovación cultural? ¿Por qué lucho 
el campesino? Todo fue una cruenta marcha atrás. 

Este libro aspira a invitar al hombre colombiano a una se- 
rena meditación: al dirigente, al político, al sacerdote, al edu- 
cador, al profesional, al gobernante, al militar y al campesino 
que fue la máxima víctima de esta obcecación colectiva. La vio- 
lencia no es un simple caso de orden público, sino un permanen- 
te problema de dimensión nacional, de alma nacional. 

¿Hay indicios favorables en este horizonte de desolaciones? 

No quisiéramos forzar la cronología pues se pensó en elabo- 
rar la parte positiva del inmenso esfuerzo realizado desde el 10 
de mayo de 1957 para presentarla en un segundo volumen que 
deberá llamarse: "COMO SE HACE LA PAZ". 

Porque nadie puede desconocer el tesón del Ejecutivo, bajo el 
mandanto del Presidente Lleras por solucionar el problema. ¿Qué 



424 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



medida insinuada y juzgada conveniente no se aplicó con el más 
hondo anhelo patriótico? 

En ese segundo volumen se dedicaría espacio suficiente a 
mostrarle al país el esfuerzo realizado por las Fuerzas Armadas 
para ser de nuevo decoroso instrumento al servicio de la Repú- 
blica. Mientras más honda fue la quiebra que padecieron, más 
ardua ha sido la labor de los jefes por readquirir la confianza de 
los ciudadanos. Y éste sigue siendo uno de sus más permanentes 
desvelos. 

En el empeño de recuperación nacional a ellas les ha corres- 
pondido una alta cuota de sacrificio y de víctimas. Y es abe- 
rrante que esto prosiga verificándose ante la apatía, la inercia y 
la pasividad colectiva. 

Muchos ansiarían que se repitieran errores ya cancelados para 
que se enfrenten de nuevo ejército nacional y ejército campesino. 
Eso es monstruoso! 

Las Fuerzas Armadas van comprendiendo que su acción está 
condicionada entre nosotros a una situación social y que en 
consonancia con ella se debe desenvolver; que este factor lo 
determina todo; que seguir actuando al margen del pueblo cam- 
pesino es un error; que estrellarse contra él es apresurar la 
anarquía; que el campesino es hoy un elemento clave en nues- 
tra recuperación institucional; que la fuerza es una parte de la 
solución pero no la exclusiva solución y que cuando en algunos 
casos se la aplica, al planeamiento de la acción militar debe ante- 
ceder o acompañar el plan de tratamiento social que se le de al 
área afectada, pero sin soluciones de continuidad. Lo importante 
es que el enorme empeño realizado y lo mucho que hacen por re- 
conquistar su prestigio entre la masa, encaje dentro de un pro- 
grama coordinado de colaboración a escala nacional. 

Porque no es honrado que a solas las fuerzas armadas se les 
exija renovación, manteniéndose al margen el resto de estructuras. 
Ni que se les encime la exclusiva responsabilidad de la violencia. 

En la generosa amnistía a los malhechores y en la condenación 
inapelable del soldado radica un factor de insatisfacción militar, 
que en modo alguno debe menospreciarse. 

Con miopía inexcusable se ha querido tomar pretexto en este 
libro para sindicarlo de tendenciosa intencionalidad contra nues- 
tras instituciones castrenses. Por ahí andan los pablillos de la 



SOCIOLOGIA DE LA VIOLENCIA 



425 



política. Cuando lo que debe quedar muy claro es que su falla 
temporal se debió a una fatal simbiosis precisamente con lo 
político a la colombiana. De ahí surgió su crisis y ese es su 
peligro en todo tiempo. Lo dijo meridianamente el expresidente 
Lleras: "El perjuicio de la invasión de las Fuerzas Militares al 
campo político o de los políticos a la organización militar, siem- 
pre lo reciben las Fuerzas Armadas. Ninguna cosa destruye más 
rápidamente la esencial disciplina de estas últimas que la apari- 
ción en sus filas de alguien que pretenda tener, por su sola je- 
rarquía militar, poder político sobre la nación, salvo el caso 
contrario, que es el del político con la pretensión de labrarse 
prestigio dentro de las Fuerzas Armadas. El primero pasa por 
encima de toda la organización militar, para ponerla al servicio 
de una ambición que está fuera de sus límites. El segundo puede 
destruirla en el intento de conseguir partidarios de su persona 
o de sus propósitos con los mismos procedimientos del campo 
político, ajenos totalmente a la mentalidad, al interés y a la 
misión de la milicia" 

Pero se perfilan otros indicios positivos de recuperación: Exis- 
ten planes más amplios de la educación que producirán su efec- 
to cuando lleguen a todo el pueblo, a toda la niñez colombiana. 
Sin embargo en la juventud no burócrata se ha creado un hondo 
resentimiento por no tener acceso fácil a muchos planteles de 
segunda enseñanza. 

La conciencia de la masa exige cada día una más amplia " 
programática social, viable, leal y no solo explosivas campañas 
electorales. 

El Estado se prepone coordinar esfuerzos mediante una pla- 
neación eficaz. La Reforma Agraria llega hasta el campesino y 
necesariamente implicará consecuencias trascendentales, desde que 
no se la interfiera por intereses de segundo orden. 

En la Iglesia existe una poderosa corriente hacia actitudes dis- 
tintas, actuales, en pugna con el inmovilismo; lo que traduce un 
anhelo de ponerse al día para interpretar mejor a las masas. Así 
se va colocando a la vanguardia en la transformación integral 
del campesino. Obras como Acción Cultural siguen produciendo 
un fuerte impacto transformador. 

1 Discurso del señor Presidente doctor Alberto Lleras Camargo en 
el Club Militar el 22 de julio de 1962. 



426 



MONS. GERMAN GUZMAN CAMPOS 



Pero es en el pueblo mismo, en la base de la pirámide social, 
donde se están gestando las grandes transformaciones de Colom- 
bia. Es un pueblo de posibilidades inmensas, de valores que no 
se deben seguir subestimando; que quiere hondamente una posi- 
tiva interpretación democrática; un pueblo que a pesar de todo, 
aún cree, ama y espera. Espera nuevas actitudes de las clases 
responsables para alcanzar una auténtica concreción constructiva. 
Espera que a las promociones jóvenes no las ciegue el odio ni las 
enturbie el fanatismo ni las entenebresca el sectarismo. Espera, no 
con un gesto impetratorio sino con pleno derecho, que se le haga 
justicia. 

El grito que se lanza ante la sangre de tántas víctimas a todos 
los colombianos honrados a través del presente libro es este: 

Ya cometimos un error; tengamos el coraje de no recaer en él. 

Y para los hombres del agro: 

Habrá paz, cuando los campesinos hagan la paz! Cuando los 
campesinos impongan la paz!! 



monseñor Germán Guzman Campos 



Bibliografía Colombiana Sobre la Violencia 



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el Abbé Francois Houtart (junio, 1959) . 

N 9 2. La teoría y la realidad del cambio socio-cultural en Colom- 
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1959). 

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T. Lynn Smith (septiembre, 1959). 

N 9 4. Acción Comunal en una vereda colombiana, por Orlando 
Fals Borda, con la colaboración de Nina Chaves e Ismael 
Márquez (marzo, 1960) . 

N 9 5. Los gérmenes de la Emancipación Americana en el Siglo 
XVI, por Juan Friede (julio, 1960). 

N 9 6. El impacto de la violencia en el Tolima: el caso de El Lí- 
bano, por Roberto Pineda Giraldo (octubre, 1960). 

N 9 7. Campesinos de los Andes: Estudio sociológico de Saucío, 
por Orlando Fals Borda (marzo, 1961). 

N 9 8. La medicina popular en Colombia, por Virginia Gutiérrez 
de Pineda (octubre, 1961). 

N 9 9. La proletarización de Bogotá, por el R. P. Camilo Torres 
(noviembre, 1961). 

N 9 10. La transformación de la América Latina y sus implicacio- 
nes sociales y económicas, por Orlando Fals Borda (diciem- 
bre, 1961). 

N 9 11. La educación en Colombia: Bases para su interpretación 
sociológica, por Orlando Fals Borda (abril, 1962). 

N 9 12. La violencia en Colombia: Estudio de un proceso social, 
por Mons. Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduar- 
do Umaña Luna (julio, 1962). 



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PRO Y CONTRA 
DE ESTE LIBRO 



• Valioso trabajo que merece atento estudio por parte de gobernantes, políticos y 
hombres de la Universidad. — Ramón J. Velásquez, Secretario General de la Presi- 
dencia, República de Venezuela. 

• Es un YO ACUSO terrible y sin entrada para una refutación. — Juan Jaramillo 
Arango, Pbro. 

• Es el más perfecto reportaje que se haya escrito en Colombia sobre un aspecto 
cualquiera de la vida nacional. — Víctor Aragón. 

• Es un relato mañoso y acomodaticio, respaldado por unos documentos secre- 
tos. — Alvaro Gómez Hurtado. 

• Esta obra tiene una extraordinaria importancia para la nación colombiana. — "La 
Vida Católica". 

• El libro no parte de una división entre buenos y malos. En este libro hay un acu- 
sado: la sociedad colombiana. — Fablo Lozano Slmonelli ("El Espectador"). 

• Los autores, con este libro, se ganan el dinero más indignamente que las corte- 
sanas. — Gustavo Salazar García. 

• El libro sobre la violencia es un acto extraordinario de valentía sociológica, por 
lo cual los autores merecen mi respetuosa admiración. — Profesor Theodore Ca- 
plow, sociólogo de la Universidad de Columbia, en New York. 



• Excelente libro, acaso el más importante d*e cuantos he leído de autor colombia- 
no. Es un libro fundamental, desapasionado y objetivo. — Gonzalo Canal Ramírez. 



L. 

CU 

□ 
5 



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a> 

• Un libro sectario. Los fines partidistas de quienes escribieron "La Violencia 
en Colombia", un sociólogo protestante, un abogado liberal y un cura párroco 
católico, le quitan toda respetabilidad a la obra. — "El Siglo". 

• Indudablemente es uno de los libros más importantes que se hayan publicado 
en la América Latina en los últimos lustros." — Profesor Charles W. Arnade, soció- 
logo, editor principal de la revista "Hispanic American Historical Review". 

• Es un gran libro. Es el estudio más completo sobre acontecimientos que cono- 
cíamos pero a los que les faltaba una base documentada para entrar con verosimi- 
litud al campo histórico. — Hernando Santos ("El Tiempo"). 

• Libro objetivo y valiente que, seguramente, constituirá un "best seller" y cuyo 
impacto en la opinión pública va a ser definitivo. Constituirá texto obligado de con- 
sulta en muchas Facultades y Centros de Estudio de Colombia y del exterior. 
Gerardo Tamayo Peña. 

• Es un informe minuciosamente estudiado, con empleo de ocho técnicas de in- 
vestigación sociológica, todas ellas adaptadas a las circunstancias especiales y di- 
fíciles del fenómeno colombiano. — Luis Lalinde Botero. 

• De esas páginas salen a flote algunas de las causas de la violencia y sus prin- 
cipales responsables. — "Batalla del Pueblo". 

• Por sus aspectos objetivo e interpretativo, llena un espacio que era "tierra de 
nadie" en la historia de Colombia. — "Sucesos". 

• Un libro de moda. Sus cifras y sus datos son escalofriantes. — Hernando 
Olano Cruz. 



□ 



VNTARfcS, LTDA. 

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IHX.OTA, I». E. 



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